30.5.17

El tercer día

l "Deus ex machina" del teatro clásico era un elemento que surgía diríamos que milagrosamente en el momento más comprometido de la acción para resolverla. La expresión nos habla de que aparecía en escena un dios gracias a un artefacto de la tramoya, y llegaba en un momento en el que se habían agotado los mecanismos argumentales lógicos. Como recurso dramatúrgico no está bien valorado, se considera pobre y que resuelve lo expuesto casi con una astracanada sumarísima y condena la representación a una mera sucesión de efectos.
En teatro yo no recuerdo haber visto ninguna obra en la que se usara ese efecto. En cine sí que recuerdo infinidad de veces en las que se da el "Deus ex machina" pero vagamente, sin acertar a señalar en qué películas. Normalmente los espectadores reconocen de inmediato esta manera de happy end como un desenlace inverosímil que produce tanto alivio como un cierto rechazo. Ya no es que el villano se electrocute con un cable suelto, es que aparece la salvación y llega por el aire ex machina, con una grúa o así. Aceptar que el caballo del bueno corra más que el del malo o que la polícia llega miríficamente en el último momento, entra dentro de la lógica de la acción, pero el Deus ex machina introduce un elemento ajeno a la acción y que lo que hace es ahorrar guión o horas de rodaje. Admitiendo que conduce al descanso o el desahogo del público, también hay que admitir que es tenerlo por simple.
Chon Day  (Chauncey Addison Day). "Espero que despeje para el fin de semana"

Si Huffington Post y Jotdown no han tratado sobre el tópico de la isla desierta en los cómics o historietas o en la literatura y el cine, no voy a ser yo quien rompa una lanza en favor de este tema tan rico e interesante. Tal vez arranca en El filósofo autodidacta de Ḥayy ibn Yaqẓān, del siglo XI, y no vuelve a aparecer hasta Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719) y La isla del tesoro de Robert L. Stevenson, que tan desierta no era. También estoy pensando en la isla de las sirenas de la Odisea, y en la grisalla que cierra la tabla con "El jardín de las delicias", de El Bosco. 
La imagen que cierra "El jardín de las delicias", tan abigarrado, es a mi gusto mucho más sugerente que la obra principal. Que es de tema bíblico nos lo da a entender el salmo 33 (32) que la preside: "Pues al mandarlo Él fue todo hecho; Al ordenarlo Él vino al ser todo". Dicen que representa el tercer día de la creación (Génesis 1:9-13), cuando Dios creó los mares y los vegetales, previos a la creación del Sol y la Luna el cuarto día.  Pero no me interesa tanto plagar de erudición reseca este párrafo como señalar la geografía literaria y fantástica y el paisaje primigenio en el que aún no habían aparecido ni los pájaros, que fueron las primeras criaturas que el Señor puso en la Creación.

Díptico grisalla de El Bosco para "El jardín de las delicias" (Hieronymus Bosch, 1500)


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