25.5.17

La semilla de algarrobo

n el Día Mundial de la Toalla, en homenaje a la La guía del autoestopista galáctico, mi particular homenaje va por el ocurrentismo más o menos serio. Las ocurrencias tienen mucho peligro ya que aunque tengan un innegable buenintencionadismo pueden acabar como dicen que acabó el aprendiz de brujo. Todos hemos visto a Mickey Mouse con la escoba desmandada por culpa de sus trucos de magia, lo que no sé si sabe todo el mundo es que la música de Duckas, su famoso scherzo, acompañaba un poema de J. W. Goethe. El poema traducido al español suena a fábula. Lo digo en sentido literal, no refiriéndome a lo estupendo que podría ser.
Hay ocurrentismos modestos pero insidiosos por su número y otros que son muy potentes, como dicen que fue el Exterminio de gorriones en China, dentro de la Campaña de las Cuatro Plagas en el proyecto llamado Gran Salto Adelante. La aniquilación de los gorriones para proteger las cosechas, en realidad las dejó a los insectos que suelen comer estos pajaritos y, por resumir, se produjo una hambruna de creo que unos 20 millones de chinos. Ocurrencias como la de Mao Zedong yo creo que las ha habido en todos los tiempos y en todos los países, pero por su impacto ésta ilustra bien el tema de los ocurrentistas salvíficos bienintencionadistas adánicos.
Un día se hablará del ocurrentismo de los adanes bienintencionadistas tecnológicos, especialmente a la vista de la vulnerabilidad de los sistemas informáticos. Pero el ocurrentismo lo impregna todo, y lo primero que se me viene a la cabeza son aquellos biocientíficos que se propusieron conseguir sandías sin pepitas y hasta lo consiguieron. No niego que las pepitas son un fastidio, pero también hay que pensar que tienen su función, de semillas. Incluso se dice que en realidad un alimento es integral no en la medida en que tiene salvado o cáscaras sino en la medida en que contiene semillas que harían posible su perpetuación. Es decir que un donut no es integral y una manzana que tiene sus pepitas sí lo es.
Me encantó días atrás leer en "El periódico de Cataluña" un reportaje que le hacían a  Bernat Daviu, que tras pasar por Christie's se ha hecho garrofista, un movimiento de gente artista y precaria cuyo símbolo es la algarroba, que ya tuvo su valor crucial en la obra de Joan Miró. Se ve que Joan Miró siempre llevaba una semilla de algarroba.
Hay personas a las que desagrada el olor del algarrobo, que es mucho más fuerte y telúrico que el de la higuera, algo achocolatado, dulzón, lleno de sombra. Dicen que cuando la Guerra Civil o después muchos sacos de harina llevaban vainas de algarroba. No sé yo si para hacer peso o por alguna otra razón. Se que se comieron muchas algarrobas -cosa que iría en detrimento de los caballos- pero que lo que las protege de nuestra voracidad es que dan estreñimiento. Dicen.

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