7.7.17

Las serpientes arbóreas marrones de Guaján

Las serpientes trepan por los postes y
 a menudo causan cortocircuitos en las líneas eléctricas, con
 los consiguientes apagones; de hecho casi cada dos días
 alguna zona de Guam sufre un corte de luz relacionado
 con las serpientes y, aunque la serpiente en cuestión
 acabe bien muerta tras el percance, ello no compensa
 los graves inconvenientes que causan tanto a negocios
 como a consumidores de a pie.
Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos?

ienso que en general el arquitecto Enric Sagnier no está todo lo valorado que podría estarlo. Entre sus obras se encuentran el Tibidabo, el Palacio de Justicia y la Casa Garriga-Nogués, en la calle Diputación. Pude conocer su planta noble, cuando se exponía allí la colección de la Fundación Godia. El Patronato Ribas, que es un orfelinato enorme que le encargó un industrial textil, ahora es el Instituto de Enseñanza Secundaria Vall d'Hebron, que solo quedaría un poco más a la izquierda del edificio del Hospital que se ve en la fotografía de hoy. A Sagnier todas sus obras se le definen como eclécticas. La Aduana del Puerto de Barcelona también es de un proyecto suyo. Claramente es difícil por no decir imposible defender que se trata de obras modernistas, y sin embargo tienen algo que a mí me traslada muy bien el espíritu de su época y que las hace muy reconocibles.
Nunca hasta hoy supe de Guam, pero fue una isla gobernada como las Filipinas, entre el siglo XVI y 1898 por España, que la llamó Guaján, cosa que nos permite poco más o menos inferir como interpretaron los españoles el nombre que se daban a sí mismo en chamorro los guameños (Guåhån). Ahora está gobernada por Donald Trump como territorio no incorporado. Guaján tiene poco más de 500 kilómetros cuadrados pero desde hace unos años se les coló en la isla una serpiente arbórea marrón (Boiga irregularis) y a lo tonto a lo tonto se han quedado sin muchas de sus aves autóctonas y tienen un verdadero problema del que nos hacemos una vaga idea con lo que nos explica Ken Thompson. Los estadounidenses temen que de Guam les llegue un barco con una serpiente polizón que invada el país. Tal vez deberían temer más a Donald Trump, pero ese es otro tema. La cuestión es que como con lo de las serpientes arbóreas marrones, nada nos compensa de sus estragos, ni siquiera que cuando provocan un corto circuito se queden tiesas.
Lo de las serpientes es exactamente igual con quienes nos maltratan. Oigo mucho decir aquello de "la vida le da a cada cual lo que se buscó" y aún cosas más tremendas. Y sin embargo ver una serpiente electrocutada y descuartizada tronzada como un plátano no nos resarce de que se hayan descongelado las gambas para el arroz tres delicias ni que se hayan desconfigurado todos los timers de los electrodomésticos. Me imagino el malestar que puede provocar que se vaya la luz en plena actualización de Windows. No es que deseásemos nosotros o los guameños algo más equitativo, poderado y ejemplar, no. Lo que deseamos es que las serpientes fueran veganas y discretísimas. Nunca sabremos qué trato darles a los "malos", a no ser tenerlos más o menos bajo un cierto control y con una clemente condesdencia que considere que no se puedan multiplicar ni crecer.
No sé, sinceramente, si la vida da a cada cual lo que se buscó. A estas alturas de la película lo que sí me veo en condiciones de afirmar es que hay desenlaces que no sorprenden. Eso es todo.
Llegará un día en que Sagnier obtendrá algún género de reconocimiento póstumo, estoy segura. Y puede que si tuviéramos en todas las islas del mundo gobernantes capaces se les encontraría una utilidad a las especies dañinas y taimadas. Quiero pensar que las serpientes arboréas marrones sirven para algo. Y que lo peor es cuando se juntan las serpientes invasoras y los malos governantes.

Vista del Tibidabo y el Hotel  La Florida desde Avinguda de l'Estatut de Catalunya

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