24.7.17

Dunquerque y Raval

—Collins: He's on me. 
—Farrier: I'm on him. 

o es que sea aficionada al cine bélico, pero sin duda "Dunkerke" (Christopher Nolan, 2017) abre una nueva época para este tipo de películas. El hecho de que se trate de un hecho histórico (la operación Dinamo, de evacuación de más de 300.000 soldados aliados sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial) no es un elemento secundario y el mensaje patriótico no es menor. Tal vez nadie como los británicos sabe apelar al patriotismo sin que se les considere rancios o todas aquellas consideraciones a las que desafortunadamente estamos tan acostumbrados cuando se apela a la grandeza del propio país. "Dunkerke" es un ejemplo más de esa habilidad. Tal vez Garci en "Sangre de mayo" (2008) consiguió ese punto de heroísmo y de orgullo. Pero no creo que consiguiera que se le secundara. Lo siento.
Para el que no le guste el cine bélico, siempre puede encontrar en esas emociones e incluso en la emoción estética, su disfrute de la película, donde los diálogos son mínimos pero sin nada superfluo. El relato es trepidante, y el hecho de que se mueva entre el día y la noche, y bajo la continua amenaza de la Lufthansa y de los submarinos, crea un ritmo que sería difícil sostener si no fuera porque seguramente Christopher Nolan ha cuidado ese factor com dicen que el sonido realza musicalmente los espectáculos pirotécnicos. Hay una coreografía de los ataques. Pero no tiene nada que ver por ejemplo con las escenas de Visconti, que tanto sabía de ópera, también de precisa belleza. Estoy pensando en Augusto Ferrer-Dalmau, pintor de temática histórica y militar. El estilo de "Dunkerke" es más moderno, sin contar con vistosas casacas rojas, escarapelas, caballos, ni casi dorados. Las dos o tres mujeres que aparecen en toda la proyección son enfermeras y ofrecen té. No aparece, si no recuerdo mal, ni un solo animal. Tampoco hay una intervención visible de la realidad virtual ni de unos efectos especiales digitalizados, cosa que se agradece a la vista de lo mucho que se ha abusado por ejemplo de la multiplicación de imágenes para crear hordas. La digitalización, si la hay, no se exhibe, es discreta. Como con sprezzatura. Tampoco hay sangre, y con eso ya lo hemos dicho todo. O mucho, claro.
Yo creí que después de ver la película, al salir al mundo real aquello nos iba a resultar un remanso de paz. Pero nos hemos dirigido al Raval y desde el Bar Almirall hemos podido ver como en cinemascope todo el desenvolvimiento de un incidente bastante incomprensible. El bar está en Joaquín Costa con la calle Ferlandina, en la encrucijada de ambas calles. Pasan muchos filipinos. Como asoma a las dos calles hemos podido ver llegar una ambulancia, un hombre con el pantalón sangrado, a la altura de los genitales y otro hombre al parecer ebrio y extranjero o drogado y extranjero. Extranjero era seguro. La auxiliar de la ambulancia se encaró con él porque quería seguir lo que pensamos que había sido una pelea o una agresión subiéndose a la ambulancia. Coraje. A los pocos segundos se sumó una brigada de la Guardia Urbana, dos de los Mossos (dos coches y un furgón) y una de la Policía Nacional. Ese despliegue, además de un coche a juego con la ambulancia (probablemente médico), parecen totalmente desproporcionados para el caso. Pero está claro que lo digo desde mi ignorancia, a pesar de que en la calle se comentaba esto mismo.
Cuando ya se me había casi olvidado completamente el azul del mar que separa Francia e Inglaterra y al magnífico piloto Farrier (los pilotos me pierden) resulta que uno de los de la Guardia Urbana vio pasar un joven que iba sobre una bicicleta que a cualquiera de nosotros tal vez no nos hubiera llamado la atención. Pero claramente era una bicicleta de Bicing pintada de negro. El servicio de Bicing es tan municipal como lo es la Guardia Urbana. Tal vez a partir de ahora veré más bicicletas de Bicing robadas y pintadas de negro pero no antes de este incidente. Es seguro que los funcionarios de la Guardia Urbana pueden distinguir una bicicleta de estas entre cientos. De hecho, las ruedas y el cuadro son muy característicos y ahora sé porqué.
Así que no es que "Dunkerke" fuera algo de lo más relajante, pero al menos sabíamos más o menos el final, de lo que tenemos en Barcelona nada sabemos.

El piloto Farrier en "Dunkerke" (Christopher Nolan, 2017)

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