15.8.19

El verde verdadero

"Encara t'he de fer un prec; no vull sentir dir cap més mala cosa
dels altres. Ja prou que tots donarem compte a Déu de la nostra
 vida, però no tenim dret a malparlar
 de la gent. Em fóra esgarrifós viure a Comarquinal"
M. Llor, Laura i la ciutat dels sants


or primera vez leo Laura i la ciutat dels sants, de Miquel Llor (1931). Su parecido con Vida privada, de Josep Mª de Sagarra, podría ser sinestésico, porque las dos novelas las conozco en ediciones de bolsillo de la misma década y del punto verde. Pero  Vida privada se publicó el año 1932 y aunque la primera novela trate de la sociedad vigitana y la de Sagarra de la aristocracia barcelonesa, el pulso de los dos escritores es parecido y la visión de los personajes es entomológica. Pasa con estas obras como con la mayoría de Josep Pla, que hay una visión entre ridícula y amarga de una sociedad mezquina. Las descripciones de sus salones y sus calles, de sus ropas y sus ademanes no hacen más que atenazar esa sensación. A lo mejor en En busca del tiempo perdido no hay ─vamos a decir─ gente mejor que la que aparece en la literatura catalana un poco posterior, pero la mirada es más benigna y esponjada, más tierna. Como no soy muy conocedora de la literatura catalana, o por lo menos no la he leído con método, no me voy a meter en jardines categóricos, simplemente dejo caer ahí mi reflexión.
Estos días recordaba el silencio en el que cayó una de mis tías, mi madrina, pocos meses antes de morir. Se murió joven, con apenas 52 años si no recuerdo mal, por un tumor cerebral que antes la dejó prácticamente ciega, exactamente igual que a su hermana mayor, que murió cuando yo tenía dos o tres años. Siempre tuve la duda de si se había ido metiendo en el silencio porque la enfermedad la sometía a una deficiencia del lenguaje o si era algo voluntario y deseado. Ahora ya no tengo ninguna duda porque yo, que tanto me parezco a mis dos tías, también deseo el silencio.
El silencio es algo difícil de interpretar o sobre todo de tipificar. Ya sabemos que hay toda una técnica administrativa que regula el derecho relativo al silencio y marca cuando es positivo o negativo. Podría decirse que hay un silencio del prudente pero también hay un silencio vengativo, que hay un silencio piadoso pero también hay un silencio cruel, de manera que con decir "silencio" no decimos casi nada. Mi silencio es en gran manera el que se ha hecho en este blog gracias a su escaso appeal, a que tengo que dedicar mucho tiempo al cuidado de mi anciana madre y no tengo tiempo libre, y a que fundamentalmente he dejado de sentir la necesidad de dejar testimonio. Escribo rápido, del tirón, pero aún así siempre hace falta un espacio "mental" para escribir. No lo tengo. 
Años atrás lo escribí aquí: que la única utilidad de mis palabras residía o resistía en el hecho de ofrecerlas como testimonio de una época, de alguien de esa época y de una determinada ciudad y clase social o ideología. Pero ya no veo siquiera ni esa utilidad-necesidad y en medio del magma en que nos encontramos o creemos ver distingo la claridad de que no hay interlocutor concreto, ni en nuestro tiempo ni por supuesto en la posteridad. Pero extrañamente queda la desnudez existencial y el interlocutor abstracto, algo que por suerte ya declaró Antonio Machado cuando hizo su Retrato: "quien habla solo espera hablar a Dios un día". Gracias a que me precedieron esas palabras de Machado puedo exonerarme de tener que dar explicaciones sobre mi salud mental o la debilidad de mis certezas. 
A pesar de que no vea ya la necesidad de dar mi testimonio sigo defendiendo la arte povera, sin excelencia ni eruditismo ni mainstream. En mi entorno al menos prevalece la idea de que lo que es interesante y fiable es lo que se distribuye en los formatos académicos o en los canales oficiales. Ya sabemos que hay auténticos truños y falsedades presentadas con toda garantía de difusión y prestigiosamente, que la publicidad es indistinguible de la noticia verdadera. Mi formato no encaja tampoco en la brevedad y el acierto del microblogueo (Twitter) aunque debo decir que no me lo he propuesto, por falta de ganas.


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