31.12.19

El sexo de las gárgolas (2)

Tengo en el pecho una jaula,
en la jaula dentro un pájaro,
el pájaro lleva dentro del pecho
un niño cantando
en una jaula
lo que yo canto

Amancio Prada, Jaula en el pecho

e difundió anteayer la noticia de que se iba a prorrogar el final de las cabinas telefónicas. Me acordé de que hay una en mi antiguo barrio, el Turó de la Peira, pero en estos momentos no tengo en mente ninguna más. En la noticia se dijo que quedaban en toda España 16.000. Lo que no sé es si ésta funciona. Hace mucho tiempo que no vi a nadie usarla ni hacerle el mantenimiento, aunque por su estado creo que alguien la limpió no hace mucho. Me imagino que cuando quien la limpia es interrogado sobre su trabajo debe de recibir siempre la misma observación: "Ah, ¿pero aún hay cabinas?".  Nuestra cabina es abierta y es para discapacitados, esto es que tiene su posición un poco por debajo de lo que vendría siendo lo habitual, para que la pueda usar alguien que va en silla de ruedas. Se puede ver aunque no muy bien que se han borrado las instrucciones, sin las cuales es prácticamente imposible usarla y con las cuales es bastante difícil. 
Las últimas veces que yo usé alguna cabina fue mediante tarjeta de Telefónica, que iba asociada a mi línea de teléfono fijo. De ahí para atrás recuerdo que había que pertrecharse de muchas monedas y que por mucho que estudiases la jugada se tragaba todo lo que le echases. Creo que la última vez que vi usar una cabina fue en el vestíbulo del Hospital Vall d'Hebron, hace unos 7 años. Estaba al lado de un cajero de Caixabank, antes La Caixa. Ya no está ni el cajero ni el teléfono público. 
También recuerdo haber entrado a un bar de la calle Argimon, en el barrio de Horta, para llamar a mi familia porque me había dejado el móvil en casa olividado. Era un teléfono público y si no recuerdo mal pagué directamente a la señora que regentaba el establecimiento. Eso sería también hace unos 7 años.
Durante este tiempo se han retirado muchas papeleras, algunas de ellas maltrechas. Tal vez había demasiadas, seguramente se ha optado por la frecuencia de recogida. Y el llamado "mobiliario urbano" se ha visto incrementado en los bancos para sentarse, cosa que se agradece.
Llegará un día en que desaparecerán totalmente los teléfonos de la vía pública y tendremos que explicar que un día había teléfonos en la calle que iban con monedas y, por suerte, tendremos La cabina (Antonio Mercero, 1972), aunque bien pensado produciría más confusión que otra cosa, por su metáfora de la claustrofobia en el franquismo.
Las nuevas oficinas de La Caixa ya todas sólo dejan accesibles los cajeros externos en el horario nocturno o de fin de semana. Son los nuevos confesionarios.
Ayer se comentaba en mi TL la noticia que apareció en The Mirror de un hombre transgénero que había dado a luz a un niño con la ayuda de la donación del esperma de una mujer transgénero y un médico también transgénero. La fotografía de la feliz pareja no-binaria muestra a un bebé precioso y a sus progenitores, cuya imagen no ayuda mucho a identificar por su sexo ni falta que hace. Son personas transgénero. A mí en lo que me hace pensar todo esto es en que se abandonan unos estereotipos (padre, madre, hombre, mujer) y se adoptan otros estereotipos. Me hace pensar un poco en las matriuskas, ya que si hay un hombre que se siente mujer, podría ser que se sienta una mujer que se siente un hombre que se siente una mujer.
Cuando falleció mi padre y lo retiraron de la sala del velatorio para acercarlo a la capilla, un empleado dijo: "Nos llevamos a la señora". Y pensé en lo mucho que se hubiera reído mi padre, que no quería usar pantalones azul marino porque decía que eran de mujer (¿?), mi padre que tenia una barba cerrada y unas cejas impresionantes. También recordé las palabras del Evangelio: "Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo" (Mateo 22:30).
Los científicos, como en otros temas, no se han declarado por lo que respecta a todas las consecuencias de la procreación o gestación artificial. Como mucho se habla en privado de algunos fallos congénitos (entre los cuales por cierto no es menor el de los estadios intersexuales), pero nada comentan de lo que puede ocurrir a largo plazo con las inseminaciones asistidas, en las generaciones consecutivas. Por una parte porque hay detrás un negocio boyante, por otra parte por prudencia. Por fallos congénitos no me refiero a tener las orejas de soplillo, sino a cuestiones más graves.
Tenemos la impresión entonces de que ─como dijo Larra─ todo el año es Carnaval. O Halloween. Hay una necesidad de travestirse, de tatuarse cosas, como si la desnudez fuera tan terrible. Sin entrar en consideraciones sobre las consecuencias sociales de las libertades conceptivas cognitivas, lo que me revuelve es la mezcla de estereotipos y la idolatría. No me extiendo.




Post registrado en (c)SafeCreative *1912312776247

21.12.19

Los muertos vivientes

a llamada "cultura" visual de nuestra época debe mucho al cine, al cómic, al imaginario que nos rodea por todas partes y a los símbolos que se nos imponen casi sin darnos cuenta. La tarde del jueves estuve en el Ateneu Barcelonès y tenían en el zaguán un nacimiento cuyas figuras no eran más grandes que los dedos de una mano, pero el pesebre ─formado por unas placas de corteza de alcornoque─ era proporcionalmente bastante grande. El corcho creaba una hoquedad natural que tanto a mí como a mi acompañante sin dejar de parecernos bonita nos produjo un cierto desasosiego. Después ya en casa me recordó el cuadro conocido como "La isla de los muertos". Por eso hoy incorporo al Álbum la imagen del belén en su lado frontal y la de una de las copias del famoso cuadro de Arnold Böcklin. Hoy se puede leer en la Wikipedia: "La obra ha atraído la atención de muchas personas: Adolf Hitler, en particular, estaba obsesionado con el cuadro, una de cuyas versiones llegó a poseer. Freud, Lenin y Clemenceau, entre otros, tenían una reproducción en su oficina." Podría ser que la versión que añado, que es la que se expone en Berlín, de 1883, fuera la del dictador. 
Yo creo que ni a Lenin ni a Hitler les gustaría el tipo de letra que el art nouveau le dedicó, que es conocidísimo y que a mí, junto con el cuadro de la isla tampoco me gusta. La tipografía por ampulosa, el cuadro por ser tan obscenamente tétrico. Y ambas son imágenes que tienen el poder de perdurar en el recuerdo de quien las conoce. Se suele decir que Böcklin influyó en surrealistas como Salvador Dalí, el cual tuvo un imaginario muy personal y nunca exento de luz. Böcklin pringa perversidad y un regodeo en las tinieblas untuosas del mal y el satanismo. En la representación que fuimos a ver al Ateneu, un monólogo de Carme Samsa, se trajo el recuerdo de dos prohombres masones de Cataluña. La obra es de Antoni Strubell y en ella la gran actriz Carme Samsa desarrolla un soliloquio animado por alguna interpelación al público, donde hace un relato de su vida como sindicalista y de los hechos de la insurrección conocida como "El foc de La Bisbal" (1869), etcétera.
Pronto nos dimos cuenta de que la representación establecía un paralelismo entre aquellos tiempos de la revolución de 1868 y los tiempos actuales del Procés. Que el programa de mano tuviera un lazi y en el friso de promocionadores a Òmnium Cultural, l'Assemblea, y la Comissió de la Dignitat, que al llenarse la platea se vieran muchos símbolos amarillos, ya nos puso sobre aviso de donde nos habíamos metido. Después del monólogo la actriz entregó rosas amarillas a "descendientes" [sic] de Isabel Vila y a una familiar de Dolors Bassa, que en 2017 fue investigada por la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por presuntos delitos de prevaricación, desobediencia al Tribunal Constitucional y malversación de caudales públicos, tras firmar el Decreto autonómico para convocar un referéndum de autodeterminación ilegal. Después hubo un coloquio al que no nos quedamos porque cuando aún no se habían entregado todas las flores abandonamos la sala.
La estética del acto y el lenguaje era acorde con lo que solemos ver y no merece la pena recabar en lo que ya se sabe, sólo para lamentarse de cómo todo está impregnado de la misma ideología  o estado de conciencia. La permeabilidad entre lo que era propiamente el monólogo y su trasposición al presente no es algo extraño al teatro. De hecho el buen teatro siempre está enriquecido con alguna morcilla sobre la actualidad y siempre es denuncia. Pero en este caso hay, como en otros casos del procés, una clara intención de propaganda.
Unas horas más tarde, ayer, emitieron en BTV "Esta tierra es mía" (Jean Renoir, 1943) y para los que aquí vivimos no resulta disparatado ver la relación del personaje que interpreta Charles Laughton como Albert Lory, el gordito cobarde y blando, y Oriol Junqueras. Incluso en sus alegatos nos resultan idénticos. Son la honestidad personificada. El cambio entre la primera clase que da Lory a los niños revoltosos y la última es emblemático de la evolución de su popularidad. Pasa de ser ridículo y miedoso a ser decidido y hasta intrépido y a recibir la admiración del curso.
De tantas imágenes unívocamente codificadas escapo con una mirada que intento limpiar de símbolos y clichés, a pesar de que ayer mismo emitieron en BTV otra película terrible, "La noche de los muertos vivientes" (George A. Romero, 1968)

Pesebre en el Ateneu Barcelonès

La isla de los muertos (Arnold Böcklin, 1883)

(c)SafeCreative *1912212723372

16.12.19

El jardin de Epicuro


na tarde diez días atrás más o menos encendí la TV y justo en aquel momento una mujer le decía a Hércules Poirot: "Me despido hasta siempre, Hércules, un amor como el nuestro podría haber quemado una ciudad". He estado averiguando y se trataba de Katherine Grey, el alter ego del famoso detective belga. No sé más: no sé la razón de que no realizaran su historia de amor ni si la había habido o no. Pero para mí fue una gran sorpresa porque además fue oír esa frase sin contexto alguno y acabarse el episodio, cosa que me dejó en ascuas ya que nunca había antes visto a la Sra. Grey y a través de las corteses maneras de Poirot nunca se había adivinado nada que fuera más allá de su gentileza y caballerosidad. Y también debo decir que esta sorpresa es magistral porque rompe la monotonía e introduce un elemento de pasión y misterio que disculpa la rutina.
La rutina nos previene de la pasión y la pasión nos despierta de la rutina. Imposible permanecer mucho tiempo en el tono sentimental de una romanza rusa, porque nos quedaríamos como se quedan las polillas después de haberse acercado a una llama o a una bombilla antigua ardiente.  Очи чёрные (Ochi chórnyie, "ojos negros") es muy bonita, pero muchas romanzas nos harían caer en una amargura o en un estado de melancolía de la que no nos sacaría ni el Séptimo de Caballería ni nadie.
El tono sentimental en el que estoy más a gusto es el que propone Jean-Jacques Sempé como ilustrador y que involuntariamente he seguido en mis dibujillos. Ternura, simplicidad, sinceridad, humor. El que traigo hoy al álbum lo hice en octubre para el público que a veces viene por mi centro de trabajo, porque creo sinceramente que a algunos les costaba entender bien el mapa que hicieron ad hoc el bien dotado gabinete de comunicación de mi empresa. Una de las médicas del centro hizo la observación ya en la primavera de que lo mejor para dar las señas a nuestros pacientes que tenían que ir a hacerse una radiografía era una maqueta. Pero hacer una maqueta escapa a mis posibilidades y tomando su idea hice el dibujito de esos apenas 100 metros que separan el ambulatorio de Raval Sud y nuestras consultas. Les daba a los usuarios una copia un poco bajo mano, ya que no tenía la "autorización". Luego supe que la médica tenía una copia en su despacho y que incluso la había mostrado en una comunicación, sin saber que era "mía".
El asunto de la propiedad intelectual o sentimental (la propiedad sentimental es para mí más importante) es siempre controvertido. Hace unos días descubrí uno de mis dibujitos en el blog de un historiador local (aquí). A pesar de que le pedí que lo retirara me ha concedido su indiferencia y el silencio, cosa que me llevó por imperativo moral a denunciarlo ante Blogger, que no sé si servirá de gran cosa pero que al menos me permite desentenderme de las malas acciones de tamaño bravucón bobalicón. Como Ricard Fernández Valentí, que es como se llama el hombre, está en relación con ese asociacionismo vecinal que tantos ociosos y mediocres atrae, como ha publicado algún librito, se debe sentir protegido por razones que no son legítimamente la razón por antonomasia. La gente como él es la que aparece constantemente ocupando BTV, el canal televisivo de nuestro Ayuntamiento. Sin asociacionismo vecinal estaríamos mal, con asociacionismo también.
El tema de la apropiación de mi dibujito no me molestaría tanto si no fuera porque ese dibujo me costó mucho trabajo hacerlo. Y no me refiero a la dificultad técnica, puesto que es una tonteria, sino a que tuve que hacer un esfuerzo de memoria y de remover en los recuerdos de esos que te consumen toda la energía que se pueda imaginar. De las calles que representé no queda nada. Además, verlo mezclado con elementos como el historiadorcillo local y el tal Rafael Lora (que fue una voz viva de la asociación de vecinos del Turó de la Peira) me disgusta. Nada más lejos de la intención de mi dibujo que lo que representan el uno (Rafael Lora) y el otro, Ricard Fernández Valentí. Yo pienso en la gente trabajadora y normal del barrio, no en los vividores ni en los charlatanes.
Indico a Blogger los enlaces de 2010, de mi publicación y la de Fernández. Además de que el dibujo esta registrado en mi cuenta de Safe Creative es de mi puño y letra claramente. Forma parte de mi condición de escritora aficionada ver mis ideas robadas por ahí en gente con "éxito" (?), ya estoy acostumbrada. La gente que tiene buena fortuna y muchos seguidores no son necesariamente quienes tienen más ideas ni son más creativos ni nada que se le parezca. La práctica o el método que todos los que han ido a la Universidad conocen de citar o enlazar está cayendo en entredicho o en descrédito. Y sin embargo no conozco ningún mediocre que no haya recurrido a esa mala arte para poder seguir adelante con sus pobres proyectos.

No creo que deje en este post de hoy mi blog después de tantos años navegando con el mejor humor posible, pero es el principio del fin de aquella vida oculta epicúrea a la que aspiro.


Dibujo-plano de Marta Domínguez Senra 


"El Paleolítico Superior" (Dibujo de Marta Domínguez Senra)


P.S. (21 de diciembre de 2019): La noche del martes recibí una respuesta de Google donde se me indicaba: "No nos queda claro si es el agente autorizado para proteger los derechos de autor del contenido en cuestión. Solo el titular de estos derechos o un representante autorizado pueden presentar una notificación de infracción basada en la DMCA (ley estadounidense de protección de los derechos de autor). Tenga en cuenta que se le pueden exigir responsabilidades por perjuicios (que pueden incluir el pago de costas procesales y honorarios de los abogados) si denuncia sin fundamento que un producto o una actividad incumplen sus derechos de autor". Esa misma noche les contesté que mi dibujo estaba registrado en Safe Creative, les adjunté el certificado y una foto actual contextualizada con el parte metereológico a las 9:37 del Telediario en antena. Pocas horas después recibí otro mensaje que reproduzco literalmente:

removals@google.com
vie., 20 dic. 18:39
para mí

Hola,

Gracias por su mensaje.
De acuerdo con lo estipulado en la ley estadounidense de protección de los derechos de autor (Digital Millennium Copyright Act, DMCA), hemos completado el procesamiento de su notificación de infracción. Vamos a inhabilitar el acceso al contenido en cuestión disponible en:

http://eltranvia48.blogspot.com/2010/06/prego-de-la-festa-major-del-turo-de-la.html

El contenido se retirará en breve.

Atentamente,
El equipo de Google

(c)SafeCreative *1912162686437

7.12.19

Post 1707: El cambio temático

ue llevamos varios días con el tema de Fridays for Future o Juventud por el Clima, el cambio climático, a nadie se le oculta. Para otro día dejo la triste observación de que la traducción al español está en la línea de las tan cacareadas generaciones de los nativos digitales, que en realidad están usando la tecnología muchas veces creada por los nativos analógicos. Que la ingeniería social busque el enfrentamiento generacional es un signo de nuestro tiempo. 
Aunque parezca tema de otro costal, ayer denuncié (es un decir) en Twitter que Barcelona en Comú difundiera las nuevas tarifas de ATM con una imagen cuyo logo es del partido, no de la ATM ni del Ayuntamiento. Esta confusión de autoridades está también muy en la línea de lo que viene ocurriendo con los nativos digitales, sobre todo con aquellos con escasa cultura en Derecho, Historia, etc., ya que finalmente lo que se conculca ahí es la autoridad ─en ambos sentidos de la palabra autoridad─ de donde proceden los ajustes de las tarifas de metro y autobús y otros transportes públicos. Sin negar que puedan haber sido impulsados por Barcelona en Comú, las tarifas no las aprueba esa formación.
En el fondo contemplo todo ello (Juventud por el Clima y la confusión de poderes) con la esperanza de que todo pasará. En realidad gran parte de la fuerza que tienen esas dos alteraciones de la realidad proceden de la novedad y la novedad dura poco. Cuando pensábamos que era un vergüenza ser metereólogo o economista, porque no acertaban ni una, nos hemos encontrado con el periodismo peorista, que sobrevive a merced de las consignas del momento y los intereses de siempre. No acertar con el futuro metereológico o bursátil es disculpable, equivocarse constantemente en el análisis del pasado o del presente es injustificable. ¿Qué gracia tiene ser periodista? La última vez que me tropecé con un cámara y una reportera por mi barrio vi que torcían el gesto en cuanto me salí del guión propuesto, cuando en realidad lo que pretendían era supuestamente detectar problemas de nuestro distrito. Eran como las papeleras y las farolas del mobiliario urbano, elementos cuya posición y diseño está totalmente ordenada por el Ayuntamiento.
Yo le dije una vez por lo menos a mi sobrino que el mejor consejo que le podía dar es que en toda conversación si no tenía más remedio que hablar que lo hiciera cambiando de tema. No cambiando el tema que le proponían, se entiende, sino que no permaneciera mucho tiempo en el mismo tema. Y es que la gente que se vuelve monotemática acaba cansando al más santo. Incluso es aconsejable hablar de lo que no sabemos, pero no como si supiéramos, y hablar como si no supiéramos de lo que creemos saber. Y con ese consejo puede ir a cualquier lugar sin molestar y dejando un buen recuerdo.
Quien tenga las ganas o la paciencia de leer 3 o 4 posts de este blog verá que no soy negacionista ni nada que se le parezca, pero soy muy crítica con las modas. 

Bañista de Coney Island (Lisette Model, 1939-1941)

(c)SafeCreative *1912072637963

30.11.19

El bastidor

n las Impresiones del puerto viejo de Marsella (László Moholy-Nagy, 1929) los ciudadanos que transitan por La Canebière y las calles que rodean el puerto nos dejan la impresión de que todo va muy rápido. En las películas que traigo hoy al Álbum, la de Marsella de 1929 pero también las de Nápoles de los hermanos Lumière (1898) y la de Ricardo de Baños titulada Barcelona en tranvía (1908), las figuras pierden muchas veces su personalidad y quedan indefinidas bajo un sombrero o la forma de vestir o la ropa del oficio. Moholy-Nagy se acerca más a los individuos por su expresionismo y el grano es más vigoroso y definido, aunque nos deja también la sensación de la fugacidad. Esto de la fugacidad me falta muchas veces en las películas españolas actuales rebuscadamente lentas. Estoy pensando en el thriller que le he visto a Óliver Laxe sobre Lo que arde, quien por perseguir lo telúrico se hunde en algo pesado, mórbido, impostadamente sólido. Fugacidad no quiere decir rapidez, aunque en las películas mudas primitivas hay un paso mas rápido que el natural.
La impermanencia es un concepto redundante en el budismo y creo que es por eso por lo que no falta día que alguien lo traiga a colación incluso en cuestiones tan aparentemente alejadas como la pérdida de derechos laborales. Perder derechos laborales no tiene que ver con la impermanencia ni con la levedad sino con el NOM (nuevo orden mundial) y el abuso. Que me perdonen los budistas o los que estudian el budismo, pero no podemos confundir la velocidad con el tocino.
Recientemente CaixaBank me ha informado de que si deseo hacer alguna gestión en caja tendré que hacerlo antes de las 11 de la mañana, que es el horario que se me debe haber asignado de acuerdo con el tipo de cuenta que tengo, que es de gasto cero. Poco voy a CaixaBank, lo inexcusable, pero vengo padeciendo como todo el mundo las restricciones que se han ido imponiendo en la atención al público y la nueva "filosofía" que además adopta nombres anglófonos (stores y demás). Con docilidad o por cansancio vamos aceptando esas novedades que, al ir acompañadas de la matraca tecnológica, parecen infundir hasta admiración. Si el personal de las cajas antes pretendían infundir confianza y proximidad, lo que ahora muestran es inasible, como esos arduos y efímeros másters que todos ellos parecen haber terminado hace un par de meses. El pantalón de corte clásico con algún detalle moderno ha pasado declaradamente al pitillo tobillero de talle bajo y la americana algo estrecha de la tendencia ya demodé puesto que lo que está realmente de moda al parecer es el oversize. En cualquier caso todo el escenario es un poco confuso y el lenguaje que pasa de la ventanilla blindada al biombo bajo y ahora a las mesitas bajas redondas no acaba de trasmitir esa idea futurista que reclama. Al final será verdad que nos harán pagar por guardarnos el dinero.
Al lado de mi fastidio porque se confunda la pérdida de derechos laborales con la impermanencia colocaría también mi desconcierto ante actitudes tan frecuentadas como la de sentir aversión por las riquezas de El Vaticano y no cuestionarse ese espacio All in one que ha abierto CaixaBank en la plaza Francesc Macià, tan interactivo tecnológicamente y que cuenta hasta con un restaurante regido por los hermanos Torres. Ya nos hemos acostumbrado ver salir a la gente de CaixaBank con una televisión plana o que te ofrezcan un café que inspira muy poco interés y apetito. Pensando en el arte italiano que tanto apreciamos quien más quien menos (aún a sabiendas que estaba pagado por quienes querían legitimar un poder bastante ilegítimo) esos equilibrios de la Comunicación y la Imagen que nos brinda el mundo de las financiación y el ahorrito son como baratijas, bambalinas.

Marsella, 1929

Nápoles, 1898

Barcelona, 1909

(c)SafeCreative *1911302586798

15.11.19

Tocar el color

Cuando ayer le concedieron el Premio Cervantes al poeta Joan Margarit pudimos oír y leer sus palabras acerca de la poesía: "¿Qué es la poesía? Una herramienta quizá de las más efectivas en los momentos peores de nuestra vida. Por mucho consuelo que tengas, llega un momento en que estás solo y sólo tienes a tu disposición la poesía y la música, y poco más". Tal vez la tristeza profunda por la pérdida de su hija Joana, que nació con el síndrome de Rubinstein-Taybi, le hizo poder decir algo así. El dolor es insondable. Porque a Theodor Adorno el dolor le llevó a decir «Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie». Tanto la afirmación de Adorno como la de Margarit me resultan categóricas y a partes iguales poco acertadas. La poesía, algunas poesías, pueden resultar pomposamente ridículas e irritantes. La música puede llegar a enervar, cuando nos sentimos excluídos de su belleza o cuando nos arroja contra un recuerdo lacerante. Algunas personas siempre encontramos consuelo en la naturaleza, o en los jardines bien cuidados, o en la pintura y en la arquitectura serena. Y esa particularidad no coloca a las otras artes en un nivel inferior de categoría o de "efectividad" (ya que Margarit se ha referido a la poesía como "herramienta"). Simplemente doy testimonio de que hay afirmaciones que son o arrogantes o ingenuas. 
Estuve hoy en la exposición de la Fundación Mapfre en la Casa Garriga Nogués, que seguirá hasta el 5 de enero de 2020. Se ha difundido como "Tocar el color. La renovación del pastel" y el comisario es Philippe Saunier, a quien debemos la publicación en 2014 de L'art du pastel. Incluyo en el post de hoy algunas imágenes de pintores o pinturas que están representadas en la exposición, la mayoría de los siglos XIX y XX, pero la técnica del pastel ya la empleó por ejemplo Leonardo da Vinci. Que químicamente sea la técnica pictórica con el pigmento en estado más puro, que se pueda aplicar como el carboncillo hasta con los dedos (que es a lo que alude el nombre de la exhibición), la hace una técnica especial por su inmediatez. Los paisajistas encuentran en el pastel un elemento muy apto para el boceto y para el aire libre, por eso no es de extrañar que alcanzara gran interés entre los impresionistas. Aunque a Renoir se le reprocha el carácter de cromo de algunos de sus obras como pastelista, considero que como técnica es muy atractiva y no tiene nada que envidiar ni al óleo ni a la acuarela. El manejo de los detalles es posible porque las insinuaciones de los trazos son tan sugerentes como lo pueden ser las pinceladas de las técnicas de los grandes maestros. La industria de las bellas artes fabrica hace un tiempo lápices con barras de pastel además de las barritas de siempre y es fácil mezclar los colores, de manera que el contacto con los pigmentos da un disfrute peculiar, como ocurre cuando sabemos controlar el agua en la acuarela. De todas las muestras que incluyo hoy para el álbum me gusta especialmente la de Joaquim Mir, a pesar de que la pintó durante su internamiento en la clínica psiquiátrica Pere Mata de Reus.

Maisons au bord de_l'écluse de La Gazonne (Alfred_Sisley, s.a.)

Marina (Eugène Boudin,1860)

Dientes de leon  (Jean-François Millet, 1868)

Maspujols  (Joaquim Mir, 1907-1913)

Portrait of Mimi and Max Favarger (Louise-Catherine Breslau, 1892)

The Black Cat (Louise de Hem, 1902)

Bouquet de fleurs (Odilon Redon, 1900-1905)

El final del número (Pablo Ruiz Picasso, Pablo Picasso, 1901)

Peggy Letellier (Paul-César Helleu, 1905)

L’enfant à la pomme ou Gabrielle, Jean Renoir et une fillette  (Pierre Auguste Renoir, 1895-1896)

(c)SafeCreative *1911152487092

1.11.19

Frugalitas

eo en Google Maps una contribución sobre el Arco de Tito (del siglo I después de Cristo): "Muy bueno, aunque sea de poca dimensión para un área tan grande". Me pregunto si tan irrelevante comentario permanecerá más en el tiempo que el propio arco en el Foro y la mismísima Roma. Porque a lo mejor tiene más posibilidades, cosa que no es justa ni injusta pero tiene mucho que ver con el NOM (Nuevo Orden Mundial). Los independentistas, tan obedientes a las consignas que les distribuyen hasta por Telegram, se previenen contra el rastreo y localización de los teléfonos móviles, algo inútil. Es decir, es inútil prevenirse contra el rastreo incluso desconectando el localizador, a no ser que prescindamos de la telefonía inteligente totalmente. Podríamos añadir que la contribución además de irrelevante es otras cosas, pero es cuestión de arreciar mi propia contribución. La nivelación en la inteligencia colectiva da contrastes como esa y la de la imagen de hoy, un arco triunfal que sirve de fondo para el posado fotográfico de una turista apelativa. Por cuestiones similares hay microplásticos (y macroplásticos) en el océano, el arte se contamina de trucos informáticos y aparece de forma ingente cocaína en las aguas residuales. El cambalache de Discépolo o la misturanza rosaliana, el totum revolutum de toda la vida, se encarnan vivamente en el mercado de Els Encants de Barcelona, en los revoltijos de objetos de segunda mano o que están fuera de los canales comerciales usuales. Aún no he podido ir a las subastas de Els Encants, cuando se pujan lotes, pero es algo que me interesa muchísimo por ver cómo funciona y sobre todo si es algo tan veloz como imagino. Y sin embargo al final creo que todos necesitamos un poco de sosiego y de vaciamiento. Demasiado ruido.
Cuando yo era pequeña un día como hoy toda la familia nos reuníamos en el Cementerio de San Andrés, donde estaban enterrados mi abuelo paterno y su hija Nieves, a la que cada vez me parezco más. Ahora hay 8 o 9 difuntos en nuestro nicho. No lo sé con certeza. Hace no mucho era posible consultar el "contenido" de cada nicho en un kiosko que había a la entrada del cementerio. Ahora solo se puede buscar por nombres. Por la vez que consulté sé que están además de mi abuelo y su hija Nieves, mi abuela, otra hija y su marido, la hermana mayor y mi padre y una nonata que hubiera sido nieta de la que primero se enterró. Es decir, que cada vez hay más muertos para los vivos que quedamos, ya que por diferentes razones los que no nos hemos muerto aún no todos permanecimos en Barcelona. Así que ─como siempre en la retaguardia─ me encuentro con que el nicho ha pasado a ser propiedad de mi hermano (y lo de "propiedad" ya sabemos que es un decir) y yo soy la limpiadora. Como resulta que tenemos un plátano hispanica del otro lado del muro, casi siempre está lleno de hojas. Hay un empleado en un microcoche que supongo que alguna vez las recoge, pero yo siempre me encuentro una alfombra de hojas. Las retiro y luego con algún ramajo seco que quito de otro nicho también hurgo detrás de un bajante para quitar los restos de los poliaquenios y algunos insectos que pueden acumularse allí. Después limpio a fondo el nicho en sí y sobre todo un ángel de porcelana que creo que compró mi padrina Raquel, la cual no está enterrada allí porque fue incinerada y su voluntad fue ir a parar a Castelldefels, al mar. Cuando enterramos hace dos años y pico a mi tía Mercedes a sus 101 años me sorprendí al descubrir que una biznieta tenía la misma cara del ángel. No dije nada.
Sí, cada vez me hundo más en un silencio del que solo salgo cuando alguien me interpela, y en eso también me parezco a mis tías, las paternas y las maternas. Mi madre, que siempre fue muy moderada y contenida, ahora se deslenguó, así que supongo que es algo que tiene que ver con la ley de la compensación. No tengo la necesidad de hablar y por lo tanto no tengo la necesidad de escribir. Ya tengo dicho por aquí que el escribir no es ajeno a cómo se habla y que hay que escribir como se habla antes que hablar como se escribe, que es lo más socorrido. Pues no tengo necesidad de hablar gran cosa. 
Ya hace tiempo que la muerte invade todos mis pensamientos y curiosamente eso es lo que me permite disfrutar más y mejor de la vida. Quien yo amé murió hace cuatro años y ese hecho fue tan fulminante como definitivo. Como no me gusta el fútbol me queda mi amor por los jardines, la Historia, el arte, y los placeres gastronómicos. Si me ven poco por aquí es eso.

Arco de Tito

Encants de Barcelona

(c)SafeCreative *1911012370564

13.10.19

Con suelas de viento

espués de haber visitado el jardín de Villa d'Este en Tivoli, a unos 30 km de Roma, cuesta volver a Barcelona. Ayer aproveche que amaneció nublado y que incluso cayeron unas pocas gotas de lluvia para acercarme al Parque del Turó de la Peira, que no olvidemos que fue una cantera, como el de la Creueta de El Coll. ¿Porqué aproveché que no había sol? Pues para asegurarme de que la imagen del paraje que hoy traigo al álbum iba a estar vacía de visitantes.
Para llegar ahí hay que subir prácticamente todo el parque y ese punto atrae mucha gente. Hay una agrupación de rocas que no estaba cuando yo era pequeña y el Turó era más "natural".   Se suele decir que el Sakuteiki, el libro sobre jardinería más antiguo (data del siglo XI)  fue escrito en una época donde lo más importante era la colocación de las rocas. De todo ello a nosotros nos ha llegado en la forma de miniatura, el Karesansui o jardín zen seco, de arena. No acabo de entender para qué sirve un jardín seco en miniatura, aunque estoy bien predispuesta a los bonsáis. Volviendo a nuestras fotos me parece encantador el conjunto de las rocas y los pinos y que hasta parece "natural". La segunda foto invita a sentarse y en la primera roca no es raro ver niños encaramados y luego saltar al suelo. Una vista de El Carmel asoma entre las ramas de los árboles, que en verano desprenden frescura y en invierno nos cobijan del aire frío y húmedo que cala los huesos.
Ya he dicho por este blog anteriormente lo mucho que me gustaría el trabajo de poner bancos. Obviamente no me refiero a los bancos financieros sino a los bancos para sentarse. Y es que algunas veces están muy mal puestos. O están muy expuestos al sol o al ruido del tráfico u otros defectos que ahora no son al caso. El considerado como "el banco más bonito del mundo", en Santa Marta de Ortigueira, tiene una vista bella entre los cabos de Estaca de Bares y Ortegal, tramo de costa que conozco aunque mal. De la misma manera que en las fotos de las playas de Malasia no se capta que la temperatura del agua es mucho más caliente que la del Mediterráneo, en las fotos que se hacen desde el banco más bonito del mundo no se ve que la atmósfera en Estaca de Bares es casi como estar en pleno océano, con unos golpes de viento impresionantes.
El "banco más bonito del mundo" no es un banco bonito y de hecho, si me perdonáis, está afeando de alguna manera la vista, pero es una expresión hecha. Es ─en mi modesta opinión de "banquera" aficionada─ una variación del photobombing,  la práctica de interponerse en una imagen para hacer broma. Se dirá que no es exactamente un photobomb, y es verdad, porque no se pretende un efecto gracioso o inoportunar. Pero el resultado fastidioso es parecido. De hecho parece que la posición del banco se ha corregido pero por razones de seguridad. Espero que no pongan una papelera. Y si ponen una farola que sea bonita, que las hay preciosas. 
El jardín de Villa d'Este es una maravilla, es Patrimonio de la Humanidad. Creo que sigue bastante el plan del siglo XVI, con lo que además es un jardín histórico. Los legos se lamentan de la ausencia de flores, aunque cuando yo estuve hace unos días vi algunas anémonas y ciclámenes. Cada día más, tengo una gran debilidad por las miniflores y las flores de rocalla.

En el Parque del Turó de la Peira  - (c)SafeCreative *1910132172126

En el Parque del Turó de la Peira - (c)SafeCreative *1910132172133

Je m'en allais, les poings dans mes poches crevées ;
Mon paletot aussi devenait idéal ;
J'allais sous le ciel, Muse ! et j'étais ton féal ;
Oh ! là ! là ! que d'amours splendides j'ai rêvées !

Mon unique culotte avait un large trou.
- Petit-Poucet rêveur, j'égrenais dans ma course
Des rimes. Mon auberge était à la Grande-Ourse.
- Mes étoiles au ciel avaient un doux frou-frou

Et je les écoutais, assis au bord des routes,
Ces bons soirs de septembre où je sentais des gouttes
De rosée à mon front, comme un vin de vigueur ;

Où, rimant au milieu des ombres fantastiques,
Comme des lyres, je tirais les élastiques
De mes souliers blessés, un pied près de mon coeur !
Arthur Rimbaud

(c)SafeCreative *1910132172218 (para el texto)

10.10.19

Palazzo Colonna

(c)SafeCreative *1910102146393

(c)SafeCreative *1910102146386

Anémonas

(c)SafeCreative *1910102146416

Villa Borghese

(c)SafeCreative 1910102146430

Villa d'Este

(c)SafeCreative *1910102146423

Animula vagula, blandula

(c)SafeCreative *1910102146379

(c)SafeCreative *1910102146362

Solanum laciniatum

(c)SafeCreative *1910102146447


28.9.19

"À mon seul désir"

e pregunta @furiabelga en Twitter: ¿Por qué pueden Lluís Llach y Antonio Baños circular libremente por el Palau como si de una estación de metro se tratara si no tienen cargo público ninguno? Y está clara la razón, lo que se señala es que ocurra algo así inadvertidamente, como si se nos diera por tontos. El titular de La Vanguardia también se las trae: La Generalitat cuelga una nueva pancarta en el balcón con la frase "Llibertat d'opinió i d'expressió". Si viviera @cchurruca no dejaría de decir que la Generalitat no cuelga nada y que hay demasiada prosopopeya en la prensa.
Naturalmente todo esto de Llach y Baños, el "diplomado en Periodismo", está hecho para la foto. No faltaba la camiseta con mensaje ("Rebrotem"). Las manifestaciones de ayer en paralelo con la campaña mediática de Greta Thunberg, también son prosopopeyez y mucha imagen a chorro. Que en el Festival de Cine de San Sebastián Penélope Cruz habla más de ambientalismo y de feminismo que de cine ya lo dice todo.
Estos días preparo un viaje a Roma para volver a ver la Villa Borghese y conocer el jardín del Palazzo Colonna y los jardines de la Villa d'Este y la Villa Adriana en Tívoli.  Leo el libro Jardinosofía de Santiago Beruete, una delicia. La lectura me obliga a repasar mis imágenes de los jardines que conozco y es el lenguaje el que aclara el valor de las eutopías y me sitúa ante los modelos medieval, renacentista y barroco, pero también sobre el significado del jardín hispanoárabe, el francés y el inglés. El lenguaje consigue ir más allá de la imagen, por rica que sea en estos casos, no porque condense lo que es evidente, sino porque le da una nueva dimensión a lo que ya parecía agotado en su magnificencia y en su misterio. Los jardines aúnan arte, ciencia y naturaleza, pero van más allá porque encierran el misterio de la vida y las imágenes del poder.
Sé que más adelante en la lectura tiene que aparecer el concepto de la ostentación, algo que también está presente en muchos jardines. El jardín era tanto en Roma como en la casa tradicional japonesa la parte más íntima y recóndita de la casa. En otros modelos culturales es la entrada, y por eso enmarca la propiedad y marca la perspectiva.
*
En un post reciente me referí a lo que yo creí que podía ser el convento de las salesas visitandinas de Horta. Me acerqué el día siguiente con la intención de hacer las fotos que no había encontrado en internet y debo decir que fue imposible obtener una sola imagen que pueda dar una idea de lo que la cerca que rodea el perímetro del convento encierra. Hice  6 capturas rodeando la propiedad y todo lo más que se puede advertir, desde el paso que salva la Ronda de Dalt hacia la carretera de Horta a Cerdanyola (BV-1415) es la torre del edificio central. Más que un hortus conclusus la sensación es de espesura, de ocultación y de encerramiento. Aunque es convento de clausura comparten alguna hora litúrgica y creo que hacen más actividades, pero la puerta es tan disuasoria como el resto del cercado formado por material de construcción, alambradas y mucha vegetación umbría y embrollada detrás de una barrera de cañizo y tuya. Es insalvable a todos los sentidos. 
Durante la Semana Trágica y en años posteriores hubo diversos ataques en las comunidades religiosas de Horta (si no me equivoco excepto los Combonianos y los Salesianos todos los conventos que hay son femeninos). Además del incendio del convento de las Dominicas y de la Iglesia de San Juan, en la Guerra Civil, está bien documentado el martirio de 9 mujeres (ocho de ellas monjas) en el convento de las Mínimas en julio de 1936, a manos de milicianos anticlericales. Digo manos pero creo que emplearon también los pies y otras partes de su cuerpo.
El Convento de las Mínimas está reconstruido y tiene la presencia típica de austeridad y orden de todas las construcciones de comunidades religiosas y militares, pero la puerta exterior está casi siempre abierta y se puede ver la entrada. Con todo y con eso yo creo que puede quedar más que un sentimiento traumático de los hechos de la Semana Trágica y de la Guerra Civil. Así que la explicación para la cerca inextricable de las visitandinas salesianas tiene que ser otra.
El deseo de ser visto, de imponer una estética o de hacer ostentación es algo tan presente en nuestra sociedad y en la civilización mediterránea que ya no nos vemos con claridad. Ya algo de eso había dicho San Agustín, de que todo cuanto puede ser visto con los ojos puede ser "obra del diablo". O algo así.
La imagen de hoy es la de un portón en el Pueblo Nuevo, en la calle Taulat tocando el cementerio. Está pintado con un trampantojo que muestra una puerta más pequeña y otra aún más pequeña que representa que es para los ratones de la casa. Esa puertecita tiene su caminito y su farola y hasta su letrero con el número 37. 

Calle Taulat, 37 (Poble Nou, Barcelona)

Detalle del trampantojo. Puerta para el ratón.
(c)SafeCreative *1909282037898

22.9.19

Post 1701: Las cuentas del pasado

Allò que és, ja va ser; i allò que ha de ser, ja és.
Déu demana comptes del passat.
(Biblia de Montserrat)

Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es.
Y Dios restaura lo pasado.
(Biblia de Jerusalén)

Ec. 3: 15

i bien los 20 años en Bellvitge transcurrieron despacio, los años en Vall d'Hebron transcurrieron rápidamente. El proceso de mis oposiciones empezó el 2003 y tomé posesión de mi plaza en abril de 2005. Empezamos tres mil quinientos y llegamos 85, con lo que hasta sobraron plazas, que quedaron desiertas, pero eso fue por la dificultad de las pruebas no porque se muriera nadie. Luego reprodujeron otra convocatoria para los de promoción interna que habían suspendido pero en vez de con 52 temas, con 20, y en vez de con 2 exámenes hicieron uno tipo test. Así que hay gente que tiene plaza de administrativo por un proceso que solo superaron 85 personas y gente que tiene plaza de administrativo por un concurso de méritos encubierto. A la vista de quienes suelen insultarnos con la palabra "funcionario" todos somos iguales, incluso los que son nombrados a dedo, a los que no les vamos a poner una estrella amarilla en el pecho para distinguirlos de los demás, claro está.
De mis años en el Hospital Vall d'Hebron poca cosa buena puedo decir, y eso con mucho esfuerzo. Creo que ahora se hace llamar Vall d'Hebron Campus, que parece inglés, de la misma manera que vemos en las escasas tiendas que quedan por las calles (Nails, Style, yo que sé). Aunque pensé que me destinarían a Documentación Clínica o su nombre equivalente, puesto que había adquirido los rudimentos para defenderme en la codificación de la lista de espera quirúrgica y de algunas plantas (cosa que no es nada fácil), me destinaron a la Dirección del Institut de Recerca. Obviamente no como directora porque la plaza que yo había sacado era de administrativa. 
Ya hemos dicho que es indistinguible el funcionario con plaza conseguida en un procedimiento público competitivo de un funcionario que coloca su tía o alguna de las viejas glorias de un hospital o un allegado de alguna ONG subvencionada por la Administración. Pues también es indistinguible un administrativo de un auxiliar administrativo. En el fondo no porque al auxiliar administrativo lo den por más de lo que es sino porque a todos nos consideran la misma chusma, dicho sea sin resquemor. Es así.
En la Dirección del VHIR estuve pocos días. Cuando se incorporó la segunda administrativa creo que un 8 de abril, Natàlia Tibau, ella se quedó allí y a mí me destinaron al Laboratori de Cardiologia Experimental, donde estuve hasta el año 2008 bajo las órdenes del Dr. David García-Dorado. Natàlia falleció hace 3 años, el Dr. García-Dorado falleció el pasado 17 o 18 de agosto cuando apenas se había jubilado. Durante esos años pude conocer al jefe de del Servicio de Cardiología, Jordi Soler Soler, porque aún estuvo dos años como emérito. Pero la jefatura salió bastante después a una convocatoria que el Dr. García-Dorado ganó supongo que por la afinidad del gerente, José Luis de Sancho.  Naturalmente la valía de mi jefe facilitaba su nombramiento, aunque yo siempre digo que mejor le hubiera ido como Director del VHIR que como Director del Área del Corazón, que es el cargo que ganó. 
Fueron años de mucho estrés, alternado con episodios de aburrimiento, que no sabe una que es peor. Fue conmigo todo lo bueno que él era capaz de ser (que no era poco) y yo trabajé para él todo cuanto soy capaz de trabajar. La única amargura es que a pesar de que yo lo veía prosperar a él y tal vez a otras personas, yo siempre seguía igual y todo lo más se me ofrecía alguna minuta, pero no está en mi manera de ser apreciar todo lo bien que tal vez se podría creer esos gestos. Lo que yo quería era una promoción interna por la circular 9/90 y así lo planteé. Creo que no lo tomó muy en serio porque hasta con el tiempo pude comprobar que se le había olvidado. Así que cuando me surgió la oportunidad me fui a trabajar a la Biblioteca, que al lado del Laboratorio era como un balneario.
Para mi sorpresa las bibliotecas médicas hospitalarias tal y como yo las había conocido en los noventa estaban en su decadencia, por lo menos a mis ojos. Estaba sola en el turno de tarde y aunque me mantuvieron la categoría de administrativa hacía alguna función de documentalista, sobre todo cuando el caso lo merecía o era necesario. Es decir que si quería podía hacer de menos o de más.  Como a mi exjefe, mejor me hubiera ido en el VHIR, por mi perfil para las bases de datos y el trabajo de gestión. Y porque no encontré en la biblioteca ni el personal ni los jefes adecuados para valorarme bien. En cuanto pude me pedí el traslado, no sin tener que pasar por un via crucis que sólo es concebible en una organización así, con una plantilla de 8000 o más. Para mi sorpresa hasta el departamentito de Riesgos Laborales tenía en sus funciones la perversión que lamentablemente siempre tenemos que lamentar en las unidades que dependen de los gerentes. En vez de ayudar contribuyen con los vicios del sistema. 
El Hospital no me gustaba nada, cada vez menos. Bajaba las 10 plantas que me separaban del pie de calle andando para infundirme la tranquilidad de que yo podía irme, no como los que allí tenían que pasar la noche. Los enfermos. Pedí cambio al Parc Rovira Virgili (Cirugía ambulatoria) como primera opción o al Programa Especial de Salud Internacional y Enfermedades Transmisibles, en el Raval, como segunda opción. En febrero del año pasado me fui al Raval y estoy feliz de estar allí, aunque acabe la jornada más que cansada. Son prácticamente unas Urgencias, como me previno la Dra. María Jesús Barberá, que es la coordinadora de la unidad de Enfermedades de transmisión sexual. Casualmente nos habíamos conocido en Bellvitge porque ella había hecho allí su MIR a finales de los ochenta. 
Los viernes llego tan cansada que ni puedo dormir. No olvidemos que soy una cincuentañera. Mi trabajo es prácticamente de atención al público en admisiones excepto algún día en que estoy al teléfono, en una línea que recibe casi tantas llamadas como todo el Hospital al que pertenecemos. La afluencia del público no solo es intensa sino que además es muy variada: niños y adultos, viajeros, emigrantes, trabajadores sexuales, gente sin hogar, personas que llevan una vida sexual muy variada, algunos casos truculentos también. Las personas que atendemos al público atendemos indistintamente a toda "la tropa" (por la famosa polivalencia de nuestro tiempo) y son perfiles muy distintos, como es fácil hacerse a la idea. Además hay que ir hablando en nuestros idiomas oficiales más el francés y el inglés. Por suerte tenemos mediadores culturales ya que hay que decir que ─por extraño que pudiera parecer─ hay emigrantes que llevan en Barcelona cinco años o más que no dicen ni "ola" ni "gracias" ni "adiós". La barrera idiomática muchas veces es insalvable y recibimos muchas personas indocumentadas, con problemas de salud mental severos o toxicomanías. 
Que mi trabajo no sea fácil me ayuda a hacérmelo más llevadero y espero resistir hasta mi jubilación sin más tropiezos.
El tiempo me ha dado la perspectiva para ver las trayectorias de muchos profesionales desde mi lado. El relevo generacional ha coincidido con la resaca del socialismo en el sector sanitario. Hace unos años la Sanidad era un bastión del Partit del Socialistes de Catalunya, pero en la actualidad el sector se diría que está más bien dominado por Esquerra Republicana (que previamente se había hecho fuerte en la Enseñanza) o repartido entre Esquerra Republicana y Junts per Catalunya. 
También habría que añadir que yo viví de lleno el advenimiento de las nuevas tecnologías mientras que hoy en día lo que hay es mucha Comunicación y marketing. No me extrañaría que por haber hubieran hasta bibliotecarias activistas. Mi desafección es absoluta, aunque cumplo lo que se espera de mí y por suerte encuentro la motivación en la satisfacción de los usuarios. Otra cosa no se me pide ni la tengo.


Mi primer usuario en la biblioteca del Hospital de Bellvitge fue el Dr. Antoni Martínez Amenós, nefrólogo. La última persona que atendí en la biblioteca del Hospital de la Vall d'Hebron fueron Antonio Macías, un médico colombiano que acababa su especialidad en Infecciosas y Eva, una técnica de Laboratorio que preparaba oposiciones. 

Cuando acabé la Primaria empecé a oír la palabra "Bellvitge" y para mí tenía una especial resonancia. Curiosamente fui a dar allí. Y aquellos años a veces miraba por la ventana y veía en la lejanía el Tibidabo, donde dicen que reside un volcán inactivo. El horizonte me calmaba. Los años que estuve en la biblioteca del Hospital Vall d'Hebron a la puesta de sol me asomaba a la terraza donde luce el letrero luminoso de la General. Y allí el sol erizaba con su último fulgor la cresta de la sierra. Si la tarde quedaba clara la luna podía reflejarse en el mar tras el hervidero de la ciudad. "Arde lo que será", es el verso de Aragon que asimiló el título de la novela de Juana Salabert, y me lo inspira el Eclesiastés.
He vuelto en el Raval al horario matinal intensivo, que me obliga a levantarme una hora antes de lo que me pide el cuerpo. Al salir me cruzo si voy por al Carrer Nou de la Rambla (antes Conde del Asalto) hacia la Plaça Sant Jaume con toda la turistada. Si voy hacia el Paral·lel me cruzo con los que allí viven o malviven: una mezcolanza de prostitutas, jóvenes tatuados y perforados, gente de Pakistán, del Magreb, africanos subsaharianos, filipinos, argentinos, MENAS aspirando cola, rumanas carteristas, toxicómanos y perroflautas y algún turista descarriado. Al final del día solo anhelo sentarme un ratito en mi terraza y tomar un poco el aire. 
Miro el macizo Vinson, una de las siete cumbres mundiales y me engaña el efecto ilusorio de que las nubes se deslizan en ese cielo azul, azul como el de mi infancia perdida.
El macizo Vinson (Antártida)
(c)SafeCreative *1909221986720

El post es continuación de Por no echar la soga tras el caldero (Primera parte), La jaula (Segunda parte) y El jardín de los senderos que se bifurcan (Tercera parte)., Tres manos (Cuarta parte).

21.9.19

Tres manos

l Director médico del Hospital de Bellvitge, que entonces aún era el Hospital Prínceps d'Espanya, me entrevistó la última semana de junio de 1985 y me incorporé de inmediato, el día siguiente. Estuve trabajando allí hasta marzo de 2005, cosa que suma unos 20 años que debo decir  transcurrieron despacio. Muy despacio.
Supe de la vacante en la Biblioteca porque en una reunión de la Coordinadora de Documentació Biomèdica de Catalunya (CDBC) se comentó la ausencia de Àngels Jubert, de la Biblioteca del Hospital de Bellvitge, y que la había cesado el director por desaveniencias. Para la tranquilidad de todos diré que para cuando yo me incorporé ella ya estaba trabajando en la Biblioteca del Ateneu Barcelonès y que interpuso denuncia por despido improcedente y la ganó. A mí se me citó en la Biblioteca, donde tenían que estar Teresa Pagès ─que estaba de prueba (no a prueba) pero que tenía plaza en una biblioteca de la Diputació de Barcelona─ y el Dr. Francesc Badrinas, que era internista y el secretario de la Comisión de Biblioteca. Cuando llegué aún no había llegado el Dr. Badrinas y Teresa me explicó que había estado trabajando aquel mes a puerta cerrada porque durante algunos meses la biblioteca había estado a cargo del celador, el cual guardaba las revistas consultadas donde había un hueco. Por aquel tiempo fácilmente se movían doscientos o trescientos números. Una colección de 300 títulos que el 1974 había empezado con 700, durante cosa de 5 meses o tal vez más se había usado lo normal pero se había "barajado" como para echar una inmensa mano del tute sin mirar ni título ni año ni nada. No hará falta decir que las colecciones de publicaciones periódicas se suelen guardar por orden alfabético y a su vez por orden cronológico. Aquello era un berenjenal.
Lo que  había hecho desistir a T.P. del puesto era que había recibido la visita del entonces jefe del Servicio de Nefrología, Jeroni Alsina, quien exigió usar la Biblioteca aunque estaba oficialmente cerrada al público. Ganó él y esto disuadió a T.P. de seguir allí, donde su criterio no era considerado y prevalecían cuestiones de poder. Y creo que hizo muy bien. La volví a ver al cabo de unos años en un congreso y estaba estupendamente. Como bibliotecaria en la Diputación contaba con jefes bibliotecarios más predispuestos a entenderla y apoyarla, y el trabajo en Bellvitge era de una gran soledad, como el del cura de Els sots feréstecs (Raimon Casellas, 1901), alguien dispuesto a darlo todo por adecentar y racionalizar algo en lo que nadie va a ayudarlo.
Cuando llegó el Dr. Badrinas para acompañarme ante el despacho del Director, en camino me puso al caso del fuerte temperamento del Dr. Capdevila, aunque yo ya iba prevenida de la reunión de la CDBC. De nuestra entrevista lo único que recuerdo es que me preguntó literalmente "Quants metges es toreja?" (¿Cuántos medicos se torea?). No me pareció que estuviera aludiendo al color de mi conjunto, que era rojo, porque eso hubiera sido intolerable. Me pareció que se refería al altercado de T.P. con Jeroni Alsina. Mi respuesta le gustó. Le dije "No sabía que venía aquí a torear", frase que tanto pasaba por ingenua, como por audaz, como por modesta. Como todo el mundo que conoció al Dr. Capdevila sabría, me estaba probando, estaba jugando a valorar mi firmeza y mi asertividad. Eso le divertía.
El año 1989 el Dr. Josep Mª Capdevila se vio envuelto en el caso de la contaminación por VIH y tuvo que dejar el cargo, pero siguió como Jefe de Servicio de Angiología y Cirugía Vascular. Cuando se jubiló preparó un libro sobre el Hospital, que era algo a medio camino entre la memoria corporativa, la comunicación y un producto que de lejos se podría contemplar como algo remotamente parecido a una cosa que tuviera algo que ver con la historia de una institución. Fue como un "Hola", en el mejor de los casos, de una organización que es mucho más compleja de lo que parece. Ese libro, Anatomía de un hospital (2009) y el de los 25 años del Hospital de Bellvitge (1997) hiperilustrado por Toni Soriano, creo que es lo único que hay para documentar la vida de la institución (además del archivo administrativo si existe). En ellos encontramos algún material aprovechable, pero ni siquiera podemos decir en su favor que el foco esté sesgado. Lamento tener que afirmar que lo que se ha hecho es sobre todo injusto y espero que no fuera al menos un despilfarro.
En la época en que Toni Soriano colaboró muchísimo con nuestro Hospital, creo que cuando se abrió el Hospital Oncológico, o cuando se produjo su salto a la excelencia en algunos cuidados, yo estaba interesada por los oficios y profesiones. Es decir, de la misma manera que había habido baldosas que representaban de forma muy convencional y gremial los oficios tradicionales, yo veía la necesidad de levantar acta de los diversos oficios que se reúnen en un hospital. Por aquel entonces había un tapicero (que entre otras cosas ayudaba a los ortopedistas), peluqueros, costureras, lavanderas, pinches de cocina, cocineros y hasta una servidora además de un capellan. Con el tiempo se invirtió la pirámide y fue aumentando la cúspide y desmoronándose la base. A través de la externalización famosa, por ejemplo.
Los cuatro años que trabajé bajo la dirección del Dr. Capdevila no fueron mal, e incluso me confió el servicio de teledocumentación, algo que precedió la web 2.0 a través del servicio X25 y X28 de Telefónica y que apenas se ofrecía en unas diez bibliotecas barcelonesas. Aunque en su libro ignoró totalmente la Biblioteca y "mi persona" (como diría nuestro presidente del Gobierno de España), yo puedo decir a su favor que para el mal llevar que tenía hizo cosas buenas para el Hospital y entre las que yo recuerdo no es la menor el haber creado un servicio de Informática que fue el embrión del que luego asumió el Institut Català de la Salut. El año 1986 solo había 3 o 4 ordenadores en el Hospital.
El año 1990, en coincidencia con mi debacle personal propia, se firmó un acuerdo con la Universidad de Barcelona que si seguimos la prensa del momento fue algo pero que si dijéramos otras personas cómo fue sería otra cosa. Yo iba también en este paso prevenida porque por aquel entonces merendaba en la Orxateria Valenciana, cuando aún estaba en Aribau con Gran Via. Es decir, que se sentaron a mi lado dos gerifaltes de la cercana Universidad de Barcelona (UB) y se pusieron a hablar libremente en la barra de como iba el desembarco. 
Me vinieron a ver consecutivamente durante aquel proceso los dos subdirectores de Docencia y me explicaban sopars de duro (trolas), a medias palabras más que a palabras y media, pero que me asquearon bastante. Naturalmente no sabían que yo sabía algo que ellos no sabían y que yo sabía que no lo sabían. Al sentir de algunos médicos aquello solo sirvió para conseguir cinco cátedras y algunas plazas de profesor asociado, pero el trato fue muy desigual por decirlo de una forma políticamente correcta. Por aquel entonces era rector de la UB Josep Mª Bricall y yo tenía en mi mesa un pitufo romano con un letrero que le añadí en la lanza donde se leía "Bricalliarium adete domum" o algo así. El Prof. Isidre Ferrer Abizanda no solo lo vio, por pequeño que era, sino que lo tuvo en las manos y se lo pasaba de una a otra mientras yo lo escuchaba como bien podía un día que me vino a ver.
A mí se me ofreció un interinaje para la "nueva biblioteca", por surrogar el que ya disfrutaba. Guardo en casa la oferta que rechacé por la sencilla razón de que conocía al personal y a la jefatura de bibliotecas de la UB y me parecía peor que la soledad de que hablé antes.
La Biblioteca fue traspasada a la UB y mi celador (Francisco Fernández Cruz) se jubiló mientras que yo pasé en febrero de 1991 a otra fase de mi vida laboral: tras pasar un breve período de tiempo con el equipo del Dr. Xavier Pintó y aún menos con el de la Dra. Concepció Fiol, fui a dar al Arxiu y el año 2000 me promocionaron a la sección de Documentació Mèdica.
El año 1991 había tenido pues una segunda oportunidad para caer en una universidad, con lo que representaba de posibilidades de escalar en la "jerarquía" bibliotecaria y con todos los recursos con los que cuentan, cosa inconcebible en el medio hospitalario. La docencia universitaria de grado y de postgrado afecta en la ahora Ciudad Sanitaria a unos 4000 alumnos. Al jefe de bibliotecas de Ciencias de la Salud de aquel entonces (Josep Casals Net), cuando rechacé el interinaje que me ofrecían, lo confinaron pasado el trance del desembarco de la UB en la Reserva del edificio histórico, el de la Plaza Universidad. Era bibliotecario y licenciado en Medicina, pero sin habilidades sociales. Creo que ahora trabaja en la Sección de Manuscritos de la Biblioteca de Cataluña y que ese puesto es más adecuado para él.
Podría explicar muchas cosas, es decir que podría explicar pocas cosas. De mi parte solo diré que por aquellos años los bibliotecarios nos reuníamos fuera del horario laboral, muchas veces a las 7 de la tarde. Para poder usar el servicio X28 mencionado y acceder a las bases de datos bibliográficas médicas a través de Dialog y DIMDI era necesario aprender sus lenguajes de interrogación. No habían menús y ventanitas, sino que habían órdenes rígidas y una sintaxis poco intuitiva generalmente en inglés y muy poco amigable. Excuso decir que los manuales del host estadounidense (Dialog) y el alemán (DIMDI) eran en inglés. Los de DIMDI ocupaban metro y medio lineal.
Me interesa más rellenar este episodio de la cuarta entrega de las memorias de una mujer trabajadora a Enric Gispert y Francisco Fernández Cruz, los celadores que trabajaron conmigo entre 1985 y 1991.
La jornada de Enric se desarrollaba básicamente haciendo fotocopias, porque en aquel tiempo los médicos tenían que obtenerlas si querían leer fuera de la sala de lectura las revistas. Les costaba 5 pesetas cada fotocopia. Se pagaban por adelantado. Enric se ocupaba de cobrarlas, hacerlas y contabilizar. El dinero se entregaba a nuestro Administrador, Antoni Martín, que luego lo usaba como "maniobras". Enric estaba muy orgulloso de que su trabajo se convirtiera, vamos a decir, en dinero. A veces con una mirada nos poníamos de acuerdo para adelantar un trabajo, en menos ocasiones nos mirábamos para atrasarlo. Pero es digno de señalar lo bien compenetrados que estábamos. 
La fotocopiadora estaba en un anexo pequeño que tenía un mostrador y sobre el mostrador una puerta de guillotina. Infinidad de veces habíamos pedido que aseguraran el mecanismo de fijación cuando la subíamos, porque pesaba mucho y eran dos pasadores pequeños. Si pesaría que yo no era capaz de levantarla, porque era de conglomerado de madera. Un día Enric pegó un golpe sobre el mostrador para grapar y la puerta le cayó sobre la cabeza. No se hirió aparentemente pero a partir de de aquel día, cuando apareció un hematoma subdural y al mismo tiempo que desapareció su historia clínica, las cosas empezaron a cambiar para mí. Vinieron a arreglar la puerta de guillotina, Enric cayó en una depresión, cogió la baja, lo suplió un celador alcohólico que robaba el dinero, etcétera. Cuando Enric regresó, por poco tiempo porque ya se jubilaba, ya teníamos una máquina que no requería contabilizar nada. La fotocopiadora funcionaba con monedas o un cartucho nuestro, pero él seguía haciendo las fotocopias para quienes no querían el autoservicio. Al poco tiempo de jubilarse falleció.
Estuve unos meses sin celador hasta que se incorporó Francisco. Me telefoneó mi jefe para avisarme de que se incorporaba y de que tenía un pequeño defecto. Mi jefe era cojo de una pierna, y el jefecillo de la otra, de esas cojeras con zapato adaptado para salvar un desnivel grande. Así que cuando mi dijo que le faltaba una mano fui pronta a responderle que era mejor que le faltara una mano a que tuviera una de más.
Cuando Francisco entró por la puerta con el segundo jefe vi que la mano que le faltaba era la derecha. Cuando nos quedamos solos le pregunté qué podía hacer y me dijo que todo. Había trabajado en la Cocina. Tenía ya casi 60 años y había perdido la mano siendo auxiliar de Farmacia a los 45, pero había aprendido a hacer todo. Excepto cortarse las uñas de la mano izquierda, todo lo hacía solo. Y era cierto. De hecho, por inadvertencia mía cuando fui a darle las llaves del reino le entregué por separado el aro y Francisco con ayuda de su muñón las colocó en un periquete. Muy buena persona y muy trabajador. Era fácil apreciarlo. 
Tengo muy buenos recuerdos de Bellvitge, sobre todo porque al final solo quedan los buenos recuerdos y nunca los disgustos. Cuando saqué mis oposiciones podía haberme quedado allí pero ya todo el mundo que yo había tratado más se jubilaba y los nuevos se quedaban poco tiempo, sin permitir que hubiera una red humana interesante (no tanto interesada).
Como el Lazarillo de Tormes, tuve muchos jefes. No conozco a nadie que haya tenido tantos. De todos aprendí y agradezco haber podido moverme en diferentes ámbitos para tener la visión poliédrica que da conocer la docencia, la investigación, la asistencia y la gestión, y la oportunidad de tratar con los profesionales de las infraestructuras, la limpieza y la seguridad. Bien es verdad que el hospital como organización compleja a veces la hacemos más compleja de lo que debería ser, sea por la grasa o por la política mal entendida, pero  yo no podría (después de Bellvitge) haber ido a parar a una organización más pequeña. De hecho me fui al Hospital Vall d'Hebron, que es más grande.

Foto de David Airob
El post es continuación de Por no echar la soga tras el caldero (Primera parte), La jaula (Segunda parte) y El jardín de los senderos que se bifurcan (Tercera parte). Sigue en Las cuentas del pasado (Quinta parte).

(c)SafeCreative *1909211979299