10.7.15

El jardín de Bergoglio

En todo jardín hay una época de crecimiento.
Existen la primavera y el verano, pero también el otoño y el invierno,
a los que suceden nuevamente la primavera
 y el otoño. Mientras no se hayan seccionado las raíces todo
 está bien y seguirá estando bien.

Jerzy Kosinski, Desde el jardín

os despertamos con una frase del Papa: "Quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue San Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América", clamó el Papa durante el II Encuentro de Movimientos Populares organizado por el Vaticano y el gobierno de Evo Morales (La Nación)
Si no fuera porque no creo en la inocencia del Papa y sí en su aparato de marketing, tal vez me dejaría impresionar un tantico por sus palabras, dirigidas a un líder tan populista como lo es él, Evo Morales. Mi fe en Cristo no me impide en modo alguno considerar abiertamente mi antipatía por Jorge Mario Bergoglio desde su elección como Papa, que es desde cuando supe de él. De todas maneras, aunque a las antipatías les gusta invadir irracionalmente todo, como aglutinándolo, me centraría en esa frase absurda. Absurda porque el perdón, que tiene dos direcciones -o se pide o se concede-, es en sí mismo un concepto que es muy tramposo y lo es por definición. Tengo para mí que yo no soy quien para perdonar y cuando actúo mal pido disculpas, nunca perdón. 
La segunda parte de la cláusula ("sino por los crímenes...") parece que marca la escisión entre las ofensas de la propia Iglesia y las de un ente bárbaro que dejo caer todo su poder "contra los pueblos originarios".  Y antes de seguir adelante con el post pretendo señalar ese efecto porque resulta que en todo caso el Papa podría hablar en nombre suyo y de la Iglesia pero nunca en nombre de quienes conquistaron América, cada cual con sus padres y sus madres. Ni siquiera representa a Dios.
Curiosamente la idea de la dominación española ha cundido mucho en los últimos años y al lado de las supuestas virtudes de un mítico prístino indigenismo originario se ha desarrollado todo un aparato de aversión a lo español y un fortalecimiento de memoria histórica contra el desembarco de los conquistadores y sus desmanes. Si el asunto tuviera gracia, que no la tiene, residiría en gran parte en el hecho de que las más vivas críticas al hispanismo proceden de descendientes de europeos, lo cual me imagino yo que les debe producir una especie de contrasentido o paradoja y debe arrojar a los sujetos de tal sentimiento en un estado de embobecimiento cataléptico. Como ocurre con los nacionalismos exacerbados (lo estamos viendo en Cataluña, lo estamos viendo en Grecia) el motivo de la soberanía, tan loable per se, se emponzoña cuando hay intereses detrás o encima. De tal manera que a nadie se le oculta que se han utilizado en favor de intereses económicos en contra de un presunto neocolonialismo español.
Así es que Mas habla de catalanofobia para escudarse de toda crítica, y los comunistas griegos apelan a resortes nacionalistas contra una pretendida helenofobia [sic] como origen de sus males. Y todo se podría ver en esa clave nacionalista. Como cuando la presidenta de Argentina desfavoreció a algunas empresas inversoras españolas cuando en realidad estaba favoreciendo a otras empresas de otros países, y podemos pensar que a cambio de algo. Finalmente todo ello no sé si tiene alguna incidencia en mis posibles, me temo que sí, y siempre en su forma contraproducente. Pero al menos a las masas nos queda el derecho a revolvernos y a los individuos el de quejarnos. 
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Bergoglio a veces me recuerda a Mr. Chance en la película "Being there" (Hal Ashby, 1979), un personaje que interpretó Peter Sellers en su mejor papel. Un Mr. Chance baboso.  El Mr. Chance auténtico, que siempre había vivido aislado a recaudo de un Anciano y al cuidado de su jardín, tiene una severa discapacidad psíquica y apenas tiene conocimiento del mundo a través de la TV. Su acento inglés británico, la suavidad con la que habla, su laconismo, su elegancia, la franqueza y el estilo directo fascinan a quienes lo encuentran. La frase que abre el post (no la de Bergoglio) se la dedica Mr. Chance al Presidente de los Estados Unidos y éste la adopta programáticamente. Aunque es una película de 1979 ya nos pone sobre la pista de lo que han sido y pueden llegar a ser las maniobras publicitarias y el manejo de las masas en torno a una idea inconsistente o slogan. Inconsistente pero muy sugerente.
Como es natural, la película tiene muchas lecturas y ésa es solo una de las posibles. Yo elijo la más benévola, que acepta el candor de Mr. Chancey Gardiner o "Mr. Chance" (porque nació de puro milagro). El director nos sitúa a través de la música en esa lectura sobre el poder de la verdad y la voluntad. En la casa del ricachón (el viejo esposo con anemia aplásica medular de EE, Shirley MacLaine[*]). Ashby nos pone un fondo de música barroca en un comedor inmenso con una mesa como de castillo,. Pero hay momentos de música pop y hasta para dos gnosianas de un Satie psicodélico (en una versión que es mucho más pop que la jazzística de Jacques Loussier).
Cuando Mr. Chance tiene que abandonar la casa donde estuvo toda la vida a salvo del exterior, suena "Así habló Zarathustra" (Richard Strauss). Esa música abre los créditos y el principio de "2001: Odisea del espacio" (Stanley Kubrick, 1968), cuando el primate descubre (6:31) que un hueso puede ser un instrumento o un arma para matar a los tapires, tres millones de años antes de Cristo. Y sabemos que esa música tiene que ver con el übermensch o superhombre nietzscheano, por lo que nos resulta chocante que Mr. Chance nos lo presenten como en el albor de la humanidad, si es subnormal. Pero está claro que para Nietzsche como para Kubrick como para Ashby, todos somos subnormales.
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Ayer acompañé al médico a una amiga con su hija, recientemente diagnosticada de Síndrome de Rett. El mundo de una niña de dos años que no habla, no camina y además tiene problemas físicos severos y un notable retraso mental es enigmático, pero hay que intentar penetrarlo y aceptarlo, no permitir que sea solo accesible a su madre. Se puede. De hecho, hay personas tan impenetrables entre los subnormales como entre los que se creen listos.
Del rodaje de "2001: Odisea del espacio" (Sanley Kubrick, 1968)

[*] "Yo he hecho dos películas con Peter. Una se llamaba ¡Ella y sus maridos!, en la que él hacía un papel secundario, de uno de mis siete maridos, y la otra, Bienvenido, Mr. Chance, en la que yo desempeñaba un papel del reparto y él bordaba la actuación más genial de toda su carrera. Peter siempre vivía su personaje, en la pantalla y fuera de ella. En mi opinión, eraun genio, pero personalmente sufría de lo que él llamaba desconocimiento de su propia identidad. Decía que conocía a sus personajes mejor que a sí mismo, que sentía que había sido cada uno de ellos, de una forma que sólo podía expresar diciendo que "los había vivido en el pasado" (Shirley MacLaine, Lo que sé de mí).

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