30.7.12

Relecturas (8): Iscle Garsó y Augusto Algueró

"La cultura no és més que xafarderia"
Josep Pla

l cacareado año 1992 el Premi de Novel·la Ramon Llull fue para Terenci Moix y El sexe dels àngels. En mi edición de Planeta se lee la coletilla: "A l'apassionada Barcelona dels anys 60, un jove grimpador i enigmàtic provoca el retrat més irreverent del nostre món cultural". El prólogo de Pere Gimferrer deja más que claro que fue gracias a él por lo que pudimos ver el libro, que empezó muchos años atrás de su publicación (*). A estas gracias se añade la de que probablemente los años 60 fueron unos años de una efervescencia cultural mucho mayor -en los dos sentidos de la palabra "mayor"- que la que ahora tenemos, a pesar de la llamada normalización lingüística y de que hay un sinnúmero de promociones de licenciados en Filología Catalana, desde la que se suele considerar la primera, de 1974. 
Lamentablemente no encuentro en internet más información sobre la novela de la que ofrece la solapa de mi edición, cosa que también tiene su interés porque me indica (por lo menos a mí) que la sátira fue recibida con una especie de omertà o silencio ovino que subrayan y ponen aún más de relieve el tejido social que se representa bajo nombres supuestos en el libro. Hay al principio de todo ello una especie de guía de lectura con el dramatis personae en grupitos. Uno de los grupos es el de la Gauche Dorée  (en la realidad la Gauche Divine) donde es fácil reconocer a la fotógrafa Colita en Melita y a Serena Vergano en Nabuca Daiano. La efímera actriz milanesa Serena Vergano tuvo un hijo del arquitecto Ricard Bofill, homónimo, que ustedes recordarán que estuvo casado antes de con Paulina Rubio con Chábeli Iglesias Preysler. Hay personajes fácilmente reconocibles ya solo por el nombre, como por ejemplo Lluís Nyap (Lluís Llach), pero otros -como por ejemplo Iscle Garsó (Salvador Espriu) solo lo son por las referencias que se nos dan.
En honor a la verdad, o a la realidad, nunca se sabe en estos casos, habría que decir que en principio el carácter catalán es contrario al chisme, la chafardería, el safareig (al lavadero público) y por lo tanto en parte el silencio sobre el libro se puede atribuir al buen orden del gallinero, siguiendo con el lenguaje figurado pero no por mucho tiempo. Y sin embargo, por lo que llevo releído no se desvela nada que no sepamos. Si acaso se habla pícaramente sobre cuestiones que los libros de historia de la literatura tratarían eufemísticamente, en una terminología más técnica y pretendidamente neutral o sometiéndolas a un adelgazamiento o estilización y desodorización totales. A mí, que precisamente desde los años noventa dejé de cultivar mis lecturas en catalán, el libro de Terenci Moix me sirve como libro de Historia de aquellas generaciones y hasta con él doy por bien empleado el tiempo que no perdí pero sí invertí en unas lecturas que pienso que me sirvieron para mi formación pero que doy por superadas.

Una entrevista que pude tener con Salvador Espriu si no recuerdo mal el año 1984, un año antes de su muerte, me permite garantizar por si a alguien le queda alguna duda que Iscle Garsó es Salvador Espriu. En la mencionada guía de lectura se define como "el poeta «nacional»", cosa que puede despistar hasta cierto punto si no añadimos que fue muchas veces considerado nuestro candidato más firme al Premio Nobel de Literatura. Desde que Espriu murió, las únicas candidaturas que se han promocionado desde el Principado son (además de los Juegos Olímpicos) las referentes al Patrimonio de la Humanidad y la capitalidad de la telefonía móvil, cuestión que si pudiera verdaderamente confirmar con fundamento me permitiría afirmar que después de Salvador Espriu no ha habido un autor de su talla y condición. Pero como esto es un post de un pobre blog, nos podemos permitir este tipo de injerencias y elucubraciones. O  banalizaciones, según se mire.
Las referencias que ofrece Terenci Moix son claras, aunque se puede admitir que en la recreación que hace de la entrevista de Lleonart y Espriu, el lenguaje de Espriu pierde mucho del vigor y escrupulosidad que tenía a costa de cargar las tintas en otros de sus rasgos. No se puede decir que fuera cursi (carrincló), tampoco que fuera clasicista, puesto que su medida y contención se desvanecían cuando había la ocasión de exagerar un poco o acudir a la jaculatoria, característica que ganaba mucha expresividad por cuanto la presencia de Espriu era de una extremada pulcritud. Iscle Garsó repetirá varias veces que dispone de poco tiempo, de poca salud, que escribe lo justo, lo útil, de forma pusilánime. Da a entender que es un profeta, que su mundo o su pueblo están condenados a la extinción, y todo aquello de la muerte. 
Curiosamente, ya que hablamos de la muerte, tanto Terenci Moix como Salvador Espriu tenían un gran interés por el Antiguo Egipto. De hecho se podría decir que Espriu podía tener los conocimientos que se le suponen a un egiptólogo, aunque su formación procedía del Derecho. Algo me dice que la atracción por Egipto lejos de generar afinidades entre ellos -si es que se llegaron a tratar, que yo no lo sé- no habría hecho más que distanciarlos. Por lo demás, ahora sí ya en el terreno de la chismología, tanto Moix como Espriu fueron solteros, aunque Moix se reconocía sin tapujos homosexual e incluso fue muy sonada -por no decir estrepitosa- su separación del actor Enric Majó.
No creo que sea por espíritu de contradicción, pero lo que es hoy en día me inspira mucho mayor interés la figura de Augusto Algueró, que no se puede decir que perteneciera a la Gauche Divine, pero que era barcelonés y compuso la pieza central de la película "Tuset Street" (Luis Marquina, 1967), "Boccacio Soul". Por una injusticia o indigencia civil que reta todo comentario y todo análisis, la discografía y la prodigiosa relación de la obra compuesta por Augusto Algueró no están al alcance de cualquiera en internet, como sí lo están las de otros artistas del pop (incluso ingleses). Creí que a su muerte esta carencia sería remediada pero no ha sido así. No pierdo la fe en que se haga, pronto y bien.
Se tiende a considerar que el Ensanche (Eixample) es más Barcelona que la Vía Júlia y ya no digamos la Vía Favencia, y por similares razones se considera que Salvador Espriu representa la Literatura Catalana mucho mejor que, p.e. Terenci Moix. Pero no es así. Todo cabe. 

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(*)
"El motivo por el que en 1969 se le negara a Moix el Premio Sant Jordi fue el escándalo que se preveía ante una novela que cargaba contra las manipulaciones de la cultura catalana de la época. La novela se inicia con la muerte por accidente en Venecia de un joven escritor que ha triunfado en la cultura catalana y se ha pasado después a escribir en inglés. Un periodista de aquella nacionalidad viaja a Venecia para intentar reconstruir la vida del escritor y entabla una larga conversación con un catalán que estuvo exiliado en Cuba. A lo largo de esta conversación se irá dando entrada a una serie de cintas magnetofónicas en los que personajes de la cultura catalana dan su versión sobre el triunfo del escritor. "Seguro que habrá reacciones", comenta Moix, "pero me da igual. Todos los personajes de la novela son mezcla de varios personajes reales y se han de tomar como prototipos de la cultura catalana. Me es igual si hay reacciones, porque es una novela que siempre ha tenido voluntad de polémica. Viene a ser como la explicación de mi desencanto de la cultura catalana y es significativo que dejé de escribir en catalán después de acabarla" (Xavier Moret, "El País", 23 de abril de 1992)

51 | La canícula

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29.7.12

Música para sordos

a prensa británica más o menos cada 15 días deja caer alguna cosilla contra España, así en general. Esa característica, la generalización más que la cadencia, es lo que siempre me hace sospechar que los ilustres tabloides perciben una parte de sus ingresos de esas campañas de las que se extrae todo lo malo que se les ocurre: caspa, prima de riesgo, olor a ajos, uno de los peores himnos del mundo. Tiene su gracia que una nación que de vez en cuando tenga que recurrir a esas pullas tabernarias y al celebrado agrio humor inglés para conservar su lugar en el mundo tenga una aportación musical que que yo recuerde no pasa mucho más allá de Dowland, Haendel y si mucho estiramos de los Beatles y los Rolling Stones, que no está claro que no hicieran un pacto con el mismísimo Maligno. Si alguien quiere hacer alguna aportación con mucho gusto la incorporaré, pero dudo que podamos incluir alguna ópera ni una sola pieza que se pueda equiparar a la peor de Alemania, Rusia o Italia e incluso de España. Y, sin embargo,  qué bien se han sabido "vender" siempre, que hasta en sus Juegos Olímpicos -cuya inauguración solo he visto en un resumen de telediario- destacó a su Servicio Nacional de Salud. Por lo que he podido saber por enfermeros que empezaron a emigrar hace unos años allí entre otras cosas la limpieza dejaba mucho que desear, sobre todo para los que conocían a fondo nuestro sistema de salud, o al menos el que gozamos hasta hace bien poco.
El montaje multimedia del The telegraph enlaza también con los uniformes olímpicos más feos del mundo y como habrán adivinado se incluye también el de España, del que ha corrido tanta tinta y tanto twitter que hemos llegado a ese hartazgo que solo somos capaces de conquistar cuando nos ponemos a echarnos piedras en nuestro propio tejado, cosa por otra parte muy española. El uniforme no será muy español o no ha sido capaz de reflejar una imagen que nos represente como "marca" y como estilo, pero la manía o ese complejo patrio de regodearse en el mal gusto y la cutrez sí lo es. En Estados Unidos, sin ir más lejos, la bandera está hasta ya les diré donde, mientras que en nuestro gran país además de ser ultrajada -más o menos también cada 15 días- por los nacionalistas de todos los lados, sea quemándola, sea arriándola, sea con la silueta del toro de Osborne, parece que sea un símbolo de la derecha más que el símbolo de la Constitución. La marcha de granaderos también obtiene de vez en cuando algún abucheo que otro o el comentario displicente de alguien metido a musicólogo que busca quitarle el mérito que pueda tener.
No me conozco todos los himnos de todos los países del mundo y eso que si se mete uno en Youtube hay todo género de facilidades y versiones de manera que cómodamente a lo largo de un día sería factible escuchar los 200 que más o menos puede haber. Servidora ha insertado aquí alguna vez, incluso tal vez dos, el de la India, que es seguramente el que más me gusta después o tanto como el de España. La letra es de Rabindranath Tagore y, como casi todos los himnos apela a la grandeza de intenciones, a la igualdad a través del territorio y a la firmeza a través de los tiempos. Como a veces se le ha criticado a la Marcha de Granaderos que no tuviera letra, hoy como sentida protesta a la malapática Albión, incluyo la versión del Jana Gana Mana para mudos y sordos. Los ingleses pasaron por la India pero la India no pasó por ellos.




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28.7.12

Los lirios del campo


"—¿Sabe usted esas casitas que hay un poco más abajo, señorita? ¿Sabe cuales digo? —Sí, claro que lo sabía—. Bueno, pues allí vivía un tal Scott, un muchacho que era carretero. Esta mañana, su caballo se asustó de un tractor en la esquina de la calle Hawkie, él fue lanzado de cabeza y se dio en la nuca. Quedó muerto.
—¡Muerto! —Laura miraba al de Godber.
—Sí, al ir a levantarlo, vieron que estaba muerto —concluyó relamiéndose—. Llevaban el cadáver a la casa cuando yo venía hacia aquí. —Luego, volviéndose a la cocinera, añadió—: Deja mujer y cinco pequeños.
—Ven aquí, Jose.Laura cogió a su hermana por una manga y, haciéndole atravesar la cocina, se la llevó al otro lado de la puerta de bayeta verde. Allí se detuvo y se recostó contra ésta.—Jose —dijo horrorizada—, sea como sea, hay que suspenderlo todo.
—¿Suspenderlo todo, Laura? —exclamó Jose, asombrada— ¿Qué quieres decir?
—Pues está claro: suspender la fiesta en el jardín."
Katherine Mansfield, Fiesta en el jardín 

atherine Mansfield es una de esas escritoras de principios del siglo pasado malogradas por una muerte temprana y destacadas por romper unos cuantos esquemas. Pudo haber coincidido en el tiempo con Emilia Pardo Bazán, escritora que sea porque le llamaba a Galdós "dulce vidiña mía" o porque le dedicó alguna displicencia afectada a Rosalía de Castro, he leído pero con unas pinzas tan largas y afiladas como las hojas de las manos de Eduardo Manostijeras.  La condesa tuvo siempre unos 30 quilos y 40 años más que la neozelandesa, cosa que ya le confieren ese empaque que de todas manera ya hubiera tenido por su carácter y tal vez por su clase social. Esas coexistencias en el tiempo siempre me interesaron vivamente, sobre todo si están desconectadas. 
La atracción de esos opuestos razonables es directamente proporcional a la aversión que me producen las coincidencias en el tercer grado de amistad en el Facebook, cosa que más que nada demuestra la falta de estanqueidad de la plataforma. Es decir los amigos de mis amigos que tienen en su muro un amigo de un enemigo no son mis amigos. No sé si me explico. Tampoco me han interesado demasiado los parentescos curiosos que hay en la sociedad dominante barcelonesa, esas curiosas liasons entre las familias que tienen el dinero, el poder, los medios, como la Gauche divine, la generación Virtelia, etcétera. Cuando aún era una estudiante me acuerdo haberme quedado de pasta de boniato al ver salir de la casa de los Maragall en Sant Gervasi a quien creí que era Miquel Roca i Junyent. En realidad era su hermano gemelo, pero de todas maneras no deja de tener su gracia y si ese modelo lo ampliamos da mucho que pensar puesto que encontraríamos el motivo por el que -por decir algo disparatado- Marta Ferrusola nunca ha dicho nada sobre Evita Perón. Seguramente en estas cuestiones menos que en otras se basan las similitudes que hay entre algunas capas del Partit dels Socialistes de Catalunya y Convergència i Unió. Incluso, aunque no puedo ofrecer ningún ejemplo, estoy segura de que hay más que vasos comunicantes, de que incluso hay personajes que se han pasado al uno y al otro bando sin que les supusiera ninguna violencia ideológica o a sus ideales.
Mansfield y Pardo Bazán, tan distintas, pero coetáneas y ambas consideradas escritoras de su tiempo, supongo que no se cruzaron nunca. Incluso es posible que no supieran nada la una de la otra. El empaque y la seguridad o la determinación de la condesa de Meirás contrastan con la permanente inquietud de Katherine Mansfield, que tenía una sensibilidad hasta se diría que exacerbada, gracias a la cual nos quedaron algunos pocos cuentos en donde reparamos en una manchita de luz sobre el filo de una taza o cosas así que nos hablan de una mirada nueva. En uno de sus cuentos más famosos, The Garden Party, esa zozobra es la palanca de todo el cuento, en torno a los preparativos de una fiesta en un jardín, que se ven interferidos por el accidente y la muerte instantánea de un hombre de las casitas de la pobre gente vecina:
"Esto, realmente, era un poco exagerado, porque aquellas casuchas estaban aisladas en una calleja, al pie de la empinada cuesta que conducía a la casa de las muchachas. Una ancha avenida las separaba. Ciertamente, no estaban muy lejos. Eran la mayor ofensa posible a los ojos, y no había derecho a que estuvieran en aquella barriada. Se trataba de unas viviendas humildes, todas pintadas de color chocolate oscuro. En sus jardines no había sino tronchos de berza, gallinas encanijadas y botes de tomate vacíos. Hasta el humo salía de sus chimeneas en miserable proporción: en harapos y pequeños jirones que no podían compararse con los grandes penachos plateados que se desrizaban en el aire al salir a bocanadas"
La fiesta se celebra de todas maneras, es un éxito y al acabar la anfitriona le pide a su hija que lleve a la viuda a la casa una cesta con algunos emparedados y pastelillos que sobraron, más unos lirios que habían puesto para adornar la entrada de los invitados. Naturalmente la hija cuando se ve ante la viuda y el cuerpo presente se da cuenta de que ha sido o ha podido ser una equivocación. 
Esta situación tal vez en una ciudad es poco verosímil que se de -enlazando con lo que decíamos ayer con la bravuconada de Luis Landero- pero pienso que en un medio rural o en una ciudad pequeña es perfectamente posible. Está claro que aunque hay fiestas íntimas y hasta orgías, uno de los principales componentes de una fiesta es su publicidad. En nuestro país si una fiesta no molesta, literalmente, a los vecinos parece que no sea una fiesta. Y sin embargo, por paradójico que les resulte, en la región de donde proviene mi familia, los velatorios domésticos desde lejos eran fácilmente confundidos con una fiesta. Si la muerte no era por una desgracia y se trataba de una muerte de las llamadas "natural", era fácil además recordar lo bien que se había pasado en otros velatorios: "¿Te acuerdas de lo bien que lo pasamos en el velatorio de Menganito?". Pero, enlazando de nuevo con lo que decíamos ayer, seguramente las fiestas debían acabar donde empiezan los velatorios de los otros (y viceversa), como pasa con la libertad y la famosa frase (*). 
Tal vez las diferencias sociales se acusan para darles más gusto al que tiene mayor poder adquisitivo, y disfrutar de las comodidades que da el dinero estriba tanto en la calidad como en sentirse diferente y hasta mejor. Por eso, me figuro, en unas sociedades más que en otras, la riqueza está asociada a la ostentación, tema que estoy convencida que habrá sido tratado por la Antropología hasta la náusea.
La ostentación y la opulencia tienen sus momentos álgidos en situaciones luctuosas no ya como la que relató K. Mansfield, sino por ejemplo cuando nos damos cuenta de que la corona de flores que le han enviado a nuestro padre es más pequeña que la que le enviaron  las mismas personas al padre de otra persona. Por eso, mal comparado, en todas las bodas a las que he sido invitada hago siempre el mismo regalo de acuerdo con la lista que se ofrece. Hay gente que hace una lista más modesta y gente que la hace mayor, pero yo siempre regalo la maleta grande. Si es Navidades, bufanda para todo el mundo o lo que sea para todo el mundo. Y quiero hacer constar que no por eso me hacen descuento.
Convallaria majalis. Lirio de los valles, convalaria, muguet

Ya comenté aquí otra vez, en Las señoras de la piscina, un caso real de mi madre. El Padre Juan Bueno Bueno se armó un día de valor y les dijo a los niños en misa que los Reyes eran los padres, y lo hizo porque los niños a quienes los Reyes les traían poco más que una naranja no se sintieran desgraciados por creer que los niños de los ricos eran además de ricos más buenos que ellos. Mi madre lo explica en la hoja que escribió para el taller de memoria que hizo el año 2008, que la he colgado en mi Picasa porque es de lo poco que hemos conseguido hacerle hablar sobre su niñez. 

"Fijaos cómo crecen los lirios del campo:
ni trabajan ni hilan
y os digo que ni Salomón en todo su fasto,
estaba vestido como uno de ellos"
Mt 6, 24-34


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"La libertad del individuo acaba donde empieza la libertad de los demás".


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27.7.12

Feos, vulgares y tontos

stán a punto de empezar los Juegos Olímpicos en Londres y por eso estos días se recuerda la amistad que contra todo pronóstico hubo entre Jesse Owens, uno de los más grandes atletas de EEUU y Carl Lutz Long, que representaba a Alemania, en los Juegos Olímpicos de Berlín del año 1936. No sé si ustedes podrán apreciar por la foto, que es en blanco y negro, que Long era blanco y ario. Y sin embargo fue vencido por Jesse Owens, algunas de cuyas marcas no se superaron hasta 1984, y por otro negro. Otra foto en la que aparecen juntos los dos amigos es en la entrega de medallas, la de bronce para Naoto Tajima, la de plata para Long y la de oro para Owens, donde se muestra al alemán haciendo el saludo nazi. El vídeo de la carrera de 100 m que le valió a Owens otra de las cuatro medallas que se llevó es muy bonito y nos permite ver como el público también hacía el saludo nazi durante la entrega de las medallas. La cara de disgusto y fastidio del dictador ante la victoria de Owens se ha querido usar para ilustrar su fobia a la raza negra y a partir de ahí se han inventado muchas cosas pero lo cierto es que al parecer el Führer felicitó o se encargó de que felicitaran por escrito y en alemán al afroamericano, y que Owens fue el padrino de boda de un hijo de Long. Las cosas como son.
Recordé el caso ayer, cuando leía una novela de Luis Landero, El guitarrista. Como el escritor hizo en su mocedad alguna gira de flamenco, no sé si antes o después de pasar por la Complutense, se le suponen unos conocimientos guitarriles, por lo que me llamó la atención poderosamente un detallito de nada en las primeras páginas:
"Y así comencé mi carrera de profesor. Pronto se corrió la voz y les di clase a otras. Te pagaban a lo mejor cuatrocientos, quinientos francos mensuales, te hacían buenos regalos, alhajas sobre todo, pero también un albornoz, un traje, una botella de licor. Las recibía y atendía en mi estudio, y ellas venían con su guitarrita para que todo fuese de lo más aparente. Llegué a tener al mismo tiempo nueve alumnas, y más de una vez se cruzaba una con otra en la escalera, haciéndose las ignorantes, pero las dos con su guitarrita, cada cual a lo suyo. 
—¿Quieres decir que te acostabas con ellas? 
—¿Acostarme? Les hacía de todo. Eran burguesas, muchas medio viejas, casadas, y buscaban sangre joven y audaz. Yo las recibía como a señoras que eran, pero al rato ya las trataba como a putas. Eso les gustaba, que las chulearan, que se tomaran libertades con ellas. Todas tenían sus caprichos, y cada capricho tenía un precio. Una de ellas, por ejemplo, traía siempre una botella de champán, se lo echaba helado por las tetas y yo lo recibía y se lo bebía en el coño. Un coño viejo y calvo, sumido, seco como el esparto, pero eso sí, distinguido y selecto, a juego con la lencería sutil que usaba. No sé por qué, pero hasta ahí se nota el poder del dinero."

Me puede llegar a resultar creíble lo del esparto y lo del champán, me puedo creer hasta la proeza sexual de las nueve "alumnas" simultaneadas, pero lo de que cargaran con sus "guitarritas"  por pequeñas que fueran no me lo creo de ninguna manera. No y no ¿Ustedes han cargado alguna vez con una guitarra, sobre todo con una guitarra en su funda rígida? Pesa no diré que como un muerto pero casi. A lo que si añadimos una botella de champán con esos culos de vidrio que tienen más pesados que arados, la probabilidad de que pueda transportarse todo (con un albornoz, una alhaja o los quinientos francos) es remota. Ahora, que si esto a Landero le servía para hacer más verosímil o gracioso el relato o para apelar a resortes de su imaginación o su memoria y regodearse, pues ahí ya es otro tema. Su torpeza agiganta el mérito por ejemplo de la película de ayer, "Barrios bajos", donde no nos queda ninguna duda de que el director conocía el percal. Y eso que hay que reconocer que hubo y siempre habrá pinchaúvas y aprovechados que verán en las burguesas hastiadas un filón.
Descartando que hacerlas cargar con la guitarra se trate de un mero error o goof, como lo es ponerle un reloj a un romano en un peplum, diremos en todo caso que es un ejemplo de escenografía mal traída o descuidada. Me importan no tanto los goofs y las anacronías como esas patrañas que buscan refugio en la narrativa como si la literatura fuera un lugar ideal para cobardes y cantamañanas, donde todo vale, no digamos la venganza. Ya decía en no sé cual post la semana pasada, ah sí, el de Marina Tsvietáieva, que me gustaría poder hablar no tanto de una literatura comprometida (y ya no digamos de compromiso) sino de una literatura responsable. Un respeto por los personajes y, otra vez, como modelo, Gustave Flaubert.
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No hará falta decir que creo que habrá poca gente que le esté cogiendo tanta tirria a los ricachos y a los neoricachos como servidora. Y me fastidia porque lo que nos hace mejores y especiales, queridos,  son las filias y no las fobias. La repugnancia que me causan los profesores de yoga que para dar clases cogen el avión o la que me producen los gastos en subvenciones, la rabia que me da que me pregunten por unas señas y luego confirmen en otro peatón (mis tres manías de toda la vida) no son nada al lado del que me producen los sueldazos de los tiburones y las tiburonas, su mal gusto para las corbatas y sus bolsos a juego con fabulosos jaeces de caballos capados. Sobre todo desde que tengo la certeza de que actúan como si la crisis fuera algo que les ocurre a los demás, a nosotros que somos además de pobretones, vulgares, feos y tontos, muy tontos, que somos inferiores. Esos gerentes de los hospitales públicos  o de lo que sea que son conminados a reducir sus plantillas horizontalmente, mandan a sus hijos (por un decir) a mejorar su inglés a Irlanda o su chino en China o donde sea por no menos de chiquicientos mil euros, cosa que nos permite imaginar que alguna noción tienen de lo que da de sí esa cantidad. La gente que está en el paro tiene hijos también, que deben de ser vulgares, feúchos y tontos, muy tontos. Pero esa gente a quien se les ha subido el sueldazo fijo a la cabeza no sienten nada, ni siquiera cuando (por un decir) que te quiten un tapón de cera del oído es una espera de dos meses o más. Están como desdoblados o simplemente son inhumanos y diferentes.  Con la indemnización que se les da a uno de estos monstruos cuando los cesan o los recolocan se pueden operar cosa de 28 insuficiencias mitrales complejas si la válvula es artificial; si es orgánica sale más caro. 

Por cierto, hace siglos que no veo una chapa-medalla de chorizo. No sé qué daría por conseguir una.

Carl Lutz Long y Jesse Owens, medallas de plata y de oro en salto de longitud en los Juegos Olímpicos de Berlín (1936)

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26.7.12

Arroyos, torrentes, ríos

arrios bajos" (Pedro Puche, 1937) es una película que se rodó en dos meses en Barcelona durante la guerra. Se puede ver íntegramente en Youtube. Está perfectamente registrada en Películas de la guerra civil con todo el reparto, la sinopsis e incluso la letra del tango que le da nombre. En IMBD confunden a José Telmo (personaje de El Valenciano) con Rafael Navarro (Ricardo). En otro blog, El desván del abuelito, se le quita valor poético y se le define como folletín hard-boiled, afirmación con la que no estoy totalmente de acuerdo, aunque el post está sobrado de buen criterio y cinefilia. En la obra de teatro, de Luis Elías, es donde sí debe de quedar más claro que Rosita, a quien El Valenciano redime del arroyo, es en realidad su hija sin él saberlo. No veo en la película de Pedro Puche Lorenzo (Yecla, 1887 - Barcelona, 1959) que se revele esta condición, aunque sí se deja entender un cierto paternalismo. Hay la misma ambigüedad en esa relación que la que hay en otra película que aquí comentamos, de dibujos, "L'illusionniste" (Sylvain Chomet, 2010), entre el personaje de Jacques Tati y Alice. Incluso Jacques Tati le compra a Alice un vestido, como El Valenciano se lo compra a Rosita. Esos gestos de generosidad y de ternura sirven para contrastar con los peligros y la sordidez que se extienden ante las jóvenes desharrapadas. No le quitaría mérito melodramático a la película, aunque tampoco sirve como modelo del realismo poético francés, sino en todo caso como uno de sus frutos. Hay encuadres que no le tienen nada que envidiar a los de Fritz Lang.
Aunque la película se colgó en Youtube como anarquista, no podemos decir que haya doctrina ácrata ni de paso. Si acaso el personaje de El Valenciano representaría la encarnación del hombre generoso, que hace lo que le dicta el corazón y que no se deja intimidar por nada ni nadie, elementos que podríamos asociar a los ideales del movimiento. Como estos hombres no abundan ahora tampoco abundarían entonces. La producción de "Barrios bajos" fue del Sindicato de Industria del Espectáculo que pertenecía a la CNT/FAI, que solo el año 1937 hizo 19 películas, cosa que es del todo admirable incluso aunque hubieran estado sobrados de recursos.  Esta productividad es más llamativa aún a la vista de como funcionan las cosas, así en general, en este país, donde tenemos que mantener a mares de inútiles. 
Se dirá que la película es vieja y que además ha envejecido a la vista de nuestra sociedad, donde sin embargo siguen existiendo los macarras, las clases sociales y las arrastradas (entendiendo por "arrastradas" las mujeres salvadas del putiferio arrabalero para ascender a vivir en el lujoso cubil de un chulo pringado de aceite de macasar que las suele usar para trabajos deleznables del negocio o simplemente como trapos). Ayer proyectaron la película en la tercera Filmoteca de Catalunya que he conocido. La primera sede estuvo en la Plaza del Pedró (donde se bifurcan la calle del Carme y la del Hospital, en pleno Raval). Después se subió hacia los barrios altos, cerca del Hospital Clínico y en primavera volvió al Raval, detrás de su Rambla, cerca de Casa Leopoldo. 
El Raval ha recuperado este nombre cuando ya todos conocíamos la zona como Barrio Chino. Siempre me causó gran extrañeza este nombre y hoy finalmente he encontrado su procedencia. En la revista Blanco y Negro, el 4 de junio de 1931 aparece el siguiente texto:


Lo veo un poco rebuscado, aunque si Brangulí aseguró que el término lo sacó Paco Madrid, doy la explicación por buena y por definitiva. Y también quiero decir que si bien es cierto que el barrio chino siempre fue un foco de carteristas, proxenetas y putas, también lo es que vivía gente normal y corriente. Servidora había ido de niña porque una tía mía, la pequeña, tenía allí en la calle Hospital a sus suegros. Ya veía yo que era otro mundo y me asustaban algo tanto como me atraían aquellas calles viejas, húmedas, donde no se dejaba nada a la imaginación (ni falta) y veía gente a la que no estaba nada acostumbrada porque mi barrio era un barrio nuevo de emigrantes trabajadores.
Me llevaría muy lejos explicarles que el marinero que aparece vestido de blanco en "Barrios bajos" no es mero atrezzo para crear ambiente, no. No hace tantos años el Chino estaba lleno de marineros y en realidad muchos de ellos no pasaban de allí cuando visitaban Barcelona. Es tal cual como el barrio rojo de Amberes o la zona roja de Hamburgo, pegaditas a sus puertos. Hace años que no vi ninguno. Les prometo que la famosa fascinación fetichista por los uniformes en mí solo encuentra lugar cuando se trata de los marineros, y no de oficiales, sino del uniforme blanco o azul de la tropa, con su gorra de plato sin visera.
Ayer precisamente se debatía en el Pleno del Ayuntamiento el tema de la prohibición de la prostitución (como si la prostitución se pudiera prohibir). Lo que se pretende es confinarla. Entre las intervenciones destacó de largo la de Jordi Portabella (ERC), que parece que desde que abandonó su concejalía la arquitecta Itziar Gonzàlez Virós (PSC), es el único que ha aportado ideas positivas y razonables al respecto y al respeto. El Raval o el Barrio Chino está acribillado de prostitución callejera, incluso de menores, y a plena luz del día. Me acuerdo cuando me compré mi segunda cámara digital, cuando fui a probarla a las Ramblas, y cuando al visionar las fotos en casa fue cuando me di cuenta de que no había cuatro metros seguidos sin que no hubiera alguna mujer ofreciendo servicios sexuales. Más adentro y más abajo del Raval, la presencia de estas chicas es mucho más densa y evidente, tal vez porque predominan las mujeres de color.
Incrustar edificios oficiales para esponjar y hacer más salubre estos barrios bajos no es una idea nueva. Se hizo tocando la Rambla de Santa Mónica, con un centro de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que acabó por desplazar aquellos hombres puteros que se apostaban allí siempre con un periódico doblado en la mano para agazapar la erección a destiempo. Más arriba, hacia la Rambla de los Estudiantes, antes de las Olimpiadas había unas peleas de transexuales como no se verán otras. Qué fieras. Eran como "per llogar-hi cadires" (para alquilar sillas). Pero eso fue después de la Barcelona y el Ocaña que inspiraron a Nazario su cómic Alibabá y los 40 maricones. Ojalá Nazario inmortalizara la gauche divine, pero ¿qué interés tendrá ni el uno ni lo otro?El consistorio de hoy también prohibiría a Ocaña.
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El verano de 1993, en pleno tirón postolímpico precisamente, se celebró el 59 congreso de la IFLA (International Association of Library Associations) en Barcelona, creo que en la sede de la UPF mencionada. La crónica adhoc correcta de la muerte menciona los tirones y atracos que padecieron algunos delegados, de los más de 3000 bibliotecarios de todo el mundo que nos visitaron. Lo que no se menciona ay es que hubo un reventón colosal y olía, con perdón, a mierda, de tal manera que aquello no lo podía enmascarar ni un tanque de detergente a propulsión ni 30 contenedores de Byredo requeteconcentrado. La Rambla, o las ramblas, como yo prefiero, son en su étimo torrentes, y por las nuestras discurren desde que se tumbaron las murallas, ríos de gentes que el tiempo barre, retira y arremolina a su voluntad. Como aquel agosto de 1993 había llovido por demás, las cloacas salieron a la luz y el Portal de la Paz estaba anegado de heces y el hedor fue de dimensiones veterotestamentarias, sobrenaturales. Excuso decirles que yo quedé encantada de que la realidad a veces se obstine en, eso, hacerse con sus reales, con lo que le pertenece.


Dos cortes seguidos de "Barrios bajos" (Pedro Puche, 1937). Las "ursulinas".


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25.7.12

1992-2012

e conmemora estos días los 20 años de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en el verano de 1992. Viví todo cuanto pude al margen del evento, aunque estuve bien atenta a los cambios que se produjeron en mi ciudad. No ya por el desembarco de 30.000 profesionales del sexo o por todo lo que se desencadenó en el negocio inmobiliario y el dinero negro sino porque supuso un antes y un después en el fenómeno del turismo. Desde el verano de 1992 Barcelona empezó a recibir ostensiblemente un número desmedido de turistas. La medida está en la proporción y en la sostenibilidad.
Para mí ese punto de inflexión entre antes y después lo marcó -como la famosa magdalena de Proust- un tufo de pringue o comida que me encontré en el metro, cuando dos días después de la clausura me acerqué a la Plaza España. Tonta de mí, no calculé que la oferta turística se salía de los plazos, del previo y del posterior, para bajar precios y esponjar el tráfico aéreo. El olor provenía de algo que comía una "afroamericana" en pie, dentro del vagón, en un envase de usar y tirar. 
Tengo que confesarles que la única cuestión que me preocupa de mi vejez, si es que llego, es la de que solo pueda comer cosas de esas elaboradas, envasadas y funcionales, con ese olor que a veces me recibe en el ascensor de mi casa porque lo ocupó un repartidor de pizzas fast-food. No temo la enfermedad, no temo la muerte, no temo la soledad y el abandono, pero temo que llegue el día en que no me sea posible comer una manzana. Por un decir.
Otro efecto que cualquiera pudo observar a partir de la fecha es el gusto por las celebraciones multitudinarias. El alcalde Clos hizo algún intento de revivir el espíritu del voluntariado olímpico y de la mastodóntica ceremonia de la inauguración y demás, y esas marcas ajenas al medallero deportivo se han perseguido en todo acontecimiento urbano. Más allá del populismo buenista, del PIB y de la sostenibilidad del turismo y tantas cosas simplemente me detengo en una imagen que obtuve anteayer en el Paseo de Gracia, el que fue un paseo señorial, con  apenas 2 o 3 bares y un restaurante y contadísimas tiendas, como la extinta Librería Francesa, Santa Eulàlia, Yanko, etcétera. Hace no 20 sino 30 años el Paseo de Gracia era un paseo que unía la parte llamada "alta" de Barcelona -por donde descendían aquellas señoras que los chóferes dejaban en un par de granjas (salones de té) que había en la calle ¿Mallorca?- con la parte que tildaríamos de canalla del Raval y las Ramblas.
El artículo de Wikipedia da buena cuenta de todas las firmas de moda, lujo o sofisticación que tienen sede en el Paseo de Gracia, cuyas tiendas de lujo, al lado de los hoteles, los bancos y los edificios modernistas, configuran y jalonan un paseo por donde ya se hace difícil pasear. Los 2 o tres bares con que contaba hace 30 años se han multiplicado de tal manera y con sus terrazas que lo difícil es no encontrar un lugar donde tomar un café o cualquier otro tentenpié. 
Estuve sentada cosa de 25 minutos en un banco de un cruce a eso de las tres de la tarde y pude ver el espectáculo de riadas de turistas bajando y subiendo por el lado de la Derecha del Ensanche (Dreta del Eixample). Oí hablar en idiomas que no fui capaz de identificar. Vi pasar gentes de todas las razas y sus combinaciones, de todos los sexos y sus combinaciones, de todas las clases sociales. Esas hordas que antes no pasaban de la Plaza de Cataluña ahora han conquistado estas calles y el espacio inmediato, no mucho más allá. Y sin embargo, cuando yo era una niña los turistas apenas pasaban del monumento a Colón, las Golondrinas, las Ramblas y la Catedral, como no fuera par visitar las Fuentes luminosas, la Sagrada Familia y el Tibidabo. 
Déjenme decir que incluso aquello que había sido el principal atractivo de las Ramblas ha desaparecido en gran parte y a determinadas horas, de manera que hay más turistas que otra cosa. No sé qué gracia tendrá ir a un restaurante donde solo hay turistas y hacer una cola de turistas o pasear por un lugar donde casi todos lo son. Tampoco podemos pedir que una ciudad sea otra cosa que la aleje de su rendimiento como masa electoral y consumista ¿O sí?

Letrero del Ministerio de Información y Turismo. Foto de Pérez Siquier (1970). Carteles turísticos españoles 1960-1970

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24.7.12

La chica

Verdad es que yo he escrito algunas veces
siguiendo el arte que conocen pocos,
mas luego que salir por otra parte
veo los monstruos de apariencias llenos
adonde acude el vulgo y las mujeres
que este triste ejercicio canonizan,
a aquel hábito bárbaro me vuelvo,
y cuando he de escribir una comedia,
encierro los preceptos con seis llaves,
saco a Terencio y Plauto de mi estudio
para que no me den voces, que suele
dar gritos la verdad en libros mudos,
y escribo por el arte que inventaron
los que el vulgar aplauso pretendieron
porque como las paga el vulgo, es justo
hablarle en necio para darle gusto.
Lope de Vega, El arte nuevo de hacer comedias en este tiempo


yer buscaba en internet qué había sobre los "tiburones", los ejecutivos agresivos y por añadidura absolutamente faltos de escrúpulos que en el mundo de los negocios está dominado por hombres. Y entonces me encontré con una entrevista a quien bien pudiera haber sido uno de ellos, en "La Vanguardia". Yo no entiendo nada de tiburones como escualos, ni de negocios ni de nada, pero mi sentido crítico me indicaba que la entrevista estaba plagada de tópicos y mentiras. Tenemos ejecutivos budistas y budistas ejecutivos. No en vano el entrevistado se dedica o dedicaba a la publicidad. La cuestión de que los comentarios que suscitó en su momento la entrevista, donde varias personas también lo advirtieron "me llena de profundo orgullo y satisfacción".  Bueno, no, tampoco es eso. Simplemente lo menciono para mostrar que no soy la única que se da cuenta de que nos toman el pelo.
¿Cómo me va a "llenar de orgullo y satisfacción" comprobar cada día que prevalecen los tópicos y las mentiras, las bromas más chuscas sobre cualquier otra razón? Además, esas pequeñas victorias se ven minadas continuamente por auténticas campañas con escasísimas ideas que van decantando la opinión general hacia su degradación y deshumanización. Estoy oyendo las últimas semanas a razón (es un decir) de 35 veces/día la siguiente frase: "En todos los grupos siempre hay seis tipos de personas, el líder, el guapo, el listo, el imprescindible, el segundo líder y la chica". Esta frasecilla pertenece a la promoción de la serie "Pulseras rojas", que se ve además reforzada porque el guión ha sido preparado por el escritor del best-seller Si tú me dices ven lo dejo todo pero dime ven, un éxito de ventas sin parangón, porque hizo llorar a Steven Spielberg y porque trata sobre el cáncer, una enfermedad que habrá que decir que mueve mucho dinero y lágrimas. Pero dejamos la industria de los ensayos clínicos de lado, dejamos de lado también el cáncer como fuente de inspiración o como desencadenante lacrimógeno y nos centramos en la frase pelada. 
Casi con toda seguridad yo diría que si la frase la sometiéramos al menos al somero análisis de personas como las que encontré detrás de la entrevista al tiburón disfrazado de delfín, no resistiría ni un solo minuto más en el aire mediático. La sucesión de ideas juega con el efecto no ya del típico chiste (había una vez un cubano, un sueco y un español) sino con el de la prueba de lógica también típica, con grupos de palabras.



En el caso de la frase de la promoción de "Pulseras rojas", el montaje juega con ese efecto de los grupos de palabras pero aplicado a la dinámica de grupos. Por lo general la dinámica de grupos suele hablar de un líder, un portavoz, un chivo expiatorio y un saboteador, y me figuro que no excluye la posibilidad de quien asume el rol de líder puede ser un saboteador, o que el saboteador sea un líder y el portavoz un chivo expiatorio. En cualquier caso, lo que pretendo decir es que el mundo del guión -entendido tal y como lo entendería Spielberg, para entendernos- no es ajeno a ese reparto de roles. En el "reparto" del teatro clásico (ya saben, Sófocles, Lope de Vega, Shakespeare) también hay unos patrones con los protagonistas y los antagonistas, los secundarios, el viejo enamorado, la jovencita engañada, el loco, el avaro, el perrito, etcétera, pero los guiones a los que nos referimos emparentan con el folletín. No es fácil "crear" un personaje como Madame Bovary y que, como ha contado algún escritor, se haga tan fuerte que acabe por decidir y cobrar autonomía incluso por encima del que escribe. No es fácil.
Desde que hace unos años empezaron a haber guionistas para series de producción propia de la TV, empezaron a proliferar un tipo de personajes cuya profundidad psicológica es muy burda y ramplona pero que se someten bien a los imperativos del guión, que suele ser su propia supervivencia en las parrillas de audiencia. Me acuerdo de una serie que había en TV3 hace 20 años y que creo que era una producción de la BBC. La vieras cuando la vieras, aunque solo fuera una vez al mes, siempre se podía recuperar el hilo, en el que intervenía mucho el hecho de que todo el mundo se había liado con todo el mundo, más o menos dentro de un orden y hasta simultáneamente. En los últimos años se incorporó un personaje que ha contribuido a la visibilidad de un colectivo que había sido vituperado: el gay. El gay y el bi también se ha incorporado a ciertas tertulias televisivas, que por otra parte están según dicen guionizadas o, por lo menos, acordadas con antelación. 
Series como "A cor obert" o "Poblenou" vaciaron las calles y las tiendas, incluso de personas respetabilísimas y ya formadas. En los Estados Unidos las huelgas de los guionistas surten un efecto brutal, son temidas por todo el aparato de la ficción. Cosa a la cual solo nos falta añadir, al menos para situarnos, que trabajan como equipos o en equipo. Es decir, las series televisivas no son "de autor" sino que por regla general son el fruto del trabajo de varios guionistas que funcionan como una factoría de historias donde creo que es imposible saber cual es la contribución de cada cual. Al menos desde fuera. Nos podemos imaginar que cuando un guionista es particularmente activo puede llegar a hacerse autónomo o simplemente crear su propia producción, delegando las partes más secundarias o rutinarias de la estructura del guión a guionistas apeonados. 
Sin embargo dejemos también las suposiciones y volvamos a las evidencias, a esa frase que nos nos extrañase que hubiera que tomar como un piropo, como todos los desprecios preciosamente fundamentados. "La chica" es simplemente la chica, sin más. No sabemos si es lista ni guapa ni imprescindible o si lidera, es como si perteneciera a otra dimensión. Lo capcioso del asunto es que también se nos puede dar a entender que la chica no es que no sea ni lista ni guapa, etcétera, es que es más, es que es otra cosa o es que pertenece a otro orden. Como una especie de lujo. No deja de ser segregación pura y dura, y no he visto ninguna crítica. Y me inspiran tres millones de veces más respeto y consideración los almanaques mamachíchicos machistas de los camioneros y de los talleres mecánicos. La verdad siempre.




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21.7.12

Encrucijadas

o voy a hablar de los cruceiros, esas cruces de piedra que hay en los caminos de Irlanda y Galicia. Pero si me detengo un instante en las encrucijadas, ya que antes hablé de los laberintos. Creo que alguna vez leí que fueron uno de los lugares donde se reunían las brujas, como si tuvieran algo de especial no ya las brujas sino los cruces. Y es cierto que lo tienen aunque simplemente nos recuerden con su sola existencia que no hay solo un camino, sino más de uno. Luego hay caminos que van a dar todos al mismo sitio, como le pasa a las "budelleras" de Collserola. Siempre pensé que ese apelativo hacía referencia a la maraña de senderos y caminitos que hay tanto por la solana como por la umbría de la sierra, pero no, hace referencia a los bedolls, abedules que en un tiempo hubo en gran cantidad. De bedollera se derivó a budellera y de ahí no creo que vayamos muy lejos. 
Aunque no me guste perder el tiempo ni que me lo hagan perder, tampoco me gusta correr, firme como estoy en la convicción de que en realidad hay poco que hacer y mucho menos a toda prisa. Servidora sueña poco y casi siempre lo mismo: tsunamis. Hubo una época en que también soñaba con una casa hasta que a la vuelta de un viaje por Xurís, Orense, en un punto muerto de la conciencia, cuando salía del sueño profundo pero aún estaba un poco adormilada, me vi en mi propio salón, que reconocí como el del sueño, aquel al que siempre había deseado llegar. Si no hubiera estado medio dormida y con esa especie de jet lag que tengo cuando regreso de Galicia, hubiera visto mi salón como siempre y no con extrañeza. Pero ahora ya solo sueño con tsunamis, como si ya me hubiera deshecho de mi duplicidad de casas. Si mal no recuerdo al poco tiempo de saber que el salón existía de este lado de la realidad, en cuanto empecé a soñar otro día que iba a la casa del sueño fue para venderla. Y así resolví en el sueño lo que quedaba por solucionar. Las catástrofes marinas me temo que no tienen arreglo y que me acompañarán hasta el final de mis días. Debo decir que tras cada  ola gigante siento un cierto alivio porque sé que tras la tempestad viene la calma.
*
El estreno de "Batman" ("The dark knight rises", Christopher Nolan, 2012) ayer en Denver ya habrán ustedes visto como acabó, con una pequeña masacre. Aquí solo conocemos las de ETA. Les esperaba a la salida el autor, no de la película sino de la masacre, que iba vestido como el antagonista de Batman, Bane, un terrorista de la República caribeña de Santa Prisca. Yo siempre he sido más de Batman que de Superman y me fastidiaría mucho que me estropearan la película no ya con la "realidad" del tiroteo y los explosivos, sino porque dudo mucho que apareciera Batman para salvarnos y poner a cada cual en su sitio. Enterrarán a los muertos, curarán a los heridos, James Holmes será juzgado como un psicópata y Batman no aparecerá ni se le espera. Y si apareciera sería, como ustedes comprenderán, porque alguien mucho peor que Batman, Bane y El Joker juntos le usurpase su identidad.
La única vez que me presenté a un premio literario del que apenas diré cuatro cosas para preservar la (identidad) de los aludidos, se habían presentado más de 1000 relatos. Ese premio no volvió a celebrarse, cosa que desacredita un tanto -por no decir totalmente- sus dos únicas ediciones. En una revista, en los pies de foto sobre el evento de la entrega del premio, había  lo que creo que fue una buena parte del jurado: Joana Bonet, Ana Caballé, Ana Mª Matute, Carlos Castilla del Pino, Arcadi Espada, Carmen Fernández de Blas, Carmen Romero, Antonia dell'Atte, Lola Herrera, Agatha Ruiz de la Prada, Beatriz de Orléans, Carmen Rigalt, Nativel Preciados, Mercedes Milà, Lucía Etxevarría y Alina Fernández, la "escritora, hija rebelde de Fidel Castro" (¿de la República caribeña de Santa Prisca?). Como en el penúltimo post podría apelar a la famosa frase de la cruzada albigense: "Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos". 
Yo ya sabía hacía tiempo que mi relato no iba a merecer consideración alguna, porque había oído hablar en la radio a Joana Bonet, con un entusiasmo descorazonador, de su selección de relatos de mujeres maltratadas, celosas, con hijos drogadictos y así. Aquel mismo día di el asunto por acabado y lo olvidé. Pero al poco tiempo recibí la fotocopia de las páginas de la revista mencionada, con el fallo y el relato, y unas líneas de un conocido al que hace años le perdí la pista. De hecho, el relato ganador resultó ser sobre una infidelidad. Y la gracia del caso es que conocí la ¿verdad? del fallo del premio porque me lo contó el compañero infiel: "Recuerdas el concurso al que te presentabas [...] con "Fondo azul" [...] Pues este año la ganadora [...] fue mi compañera durante diez años [...] Bueno, no fue una infidelidad total [...] tuve que no decir la verdad [...] Ella lo vivió como un agravio [...] Espero que no te moleste con este relato de intimidades [...] la vida es todo un círculo". 
No creo ser más indiscreta de lo que fueron ellos (la narradora premiada y el compañero infiel) al reproducir parte de ese mensaje. Lo que no sabía mi amigo es que unas semanas antes de todo ello, el 19 de octubre de 1997, en el vestíbulo de la Filmoteca, a la salida de "Poussières d'amour" (Werner Schroeter, 1996), allí estaba Maria Mercè Marçal, aún inmersa en la belleza de la película, "un recull de nombrosos i bellíssims fragments operístics (de Mozart, Verdi, Bellini, Puccini, Well, Wagner, Bizet i molts més).. amb la intenció de demostrar que la veu és la principal eina en la recerca de l'amor". Al final de la película se oía "Casta diva". Fue la última vez que coincidí con la poeta. El día después de su muerte, en el Tanatorio de Les Corts, el 5 de julio de 1998, al final de las intervenciones de algunos escritores, sonó precisamente "Casta diva" en su homenaje. 
Lo que no sabía mi amigo, digo, es que la poeta y yo estábamos en la sala de la Filmoteca en la segunda sesión del 19 de octubre de 1997, en asientos muy distantes. Y no lo sabe porque aunque él también estuvo en esa sesión se marchó a los cinco minutos de empezar la película. Lo reconocí claramente en la penumbra como una sombra chinesca atravesando el resplandor de la sala durante una serie de fotogramas luminosos y acompañado de la mujer que salía como la ganadora en las fotos de la revista que luego me envió. No sabe que el 19 de octubre de 1997 nos cruzamos.

Es una pena, ahora que pienso, que en los concursos literarios no hagan como en el de Eurovisión o en los exámenes de oposiciones, ni que sea para contrarrestar la mala fama que tienen de estar pasteleados. Es decir, sería bueno que el tribunal puntuara los textos presentados. Me hubiera gustado saber si había quedado entre los 800 primeros o los 800 últimos. Como contrapartida a mi única (*) presentación ante un concurso literario me surgió años después la de participar en el jurado de unos premios de poesía en gallego. Leí con escrupuloso detenimiento todas las poesías y no me fue difícil elegir las tres que me parecieron mejores y de esas la mejor. Sin embargo, dudo mucho de que en los premios muy concurridos y en los menos, se lean todos los textos y en su integridad. Lo digo con la mano en el corazón.


NOTA: uo!ʇsәnɔ ɐɹʇo ɐunƃu!u uә oʇuәʇu! opunƃәs un oƃɐɥ ou әnb ɐ| ɹod uozɐɹ ɐɯs!ɯ ɐ| ɹod o!ɯәɹd unƃu!u ɐ әɯɹɐʇuәsәɹd ɐ oʇ|әnʌ әɥ ou


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18.7.12

Post 841: La sucesión

"El sudor chorrea, los dedos están rojos -toco
 con todo mi cuerpo, con todas mis fuerzas, que no son
 pocas, con todo mi peso, toda mi presión y, sobre
 todo, toda mi aversión por el piano. Veo la
 muñeca, que cuando mamá era niña debía
 mantenerse en una sola línea (¡de tensión!)
 con el codo y la primera articulación de los dedos
 y tan inmóvil que no se derramara el café hirviendo
 (¡aprecien la perfidia!) de una taza de porcelana
 de Sèvres puesta encima, o no rodara un rublo
 de plata, y que ahora que yo soy
 niña -ha de mentenerse en perpetuo movimiento
 de soltura en una alternancia de inclino
 y abandono, para que la mano que toca, en conjunto
 con el codo, la muñena y las yemas de los
 dedos, parezca un cisne que bebe"
Marina Tsvietáieva, Mi madre y la música.


n cuanto la madre de Marina Tsvietáieva, que hubo de ser una gran poeta y una gran exiliada, se fue al otro mundo, la niña dejó de estudiar 4 horas diarias de piano (dos por la mañana y dos por la tarde) y dejó de sufrir la presión de tener que hacer algo por lo que no tenía tanto interés como su madre ni mucho menos. Reparo en esa mención a los cambios en la disciplina pianística, aunque sé que los métodos para el instrumento, como para cualquier otro, cuidan mucho que no haya una curvatura de sobrecarga de la muñeca. A pesar de eso, porque hay malos profesores y autodidactas mal informados, padres mal aconsejados, hay aún hordas de niños aficionados a la música que se maltratan las muñecas, se destrozan los canales carpianos y luego acaban por no poder estudiar no ya  dos horas sino ni siquiera media.
El caso totalmente opuesto es el del niño prodigio Michael Andreas Haeringer. Ahora tiene 11 o 12 años por mis cuentas pero a los 4 pidió a sus padres un piano y a los 8 su profesora en Luthier (Barcelona), en un gesto de honestidad profesional, dijo que el niño merecía un profesor mucho más adecuado para su talento especial. "La Vanguardia" lo sacó en sus sábanas por entonces no sin dejar de recalcar que entre sus antepasados estaba el compositor Listz y una instrumentista, Sofía Mentemiño. Con tal motivo que enteré que Glenn Could es un descendiente de Edvard Grieg. Es bien posible que tanto como heredamos el color de los ojos se pueda heredar el talento, incluso aunque las condiciones familiares no sean las óptimas. Y es que, como vemos en el caso de M.A. Haeringer, sus padres no solo no tenían formación musical sino que tampoco se la habían inculcado. 
Otra cosa es detenerse a ver la extracción social de los artistas, cosa nunca ha sido apreciada al menos por los lectores de este blog. Me he quedado sola como la una en varios temas pero en el que me sorprende más es en ese, que yo veo y vivo con la mayor claridad. Aunque ya sabemos que la claridad a veces es un fogonazo en plena confusión, en este caso, siguiendo con el canal carpiano, no doy mi brazo a torcer. Ayer por ejemplo, por razones que no son al caso me coincidieron dos escritoras de mis latitudes, mayores, pero ambas hijas de ilustres letrados. Lo adverso que le veo al asunto no es que puedan gozar de determinadas o indeterminadas ventajas sociales para acceder al mundo en recesión de la edición, cuestión que podríamos seguramente ilustrar a destajo. Lo adverso que distingo es que la literatura que procede de una determinada franja de la sociedad, de un determinado grupito de escritores que como es natural reflejarán lo que han vivido, está cargada de sus tics y aspiraciones. El paso por la Universidad en mi opinión a veces incluso es nefasto porque perpetúa unos esquemas y un vocabulario y una manera de resolver  los planteamientos donde la vida solo llega de una forma amortiguada, domeñada y trufada de clichés, tópicos y acomodos, incluso aunque lo sean al progresismo. 
No estoy puesta -ni poco ni mucho- en la literatura de mis contemporáneas, no me suscita gran interés. Y sin embargo, cuando leo u oigo elogios sobre el sentido del humor de Eduardo Mendoza o lo bien que escribe Marías o Muñoz Molina me quedo extrañada y como esperando alguna añadidura. Nunca la hay ni yo la pido. Eduardo Mendoza no me ha producido ni una sonrisa nunca. Y con eso no quiero decir que no merezca todos los respetos y hasta sus premios. Reír lo que se dice reír solo me he reído hasta donde yo recuerde con Plauto, Quevedo, Cervantes, Cela, Torres Villarroel, Gerald Durrell y Terenci Moix. Al lado de lo que digo también afirmo que me parece muy bien y que es estupendo que haya gustos para todo. Pero de ahí a entenderlo va mucho. 
Lo que sobre todo me aleja de la lectura de los contemporáneos es su extracción social, la cual ni siquiera se deja ver abiertamente, ya que nuestra literatura por lo que sé tiende a la fuga tanto en el tiempo como a la evasión en los viajes más o menos exóticos. No sé qué imagen quedará de la España actual a nuestros sucesores. Me gustaría poder hablar no ya de una literatura comprometida sino de una literatura responsable. (*)
Marina Tsvietáieva (yo pronuncio Esbietáieva) pronto no tuvo que llevarse a su loza de Sèvres, porque paso mucha hambre, pero en sus escritos autobiográficos y en su poesía deja ver esa formación musical. O eso o que sus traductores han hecho su trabajo con dificultades o a mí me ha llegado mal por mis propias limitaciones. Con todo, ya desde pequeña le parecía más "natural" el lenguaje por antonomasia que el lenguaje musical (*) y eso me hace pensar mucho porque yo diría que su adquisición es la misma, solo que nuestro mundo está lleno de letras y letreros, mientras que el lenguaje musical solo lo ven los que lo tienen que leer para interpretarlo. A lo mejor la vida del escritor actual está rodeada de música y puede que haya más de uno que trabaje con música (con discografía), pero la escritura musical es poco menos que un código secreto para la mayoría.

(*)
"Y, sin embargo, para las notas era demasiado pronto. Si los cinco años aún no cumplidos no son en absoluto pronto para las letras, -yo leía con soltura desde los cuatro y conozco a muchos niños así,-  para las notas, esos mismos cinco años aún no cumplidos sí son indiscutible y abominablemente- pronto. La relación notas-teclado es tanto más compleja que la relación letras-voz, cuánto más compleja es la tecla que la propia voz. Hablando con imágenes: desde una nota se puede no caer en la tecla correcta, pero es imposible, desde una letra, no caer- en la voz. Y, hablando con entera sencillez: si entre el teclado y yo se alzaban las notas, entre una nota y yo se alzaba el teclado, que se perdía constantemente- a causa de la partitura".

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(*) Post scriptum (7 de septiembre de 2012): Aunque en el post de Hernán González he tenido ocasión de ampliar la frase que él reproduce, en el formulario de comentarios, como no se publican -cosa que no solo es del todo respetable sino incluso aconsejabilísima- vengo acá a dejar constancia. Para mí el compromiso puede implicar la adhesión a una ideología, incluso clientelarmente, de forma abnegada y hasta pasiva, sin cuestionamientos, por afinidad o deudas adquiridas con un régimen, mientras que la literatura responsable además de que se atiene a las consecuencias, se propone siempre aunque sea modestamente abrir y desbrozar caminos. Como es natural todo ello son palabras y las palabras tienen en este caso el significado que coyunturalmente les hemos querido dar.

17.7.12

Justos pecadores

"Soy quien te ayudó a comprar esa vivienda que tanta ilusión
te hacía. Acudiste a mí para que te ayudara
en tus cálculos. Pensamos juntos en la mejor manera de hacer
 frente a tan importante paso. También soy la persona a la que fuiste a
solicitar ese préstamo para poder iniciar tu
negocio. Estaba disponible por la mañanas y para ti,
muchas tardes. Yo soy de carne y hueso como tú, tengo
mis días buenos y mis días malos.
Mi familia es lo más importante y por eso todos
  los días me levanto temprano y voy a abrir
la sucursal bancaria. Voy a trabajar, solo a trabajar
y a hacer las cosas lo mejor que sé. Ha pasado muchísimo 
dinero por mis manos (efectivo, cheques, transferencias) y en 30 años que 
llevo trabajando no ha habido ni un segundo
en que pensara que ese dinero era mío. Porque sé que es tuyo
 y te lo has ganado con mucho
esfuerzo. La vida da muchas vueltas y hoy todos
hablan de mí. No soy el culpable de esta
situación o, mejor dicho, quizá no sea el único culpable.
Todos deberíamos aprender de nuestros errores.
Recuerda  que no soy banquero.
Soy un simple bancario.
J.G.J. Valencia".

sta carta ha merecido el premio de una estilográfica Delphos Ebano la semana pasada, en el magazine del ABC. La reproduzco íntegramente y nunca con tanto gusto he alineado la cita a la derecha como tengo por costumbre, porque así lo asimilamos a la rima libre  y a un tono muy sentido y vibrante con girones de sobrecogimiento y artillería de suspiros. Me darían ganas de poner la sintonía del anuncio de La Caixa ("From me to you" en la versión de Sound Garden), esa imitación del de John Lewis. Y sin embargo quiero creer que J.G.J. es honrado u honrada. No concibo que alguien que no lo sea escriba esa carta de la semana. Pero todos conocemos empleados bancarios que no abren la oficina a su hora, y que no son de carne y de hueso, porque de otra manera no hubieran convencido a nadie para que adquiriera unas participaciones preferentes con vencimiento dentro de 8000 y pico años. Admitamos si quieren que en el asunto de las participaciones preferentes se ha dado una situación como la de aquellos timos de que el que lleva la iniciativa se gana la confianza de alguien codicioso que además se cree muy astuto y hacer el negocio del siglo. Pero quien más quien menos todo el mundo piensa que los que subscribieron ingenuamente esas bazas no garantizadas y al 7% según tengo entendido, lo hacían porque confiaban en el personal de las oficinas de cajas o bancos en los que tenían sus ahorros desde hace muchos años.  Quien más quien menos todo el mundo sabe que se trataba de ahorradores, no de inversores. 
En el caso de "La Caixa", una de las entidades que ofrecía estos productos infames, es muy llamativo que en los últimos meses ha procedido a hacer traslados de directores de sucursales. El de la calle tal se va a la plaza tal y cual y el de la plaza tal y cual a la avenida pascual, ilustrando la famosa frase de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, cambiando todo para que todo siga igual. Esa estrategia es tan diáfana como la de la sordera contumaz de los cajeros cuando quieres cancelar una cuenta corriente y moliente, aunque solo tenga 5 €. En Barcelona les montaron una cacerolada ante el edificio de la Diagonal, aunque la cosa empezó con el fiasco de las preferentes, se unieron oportunistamente los indignados y al final la cosa se transformó en una protesta de los desahucios, que son otras guerras
Aline Griffith, Condesa viuda de Romanones, no hace nada nos dio su punto de vista sobre la polémica del safari del Rey en Botsuana: "El Rey va de caza para coincidir con los que invierten en España". Y puede ser. El atracador llamado "El Solitario" se mostró como un Curro Jiménez moderno. ¿Quién lo dudaría? El ex-conseller Jordi Ausàs (Esquerra Republicana de Catalunya) ha sido imputado de un delito de contrabando en un negocio de más de 300.000 euros. Aunque su partido le ha dado de baja temporalmente también es verdad que ha justificado su delito como respuesta ilícita al "expolio fiscal" [sic] a que está sometida la comunidad autónoma. El Partido Popular a su vez ha censurado el exabrupto de Andrea Fabra el otro día en el Congreso de los Diputados, del que ella en primera instancia se disculpó (?) diciendo que no iba dirigido a los parados sino a la bancada socialista. No me digan si no es un cacao.
Al final hay que perdonarlos a todos o como dicen que se dijo durante la cruzada albigense contra la herejía cátara: "Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos". 

Theobroma cacao (Fotografía: Rolando Pérez)

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13.7.12

El patio de mi casa

El patio de mi casa es particular
cuando llueve y se moja como los demás.
Agáchate y vuélvete a agachar
que las agachaditas no saben bailar.
Hache, i, jota, ka, ele, eme, ene, a,
que si tú no me quieres
otro amante me querrá.
*
a ven, el Álbum del tiempo lo mismo lo es de los tiempos que corren, alla mia maniera, como de los que se fueron y pensamos que no queda constancia. De ahí la serie sobre el Paleolítico Superior (I, II, III) en la que intenté reconstruir el mapa de lo que ya no queda de mi barrio de origen, en gran parte demolido. Como Pessoa y no porque lo dijera él, concibo que el recuerdo es una traición a la naturaleza ("A recordação é uma traição à natureza"), pero como hice en otro lugar también concibo que podríamos creer que los pronósticos son una aberración de la inteligencia, incluso una entelequia embaucadora y agarrotadora. Ya no digamos el progreso, todo aquello. Fíjense que en los terrenos donde mejor se mueven los mentirosos y los embaucadores, es en el pasado y el futuro; se diría que en el presente se sienten como sobre la punta de un puñal, y no les falta razón.
Nunca pensé que vería desaparecer no ya mi infancia, que eso sí, sino todo cuanto representaba entonces ser una niña o un niño. La cancioncilla del preámbulo rectángulo estaba entonces en todos los repertorios. Como yo crecí en un barrio plagado de emigrantes, pude tener un repertorio muy extenso que, gracias a la buena memoria de que gocé hasta hace prácticamente 3 años, y al prodigioso libro de Gabriel Celaya, La voz del niño, he podido conservar vivo bastante bien. Hacia los 9 años me junté con un grupo de scouts, que ya se sabía que eran unos focos de catalanismo y catolicismo kumbayá. De ahí que pudiera incorporar a mi repertorio de jitanjáforas y sonsonetes y retahílas de comba aquella colección de música del mundo que traducidas rigurosamente al catalán nos llegaron a mares. Muchas norteamericanas, tan bien traducidas que poca gente sabe que no son en realidad del folklore "nostrat". Por ejemplo "La vall del riu Vermell". Y mira que el título lo dice bien claro.
La música siempre estuvo presente en la calle, donde me crié y jugué hasta el hartazgo, que era nunca. Lo más normal cuando caía el sol era empezar a ver cabezas que asomaban a las ventanas y llamaban a los niños de cada casa."Como te tenga que bajar a buscar verás". Bah, nada, todo lo más que pasaba era que te daban un cachete o dos y te amonestasen con observaciones del todo desagradables y mal temperadas, como "Mira como te has puesto", "¿te has visto?, limpio de esta mañana y lleno de mierda hasta las orejas, ¡pasa!, te voy a dar cuando lleguemos a casa". Más que nada era la vergüenza de que te vieran los compañeros de juego y los amigos. Era abochornante.
Yo inventaba mis propias cancioncillas. Era muy robinhoódica y no podía soportar que se metieran con alguna amiga mía que por ser gorda, tonta o las dos cosas fuera objeto de mofa y befa. Así que me liaba a patadas o a puñetazos y cantaba canciones de tono satírico con rima asonante contra el acosador. Versillos de 7 sílabas y de ningún vuelo lírico, ya digo. Si acaso serían como en la lírica galaico-portuguesa, de escarnio e maldezir. No recuerdo, por decir algo a mi favor, que luego le guardara rencor a nadie ni que usara mi haber como un debe. Era un eterno verano, de cielos azules, siempre corriendo, porque todo lo hacía corriendo. Tanto, que cuando iba al colegio lo hacía dos veces porque llegaba demasiado pronto. Mi madre me chillaba mientras salvaba los rellanos de 5 en 5 peldaños y más: "¡El abrigo!". Me lo colgaba del brazo o arrastraba. Al final un día me lo tuve que poner y las mangas me iban por los codos.
A lo que más jugábamos las niñas era al escondite, a princesas, a enfermeras, a las gomas, a la comba, a correr, a la charranca (rayuela), al potro (cavall fort) y a ir a "la bòvila" a escondernos en una especie como de cabañas que hacíamos con cartones y maderas. La "bòvila" debía tener el nombre por haber sido en algún día un yacimiento de arcilla o un horno de barro. En la zona la tierra es rojiza, preciosa, pero me temo que inservible para el cultivo. Conservo un pedazo de aquella tierra (*). Cuando íbamos nosotros estaba rodeado por una valla hecha con láminas de cemento ensartadas en unas guías también de cemento. Los niños a veces cazaban gatos, los metían en un saco y los quemaban vivos, pero aparte de eso y que nos secuestraban para acercarnos lagartijas mutiladas a la cara, no se puede decir que fueran crueles por demás. A mí lo de las lagartijas no me producía horror alguno, aunque me daban pena, pero amigas mías había que gritaban aquesta quedarse azules.
Había juegos más reposados, como picar cromos troquelados o las canicas. Nunca supe que era "hacer guá". Yo era más que mala jugando a los cromos y además no tenía para comprar. Las niñas ponían sus nombres detrás y todos cuantos ganaba yo tenían cualquier nombre menos el mío. Nunca tampoco me molesté en renombrarlos porque total los perdía enseguida que los jugaba. Los niños que sí eran buenos jugando a los cromos de picar, no se crean, se cansaban de acumular tantos y un buen día convocaban a toda la chiquillería bajo su ventana y aquello era el principio de una lluvia muy parecida a un maná bajo el palio del cielo más azul que nunca más he vuelto a ver.
Podría explicar más cosas, pero siempre hay que guardarse algo, no usarlo todo y no darse la vuelta entera como se les da la vuelta a los calcetines. Pero quisiera añadir que la imagen de hoy me parece una monstruosidad o, alternativamente, una pena. ¿Qué demonios es? ¿Un canto a la propiedad privada y al individualismo?

Foto: Aaoiue

(*) A Poussin, o normando | pedíronlle o agasallo máis fermoso | do mundo antigo | para un museo de Roma. | Non perdeu unha hora. | Elixiu unha presa de terra. | Esa materia estraña, | esa masa de sombras | que leveda coa aurora. | Un puñado de terra, | una cotra de sangue, | unha pútrida alma salgada | co po de mármore das estatuas. | Unha presa de terra, | un rescaldo de invernos, | o mundo antigo a soñar | na elevación da estruga, | da herba do cego,| no molde dunha man. Manuel Rivas, "Herba do cego", A desaparición da neve.

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