2.8.15

Logro de la temporada

Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos
 gota a gota la verdad que nos amarga
Denis Diderot

Las gramáticas latinas hablan de consecutio temporum para referirse a la concordancia verbal. También es aplicable a nuestras lenguas, de manera que si decimos por ejemplo "María sabrá el jueves que nota consiguió en el examen del lunes" los hispanohablantes reconoceremos que la coordinación entre entre el verbo en futuro y el verbo en pasado y en sus tiempos verbales es correcta. Generalmente no nos damos cuenta conscientemente de que esta y otras frases funcionan así y que en ese engranaje se fundamenta en gran medida la comprensión de un mensaje. Si alguien fallara en la concordancia verbal tanto como fallamos los hispanohablantes en idiomas que no son el nuestro, solo nos desconcertaríamos un poco, pero nuestra comprensión no se vería mermada en su línea de flotación porque las lenguas son muy consistentes.
En internet y en particular en las redes sociales es no fácil sino común encontrar inconsecutio temporum pero no de los tiempos verbales sino de los hechos. En mi celo por documentar bien este post busco información y el Translator de Google me sorprende con una de sus perlas (Fig. 1). Ha traducido "Consecutio temporum" (consecución u orden consecutivo de los tiempos) como logro de la temporada. Aunque este hallazgo no tiene nada que ver con el tema lo presento como muestra de lo mucho que hay que poner en cuarentena las cosas de la red.

Fig. 1. Perla del Google translator

La inconsecutio temporum a que me refiero se da cuando las personas que no sienten admiración por la Historia ni amor por la verdad, mezclan hechos del pasado y del futuro e incluso la causa y el efecto. Ésto es frecuentísimo, y es especialmente porfiado cuando se trata de defender una idea que resulta querida, atractiva o muy cargada de emotividad.
El 15 de enero de 2013 posteé un artículo titulado "Felones y falaces", que viene siendo además un trabalenguas para no caer en la palabra "felación", cuestión que apunto aquí porque creo que pasó -como es natural- inadvertida. En el post escribí:
"El memo o el grupo de memos que elaboraron el texto que rodó por las redes y se atribuyó a Julia Otero, no puede hacerse responsable de ese texto porque no podría defenderlo porque es un churro hecho con trozos de materiales descontextualitzados sacados de fuentes que (en el mejor de los casos) solo se podrían calificar de propaganda; y porque aduce una mezcla de opiniones, ideas híbridas, pulsiones y falacias cuya amalgama tiene la consistencia regurgitante de un polvorón de canela y de un canelón de pólvora.
Cuando Julia Otero denunció que se le hubiera atribuido ese pergeño yo me alegré porque le había estado dando vueltas a la singular aclamación que había obtenido y estaba yo en la completa certeza de que aquello no lo había escrito una persona. "
Tal vez en aquel momento quise decir "una sola persona". De la misma manera que hay frases atribuidas falsamente a García Márquez o a Gandhi o a Shakespeare, se consideró que la carta, si la firmaba Julia Otero, adquiría más simpatía y autoridad. Pero atribuirle a un muerto o a un vivo algo que no es su opinión es algo abyecto y también digno de pena ¿Tal vez cree el individuo o individuos que fabricaron esa "carta" que la razón se la daba la firma? ¿O es que pretendía, sin su permiso, sumar a una persona famosa a su causa?
Igual que hace un tiempo en la Universidad nos daban unas nociones sobre lo que fue el Santo Oficio y la Inquisición, un día se hablará de los bulos (que no bulas) de Facebook. Y se hablará ni que sea para estudiar su éxito. Aunque Julia Otero desmintió públicamente que la carta fuera suya el noviembre de 2012 por lo menos y yo me la encontré por primera vez, como les digo, en 2013 a sus anchas en Facebook, aún en julio de 2014 la publicó un independentista en su muro y llegó a mí desde ese muro al mío el 30 de julio pasado (Fig. 2). Julia Otero ha manifestado en antena desde su programa en Onda Cero su opinión sobre el soberanismo y está clara.

Fig. 2. Bulo atribuido a Julia Otero en un muro de Facebook.

Corrí a apuntar que el bulo ya estaba desmentido pero alguien dijo con igual presteza que lo firmara quien lo firmara estaba de acuerdo. No puedo citar textualmente ni contextualmente la respuesta porque ha desaparecido todo y que haya desaparecido demuestra que algo de razón debo tener yo al pensar que si alguien se apropia de la identidad de alguien es un bellaco, piense como piense y lo haga por la mejor de las causas o no.
Este ejemplo sería más oportuno como una rara versión de la falacia del hombre de paja o como una muestra de las falsas atribuciones que aparecen en la red, unas veces porque van pasando de muro en muro las citas y se desvirtúan y otras  veces porque ya desde el principio se les pone un autor que suena bien. Como buen ejemplo del inconsecutio temporum tendríamos el meme originado en el Institut Nova Història (?) por el que Cataluña se afirma en Facebook como la nación más antigua de Europa [sic] (!) basándose en el decorado neogótico de la fachada del ayuntamiento de Ulm en Alemania. Esos escudos serían lo más parecido a la moda aquella de colgarse en el zaguán un grabado en madera con el apellido, como si fuera una casa ducal o poco menos. Cataluña no necesita de eso.
Naturalmente los inconsecutio temporum, las falsas atribuciones y las traducciones automáticas (que ya denuncié en "Gracia loca", que es como Mamen Aznaren descubrió que quedaba traducido García Lorca en no sé cual artilugio cibernético), tienen su aquel. Reconozco que una serie de culto como "Xena, la princesa guerrera", tan ucrónica, tiene su García, digo gracia. A Quentin Tarantino le gustaba un horror. Y a mí también.
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La letra capital es de Emily Balivet.

Este post corresponde a una misma serie sobre la utilidad de una buena documentación. El primero fue Gracia loca.

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