29.1.17

Idiomas, digo idiotas

igo a vueltas con el lenguaje con otra costumbre más que se está quedando, por lo menos en mi entorno: hablar dos lenguas a la vez, al mismo tiempo. Hace muchos años, quien es ahora y desde hace bastante tiempo una experta en Lingüística computacional, nos daba clases de Lingüística general en la Universidad de Barcelona y nos prevenía contra el uso de dos idiomas a la vez. No se trataba de que no empleásemos como barbajanes los anglicismos que se van incorporando cada dos por tres a nuestro vocabulario. Se trataba de que cuando hablásemos en español, habláramos en español, y así con cualquier idioma. Sobre todo, la profesora Maria Antònia Antolin Martí, lo decía porque estaba demostrado que si bien los niños pueden adquirir varios idiomas a la vez sin problema, simplemente ralentizando su aprendizaje- lo cierto es que para ellos es un berenjenal hacerse con un idioma que los padres o los abuelos emplean con retazos de otro. Esa jerigonza es muy oída en mi ciudad. Es habitual oír a un abuelo dirigirse a un nieto a su cargo mezclando frases en catalán y en español (o castellano). 
Hace poco oí en el tren una conversación entre chinos y después de mucho rato distinguí la palabra "discoteca", que interpreté como la forma con la que ellos se podían referir a algo que tal vez en su idioma sí tiene un nombre pero que no es suficientemente preciso. También oí hace poco en el metro a dos mujeres africanas que de vez en cuando intercalaban frases en español, como jirones de alguna conversación, como si cuando introducían lo que había dicho una tercera persona lo hicieran literalmente. También es bastante frecuente encontrar familias en que el esposo le habla a la esposa en catalán y la esposa le contesta en castellano, etcétera. Ayer coincidí en la línea 45 de autobús con un padre que hablaba en inglés y catalán y su hija de unos 6 años contestaba en inglés. Lo que yo señalo no son esas costumbres, sino la mala costumbre de hablar dos idiomas a la vez rompiendo incluso la sintaxis, o forzándola. Conozco casos muy cercanos a mi entorno y me resulta bastante exasperante. Especialmente recordando las palabras de Antolín, que aseguraba que entorpecía mucho la formación y la competencia de un niño en su lenguaje. La profesora recomendaba que en caso de familias bilingüe era muy adecuado que el niño adquiriera el catalán por ejemplo del padre y el castellano de la madre, y nos prevenía de que lo que era perjudicial para el desarrollo del niño era que el padre hablara a la vez los dos idiomas y la madre también. La costumbre dificulta el aprendizaje y hace que el niño apenas pueda distinguir un idioma de otro. Si le hablas en catalán o español a tu hijo y este, porque le puedes pagar una escuela trilingüe, te contesta en inglés, no le perjudica, mezclar inglés y catalán o inglés y español y ya no digamos los tres lenguajes sí.
Verdaderamente me es igual que me hablen en un idioma o en otro, si es que puedo defenderme en reciprocidad (no diré "atacar"). Sin embargo, cuando alguien me habla en catañol con frases sacadas como de la televisión pretendidamente frescas, como si buscaran una conversación chisporroteante y animada, me muero de fastidio. Algún anglicismo no está mal, algún castellanismo en el catalán tampoco, lo que es aborrecible es una lengua que parece una canción de Manu Chao o de alguien que perdió el senderi. Digamos que la moda étnica (la "alianza de civilizaciones") y el mestizaje cultural, que está muy bien, ha hecho mucho daño en mentes mal amuebladas. Es normal que las lenguas sean permeables a las influencias extranjeras, otra cosa es adoptarlas, todas.
La segunda costumbre a que me podría referir es la de algunos cantantes que cambian la fonética del genio de su idioma. Me estoy acordando de Aznar hablando con acento tejano, pero ahora mismo no encuentro ningún buen ejemplo de un grupo de rock o de pop que use un acento ajeno a su lengua, un vocalismo anglófono. Los hay. Está muy estudiado el yeísmo rehilado rioplatense, en Argentina, que se originó a finales del siglo XVIII o principios del XIX al parecer, y en el que no fue ajeno el entusiasmo de las mujeres. Vino de una moda, por lo tanto no desdeñemos el poder de una moda por tonta que sea.

Dan Piraro

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