11.4.17

El sentido de las agujas del reloj



upe hace unos años que se hacían relojes judíos que en vez de funcionar en el consabido sentido de las agujas del reloj, funciona en sentido inverso. Aunque el de la foto de hoy tiene los números arábigos, el de Praga o el de la sinagoga de Ámsterdam tienen los caracteres o cifras hebreos y funcionan, como su escritura, de izquierda a derecha, cosa que -bien pensado- no tiene nada de particular puesto que el sentido del tiempo no tiene por qué llevar precisamente una dirección determinada. Incluso podríamos recurrir a aquello que dicen cuando ha pasado un día, que puede ser un día más o un día menos.
Hace unos días el Papa Francisco comentó en su audiencia general el salmo 50, más conocido como salmo Miserere, que empieza como "Miserere mei, Deus". El salmo está en puesto en labios del rey David, que el profeta Natán había reprochado por cometer adulterio con Betsabé y haber asesinado a su marido Urías. Por bonito que sea el salmo hay que estar muy colmado de misericordia para aceptar el carácter penitencial de esas palabras de purificación y contrición. 
Con este salmo 51, 50 para la Vulgata, me pasa como con el Beatus ille de Horacio. Este poema es una oda a la vida simple campestre, pero al final de él se nos revela que las palabras proceden de un avaro mientras cuenta sus monedas, quien así da a entender qué feliz sería sin sus viles preocupaciones. Cuando supe que las palabras del rey David dirigidas a Dios para que le concediera un corazón puro provenían de dos pecados (o en el mejor de los casos de uno), me paralizó el desconcierto ¿Cómo podría creer en el arrepentimiento de un ascendiente de Jesús de Nazaret, cuando veo en mi entorno la conducta errónea, maliciosa, egoísta o en el mejor de los casos poco generosa, de muchas personas que después se justifican con una facilidad sorprendente? Es decir, que David me inspira sentimientos bien poco cristianos, tal vez asco, y pienso cómo cualquier comportamiento, por abominable que sea siempre encontrará una comprensión y un perdón.
Mis conocimientos me desamparan, no alcanzan. Tal vez creemos que el eje de las creencias religiosas o la ciencia teológica gira en torno a ideas más relacionadas con el culto o lo sobrenatural, cuando en definitiva el núcleo de la cuestión principal es la misericordia, la facultad de sentir la miseria o la desdicha (no necesariamente la de los demás, como propondrán los etimologistas, sino todas).
El bien y el mal si queremos pueden ser nociones morales de tremendo rigor, pero también podrían ser conceptos prácticos. "El calor le va mal a un producto lácteo y se echa a perder". No estoy de acuerdo ya solo por eso con los relativistas que no aceptan el concepto del bien y del mal en ningún caso. En general, la mayoría de los relativistas con los que yo me he encontrado eran o iconoclastas o pusilánimes o gente que no puede adquirir compromisos o que se mueven por intereses que son ajenos a la condición de un caso. En un momento dado les interesará que suba -seguimos con la leche- el precio de la mantequilla (si les beneficia a ellos o a quienes les beneficie) y en otro momento dado les interesará que baje el precio de la mantequilla. También hay algo de la sociedad líquida y de las ideas de Zygmunt Bauman recreadas a la manera de cada cual. Lo de la liquidez también se lo pueden apropiar los new-aged con aquello del fluir y alguna cita de Heráclito y Lao Tsé o Jorge Bucay.
Por todo lo explicado yo estoy más predispuesta a admitir que  el bien y el mal pueden ser dos conceptos referentes a la utilidad. Y nos iríamos a aquella tabla regida por filas y columnas en las que se acrisolaban el que hace el bien y le sale mal, el que hace el bien y le sale el bien, el que hace el mal y le sale bien y que el hace el mal y le sale mal. También se podrá decir que hay quien aparentemente hace el mal para hacer un bien y que lo mejor es enemigo de lo bueno. Pero hoy lo que merecería la pena es todo lo más admitir que hay quien al hacer el mal y salirle bien nos puede hacer un bien. Y que en definitiva hasta el último momento no podemos garantizar qué se impuso. Me he encontrado en internet disquisiciones sobre si la culpa fue de Betsabé o de David.
No nos podemos dejar engañar por el sentido de las agujas del reloj, no son más que una ayuda para representar y medir el tiempo, pero el tiempo no es eso.

Reloj judío en sentido inverso
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