20.6.17

Mi cara B

ún conservo el disco de Per Sant Joan, con una cara B "Marta", de Joan Manuel Serrat, que se publicó el año 1968. Ese disco lo pedí para mi cumpleaños y ya entonces sonaba nostálgico, no digamos ahora, cuando los preparativos de la hoguera de San Juan nada tienen que ver con los de mi infancia. Tengo entendido que ahora las hogueras se hacen en lugares rigurosamente asignados, que vela por ellas en todo momento si no la guardia urbana alguna brigada de barrio y que todo está controlado y orquestado por entidades vecinales. Por no decir nada de la llegada de la flama del Canigó, una de las "tradiciones" reincorporadas o incorporadas en los últimos años, pero que al parecer procede de la poesía verdagueriana y se inició el año 1955. Aunque yo el año 1968 ya estaba asociada a un grupo escolta (scout) y había un trasfondo catalanista latente del que no era ajena, prometo por la salud de mi canario que no oí hablar de la llama del Canigó hasta hace unos pocos años.
Me interesa más la tradición tradicional, aunque arrastre la retahíla de reinterpretaciones laicistas y mágicas como argumento del escaso fundamento de la celebración cristiana o cristianizada. Y me interesa lo que yo viví y que de alguna manera relata Joan Manuel Serrat: Pels carrers i les places | anàvem de casa en casa | per fer-ho cremar tot aquella nit | de Sant Joan. (*)
Es cierto que unos días antes de la verbena íbamos puerta por puerta pidiendo muebles viejos, maderas, trastos. Los escondíamos en alguno de los solares que teníamos por el barrio, bajo la maleza y donde abundaba desde mayo la cebadilla ratonera. Unas pandas a otras se robaban el tesoro, así que había que ocultarlo y vigilarlo celosamente. Siempre nos pillaban algo y siempre había que apurar en el último día para conseguir más madera. Nunca me compraron bengalas ni cebollitas (también llamadas "tomates") pero sí rasca-rasca (también llamados "triquitraques"), los cuales fueron prohibidos hacia mediados de los setenta porque decían que los niños se los comían. El caso es que también se morían niños en las hormigoneras y sigue habiéndolas.
La gente comía algo de coca de frutas confitadas o de chicharrones, no mucha, y tomaba un cava calentorro que sabía a fogón meado, pero era una fiesta divertida donde no faltaba el baile y la ocasión para formar parejas nuevas. El Señor en su perfecta sabiduría ha permitido que los petardos y todo el material pirotécnico alcance unos precios astronómicos y solo por eso es por lo que quedamos dispensados del estruendo de otras épocas, en los que en Barcelona empezaban a oírse incluso desde mediados de mayo y aún hasta algo después de San Pedro, ya a finales de junio.
Hoy es martes, que es el día de recogida programada de muebles y trastos viejos en una parte de mi distrito, por lo que de regreso a mi casa me he encontrado con alguna pieza interesante, como el escritorio de la foto. Madera de haya. En bastante buen estado, aunque se nota que en los últimos años ha recibido maltratos o el abandono y los cajones necesitarían un mantenimiento porque por la humedad o el calor no encajan bien del todo. El mueble no tiene golpe alguno, calza bien, pero estaba desechado y si no lo ha recogido alguien acabará en el camión del Ayuntamiento a eso de medianoche.
He observado que antes de pasar el camión municipal pasan rusos, gitanos y todo género de grupos organizados que pasan con furgonetas y que rápidamente se hacen con lo que les interesa. Hará un año y medio pasé un día cerca de las Dominicas. Habían tirado fuera de plazo una mesa metálica de despacho como las que tanto abundaron en los años setenta y un archivador también metálico gris claro de 3 cajones. Estaban nuevos. Pues un chatarrero subsahariano, de los que llevan un carro de supermercado y allí van echando todo el metal que encuentran, a golpe de maza dejó la mesa y el archivador en su mínima expresión hasta convertirlos en algo transportable, no sin trabajo pero a mi entender con una pericia destacable. Me pareció una lástima, porque la mesa estaba nueva y el archivador también. Pero hay tanto de todo...
La cara B de "Per Sant Joan" es la primera canción que Serrat dedicó a una mujer. Luego llegaron, aunque no precisamente en este orden, Lucía, Penélope, Edurne, Irene, Helena, Malena, etc. Y sobre todo aquella cuyo nombre sabía a yerba.


(c) SafeCreative *1706202654117
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(*) "Por las calles y las plazas íbamos de casa en casa para hacerlo quemar todo aquella noche de San Juan".

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