15.9.18

El noveno círculo

"We can't change the country. Let us change the subject."
J. Joyce 

ien mirado es un alivio y no el colmo que empiecen a pringar además de los políticos defraudadores y los curas pederastas ─y quienes los taparon─ también la putrefacta Universidad y los científicos tarugos (Joan Baselga, etc). 
Gente en mi promoción hubo que nunca fue a un examen. Sé de pacientes metidos en 4 ensayos clínicos simultáneamente. Mucho más no puedo hablar porque es algo que habría que hacer con nombres y fechas, no porque sea algo que no me afecte. ¿Cómo no va a afectarnos que en el mismo curso de una facultad se pueda obtener el título sin estudiar o estudiando? ¿Cómo puede dejar de importarnos el enriquecimiento de algunas personas a costa de una enfermedad terrorífica? Ese enriquecimiento no es el resultado de trabajar sino el fruto pútrido de ver la oportunidad donde otros solo ven dolor. La industria del cáncer se ve legitimada por un halo ñoño de altruismo. Sin caer en el fácil tremendismo, no descartemos que las publicaciones científicas son al lado del autoplagio que se le reprocha a Pedro Sánchez, el autoplagio por antonomasia.
A lo largo de mi vida laboral y profesional me he visto sumida en el misterio de que nunca jamás se hablara de los arreglos, montajes, vicios, sobornos, influencias de la Universidad, como si fuera un jardín prístino de sabios y sabihondos, como si nu hubiera en los rectorados ni acoso sexual ni una organización turbia  o desmanes en su administración. Parecía que la corrupción era cosa de la Iglesia, una institución aún más antigua, o de los políticos, a quienes incluso se les supone la imposibilidad de desarrollar su carrera limpiamente.
A raíz del escándalo del máster de Cristina Cifuentes se han empezado a destapar casos de expedientes académicos de políticos que al parecer no tienen de qué enorgullecerse y sí tienen mucho a lo que poner sordina. Son casos que airean lo frecuente que es la posibilidad de allanar el sinnúmero de trabas burocráticas, económicas y académicas que supone un TFM o una tesis o simplemente la carrera pura y dura. Incluso podría afirmarse que la razón de ser de los másters no es otra que el lucimiento y el ascenso de personajes cuyo vigor intelectual es menos que mediocre. Pero en el tercer ciclo han encontrado las universidades públicas y privadas una fuente de ingresos, que incluso han convertido la formación de los grados en algo anecdótico y su excusa.
Por lo general, lo que estoy haciendo ahora ─igualar el emponzoñamiento de los círculos infernales políticos, curiales y universitarios─ inspira desconfianza. Cuando alguien dice que todos los políticos están corrompidos pensamos que la afirmación se opone a la política y que por tanto se opone a la democracia. En esa paradoja se anuda la fortaleza del fango.
El asunto de la pedofilia de los sacerdotes católicos, con tantas víctimas y en tantos países, es algo que solo se ha visto empeorado ante la constatación de que se producía ante la pasividad de la curia y de El Vaticano. Pedir perdón ¿de qué sirve? ¿Quién es quién para conceder o pedir perdón? En el caso de que sirviera un sincero arrepentimiento, un verdadero darse cuenta del mal que se ha hecho contra otras personas, ¿revierte o alivia acaso el sufrimiento causado? Un poco, no diremos que no, pero en muchos casos las heridas emocionales son tan profundas que el arrepentimiento hasta puede ahondarlas. También hay abusos sexuales por parte de los maestros budistas.
Cuando el año 2011 dimitió el ministro de Defensa de Alemania, Karl-Theodor zu Guttenberg, se estaba señalando no solo su falta o delito (desconozco la legislación alemana del plagio) sino que se considera algo que es incompatible con el servicio público. Por mi trabajo me encuentro a veces claramente con gente que no ve ningún problema en engañar, y gente a quienes nos resulta algo indigno. Dicen que si los griegos, que si esto que si lo otro: engañar es mentir y mentir nunca se puede considerar para muchos de nosotros como una habilidad en la que solazarse o henchirse.
El engaño y el disimulo, aparentar, parece que es algo incluso cargado de mérito y que está en las bases de nuestra cultura clásica. Fácilmente excusamos a quien se disculpa con un imprevisto ineludible ficticio de un compromiso, otra cosa sería descortés y se sale de las reglas del juego. 

Edificio de Avda. Meridiana, 312 bis (Barcelona, 1964). Arquitectos: O. Bohigas, J.Mª Martorell, D. M. Goodchild.

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