8.7.15

Emporio celestial de conocimientos benévolos

n amigo mío me mostró una vez una especie de infografía de toda la historia de Europa con una muy elaborada pero simple visualización de las anexiones y separaciones de las naciones que la forman. Aunque no tiene la extensión de la de 1931 de John B. Sparks, que se puede ver íntegra en varios lugares (por ejemplo,  en Imgur), ya que la de Sparks se remonta al origen de las civilizaciones, la verdad es que estaba todo muy bien detallado y permitía distinguir a simple vista las tendencias -vamos a llamarles así- a la unificación y a la balcanización de nuestro continente. Aunque tuviera el diagrama, que creo que no lo conservo, tampoco lo pondría aquí, puesto que no es mío ni está publicado, pero lo comento porque es un buen ejemplo de lo diligentes que son algunas personas, sobre todo cuando se enfocan en perseguir un fin. Incluso hay personas que consiguen ser terriblemente diligentes sin tener un objetivo, que simplemente se proponen lo que sea, o cumplen órdenes, y hasta se diría que tienen puesto como un piloto automático y consiguen lo que sea. 
Hay personas que están dispuestas a hacer una infografía del género e incluso habrá quien estará dispuesto a analizarla provechosamente, sacando conclusiones que permitirían establecer la concurrencia de hechos y hasta una especie de reglas históricas que surcan el tiempo e imponen sesgos, predisposiciones y analogías. 
No es una mucho de esforzarse, aunque me esfuerzo y tengo un sentido del deber casi patológico. Pero la vida me ha conducido no una vez sino muchas a situaciones en las que he visto que si bien mi esfuerzo era de alguna manera recompensado, también se veía rápidamente defraudado. Por ejemplo, en nuestro lejano COU obtuve una media bastante alta (?) pero al día siguiente la Dirección de mi centro de estudios decidió subirle la media a todos los compañeros (menos a mí y a otros dos compañeros) para ayudarlos así para la nota de la Selectividad o pruebas P.A.U. Doy un ejemplo de escasa importancia como muestra, pero ha habido otros, de mayor importancia y que me han resultado en gran medida decepcionantes.
Mi amigo del mapa geopolítico es muy aficionado también a las clasificaciones, algunas de ellas humorísticas o como la que recogió Borges:
"Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en:
a) pertenecientes al Emperador
b) embalsamados
c) amaestrados
d) lechones
e) sirenas
f) fabulosos
g) perros sueltos
h) incluidos en esta clasificación
i) que se agitan como locos
j) innumerables
k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello
l) etcétera
m) que acaban de romper el jarrón
n) que de lejos parecen moscas" (*)
Por eso una vez le pregunté en qué se diferenciaba la derecha de la izquierda, a lo que me contestó que la izquierda más allá de velar por la igualdad de oportunidades vela porque en cualquier caso el esfuerzo o sus resultados no condicionen la organización social, de manera que la noción de "premio", en el sentido que adquiere en la derecha, para azuzar o garantizar el rendimiento, el ingenio, la autosuperación y la competitividad, en la izquierda adopta un sentido más líquido e integrador.
No seré yo quien señale las virtudes de cada una de las visiones del esfuerzo, puesto que -como he dado a entender- con la mala suerte es difícil de compaginar no ya un punto de vista, sino cualquier idea más o menos racional. Lo que sí estoy bien predispuesta a defender es que el tesón a veces permite cosechar resultados. Si no se me abre un tarro (por un decir) yo no paro hasta que consigo abrirlo. Aunque sea a lo largo de una semana, reflexionando, poniéndome manos a la obra. Es difícil que algo se nos resista, si es que entra dentro de lo posible. De hecho, si los pingüinos tuvieran la necesidad de volar no tengo ninguna duda de que acabarían volando. Y veremos que al gobierno de Tsipras le prestará dinero Europa pero también Rusia.

Samuel Gross

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(*) Jorge Luis Borges, El idioma análítico de John Wilkins.

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