28.7.17

Opiniones y versiones



o hace falta recordar las diferencias entre una opinión y una versión, cuando una opinión ya se fundamenta en una cierta subjetividad mientras que una versión lo que pretende es establecer un punto de vista en un determinado momento en el tiempo. Han corrido litros de tinta sobre las versiones cinematográficas. Yo no sé si hay versiones literarias de obras cinematográficas, por lo tanto sobre guiones cinematográficos. Seguro que sí. A veces, se suele decir, las versiones cinematográficas superan sus fuentes. Tal vez uno de los casos más claros el "El tercer hombre" (Carol Reed, 1949), basada en el guión de Alexander Korda y éste en la novela homónima de Graham Greene, que se publicó el año 1950.
En la novela, al final leemos:
 «"Usted ha ganado. Ha demostrado que soy un maldito tonto."
 "No he ganado", dijo. "He perdido". Le vi alejarse a zancadas detrás de ella con sus piernas demasiado largas. No creo que le dijera una palabra: fue como el final de una historia, salvo que antes de que giraran y se perdieran de vista la mano de ella cogió el brazo de él... que es como suelen comenzar las historias. Disparaba muy mal y conocía muy mal a la gente, pero se le daban bien las novelas del Oeste (el truco de la tensión) y las chicas (no sé qué tendría). ¿Y Crabbin? Crabbin sigue discutiendo con el British Council sobre los gastos de Dexter. Dicen que no pueden presentar gastos simultáneos de Estocolmo y de Viena. Pobre Crabbin. Si lo piensa uno bien, pobres todos nosotros. (*)

En la película Rollo Martins se llamó Holly porque Joseph Cotten creyó que "Rollo" era un poco equívoco, que podía parecer gay (como si "Holly" fuera tan viril). Este papel se ve que Carol Reed quiso dárselo a Cary Grant, pero finalmente lo interpretó Joseph Cotten y la verdad es que lo hizo muy bien. Otra cuestión es que Rollo Martins en la película es bien conocido que es ignorado por Anna Schmidt (Alida Valli) en la célebre escena del final. Se ve el largo paseo con árboles a lado y lado, ella se acerca a Martins pero pasa por delante de él sin decirle nada y sigue su camino. 



Es decir, en la versión de la novela él se acerca a ella y la toma del brazo, dándose así a entender que de alguna manera ella acepta su aproximación y por lo tanto su amistad, o lo que surja. Indica el principio de algo cosa que, en la literatura y en otras industrias, deja una puerta abierta a una continuación, a una salida esperanzada. Pero resulta que Carol Reed cambió ese final como puede verse en el vídeo que inserto. Ese cambio ha sido señalado en algunos lugares como el motivo de la indignación del escritor Graham Greene: 
"Y sobre todo, al final de la película, altera su sentido moral, suscitando el enojo de Greene, que rompió toda relación con el realizador. En efecto, en el guión, a raíz del largo travelling que presenta a Anna volviendo del cementerio donde acaban de enterrar a Harry, Holly le espera, ella se acerca y se van juntos." 
Nunca he creído que Greene se enfadara con Carol Reed por haber versionado un final tan diferente. Primero porque tengo la idea de que G.G. fue un hombre tranquilo y segundo porque cuando este tipo de afirmaciones toman la forma de anécdota para mí no guardan mucho crédito. Graham Greene tuvo problemas por no casarse ni con la derecha ni con la izquierda, era un literato con matices.  Esa anecdota va dando tumbos por los diarios y por las esquinas de internet sin que sepamos a ciencia cierta de donde salió.
En "Qué grande es el cine" se habló, como no podía ser de otra manera, de ese final cambiado y resulta que Juan Miguel Lamet pudo explicar que sabía que la distribuidora había intervenido en ese trozo final para acortarlo. La explicación se encuentra a partir del minuto 4:21 de una grabación del programa que se hizo sobre "El tercer hombre". Lamet explicó que él había visto el estreno de la película, y cuando Anna Schmidt se estaba acercando al lugar donde estaba Holly Martins, a unos cinco metros de ese preciso lugar, aparece el fundido en negro y la frase "The end". Por lo tanto Carol Reed dejó un final indefinido o en el aire, abierto, mientras que la distribuidora de alguna manera lo mejoró al marcar la soledad en que deja Harry Lime a sus supervivientes. Y Garci cuenta que a Greene le gustó mucho ese final de Carol Reed. Al final de ese vídeo se puede ver en paralelo las dos versiones cinematográficas finales, la del estreno y la de la distribuidora, que es la que conocemos. 
El dilema moral de Rollo para delatar a su amigo (Orson Welles como Harry Lime), que sabemos que hacía negocios con penicilina adulterada pero que ya era un pieza desde su tierna infancia, es algo que en ningún momento hace dudar a Alida Valli en su papel de Anna Schmidt. Por repugnantes que sean los negocios de Harry Lime su amor por él es indefectible, incondicional. En la novela el personaje de Anna le dice a Rollo: "No le deseo, pero está dentro de mí. Es así... no es amistad. Pero cuando tengo sueños sexuales él es siempre el hombre". La frase (**) desaparece del guión, pero la interpretación de Alida Valli y todo el argumento cinematográfico en su lenguaje visual, la evocación a Antígona incluso, no nos deja ninguna duda al respecto.
El final de Greene era un poco favorable no solo a Rollo Martins sino al tipo de escritor que era Rollo Martins, de novelas del Oeste, con trazos simples y unos tipos humanos que responden a estereotipos incluso. El final de la película, la versión que ha predominado, le da una mayor estatura a la mujer que amó a Harry Lime, que aunque era un canalla, se engrandece al merecer una estima tan grande.
Releo estos días alrededor de ese eje el primer libro de Jane Austen, Sense and Sensibility, en que las dos hermanas Dashwood se enfrentan a la vida con diferentes actitudes, una desde la pasión y otra desde la prudencia y la sensatez, el recto juicio. Pero de alguna manera, Jane Austen como Graham Greene, se nos viene a decir que ninguna de las dos actitudes se puede proclamar como la acertada en estado puro.
*
Creo que al menos para mí una filmación con Cary Grant en vez de Joseph Cotten me hubiera dejado una impresión bien diferente, pero que cualquiera de los dos actores podía hacer bien el papel.
El recurso al que alude Gaham Green al final de la novela, de hacer que el fin se acabe con un principio es una propuesta casi siempre bien aceptada. El don que tienen los autores de firmar el final probablemente les permite no solo rubricar la obra sino que les concede el poder de matar a un personaje, hacer nacer a otro, cambiar el color de una casa por grande que sea y producir todas las tempestades que le venga en gana. Y eso no los distingue de los pintores trogloditas que pintaban escenas de caza antes de salir a por comida. Hay autores que empiezan ya "matando". Lo bonito es que nos defiendan a lo largo de toda la obra la cohesión del desenlace, sin apaños.

"Sofa y solar" (c)SafeCreative 1707283166339

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(*) «‘You win. You’ve proved me a bloody fool.’ ‘I haven’t won,’ he said. ‘I’ve lost.’ I watched him striding off on his overgrown legs after the girl. He caught her up and they walked side by side. I don’t think he said a word to her: it was like the end of a story except that before they turned out of my sight her hand was through his arm – which is how a story usually begins. He was a very bad shot and a very bad judge of character, but he had a way with Westerns (a trick of tension) and with girls (I wouldn’t know what). And Crabbin? Oh, Crabbin is still arguing with the British Council about Dexter’s expenses. They say they can’t pass simultaneous payments in Stockholm and Vienna. Poor Crabbin. Poor all of us, when you come to think of it».
(**) «Even Harry had done more for her than I had. I said, “You want him still,” as though I were accusing her of a crime. She said. “I don’t want him, but he’s in me. That’s a fact – not like friendship. Why, when I have a sex dream, he’s always the man.”»


(c)SafeCreative *1707283166421

24.7.17

Dunquerque y Raval

—Collins: He's on me. 
—Farrier: I'm on him. 

o es que sea aficionada al cine bélico, pero sin duda "Dunkerke" (Christopher Nolan, 2017) abre una nueva época para este tipo de películas. El hecho de que se trate de un hecho histórico (la operación Dinamo, de evacuación de más de 300.000 soldados aliados sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial) no es un elemento secundario y el mensaje patriótico no es menor. Tal vez nadie como los británicos sabe apelar al patriotismo sin que se les considere rancios o todas aquellas consideraciones a las que desafortunadamente estamos tan acostumbrados cuando se apela a la grandeza del propio país. "Dunkerke" es un ejemplo más de esa habilidad. Tal vez Garci en "Sangre de mayo" (2008) consiguió ese punto de heroísmo y de orgullo. Pero no creo que consiguiera que se le secundara. Lo siento.
Para el que no le guste el cine bélico, siempre puede encontrar en esas emociones e incluso en la emoción estética, su disfrute de la película, donde los diálogos son mínimos pero sin nada superfluo. El relato es trepidante, y el hecho de que se mueva entre el día y la noche, y bajo la continua amenaza de la Lufthansa y de los submarinos, crea un ritmo que sería difícil sostener si no fuera porque seguramente Christopher Nolan ha cuidado ese factor com dicen que el sonido realza musicalmente los espectáculos pirotécnicos. Hay una coreografía de los ataques. Pero no tiene nada que ver por ejemplo con las escenas de Visconti, que tanto sabía de ópera, también de precisa belleza. Estoy pensando en Augusto Ferrer-Dalmau, pintor de temática histórica y militar. El estilo de "Dunkerke" es más moderno, sin contar con vistosas casacas rojas, escarapelas, caballos, ni casi dorados. Las dos o tres mujeres que aparecen en toda la proyección son enfermeras y ofrecen té. No aparece, si no recuerdo mal, ni un solo animal. Tampoco hay una intervención visible de la realidad virtual ni de unos efectos especiales digitalizados, cosa que se agradece a la vista de lo mucho que se ha abusado por ejemplo de la multiplicación de imágenes para crear hordas. La digitalización, si la hay, no se exhibe, es discreta. Como con sprezzatura. Tampoco hay sangre, y con eso ya lo hemos dicho todo. O mucho, claro.
Yo creí que después de ver la película, al salir al mundo real aquello nos iba a resultar un remanso de paz. Pero nos hemos dirigido al Raval y desde el Bar Almirall hemos podido ver como en cinemascope todo el desenvolvimiento de un incidente bastante incomprensible. El bar está en Joaquín Costa con la calle Ferlandina, en la encrucijada de ambas calles. Pasan muchos filipinos. Como asoma a las dos calles hemos podido ver llegar una ambulancia, un hombre con el pantalón sangrado, a la altura de los genitales y otro hombre al parecer ebrio y extranjero o drogado y extranjero. Extranjero era seguro. La auxiliar de la ambulancia se encaró con él porque quería seguir lo que pensamos que había sido una pelea o una agresión subiéndose a la ambulancia. Coraje. A los pocos segundos se sumó una brigada de la Guardia Urbana, dos de los Mossos (dos coches y un furgón) y una de la Policía Nacional. Ese despliegue, además de un coche a juego con la ambulancia (probablemente médico), parecen totalmente desproporcionados para el caso. Pero está claro que lo digo desde mi ignorancia, a pesar de que en la calle se comentaba esto mismo.
Cuando ya se me había casi olvidado completamente el azul del mar que separa Francia e Inglaterra y al magnífico piloto Farrier (los pilotos me pierden) resulta que uno de los de la Guardia Urbana vio pasar un joven que iba sobre una bicicleta que a cualquiera de nosotros tal vez no nos hubiera llamado la atención. Pero claramente era una bicicleta de Bicing pintada de negro. El servicio de Bicing es tan municipal como lo es la Guardia Urbana. Tal vez a partir de ahora veré más bicicletas de Bicing robadas y pintadas de negro pero no antes de este incidente. Es seguro que los funcionarios de la Guardia Urbana pueden distinguir una bicicleta de estas entre cientos. De hecho, las ruedas y el cuadro son muy característicos y ahora sé porqué.
Así que no es que "Dunkerke" fuera algo de lo más relajante, pero al menos sabíamos más o menos el final, de lo que tenemos en Barcelona nada sabemos.

El piloto Farrier en "Dunkerke" (Christopher Nolan, 2017)

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Post 1546: La recursividad recursivista

Hay dos tipos de personas: aquellas que dividen
 a la gente en dos tipos y aquellas que no lo hacen
Distinción de Barth

e un tiempo a esta parte no he podido ir mucho por Collserola por un problema muscular por una contusión. Vengo haciendo la misma ruta hace años, desde 1990. En esos años ha habido cambios en la afluencia de visitantes. Hay gente que la he seguido viendo, y otra que no. Esto es porque hay personas que iban a caminar como yo pero que ya no pueden porque han envejecido o porque se han muerto. Lo más remarcable es que en los primeros años de mis excursiones encontraba muchos corredores (runners) y luego lo que más he visto son ciclistas (mountain bikers). Muchos corredores, por no decir todos, se acabaron lesionando y eso los alejó del paradero. 
En esos años se erradicaron los huertos que crecieron a ambos lados de la carretera que sube al Cementerio y se tomaron medidas para que no accedieran los coches por las pistas forestales. También se limpiaron los arcenes y se ha hecho por ejemplo un paseo que va desde Torre Baró por toda la Carretera Alta de Roquetes. El paseo está segregado de la carretera y hay una barrera física que creo que sirve para impedir que puedan bajar jabalíes pero que también nos protege de los coches y de las motocicletas.
La web del Parc Natural de Collserola hoy no me está funcionando bien y no comprendo la razón. Como también hacía tiempo que no entraba, prefiero no pronunciarme como no sea para decir algo favorable. Pero el caso es que mis impresiones ayer fueron bastante desazonadas. Sea por la sequía, sea por el abandono de algunos parajes, sea por las secuelas de los sucesivos incendios que se producen en las estaciones secas, mi sensación fue de tristeza. Las fotos de hoy son del mismo árbol, un plátano de sombra que está ya tocando la Guineueta. En la imagen que enlazo he marcado la curva de la carretera en donde está el plátano con una tono amarillento. Hace dos veranos las chumberas estaban perdidas de cochinilla. Aunque las chumberas se consideran una especie invasiva, la visión de estas plantas llenas del característico hongo y sin frutos es algo que zozobra. Hay años que los pinos han padecido la procesionaria, pero ahora no se ven. Y a pesar de que hace cosa de 25 años se repobló ese lado, ahora está francamente en decadencia. Los pocos ejemplares que había anteriores a la repoblación han padecido el fuego no una sino varias veces. Como es un terreno accidentado, con la que se sofocaron los incendios ha dejado el manto bastante empobrecido.
No escribo como experta en parques, solo dejo mi testimonio como visitante que hay algunos rincones que conozco de memoria como la palma de mi mano. Tal vez el patronato que rige el Parc confía en la regeneración espontánea de su extensión (más de 8000 hectáreas). Un problema no menor es la afluencia de ciclistas por las zonas de umbría y torrenteras, de manera que erosionan los sotos además de ser un peligro para quienes paseamos, porque son caminos estrechos y los deportistas van a gran velocidad y cuando los notas ya los tienes como aquel que dice encima. A lo mejor hay áreas del Parque mejor cuidadas o atendidas y preservadas. Es algo que desconozco.
Los barceloneses que gustan de la naturaleza prefieren coger el coche [sic] y alejarse hacia las montañas. Yo me acerco a este parque subiendo a pie desde mi casa y hago toda la ruta pasito a pasito. En parte me parece un contrasentido que nos guste la naturaleza y que empleemos vehículos privados para conquistarla. Estoy segura de que hay opciones y de que no puedo pretender que todo el mundo haga lo que yo hago. Tampoco me gustan los barcos e polietileno ni los catamaranes, qué le vamos a hacer.
*
Si alguna cosa me han aportado las redes sociales es que he podido saber qué piensa en realidad mucha gente. Cuando hablamos con alguien parece que nos ajustamos cada quien a cada cual. Pero al estar es uno de esos patios de vecinas vemos lo que le dice la del 3º 1ª a la del 4º 2ª y nos abre a "nuevos horizontes" de comprensión. Una de las cosas que he aprendido es que en mi entorno hay poca gente interesada en la botánica o, por decirlo más modestamente, en los vegetales en general. Diré al lado de esa afirmación que tal vez no interesan mis fotografías (no digo estas de hoy, que son coyunturales), sí otras. Pero en general llaman más la atención las fotos de bodas, bautizos, comuniones y otros festejos que las fotos de arbustos, árboles o flores. La curiosidad se ve satisfecha y además responden a las aspiraciones que suelen preocupar a quienes tienen hijos.

*
Toda discusión que se prolongue lo 
suficiente, terminará en Semántica
Ley de Hartz

Otra de las observaciones que he podido desgranar es la de la consabida polarización. Ayer Twitter se hizo eco de una tribuna de Pedro Álvarez de Miranda en "El País" sobre la polémica del iros/idos. Básicamente el académico intenta explicar una vez más que la Gramática actual de la RAE es tan descriptivista como prescriptivista. De manera que se sigue indicando la forma correcta (idos) pero se acepta una forma que va ganando terreno en los hablantes (iros). Una de las tuiteras que se hizo eco suele corregir muchas veces tuits muy mal escritos. Ayer ella misma escribió uno que usaba "debe" sin el "de", con valor de probabilidad. Esa forma hace unos años estaba fuera de la norma. Si queríamos indicar obligación era sin la "de". "Yo debo comer" indicaba que no me quedaba más remedio, mientras que "Ella debe de comer" indicaba que posiblemente estaba comiendo. Según la nueva Gramática, a la que se adhiere la tuitera de quien hablo, la forma sin "de" se admite, y pone un ejemplo de autoridad con Mario Vargas Llosa.
Lo que pretendo decir es que usar la Gramática como una especie de Código Civil es inviable, no ya porque la Gramática misma no es preceptivista sino porque no queda claro que sea descriptivista. De hecho ya parece una gramática recursivista, una víctima del efecto Droste. De manera que nuestra amiga no admitirá una forma ortográficamente vamos a decir extravagante como buena pero sí que admitirá la letra pequeña de la nueva gramática, llena de formas aceptadas por su uso. Ya no tiene una muchas ganas de hablar de lo que se habla para que encima nos tengamos que manejar en un idioma que parece el BOE o algo sometido a los decretos de los viernes.
Hace unos años la RAE se parapetaba en la explicación de que no podían vivir al capricho de la neología, que tan poca estabilidad tiene, y que lo razonable era aceptar las irregularidades y los neologismos cuando ya fueran formas más reposadas y fenómenos bien fundamentados. 
*
Seguiré mientras pueda yendo a Collserola y escribiendo dentro de mis posibilidades de acuerdo con la gramática en la que tengo mi competencia. De otra manera sería un sinvivir (no un "sin vivir"). Yo decía "íos", que según Álvarez es la forma más incorrecta.

Plátano de Roquetes (1 de mayo de 2012)

Plátano de Roquetes (10 de noviembre de 2015)
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Plátano de Roquetes (23 de julio de 2017)

Plátano de Roquetes - Primavera de 2007 o 2008

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19.7.17

Post de trámite (el jardín de las malicias)




na de las metáforas que se emplean en las guías de meditación es la del agua clara. Se suele explicar que la mente vive en un torbellino de ideas, recuerdos, deseos, miedos, errores, sospechas y ruminaciones y que al meditar ese torbellino se aclara. Como cuando agitamos el agua del mar y dejamos que se deposite la arena en suspensión, luego todo se ve más claro.

Hoy con el presunto suicidio o la presunta muerte accidental de Miguel Blesa se han agitado las tuiterías e incluso hay quien ha hecho una especie de simulacro o parodia de las posibles respuestas típicas, cosa que cierra el círculo y las posibilidades que la realidad misma no había agotado. Me temo que la utilidad solidaria que podría tener Twitter, de denunciar atropellos, irregularidades y tremendismos queda neutralizada por su misma capacidad para difundir tonterías, asimilar atrocidades y -como se dice en catalán- embolicar, "liarla".  Lo que pasa además es que normalmente Twitter se hace eco de la prensa, en un 80% o más diría yo. Y lo que podría ser una fuente de información muy fresca, inmediata y de gran propagación, no deja de ser una extensión de los medios y de las opiniones de las cuentas influyentes o de gente famosa o con  muchos followers.
Twitter no va muy allá. Lejos de Twitter, en algunos despachos y dependencias no entra la claridad, se llevan las cuentas y balances con trampas para que salgan los números y los resultados, y se usan los resquicios de las leyes para encajar situaciones difíciles de asumir en un estado de derecho. Todos sabemos de algún revés del derecho, abusos, injusticias, agravios, ilegalidades, arbitrariedades, iniquidades y todo género de desmanes, componendas, ventajas chapuceras, que en el mejor de los casos nos hablan de amoralidad. La gente que sí que sabe aconseja no hacerse mala sangre. Por mucho que se eviten los tratos con los poderosos y su parentela leal, por grande que sea el cuidado, la vileza está por todas partes. 
Me comentaba ya hace años una profesora de la Universidad de Barcelona, felizmente jubilada, que en toda la administración de nuestra comunidad autónoma había cada vez más carguitos políticos. Cuando Artur Mas era presidente de la Generalitat se hablaba de casi 4000 cargos de la coalición de Convergència i Unió. En los primeros tiempos del pujolismo, además los cargos eran ocupados por personas con las que podíamos estar de acuerdo o no pero que tenían una trayectoria empresarial o en la gestión. Dicho a grosso modo, porque no fue exactamente así si no es por comparación con los tiempos actuales, en que se valoran otros méritos. Además hay que decir, lamentablemente, como observó mi amiga (que es independentista), que esos cargos cada vez más numerosos cada vez ocupan más puestos, algunos de los cuales son técnicos. Es decir, que cada vez hay más políticos en cargos técnicos. Hoy también podríamos añadir que muchos técnicos se están politizando sea por afinidad, simpatía, lealtad o para ascender, me imagino.
*
Hasta aquí digo lo consabido. Lo que en realidad intento comprender es cómo quien obra erróneamente o simplemente mal, de acuerdo con su propio interés, acaba por crearse una sólida red de argumentos que justifican su forma de actuar e incluso la ennoblecen. Es aquello de "creerse las propias mentiras". Los mentirosos se acaban creyendo sus propias mentiras y se atrincheran en una pared en la que incluso les asiste una cierta indignación cuando se ve amenazada. El mundo al revés. 
Siempre recordaré a un psiquiatra que hace años, cuando fue interrogado sobre el caso Millet, que hizo desvíos millonarios y  por lo menos un desfalco. Según el psiquiatra, de quien no recuerdo el nombre, Fèlix Millet se sentía pobre, cada vez más pobre. Cada día necesitaba más, nada bastaba para recomponer su seguridad económica y tener confianza. Su talento para sacar provecho de su posición era vigoroso. Si todo el talento de cuantos se sintieron tan pobres -para quienes era mejor robar que pedir- se hubiera concentrado en perseguir el interés común, España sería un jardín (?). El caso Millet se abrió por la investigación de la fiscalía de Barcelona, no por un trabajador despechado del Palau que denunciara alguna anomalía que seguro que pudo advertir cualquiera.

Fotografía de Joan Sánchez

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16.7.17

Casos abiertos: la estampa de Aegidius Sadeler

o sé si voy a hablar de lo que no sé o de lo que sé o de las dos cosas. La exposición "Imatges per creure: Catòlics i protestants a Europa i Barcelona, segles XVI-XVIII" muestra una colección de grabados y algún impreso que rara vez podemos disfrutar públicamente. El comisariado es del Museo de Historia de Barcelona. No conocía el grabado de Aegidius Sadeler, que lleva un rótulo donde se indica que se reprodujo por la técnica de "Burí sobre paper verjurat encolat" (página 62), es decir que es una calcografía con buril o talla dulce en papel verjurado. Es la imagen que reproduzco en segundo lugar y que han titulado "Descendimiento de la cruz" (Davallament de la creu) aunque en realidad se trata del Entierro de Cristo, ya que el Descendimiento de la Cruz ya lo grabó Sadeler y es una imagen canónica típica con otros motivos.  Pero mi post no se refiere al concepto (descendimiento o entierro). Mi post es sobre mi observación de que la imagen que vi ayer en la estampa de la exposición estaba girada 90º horizontalmente con respecto a la que hoy encuentro en la Biblioteca Digital Hispánica (BNE). En la BNE Cristo tiene su cabeza mirando a la izquierda y en la Col·lecció Gelonch Viladegut Cristo tiene su cabeza mirando a la derecha. 
La obra en que se basó Aegidius Sadeler es el Entierro de Fiori Barocci, que se encuentra en el Victoria and Albert Museum. Lástima que en la colección mostrada en la web han puesto por error que es de principios del siglo XVIII cuando el autor es del siglo XVI.
 
No comprendo porqué hay esta diferencia entre las dos estampas si el procedimiento calcográfico es el mismo y proviene de la misma "plancha". Es algo que he advertido porque sin querer he cultivado una memoria fotográfica considerable. Hace unos años hice digitalizar una fotografía antigua de mi abuelo paterno y enseguida noté que le habían cortado los pies. Se ve que el formato de impresión no coincidía con el de la imagen. Desconozco porqué no la redujeron. La rechacé. Y años antes me habían pasado a papel fotográfico una diapositiva y me la hicieron al revés, como si se hubiera tratado de un negativo. Además me dijeron que eso no tenía importancia. ¿Cómo no va a tener importancia que tú tienes un recuerdo de un farallón donde el mar está a la izquierda que te lo pasen a la derecha? Después de ese par de experiencias poco más volví a hacer "positivar". Este caso no puede ser de algo parecido al "positivado". Como la imagen está cortada por el pie, dato nada desdeñable e incluso sospechoso, tal vez ese factor indicará más a quien de esto sabe. 
Las chapucillas que podemos asimilar a la rapidez con que se hacen las cosas con las nuevas tecnologías no explican el caso que propongo. No le encuentro ninguna explicación, pero voy a buscarla. De momento guardo el tema en mi carpeta de casos abiertos.
Recomiendo vivamente ver las piezas expuestas por ver las obras tan cuidadosas que hicieron los grabadores, que manejaron con primor sus herramientas, en este caso contra la Reforma.

El entierro de Cristo por Aegidius Sadeler, 1595-1597 - Biblioteca Digital Hispánica (Biblioteca Nacional de España)

El entierro de Cristo por Aegidius Sadeler, 1595-1597 - Col·lecció Gelonch Viladegut

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15.7.17

El desprecio, el orgullo, los prejuicios

acaciones en Roma (William Wyler, 1953) se proyectó el jueves en la Filmoteca en la programación de "Fotógrafos de prensa". No me voy a referir a la película, de la que tanto se ha hablado y escrito, más que para volver a la escena en que Audrey Hepburn como princesa Ann recibe a la prensa en su visita a Roma. En la primera fila están Gregory Peck y el paparazzi que les había hecho fotos durante el día que pasan en Roma, tan envidiable. La altura de ellos dos destaca más por cuanto están entre dos hombres bajitos. Son Julián Cortés Cavanillas y Julio Moriones. Representa que la princesa se digna saludar a los representantes de prensa acreditados para cubrir su visita a la ciudad eterna. La escena se desarrolló con periodistas reales. Julián Cortés Cavanillas se presenta con su nombre y el de ABC y es quien aparece en el centro de la imagen de hoy. Además de ser un periodista "real" era monárquico. A continuación de Gregory Peck (Joe Bradley, de American News Services) se presenta "Julio Moriones, La Vanguardia de Barcelona". Julio Moriones era pamplonés y fue corresponsal del diario barcelonés hasta 1977, en Roma. Julián Cortés Cavanillas fue enviado el 1945 y salvo algunos periodos cubriendo otras regiones, estuvo en Roma hasta 1971.
Ofrezco las dos imágenes para que se aprecie que al ver la película el primero que vemos es a Cortés Cavanillas y conforme avanza la escena es cuando vemos a Moriones. Cuando vi la película este jueves está claro que gran parte del público no había visto previamente la película o desconocían esta escena. Y esto lo he de suponer porque cuando se presenta Cortés Cavanillas se produjo una reacción chusca por una gran parte de la sala, entre la sorpresa y el desprecio. Incluso oí que alguien decía en voz alta "¡Vaya taco!" (porque Cortés era de poca estatura). Cuando a continuación de Gregory Peck aparece en escena Moriones y se presenta, la reacción de las butacas volvió a producir risas de sorpresa pero no tanto de desprecio, como si el orgullo que no había aparecido con el corresponsal de Madrid se hubiera reservado para el de Barcelona. El pitorreo con el corresponsal del ABC fue como una especie de linchamiento no sé si al personaje, a su aspecto, a su condición de madrileño o a su filiación al ABC, o de todo un poco. También podría haberse debido a ser español, como si no se esperase -incluso en una película- que apareciera "representado" nuestro país, como si siempre nos tuviéramos por poco o por casi nada. Y la reacción del público convertido en chusma cuando la cámara llega a Moriones sigue siendo de sorpresa porque, de acuerdo con nuestros complejos de siempre, no se esperaba que apareciera un representante de Barcelona.
Curiosamente el sentimiento español o de pertenencia a España es siempre una paradoja y algo irreductible a la razón, aunque se puede explicar, cosa que ya es algo en lo que depositar la esperanza. Por una parte nuestra condición, se acepte o no (que ese es otro tema) suele estar rodeada de fastidio, regodeo en la zafiedad y rechifla generalizada. En unos casos hay como una especie de humor negro o marrón de la inferioridad, en otros lo que hay es hostilidad a la mera idea de que España pueda ser una nación o de que lo sea. Ese fastidio o tirria a veces tiene que ver con un sentimiento antiespañolista proclive a otros nacionalismos, otras veces es simplemente antiespañol.
No sé si reacciones como las que viví el jueves se producen en otros países como Reino Unido o Francia o Rusia. Debo pensar que también en esas naciones habrá quien se oponga a lo tópico y lo típico de sus costumbres y sus ritos.
Los que somos hijos de emigrantes podemos asimilarnos al lugar donde fuimos acogidos y olvidar nuestras raíces, o podemos mantener un pie aquí y otro allí. Cuando se constituyó el estado de Israel parece que los judíos de diversas procedencias (azquenacíes, serfadíes, etc.) no tuvieron gran problema de mezclarse. En los primeros años. Luego aparecieron las discordias o peculiaridades o características. Los emigrantes propiamente dichos tampoco es que puedan volver a su lugar de origen como si por ellos no hubiera pasado nada. No sirven ni para ser lo que se supone que son los de su pueblo ni para ser los que se supone que son los del lugar donde se fueron a ganarse la vida. No se pueden llevar las raíces al aire como tampoco podemos enterrar las ramas. O algo así.
Observo con preocupación como en las salidas de los colegios para visitar, qué sé yo, una fábrica (alguna habrá) o un museo, en los grupos se advierte un gran número de niños de procedencia "extracomunitaria" (sudamericanos, paquistaníes, etcétera). Me refiero a los colegios públicos sobre todo. Doy fe de que hay muchos padres que dicen que no quieren llevar a sus niños a los colegios públicos porque hay demasiados emigrantes. Lo que no sé es si están dispuestos a admitirlo públicamente, valga la redundancia. No lo sé. Lo que sí sé es que podría pasar que dentro de unos años esos niños ya adultos incuben alguna especie de rencor, algo de lo que no están exentos -al parecer- algunos yihadistas que han actuado en actos terroristas en Europa.
Todo, el nacionalismo pequeño, el nacionalismo grande, el desprecio, el orgullo, los pejuicios, tienen que ver con un sentimiento de inferioridad.
*
La défilé de ayer en París a ritmo de Daft Punk, con motivo de los festejos del 14 de julio y ante Donald Trump, es algo sorprendente porque lejos de optar por la pompa que por ejemplo rigió en el protocolo con que esta misma semana se recibió a nuestro Rey en Londres, ha sido una especie de pirueta diplomática muy audaz. En vez de desplegar el boato tradicional y secular, Macron mostró una clara propuesta festiva que en las redes han calificado por unanimidad como sorprendente. La sonrisa de Macron frente al rictus a que nos tiene acostumbrados el presidente de EEUU (entre hosco y despectivo), muestra ante todo seguridad, convicción. Es toda una declaración de intenciones.


Julian Cortés Cavanillas en "Roman Holiday"

Julio Moriones en "Roman Holiday"

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12.7.17

Hablar de lo que no sé

"Cuando trabajas en un hospital aprendes que en el mundo
solamente hay dos clases de personas: las enfermas y las sanas.
Si uno se encuentra en el segundo grupo, tiene que dejar
de lamentarse y ayudar a los demás. Veinticinco años después, sigo
pensando que es una buena forma de contemplar el mundo.
Hope Jahrens, La memoria secreta de las hojas



i en vez de hablar de lo que sabemos hablásemos de lo que no sabemos, tendríamos más repertorio. No voy a referirme a la impostura o a los impostores, y eso que ahí teníamos mucho tema. Durante nuestra formación nos empalaga la mayéutica y el arte de pretender que nos hagamos preguntas de las que tenemos la respuesta aunque no la sepamos. Muchas veces he pensado que era una triquiñuela de los profesores para hacer trabajar a los alumnos, cuando el método lo que provoca es que la comprensión de la materia sea más empírica y nada pasiva, más efectiva. Por lo tanto, cuando se nos pregunta pasa un poco como cuando alguien en la calle nos pide por una seña, porque ponemos en acción una parte de nuestra mente para situarnos y dar indicaciones precisas al mismo tiempo que nos orientamos más.
Hablar de lo que no sabemos nos sitúa contra nuestras limitaciones y es al admitirlas cuando se abren al potencial. 
No sé qué pensaré dentro de veinticinco años pero lo que ahora pienso es que todos estamos enfermos y sanos (de la misma manera que todos sabemos e ignoramos). Forma parte de nuestra naturaleza, como se dice en el chiste, tener algún trastorno o debilidad. Lo malo viene cuando el desequilibrio es tan grande que hay que buscar ayuda o nos jugamos la vida. Además -siento disentir con Hope Jahrens y su interesantísimo libro- creo que es un error pensar que los sanos deben ayudar a los enfermos. Por estar enfermos no debemos dejar de ayudar a los sanos y a los otros enfermos o a otros enfermos como nosotros. De hecho, la existencia de asociaciones de pacientes con diversas dolencias o con discapacidades están en la primera línea de quienes pueden brindar una valiosa ayuda a otros enfermos.
En la presentación que comentaba ayer, Mariano Aguirre señalaba cómo la sociedad estadounidense está como dividida no ya por la polarización (que también) sino que la lucha proviene de minorías que no son divergentes pero que están segregadas. Hay una sectorización que hace que el feminismo, el grupo LGTB, los afroamericanos y los latinos, diverjan porque no se unen e incluso hablan otro "lenguaje". Y eso hasta el infinito, porque parece como una especie de mitosis pero de identidades. Por eso nos pretendemos segregar por edades y por sexos y por cualquier cosa que se les ocurra. Terribilísimo. Eso por no hablar del sectarismo y de lo que no sé.

Laurits Tuxen, Zomerdag op het strand van Skagen (Día de verano en la playa de Skagen), 1907

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Textos robóticos

La prueba de que la literatura de consumo es altamente robotizable la prueba un experimento como el que propongo de tomar una sinopsis al uso y mostrarla en toda su previsibilidad. Pero añado la "solución" porque no estoy segura completamente de que los robots no sean más creativos que nosotros.

Solución


11.7.17

Hablar de lo que sé

yer en la presentación del libro Salto al vacío: crisis y declive de Estados Unidos en la librería Alibri, se encontraban además de su autor, Mariano Aguirre, otros dos periodistas, Rosa María Calaf y Rafael Vilasanjuan. Mariano Aguirre hasta hace poco había sido consejero del Consejo Noruego para la Resolución de Conflictos (NOREF), según creo, pero aún figura como tal en el sitio de este organismo en internet. Uno de los papeles a mi entender más eminentes de Vilasanjuan fue de director de Comunicación en Médicos Sin Fronteras. Rosa Calaf obtuvo su reconocida fama como corresponsal no solo en Estados Unidos para RTVE, sino en otros países. Viajera experimentada y curtida en todo tipo de conflictos, se distingue por su elegante discreción. Por eso fue sorprendente hace unos años que se decidiera a hablar del intento de violación por parte de un coronel de Dragomir Milosevic durante la guerra en la ex-Yugoslavia. Naturalmente todos nos pudimos dar cuenta de que la revelación era no tanto el relato personal de una mujer traumatizada o una crónica de sus batallas como la denuncia de una amenaza siempre latente en muchas profesiones de riesgo. 
Poco después de jubilarse también habría que añadir que puso a caer de un burro a Sara Carbonero pero no se trataba de un ataque personal sino de su desagrado ante el tipo de periodismo que está ganando el terreno en los medios, alineado y alienado, sectarista, de barbies, etc., en un panorama en el que nos creemos informados cuando solo se nos tiene entretenidos. A pesar de su finezza, advertía sin ambages: "Si no digo ahora lo que pienso, ¿cuándo lo voy a decir?". Sus intervenciones en la mesa redonda sobre "El Periodismo del futuro", creo que hace 3 años, fueron notabilísimas. Creo recordar que el evento se emitió en streaming y pude tuitear y retuitear alguna de las afirmaciones que hizo Rosa Calaf, aunque sin éxito. Curiosamente he visto en Twitter prosperar periodistas que apenas podrían cubrir una reunión de una comunidad de propietarios o la cola para hacer el DNI. Pero ya se sabe que más vale caer en gracia que ser gracioso.
Claro está que sale más barato a la prensa, a la radio y a la TV montar tertulias con periodistas y pseudoperiodistas que hablan de lo que no saben pero que se pelean por su turno de palabra como si en lo que fueran a decir se nos fuera a todos la vida. Y sin embargo en la presentación de ayer en Alibri Rosa Calaf señaló lo mucho que le gustan estos actos en que todavía funciona la comunicación directa cara a cara en una reunión, añadió, sin pantallas. Sin pantallas de redes sociales, se entiende. Sin la sección de comentarios de prensa digital. Y yo añadiría: con expertos. O al menos con gente que sabe un poco de lo que habla.
Creía que la intervención de Rosa María Calaf sería mayor, pero no. Ella misma cuando Vilasanjuan la introdujo advirtió que su participación era para acompañar el acto. Y aunque intervino dos o tres veces fue para poner de relieve el libro o para confirmar algo de lo que allí se decía. De manera que por increíble que parezca su discreción fue más resaltada de lo que hubiera sido su intervención. Algo de lo que todos tenemos mucho que aprender. 
Mariano Aguirre apuntó algunos elementos de Salto al vacío después de explicarnos que él había predicho -no en el sentido adivinatorio sino en el sentido literal de pre-decir- que Trump saldría ganador en las elecciones a la presidencia de los EEUU. Y esta predicción estaba fundamentada en observaciones de años de cómo había ido degenerando o decayendo la política estadounidense. Aquí podría haber hablado muchísimo la periodista que le escuchaba a su derecha, Rosa Calaf, pero no era ese su papel, aunque muchas veces el periodista argentino le ofreció el micrófono.
El último artículo de "El País" de Aguirre fue hace casi un año sobre la disolución de las FARC , pero no es un colaborador habitual ni mucho menos. Encontramos una entrevista reciente en BBC MUNDO, que tiene un gran interés y nos puede dar una idea de los temas que estudia o investiga, sobre lo que reflexiona en cualquier caso. También de él podríamos aprender lo que va de la frase "Sé de lo que hablo" a la frase "Hablo de lo que sé". Vale la pena leer la entrevista porque al menos podemos llegar a la conclusión de que afortunadamente de Trump no dependen demasiadas cosas. Pero desafortunadamente, me temo, lo que no depende de él está en peores manos.


Playmobil - Western 

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La luz de un año

Com a claps de poesia, entre les planures d’Espanya se troben els jardins
 que he anat espigolant, abans no acabin de borrar-se
Santiago Rusiñol, Jardins d'Espanya


os jardines de España que conoció Santiago Rusiñol siguen ahí. A veces, en todo caso, lamentamos el abandono de algunos proyectos que empezaron bien pero que pronto padecieron alguno de los bandazos presupuestarios consistoriales. Vista la exposición en el Museu de Modernisme de Barcelona de muchas de las pinturas que constituyeron el álbum Jardins d'Espanya, se aprecia una sensibilidad por estos espacios llena de consideración y reflexión. Para los que fuimos a verla nos era fácil distinguir a distancia cuando se trataba de Mallorca, Arbúcies o Aranjuez, porque las variaciones de la luz nos lo declaraban sin necesidad de acudir a los rótulos. También pudimos ver cuadros en que la misma escena aparecía mostrada en la tarde o bien a otra hora del día.
Aunque los jardines siempre tienen su interés, tanto a lo largo del año como a lo largo del día, sabemos qué encontraremos en cada circunstancia. Posiblemente lo único que yo evito son las horas centrales del día, pero ni siquiera eso es absoluto, porque el esplendor que puede lucir por ejemplo Marimurtra en Blanes al lado del mar en un mediodía de verano es digno de ser disfrutado. Pero cuando voy a los jardines del palacete Albéniz en Montjuïc, prefiero ir a primera hora de la mañana. Aunque el palacete en sí no se puede visitar más que en alguna fecha de puertas abiertas, los jardines tienen un cierto encanto pero solo abren hasta las tres de la tarde. La parte de la solana tiene buenos árboles y son al gusto francés, basados en la simetría, con castaños, aunque con una entrada asimétrica con grandes ejemplares. La parte de la umbría, detrás del palacete, tiene una vista sobre el puerto y algunos ejemplares de camelios. Hasta donde yo sé no hay otros camelios en ningún jardín o parque público de Barcelona, así que vale la pena subir a verlos cuando florecen, que acostumbra a ser a mediados de mayo poco más o menos.
Pero, en general, el mediodía no es la mejor parte del dia ni el verano la mejor parte del año para visitar un jardín. A parte de por cuestiones de luz, que es más matizada cuando sube y baja el sol, por la mañana y por la tarde es cuando es más posible notar el aroma de las plantas y las flores. Visitar un parque a pleno sol nos impedirá muchos disfrutes. Idealmente habría que pasar todo un día para ver los cambios y apreciar cómo la sombra aporta además de frescura y un alivio al calor, matices que hacen que se perfilen mejor las formas de los vegetales y de otros elementos, como las piedras.
Dijo da Caravaggio (no sé porqué decimos "da Vinci" y sin embargo decimos "el Caravaggio") que era más fácil el retrato humano que pintar flores. Y aunque yo no lo sé sí puedo decir que pintar flores es difícil, más difícil de lo que parece. Captar su naturaleza vegetal para que un lirio no parezca un guante desinflado o un árbol no parezca la piel de un oso, marca la diferencia. Porque el detalle, con paciencia o talento, no es que sea tan difícil de plasmar. Se puede llegar a conseguir. Lo difícil creo que es eso, captar lo que les es propio a los vegetales y que incluso para la mayor parte de ellos pasa tan rápidamente si su vida es corta.
Últimamente me dio por dibujar piedras porque un poco ahí ya juega la luz, solo que al tratarse de un cuerpo irregular no es como representar las sombras y los claros de un cubo. Tratándose de algo inerte tiene sin embargo cierto interés, sea al lado del mar o cuando algún diente de león consigue hacerse un hueco o incluso pelado bajo el sol o la luna. Aunque se diría que estoy lejos de esas ramas que aparecen en el claustro de Rusiñol, que parecen estar entre flotando y volando en la luz, quien sabe si no tendrán las piedras también alguna de esas cualidades.
Santiago Rusiñol, Claustro de San Benito (1907)

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7.7.17

Las serpientes arbóreas marrones de Guaján

Las serpientes trepan por los postes y
 a menudo causan cortocircuitos en las líneas eléctricas, con
 los consiguientes apagones; de hecho casi cada dos días
 alguna zona de Guam sufre un corte de luz relacionado
 con las serpientes y, aunque la serpiente en cuestión
 acabe bien muerta tras el percance, ello no compensa
 los graves inconvenientes que causan tanto a negocios
 como a consumidores de a pie.
Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos?

ienso que en general el arquitecto Enric Sagnier no está todo lo valorado que podría estarlo. Entre sus obras se encuentran el Tibidabo, el Palacio de Justicia y la Casa Garriga-Nogués, en la calle Diputación. Pude conocer su planta noble, cuando se exponía allí la colección de la Fundación Godia. El Patronato Ribas, que es un orfelinato enorme que le encargó un industrial textil, ahora es el Instituto de Enseñanza Secundaria Vall d'Hebron, que solo quedaría un poco más a la izquierda del edificio del Hospital que se ve en la fotografía de hoy. A Sagnier todas sus obras se le definen como eclécticas. La Aduana del Puerto de Barcelona también es de un proyecto suyo. Claramente es difícil por no decir imposible defender que se trata de obras modernistas, y sin embargo tienen algo que a mí me traslada muy bien el espíritu de su época y que las hace muy reconocibles.
Nunca hasta hoy supe de Guam, pero fue una isla gobernada como las Filipinas, entre el siglo XVI y 1898 por España, que la llamó Guaján, cosa que nos permite poco más o menos inferir como interpretaron los españoles el nombre que se daban a sí mismo en chamorro los guameños (Guåhån). Ahora está gobernada por Donald Trump como territorio no incorporado. Guaján tiene poco más de 500 kilómetros cuadrados pero desde hace unos años se les coló en la isla una serpiente arbórea marrón (Boiga irregularis) y a lo tonto a lo tonto se han quedado sin muchas de sus aves autóctonas y tienen un verdadero problema del que nos hacemos una vaga idea con lo que nos explica Ken Thompson. Los estadounidenses temen que de Guam les llegue un barco con una serpiente polizón que invada el país. Tal vez deberían temer más a Donald Trump, pero ese es otro tema. La cuestión es que como con lo de las serpientes arbóreas marrones, nada nos compensa de sus estragos, ni siquiera que cuando provocan un corto circuito se queden tiesas.
Lo de las serpientes es exactamente igual con quienes nos maltratan. Oigo mucho decir aquello de "la vida le da a cada cual lo que se buscó" y aún cosas más tremendas. Y sin embargo ver una serpiente electrocutada y descuartizada tronzada como un plátano no nos resarce de que se hayan descongelado las gambas para el arroz tres delicias ni que se hayan desconfigurado todos los timers de los electrodomésticos. Me imagino el malestar que puede provocar que se vaya la luz en plena actualización de Windows. No es que deseásemos nosotros o los guameños algo más equitativo, poderado y ejemplar, no. Lo que deseamos es que las serpientes fueran veganas y discretísimas. Nunca sabremos qué trato darles a los "malos", a no ser tenerlos más o menos bajo un cierto control y con una clemente condesdencia que considere que no se puedan multiplicar ni crecer.
No sé, sinceramente, si la vida da a cada cual lo que se buscó. A estas alturas de la película lo que sí me veo en condiciones de afirmar es que hay desenlaces que no sorprenden. Eso es todo.
Llegará un día en que Sagnier obtendrá algún género de reconocimiento póstumo, estoy segura. Y puede que si tuviéramos en todas las islas del mundo gobernantes capaces se les encontraría una utilidad a las especies dañinas y taimadas. Quiero pensar que las serpientes arboréas marrones sirven para algo. Y que lo peor es cuando se juntan las serpientes invasoras y los malos governantes.

Vista del Tibidabo y el Hotel  La Florida desde Avinguda de l'Estatut de Catalunya

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6.7.17

Miedo a lo conocido

Ropita tendía: 
adiós me dicen 
las mangas de las camisas. 
Isabel Escudero

"Intenté regular los apartamentos turísticos y me amenazaron de muerte"
Itziar González Virós


l ciclo Sex & Sun de la Filmoteca ayer proyecto "Les vacances de M. Hulot" (Jacques Tati, 1953). Lo de "Sex & Sun" es por el ya indiscutible exceso de turismo en Barcelona. La sesión la abrió Fèlix Pèrez-Hita, que nos contó que al acercarse al Raval desde las Ramblas, para presentar la película, se cruzó con un incidente entre un carterista y un turista. Por lo poco que nos quiso detallar supimos que venía trastornado porque el turista había tenido una reacción muy violenta y ya me imagino el jaleo que se organizó en un momento: el tumulto, el calor, la sangría. La sangría no en el sentido hematológico, claro.
He pasado grandes temporadas de mi vida en las que no había día que no pasara por las Ramblas y siempre me resultaban diferentes. Cada hora tenía su qué, cada día era distinto e irrepetible y siempre el espectáculo estaba asegurado. Últimamente casi nunca voy, más bien la cruzo -como hizo Pèrez-Hita ayer- para pasar del Raval a la parte llamada Gótico y viceversa, y eso poco, evitándolas siempre que puedo.
Podría referirme a una "primera época" de las Ramblas, la de la Barcelona que aún no le había sacado partido ni al Ensanche ni a los edificios Modernistas o La Roca Village. En los años sesenta los turistas iban al monumento a Colón, a la Catedral y al Pueblo Español, pasando por las Fuentes Luminosas y haciendo una escapada al Tibidabo. A mí me habían llevado a las Ramblas cuando hacía escala un barco americano de aquellos de los que desembarcaban de repente 2000 marineros. Yo creo, sin temor a equivocarme, que los marineros se pensaban que el Barrio Chino era Barcelona, que es como pensar que Sankt Pauli es Hamburgo. Los marineros iban en grupos pequeños y llevaban la gorra de marinero raso y su traje de trabajo blanco de tela gruesa, con las perneras ligeramente más anchas que las de los pantalones normales. Como en aquella época no se veían emigrantes ni nada que se les pareciera, les estoy recordando lo más exótico de que soy consciente. Se les veía muy diferentes a nuestros hombres la verdad.
Sabe Dios cómo la fascinación por los marinos se fue ramificando hasta descender a los trajes de comunión con el cuello de peto de la marina holandesa en raso color perla. Hacia 1970 se vio incluso algún niño comulgando de almirante, con chorreras doradas, medallas y sombrero de plato. Sin embargo nunca vi un niño comulgando como general prusiano, aunque sí que se vieron niñas que bien podían pasar por pequeñas Sissís de Baviera en su Primera Comunión. La moda Navy (camisetas de rayas azul-blanco) creo que ha llegado a su apoteosis con Givenchy y  ya no digamos con el macho de Jean-Paul Gaultier, un macho que lo mismo sirve en las campañas publicitarias para fascinar a algunas mujeres que a algunos hombres.
Como vivo cerca de la Casa de los Navarros hoy me crucé con uno, sesentón él, que llevaba su ropa blanca y el pañuelo rojo al cuello mostrando el escudo de Navarra. Aunque este año no he estado para oírlo sé que a eso de las doce hubo chupinazo para abrir también en Barcelona las fiestas de San Fermín. Me figuro, no lo sé, que cada vez habrá menos navarros que celebren aquí la fiesta de este santo patrón. Lo que a mí me ha llevado a incorporar aquí la anécdota es al hilo del traje blanco, lo diferentes que resultan el rollo fechitista navy y el irundarra (antes "pamplonica").
Mi "segunda época" de las Ramblas está relacionada con mis años preuniversitarios, cuando eran tan vistosas. Entonces era fácil ver por el tramo de Santa Mónica puteros con periódicos enrollados en su puño, que supongo que hacían servir para disimular alguna erección inoportuna. Un poco más arriba, por la zona donde hubo el Drugstore era fácil ver los travestis y transexuales, que entonces eran todos conocidos como "travestis". Yo no sé si es casualidad pero siempre que las veía se estaban peleando hasta llegar a las uñas y lo más razonable era alejarse. Era más lo que salía por aquellas bocas, ahora que lo pienso, que no las trompadas que se daban. 
En aquella misma época era muy habitual cruzarse con Ocaña. Más arriba, por encima de la Rambla de las flores y de los pájaros, tocando Canaletas, había unas sillas que se alquilaban, cerca de donde se reúnen los culés espontáneamente. Ya en época de Maragall, o tal vez antes, con Narcís Serra de alcalde, se pusieron unas sillas que se podían usar libremente y durante mucho tiempo la gente no las usaba porque creían que seguían siendo de pago. A esas alturas también eran corrientes los limpiabotas, cuya perímetro de influencia llegaba hasta el bar Zurich o la Avenida de la Luz (hoy Sephora) y salpicaban las Ramblas hasta Colón.
Mi "tercera época" (ya parezco la revista Ajoblanco) fue cuando estudiaba en la calle Hospital y se puede decir que pasaba allí el día y por lo tanto pude apreciar con algo de método los cambios que se producían a lo largo de la jornada, porque alguna regularidad cierta sí que había. Esa época se cerró la noche de San Silvestre de  no recuerdo qué año, en que al pasar por Canaletes descubrimos con horror y preocupación que unos italianos se estaban lanzando botellas de cava vacías. Sinceramente, me pareció pero que muy peligroso porque un golpe con el culo de una botella de esas te puede partir el cráneo o cuando menos dejarte mal parado. Y sinceramente también creo que aquellos muchachos ya tenían mal la cabeza.
En la época en que la arquitecta  Itziar González fue concejala/regidora del distrito de Ciutat Vella yo ya hacía tiempo que había abandonado mis paseos por las Ramblas.
En la película de Tati (Tatischeff) se nos muestra cómo los veraneantes tienen algunos una escasa predisposición para divertirse. Aunque hay muchos caracteres y la escenificación es rica en detalles, como se apoyan en rutinas es fácil darse cuenta de cómo la costumbre los preserva del miedo a lo desconocido y del aburrimiento.
Alguna vez he pasado algunos días en un hostal que podemos equiparar al de Saint Nazaire por su carácter "familiar" y los manteles de cuadritos. También he pasado días en balnearios como el Prats, que se presta a tener una clientela muy fiel que también tiene unos hábitos que es fácil distinguir. Una vez en que disfruté de un viaje organizado con un guía experto, él mismo propuso que siempre nos sentáramos en el autocar que nos hacía los traslados en los mismos asientos. Como lo dijo con mano derecha y con mano izquierda se le obedeció, cuando lo que yo me temí es que se le objetaran razones que cualquiera puede pensar: que hay gente que no le parece mal sentarse una vez al fondo, pero que sí le parece mal sentarse siempre. Pero en definitiva lo que parece lógico es que ese orden establecido y esos ritos que parecemos adoptar para situaciones bien pasajeras tienen su razón de ser en nuestro miedo a dejarnos sorprender y en nuestra necesidad de seguridad.
La contrapartida, todo la tiene, son los turistas que parecen Harrison Ford en busca del arca perdida. Pero eso va en el mismo post que los señores de cincuenta años que se visten como si tuvieran cinco.

*
Esta servidora le tiene a veces más miedo a lo conocido que a lo desconocido y para las dos situaciones tengo mis razones. 
La actitud vital de Mr. Hulot, que se lleva una cazamariposas a Saint Nazaire, en plena costa bretona, hoy Pays de la Loire, es toda una metáfora, porque es altamente improbable encontrar por allí mariposas esa época del año.

"Les vacances de Mr. Hulot"

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1.7.17

Casos y cosas

a hacía tiempo que no había visto una película de Fritz Lang. Ayer proyectaron en la Filmoteca de Catalunya, "Más allá de la duda" ("Beyond a reasonable doubt"), del año 1957. Hoy se hubiera traducido más literalmente como "Más allá de la duda razonable", que es una frase que aparece en un diálogo al principio de la película. Esa expresión, que ahora está incorporada junto con otras muchas a nuestro caudal léxico, hace unos años hubiera chirriado. En el guión un escritor se deja convencer por su suegro, el editor de un periódico, para que se haga pasar por el sospechoso de un asesinato de una artista de un club nocturno, para luego en su plan dejar en evidencia la debilidad de los argumentos del fiscal para sus condenas a muerte.
Se suele decir que los autores y los directores de cine suelen recrearse siempre en los mismos temas y es una gran verdad. Se dirá que desde "M" (1931), en pleno expresionismo alemán, hasta "Más allá de la duda" hay una fortísima renovación del lenguaje cinematográfico. Cuesta creer que en poco más de 25 años se pueda percibir una evolución tan abrumadora no ya del corte de los trajes y de los vestidos sino también de los planos. Cuando veíamos "El testamento del Dr. Mabuse" (1933), aunque ya se trataba de la segunda película sonora de Lang, nos dábamos cuenta de que las escenas parecían como aquellas cerámicas pintadas de oficios o romances de ciego, con una expresividad muy estática donde cada elemento que había encima de cada mesa o hasta en el fondo de una habitación estaba cuidado. En la película que vimos ayer, todo es más dinámico (sin ser turbulento) y menos denso, como si el protagonismo volviera a los actores principales. Y aunque los espacios son decorados y localizaciones significativas, no parecen llamar nuestra atención como lo hacían tan dramáticamente en el primer cine de Fritz Lang. 
En el principio de la película, ya que hablamos de la atención, se fuma y se bebe mucho, cosa que ahora está prácticamente erradicada del cine, que tanto hizo por la difusión y hasta el prestigio del tabaquismo y el alcoholismo. Después, cuando Dana Andrews en su papel de Tom Garrett el escritor, es recluido y se celebra el juicio, desaparece el humo y el whisky. El fiscal hace encender una pipa a un miembro del jurado, para señalar unas pruebas "circunstanciales" que recogió en la casa del sospechoso, pero si no me equivoco no hay más tabaco. Es como si de alguna manera se contrastara más la transición entre los días previos al juicio y los días siguientes.
El juicio final en "M, el vampiro de Düsseldorf", el que los criminales le hacen al asesino en serie, ya había sido un planteamiento sobre quien tiene la legitimidad para juzgar las malas acciones.  Hay una versión en Youtube traducida al español. La llegada de la policía en pleno "juicio" evita el linchamiento cuando el "abogado defensor" pretende argumentar que es el Estado quien debe proteger la ley y garantizar el cuidado de los pervertidos. Pero en "Beyond a reasonable doubt" se le acaba dejando a la pobre Joan Fontaine en su papel de la prometida del escritor la decisión de acusarlo y, dadas las circunstancias, de condenarlo cuando estaba a punto de firmarse el perdón irrevocable. La acusación y la condena eran consecutivas, y eso nos hace pensar en la enorme cantidad de veces que muchas madres, novias, hermanas habrán tenido que callar ante los actos de otros hombres. O padres, novios y hermanos, porque no es una cuestión de género.
Cuando hace veinte años se produjo el feliz desenlace del secuestro de José Antonio Ortega Lara en manos de ETA, oí a un sacerdote vasco que decía que si las madres de los terroristas hablasen que se acababa con el problema. Naturalmente es difícil creer que en una casa ignoremos que hay un ladrón o un corrupto en serie o un asesino. Y sin embargo estamos dispuestos a comprender que la familia encubra a un criminal, incluso cuando -como se ha visto alguna vez- sus fechorías se hagan dentro de la propia familia, como ocurre en algunos casos de pedofilia. 
En la película de Lang a mi entender no se plantea tanto un argumento contra la pena de muerte como que la condena debe proceder del aparato engranado se supone que asépticamente para asegurar el cumplimiento de la ley. No he visto el remake de 2009, aunque me gustaría verla para comprobar si el desenlace final de la primera versión en que se invierte el caso a cinco minutos de la conclusión, es así de inesperado. Creo que no, porque el guión implica a Michael Douglas como fiscal corrupto e interesado en una carrera política que le lleve a la alcaldía. El fiscal de la versión de 1957 está limpio.
*
El fiscal de la película de 1957 en el juicio que se celebra durante el interrogatorio le preguntará al escritor "¿Tiene alguna prueba?" (Do you have any proof?). Y precisamente lo que se discute al principio de la película es el valor de lo que en inglés se conocen como "circumstancial evidences" y que se ha traducido como "pruebas circunstanciales" cuando en realidad parece que deberían traducirse como presunciones o pruebas indirectas, inferencias. Sin embargo, lo que me llama la atención es la frase que da título al post y que muchas veces oímos en los juicios sea a favor del acusado o en contra. Incluso se podría decir que muchas veces la frase viene a advertir de que sin pruebas el caso se cerrará y que se puede abreviar el proceso si directamente descartamos la existencia de pruebas.  Vale la pena remarcar este factor porque prácticamente la mayor parte del cine negro de los últimos años ha tenido un gran contenido en pruebas o en su investigación, aunque últimamente se ha decantado hacia el llamado perfil criminológico. 
En mi opinión el valor concedido a las pruebas obedece tanto a la fascinación por el método científico como a que están implicadas las mutuas y las aseguradoras, que no es que no estén interesadas en conocer la verdad pero sí que estarán interesadas siempre en entorpecer todo cuanto supongo un desembolso.

"Beyond a reasonable doubt" (Fritz Lang, 1957)

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