15.7.15

Preposiciones indigestas

Ayer en el gabinete de "Julia en la onda" se discutió sobre la izquierda desunida española. Participaban Melchor Miralles, Manuel Delgado y Severino Rodríguez. A partir del minuto 1:15:45 del podcast pueden oír:
"Melchor Miralles - Y no te planteas, Manuel, si esto no os ocurre porque sois demasiado dogmáticos. Yo te escucho de verdad, Manuel, con todo el respeto e incluso el cariño pero, desde una discrepancia tan radical... pero, ¿por qué este empeño en la clasificación? Citar a Lévi-Strauss no da sello de veracidad. Yo creo que hay que ser menos dogmáticos, si no estuvierais instalados en el dogmatismo y en el sectarismo os iría muchísimo mejor, yo estoy convencido.
Manuel Delgado - Grftkjht entraríamosjuh. Yo creo que el problema de la izquierda es que piensa y es una cosa que siempre te complica la vida. Y puedo decirle [sic], queridos oyentes, que se puede pensar y se puede hacer una vida normal, de verdad, no pasa nada. Lo que ocurre es que te complicas la vida. Yñandoycando cuando te piensas te das cuenta de que en efecto esa clasificación es compleja, contradictoria y paradójica, que no está hecha de compartimentos fijos. Y esto implica automáticamente que vives en una situación permanente de contradicción entre lo que quieres y lo que querrías, entre lo que vives y lo que desearías vivir, entre lo que deseas y lo que tienes. Urjth.
Melchor Miralles - Manuel, es que hay en tus palabras, yo percibo un complejo de superioridad que me acojona.
Manuel Delgado - Unghtk déjese de meter conmigo unghgf q hoy el tema no soy yo ufr monográficokgh.
Melchor Miralles - No es que si hablo de ti porque creo, conozco muchas personas, amigos, que piensan como tú y se expresan como tú. El problema es que nosotros pensamos ¿y todos los que no están en vuestra posición ideológica es que no piensan? Osea ¿todos los demás somos idiotas?".
Como el profesor de Antropología lleva más de 20 años en Onda Cero todo el mundo lo conoce y sabe de sus fintas y aparato de confusión tiquitaca forrado de doctrina universitaria y de maneras de enfant terrible. Aunque no es tan desinhibido como Salvador Sostres para mí son más o menos por el estilo, si no entramos en ideologías. En su desprecio por los "iguales" y ya no digamos los "desiguales".
Pero lo que me lleva a traer este pedacito de los horrores diarios que se arrojan en los medios no es a Manuel Delgado en sí (el tema no es él) sino a hacer una diferencia de las dos preposiciones "con" y "por" con un ejemplo. Y es que cuesta saber si Manuel Delgado (M.D.) habla con soberbia o por soberbia. Me refiero a la pulsión predominante, que yo creo que es la segunda.
El manejo de las dos preposiciones no es baladí y les remito a la primera impresión (no a la segunda) que causarían binomios como "por amor"/"con amor", "por pena"/"con pena", "lloro por tí"/"lloro contigo".
No tengo paciencia ni tiempo para demostrar que lo que dijo ayer 14 de julio el profesor de Antropología podremos volverlo a oír exactamente igual cualquier otro día dentro de dos años o tres si sigue en el gabinete. Y también lo contrario. Porque el dogmatismo de M.D. se muestra flexiblemente, de una forma líquida tirando a gaseosa y sustentado por la anfibología. Si fuera mal pensada a veces incluso habría asegurado que esperaba la intervención del resto de los miembros del gabinete solo para oponerse. Esa es su postura, oponerse a todo cuanto oye. Y mantener que ser crítico es ser de izquierdas me parece que intelectualmente tiene muy poca base. El suyo es un problema más profundo.
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A estas alturas de mi vida cada vez es más vivo mi deseo de estar cerca del mar, por no decir "en" el mar. A pesar de vivir a apenas dos quilómetros de la playa más cercana casi no voy y cuando me acerco al Bogatell para darme un baño o al Moll de Gregal para estar sentada ante el horizonte, todo me sabe a poco. Necesito un contacto más largo y más totalizado, como en mis baños de niña, en los largos veranos, cuando un señor que trabajaba en la Damm me llamaba "Pececito" al verme salir arrugada como una pasa, pingando agua y temblando.
Estos días me estoy acordando muchas veces de las últimas palabras de Rosalía, en su agonía, en Padrón: "Abre esa ventana, que quiero ver el mar". Se ha dicho muchas veces que desde Padrón no se puede ver el mar. Desde donde yo vivo tampoco, pero a veces la ventana enmarca un cielo que parece el que había sobre el mar que quiero.
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Al mar le pasa un poco como a la nieve. Si la nieve fuera negra tal vez no nos gustaría. Pero el mar es generalmente azul. Un color serio y alegre a la vez, más bien frío pero claro, incluso cuando no es turquesa o del color del ágata musgosa y vira del azul de Prusia a un ultramar oscuro. Y cuando es verde o parece gris también nos gusta.
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La imagen de hoy es una ilustración de William Steig sobre el clásico "Caue canem" (Cuidado con el perro) latino: "¡Cuidado! Perro inestable".

William Steig


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