22.4.14

Preguntas y respuestas frecuentes



uienes me conocen y quienes me quieren conocer deben saber que no suelo tener paciencia ni docilidad para las sartas de preguntas. En resumen, para no fatigar a nadie con interminables explicaciones, diré que las personas pienso que se tienen que conformar con lo que se les dice, a no ser que sean capaces de mejorar con una de sus preguntas el silencio, cosa que es poco común. Y aún así, pienso que de la misma manera que estamos acostumbrados a considerar de gran insolencia las respuestas a preguntas que nunca se formularon, también lo son las preguntas en general.
De todas maneras, como muestra de buena voluntad y espíritu de colaboración, abro la posibilidad a que los que quieran cuestionarse sus respuestas o plantearme preguntas que las encuentren todas aquí aunque sea sin orden ni mucho concierto.
Ya he dado fe en la página titulada "Modo y manera" de que no tengo talento para dibujar, aunque es una de las actividades con las que más disfruto. Cuando supe que una de las artistas naïf más cotizadas del mundo, Grandma Moses, había empezado a pintar a una edad muy avanzada, en su vejez, me animé sobremanera. No tanto porque yo crea que ni uno solo de mis dibujitos pueda obtener algún valor sino porque pienso que este quehacer lo podré disfrutar toda la vida y que por tarde que haya empezado a interesarme en perfeccionarlo, siempre estaré a tiempo. De hecho debo reconocer que una de las pocas apreciaciones que me resulta invariablemente molesta es cuando alguien me dice aquello de que "en un par de años esto valdrá una barbaridad". De todas las condescendencias y hueridades con las que se suele corresponder los esfuerzos de los niños y de los artistas en las artes plásticas, lo del presunto valor futuro de algo es una de las ideas que me parecen más irritantes, insultantes e hirientes. Se dirá que es sin mala fe y yo lo creo, pero eso no les quita un ápice de lo que digo. Lo que me recuerda una anécdota que cuentan de cuando a la Condesa de Meirás, la Pardo-Bazán, le preguntaron por Rosalía de Castro. Con la boca apenas abierta y retorcida entre un mohín de superioridad y  displicencia, la barbilla ligeramente elevada, dijo: "Muy bonito". Porque no estaba yo allí, está claro.
En mi pasado blog, Álbum del tiempo, dediqué un gran número de páginas a algunas obras de arte de la pintura, la poesía, la escultura, el cine y la música. También incluí, en mayor o menor medida, a algunos dibujantes que me fascinan y que puedo presentar como mis mentores. Algunos tienen nombre y apellidos como Charles Addams, Saul Steinberg, Michael Leunig, Francisco Ibáñez, Antonio Fraguas "Forges", Chumy Chúmez, Francesc Vila "Cesc", Manuel Summers, Juan Ferrándiz, Beatrix Potter, Edward Gorey, Michael Sowa, Carl Spitzweg, Gerhard Glück. 
Otros no es que no tengan nombre o un apellido que echarse a la boca, es que lo han visto desaparecer por estar al servicio de trabajos más decorativos o de oficio. Estoy pensando no ya en Lovis Corinth, el pintor y escultor alemán que gravó la letra capital que encabeza este texto, la cual por cierto va firmada -aunque imperceptiblemente aquí-, sino en todos aquellos ilustradores que decoran los papeles de seda de las naranjas, las etiquetas del vermú, la loza con escenas de Pompeya o de jardines bucólicos con pastores, cabras, riachuelos, búcaros y arbustos. O incluso en la tropa de la factoría Disney en muchos momentos estelares.  Mi consumo de estos materiales "menores" ha sido tan desmendida como la de mi consumo de los géneros limítrofes o al límite de la música y la literatura. 

Solo he conseguido interesarme por mis prójimos, por incomprensibles que fueran. Nunca tuve la menor intención de recrear un mundo de ficción. Anteayer por ejemplo me acordaba de P., que si ahora vive tendrá unos 64 años. Tenía lo que los médicos llaman una "marcha guadañante". Padecía una hemiplejía que afectaba su lado derecho si mal no recuerdo. Tenía una mano encogida hacia el pecho y caminaba talmente como si segara. Por aquel entonces a los niños cuando se les reñía se les decían cosas atroces como "te daré una bofetada y te quedarás así". Y quien lo decía acompañaba la amenaza con un gesto de la mano encogida y la muñeca doblada y pegada al pecho, al mismo tiempo que ponía una cierta expresión de imbecilidad con los ojos en blanco y la boca colgando. La posibilidad de que alguien se quede hemipléjico de una bofetada es tan remota que no merece la pena ni contradecirla. P. se había quedado así y no sé si era de nacimiento o de qué. Vendía cupones de ciegos y ganaría más que algún dinero con eso porque se llegó a comprar un piso en la Gran Via. Mi tía, que siempre fue muy afectuosa con los niños y con los discapacitados, también lo era con él. Y creo que él estaba más que prendado por mi tía. La última vez que lo vi iba vestido totalmente como un guardia urbano. Y es que le gustaba vestirse de guardia urbano. Y fue reuniendo varias piezas del uniforme por amistad con los de ese cuerpo. Claro está que llamaba mucho la atención porque no caminaba bien, no se valía de una mano y además no hablaba claro, circunstancias todas ellas que lo incapacitaban para el desempeño de las labores propias de ese uniforme. Aunque les estoy hablando del final del franquismo, para según que cosas hay que afirmar que había más permisividad de la que hay ahora. Lo que les cuento, del uniforme, ahora sería impensable.
Hace unos años me comentaba la escritora Luisa Cuerda que los personajes de sus novelas le hablaban de su propio destino, del que ella les escribía. Los personajes iban cobrando autonomía, cuestión que a muchos de ustedes les resultará cuando menos familiar. Suele salir en las entrevistas que les hacen a los escritores como Luisa Cuerda, de verdad. Grafómana irredimible, aunque admito que nunca he sentido el vértigo de la página en blanco, también admitiré que nunca sentí hablar a ningún personaje ni mucho menos decirme por donde quería ir. Y sin embargo estos pájaros que les traje a este blog me hablan. También espero que les hablen a ustedes.

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19.4.14

El avestruz mueve alocada las alas

13 El avestruz mueve alocada las alas,
como si fuesen sus plumas de cigüeña o halcón;
14 abandona en el suelo sus huevos,
los deja incubar en la tierra,
15 sin pensar que un pie puede pisarlos
o una fiera salvaje aplastarlos.
16 Cruel con sus pollos, como si fuesen extraños,
no le inquieta fatigarse en vano.
17 Es que Dios le negó sabiduría,
no le dotó de perspicacia.
18 Pero cuando se yergue en pie
se ríe del caballo y su jinete.

Job 39: 13-18



13 “The wings of the ostrich flap joyfully,
    though they cannot compare
    with the wings and feathers of the stork.
14 She lays her eggs on the ground
    and lets them warm in the sand,
15 unmindful that a foot may crush them,
    that some wild animal may trample them.
16 She treats her young harshly, as if they were not hers;
    she cares not that her labor was in vain,
17 for God did not endow her with wisdom
    or give her a share of good sense.
18 Yet when she spreads her feathers to run,
    she laughs at horse and rider.
Job 39:13-18

17.4.14

El espejo

"De pie al lado de su tela, con la atención fija en su modelo, el pintor no puede ver este espejo que brilla tan dulcemente detrás de él. Los otros personajes del cuadro están, en su mayor parte, vueltos hacia lo que debe pasar delante —hacia la clara invisibilidad que bordea la tela, hacia ese balcón de luz donde sus miradas ven a quienes les ven, y no hacia esa cavidad sombría en la que se cierra la habitación donde están representados. Es verdad que algunas cabezas se ofrecen de perfil: pero ninguna de ellas está lo suficientemente vuelta para ver, al fondo de la pieza, este espejo desolado, pequeño rectángulo reluciente, que sólo es visibilidad, pero sin ninguna mirada que pueda poderarse de ella, hacerla actual y gozar del fruto, maduro de pronto, de su espectáculo.
Hay que reconocer que esta indiferencia encuentra su igual en la suya. No refleja nada, en efecto, de todo lo que se encuentra en el mismo espacio que él: ni al pintor que le vuelve la espalda, ni a los personajes del centro de la habitación. En su clara profundidad, no ve lo visible. En la pintura holandesa, era tradicional que los espejos representaran un papel de reduplicación: repetían lo que se daba una primera vez en el cuadro, pero en el interior de un espacio irreal, modificado, encogido, curvado. Se veía en él lo mismo que, en primera instancia, en el cuadro, si bien descompuesto y recompuesto según una ley diferente. Aquí, el espejo no dice nada de lo que ya se ha dicho. Sin embargo, su posición es poco más o menos central: su borde superior está exactamente sobre la línea que parte en dos la altura del cuadro, ocupa sobre el muro del fondo una posición media (cuando menos en la parte del muro que vemos); así, pues, debería ser atravesado por las mismas líneas perspectivas que el cuadro mismo; podría esperarse que en él se dispusieran un mismo estudio, un mismo pintor, una misma tela según un espacio idéntico; podría ser el doble perfecto."


"Las Meninas" o "La Familia de Felipe IV" (Diego Velázquez, 1656)

"Ahora bien, no hace ver nada de lo que el cuadro mismo representa. Su mirada inmóvil va a apresar lo que está delante del cuadro, en esta región necesariamente invisible que forma la cara exterior, los personajes que ahí están dispuestos. En vez de volverse hacia los objetos visibles, este espejo atraviesa todo el campo de la representación, desentendiéndose de lo que ahí pudiera captar, y restituye la visibilidad a lo que permanece más allá de toda mirada. Sin embargo, esta invisibilidad que supera no es la de lo oculto: no muestra el contorno de un obstáculo, no se desvía de la perspectiva, se dirige a lo que es invisible tanto por la estructura del cuadro como por su existencia como pintura. Lo que se refleja en él es lo que todos los personajes de la tela están por ver, si dirigen la mirada de frente: es, pues, lo que se podría ver si la tela se prolongara hacia adelante, descendiendo más abajo, hasta encerrar a los personajes que sirven de modelo al pintor. Pero es también, por el hecho de que la tela se detenga ahí, mostrando al pintor y a su estudio, lo que es exterior al cuadro, en la medida en que es un cuadro, es decir, un fragmento rectangular de líneas y de colores encargado de representar algo a los ojos de todo posible espectador. Al fondo de la habitación, ignorado por todos, el espejo inesperado hace resplandecer las figuras que mira el pintor (el pintor en su realidad representada, objetiva, de pintor en su trabajo); pero también a las figuras que ven al pintor (en esta realidad material que las líneas y los colores han depositado sobre la tela). Estas dos figuras son igualmente inaccesibles la una que la otra, aunque de manera diferente: la primera por un efecto de composición propio del cuadro; la segunda por la ley que preside la existencia misma de todo cuadro en general. Aquí el juego de la representación consiste en poner la una en lugar de la otra, en una superposición inestable, a estas dos formas de invisibilidad —y en restituirlas también al otro extremo del cuadro— a ese polo que es el representado más alto: el de una profundidad de reflejo en el hueco de una profundidad del cuadro. El espejo asegura una metátesis de la visibilidad que hiere a la vez al espacio representado en el cuadro y a su naturaleza de representación; permite ver, en el centro de la tela, lo que por el cuadro es dos veces necesariamente invisible.
Extraña manera de aplicar, al pie de la letra, pero dándole vuelta, el consejo que el viejo Pacheco dio, al parecer, a su alumno cuando éste trabajaba en el estudio de Sevilla: "La imagen debe salir del cuadro".

Michel Foucault. Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas (Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 1968), págs. 17-18.


12.4.14

El olvido

"Más allá de seis ríos y tres cadenas de montañas surge Zora, ciudad que quien la ha visto una vez no puede olvidarla más. Pero no porque deje, como otras ciudades memorables, una imagen fuera de lo común en los recuerdos. Zora tiene la propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de sus calles, y de las casas a lo largo de las calles, y de las puertas y de las ventanas en las casas, aunque sin mostrar en ellas hermosuras o rarezas particulares. Su secreto es la forma en que la vista se desliza por figuras que se suceden como en una partitura musical donde no se puede cambiar o desplazar ninguna nota. El hombre que sabe de memoria cómo es Zora, en la noche, cuando no puede dormir imagina que camina por sus calles y recuerda el orden en que se suceden el reloj de cobre, el toldo a rayas del peluquero, la fuente de los nueve surtidores, la torre de vidrio del astrónomo, el puesto del vendedor de sandías, el café de la esquina, el atajo que va al puerto. Esta ciudad que no se borra de la mente es como una armazón o una retícula en cuyas casillas cada uno puede disponer las cosas que quiere recordar: nombres de varones ilustres, virtudes, números, clasificaciones vegetales y minerales, fechas de batallas, constelaciones, partes del discurso. Entre cada noción y cada punto del itinerario podrá establecer un nexo de afinidad o de contraste que sirva de llamada instantánea a la memoria. De modo que los hombres más sabios del mundo son aquellos que conocen Zora de memoria.
Pero inútilmente he partido de viaje para visitar la ciudad: obligada a permanecer inmóvil e igual a sí misma para ser recordada mejor, Zora languideció, se deshizo y desapareció. La Tierra la ha olvidado.

Italo Calvino, "Las ciudades y la memoria.4", Las ciudades invisibles, pág. 12




3.4.14

Trini (Serinus canaria domestica)

Canary birds can fly when they are not in a cage. Serinus canaria domestica is a domesticated form of the wild Canary, a small songbird in the finch family originating from the Macaronesian Islands (Azores, Madeira and Canary Islands). Canaries were first bred in captivity in the 17th century. They were brought over by Spanish sailors to Europe. 
*
Los canarios pueden volar si no están enjaulados. El Serinus canaria domestica es la forma domesticada del canario salvaje, un pequeño pájaro cantor de la familia de los pinzones procedente de la Macaronesia (Azores, Madeira e Islas Canarias). Los canarios fueron criados en cautividad por primera vez en el siglo XVII y los marinos españoles los extendieron desde Europa a todo el mundo.


2.4.14

El final del dodo

"Pensemos, por ejemplo, en el dodo, la paloma gigante de paso torpe que tenía el tamaño de un ganso, que habitaba en la Isla Mauricio. Aquel ave, a salvo en su hogar insular, había perdido la capacidad de volar, pues no tenía enemigos de los que huir volando, y como no tenía enemigos hacía sus nidos en tierra en perfecta seguridad. Pero, además de perder la capacidad de vuelo, parece haber perdido la capacidad de reconocer a un enemigo al verlo, pues según parece se trataba de un ave sumamente mansa y confiada. El hombre descubrió este paraíso del dodo en 1507,  con él llegaron sus demonios familiares: perros, gatos, cerdos, ratas y cabras. El dodo contempló a estos recién llegados con aire de interés inocente. Entonces se inició la matanza. Las cabras se comieron la maleza que daba cobertura al dodo; los perros y los gatos persiguieron a estos viejos pájaros y les hicieron la vida imposible; mientras los cerdos iban gruñendo y hozando por toda la isla, comiéndose los huevos y los polluelos, y las ratas venían tras ellos para terminar el festejo. En 1681 se había extinguido este pájaro fordo, feo e inofensivo. De ahí que en inglés se diga "más muerto que el dodo".


Gerald Durrell, Encuentros con animales.


La "selección natural"


به استثنای دودو که پرندایست با هیکلی بزرگ، کوتاه قد و نوک چاق که نسلش منقرض شده، به جرات میتوان گفت که مرغ و شتر مرغ هم در حال انقراض میباشند.
مرغ از جمله موجوداتیست که به اندازه فراون در زمین موجود است، ولی از یاد نبریم که مانند شترمرغ موجودیت این پرنده هم به خاطر سوء استفاده بیش از حد انسان از پوست، پر، تخم و گوشت ان و همچنین استفاده از ان در تکثیر و جوجه کشی در معرض خطر میباشد.

La mayor parte de los pájaros que no vuelan (los ratites y los pingüinos) se encuentran en peligro de extinción. Excepto el dodo, que ya está extinguido, y tal vez la gallina y la avestruz. La gallina es el ave más abundante en la faz de la Tierra, aunque no se nos escapa que es debido a su aprovechamiento por la especie humana. Algo parecido ocurre con la avestruz, de la que se aprovecha su piel, sus plumas, sus huevos y su carne, además de que se les hace participar en carreras o como animal de tracción.

Leo un pasaje muy bonito de Gerald Durrell sobre el final del dodo:
“Pensemos, por ejemplo, en el dodo, la paloma gigante de paso torpe que tenía el tamaño de un ganso, que habitaba en la Isla Mauricio. Aquel ave, a salvo en su hogar insular, había perdido la capacidad de volar, pues no tenía enemigos de los que huir volando, y como no tenía enemigos hacía sus nidos en tierra en perfecta seguridad. Pero, además de perder la capacidad de vuelo, parece haber perdido la capacidad de reconocer a un enemigo al verlo, pues según parece se trataba de un ave sumamente mansa y confiada. El hombre descubrió este paraíso del dodo en 1507, con él llegaron sus demonios familiares: perros, gatos, cerdos, ratas y cabras. El dodo contempló a estos recién llegados con aire de interés inocente. Entonces se inició la matanza. Las cabras se comieron la maleza que daba cobertura al dodo; los perros y los gatos persiguieron a estos viejos pájaros y les hicieron la vida imposible; mientras los cerdos iban gruñendo y hozando por toda la isla, comiéndose los huevos y los polluelos, y las ratas venían tras ellos para terminar el festejo. En 1681 se había extinguido este pájaro gordo, feo e inofensivo. De ahí que en inglés se diga “más muerto que el dodo” (Encuentros con animales)
La extinción del dodo explicada por este naturalista inglés es una forma absolutamente deliciosa de explicar lo que la mayoría de los ornitólogos, más obligados a adoptar un cierto rigor científico no son capaces de transmitir con tanta gracia. Leo un artículo titulado "The History of the Dodo Bird and the Cause of Its Extintion" (*):
«When the soldiers encountered chicks, though, the birds pecked “mighty hard.” Adult Dodos could also bite hard with their “remarkably strong” bill and run fast with their strong legs. The crew killed many of the birds and soon found that, although their flesh was tough and bitter, the longer the Dodos were cooked, the more palatable the flesh became. They also took home a pair of adults, one of which ended up in the Nether- lands. The birds were a sensation in Europe and were described in a fair amount of detail in numerous contemporary accounts.
[...]
Emperor Rudolph of Germany also purchased a Dodo and soon had its portrait painted. Pictures of the birds rapidly circu- lated throughout Europe, and the demand for them was evidently so great that ships soon began bringing Dodos back to Europe for sale to the wealthy or to naturalists. Dodos were also shipped to India, Java, and Japan. Many died en route, and only about a dozen reached Europe alive before they became extinct. The original Netherlands bird was honored with fourteen oil and watercolor portraits before it died. The Dodos were excellent subjects for portraits— once posed, they remained virtually motion- less until the picture was completed.
Unfortunately, these paintings cannot be relied upon exclusively, because artists took “considerable anatomical license,” some making the birds’ hooked beaks “more fearsome” and turning “their forked dovelike feet into the webbed toes of a duck.”
Since the birds were easy to capture, within a short time the Dutch colonists (along with sailors and visitors) soon killed most of the Dodo population. Most sailors spent months at a time at sea and, confined to meager rations on the ship and, no doubt relished their sojourn to a set of islands that contained fresh meat. Fresh meat was also important for sailors to reduce the problem of scurvy, a concern until it was discovered fresh fruit such as lemons could treat the problem. The animals that the sailors brought with them, especially dogs, cats, monkeys, farm hogs, and the inevitable rat, ate the fledglings and broke the Dodo eggs open to consume the yolks. [...]
Kitchener argues that it was not the Dodo’s physical inferiority that caused its extinction, but the “rats, pigs, and monkeys that arrived with the sailors and pillaged the Dodo’s vulnerable ground nests.” Smith concludes they became extinct not because of natural selection, but due to “direct predation [...].”
The extinction of a fat, slow, inferior, defenseless Dodo argued for Darwinism far more effectively than similarly threatened, better-adapted birds that were saved only through the heroic and deliberate efforts of a large number of concerned individuals.» (**)
Gerald Durrell (1925-1995) con una lechuza en el hombro

 ___

(*) Jerry Bergman. The History of the Dodo Bird and the Cause of Its Extintion, Perspectives on Science and Christian Faith. 2005; 57 (3): 221-229.
(**) Traducción aproximada: Cuando los soldados encontraron los pollos, sin embargo, los pájaros picaban “de forma arrebatada”. Los dodos adultos podían también picotear con su “remarcablemente fuerte” pico y correr rápidamente con sus fuertes piernas. La tripulación mató muchos de los pájaros y pronto descubrieron que a pesar de que la carne era correosa y amarga, cuanto más se cocinaba a los dodos su carne más paladeable resultaba. Se llevaron un par de adultos que acabaron en Holanda. Los pájaros fueron la sensación en Europa y fueron descritos con un gran número de detalles en numerosos relatos contemporáneos […]
El emperador Rodolfo de Alemania también consiguió un dodo y pronto obtuvo su retrato pintado. Las ilustraciones de los pájaros circularon rápidamente a través de Europa, y la demanda fue evidentemente ingente dado el elevado número de barcos que empezaron a llevar dodos a Europa para venderlos a la gente rica o a los naturalistas. Se llevaron también dodos a India, Java y Japón. Muchos murieron en el camino y solo alrededor de una docena arribaron a Europa vivos antes de que se extinguieran totalmente. El original del dodo de Holanda fue representado en 14 retratos al óleo y a la acuarela antes de morir. Los dodos fueron excelentes modelos para los retratos: una vez posaban, permanecían inmóviles hasta que la pintura se completaba.
Desafortunadamente, esas pinturas no pueden documentarnos en exclusividad ya que los artistas se tomaron licencias anatómicas considerables, algunos haciendo sus picos ganchudos “más imponentes” y convirtiendo sus pies “como de paloma en pies palmeados como de pato”.
Dado que estos pájaros eran de fácil captura, en poco tiempo los colonos holandeses (al lado de marineros y visitantes) pronto exterminaron la mayor parte de la población de dodos. La mayoría de los navegantes pasaban meses en el mar y, ya que estaban condenados a raciones escasas, indudablemente disfrutaban de una temporada de la carne fresca que obtenían en un conjunto de islas. La carne fresca era además importante para reducir la preocupación del escorbuto, un contratiempo hasta que se descubrió que el zumo de frutas frescas como el limón podían tratar el problema. Los animales que los marinos llevaban con ellos, especialmente perros, gatos, monos, cerdos y las inevitables ratas, comían los polluelos y rompían los huevos de los dodos para consumir las yemas. […]
Kitchener arguye que no fue la inferioridad física del dodo la que causó su extinción, sino las “ratas, cerdos y monos que llegaron con los marinos y saquearon los vulnerables nidos en el suelo de los dodos”. Smith concluye que se extinguieron no a causa de la selección natural sino debido a la “depredación directa […]”.

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