17.11.18

Cierre de reasa

No soy nativa digital, pero sí he empleado la informática desde sus inicios. El año 1979 hice mi primer cursillo de grabación de disquette (floppy disk) en la Academia Molière, que se encontraba en la Plaza de Cataluña con Ronda Universidad y de ahí en adelante fui siguiendo los avances de la tecnología de los datos. Si bien hay que admitir que es mucho más fácil hoy que nunca encontrar el nombre de las cosas, también es verdad que eso va parejo a que podemos ignorarlos con más facilidad. Hace unos años podíamos comprar un recambio en una ferretería llevando la pieza estropeada o dibujándola malamente poniendo a prueba la paciencia del dependiente. Actualmente llevamos una fotografía en el móvil. En los dos casos ignorábamos ─en los dos sentidos de la palabra ignorar─ los nombres, cosa a la que yo siempre me he resistido.
Una de las palabras que suelen desconocer los que no somos joyeros es la del cierre de reasa, que esa arandela con un mecanismo interior que cierra las cadenas de oro y plata. Últimamente vemos otros cierres o mosquetones, que por cierto se llaman de "pinza de langosta", que también parece que lleven un resorte interior que se acciona con una presilla. Los cierre de reasa resultan bastante seguros y no destruyen las uñas, además tienen un aspecto que no sé porqué me recuerda a un instrumento marinero. Es curioso como en el mundo del lenguaje hay un trasvase de palabras de unos sectores a otros (por ejemplo del taurino al de la politica) y también de los utensilios, de manera que en la Traumatología encontramos muchas herramientas y recambios de la carpintería. Claro está que están adaptadas para obrar en el cuerpo humano, pero poco más.
Mi interés por el lenguaje se acaba ahí. Había estudiado los tres primeros años de la carrera de Filología Hispánica pero empezó a resultarme incomportable cuando proliferaron profesores no bien preparados y se impuso en la sociedad un cierto dirigismo lingüístico como si fuera de lo más natural. Ese dirigismo me ha alejado además del estudio del gallego y de profundizar en el catalán, pero no hay nada que lamentar porque los tres idiomas se valen a pesar de tanto preceptivista y, risa me da, aunque yo no esté por ahí o por aquí para cultivarlos.
*
Uno de los personajes de The grapes of wrath (John Ford, 1940) es el Hudson de 7 pasajeros convertido en un truck o camión. Hay fotografías y vídeos de los modelos de 1926 en toda su plenitud y belleza. El camión de la película siempre los tiene en vilo pero consigue llevarlos al destino poco más o menos. La imagen del camión por la ruta 66 es muy poderosa, porque reúne a todos los personajes y es todo un símbolo de una mudanza (en griego "metáfora") desde donde no es posible vivir hacia donde no se será muy bienvenido.
Por mi trabajo atiendo en un mostrador a refugiados, emigrantes y gente sin hogar en general. No podemos hablar de un solo colectivo ni mucho menos de unas características comunes, precisamente intento con todas mis fuerzas evitar dejar de considerarlos como individuos.

Camareras camino al almuerzo de la boda de Marta Ortega (La Coruña). Fuente: El País

4.11.18

Un Mercadona con pisos

El viernes leo en la puerta del lavabo de Casa Almirall: "Eadem mutata resurgo" en grandes letras. La frase la adoptaron los patafísicos como lema que trajo a la Edad Moderna un matemático, Bernoulli. Quiere decir poco más o menos que se sale igual de donde cambiamos.  Cuando googleizamos Bernouille aparecen parábolas, lemniscatas y espirales, formas geométricas en que se reproduce ese principio donde se hace indistinguible el pensamiento y la superstición.
Ayer estuve en el Laberinto de Horta, aunque por ser noviembre padece su arreglo anual. La tuya siempre se muestra muy poco tupida y reseca y a lo mejor esa condición es buscada, para que claree, para que no haya ningún ataque de pánico entre los que se aventuran a circular por el recorrido. Ayer quedó una bonita mañana y había bastantes visitantes, pero algunos de ellos se comportan en el laberinto como me imagino que se comportarían en una escape room, en una fiesta con detalles Halloween  o en MasterChef Celebrity. Otro día habría que hablar de los vloggers.
En algún momento de esta madrugada, cuando consultaba la prensa me tropecé con una frase en la que se compara la similitud de las situaciones que propiciaron el nombramiento de  Chávez y el de Bolsonaro. Como las casualidades no existen en política, el hecho nos sirve para desmarcar lo que son las repeticiones fruto de las matemáticas y la probabilística de las que son modelos y "gamificaciones" de los que se estudian en las escuelas de negocios y otras. 
*
El jueves señalé a mi madre el letrero del Mercadona que está a punto de abrirse en el Turó de la Peira. Es un bloque con pisos de protección oficial que viene a substituir en parte la manzana que hubo entre las calles Aneto, Inca, Montmajor (Passeig de la Peira) y Montsant. No se ha construido unos pisos con Mercadona sino que se ha construido un Mercadona con pisos, tal y como ocurrió en mi barrio.  Tiene su parte buena, que es la de que atraerá mucha gente de las calles vecinas, y se repoblará un poco un barrio que se ha deprimido y degradado con los años. Seguro que otros verán los puntos a su favor, como la oferta de productos que aproxima al barrio, pero no hay que dejar de pensar en que es una victoria más de un sistema económico que es lo más parecido al monopolio. Hubo un año en que Mercadona fue el principal compañía que compró aceite. Al ser el principal comprador no se nos oculta que se puede permitir poner precio a lo que compra y decidir sobre las cooperativas.


Las burbujas que quise fotografiar en la Fuente del Pelícano del Laberint reflejan en sus esferas el edificio que tienen enfrente, el Palau Desvalls. Es algo en lo que pensar, que la pureza de cada pompa en su breve vida mostrara la imagen convexa de un territorio más denso. La burbuja desaparece sin dejar rastro. O al menos eso es lo que parece. El Palau Desvalls y las encinas pueden convertirse en polvo.




20.10.18

Trampas piadosas

ace unos días leí una noticia en la que no quedaba nada claro ni qué, ni quién, ni cómo, ni por qué, ni cuando ni donde. No tiene nada de particular porque hay infinidad de noticias así, imprecisas y ambiguas, pero que no destacan en el mainstream o cotarro dominantes. La noticia se refería a un homeópata que había hecho una punción torácica a una  mujer en Jaén, que acabó en las urgencias de un hospital. No se nos dice si el homeópata era médico ni porqué un homeópata pinchó (cuando los homeópatas no pinchan), ni con qué propósito se realizó la punción, ni en qué lugar de Jaén ocurrió el hecho. Como hay una especie de campaña contra las medicinas complementarias y las medicinas tradicionales china e india, la noticia fácilmente la podemos deslizar a ese contexto más que al de una situación comprobada o investigada.
En mi opinión esas noticias tan mal redactadas y malintencionadas no le hacen ningún favor a quienes están interesados en propagar los fracasos y las inconsistencias de la medicina alternativa. Alguna vez ya he indicado aquí y en Varium que generalmente detrás de los más acérrimos detractores de las terapias no reconocidas por la Sanidad pública hay personajes que en realidad tampoco es que se pueda decir que tengan una hoja de servicios muy boyante en la ciencia que defienden. En algún caso se diría que se trata de personajes que han encontrado y conquistado un nicho que nadie ocuparía, ni los que bastante trabajo tienen en la Sanidad pública ni los que en el sector privado ofrecen sus alternativas terapéuticas. 
Si es cierto que hay mucho fantasma (en los dos sectores, ya que eso) también es verdad  que son muchos los usuarios de la acupuntura ─sin ir más lejos─ que encuentran en las agujas y la moxibustión con artemisia una alternativa más que válida a atiborrarse de antiinflamatorios, ansiolíticos, etcétera. Entre los años 1987 y 1990, no puedo precisar con exactitud, un médico de una superespecialidad de un hospital terciario con más de mil camas me contó que durante sus estudios en otra especialidad (Medicina Interna), en París, había asistido a una operación con traqueotomía en la cual como única anestesia se habían empleado agujas de acupuntura. Una traqueotomía es una incisión en la traquea.
La farmacopea china es prodigiosamente amplia y entre las especies vegetales la artemisia (nuestro ajenjo) es seguramente una de las más empleadas, para la moxibustión. Esta planta, que tiene cosa de 300 variedades o más, también se empleaba en la medicina de la Antigua Grecia, de manera que se considera un arbusto cuyas propiedades son conocidas y apreciadas universalmente. No hay ninguna magia en el empleo de la artemisia, como no lo hay en el uso de medicinas elaboradas en laboratorios farmacéuticos. De la misma manera que el agua quita la sed, la moxibustión con artemisia ayuda en los dolores articulares y musculares.
Hace años que cuando lo necesito acudo a la acupuntura y nunca he tenido ningún accidente y por el contrario siempre he experimentado una gran mejoría o incluso la curación total. No deja de extrañarme que alguien diga cosas como "¿Pero crees en la acupuntura?", como si hubiera que creer. 
Curiosamente (o no) hace unos años leí que en las clínicas chinas a los enfermos nada más llegar se les ponía una vía con un gotero, que eso les proporcionaba una cierta seguridad de estar en el buen camino, cuando en realidad es puro marketing o sugestión o directamente una estupidez creer que el gotero es lo más de lo científico y no darse cuenta de que se cae en una forma alambicada de superstición. En la sanación hay una gran parte de esperanza más que de fe, pero todo el atrezzo por convincente que sea no hace nada si no funciona.
Me estoy acordando ahora de la galería de los médicos ilustres que hemos tenido en Cataluña, cuando a los pacientes de pago les hacían o hacen la visita preoperatoria como quien la operación la iban o van a realizar ellos, cuando en realidad solo hacían o hacen la visita y poco más. Y entiéndase que la visita no era  o es médica, simplemente era o es para crear el efecto de que el paciente estaba o está siendo tratado por una eminencia. Un leve saludo bien escenificado precedía y precede la anestesia total, que hundía y hunde en la inconsciencia. Esa trampa si que es un buen ejemplo de sugestión.

Luther W. Brady, pionero de la Radioterapia, investido doctor Honoris Causa (2016)

Track de regalo: La artemisia contra la malaria

14.10.18

Con cebolla

uedaron varias fotos de Ruth Matilda Anderson de sus dos viajes por Galicia entre 1924 y 1925. La de hoy es de la feria de Betanzos, que fue donde nació mi padre. Estos días apareció en los medios por el concurso de sus tortillas de patata, que este año se han convocado sin cebolla, supongo que por hacerse eco de la polémica y así secundar un tirón del que en realidad no debería de hacer caso. Mi abuela Consuelo hacía la tortilla con cebolla, cosa que no es extraña ya que de los tres productos que lleva una tortilla de patatas (huevos, patatas, cebolla), Betanzos tiene en abundancia y de calidad notable. Lo único que estoy dispuesta a discutir, y ni siquiera eso, es en que la proporción de cebolla tiene que ser bastante inferior a la de patata. Lo demás son ganas de tuitear o cosas de foodies, sin el menor interés.
La última vez que estuve en Betanzos fue durante una visita a unos amigos de Ferrol, y comimos en Parrillada Chimi-Churri, famosa por sus chuletones y por su colección de radios antiguas. De mi familia hace años que no quedó rastro. Mi padre, que era entre sus hermanas de los pequeños, si viviera ahora tendría 94 años. Contra todo pronóstico, la única hermana que vive es la que más fumaba, la que más trabajó y la que se quedó viuda siendo aún joven. Cuando fuimos a ver a mi tía Fina hará unos 10 años a Madrid, nos recalcó que después de viuda no buscó ni pensó en buscar pareja. Además de que tenía dos hijos en quienes pensar yo creo que no vio la manera ni la ocasión de llenar el lugar que había dejado su marido.
Veo entre las mujeres de mi generación un denodado esfuerzo por rellenar el espacio que dejaron sus ex-maridos o incluso por completar un espacio que nunca ocupó verdaderamente nadie por lo menos de forma satisfactoria. El uso de los dispositivos móviles para atender aplicaciones como Meetic o Pof (seguro que hay más pero las ignoro) se ajusta a su disponibilidad y les permite hacer cribas y hacer algo que creo que abunda hoy en día mucho, fisgar o mirar sin ser vistas. Veo que la mayor parte de los smombies (zombies con smartphones) usan whatsapp, facebook y youtube. Pero eso es durante los ratitos en que coincidimos en el metro o en el autobús. Parece que Meetic y Pof lo usan más en sus casas, como si fuera algo que tener más en secreto.
Conozco amigas que usan las aplicaciones para conocer gente con habilidad y con torpeza, las hay en los dos sentidos. La más habilidosa es muy perspicaz y capta enseguida las intenciones que hay y maneja las maniobras de acercamiento de manera admirable y segura, a la más torpe me temo que podría colársele hasta un psicópata sin que se diera cuenta. Otras, al menor chasco se les pueden quitar las ganas de seguir ahí por semanas. Hay de todo. El sistema no está mal y es cómodo, pero para algunas de nosotras eso de estar asomadas a una pantallita atendiendo mensajes de desconocidos es algo que no resulta nada atractivo.
Aunque uso Whatsapp, no me gusta eso de cruzarse más de 2-3 mensajes en un diálogo, me irrita el exceso de emoticonos y ya no digamos la indigencia ortográfica. Hay personas que no pueden escribir mejor de lo que escriben porque apenas recibieron clases de Lengua, pero me parece inaceptable en quienes tienen una formación universitaria y generalmente no atiendo los mensajes que descuidan la gramática. Si todo eso me ocurre con Whatsapp, ¿qué no podría ocurrirme con Pof o Meetic?, donde además se trata de conocer a alguien. Hace años, cuando probé Meetic, reconocí a alguien a pesar de lo amañado que estaba su perfil biográfico. Es decir, que no descontemos la cantidad de imposturas que puede haber.
La idea de teclear con un tecladito táctil pequeño mensajes que se ven en una pantallita también mínima, no me gusta. Y eso por no decir nada de que después de haber podido resistirme a recibir mensajes de correo-e con presentaciones con la música de Imagine como único contenido, sus emisores se han reconvertido y ahora envían lo mismo pero por mensajería móvil. Es inútil intentar explicar a algunas personas que lo que no nos interesaba recibir por correo-e es lo mismo que lo que intentan enviarnos por Whatsapp. Con esta aplicación la difusión se ve favorecida y facilitada, pero nunca mejorada. En Navidad te pueden llegar a felicitar las fiestas entre cinco y ocho veces con gifs animados, con la añadidura de que en ninguna de las felicitaciones hay ni una sola palabra que el emisor escriba personalmente. Son reenvíos que llegan a veces hasta desde dos cuentas, ganas de gastar datos y en definitiva un uso social que deseo ver acabado algún día.
Dice mi madre que "Amor y mortaja del cielo baja", y es algo en lo que como en otras cosas también tengo que darle la razón. A mi edad ya convienen más las amistades que los amores, por lo menos para mí. La mujer de la fotografía no puede tener más de 35 años, aunque está ─como se suele decir─ trabajada. Veo a mi alrededor demasiadas mujeres que quieren aparentar ahora esa edad con una ropa juvenil, tinte para el pelo y carmín de labios. Que me perdonen pero resulta patético.

Feria de Betanzos, fotografía de Ruth Matilda Anderson

22.9.18

Post 1649: No sin mi GPS

n el otro blog he puesto algunas fotografías de mi visita a París esta semana: el Jardin des Plantes, el Jardin de la Bagatelle en Bois de Bologne, el Parc Monceau y el Jardin Floral sobre todo. Es mi cuarta escapada a esta ciudad, que conozco desde el año 1983 o 1984, no recuerdo bien. Aunque no deja de impresionarme, he observado los cambios y cómo hay algunas zonas que reflejan un cierto abandono. 
El Jardin Floral no soporta la mínima comparación con los jardines de Kew en Londres. El Jardín Botánico de París (JBP) no tiene un único emplazamiento, sino que está formado por 4 jardines (Jardin de la Bagatelle y el Jardin des Serres d'Auteuil en Bois de Bologne, el Jardin Floral en Bois de Vincennes, más el Arboretum de Breuil). El Jardin des Plantes también es un jardín botánico, pero no forma parte de la colección a pesar de que es antiguo (1635) y está muy bien dotado y alberga museos. Al Jardin Floral (1969) se le puede achacar lo mismo que al Jardín Botanico de Barcelona: ha fallado el mantenimiento. Tal vez los botánicos y los jardineros no son gente de markéting ─cualquiera puede entender que son intereses muy divergentes─ pero es una verdadera pena contar con un terreno considerable y no poder extraer de él todos sus recursos. Ya desde Barcelona, al intentar encontrar algún libro o folleto sobre el JBP pronto sucumbí a la desazón. Finalmente ya en París pude encontrar un libro sobre el Jardin des Plantes.
La rosaleda del Jardin de la Bagatelle (1775) es una de las cosas más bonitas que he podido ver estos días en París. Pero hay que decir que los jardines pueden cambiar de un mes para otro, y que encontramos las rosas en su esplendor, un día soleado y seco con apenas una brisa de nada, y que las sombras que arrojaban los edificios eran perfectas, con aquella gravidez y calidez que da el otoño.
A pesar de la decadencia que presentan algunos edificios y el fastidio de algunas obras, como la que hay en la base de la Tour Eiffel, rodeada de vallas y polvo, se mantiene lo que más nos gusta de París Leí meses atrás algún lamento sobre la desaparición de muchos bistrots, pero quedan muchísimos y aún es posible comer cosas ricas y estar sentados en aquellas sillas de ratán llenas de colores. A diferencia de Barcelona, subsisten muchas tiendas que no dependen de cadenas y eso es una alegría y un alivio. En mi modesta opinión, la desaparición de las iniciativas de los minoristas en Barcelona es directamente proporcional al intervencionismo municipal. Nuestro modernísimo y accesibilísimo metro, el pavimento, los chaflanes con unos semáforos que son el último grito, el mobiliario urbano y la iconografía del poder contrastan con el fracaso de la iniciativa privada y de los pequeños emprendedores. Por lo tanto, si el mal estado de algunas infraestructuras de París tiene algo que ver con que sigan habiendo épiceries, boulangeries, boutiques y bistrots, me alegro.
Siempre había ido a París en un tren nocturno que resultaba comodísimo. Salía de Barcelona creo que a las 10 de la noche y llegaba a París a las 8 de la mañana. Se viajaba en una cabina de 2 camas (no sé si las había individuales o más grandes), y la cabina te permitía permanecer en la intimidad todo el trayecto. Dentro de la cabina había lavabo y hasta una pequeña ducha que dudo que hubiera alguien que usara a no ser en caso de gran necesidad. Las camas eran dos literas y se podía descansar confortablemente. A cambio de ese tren nocturno que parece que ha sido suprimido a favor de la línea de alta velocidad que no hace falta ser muy perpicaz para adivinar que favorece a los gerundenses y no a los barceloneses. Tal vez nos favorece poder llegar a Gerona en una hora, pero no tener que llegar a París en 6 porque el TGV hace parada en Gerona, Figueras, Perpiñan, Montpellier, Nimes, Narbona. Cabe suponer que si llega a aumentar el tráfico se instaurarán trenes que sean más directos y que nos excusen de parar a cada hora.
A diferencia de mis anteriores viajes, pude usar esta vez el GPS del móvil y también Instagram. Esas dos aplicaciones le permitieron saber a un conocido mío que me encontraba en la Place des Vosges, y sin que yo le hubiera dicho antes que me encontraba pasando unos días en la ciudad de la luz como él. Apareció en mi busca y fue una sorpresa muy agradable. 
Incluyo una foto tomada desde la planta segunda de la Torre Eiffel, con la típica vista de los jardines del Trocadéro y el Palais de Chaillot. Un día hermoso en buena compañía.

Rosas del Jardin des Plantes. Fotografia: M. Domínguez Senra

El Palais de Chaillot y los jardines del Trocadéro desde la Torre Eiffel. Al fondo, La Défense (París)

16.9.18

Nosotros y los animales que somos

al vez he olvidado el nombre de algunas personas, aunque esforzándome es posible que volviera a hacer memoria, y sin embargo nunca olvidaré una tarde que pasé con un perro. El perro era de una familia de mi barrio original, pero solo lo vi una tarde y no lo volví a ver nunca más. No eran los niños y las niñas de aquella familia numerosa tan callejeros como otros lo fuimos. El perro me entregó su amistad como creo que nadie lo ha hecho, desde el primer momento. Mi parte de perro, que es mucha porque soy patológicamente leal, enseguida le devolvió mi amistad. Era un perrillo pequeño, negro con alguna mancha y sin ningún signo en especial, sin raza. En mi niñez era frecuente ver perros callejeros abandonados, que pronto se agrupaban en torno a un líder, hasta que la Perrera hacía su servicio. Creo que los cautivaban por la noche, porque nunca vimos que actuaran de día. Comían lo que encontraban, que no era mucho, y hacían una caca blanca. Los perros con amo también hacían la caca blanca y cuando la pisabas se deshacía como un polvorón seco. En el presente es mejor no pisar una caca porque están todos con dietas que nada tienen que ver.
Miré ayer gran parte de la película Una amistad inolvidable (Luc Jacquet, 2007), del mismo director que Le marche de l'empereur. La película en francés se titula Le renard et l'enfant y a diferencia de la película sobre los pingüinos de l'Antártida es una ficción rodada en Ain, en la Auvernia. Debo decir que no la he llegado  ver hasta el final. El que lea este puede saltar al siguiente párrafo su lectura para no recibir ninguna pista sobre el final. La niña consigue domesticar a la zorra, Titou, pero cuando está dentro de su habitación salta por la ventana circular, los cristales le hieren y cae muerta.
Al parecer hay muchas personas que están consiguiendo domesticar a los zorros, como de alguna manera nos sugiere en Le pétit prince Antoine de Saint-Éxupéry. El zorro es una animal que no falta en las fábulas antiguas y medievales, por su astucia. Los aficionados al chamanismo lo consideran un animal que reúne las cualidades del gato y del perro, pero que es más salvaje, y lo que más lo significa es su capacidad lo mismo para vivir en un bosque, en el Ártico o en un desierto. Su astucia es blanda, como la que se le asimila a las serpientes ("Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas"). Otra condición que hay que añadir a los zorros es su hermosura. Aunque no hay un solo zorro, tal vez los más perseguidos por la peletería son los zorros polares más que los zorros rojos. Yo siempre he pensado que los zorros codiciados por los peleteros eran animales que viven en cautividad y en granjas, para que sus pieles no las dañaran los enemigos naturales de los zorros. Solo la idea de "granja de zorros" inspira desesperación.
Creo que de vez en cuando nos podemos permitir no acabar un libro o no acabar de ver una película, puesto que tampoco nuestra vida es infinita. Podemos elegir en qué lugar dejamos la lectura o el visionado. No condeno el final que le da Luc Jacquet a Titou, puesto que es bastante verosímil aunque sea duro. También nos recuerda en La marcha del emperador que muchos pingüinos son atacados por las focas y aquellos pájaros que aparecen al final de la película cuando ya han nacido las crías.  Es normal que un zorro se ponga a correr dentro de una casa extraña y que salte despavorido saltando por la ventana. Lo que nos muestra el director a continuación es a la niña llevando a la zorra ante sus cachorros, en la boca de la madriguera. Y hasta ahí llegué yo, aunque faltaban unos 15 minutos de película. Sea previsible o no, en el fondo tal vez ayer yo tenía un día impresionable o tal vez me resultó fácil imaginar y evitar el desarrollo de cómo la niña ayuda a los cachorros y los guarda de los cazadores.
Me parece que no es accidental que la niña sea pelirroja como lo es Titou, porque en la amistad siempre se da una identidad entre los amigos. Los animales-guía dicen que nos acompañan y nos conceden parte de sus cualidad, concepto que siempre me ha interesado porque ─en la medida de mis posibilidades─ siempre he observado a los otros animales que no somos para aprender de ellos, especialmente los pájaros: el gorrión que se detiene en una rama por un momento en un fácil equilibrio, el cantor que mide con su canto el espacio que en realidad ocupa más allá de su cuerpo, la paloma que se retira a nuestro paso.
Sin caer en algunas ideas descabelladas de los animalistas, lamento el maltrato que reciben en general todos nuestros animales, tanto los animales domesticados como los salvajes. La verdad es que mi rechazo a los insultos como "cerdo", "burro", "animal" y otros es instantáneo. En cuanto alguien dice que una persona es un "cerdo" para indicar que es sucio, me sabe pero que muy mal. 
Aquello que se nos presenta como una carencia, la casi total ausencia de lenguaje en los animales, para mí es una cualidad. En la película de Jacquet, el lenguaje está presente cuando la niña habla o llama, y lo que es sumamente bonito es que lo emplea como todos deberíamos emplear, lo justo y necesario.

Le renard et l'enfant (Luc Jacquet, 2007)

15.9.18

El noveno círculo

"We can't change the country. Let us change the subject."
J. Joyce 

ien mirado es un alivio y no el colmo que empiecen a pringar además de los políticos defraudadores y los curas pederastas ─y quienes los taparon─ también la putrefacta Universidad y los científicos tarugos (Joan Baselga, etc). 
Gente en mi promoción hubo que nunca fue a un examen. Sé de pacientes metidos en 4 ensayos clínicos simultáneamente. Mucho más no puedo hablar porque es algo que habría que hacer con nombres y fechas, no porque sea algo que no me afecte. ¿Cómo no va a afectarnos que en el mismo curso de una facultad se pueda obtener el título sin estudiar o estudiando? ¿Cómo puede dejar de importarnos el enriquecimiento de algunas personas a costa de una enfermedad terrorífica? Ese enriquecimiento no es el resultado de trabajar sino el fruto pútrido de ver la oportunidad donde otros solo ven dolor. La industria del cáncer se ve legitimada por un halo ñoño de altruismo. Sin caer en el fácil tremendismo, no descartemos que las publicaciones científicas son al lado del autoplagio que se le reprocha a Pedro Sánchez, el autoplagio por antonomasia.
A lo largo de mi vida laboral y profesional me he visto sumida en el misterio de que nunca jamás se hablara de los arreglos, montajes, vicios, sobornos, influencias de la Universidad, como si fuera un jardín prístino de sabios y sabihondos, como si nu hubiera en los rectorados ni acoso sexual ni una organización turbia  o desmanes en su administración. Parecía que la corrupción era cosa de la Iglesia, una institución aún más antigua, o de los políticos, a quienes incluso se les supone la imposibilidad de desarrollar su carrera limpiamente.
A raíz del escándalo del máster de Cristina Cifuentes se han empezado a destapar casos de expedientes académicos de políticos que al parecer no tienen de qué enorgullecerse y sí tienen mucho a lo que poner sordina. Son casos que airean lo frecuente que es la posibilidad de allanar el sinnúmero de trabas burocráticas, económicas y académicas que supone un TFM o una tesis o simplemente la carrera pura y dura. Incluso podría afirmarse que la razón de ser de los másters no es otra que el lucimiento y el ascenso de personajes cuyo vigor intelectual es menos que mediocre. Pero en el tercer ciclo han encontrado las universidades públicas y privadas una fuente de ingresos, que incluso han convertido la formación de los grados en algo anecdótico y su excusa.
Por lo general, lo que estoy haciendo ahora ─igualar el emponzoñamiento de los círculos infernales políticos, curiales y universitarios─ inspira desconfianza. Cuando alguien dice que todos los políticos están corrompidos pensamos que la afirmación se opone a la política y que por tanto se opone a la democracia. En esa paradoja se anuda la fortaleza del fango.
El asunto de la pedofilia de los sacerdotes católicos, con tantas víctimas y en tantos países, es algo que solo se ha visto empeorado ante la constatación de que se producía ante la pasividad de la curia y de El Vaticano. Pedir perdón ¿de qué sirve? ¿Quién es quién para conceder o pedir perdón? En el caso de que sirviera un sincero arrepentimiento, un verdadero darse cuenta del mal que se ha hecho contra otras personas, ¿revierte o alivia acaso el sufrimiento causado? Un poco, no diremos que no, pero en muchos casos las heridas emocionales son tan profundas que el arrepentimiento hasta puede ahondarlas. También hay abusos sexuales por parte de los maestros budistas.
Cuando el año 2011 dimitió el ministro de Defensa de Alemania, Karl-Theodor zu Guttenberg, se estaba señalando no solo su falta o delito (desconozco la legislación alemana del plagio) sino que se considera algo que es incompatible con el servicio público. Por mi trabajo me encuentro a veces claramente con gente que no ve ningún problema en engañar, y gente a quienes nos resulta algo indigno. Dicen que si los griegos, que si esto que si lo otro: engañar es mentir y mentir nunca se puede considerar para muchos de nosotros como una habilidad en la que solazarse o henchirse.
El engaño y el disimulo, aparentar, parece que es algo incluso cargado de mérito y que está en las bases de nuestra cultura clásica. Fácilmente excusamos a quien se disculpa con un imprevisto ineludible ficticio de un compromiso, otra cosa sería descortés y se sale de las reglas del juego. 

Edificio de Avda. Meridiana, 312 bis (Barcelona, 1964). Arquitectos: O. Bohigas, J.Mª Martorell, D. M. Goodchild.

9.9.18

Incógnitos

ace muchos años que miro la foto que muestro pero ayer fue la primera vez que me llamó la atención el detalle que añado. A veces la atención me llevaba al cirio bautismal roto, a la bonita mantilla que llevaba mi madrina y tía, o daba en que mi hermano lleva dos camisetas y mi padre una corbata nueva. La fotografía es del día de mi bautizo, en la misma Clínica de Lourdes en que había nacido dos días antes y estoy en brazos de mi padrino y abuelo. Fui su última nieta pero sé que no fui la última en su predilección, aunque murió cuando yo tenía 3 años. Otras veces reparé en lo que creo que en fotografía se llama "composición" de las figuras, en cómo se agrupa cada miembro de la familia en torno a un centro en el que estoy tal vez yo, que miro a mi abuelo, o el libro con el que se regía la ceremonia. Otras veces me fijé en cómo esa coreografía la anudan las manos de cada cual, como ocurre en los dramáticos descendimientos de la Cruz. Fue ayer cuando advertí donde cae el puño de la chaqueta algo que podría ser un pie si no fuera porque allí no hay nadie. Bien considerado, entre la nariz de mi tía Raquel y la oreja de mi hermano hay un hueco negro que no es continuación de esa especie de triglifos que bajan por la pilastra y que bien podía ser el velo de una sierva de la Pasión. En casa de mi tía Raquel creo recordar que había una foto de la misma ceremonia y hay una o dos monjas. Lo que parece un pie derecho en su sandalia, podría ser el pie de una monja calzada con sandalia. Una monja ya anciana. Pero es algo que no se puede verificar.
Al dorso de la fotografía hay un sello del fotógrafo, con domicilio en Aulèstia i Pijoan, 31 bajos, en la esquina de la Casa Vicens, en la calle de les Carolines, que es uno de los primeros edificios de Antoni Gaudí. Pero en su lugar el edificio que hay ahora podría ser más nuevo. Como la clínica en la que nací estaba cerca, podemos pensar que el fotógrafo lo agenciaban las monjas, de forma parecida a como cuando nacieron mis sobrinos (en la Clínica Dexeus y en la Clínica del Pilar) y a las pocas horas los visitaron los fotógrafos sin que los hubiera llamado nadie.
Dicen que el maestro va entregando a su discípulo los conocimientos en la medida en que va avanzando y está preparado para comprenderlos. Ahora lo que más me atrae de la imagen son los grandes ojos de mi abuelo, que tenía más genio que yo, que ya es decir. 



1.9.18

Muertos en pena, penas de muerte

uando Pablo Echenique afirma públicamente que Aragón no es una comunidad histórica o cuando Puigdemont compara la consulta de la Unión Europea para dejar de practicar el cambio de hora invierno-verano con lo suyo, lo que predomina es el fondo de desfachatez. Desfachatez porque aún sabiéndose ignorantes en un tema que pretenden esgrimir con soltura, saben que van a contar con su claca que va a apoyar sus ocurrencias de manera incondicional. La Historia como área del conocimiento o el Derecho y sus fundamentos no les importan porque lo que cuenta para uno y otro es el efecto de sus palabras.
El amor a la verdad no tiene fondo puesto que sea en la Historia, sea en la Ingeniería, sea en la Química, encontramos incógnitas  y al lado trucos que funcionan. La división clásica de Ciencias y Letras ha reforzado las inconsistencias de esas dos partes del saber. Además esa división no se sostiene porque hay una parte tecnológica tan poderosa, que difícilmente podemos ignorarla e incluso podemos incorporarla al díptico. Hay científicos en la Filología y en la Arqueología, la Arquitectura reúne muchas habilidades y las exige. También hay una parte de la Ciencia que está basada en un lenguaje (muy especializado, si quieren), pero que es en gran parte lenguaje autorreferencial, sobre todo cuando no hay una firme base teórica y empírica y todo se pierde en el método y los materiales.
El amor a la verdad no se concreta, solo es una voluntad. Crear por ejemplo una "Comisión de la Verdad" en España ─a semejanza de algunos países de Hispanoamérica─ además de ser claramente orwelliano, nos habla de excepcionalidad, como si la verdad hubiera que confinarla a una parte del aparato ministerial y no tuviera que suponérsele en todo. Todos sabemos que se trata de hacer oficial una versión histórica de la Guerra Civil y al mismo tiempo de ignorar los esfuerzos que se hicieron en la Transición.
Algunos de nosotros abominamos un trato de los indefensos difuntos impropio y deshonroso, sea en la inhumación o en la exhumación. La damnatio memoriae con la que no se ha conseguido de momento otra cosa que recordar a Francisco Franco, podría haberse resuelto de una forma más imaginativa, más barata y sin bajezas. En mi opinión ultrajar un cadáver es sobre todo una bajeza moral para quien lo hace.
La semana pasada leí en la prensa que en la prisión británica de Swaleside los reclusos habían golpeado durante 4 horas a un hombre que está allí encerrado por haber golpeado a su bebe (él y la madre) de tal manera que a la criatura le habían tenido que cortar las piernas por septicemia. El niño (de apenas 2 meses) ha sido entregado en adopción. Circula junto con la noticia una foto de ese padre y esa madre y a cualquiera les resulta familiar en sus caras la huella del efecto de las drogas. El individuo es heroinómano. Para mi sorpresa, la noticia ha sido recibida en las redes sociales con aplausos, como si el linchamiento fuera algo que vitorear y algo que admirar, cuando en realidad es siempre abominable. Tanto, que hacen desear como buena la pena de muerte sin más.


23.8.18

Menos

"Menos es más"
Mies Van der Rohe

sta mañana leí un tuit muy bonito, aunque empezaba con algo así como pajilleros de botellón que tienen 50 followers. Creo que era una diatribez contra algún tuitero indepe. Estoy muy lejos de interesarme por los antagonismos que se producen allí y pretendo no dejarme llevar por las luchas de egos. Lo de los 50 followers tiene su gracia para quien como yo incluso no tiene ni 50. En verdad hace poco que abrí mi cuenta actual y solo tengo 1, aunque es el mejor imaginable. He visto que hay gente que se lo toma muy a pecho lo de los seguidores y que incluso maneja con precisión los unfollowers hasta el punto de poder hacer purgas instantáneas. Entre los bots, los linchadores seguidistas y los antagonismos, Twitter se hace un espacio bastante hostil si no fuera porque me importa un bledo todo ello. Pasará.
Hablábamos el otro día mi primer profesor de yoga y yo ante la mesa de un bar en Gracia, sobre el descenso de nuestra productividad. Yo en realidad creo que él sigue siendo bastante productivo y ya no digamos útil. En mi caso la productividad ha descendido hasta mínimos. Apenas escribo, leo poco y casi no hago nada (después de trabajar y atender a mi madre). El yoga lo he abandonado a cambio del tai chi, que me permite adaptarme a mi actual cuerpo de jota o ─como diría Pich i Pon─ a mi "cuerpo presente". Supongo que tarde o temprano volveré a las andadas y a escribir inagotablemene. En el presente no lo veo necesario ni útil. 
A pesar de que a veces buscamos reunir el máximo número de experiencias y de sucesos, con el tiempo con poquito ya hacemos.

Saul Steinberg

18.8.18

A gusto

En mi silencio crecen las palabras, un poco como en la selva las lianas y la hiedra en las ruinas. No siento la necesidad de escribir, aunque a veces echo de menos la caligrafía. 
Ayer vi una foto de una thermomix y me di cuenta de que hay una literatura y hasta una música "ligera" que vienen siendo como la thermomix respecto a un horno o la cocción con fuego. El producto cocinado por una thermomix siempre tiene algo que no acaba de fraguar los sabores y acrisolar bien el gusto. Últimamente he escuchado cantantes como Silvia Pérez Cruz o Rosalía o Indila que a su vez me recuerdan a Dulce Pontes. Hay en todas ellas algo excesivo pero sin llegar a ser rotundamente sentido. Pienso en los cantantes italianos de los setenta, que con sus voces roncas desgarraban estribillos y nos llevaban a unas emociones muy ardientes y casi siempre descomunales. De aquellos cantantes (Richard Cocciante es el primero que se me ocurre) provienen, si bien lo pensamos, Alejandro Sanz y hasta Pablo Alborán, que no son roncos -su voz no se lo permite- pero que cantan con una especie de desmedida "pasión", como si les saliera por la boca lo que no acaba de atragantárseles en el corazón. 
Hay un dúo muy bonito que hicieron Caetano Veloso y Cesária Évora (Mamãe Velha) donde contrasta claramente lo que va de ese estilo a cantar con una cierta consistencia y sin ñoñeces. Caetano Veloso (al que no le vamos a negar muchas buenas composiciones) encontró su momento álgido en su dúo con Salvador Sobral, otro ejemplo de lo que no me gusta como cantante. Creo que Más allá de Salvador Sobral ya no queda nada. A veces he oído en este sentido que al mismísimo Frank Sinatra se le consideraba "frío", precisamente porque no se entregó nunca al chillido del gallo cojo del corral ni tampoco a esa especie de desfallecimiento entre indie y una sensibilidad que escora a Lluís Llach, etc.

22.7.18

Homem do Buraco

Lo primero que algunos pensamos al ver el vídeo del hombre del hoyo, también llamado "el hombre más solitario del mundo", es que ojalá siga ajeno a ese mundo desde el que se colocó una cámara. Debe seguir porqué de otra manera sería contaminado por nuestras enfermedades, ante las cuales su sistema inmunitario no podría responder. Pero su soledad será respetada por lo menos mientras viva ─se le calculan unos 50 años─ para que pueda estar en su entorno, su único superviviente al parecer. 
Alguna vez gente que pasa fines de semana por áreas no muy habitadas de Gerona me han comentado que está llena de solitarios que no tienen contacto alguno con nadie. Cada vez que supe de alguien así me he acordado de los anacoretas que abundaron en nuestros siglos de oro y de quienes hay algún recuerdo incluso en el Quijote. Más allá de las modas, hay que creer que esos hombres y mujeres sufren un cierto hartazgo de la sociedad o de la familia, también del ruido que nos envuelve.
En mi propio entorno me he dado cuenta de que la polarización que nos domina también se nota en el uso del lenguaje. Hay gente que cada día habla más y gente que cada día hablamos menos. Entre los que hablan más están además los que no dicen nada, quienes usan la boca como una vía de escape de lo que resuena en sus pobres cabezas como en amplificadores de lo que ven en las redes o da vueltas en su magín. Entre los que hablan menos hay un uso comedido de la mensajería y en general una parquedad que se agradece entre tanta verborrea.
Ayer escuchaba, sin querer, a Carlos de Andrés, el comentarista deportivo del Tour de France que acompaña y acompañará a Perico Delgado durante la retransmisión de la Vuelta a España, el Giro d'Italia. Ayer su retansmisión mantenía la dicción que podemos considerar dentro de lo normal. Es en las llegadas a meta y en las caídas en el pelotón cuando surge una extraña entonación muy particular y el vocerío, los alaridos. Martín Barreiro, el meteréologo que a veces nos somete a unos partes de 15 minutos en los informativos de fin de semana de RTVE, los emite a toda velocidad y esa prisa va además acompañada por un tono que se hacer al grito. Pienso cada vez que lo oigo que era de más provecho que hablara menos y mejor, más pausadamente. También añado otra cuestión que ya he dicho por ahí alguna que otra vez: si una mujer hablara como hablan Martín Barreiro o Carlos de Andrés, probablemente la tacharían de histérica. He elegido deliberadamente dos profesionales de la televisión estatal, donde siempre había prevalecido un estilo de dicción muy cuidado.
Si tuviera algún interés podríamos, sin ir muy lejos, ver como cada uno nosotros tiene unos tics en la forma de empezar o acabar las frases, o elegir nuestros temas de conversación. Aunque parezca increíble yo conozco una mujer que empieza todas sus frases con: "En la privada...", "Por la tarde..." o "Mi marido...". Esa constante nos alerta de que sus mensajes están muy enfocados, además.
Nunca he recibido clases de dicción pero me figuro que en ellas se instruye sobre cómo usar de la forma más sana y productiva la voz, sin perder la expresividad, cuidando las cuerdas vocales y la respiración, que al fin y al cabo es el centro de la fonación. Si no respiramos bien y hablamos mucho caemos en lo que en aquella película decían: "blue in the face". Es imposible respirar bien si hablamos "por los codos". Y si no respiramos bien el bienestar es incompatible.
En el vídeo del hombre del hoyo se oyen ruidos de la selva amazónica. Aves, el golpe de su hacha contra un arbusto o árbol, el murmullo de las hojas. A veces cuando me ha decepcionado mi trato con los congéneres he encontrado en un paseo tranquilo por la sierra mucha serenidad y la compañía de todo cuanto baña el sol indistintamente, sin mirar quien es más o quien es menos. La soledad deseada es lo más opuesto a la compañía que nos impone su presencia y una cháchara molesta. Incomprensiblemente la cháchara y el ruido se relacionan con la alegría y toda fiesta está presidida por el alboroto y una cantidad descomunal de decibelios y estruendo. Los antropólogos nos dicen que las fiestas son una especie de guerra preventiva y es por eso que se comprende que haya bullicio y jaleo.

O homem do buraco lleva más de 20 años en soledad y ningún interés tiene en esa civilización y lo que podamos ofrecerle.
Índio do buraco


8.7.18

El antropoceno

ablan en la radio del verano y de los bronceadores de hace cuatro o tres décadas, incluida la mezcla de nivea y mercromina, además de la crema de vaca. Hay recuerdos de productos que nos sitúan en una determinada época con precisión admirable. En la época de la nivea con mercromina meterse en el metro de Barcelona era como meterse en un horno. Años después yo recorría prácticamente la línea roja y podía llegar a casa literalmente congelada.
Cada vez es más frecuente el término Antropoceno para referirse a la gran era posterior al Holoceno, la que designa un tiempo donde la acción humana sobre la Tierra ha dejado el calentamiento global, el dióxido de carbono y la "basuraleza", término que me resulta particularmente odioso. Pero el término Antropoceno sí que me parece acertado incluso fuera de la entelequia de los geólogos y paleontólogos.
Ando descolgada de la prensa y apenas leo titulares y eso a través de Twitter, en gran parte para mantener una cierta distancia y también porque estoy como todo el mundo bastante saturada de noticias. Escucho música de Ali Farka Toure, Toumani Diabaté y Sona Jobarteh, y pienso en si alguna vez podremos dejar en paz África. También pienso en los niños tailandeses atrapados en una cueva subterránea en época de grandes lluvias. El envanecimiento tecnológico crea nuevas situaciones ("escenarios") donde las posibilidades tecnológicas de rescate también son nuevas y más potentes. 
Torra remite de nuevo al "mandato" del 1O, aunque creo que alguno de los encausados ─tirando de hemeroteca sería fácil comprobarlo─ había jurado que aquello era simbólico. ¿En qué quedamos fue simbólico o no fue simbólico? Más que hablar de izquierdas y derechas podría hablarse de quienes como Pedro Sánchez e tutti quanti un día dicen una cosa y el siguiente dicen lo contrario, y los que más o menos tenemos una visión de la palabra anterior a la postverdad y la gamificación. Y, s´, ya hay un juego con asalto sexual en manada a la menor virtual.



1.7.18

Todo pasa

o pasa ni una semana sin que se ve un homenaje a Audrey Hepburn en una especie de hornacinas o capillas digitales en que se la recuerda en Facebook y también en Twitter. Cuesta desentenderse de los papeles que desempeñó en Desayuno con diamantes y en Vacaciones en Roma o en la O.N.U. o al verse clonada en otras actrices como Penélope Cruz. Pero se diría que es menos actriz que modelo y que la fascinación o admiración que despierta aún entre quienes ni siquiera habían nacido cuando ella ya no vivía es más una debilidad que otra cosa.
Estoy pensando en Agnès Varda, belga también, que recibió recientemente un óscar en manos de Angelina Jolie, formando una pareja cuyo contraste nos revela más valores de los que les suponíamos a ambas.
El último documental de Varda, Visages villages (2018), no nos cogió desprevenidos a quienes ya nos tenía ganados desde Daguerréotypes (1976), por su tratamiento de los seres corrientes que viven de manera modesta en su lugar y en su vida sin ir ni por encima ni por debajo de sus posibilidades. Un cine sin ficción y sin mitos o estrellas es factible y Agnès Varda nos presenta en pie de igualdad en sus documentales a un buen número de personas marcadas por la impermanencia del tiempo. El mismo cuidado con el que la directora expone a sus personajes de la realidad es el cuidado con el que ellos hacen sus labores y desarrollan sus oficios. No es que Varda renuncie a la mirada de artista, es que adopta una actitud sin mitomanías y alejada de la gran industria cinematográfica. Esa actitud llegó a su mejor expresión en Los espigadores y la espigadora (2002), en que la veíamos a ella misma como recolectora y recicladora de historias, siempre identificada con lo que filma. De una forma solidaria.
Quienes no conocen el documental de1976 sobre la Rue Daguerre, en Montparnasse, con sus comerciantes, ven en Visages villages en relación con el street art y los flashmob y otros desarrollos del arte visual moderno de mayor actualidad. Pero gran parte de cuanto se realza en su lenguaje actual en Visages villages ya estaba en Daguerréothypes. Aunque el documental se rodó en 1976 muchos de los participantes ya son anacrónicos, de una época que ya se había extinguido. De hecho los abrigos de borreguito y los trajes entalallados y con solapa ancha nos sitúan con mayor exactitud en el año 1976 que no la pareja de la perfumería, dos ancianos.
Por aquella época ya había algún supermercado en Barcelona, sobre todo en la zona costera y turística, con todos aquellos expositores giratorios con bronceadores de aceite de coco. No tenían las dimensiones de los supermercados que tenemos ahora, eran pequeños, pero cumplían con la premisa del autoservicios y una cajera asalariada.
Hace unos años hice mi propio homenaje de esa misma época para las tiendas de la calle Montsant, hoy reurbanizada tras haberse derrumbado los edificios afectados por la aluminosis. El documental de Varda nos muestra el trabajo del panadero en el horno de leña, el carnicero haciendo el despiece, el sastre que hilvana el patrón, la modista que remata, la relojería con su cuco y los relojes de carillón y sobremesa, l'épicérie. Todo se marca con el detalle de un belén o como el que le sugiere precisamente el daguerrotipo, la forma primitiva de la fotografía. Las puertas de los establecimientos y los escaparates actúan como encuadres o como pequeños teatros donde se enmarcan como sobre un estrado o diorama las escenas de los oficios. El cajón de madera donde se guardan las monedas para el cambio, las básculas y los cuchillo, el acerico al brazo, batas blancas o azules, vitrinas y estanterías, el género apilado, todo ello nos sitúa en un mundo prácticamente desaparecido o del que apenas quedan rastros.
Agnès Varda recoge en otro documental que ahora se distribuye conjuntamente con Daguerrótypes cómo quedó la Rue Daguerre el año 2005. Muestra qué negocios había el 2005. Pasamos ahora por una situación que vivimos como transitoria en que han desaparecido la mayor parte de los colmados, aunque algunos pakistanís se han establecido ofreciendo un horario extenso (hasta la ora n que está permitida la venta de alcohol), para los rezagados y para los que beben en la calle. Muchas cadenas y franquicias han transformado en pocos años el panorama hasta hacer casi indistinguible una calle de Londres de otra de Sevilla. No digo nada que cualquiera no sepa.
Si algo queda documentado en Daguerréotypes fielmente es la atención que ponían en su negocio cada cual. Además de que cada tendero tenía que estar con  los cinco sentidos en el establecimiento y en el público, la forma de cortar la pieza de tela o de carne o la forma de crepar el pelo, tengo la sensación de que el hecho de que el negocio fuera propio imprimía un cuidado especial: no malgastar material, la satisfacción del cliente, la paciencia en los ratos muertos, conocer la cadena de abastecimiento, etcétera. Se dirá que esas cuestiones subsisten en la economía de nuestra década, pero también podemos decir que si no malgastamos material es porque hay un control y también tal vez la conciencia ecologista. Y si pensamos en la satisfacción del cliente es desde una actitud diferente o tal vez incentivada o inducida pero en la que no se resentirá nuestro sueldo, fijo.
Más que apelar a un sentimiento de nostalgia, inútil, pienso en la mirada de Varda que no juzga ni pone orden sino que concierta. En Visages volvemos a ver a los personajes en sus oficios (el agricultor que con un solo tractor puede realizar diversas labores y hacerlas él solo, sin ayuda alguna de temporeros ni de nadie y cosechando un territorio descomunal, las camioneras, el barrio que fue de mineros, la granja que ordeña a mano a las cabras). Parece que en nuestra época hay oficios y profesiones que han pasado por cambios drásticos. El tiempo todo lo arrasa y los rostros de los personajes son únicos, irrepetibles, efímeros. Todo pasa menos Audrey Hepburn.



La churrería de Valle Hebrón

Como tenemos en Barcelona muchas colinas, es frecuente tener que habérselas con la horizontalidad y el nivelamiento. Las barandas de las escaleras a veces encuentran soluciones intermedias que no convencen porque ni conservan la línea inclinada ni saben seguir una línea recta, paralela al plano de los escalones. Desde mi ignorancia no creo que sea tan difícil encontrar un sistema. Los barracones de las churrerías y de otros establecimientos como los de los puestos de castañas o petardos suelen revelar la falta de nivel de nuestras calles porque necesitan ser "calzadas" con todo tipo de montantes y tacos. 
La churrería de la Avenida Jordà con el Paseo de Vall d'Hebron está bien pintada y calzada y, lo que es mejor, sigue preparando unos churros excelentes. Aunque en su rótulo pone que es de la Plaza Alfonso X "El sabio" (que está en la Ronda de Guinardó), suele pasar una parte el año ahí arriba. Aunque desde hace un tiempo se habla del peligro de extinción de las churrerías barcelonesas, porque las concesiones tampoco es que se vean facilitadas por el Ayuntamiento y por otros factores no menores, parece que van resistiendo.
Hace 15 días estuve tomando un cortado y una ensaimada en La Pallaresa de la calle Petritxol y vi a un grupo de extranjeros que podían ser ingleses y a una oriental que podría ser coreana comiendo churros. La señora oriental comía sus churros canónicamente mojándolo en el suizo (chocolate deshecho con nata) y era indudable que disfrutaba, que no había simplemente una especie de fruición turística ante algo exótico.
Como hoy en día la oferta de dulces es vasta y hasta excesiva, no sé si prevalecerá el aceite o las otras grasas. ¿Quién lo sabe?




24.6.18

El estilo

yer tuve en las manos el libro premiado de Remedios Zafra sobre El entusiasmo. El subtítulo ("Precariedad y trabajo creativo en la era digital") sitúa mejor lo que es el tema del libro, al mismo tiempo que lo emplaza en la contemporaneidad. Seguramente el título es a propuesta de los editores, que saben que tal cual será más fácil de recordar y citar, mientras que el subtítulo nos pone en las palabras de la autora, que ya se ve que es profesora de universidad. Hay por ahí alguna entrevista donde podemos verla hablar y el estilo es, sin entrar en pormenores, ése. De profesora de universidad. De ahí para adelante podríamos añadir los rasgos feministas y los del patrón generacional, que también son determinantes en su imagen y en sus borbotones de lenguaje técnico.
El estilo es algo que principalmente fue un día algo relativo a una voluntad de señalarse o ser de pleno identificado por unos rasgos característicos e incluso originales. En la moda, el estilo fue una virtud, algo que iba un poco más allá de la cacareada elegancia, que en general debe ser discreta. El estilo añade a la elegancia una desenvoltura y una marca personal que lo hacen incompatible con la discreción, que por lo general asimilamos a la elegancia.
Leeré bien el libro de Zafra  para poder afirmar con propiedad que más que un estilo pueden apreciarse unos rasgos comunes a los ensayistas que viven en una universidad y que están empapados de las doctrinas y los métodos que allí abundan y predominan. Pero, como dije, también hay rasgos del feminismo, de su edad y de expresar abstrusamente lo que tenemos la impresión que podría plantearse de forma más llana y clara. Y no solo me refiero al archisilabismo, que también, sino al empleo de una prosa gremial (si se me permite resolver así el temible asunto del corporativismo academicista).
Cuando se leen libros como el que hace unos días comenté, de Consuelo Martín, se agradece mucho que la profundidad y el rigor no estén reñidos con una cierta claridad y la renuncia a las florituras innecesarias y al registro clasista. Si en la prensa de opinión dejáramos de lado el estilo cipotudo y la prosa con arrebatos sentimentalistas e indignación de fogueo, quedarían los gurús y los pseudoprofetas más el florido pensil del comentarismo deportivo. Josep Maria Espinàs es caso aparte, porque trata sobre las cosas comunes con una atonía que lejos de recordanos la sorna rural con la que Pla señalaba las ridiculeces de su entorno, nos arroja a la apatía más insulsa que se pueda imaginar, si es que ante ese contexto podemos invocar la imaginación. Cuando lei A pie por la Costa da Morte fui consciente de lo bien consolidada que estaba su carrera literaria, al menos en lo comercial. También de la ignorancia (en los dos sentidos de la palabra ignorancia) del gallego. Espinàs podía haber transcrito literalmente los diálogos que recoge, pero los presentó con bastante descuido o apatia y además sin saber si se trataba de hablantes que hablaban mal español. Suele ocurrir que parece que nos encontramos con hablantes que hablan un gallego muy pobre cuando en realidad son hablantes que intentan hablar en español. Espinàs no parece hacer habitualmente un trabajo previo de documentación.
También se confunde bastante con el estilo el empleo de metáforas a chorro. A veces, tengo que admitirlo tal cual, hasta los evangelios me resultan un poco cargantes cuando hay profusión de parábolas. Como la de la semilla que cae en la piedra y no germina, muy compleja y que me temo que nos aparta de lo que importa. Pero también admito que en el lenguaje original de los evangelios, el griego, es posible que el texto sea mucho mejor. 
Textos con intención motivacional como los de Bucay y otros conocedores de la psicología humana están tan plagados de cuentecillos y metáforas, que llegado un momento ya no saben los lectores si un burro es un burro y un pedazo de pan es algo más de lo que es, que no es poco. Como llevar una metáfora muy lejos suele ser imposible y además poco productivo, esos textos acostumbran a convertirse en una sarta de metáforas con mariposas, campos arados, cielos sin nubes y especialmente lagos en calma.

Retama en Collserola

3.6.18

Víctimas de la metafísica

yer me tropecé con un palé con caja adosada. Digo que es una "duplicadora" porque al estar de lado me recuerda a una de las cajas de las tiras de Calvin and Hobbes, la que clonaba, que luego se convirtió en una transmograficadora. Aunque es frecuente encontrar palés tirados en las calles, con caja no es tan sencillo. Esa caja en plena calle y cuando yo era niña hubiera sido un hallazgo descomunalmente feliz. Hay que decir que muchos niños conseguían hacer cobertizos más o menos de ese tamaño en alguno de los solares el barrio, y los hacían con trozos de madera y de muebles que se encontraban abandonados. Pero esta transmograficadora es ideal, incluso aunque hubiera que pelarla de impurezas y pinchos. Que además fuera con un gran cartón de caja de solapa y una bolsa de plástico también enorme, hace que el cajón sea magnífico. 
Desafortunadamente los niños hoy en día no pueden jugar en la calle y si lo hacen es ante la vigilancia de algún adulto. El otro día pasé por la plaza dedicada a Álvaro Cunqueiro y había cosa de unos 60 niños y el alboroto que formaban no solo ellos sino también los adultos era tanto que pensé en el malestar de los pisos vecinos. No hace ni un mes que han cerrado una piscina pequeña de una plaza interior del Ensanche precisamente porque se tomó medida de los decibelios y eran incompatibles con la convivencia. El ruido de unos tiene que poder convivir con el silencio de otros, o al menos no perturbarlo más allá de lo razonable.
Pero a lo que iba es al tema de los niños, que tal vez cuentan con muchas actividades lúdicas y deportivas y muchas escuelas ─sobre todo para las familias de mayor poder adquisitivo─, pero que no sé yo si tienen la libertad. Es una palabra que ha pasado desapercibida en el Manual de vida de Epícteto cuando realmente es su veta principal y esencial, la que nutre las otras ideas expuestas.
Naturalmente los niños ricos, al haber podido recibir su enseñanza en centros más reputados y al haber podido obtener una formación más completa en lo que es cuestión de dinero (idiomas, deportes minoritarios, clases de refuerzo, etcétera), pueden también acceder a las mejores oportunidades laborales. Y sin embargo pienso en que por mucho que vayan a esquiar nada es comparable con tener un cobertizo de madera secreto, o con vivir la infancia como Tom Sawyer o Huckleberry Finn o al menos de una manera si no tan libre por lo menos con la sensación de que cada cual tiene un espacio que es suyo y que es especial, particular, propio.


(*) El Duplicador también es una caja de cartón, aunque en este caso está colocada de lado. El zap que se oía cuando una persona era transmograficada es sustituido por un "boink", que lleva a Hobbes a decir: «¿El progreso científico hace boink?» («Scientific progress goes 'boink'?», título de una de las colecciones de Calvin y Hobbes). Calvin intenta clonarse a sí mismo para que su clon haga las tareas por él. Sin embargo, el clon se niega a hacer cualquier trabajo. Más tarde el clon se clona a sí mismo hasta 5 veces y vuelven locos a los padres de Calvin. Finalmente Calvin los engaña y, cambiando el Duplicador por el Transmograficador (borrando una palabra y escribiendo la otra en la caja) los transforma en gusanos. ​Para evitar que suceda otra vez algo parecido, en una tira posterior le añade el Moralizador, que sólo clona la parte buena de Calvin. «¡El moralizador debe ser muy potente para encontrarte esa parte!», dice Hobbes, a lo que Calvin replica: «¡Puedo explotarlo fácilmente!». El resultado es un niño educado, obediente, limpio y buen estudiante, que termina enamorándose de Susie. Susie comenta: «Si fuera cierto (que eres la parte buena de Calvin) serías mucho más pequeño». Finalmente Calvin, horrorizado, lo destruye haciendo que quiera pelear con él, y el clon sólo podía pensar en el bien, por lo que desaparece. Hobbes comenta: «Otra víctima de la metafísica» ("Calvin y Hobbes", Wikipedia, En: https://es.wikipedia.org/wiki/Calvin_y_Hobbes (Consultado el 3 de junio de 2018)

29.5.18

El gran árbol da su fruto al que el nombre del fruto diga



os levantamos hoy con la noticia de la muerte de María Dolores Pradera y me vino a la memoria el verso de Agustín García Calvo y la canción a la que puso música Chicho Sánchez Ferlosio, "El mundo que yo no viva". Es una canción que forma parte de mi memoria sentimental, y aunque resulta difícil elegir una entre todo el repertorio de la cantante, yo eligiría la versión de esa canción que cantó con Amancio Prada. Tal vez no es su mejor canción pero a mí me trae bellos recuerdos.
Ya lo dijo Pessoa, que el recuerdo es una traición a la naturaleza. Verdaderamente es hasta una aberración, pero muchas veces nos gusta perdernos en la nostalgia. Con algunas personas se van también épocas enteras, y eso podríamos decirlo tanto con otro recién fallecido (José María Íñigo) como con María Dolores Pradera.
Me acuerdo que tal vez las dos muertes que más he llorado fueron las de mi canario y la de Carmiña, sobrina de mi abuelo. Retuvo las lágrimas de la muerte de Trini pensar que estaba llorando por un pobre viejo pájaro asesinado por una maldita urraca asquerosa más de lo que había llorado por mi propio padre. Pero por mi padre no tuve ocasión alguna de llorar porque tuve que encargarme de lo inexcusable y cuando pude levantar la cabeza ya el duelo se había instalado muy adentro. Lo de Carmiña, que no era mucho más vieja que su tío Melé (mi abuelo materno) fue muy sentido también por culpa de darme cuenta de que con ella se iba toda una generación y hasta ─¿cómo decirlo?─ un modo de hacer y de estar en este mundo.
Carmiña vivió en Cée (La Coruña) y desplegaba su saber ante los casos difíciles. Su manera caritativa y paciente de tratar a los enfermos mentales severos y de seguir la no escrita tradición rural de callar y ver y oír, para mi fueron no solo un ejemplo sino también un modelo de lo que ya no abunda mucho. Por lo menos con su naturalidad. Tampoco es que se crean madresteresas o que impongan una especie de superioridad moral que no hace al caso. En general eran personas que estaban en paz sobre todo consigo mismas.
Me topo hoy al llegar a casa con los escombros y los restos inconfundibles del que fue muchos años el espacio donde yo practiqué yoga en la tienda de Integral. No estoy bien segura de las fechas, pero podría afirmar que la tienda está vinculada a la primera revista homónima señera de agricultura ecológica, naturismo, solidaridad, energías alternativas y espiritualidad sana. Fue allá por el año 1978. Yo empecé a ir a las clases de yoga de Julián Peragón en el año 1991.  Aprovecho para decir que en mi primera clase había una señora de más de ochenta años que hacía el arbolito y más. Hay que decirlo porque ahora (a la vista de la infinidad de yogas piláticos y ultracompetitivos tipo selfie de Instagram) resulta inverosímil pensar en la existencia de una yoga profundo y abierto a todo el mundo.
Aparte de reconocer entre los escombros la puerta del gran armario donde guardábamos las esterillas y las mantas y los banquitos de meditación, he visto la puerta metálica que se echó hará 3 o 4 años algo levantada. Hoy es el día en que se recogen los trastos en mi zona, así que pronto desaparecerán si no es por obra de las labores de limpieza municipal por los chatarreros y demás que pasan de forma oportunista antes de las 10 de la noche.
Sabemos que todo está condenado a la desaparición, o tal vez solo prevalecerá la Coca-Cola y poco más. Shiva, que es de todas las divinidades hinduistas, la más invocada por los yoguinis, representa la destrucción. De todas maneras ni es cosa de venganza ni nada que se le parezca, pertenece a un proceso dinámico en el que participan la conservación, la creación y la destrucción como tres fuerzas que mueven el universo. La destrucción o la eliminación es necesaria para la creación. Sin nostalgia pero con un cierto afecto contemplo los escombros del espacio que nos acogió tantos días.
La tienda Integral durante muchos años fue la única del género en Barcelona, cuando ahora hay supermercados y cadenas con idéntica vocación. Creo que prácticamente durante todos esos años estuvo al frente de la tienda Laura, hasta que se jubiló. Trabajadora y amable.
Además de las clases de yoga de Julián Peragón, también dio clase Ayako Zushi y hubo un grupo de tai chi que lo enseñaba Josep. En los últimos años dio clases de hatha yoga Maja Drnda. La tienda tenía su entrada propia y tenia un altillo de madera donde estuvo la librería y todas las estanterías también eran de madera, con lo que el aroma que se mezclaba con el de las legumbres, los cereales, la fruta y la verdura, podía satisfacer plenamente al olfato más delicado. Nada que ver con el olor o el no-olor de las grandes superficies comerciales, donde incluso es fácil que nos impongan algún aroma artificial que nos induzca al consumo por inspirarnos alguna idea que sugiera limpieza, frescura o tal vez algo parecido a la tapicería de un Jaguar al pasar cerca de un campo de lavanda.



28.5.18

Maria Callas

Maria by Callas (Tom Volf, 2017) lleva el elocuente subtítulo "In her own words". Y aunque me refiero a la película por subtítulo me refiero al título que complementa al nombre principal pero que no ha trascendido en la cartelera. El director parece que no haya hecho más que reunir toda la documentación gráfica y algunas entrevistas que se hicieron a la soprano. En realidad le da la absoluta preeminencia y él se queda muy atrás con una contenida discreción que realza con gran ternura el papel de Maria Callas más cercano a su verdadera identidad. Su forma de descartar las versiones procaces sobre el temperamento de Callas como diva, fortísimo, es la de dejárnosla ver en su forma de hablar, de moverse entre los periodistas y sobre todo de alguna carta que íntegramente nos revive su relación con Aristóteles Onassis y su profesora de canto, que era española. El magnate, si se me permite, queda un poco como una especie de palurdo o ricacho tipo Paco El Pocero. Pero no porque en las palabras de Maria Callas haya algún resquicio de sombra de muestra denada que nos de a entender que Onassis era tosco. Ella se refiere a su sinceridad. La sutileza de Volf en este punto y en otros es brillante, nos llena de agradecimiento a quienes adoramos a tan superior diva.
Oí una vez a Montserrat Caballé decir que era la mejor cantante que había habido nunca en la ópera. Y estoy convencida de que muchos estamos de acuerdo. Aparte de su voz, a pesar de esos destellos metálicos que yo solo he sabido apreciar cuando hablaba ─sobre todo cuando lo hacía en inglés, no tanto en francés─, Callas era una buena actriz que con su presencia establecía un magnetismo incomparable.
Es muy conmovedor el disgusto que tuvo cuando tuvo que soportar el rechazo del público romano cuando suspendió una representación (creo que de Norma, si mal no recuerdo) aquejada por la afonía causada por el frío del camerino. Maria Callas no es la primera ni la última artista que prueba la amargura de la ingratitud. Años después, en una representación en Chicago o Nueva York (perdón por la desmemoria) tuvo que abandonar la escena y no pudo cantar el tercer acto, pero el público recibió la noticia con una ovación cariñosa. No sé si el público romano es mejor o peor que el neoyorquino, tal vez es muy exigente. Pero sé de otros casos en que un desaire del género o incluso menor ha producido en algún artista, incluso de otros ramos, un disgusto insuperable.
En la misma línea a la que me acabo de referir, de sutileza, Volf nos da a entender la soledad de la soprano, cómo su entrega al arte hizo que renunciara a una vida familiar y parece que sus últimos años fueron de soledad. Uno soledad sin privaciones económicas pero sin el apoyo de un hombre, hijos, etcétera.
Algo que es llamativo en el proceso de la vida de la cantante es que durante los años en que estuvo casada con Onassis se arregló la dentadura, que aunque estaba bien alineada, parecía estropeada y de un color poco atractivo. Su cara también se fue estilizando, de manera que pasó de ser un poco ancha por demás a tener unos pómulos que solo hacían que realzar su belleza griega y unos ojos enormes y muy dramáticos.
En la proyección aparece alguna representación que es posible ver en Youtube. No falta la "Casta diva", tan asociada a su carrera y que yo por mi parte asocio a la poeta Maria Mercè Marçal, en cuyo velatorio sonó.
Al visionado de la película resulta inverosímil que una mujer tan elegante y educada pudiera destacar no por esos valores sino por su temperamento. Aún de ser verdadera una versión sesgada  de la diva, me parece tan irrelevante al lado de su elegancia y su educación y su potencial como artista que hasta me da rabia tener que decirlo.