29.7.10

Jetlag


Poema de Joan Brossa
*
Podría haber elegido como título “Muslamen” o “Cultureta” o “Meloncete”, palabras todas ellas que se han incorporado hoy (es un decir) al DRAE, pero he elegido una  que uso, jetlag. No estoy muy de acuerdo con la definición que da el Diccionario, pero es que tampoco le concedo más valor que el lexicográfico a la labor que hacen las Academias de la lengua española.  Además, el hecho de que una sufra de jetlag hasta cuando viaja entre Galicia y Cataluña es algo irrelevante y personal. A pesar de que los vuelos de lujo, el uso del oxígeno y  el ozono y hasta del viagra, para lo mal que le sienta al cuerpo esa violencia a los biorritmos han tenido una notable y contrastada eficacia, no deja de ser un desarreglo y un fastidio.
La primera vez que yo fui a América me arrepentí en el acto  -en el acto de llegar al aeropuerto José Martí- y me di cuenta de que no tendría que haber ido. Me explico: de repente fui consciente de que al haber hecho ese viaje el mundo conocido se me había hecho mucho más pequeño de lo que en realidad ya es.  Mi error, como la mayoría de los que yo cometo, era irreversible. Ya estaba allí, en La Habana. Era el año 1989.
Ahora sé que el llamado “cambio horario considerable” y el jetlag tiene su complemento en otro trastorno. Al principio me hacía gracia esa especie de relevo que observé en la blogosfera que permitía que cuando en esta parte de la Tierra nos íbamos a dormir, en la otra parte poco más o menos empezaban a despertarse, de manera que la cosa siempre estaba vigil. Y sin embargo esto de que “nunca se ponga el sol” en la blogosfera hispanófona es algo le quita valor a la noche, a la necesidad de estar “desenchufados” y hasta al apagón de los sentidos, al descanso. Al merecido descanso y al que no lo es, qué caramba.
Propongo también hoy pues otro tema que no está en la cresta de la ola, sobre todo porque con lo que ha costado que la palabra jetlag llegar al DRAE en su vigésimotercera edición, para que llegue su complementaria habrá que esperar no sé si un par de ediciones o tal vez tres. O más aún puesto que yo sepa ni siquiera existe aún la palabra.  Hay demasiadas cosas  ya para las que no hay palabras.
Ayer encontré en la capilla del Monasterio de Pedralbes una estampita como la que reproduzco. Pero no ponía a qué santo o santa representaba. Así que tuve que identificarla (sacar su nombre) por sus atributos. Lo primero que deduje es que era una mujer virgen, que por el manto rojo y la hoja de palma podía además ser mártir y todos los demás atributos me desconcertaron sobre todo por su número.  Me acordé entonces del naipe del poeta Joan Brossa, el rey de bastos  de la baraja española con el número trece en las esquinas usuales en vez del doce.  El rey de copas de la baraja española también lleva espada, siendo como es que las copas y las espadas simbolizan dos palos diferentes y dos estados. El significado de cada palo  y de cada naipe está profusamente y abrumadoramente representado en internet, aunque yo en estos temas me guío por José Antonio Portela. Hasta que no vi el rey de bastos de Brossa no me di cuenta de que llevaba espada. Mientras que lo del trece, que es donde está la poesía, me parecía un añadido.  Fue por serendipia pues por lo que advertí algo que siempre había estado ahí. Encontrar la estampita de la capilla de las clarisas con una mujer portando  un cáliz y una espada (como el rey de copas poco más o menos) me pareció bien extraño.  Recargado. Buscando encontré que se trata de Santa Bárbara, cuya iconografía es rica en símbolos y que está asimilada incluso a la orisha del rayo Changó en el sincretismo  yoruba. La Wikipedia explica el significado de cada atributo.
Cuando volvía hoy a casa, por serendipia o por casualidad o por lo que sea, me he encontrado un naipe de póker, el rey de diamantes, que en la adivinación si no me equivoco se asimila al rey de oros. El día que hubo el atentado del World Trade Center encontré dos reinas, la reina de picas y la reina de corazones. Eso que tiene de menos la baraja española, que no tiene reinas, pero tiene caballeros.

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28.7.10

Sherezade

Santa María de Pedralbes. Monasterio de las clarisas (Barcelona)


“Cada vez que encuentro una, echo su contenido en un árbol. No sé cómo es el género de personas que abandona botellines de agua, no sé si tiene que ver con alguna deficiencia física o psíquica. No sé tampoco si hay una explicación más allá del hecho de que son envases con agua desechada por haberse calentado y porque ya ha colmado una sed sin demasiadas aspiraciones” (El pequeño viaje, *A la flor del berro, 8 de agosto de 2007)
“Pero la mayoría justifican la frase de [¿Bernard?] Berenson: «Lo que se escribe después de los sesenta años no vale más que el té que se hace siempre con las mismas hojas»” (Simone de Beauvoir, La vejez)

espués de mi propia aportación al cúmulo de redacciones sobre “La vaca” y prácticamente agotado el tema de las flores del melocotonero y el brocado chino, tengo que volver al viejo asunto de los botellines de agua abandonados por doquier. Fue uno de los primeros posts que escribí en este blog. Y sin embargo, las personas y la gente en general siguen tirando botellines de agua a medio consumir y hasta garrafas de 5 litros o botellas de a litro y medio porque ya no están frías.  Lo que escribí ha sido inútil. Y esta servidora sigue agachándose para recogerlas y abocar su contenido en los alcorques del sufrido arbolado de Barcelona. Es lo que se me ocurre que se puede hacer. Hay botellas a las que apenas se les ha dado un trago al gollete. Yo no sé si es cierto que dentro de unos años Madrid tendrá que padecer las calores de Sevilla y Sevilla las de Tuxon, pero lo que sí sé es que me parece criminal que se desperdicie el agua y que se la trate de esa manera. Yo no sé tampoco si todo el mundo es capaz de apreciar la sed que nos presentaba Antoine de Saint-Éxupery en La citadelle, un libro de gran belleza, pero más o menos todo el mundo ha tenido alguna vez sed. Ni que sea después de una resaca o de un  bocadillo de jamón mal curado, ya no hablo de la sed del santo cansancio después de haber excavado o pintado, o simplemente después de haber pintado una pared cualquiera, medianera.
Así que mientras echen botellas prácticamente llenas de agua por ahí, yo seguiré -si tengo salud- echando su contenido en los alcorques y de vez en cuando lo recordaré aquí cuantas veces lo considere necesario.
La frase de Berenson que he conocido a través de Simone de Beauvoir no la puedo acabar de subscribir. Es cierto que los escritores siempre escriben el mismo libro o el mismo texto, pero los hay que primero recuelan el té, después enseñan la tacita, luego el plato de la tacita y así indefinidamente como el cuento de nunca acabar, como Sherezade contando sus historias al Rey Shahriar mil y una noches. Además una buena historia gusta oírla no una, sino mil veces.
La frase de Berenson me recuerda también el diálogo del prestidigitador y el director de El público, de Federico García Lorca, que reproduzco:

“PRESTIDIGITADOR. Cuando dice usted amor yo me asom­bro.
DIRECTOR. Se asombra, ¿de qué?
PRESTIDIGITADOR. Veo un paisaje de arena reflejado en un espejo turbio.
DIRECTOR. ¿Y qué más?
PR ESTIDIGITADOR. Que no acaba nunca de amanecer.
DIRECTOR. Es posible.
PRESTIDIGITADOR. (Displicente y golpeando la cabeza de ca­ballo con las yemas de los dedos.) Amor.
DIRECTOR. (Sentándose en la mesa.) Cuando dice usted amor yo me asombro.
PRESTIDIGITADOR. Se asombra, ¿de qué?
DIRECTOR. Veo que cada grano de arena se convierte en una hormiga vivísima.
PRESTIDIGITADOR. ¿Y qué más?
DIRECTOR. Que anochece cada cinco minutos.

Donde el prestidigitador y el escritor dicen “amor” podemos poner cualquier cosa. Bien, “botellín de agua”, no. O sí…, anda, prueben, prueben.  La cuestión es que hay que seguir.

Transcribo aquí para acabar (por hoy), puesto que no es fácil de encontrar el libro, otro fragmento de La vieilleuse de Simone de Beauvoir que tan bien nos habla del equilibrio o la tensión de los escritores en su deseo de comunicarse y en las cosechas de incomprensión que obtienen:
«Escribir es, pues, una actividad compleja; es, con el mismo movimiento, preferir lo imaginario y querer comunicarse; en esas dos elecciones se manifiestan tendencias muy diferentes y a primera vista contrarias. Para pretender substituir el mundo dado por un universo inventado hay que rechazar agresivamente aquél; quien se mueva en él como pez en el agua y considere que todo cae de su peso no escribirá. Pero el proyecto de comunicación supone que uno se interesa en el otro; aunque haya enemistad, menosprecio en la relación del escritor con la humanidad -si escribe, como Flaubert, para desmoralizarla o para fustigarla, reprocharla, descubrir su ignonimia-, pretende ser reconocido por ella; si no, su proyecto mismo de denunciarla quedaría condenado al fracaso y no tendría sentido; por el acto de escribir le acuerda más valor que en sus declaraciones verbales. La desesperación absoluta, el odio radical a todo y a todos sólo se avendría al silencio.
El proyecto de escribir implica, pues, una tensión entre un rechazo del mundo donde viven los hombres y cierto llamamiento a los hombres; el escritor está a la vez contra ellos y con ellos. Es una actitud difícil; implica vivas pasiones y, para ser sostenia mucho tiempo, exige fuerza (Simone de Beauvoir, “Tiempo, actividad, historia”, La vejez)».


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Más cerca, más lejos


“Joven decadente” (Ramon Casas, 1899)



a tuvimos ocasión por aquí de comentar algo sobre algunos artistas del Modernisme catalán. Recuerdo una referencia detenida a Raimon Casellas, el post dedicado a Joan Maragall y su biblioteca personal, uno sobre la pintora Lluïsa Vidal Puig, que había pintado muchas obras en principio atribuidas a su marido, Ramon Casas.  Me gusta el autorretrato de Lluïsa Vidal. De los pintores modernistas catalanes el que más me gusta es Isidre Nonell, sus gitanas. También Rusiñol. Y el cuadro más decadentista de Ramon Casas, con ese verde verdín y regurgitado que se pone una mala solo con mirarlo, el de la “Joven decadente”. En serio, el cuadro es una buena muestra de la pintura modernista. También es cierto que le dedicamos un post al adefesio de la Sagrada Familia hace ya de esto dos veranos, y es que los temas desagradables hay que tratarlos cuanto antes mejor.
Cuesta creer que hace unos años los turistas que se arrimaban a Barcelona visitaban la estatua de Colón, el Barrio Gótico, las fuentes luminosas de Montjuïch, el Tibidabo y poco más. Pero es así y lo prometo por la salud de mi canario. El reconocimiento  y explotación del Modernismo no lo podemos situar antes de los años 80, y ahora arrastra hordas de visitantes que admiran sobre todo los edificios, numerosos, que hay en la ciudad.
Los edificios modernistas son los testigos y la prueba de una época con un tejido social y económico vigorosos, expansivos; también del tirón de París. Del Modernismo nos gusta que aunó la técnica, el arte y la artesanía y afectó a las llamadas artes tipográficas, a la orfebrería, a las artes decorativas  y a oficios relativos a materiales no duraderos  (como la madera, el papel y el vidrio). No se puede olvidar que también hubieron  numerosos compositores e intérpretes como nunca se ha vuelto ha dar. Todas las razones del Modernismo se vieron, en mi opinión, refrendadas por la reacción del movimiento que le sucedió, más sosegado y clasicista, el Noucentisme. Y es que es verdad que por admirables que nos parezcan las formas voluptuosas modernistas y la indagación en la espiral y en las enseñanzas de la naturaleza, es bien verdad que los sentidos se cansan. La sensualidad tiene su momento de exaltación y su momento de hartazgo. Hasta la tierra, cuando llueve mucho o mal, llega a ese punto que aquí llamamos de marciment (“de marchitamiento”), en que no es capaz de tragar ni dragar ni una gota más y se forma un charco atascado.
Hay que reconocer, sin embargo, que gracias a los numerosos edificios que hay por Barcelona, la mirada puede recrearse. Y el cielo de Barcelona se recorta y lucen más los atardeceres amontillados y las mañanitas de abril, “que son buenas para dormir”, gracias a que los pináculos y los tejados forman algo más que un skyline en la distancia corta, no como el que se ve en los últimos años desde el mar, abierto a la fotogenia panorámica.
El título del post es un recuerdo de “Tan lejos, tan cerca” (Win Wenders, 1993),  la secuela de “El cielo sobre Berlín” o “Wings of desire” (1987). Berlín es hoy arquitectónicamente hablando la ciudad más vanguardista de Europa.

Colección de imágenes de edificios modernistas en Barcelona


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25.7.10

No hay peor ciego


Foto: net. Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela
(Maestro Mateo, 1188)

¡Védeos!, parece
que os labios moven, que falan quedo
os uns cos outros, e aló n´altura
do ceu a música vai dar comenzo,
pois os gloriosos concertadores tempran risoños os instrumentos

Rosalía de Castro

No hay peor ciego que el que no quiere oír.


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23.7.10

Gracias, niebla


Fotografía tomada en la Granja M. Viader (Carrer d’en Xuclà 4-6, Barcelona)

No summer sun will ever
dismantle the global gloom
cast by the Daily Papers,
vomiting in slip-shod prose
the facts of filth and violence
that we’re too dumb to prevent:
our earth’s a sorry spot, but
for this special interim,
so restful yet so festive,
Thank you, Thank you, Thank you, Fog
W. H. Auden, “Thank you, Fog”, Thank you, Fog (*)

la vista de la foto que encabeza el post tal vez el poema que se sugeriría sería más bien aquel otro también de Auden: “¿Quién que muriera el mil novecientos sesenta y cinco merecería más honores que Lark, una vaca / Que dio a la humanidad unos ciento quince mil litros de leche?”. Pero este post es en parte una respuesta al post de Manolotel titulado “Dos poemas para agosto” y en especial al poema titulado “Bienvenidos”, a pesar de que estoy casi segura que no lo he llegado a entender. Lo que he creído entender es que quien creó a las criaturas las hizo libres e iguales (?) pero luego se ha desentendido de ellas porque se encuentra cansado. Yo es que esas ideas ya he dicho que me cuesta mucho asimilarlas. Pero admito que lo que me pone del revés es el cinismo y en “Bienvenidos” cinismo no hay.
Así como la indefinición de aquel hermoso verso de las Coplas manriqueñas (“dio el alma a quien se la dio”) me parece impecable en forma y fondo, la de “Bienvenidos” me parece una mera provocación. Mi posición ante el tema del frío y los calores y las calamidades humanas es más la de Auden: que detrás de los “sucesos inmundos y violentos” no hay un creador cansado sino la estupidez humana que no cede, que nunca ceja.
La fotografía la tomé esta mañana en la Granja M. Viader, que es de los pocos establecimientos que están intactos desde la época en que yo fui feliz e iba a estudiar al edificio del antiguo Hospital de la Santa Creu, hoy casi totalmente ocupado por la Biblioteca de Catalunya. Las granjas de Barcelona son establecimientos en que se pueden comprar y degustar productos lácteos y la repostería asociada (croissants, ensaimades, brioixos, magdalenas, pà de pessic, etcétera). La Granja M. Viader se originó el año 1870, con la demolición de las antiguas murallas que rodeaban la antigua Barcelona y en los años que precedieron a la Exposición Universal. La primera propietaria se llamó Rafaela Coma. Marc Viader procedía de Cardedeu (un pueblo de la comarca del Vallès Oriental, en la provincia de Barcelona). Se hizo con el negocio en el año 1910. Tal vez poca gente habrá oído hablar de la Granja Viader, pero si decimos que el año 1925 Viader fundó Letona, S.A. (como central receptora de leche de toda Cataluña), es posible que el nombre resulte mucho más familiar, aunque -valga la redundancia- desde los años setenta ya no pertenece a la familia. Otro producto famoso que procede de este emprendedor admirable es Cacaolat (1931). Cuando pienso lo mucho que han hecho el consumo de la leche y la demolición de las murallas por mi ciudad, se me ponen los pelos como escarpias de agradecimiento.
Esta mañana he ido a desayunar a la Granja M. Viader. El camarero no me ha sabido dar razón del significado de la frase “70 H” al lado de “Vaca Metje“, y la actual propietaria, Mercè Casademunt (descendiente de Mercè Viader y Jaume Casademunt), no se encontraba por allí en ese momento. Tampoco ha sabido decirme el camarero de la fecha de la proeza de la vaca Metge, que no sé si es comparable a la productividad de Lark, la vaca de que habló Auden. Después están las vacas de los masai, las pobres, que esas después de dar su leche reciben un cortecito en la yugular para hacerle una especie de cacaolat a los niños muy nutritivo.
Mi bisabuela, Carmen de Pedro (porque era hija “de” Pedro, no porque fuera hidalga, claro), tenía una vaca. Vivía en una aldea llamada Ínsua, adscrita a Finisterre. Mi madre iba a dormir a la casa de su abuela y así por la mañana tomaba unas “papas”. Es decir mi bisabuela Carmen le molía unos granos de maíz con una muela de piedra manual (que es lo único que por cierto queda en pie de su casa) y le echaba por encima una cuarta de leche recién ordeñada. No sé si me explico. Es que si mi madre no comía eso generalmente no había nada más.
Podría seguir hablando yo del esfuerzo admirable de los emprendedores de nuestro país y de otros, podría hablar de Metge y de Lark, de las  vergonzantes explotaciones ganaderas intensivas de hoy en día, pero es que -como la mierda de dios pusilánime que presenta Manolotel- estoy cansada y les dejo con una imagen de esas que valen más que mil palabras y si quieren me dicen quien ha hecho lo que se ha hecho en Benidorm. Y si no quieren no me lo digan.



“Así llama Greenpeace a la ex villa marinera de Benidorm (Alicante). A su juicio, es el “estandarte del boom urbanístico en la costa con sus torres de hasta 52 plantas”. Con 1.800 habitantes por km², ha aumentado en casi un 600% su población censada en 30 años, cifra que asciende a un 4.000% en la época estival. Las últimas construcciones en añadirse a este laberinto de cemento y hormigón han sido dos torres de 42 y 35 plantas en el Parque Natural de Serra Gelada”. (El País)
Gracias, niebla.
___________
(*) Ningún sol estival logrará nunca | disipar la total oscuridad | vertida en los periódicos, | que vomitan en una mala prosa | los sucesos inmundos y violentos | que la estupidez nos impide prevenir. | Nuestra tierra es un lugar triste, | pero por esta tregua especial, | tan sosegada y sin embargo tan festiva, | gracias, gracias, gracias, Niebla.

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22.7.10

11 | Oh cielos

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Uno y uno son tres


“La dama del abanico” (Diego Velázquez, 1635) (Colección Wallace, Londres)
*
A Araceli Pombo

El retrato de “La dama del abanico” no es muy conocido que digamos. Los datos que arroja la Wikipedia sobre la mujer son muy atractivos y lo que no sé es cómo aún no se le ha ocurrido a los del terciarismo una película o una novela histórica entorno a su identidad:
“Se desconoce con certeza y los expertos discrepan sobre la identidad de la mujer que protagoniza el lienzo, bien podría ser Francisca Velázquez, hija del pintor, alguna meretriz de postín, o alguna noble castellana aunque en el año 2006 un estudio de la historiadora del arte británica Zahira Veliz Bomford, señaló que posiblemente se tratara de Marie de Rohan-Montbazon, Duquesa de Chevreuse, una noble francesa que huyó de su país hacia España, basándose en una carta de 1638 en la que se cuenta que Velázquez realizó un retrato de una aristócrata del país vecino, con atuendo y un estilo típicamente francés, que contrasta con el estilo conservador de las damas castellanas.” (Wikipedia)

La verdad es que lo de la película es algo que ya me arrepiento hasta de haber pensado, y no digamos escrito, puesto que ya me imagino a quien le darían el papel protagonista y ya me estoy indignando. En cualquier caso, se tratara de Marie de Rohan-Montbazon,  de Francisca o de una meretriz, era elegantísima y el retrato es una muestra no pequeña del arte de Velázquez.  La mujer es la misma, menos joven,  de otro lienzo que he encontrado en internet pero que parece que pertenece a una colección privada de un norteamericano. La mantilla que lleva es preciosa y hasta donde yo sé la mantilla es española, cosa en la que no repara el o la contribuyente wíquico que sin embargo sí se refiere un par de veces al escote y otra al rosario. Sobre la “sensualidad desbordante” no digo nada. Yo la veo en su justo punto más que a punto de caramelo,  con una sensualidad contenida, pero todo son opiniones y seguramente transferencias.

En el lenguaje del abanico, el gesto que trasmite la bella desconocida es claro y no deja ninguna duda sobre la buena predisposición que ofrece.  Recuerdo ahora una vez que le oí decir a Concha Piquer que el abanico no se debe menear al compás de la copla. El abanico va por otro lado, por decirlo así. De hecho, si nos ponemos a pensar -aunque solo sea una vez y un ratito corto, sin matarse que hace calor- nos daremos cuenta de que el abanico no es una zambomba ni un soplillo y que tiene que contradecir un poco (sin pasarse) lo que afirman o niegan los ojos, la boca y en general la disposición.  A veces los ojos contradicen la boca, pero ese es otro tema. Mover el abanico rítmicamente al cantar es desmerecerlo y actuar como una rapper o  un recitador de chirigotas.

Donde aún puede documentarse el uso canónico y más compuesto del abanico es en las películas de Luchino Visconti. Estoy pensando en “Il gattopardo” (1963), cuando Angelica (Claudia Cardinale) saluda a la señora de la casa (la princepessa Maria Stella Salina) con el abanico modestamente recogido y rendido.  Y allí nadie mueve una varilla hasta que la princesa agita las de su abanico, de plumas de avestruz.

Ver “La caduta degli dei“, en inglés “The Damned” (L. Visconti, 1969) me costó dos intentos. Fui a ver “El crepúsculo de los dioses” (Billy Wilder, 1950), en inglés “Sunset Bulevard”, que tampoco está pero que nada mal, a cambio de la película de Visconti. En el Mèlies. Casi no me acuerdo de los nazis ni del  incesto, pero sí  recuerdo la escena en que la cámara recorre una sala siguiendo el arco del violonchelo del intérprete, que ejecuta la Sarabanda de la suite 5 (BWV 1011), con la excusa de que unas personas del auditorio están sentadas a diferentes alturas y otras están en pie. También podría ser que la cámara se moviera con el ritmo de la respiración de quien escucha atentamente la suite. ¡Si les digo que sólo ahora me he acordado del número de cabaret de Helmut Berger travestido como Marlene Dietrich en “El ángel azul” que seguía a la sarabanda! Genial también, para el día del cumpleaños del abuelo de los von Essenbeck. Genial simplemente, y mira que podía haber salido mal.

Yo no conozco demasiado el lenguaje cinematográfico, pero creo que ahí detrás de esa toma están desarrolladas las teorías del padre del montaje, Sergéi Eisenstein:
“Destaca la escena de la escalinata [De “El acorazado Potemkin” (1925), con 170 planos, en la que el pueblo es brutalmente agredido por las fuerzas zaristas, donde crea un tempo artificial, que hace que la secuencia dure casi 6 minutos. Prescindirá de simbolismos intelectuales, y con una espléndida fotografía, en la que la masa se convertirá en la auténtica protagonista de la obra, acabará por ser considerada la primera obra maestra del cine soviético.”

Al parecer la escena de la escalera de la matanza de Odessa, es técnicamente hablando del tipo de montaje llamado rítmico (por oposición al montaje métrico, basado en la longitud de los fragmentos, y al montaje tonal, basado en tensiones cromáticas). Es decir, para el montaje de las tomas Eisenstein (*) hizo que el ritmo de los pies de los soldados al descender la escalera fuera a un ritmo diferente del de los cortes, y parece por eso engranado en el del cochecito del bebé que se precipita trágicamente peldaños abajo. Leemos en la Wikipedia que Eisenstein derivó “sus teorías sobre el montaje del estudio de los ideogramas japoneses, en los que dos nociones yuxtapuestas conforman una tercera, como por ejemplo: ojo + agua = llanto; puerta + oreja = escuchar; boca + perro = ladrar”. Para Eisenstein, como para mí en mi pobre blog, el montaje es: «Una idea que surge de la colisión dialéctica entre otras dos, independientes la una de la otra».
____________
(*) Se diría que el propio Eisenstein aparece en la película “interpretando” la mujer cuyo hijo es herido, pero no estoy totalmente segura. Josefina Darriba me dice que sí. Una de los homenajes de la escalera de Eisenstein se encuentra en una escena de “Los intocables de Eliott Ness” (Brian de Palma, 1987)

18.7.10

La tergiversación, las tergiversiones y los chorizos vr. 2.0


Wem der große Wurf gelungen,
Eines Freundes Freund zu sein,
Wer ein holdes Weib errungen,
Mische seinen Jubel ein!
Ja, wer auch nur eine Seele
Sein nennt auf dem Erdenrund!
Und wer´s nie gekonnt, der stehle
Weinend sich aus diesem Bund!
(*)

Oda a la libertad (**), Friedrich von Schiller


uan ya vi que tenía visita del pueblo, de Sevilla, como cada verano. Pero esta mañana las “evidencias” eran indudables y sino fíjense en las muestras de embutidos que cuelgan del aparato de aire acondicionado. La verdad es que tienen muy buena pinta, sí, pero también me ha venido a la cabeza el doble by-pass que le practicaron a Juan el año 2003 o 2004. Me acuerdo perfectamente porque se acababa de meter en el piso una perra, Trufa, y la dejó sola tres largos meses. El pobre animal , de apenas  siete lloraba  y sollozaba desconsoladamente todas las noches, en el patio. Unas más, otras menos. Un hombre le llevaba comida cuando caía el sol y le ponía agua en el bebedero, pero no se estaba con la perra, no jugaba con ella,  y la dejaba en un desconsuelo todavía mayor que a mí me dejaba en otro desconsuelo que se me mezclaba  allí  para quien lo quiera creer con la Novena sinfonía de Beethoven que escucho ahora y con el desasosiego de las oposiciones para las que me estaba preparando entonces. Cuando la realidad le da a una la razón es mucho peor que cuando no. ¿O sí? Bueno, ese no es el tema.



El tema es que a Juan no le convienen nada los chorizos ni las morcillas ni nada de todo lo que cuelga en la ventana de su salita. Cuando estaba con la cubana y la cubana aún no se había sacado los suegros de encima (que siempre habían salido a las 8 en punto de la mañana para barrer ella y para apañar los canarios él, como los jardineros de un reloj de cuco, ordenadamente), cuando estaba la cubana, ya lo había visto alguna vez como un buda  -por la panza- en la bicicleta estática mirando la tele y empinando el codo para acercarse al gollete una esplendorosa cerveza pilsen. No puedo probarlo, pero doy fe. Se ponía a pedalear mirando la TV y bebiendo cerveza. Estaba y está obesísimo, gordo como un timbal, y no creo que eso le convenga con el corazón como lo tiene. Pero según y como a lo mejor es que prefiere vivir así, a su albedrío. También hay quien se tira por una montaña empinadísima abajo sobre un plástico que no es más grande que una tapa de wáter, y luego hay que ir a recuperar el cuerpo maltrecho con un helicóptero y unos ganchos que sólo mirarlos dan miedo.
Precisamente sobre esto del albedrío o, por decirlo en una palabra más moderna, la voluntad, ha corrido mucha tinta y mucho Power-Point. La semana pasada recibí uno de esos que ya he dicho aquí que  me gustan tanto y hasta lo he subido a internet para compartirlo con ustedes:

El mito de Eco tergiversado ad maiorem gloriam Powerpointi

No me dirán si no da rabia. ¿Y por qué habrán puesto tantas veces “Padre”, con mayúsculas? Cada vez me gusta más Beethoven, y miren que parece imposible. Cada vez más. La audición que escucho, en Catalunya Música 101.5 MhH, ofrece una audición paralela a la Cuarta sinfonía de Mahler, por sus calcos. Siempre hay que ir al original. No es que diga que Mahler “copió” a Beethoven, pero está claro que no se puede defender una confluencia. Me gusta cuando a Beethoven se le “sube la masa” en la orquesta, pero cuando hay esos solos maravillosos que solo vuelves a encontrar otra vez en los rusos de la Rusia, entonces se me caen los palos del sombrajo.

En este blog el mito de Eco, como íbamos diciendo, asociado al de Narciso, es muy querido. Ya le dedicamos su post y su todo. Ya va siendo bastante injusto y pésimo que el mito de Eco haya quedado eclipsado narcisísticamente por el de Narciso, pero que se haya tergiversado su “verdadero” significado -partiendo de la base de que los mitos tienen muchos significados- es ya un infundio y el colmo del despropósito.  Eco solo puede hablar repitiendo  las últimas palabras de los demás por un castigo de Juno, a la que la ninfa había pretendido distraer mientras Júpiter estaba en lo de siempre, perseguir a otras ninfas.  Cuando el padre-Padre dice “ESTÁS LLENO DE ÉXITOS” merecería que le respondieran “imbécil”. Todo lo más que se le puede atribuír a Eco es que dijera algo así como “itos”, “itos”.


De todas las tergiversaciones, la tergiversicina y las tergiversiones que he visto en vida mía de Eco esta es con mucho la peor.  Me pasa un poco como recuerdan en "Poemas del río Wang" que le pasó al personaje que interpretaba Javier Bardem (Santa) en “Los lunes al sol” (Fernando León de Aranoa, 2002), que se cabrea cuando lee la fábula de “La cigarra y la hormiga” a un niño, porque él está en el paro y como es natural no le hace ninguna gracia que le den lecciones sobre las virtudes del ahorro y la laboriosidad. ¿Qué habrá sido de los desempleados de Astano, por cierto? Ay, mira, ahora, sincrónicamente o ucrónicamente me contesta en mi transistorcito un villancico del Juan del Encina: “Todos los bienes del mundo, pasan presto en su memoria, salvo la fama y la gloria”. Yo es que además me cabreo con Bardem (no con Santa), al verlo tan subido en su fama y haciendo que cualquier papel que haga no me resulte creíble, que me revuelva la sangre su fariseísmo. Desde que a la mafia y las mafias les dio por blanquear una parte de su dinero en el cine, las cosas han ido de mal en peor y ahora se debe blanquear el dinero del cine en las mafias. Pero ahí se van a mezclar los  ríos caudales,  los otros medianos e más chicos, que allegados son iguales. El megaquilombo.
*
A veces, los sábados, me compro “La Vanguardia”. La leo después de comer. Sigo casi semana a semana las “Intempestivas sabatinas”, en cuyo lenguaje observo que cada vez nos parecemos más el columnista (Gregorio Morán) y yo. La de ayer (“Un cierto rubor ajeno”)  empieza en el segundo compás con el apelativo “hijo de la gran puta” reservado por su altisonancia para las ocasiones, no raras, en que en este país se queda corto el apelativo “cabrón”.  Last but not least, “canalla” está en el tercer vértice del campo semántico dedicado a los indecentes. Espero no pecar de sexista cuando reservo la palabra “arrastrada” y “rastrera” para las zorras de tres al cuarto de mi mismo género femenino. Términos que están a la misma altura que “canalla” (para los hombres), mientras que “cabrón” tiene su equivalente en “zorra” y “hijo de la gran puta” está solo en su cima léxica. Alone. Una vez situado semánticamente el tema, ya podemos pasar al detalle.

Normalmente las columnas de Morán están fundamentadas en un trabajo de documentación que no sé si lo hace él solo por sus medios o por los medios modélicos de que siempre gozó “La Vanguardia”, que nunca confió ni a la suerte ni a la improvisación su archivo. Este rigor y su punto de vista lúcido e independiente hacen que muchas personas lo sigamos con interés y admiración. Incluso es posible leer sus sabatinas reproducidas íntegramente en algunos blogs  y esto casi inmediatamente, porque “La Vanguardia” no los libera a la lectura gratuita digital hasta que han pasado creo que 30 días.  En “Un cierto rubor ajeno” se hace un análisis sobre la manifestación del pasado 10 de junio en Barcelona y veo que estamos totalmente de acuerdo en 2 puntos: que era una convocatoria por iniciativa institucional tras un referéndum mínimamente representativo y que en realidad no ha sido secundado por una reacción consecuente. He colgado el artículo entero para que puedan disfrutarlo si quieren.

Extraigo además aquí los fragmentos que subscribiría “fil per randa” (***), para no dejar ninguna duda de mi adhesión:
“La manifestación del pasado sábado, independientemente de lo que podía ser la voluntad íntima de cada manifestante, era una manifestación oficial. Un aplec sin sardanas, al que contribuyeron los voceros institucionales, la propaganda oficial. Incluso hubo quien se quejó de que los futbolistas catalanes de la selección española no hubieran sido debidamente presionados para que se declararan catalanistas afectos [...]
Esa unanimidad patriótica sólo la concede el poder, la casta, el oficialismo. No manden más gente a la universidad de Laval, ni al Quebec, ni al País Vasco. Buenos Aires es el destino ideal. La clase política se ha vuelto peronista sin saberlo, y como peronismos hubo muchos y aún quedan más, podemos estar contentos; podemos ser al mismo tiempo del poder y de la oposición, institucionalistas e independentistas, esquerranos y mundialistas, populistas y radicales… Los fondos públicos bien repartidos dan para mucho [...]
Después de la manifestación del sábado pasado, donde hubo quien “desfiló reivindicando lo que somos y lo que queremos ser”, ¿saben ustedes lo primero que hizo esa clase política que se jactó del éxito de la convocatoria que marcaba “un antes y un después”? Lo primero que hicieron es echarse atrás en la firma de un acuerdo por el que se podían convocar referéndums. Es precioso, no me digan que no. Convocan una manifestación por el derecho a decidir, por la dignidad del pueblo soberano, y lo primero que hacen al día siguiente es desdecirse.”

Como nota aclaratoria para los que no tienen la mala suerte de vivir en este país, habrá que ampliar el último párrafo del artículo de Gregorio Morán añadiendo que Fèlix Millet es el indigno vástago de una familia patria, coma,  que ha robado a espuertas no solo de la institución que dirigía (el Palau de la Música Catalana) sino a su propio consuegro. No robó a las preciosas musas del proscenio que tanto amamos porque mira… Le cobró 40.000 euros por la boda de su hija al suegro, y en realidad los había sisado de la caja del Palau o de cualquiera de sus otros negocios, entre los que hay financiación ilegal de partidos y de este Òmnium Cultural que llevó el peso de parte del guión de los festejos de la manifestación del sábado pasado. Macià Alavedra fue conseller de Interior muuuuchos años y su detención –junto con la de Prenafeta- fue de escarnio, con demasiadas cámaras, y cuando ahora no deja de ser un anciano al cual ver esposado (innecesariamente) y con una bolsita de basura negra con sus pertenencias –le necéssaire, no todo lo que robó- daba más pena que otra cosa. “Luigi” el transversal es un socialista que se compinchó con otros políticos de su ámbito municipal pero de otro signo para hacer recalificaciones inmobiliarias en su beneficio. Oficio no tienen más que el de la política, pero beneficio… La corrupción los cría y ellos se juntan, pero esto de la transversalidad no deja de ser  algo bastante original al menos por estos pagos. Por lo que, acabando ya de una vez,  el último párrafo de Morán hace referencia al hecho de que Cataluña, aunque siga “recreando” un enemigo imaginario (España) ella misma es su peor enemigo.

Dos páginas después o dos páginas antes de “La Vanguardia” de ayer, en el mismo número, también en cara par, aparece una perlita de la tergiversación.  Es de Xavier Sala Martín y se titula “Españosaurios”. Ya el título nos alerta a los que estamos avezados a este tipo de trabajillos sobre lo que viene a continuación, porque apela a los “monstruos”  o cocos del nacionalismo español (un grupo minoritario y muy pintoresco de las Españas)  para situar el más que viejo y gastado tema de las frustraciones del nacionalismo catalán.  El “anticatalanismo” al que se refiere Sala, al que siempre se recurre hasta el hartazgo -y más ahora, a unos 4 meses de las elecciones catalanas- podría empezar a hacerse realidad a golpe de tanta tergiversación y tergiversión, claro. Pero esto no fue siempre así, y no tiene por qué ser así, a no ser que vayan a buscar anécdotas y clavos ardiendo.
Precisamente la noche del jueves oí en la radio una entrevista a Joan-Lluis Bozzo, donde se quejaba de que el teatro catalán (Els Joglars, Els Comediants, y Dagoll Dagom, su propia compañía) habían disfrutado de muy buena acogida (el respeto que invoca Sala) en Madrid en los principios de la transición, pero que ahora no. Lo que no decía es que el trato no era recíproco, que aquí hay un Teatre Nacional de Catalunya que por cierto dirigió un tiempo Josep Maria Flotats hasta que se le inflaron las narices de tanta manipulación política del oligarca Tartufo. Porque no le dejaban hacer teatro clásico (español, francés, inglés), y con el teatro clásico catalán no se llena el programa de una sola temporada, a no ser que se adopte un criterio muy amplio. Flotats se formó en la Comédie Française, es genial como actor, espléndido. Se fue a Madrid y estrena cuanto quiere. De eso Bozzo no dijo nada. De Albert Boadella, que también se ha tenido que marchar a Madrid, tampoco. Bozzo, después de mucho quejarse y a pesar de que tampoco dijo nada  -y van tres- de que Antonio Gala está vetado en Barcelona (por haber protestado por las dificultades que le ponían para estrenar a él, el único dramaturgo vivo y coleando que tenemos en España, prácticamente-) fue a dar  incauto, simple y adocenado a algo básico. Dijo, literalmente, que todo lo que se hacía aquí era subvencionado. Pues claro, entonces ya está, ¿no? Clarísimo, porque ¿quién da las subvenciones? ¿Qué quiere? ¿Que le subvencionen aquí y en Madrid y que en Madrid subvencionen también lo que hacen los de Madrid en Barcelona? No podía dar crédito a mis pobres orejas, de verdad. Como nos pasaba el otro día con los jugadores holandeses del Mundial, que después de dar la patada se quejaban al hijo de la Gran Bretaña del árbitro.

Quisiera ser como Morán una columnista (que no quintacolumnista, no me tergiversen)  y poder documentar bien lo que ahí arriba expongo antes de que caiga en el olvido o sea expurgado por esta gente tan iletrada como soberbia y descomunal que nos gobierna y pastelea los fondos públicos. No desdeñemos la posibilidad de que eso, que yo me documente, ocurra. Lo que nunca quisiera ser es una columnista  subvencionada a sueldo de los políticos, que escribiera al dictado, y de eso cada vez tenemos más. Sí, Bozzo, tot està subvencionat. Quin fàstic!

Oh, qué día, ahora me ponen el primer movimiento del concierto para piano #1 de Brahms. Me van a matar. Ah, Bozzo e tutti quanti, el que m’agrada de Catalunya són coses com “La Vanguardia”, un diari fundat l’any 1881, per enorgullir-se, un diari capaç d’encabir dos articles, com els que jo he comentat, el mateix dia i no tornar-se boja. I això que està l’Enric Juliana ben a prop per empastifar-ho. Va home va, ja n’hi ha prou, de fer teatre.
Más teatro pero del bueno, y más morcillas.
_________________________
(*) “A quien el azar ha dado | la verdadera amistad, | quien consorte dulce halla, | ha sin par felicidad. | En la redondez terrena | suya un alma invocar! | A quien no le fuera dado | sumiríase en pesar!” (Traducción de la Wikipedia)
(**) La censura le cambió el nombre a la “Oda de la libertad” por la “Oda a la alegría”.
(***) Fil per randa (“hilo a hilo, encaje por encaje”), fig. minuciosamente.


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14.7.10

Post 480: En las nubes

Manolito Goreiro (personaje de “Mafalda”)
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A Rosa Mª Franco
A Corona Senra Marcote, mi madre
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“Cada vez que doy un paseo veo más tiendas cerradas. Algunas, las de toda la vida, habían sobrevivido a guerras y conmociones diversas. Eran parte del paisaje. De pronto, el escaparate vacío, el rótulo desaparecido de la fachada, me dejan aturdido, como ocurre con las muertes súbitas o las desgracias inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo haya echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e incluso pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura, y después la inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la expectativa, esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los cristales están cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco contagiado de la desilusión, la derrota que trasmite ese triste cristal pegado al cristal con las palabras se alquila o se traspasa. [...]
Eso es lo peor, a mi juicio. Lo imperdonable. Todas esas ilusiones deshechas, trituradas por políticos golfos y sindicalistas sobornados que todavía hablan de clase empresarial como si todos los empresarios españoles tuvieran yate en Cerdeña y cuenta en las islas Caimán. Ignorando las ilusiones deshechas de tanta gente con ideas y fuerza, que arriegó, peleó para salir adelante, y se vio arrastrada sin remedio por la tragedia económica de los últimos tiempos y también por la irresponsabilidad criminal de quienes tuvieron la obligación de prevenirlo y no quisieron, y ahora tienen el deber de solucionarlo, pero ni pueden ni saben.”
Arturo Pérez-Reverte, “Las tiendas desaparecidas” (Patentes de corso)

Manolito Goreiro es uno de los personajes de las tiras de “Mafalda”. Suele ser representado con un lápiz sostenido en una de sus orejas, siempre a punto para hacer una suma o una multiplicación (más que una resta o una división). Su padre regenta un colmado que se llama “Don Manolo” y según la Wikipedia es andaluz. Podría serlo puesto que tras el desastre del Reino de Galicia (de donde probablemente viene el apellido “Goreiro”) por apoyar primero la opción dinástica castellana de  Pedro I en vez de la de Enrique II de Castilla, y después la de Juana la Beltraneja en vez de la de Isabel la Católica, muchos nobles -por no decir todos- huyeron al exilio a Portugal y a Andalucía. Fernando Fernández de Córdoba era de Betanzos, que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid añadiré que era el pueblo de la familia de mi padre y la antigua capital de Galicia. Así que llamarle “pueblo” al lugar donde residieron los Andrade es tanto como, no sé, decir que Andrés Iniesta es del Barça. Sí pero no.
¿Por dónde íbamos? Ah, sí, Manolito y su apellido. Aunque la etimología populista quiera ver en algún topónimo alpujarreño granadino fósil (Capileira y Pampaneira) un origen gallego, más bien representa un estadío primitivo y breve del español mozarábigo, si mal no recuerdo. Por favor, no me hagan remover mis papeles de las leyes fonéticas de historia del español que hace calor. El caso es que lo más probable es que Manolito Goreiro es probablemente un argentino de origen gallego. Sobre todo cuando el negocio “Don Manolo” es un colmado o abacería. Un microcosmos, una de esas réplicas de la casa que tan calada está en los gallegos (*).
Cuando semanas atrás o serían meses puse especial diligencia -la que no le pongo a la evolución del sufijo en -eriu(m)- en hacer una reconstrucción de la calle en la que pasaba las “claras tardes de estío”, básicamente lo que hice fue intentar recordar todas las pequeñas tiendecitas que nos surtían de comida, papelería, ropa, etc. y también las peluquerías y los establecimientos de reparación de coches y de calzado. Todo lo que yo incluí en el plano no llegó a existir a la vez pero casi. La calle y el entramado de comercios no tenía la infraestructura del asociacionismo cultural de la transición y los casales archisubvencionados, pero eran un tejido social tan válido, tan verdadero o más que el Liceu de l’Òpera y “Antaviana”.
En los años noventa empezaron liquidaciones y jubilaciones y, finalmente, con motivo de la aluminosis de los bloques, hubo el derribo. Precisamente el post antedicho lo escribí cuando acabaron el bloque nuevo que edificaron sobre el solar pelado. Me di cuenta de que ante el solar vacío y descarnado podía aún situar mis recuerdos, pero que ante el nuevo bloque se me desarmaban y que ya empezaba a no poder situar siquiera el trazado de la calle vieja. Será por eso por lo cual a veces cuando queremos recuperar algo en la memoria cerramos los ojos, o los entornamos pero hacia abajo.
Uno de los posts más conmovedores e ingenuo que he visto en los últimos meses en mi blogosfera fue uno sobre las alternativas a los hipermercados. La realidad ha vaciado las calles de colmados y como mucho ha quedado algún establecimiento perteneciente a una cadena, o alguna tienda especializada en delicatessen, o en productos de cultivo tradicional, y por supuesto las que ofrecen un horario extensivo, como las que regentan los paquistaníes. ¿Qué se puede oponer a un hipermercado como Mercadona, que por decir algo -que no es poco- es uno de los mayores compradores de aceite de oliva de España? Ya podrán. Al de mi barrio le cambiaron incluso la dirección viaria, cuando mi calle ha pedido por activa, por pasiva y porque sí que se alterne el lado del aparcamiento (a ver si así barren mejor) y no hay tutía. Ostras tú.
A este tema -en el que no soy una ignorante porque yo he vendido en la tienda que tuvo 40 años mi madre y pertenezco a una familia de minoristas- a este tema, habrá que acercarse en varias aproximaciones sucesivas. Pero hoy me remito a un sueño que tuve hace muchos años. No es que le conceda significado a los sueños, aunque algunos son más intensos que la realidad y llegan donde no llegaría nunca la razón. Soñé que estaba en el cielo y que me llevaban ante Dios. Había las nubes del caso, los putti y la atmósfera de las alturas. Pues resulta que Dios era el Sr. José-Benito del Colmado Bahía. Con su bata azul y su lápiz apoyado en una oreja. Estaba allí sentado tal cual. Mi fe en las pequeñas y medianas empresas no especulativas no creo que sea la razón de mi entronización del tendero ejemplar. Más bien se trata de mi asimilación de aquellas lecturas sobre los raptos de Júpiter, cuando se presentaba ante las mozuelas que iba a seducir metamorfoseado en cualquiera. O de aquellas otras leyendas en que detrás de un mendigo pedigüeño se oculta discretamente un mensajero celeste que prueba nuestra bondad. Por otra parte, pregunto, ¿por qué no podría ser así? ¿por qué no podría ser Dios cualquiera? Él puede.
(*) De un famoso alalá (Alalá das Mariñas): “Adiós á miña casiña | Portelo do meu quinteiro | Auga da miña fontiña | Sombra do meu laranxeiro.


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7.7.10

Sin pli


“Vuel Ville” (Alejandro Xul Solar, 1936)
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“No digo que no —replicó Swann un poco sorprendido—. Lo que a mí me parece mal en los periódicos es que soliciten todos los días nuestra atención para cosas insignificantes, mientras que los libros que contienen cosas esenciales no los leemos más que tres o cuatro veces en toda nuestra vida”.
Marcel Proust, Por el camino de Swann
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“Dije que Xul vivía inventando continuamente. Había inventado un juego, una suerte de ajedrez, más complicado -como el diría más “pli”, porque en lugar de complicado decía “pli”. Un ajedrez más “pli” y quiso explicármelo muchas veces. Pero a medida que lo explicaba, comprendía que su pensamiento ya había dejado atrás lo que explicaba, es decir que al explicar iba enriqueciéndolo y por eso creo que nunca llegué a entenderlo”
Jorge Luis Borges, Conferencia sobre Xul (1980)
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Muy bonita la cita de la enciclopedia de Proust, pero ya sabemos que lo mismo que Swann decía por el camino eso también podía decir lo contrario y que siempre sería todo ello verdadero. Por eso escribió una novela. Y más o menos por lo mismo yo escribo un blog. Qué placentero fue para mí descubrir a la escuela de los historiadores ingleses, que recrean escenarios y escenas alejados en el tiempo para ofrecernos como una miniatura o un escorzo, un corte, una localización, un cuadro en definitiva. También lo fue mi encuentro con los libros en que la erudición se va al plano al que pertenece, el de la ficción en general. Aunque a veces se quiera mantener en su propia ficción por pura arrogancia.
A vueltas con los libros “adecuados” para los enfermos me he encontrado con lo objeción de la libertad. Sintomáticamente la libertad se suele utilizar como argumentum ad logicam y hasta como argumento ofensivo para cuando no hay argumentos y sí mucha ficción atenta a la verosimilitud. Con tanto abuso, que a los que amamos indistintamente la verdad y la libertad, ésta última hasta extremos patológicos, nos resulta insufrible esa perversión. Además de que a los enfermos que se encuentran mal y que tienen un pronóstico no muy bueno no es conveniente ofrecerles libros sobre el desaliento saramágico o  sobre la guerra total que preconizaba Goebbles, tampoco no hay que ofrecerles libros voluminosos o que pesen. Tienen que ser libros ligeros, nuevos o casi nuevos, y que no sean de gran formato. Las obras largas no hay tiempo para leerlas porque ya se encarga la Administración de acortar en lo posible los ingresos hospitalarios. Por lo tanto, los textos tendrían que ser además de buenos dos veces breves, como más o menos proponía Baltasar Gracián.
Un tema que también habrá que meditar es el de los libros electrónicos. Por una parte con las tablets o i-Pad despejaríamos el problema de la asepsia y la higiene en general, pero no estoy segura de que la lectura en este tipo de soporte sea tan terapéutica como lo es la lectura sobre el papel. O no estoy convencida de que sus posibilidades compensen de las características de un medio que no tiene aún la ergonomía de un libro. Un libro, no lo olvidemos, es un objeto muy evolucionado. Y los que se suelen conseguir para los menesteres que me ocupan ahora son donativos procedentes del Suport Genèric de la Generalitat de Catalunya o de editoriales. No creo que nos regalen i-Pads, la verdad.
Me acordé hace un instante de Enric Tormo, un profesor que tuvo la Facultad de Biblioteconomía y Documentación, que era de oficio impresor.  Impresor de verdad. Fue a Tormo a quien oí por primera y última vez la explicación de que las mayúsculas romanas, también conocidas como lapidarias y cuadradas, estaban previstas para sacarle el máximo partido a la luz solar. Ese pequeño dato fue para mí revelador y al mismo tiempo me capacitó, en la medida de mis posibilidades, para poder entender algo más de la historia de la escritura y del libro. Y si hoy me he acordado de este dato no ha sido sólo por las dificultades que aún presentan las tablets y las palm para quienes nos empieza a flaquear la vista, sino porque hace calor.
Hace bastante calor en Barcelona por una de esas olas de aire del Sahara que caen sobre nuestra península y nos abrasan. Hay cosa de 30º C, que no es nada comparado con lo que caía el domingo en Sevilla o en Cáceres, pero la alta humedad o bochorno (“xafogor”) no predisponen a Kierkegaard o a Derrida por decir algo.
En mi búsqueda de lecturas agradables y llevaderas con calidad y provechosas di con un texto absolutamente delicioso de Jorge Luis Borges. Que conste que sé que a veces basta que una se ponga a buscar algo para perderse del todo, pero en este caso di con la conferencia que al parecer dio  el año 1980 el gran escritor sobre Alejandro Xul Solar (Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari). A mí Schulz o Xul me recuerda un poco a Chagall, otro poco a Klee e incluso a aquella adorable película de animación, “Les triplettes de Belleville” (Sylvain Chomet, 2003). A veces parece que cuando hacemos una comparación del género lo que ocurre es que estamos luciendo nuestro bagaje y además estamos quitándole mérito al artista, como si no tuviera la originalidad debida. En este caso aporto esas impresiones con el único objeto de realzar la nitidez y la ufanía del texto de Borges. Una maravilla. Algo que puede leer un enfermo, alguien desolado por una pena penaza o una pena penita o una pena pena, alguien que está pasando calor y calamidades. Y algo que no molesta ni ofende a nadie. Qué gusto, ostras.


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2.7.10

Pro vita mea


Foto: Elliott Erwitt
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Elliott Erwitt es uno de mis fotógrafos favoritos. En *A la flor del berro, o yerro, o mastuerzo, he colgado varias fotos suyas: la de la mujer y el perro que se rascan cada uno por su lado fue la última, pero tengo en mente también haber colgado la del perrillo con gorro. La foto del perrillo, junto con la de “The walk to paradise garden” de Eugene Smith (1946), sobre el fin de la guerra (o el final de una guerra) es tal vez una de mis diez fotos preferidas.  Por decir un número. Esto no va así. El otro día lancé una pregunta desde ese lugar que está dejando de ser un locus amoenus, el de los comentarios, sobre qué es lo que había verdaderamente aportado la fotografía a nuestro mundo. Tal vez alguien pensará en la espectacularidad, la investigación del ángulo y de la luz. Yo pienso sobre todo en la instantaneidad y en la intimidad. Y eso, junto el candor y el humor, el poro, el trazo, es lo que me gusta de Erwitt y Smith. ¿Por qué hablo de esto? Porque estoy intentando hablar de mí. Abiertamente, honestamente. Nunca de una manera exhibicionista, nunca imponiendo un modelo. Hago, como dicen que hizo el Lazarillo, algo así como una apologia pro vita mea. Con las distancias debidas, “por supuesto”. Y por eso tengo que empezar por Erwitt o Smith, porque lo que más me interesa de la vida es lo que precisamente no tiene que ver con los esquemas mortíferos, con lo consabido, con los caminos trillados.
Se suele explicar que Camilo José Cela, entre 1931 y 1932, cuando se recuperaba de la tuberculosis en el sanatorio del Guadarrama, leyó a José Ortega y Gasset y la colección completa de clásicos españoles de Rivadeneyra (Biblioteca de autores españoles), cosa que a su parecer le habilitaba, por decirlo de alguna manera, para proceder a escribir su prodigiosa obra. Otros creerán que para escribir hay que leerse la “enciclopedia” de Proust. Lo que no deja de ser curioso, a poco que pensemos, es cómo hay tanta tantísima gente hablando y escribiendo de literatura que en su vida no ha escrito un libro o un verso ni lo escribirán. Es muy curioso pero apenas lo advertimos. Y yo sé que no es lo mismo estar de un lado de la literatura que del otro. O, mejor dicho, yo sé por ejemplo qué es estar de una lado de la cocina (el de la comensal) y del otro (el de la cocinera o cocinero). El otro día me acordaba de este particular porque medio leí una especie de articulito digital sobre la blogosfera sanitaria. Por parte de alguien que no “tiene” un blog pero que sin embargo, con una locuacidad conmovedora, en el tono neutro del autobombo bien temperado, remetía a los lugares comunes -que les voy a excusar de repasar- que son característicos (!) de los bloggers y su quehacer. Claro está que yo podría hacer, como hacen tantos otros, aquello de ponerle tachas y buscarle la debilidad de sus argumentos o hasta rebatir alguno de los topicazos a los que recurría, entre los cuales el menor no era el de afirmar que los blogs “empezaban” a ser importantes en el mundo de la información médica. Y sin embargo (“vive y deja vivir”) no suelo dejar comentarios adversos en ningún lugar. A no ser que ofendan a alguien que no se puede defender. Es una cuestión no tanto de aptitud (capacidad) como de actitud (pulsión),  esto de rectificar o corregir a los demás. Desde mi modesta experiencia lo que también he visto es que normalmente los rectificadores son personas de poca productividad o como le quieran llamar.  Cagapoquitos. Escribir no es más difícil que hacer encaje de bolillos o alicatar, pero a veces hay que “mojar la pluma”, como decía una escritora romántica, en el propio corazón.  Y hay que tener un don.  Todo esto para decir que el próximo memo que se meta aquí con el propósito de pasar el corrector ortográfico o de dar su visto bueno o malo (a pesar de su exigua aportación al saber mundial o local) a lo que aquí se exponga en carne viva, será despachado según la costumbre. No tengo previsto introducir ningún cambio ni mejora a este respecto. Me toca mucho las narices que alguien pretenda erigirse en juez o demiurgo de lo que haga un ajeno. Vale ya, ostras.
Como a una profesora que tuve la suerte de conocer durante mis inacabados estudios universitarios de Filología Hispánica, la Profesora Coloma Lleal, nada me entusiasma más  que una excepción a la regla. Nada me da tanto gusto como una tendencia que se aparta de la norma y que se acabará imponiendo por el principio de la economía del lenguaje y su genio. Si hasta me gusta cuando me sale una nota falsa al leer una partitura de guitarra. Es la leche. Porque, mirad, resulta que esa nota tiene para mí más acierto que el cojón de un hipopótamo. Ya digo, no sé si me explico. Y no “no sé si me entienden”, frase de la que nos advertía otro profesor de Español muy querido por mí, Miquel Arbona. Y es que mi pobre vida, “pobre barquilla mía”  diría Lope de Vega, creo, no pierde de vista a los buenos profesores que he tenido la suerte de disfrutar y que van apuntalando los conocimientos fundamentales, los útiles. Los que no se olvidan en la vida.
Se podrán decir de mí afirmaciones (o negaciones) adversas -siempre referentes a mi temperamento- pero nunca que soy falsa o tacaña. No soy falsa, no soy tacaña. Ni codiciosa. Y al no ser falsa o hipócrita, taimada,  o como le quieran llamar. Eso implica que pueda cambiar de parecer sin ningún problema. Poblema, como decimos en Barcelona. A estas alturas de la vida no puedo cambiar de rumbo, por paradógico que parezca lo que asevero. Aparte, sería la repanocha. Hay que resistir.
Lo que llevo vivido es un intento casi absolutamente fracasado de concordar mis pies con mi corazón, mi corazón con mi boca, mi boca con mi cabeza (eso es además de fácil, como un relámpago), mi lado izquierdo con mi lado derecho, el ventrículo izquierdo de mi corazón con el derecho, la Marta que hay cintura para abajo y la que hay cintura para arriba, el intestino delgado y el grueso, el colon ascendente y el descendente, la que hay Marta adentro y la que hay Marta afuera. A veces lo consigo, pero siempre hay pruebas, avatares, contratiempos. Es igual, ya decidí que quiero ser quien soy. No porque me crea alguien especial. Al contrario, solo consigo ser yo cuando soy humilde, esa cualidad que es tan denostada por la retroizquierda ultradogmática, como si fuera opuesta a la libertad (¿?). Y sin embargo sé que el único impedimento que tengo soy yo misma, que la felicidad y la tranquilidad están dentro de mí. No le echo la culpa a nadie, y menos al mundo, de cuanto se opone a mis deseos o a mi voluntad. Intereses no tengo. Solo deseos. O ni siquiera. Y aquello de lo que no hablo pero que se adivina es precisamente lo mejor.
Es injusto que un post como “Ladran, luego cavalgamos” haya sido tan pinchado, cuando otros posts que yo tengo por bonitos han pasado totalmente desapercibidos. Pero es así y bien está.


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