20.8.15

El rato de Europa

A Berta, que nació hoy y a quien algo de las dos Españas le alegrarán su corazón

No es preciso tener muchos libros, sino tenerlos buenos
Séneca

ace la friolera de 5 años que supe lo de Eisenstein, el director de "El acorazado Potemkim" (1926). Ya he dejado constancia aquí de mi amor por el cine de Fritz Lang, F. W. Murnau, C. T. Dreyer, casi todos los directores italianos, Billy Wilder y Fassbinder. Lo que descubrí cuando hacía mi post Uno y uno son tres estaba en la Wikipedia, no era nada arcano. Y era que la escena de la escalera de la matanza de Odessa (Ucranía), es técnicamente hablando del tipo de montaje llamado rítmico (por oposición al montaje métrico, basado en la longitud de los fragmentos, y al montaje tonal, basado en tensiones cromáticas). Es decir, para el montaje de las tomas Eisenstein  hizo que el ritmo de los pies de los soldados al descender la escalera fuera a un ritmo diferente del de los cortes, y parece por eso engranado en el del cochecito del bebé que se precipita trágicamente peldaños abajo. Leemos en la Wikipedia que Eisenstein derivó “sus teorías sobre el montaje del estudio de los ideogramas japoneses, en los que dos nociones yuxtapuestas conforman una tercera, como por ejemplo: ojo + agua = llanto; puerta + oreja = escuchar; boca + perro = ladrar”. Para Eisenstein, como para mí en mi pobre blog, el montaje es: «Una idea que surge de la colisión dialéctica entre otras dos, independientes la una de la otra».
La colisión dialéctica la vengo yo practicando en mi pobre blog desde su primera entrada. Llevado al lenguaje del abanico es como aquello que le oí explicar una vez a Concha Piquer de que no se lleva al compás de la copla. Llevar el abanico al compás de la copla sería coreográficamente una simpleza y anímicamente una bobada como una catedral. Pero admito que hay gente que ante una colisión dialéctica, o un ideograma japonés o un abanico de ritmo paradójico se pone nerviosa.
Leí esta mañana no sé que texto de Dhiravamsa, cuyo prestigio no voy a poner en duda, aunque me da la impresión de tener una experiencia de la vida muy limitada, objeción que le hago al monje budista al mismo tiempo que me doy cuenta que es con lo que se suele atacar también a nuestros monjes católicos. No saben nada de tener a su cargo hijos (!) ni de malcriarlos y sus vidas no tienen sobresaltos ni están expuestas a bla bla bla. Que tengan (o no) una experiencia limitada de la vida real es algo que se nos puede objetar a todos, lo que ocurre es que no vamos difundiendo lecciones ni dando consejos ni estableciendo grandes afirmaciones como por ejemplo: "A causa del miedo, los seres humanos han hecho la guerra y se han matado los unos a los otros a lo largo de toda la historia de la humanidad".  La frase me ha llamado poderosamente la atención, porque a poco que uno se ponga a estudiar Historia pronto sabe que es una sucesión de guerras y atrocidades. Sin embargo nunca hubiera pensado que eran a causa del miedo. Y que alguien se atreva a decir cual es el origen de todas las guerras me parecería ingenuo si no fuera pretencioso.
Se me ocurre que estos textos modernos de los budistas son traducidos, que no los conocemos en su lengua original. También se me ocurre que en sí, son textos... vamos a decir... "líquidos" (remito entonces a Zygmunt Bauman) y que incluso sus propios autores estarán bien predispuestos a substituir la palabra "miedo" por la palabra "codicia" y la palabra "matado" por "herido" o "robado" y así todo. Líquidos y opalinos. En cualquier caso en muchas ocasiones tengo la sensación de hallarme no ante un texto sino ante una nube que se puede reorganizar caleidoscópicamente y hasta camaleónicamente según los gustos. Y aquí llego adonde de verdad quería llegar: mi último "descubrimiento" ha sido saber que a las personas del común les gusta acomodar los textos a su entendimiento y no al revés. Y que si algo les gusta no les importa si es verdad o es mentira; les gusta y punto.
Ya hace muchos años también leí un libro que se vendió muy bien, de Thích Nhất Hạnh, monje vietnamita budista que yo diría que tiene un bagaje vital y cultural mayor que el de Ajahn Dhiravamsa. TNH es Premio Nobel de la Paz, entre otras cosas. El libro se titula La ira: el dominio del fuego interior. Fue un libro que leí con ganas, pero que no me sirvió. Me sirvió en todo caso para seguir por otro camino. A continuación leí el libro de Séneca sobre el mismo tema y me resultó más acorde con mi sensibilidad ideológica, de mayor vigor filosófico, y con aquella claridad que arrojan los clásicos sobre todo cuanto tratan.
Vale la pena recordar que no hace tanto tiempo les prometo por Snoopy que había gente que leía a Marx y a Kant en el metro. Y ahora si alguien lee un libro "de pensamiento" me temo que siempre será oriental o de algún yayoflauta. Es más fácil que se reconozca y encomie la labor de un Vicente Ferrer (por mucho que se lo merezca, que no lo sé) que la de un misionero perdido en África, tal vez sólo porque mantiene su adhesión a la Iglesia y de su nombre no quedará ni rastro a no ser que sea víctima del Évola. 
Alguien se lamentaba el otro día de que la cultura había pasado a ser mero entretenimiento y yo añadiría que el amor y la admiración -que vienen siendo lo mismo- han pasado a ser mero espectáculo.
Grabado de Séneca, por Lucas Vorsterman (1638). Fotografía: J.P. Grandmont

(c) Post registrado en SafeCreative *1508204917579