11.6.17

Post espeso

"Nunca digas de este agua no he de beber"

ntre ayer y hoy he podido leer la entrevista a Fernando Savater en "El Español" y "Goytisolo en su amargo final". Leí a Goytisolo cuando era lectura obligatoria en la secundaria y a Fernando Savater más adelante, por interés o debería decir con curiosidad. La coincidencia en el tiempo de dos de las agonías de dos intelectuales, cuando en una de ellas asoma la viudedad y en la otra la impotencia y la eutanasia, y en ambas el ateísmo, me produce una cierta pena. El titular de la entrevista es muy desafortunado en el día que llegaba repatriado el cadáver de Ignacio Echevarría a Las Rozas:  "Desde que murió mi mujer, si un terrorista me mata me hará un favor". Naturalmente pienso que en esa afirmación el filósofo no se nos ofrece como víctima en sacrificio. Sería un sacrificio inútil. No sirve. Hay en su afirmación desdén. Y no quiero que su desdén me lleve a mí a otro desdén, o al mismo desdén. Si yo hubiera sido su mujer, por otra parte, creo que no me habría gustado que mi viudo me guardara memoria de esa manera. Esa actitud lejos de halagarme me avergonzaría.
Goytisolo por su parte habla de deterioro físico y cognitivo, de no gastar los escasos recursos que le quedaban para podérselos dejar a sus tres ahijados. Su deterioro se nos hizo patente en la entrega del Premio Cervantes, el año 2015, cuando acudió con un traje que no parecía a tono con el homenaje ni con la etiqueta, pero que inspiraba la misericordia que dictaba su probidad como escritor y ver su cuerpo abatido por los años o por lo que fuera. En realidad, desde mi completa ignorancia, pienso en que más que del deterioro físico y cognitivo al que me referí al principio del párrafo, habría que hablar de deterioro psíquico o espiritual. Acabo de encargar su primer libro autobiográfico, Coto vedado (1985), en el que me gusta pensar que no hay sombra ni de confesión ni de exhibicionismo o vanidad. Esa condición me convence. Esa victoria sobre el exhibicionismo y la vanidad se desluce por la derrota ante el sufrimiento, por la actitud un poco como de ploramiques (cat. "quejica", "quejumbroso").
Leo una contribución que escribió Goytisolo en "El País" cuando el 2001 le dieron el mismo premio Cervantes a Francisco Umbral, "Vamos a menos". Para lo que es el contenido, escrito maravillosamente, el título aún es bastante suave. Pero todo él destila una acritud que nos habla de las rencillas literarias en nuestro país. Dentro de lo que podríamos llamar ese "género" la perla -en mi opinión- es otro artículo en "El País" de Terenci Moix sobre Camilo José Cela, de 1998, "El Nobel, en la letrina". Diré que al menos se gana nuestra comprensión, cuando el Nobel se había pasado 300 telediarios y 90 pueblos con la homosexualidad.
Fernando Savater es agnóstico más que ateo y considera la religión, tal y como trascribo de la entrevista que le hizo el otro día Anna Grau (además de "la cocaína del pueblo") algo "predemocrático":
"Las religiones vienen todas de mundos predemocráticos. Entonces, muchos de sus preceptos sencillamente no tienen nada que ver con la democracia. En una casa planeada para estar iluminada con velas de pronto llega la electricidad. Las casas todavía iluminadas con velas son el mundo de la religión. Y la electricidad es el mundo de la democracia. Entonces, ¿queremos velas? Sí, siempre que no interfieran la posibilidad de utilizar la electricidad. Y si hay que elegir entre las dos cosas, elegimos la electricidad."
Seguramente muchas veces Juan Goytisolo tuvo razón, también la tiene infinidad de veces Fernando Savater, como la tuvieron Francisco Umbral y su padrino, y también Terenci Moix. Los únicos escritores con los que me he reído han sido además de Cervantes y Gerald Durrell, Camilo José Cela y Terenci Moix. Y eso deja mucho agradecimiento. De lo demás, de las ideas que en algún caso han defendido o blandido unos y otros, no me meto. Todo puede ser en algún caso comprensible. Todo menos robar o matar, aunque se dirá que incluso robar y matar pueden tener en algún caso excepcional una buena razón. Nunca diremos "de ese agua no he de beber".
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Las alternativas a la religión que se están dando en democracia son peores que la religión.


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