28.4.18

El cerezo de la calle Marie Curie (2)

En los últimos días, calurosos, mi cerezo de flor preferido ha florecido completamente. Se hizo esperar pero el resultado fue esplendoroso. De lejos y a la distancia media sus flores no son llamativas porque en realidad penden y miran hacia el suelo. Sólo cuando nos ponemos justo debajo del árbol y doblamos la cabeza hacia el cielo podemos apreciar bien la hermosura de cada una de las flores y sus matices. Los otros árboles de su fila ya hace días que florecieron y que echaron hojas, pero éste ─como apunté en el post anterior─ va atrasado siempre, cada año, tal vez porque está más expuesto al frío o al viento.


22.4.18

El cerezo de la calle Marie Curie (1)

El prunus triloba o cerezo ornamental que hay en la intersección de la calle del Maine y Marie Curie es el primero de una fila con ejemplares de la misma especie. Siempre es el último en florecer, tal vez porque queda más expuesto a todo, al frío, a la lluvia y al sol. Sin embargo es el que echa unas flores de colores más matizados. La foto es del jueves, tras dos días de bastante calor, cuando ya el resto de árboles de su fila habían echado hasta las hojas.


Erizos de mar

"Unos puercoespines se juntaban mucho en una fría noche de invierno para evitar congelarse con el calor mutuo. Pero pronto sintieron las púas, lo que volvió a distanciarlos. Cuando la necesidad de calor los volvió a aproximar, se volvió a repetir el mismo problema, de tal manera que oscilaron entre los dos males hasta que encontraron la distancia adecuada entre ellos en la que mejor podían resistirlo. Así empuja la necesidad de compañía, surgida del vacío y de la monotonía del propio interior, a que se junten los hombres, pero sus muchos atributos repugnantes y errores insoportables vuelven a separarlos. La distancia media que al final encuentran, y en la que pueden durar un estar en compañia, es la cortesía y las buenas costumbres. A aquel que no se atiene a esa distancia se le grita en Inglaterra: "Keep your distance!" Así sólo se satisfará de manera imperfecta la necesidad de calor, pero a cambio no se notarán los pinchazos de las púas. No obstante, quien tenga un calor interior propio prefiere mantenerse alejado de la sociedad para no dar lugar a quejas ni recibirlas." 
Arthur Schopenhauer, Parerga y Paralipómena, II, XXXI, #396

Leo Una historia moral del rostro de Belén Altuna, libro que me recuerda a aquella colección de Présses Universitaires d France, Què-sais-je? En esa extensa colección se publican en un formato de bolsillo los elementos fundamentales de infinidad de materias, desde la historia de la música hasta lo elemental de la Geologia. En general los franceses tienen una escuela admirable en este tipo de publicaciones, para cuando necesitamos situarnos en un tema del que sabemos poco o nada. Digo que el libro de Altuna me recuerda a los de la colección de PUF porque nos abre a muchas pistas pero a veces nos da la impresión de que desearíamos que hubiera profundizado más en cualquiera de ellas.
Es el caso del espejo, que aunque tal y como lo conocemos en realidad hay que afirmar que no se generalizó hasta el siglo XIX, ya fue usado en Venecia en el siglo XIV y por supuesto era un objeto de lujo. Creo que después del uso del espejo y la extensión del autorretrato, lo siguiente ha sido el selfie o el autorretrato fotográfico.
Asomarse o abismarme a un espejo, narcisismo aparte, tenía un sentido de autoconocimiento, mientras que el selfie es una afirmación de nuestra imagen y tiene más de exhibicionismo que de narcisismo. Una de las razones por las que no tengo cuenta en Instagram es para evitar la avalancha de selfies de deportistas y narcisistas semidesnudos que muestran sus pectorales de todo género (masculino o femenino y sus alteraciones por hormonas e implantes). A lo mejor dentro de 500 años ─si la Tierra, que hoy celebra su Día, sigue dando vueltas─  será indistinguible el David de Miguel Ángel y un compiyogui o un runner que vive en un perpetuo posado.
Admitiendo que la naturaleza humana en particular y animal en general es de gran interés, me parecen abrumadoras, y siento mayor atracción por las vidas vegetales y minerales, que también son vastísimas. Desde que conocí la guía de fósiles urbanos barceloneses de Anna Cornella, a veces creo reconocer alguno por ahí. La lástima es que no tengo suficientes conocimientos para identificarlos ni validarlos. La semana pasada descubrí en Passeig Valldaura, 146, en el recubrimiento de la entrada a una escalera lo que podrían ser restos de equinodermos o erizos de mar.




Al cierre del post veo el vídeo que un periodista graba en Nicaragua con el asesinato de otro periodista, Ángel Gaona, otra muestra de la presencia de las cámaras y de la violencia en las calles del mundo




14.4.18

Engaños visuales y otros

Cuesta situar el campanario de la fotografía, tomada desde un edificio cerca del monumento a Colón en Barcelona. Aunque pudiera parecer que pertenece a la Basílica del Mar pertenece a la de la Merced, cuya figura se distingue en lo alto de la cúpula. La bandera española ondea sobre la Comandancia Naval. Detrás de la bandera distingo el edificio de Gas Natural, con una mariposa en los pisos más altos. y sobresale detrás el Parc de Recerca Biomèdica. Hacia el centro destacan las torres del Hotel Arts y Mapfre y a la izquierda de la grúa la chimenea de Can Folch, notablemente empequeñecida por efecto del paralaje.
Estas vistas que agrupan edificios alejados son un poco desconcertantes. Al lado de ese efecto, me gusta descubrir otros. Por ejemplo, cuando se toma el Carrer Nou de la Rambla en dirección al Palau Güell se distingue el campanario de la Basílica de los Mártires Justo y Pastor y en otro punto en la intersección con la calle Om vemos un águila del portal de la Duana de Barcelona, la de Sagnier. A los historiadores del arte les gustaría recrear aquí la coincidencia en el trazado urbano de dos edificios, uno correspondiente al poder religioso y otro correspondiente al poder comercial. En Barcelona tenemos pocas perspectivas intencionadas, no siendo alguna tan clara como la que se aprecia desde el Palacio de Montjuïch, hoy Museu Nacional d'Art de Catalunya. Más bien hay acumulaciones y sucesivos intentos de reordenación urbanística, pero no es una ciudad para las perspectivas y hay que alejarse a Collserola o a la línea de mar para tomar distancia.
Me temo que Londres es llano y que cuando se quiere obtener una vista panorámica hay que subir el Támesis (como pasa en Berlín con el río Spree), a la Catedral de San Pablo u otro edificio o al London Eye. Pero que por lo que pude observar hace dos años, no es una ciudad con perspectivas claras (como las de Buckingham) o las numerosas perspectivas del ensanche parisino o de San Petersburgo.
Tal vez los planos neoclásicos, de desesperante simetría, conducen a la pasividad y aburren. Contra eso lucharon los arquitectos como Palladio, supongo. La primera impresión que causa El Escorial, a mi pobre entender, es la de un edificio que se mantiene flotando sobre una base inmaterial. Es un efecto bien curioso y toda una metáfora de la Corte de Felipe II.
Este mundo se me hace a veces invivible. La ciudad de Barcelona, tan ruidosa y que acusa las alteraciones políticas, económicas y sociales, me está mostrando su cara más densa, enferma, crispada y sórdida. Quizás es peor lo cutre que lo sórdido o que lo siniestro, nunca lo sabré. Sabemos que la Barcelona que fue no volverá a ser y no sabemos qué Barcelona habrá en unos años. Cada cual recurre a lo que puede para vivir el cambio de los tiempos. No faltarán los oportunistas que saquen provecho de la situación.
Leo estos días otro libro de Consuelo Martín, la filósofa que conoce bien la escuela advaita. El libro es sobre la contemplación ─lo que en los orientalistas sería la meditación─ y previene sobre todo cuanto distorsiona el recto quehacer de buscar lo verdadero. Si no he omitido el adjetivo "advaita", a pesar de que es un riesgo verlo asociado a alguna clase de sectarismo, es porque precisamente la filosofía advaita persigue el fin de los dualismos, aunque no sea ese su objetivo sino la manera de conquistar una cierta lucidez y en definitiva el contento. Para quienes quieran conocer los textos de C. M. basta presentarla por su valiente y honesta claridad. No se encontraran con un libro reseco y teórico, pero tampoco con un manual motivacional pirotécnico ni nada que se le parezca. Son libros serios pero sin un aparato terminológico abrumador, y limpio de sentimentalismos. De hecho, en ellos se nos apercibe de las trampas que nos extienden tanto los pensamientos (de por sí duales) como las emociones, que nos alejan del auténtico ser. Del pensamiento y de las emociones solo podemos conseguir ir de engaño en engaño.


7.4.18

Daddy

La primera película en la que se escuchó la voz de Charlie Chaplin fue en Tiempos modernos (1936), cuando tiene que cantar "Je cherche après Titine". Olvida la letra y  una artista le dice Sing! Never mind the words ("Canta, las palabras no importan"). Y el debut de Chaplin en el cine sonoro fue una canción con un idioma en el que tal vez se podría reconocer una mezcla de francés, italiano e inglés.
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La pequeña de los Simpson la primera vez que habló, en la ficción por supuesto, fue con la voz de Liz Taylor y dijo "Daddy". Si importante es la primera palabra que se dice también es la última. O el descubrimiento del silencio más allá del ruido del pensamiento.
Repaso estos días la Biografía del silencio de Pablo d'Ors y La revolución del silencio de Consuelo Martín. El libro de Pablo d'Ors se lee con más ligereza y hasta incluso se le podría asimilar a uno de esos libros de autoayuda de los que tantos ejemplos y tan pocos modelos tenemos. Pero aunque se puede consumir como uno de esos libros señalemos que tiene rigor y vigor. Consuelo Martín es una filósofa y su lenguaje es propiamente una manifestación de lo que puede dar de sí el uso constructivo de las palabras y del silencio.
El silencio reparador es como el sueño reparador un lugar donde cobrar fuerzas y conciliar lo que la matraca, la infamia y el ruido sofocan. 
El jueves creo que fue leí un texto de Júlio Béjar que se ofrecía en mi muro de Facebook sobre los extraños movimientos de Doña Letizia entre sus hijas y su suegra y una cámara que no vemos en el vídeo viralizado. El texto era como un tuit de Gabriel Rufián pero ampliado a unas 1200 palabras. Parecía imposible sostener una valentonada desabrida por tantos párrafos, pero sí se puede. Añado que está bien escrito, pero que ni en el tono ni en el fundamento atrajo mi simpatía. Probablemente se trata del estilo "cipotudo" del que aún se sigue hablando a nuestro pesar.
La información tóxica, las maledicencias, el sensacionalismo de toda la vida, están por todas partes, emponzoñando todo cuanto tocan. No es de extrañar que abunden las personas que recurran a las fuentes de  información con discernimiento y que el silencio triunfe (es un decir). Ya desde siempre me inspiró la figura de Agustín de Hipona, que para los que no son religiosos bastará decir que pasó por una conversión en la que no fue menor el abandono de la retórica por una suerte de ascesis de las palabras.
Si citara algún párrafo de Consuelo Martín, recurriría a cualquiera de los que desnudan el fanatismo y el escepticismo, dos visiones erróneas de la realidad, que coinciden en que elaboran la "separación" de lo que la vida no ha separado. Es para pensar la definición que nos ofrece la autora de la fe como confianza en la realidad.

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