26.2.17

Terapia de bar

reo que en mi juventud era muchísimo más frecuente que la gente recibiera a sus amigos en las casas mientras que ahora  todo el mundo se cita en la calle para ir a tomar algo: un té, un café, una cerveza, lo que sea. El negocio de la hostelería claramente ha aumentado una enormidad, no solo por el turismo sino también porque se han incorporado los más jóvenes y muchas señoras. Hace 40 o 30 años era muy raro ver mujeres en los bares, sobre todo solas o entre semana, por no decir que además con lo que se fumaba entonces era bastante disuasorio meterse en uno para luego tener que lavar toda la ropa, el cabello, y ventilar el abrigo.  
Durante la semana es de lo más normal ver a los jóvenes que estudian en los centros de formación profesional tomando un refresco con cafeína en los bares del barrio. Y también veo grupos de cuarentonas que dejan a los niños en los colegios y después se toman una relaxing cup of coffee en uno de los "antros" de colesterol malo. Es una realidad muy cambiante; aún pienso que veremos más cambios. En la terapia de bar no es menor el hecho de que hay ahora locales muy cuidados en su decoración. Más allá de las cadenas, que ya tienen una imagen dada, hay muchas cafeterías que son auténticos escenarios que supongo que emanan romanticismo, el zen o simplemente una atmósfera colonial o rococó, o nos retrotraen a un ambiente de tugurio pero gentrificado y estilizadísimo. Supongo que al mismo tiempo la energía creativa que un tiempo se nos derramaba en los dioramas y en el pesebrismo ahora se nos derrama en los bares.  Si puedo decir la verdad, a mí no me ha impresionado menos ver la recreación del castillo de Blancanieves en Disneyland París que la florentina Santa María del Fiore. Tal vez porque se hiciera tridimensional lo que siempre había visto en dos dimensiones y en pequeño.
Conozco un matrimonio que hace poco se divorció en el que no congraciaban su ocio. Ella tiene mucha atracción por todo lo sobrenatural, las terapias alternativas, la psicología, las "energías" varias y todo el catálogo de técnicas de meditación, transmutación personal y demás jardines. Él la mayor parte del tiempo trabaja y cuando se siente agobiado o preocupado hace terapia de bar, pero no porque se evade con el consumo de alcohol, sino porque simplemente disfruta tomando algo con sus amigos y pasando un buen rato de distensión. Aunque tanto él como ella son personas bien preparadas y totalmente fiables, me siento más cerca de la forma de ser de él. En la terapia de bar, si tienes un buen interlocutor o con un grupo de gente con quien te sientes a gusto, todo es muy reparador y gratificante. 
Me atrevo a añadir que las personas que han hecho (demasiada) terapia de la otra son irrecuperables para una conversación normal, tienen aquellos latiguillos que han ido introduciendo en su cabeza los mercachifles de las dinámicas grupales y la salvación de traumas psíquicos.  En el mejor de los casos estoy por admitir que han hecho tanto bien como daño han hecho.

Plaça de Sant Agustí Vell

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