29.9.17

Acervo y acerbo popular

"Aristobulus Ursiclos era rico de dinero y 
más rico aún de ideas. Demasiado sabio para ser tan joven, 
no ha­cía más que aburrir a los demás con su erudición 
univer­sal. Graduado en las universidades de Oxford 
y de Edimburgo, poseía más ciencia física, química, 
astronó­mica y matemática que literatura. En el fondo, 
era tan presuntuoso, que, a pesar de toda su erudición, 
parecía un necio. Su principal manía, o 
monomanía, como se prefiera, era la de dar 
explicaciones continuamente so­bre todo lo que formaba 
parte de las cosas más naturales; en fin, era un pedante, 
de trato más bien desagradable. La gente no se reía 
de él, porque no tenía ninguna gracia, pero 
quizá se reiría de él por su ridiculez."
Jules Verne, El rayo verde





o sé si en la actualidad los adolescentes leen a Jules Verne, ni siquiera sé si leen libros. Pero en mi generación a su edad algunos libros de Verne leímos, ni que fuera en las adaptaciones de Historias Selección de la editorial Bruguera. Mi preferido era Veinte mil leguas del viaje submarino. El autor abandonó los estudios de Derecho que le impuso su familia por la escritura y, sin embargo, o gracias a eso, nadie puede negar que había adquirido conocimientos en diferentes materias y creo que pocos son cuestionables. Incluso se ha advertido mil veces que predijo muchos inventos y descubrimientos, cosa que nos recuerda a Leonardo da Vinci. Contrasta la vida de Verne con la descripción del personaje de Aristobulus Ursiclos, su ridícula pedantería.
Cada vez que oigo la palabra "intelectual" me acuerdo de Aristobulus Ursiclos y de otros personajes de la vida real a los que ahora, al cierre del Parlament de Cataluña y el planteamiento de un referéndum ilegal, se les exige un posicionamiento claro. Pero tal vez la labor de nuestros intelectuales está enfocada en interpretar el pasado y, en el mejor de los casos, prever el futuro, pero eso menos. Después, pero sin ser una cuestión menor, hay que considerar otro factor, que es si hay que hablar de lo que en los años del Franquismo se conocía como "compromiso social" o si hay que hablar de "responsabilidad". En mi opinión, el intelectual debe conocer el pasado, hablar del presente y tener responsabilidad.
El clima está muy enervado y lo dice alguien que evita (hasta cierto punto) las situaciones de discusión y especialmente las de irracionalidad. Me siento un poco como debieron sentirse los varsovianos en 1939, entre los nazis y los stalinistas, algo que se recreó bien en "Katyń" (Andrzej Wajda, 2009). O como un compañero que tuve en el Hospital de Bellvitge, que fue a una boda al sur de Francia donde se enzarzaron en una pelea tal que acabaron en la comisaría. Tuvo que volver a declarar. Y la boda se había celebrado pero está claro que el banquete fue un desastre. 
Estos días el cantautor Joan Manuel Serrat recibió todo tipo de vituperios e insultos por haber hecho unas declaraciones sobre la falta de transparencia del referéndum convocado para el 1 de octubre próximo. Lo criticaron los independentistas, los nacionalistas y los supremacistas, algunos de ellos con unas maneras intolerables e incompatibles con la buena convivencia. Personas con otras tendencias propusieron que las caceroladas que se han ido convocando estos días en Barcelona que fueran contraatacadas con "Mediterráneo". No hace falta recordar que años atrás "Mediterráneo" fue considerada la mejor canción de los últimos 50 años en España. Pero otras personas, entre las que me encuentro, manifestaron su oposición a esa idea. Seguramente porque esa canción nos gusta a todos, tirios o troyanos, y nos inspira lo que se dice "buen rollo" y nos devuelve a una idea del mar que nos rodea arcádica, pura, alegre, limpia. El propio Serrat pidió públicamente -volviéndose a exponer a las hordas tuiteras y a algún pseudointelectual- que dejaran su canción tranquila. Porque esa canción aún le pertenece. Ya sabemos que cuando una canción, una imagen o un poema llega a popularizarse mucho se convierte en algo que pasa a pertenecer al acervo popular. Pero no al acerbo
Seguramente mi comprensión lectora no alcanza a percibir toda la fuerza de una frase como "en los treinta y tantos años de nacionalismo que ha sufrido Cataluña jamás has dado un paso al frente para distinguirte de Cataluña" (José María Albert de Paco), pero me atrevo a decir que esa afirmación contra Serrat es injusta y de poco fundamento, sólo habría que consultar la hemeroteca, cosa que puede hacer cualquiera, aunque no sea un periodista freelance. En el año 2014 Serrat ya se pronunció sobre el referéndum del 9 de noviembre, y  dijo que no estaba a favor de la independencia de Cataluña pero que sí estaba a favor de que se pudiera hacer un referéndum o consulta correcta. Protesté en la cuenta en Twitter de Albert de Paco pero naturalmente no obtuve respuesta y sí obtuve una reconvención por parte de una de sus seguidoras -que también lo es mía-. Si no entendí mal Serrat no se había pronunciado suficientemente y mi opinión no contaba gran cosa (yo no soy una intelectual y no tengo seguidores). Así dicho en resumen. 
Entonces a las dos condiciones con las que he pretendido definir a los intelectuales (su posición en el tiempo y su adhesión a unas ideas) hay que añadir la del número de personas que está dispuesta a aplaudirlos o de hacer seguidismo o amiguismo. La polarización de la sociedad no nos lleva muy lejos, como se ha visto con el ejemplo del caso de Serrat, que supongo que se habrá llevado un disgusto. Y no se lo merece. Serrat no le gusta a los exaltados de Llach pero tampoco le gusta a los ríspidos de Albert de Paco, que lo ven como "de la ceja" y por tanto ya queda descartado. La polarización se reproduce como un fractal y no nos lleva a ningún sitio.
El hecho de que la campaña del 1O reproduzca la imagen de un marcador futbolístico (1-0) no es baladí. Y por eso ayer el tuit de Gerard Piqué encontró más resonancia de la habitual, que ya es decir, entre los que más gritan y entre la afición del Barça y de la Selección Española. Diré que incluso, aunque no soy mucho de teorías conspiranoicas, creí en la ingeniería social de una mano negra que maneja el clima de un partido de fútbol de una liga ignominiosa con ambiente de bronca.

"Aristobulus Ursiclos et ses enjambées métriques" (León Bennett)

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22.9.17

Hotel Atrium Prestige

"Se ha calculado que un país como Holanda, por ejemplo, 
con el alto nivel de vida de sus 15 millones de habitantes, 
utiliza en el resto del mundo una superficie  cerca de 15 
veces su territorio nacional para suministro de 
recursos naturales y sumidero de residuos"
Enric Boada, Cuando morir sea una fiesta

oir du pays (Delphine Coulin y Muriel Coulin, 2016) se ha traducido al español como La escala y al inglés como The stopover. La película trata de los tres días de descompresión que pasa una tropa en Chipre (del lado griego) tras dejar la guerra de Afganistán y volver a Francia. Por inverosímil que parezca ver entrar a los soldados por la puerta de un hotel donde hay turistas, parece que es habitual que los ejércitos hagan pasar a sus combatientes por una pequeña escala antes de regresar a sus casas. En esas escalas o paradas se les hace pasar por un proceso psicológico que les permita limpiar los traumas. El resplandor que se percibe en el fotograma, a pleno sol, prácticamente domina todas las escenas exteriores diurnas y a mi entender remata la sensación de irrealidad. Las sesiones de terapia grupal se sirven de la realidad virtual, para ayudar a los soldados a recrear sus recuerdos y hacerlos más vívidos. Y el plano de los turistas bailando cerca del mar acaba de producirnos otro impacto visual que nos recuerda a una ilusión óptica o un espejismo. Aunque se supone que el hotel se encuentra en Chipre, el hotel del rodaje es el Atrium Prestige, que se encuentra en Rodas (Grecia).
Cuesta creer que la tropa entre en un hotel vestidos con sus uniformes militares, demasiado oscuros para camuflarse en Afganistán, pero se ve que esta circunstancia es cierta. Me imagino la incomodidad de las otras personas acomodadas en el resort. Pero lo que pasa de ese lado del espejo ni siquiera se sugiere, simplemente porque no importa. Cuando Marine y Aurore, las protagonistas, intentan divertirse y aprovechar esos tres días, se encuentran con la realidad. Por un lado se dan cuenta de que su esfuerzo no es bien valorado. Su condición femenina no hace falta ni que sea explícita, pero está constantemente en el aire. Y, en resumen, sin entrar en detalles, la conducta de os soldados deja ver algo del embrutecimiento al que les ha llevado el combate. Tal vez, para ser justos, pervive algo de la idea del tesón marcial y de las virtudes militares en su firmeza y dureza, pero no hay ideas de heroísmo ni de elogio del sacrificio y de la valentía. 
Que las directoras nos hayan librado de ver más allá de la tropa, que no veamos en qué andan los oficiales y los psicólogos, tiene su elocuencia, porque nos muestra a los soldados de infantería carne de cañón más solos. También es elocuente que las dos protagonistas sean de Lorient, en la región bretona, y que fueran amigas, hija de militar una de ellas (no estoy segura de que lo fueran las dos). Con ese simple planteamiento ya nos situamos y sobran otras explicaciones sobre expectativas vocacionales y demás.
Obviamente no es una película para alegrarle la tarde a nadie, para eso supongo que ya hay otras películas. Pero por lo menos remite a una realidad que existe y que abrasa cualquier atisbo de romanticismo edulcorado. La vida no es una película de Jennifer Aniston.
A lo largo de toda la mía, la vida mía,  he observado un creciente antimilitarismo, en paralelo al anticlericalismo, y eso aunque la tradición de que parte no se encuentra ante las mismas Fuerzas Armadas de hace 80 años. El antimilitarismo va asociado al progresismo y, ya que nos ponemos, al independentismo catalán, gallego y vasco. Constantemente se denigra a los profesionales militares, a pesar de que muchos de ellos lo son de carrera y cuenten con formación reglada en Derecho, Química, Medicina, en diversas ingenierías, etc. Se considera la carrera militar algo deleznable, reprobable y nocivo. Y eso incluso admitiendo que en las misiones de paz y en las grandes catástrofes son imbatibles por su preparación y su entrega. 
Los insultos que ha recibido estos días en Barcelona la Guardia Civil, tienen mucho de antimilitarismo pero también reproducen gestos de los cafres que ignoran, en los dos sentidos de la palabra ignorar, lo que significa la autoridad y que son muy dados al acoso y el linchamiento. La foto de un cabo de los Mossos d'Esquadra posando con una estelada ante un coche de la Benemérita, da buena cuenta del calado y la complejidad del problema. Como dijo Antonio Gramsci: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos".

Voir du pays (D. Coulin y M. Coulin, 2016)
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19.9.17

Seres inanimados

uchas veces nos acordamos en Twitter de Javier Pérez-Cepeda (@cchurruca), que nos dejó hace algo más de año y medio. Acabamos por conocernos todos un poco, aunque sea en el timeline, por los temas, el estilo y hasta en algunas manías, como la que tenía el Almirante contra las personificaciones y se decían cosas como "Europa no quiere ceder...". Naturalmente la voluntad de Europa de estar en algún sitio sería en su Parlamento, pero no tiene una identidad que puede ser asimilable siquiera a la que tiene una criatura tan desvalida como mi canario, Pepe. A "Churruca" esas personificaciones le irritaban y tal vez a mí a la larga no me hubieran pasado desapercibidas incluso sin sus atentas alertas. En realidad la prosopopeya es más frecuente de lo que pensamos, de lo que imaginamos y sobre todo de lo que querríamos. Uno de los ejemplos que tenemos más a mano es Espanya ens roba ("España nos roba"), pero hay infinidad de ejemplos. De hecho, yo creo que si tomáramos un diario al tuntún de un día cualquiera, podríamos encontrar en los titulares por lo menos una par de prosopopeyas o tres.
Hoy me he encontrado con una prosopopeya doble en un post de María Carmen Martínez Tomás, sanadora Ho'oponopono, que proviene de una forma tradicional hawaiana para solucionar conflictos. El enlace remite a un post en el que aparece una bandera constitucional española y una estelada, que no es hasta donde yo sé una bandera oficial. Lo peor no es eso, que ya me resulta toda una declaración de intenciones, sino que el texto dice: "Os invito a participar en una cadena de sanación nacional entre todos haciendo Ho'oponopono para sanar el conflicto entre Cataluña y España". Aparte de que usa no una prosopopeya sino dos, la cuestión es que da por sentada la naturaleza del conflicto que pueda haber entre las formas de ver las relaciones entre Cataluña y España. Porque el conflicto no es entre Cataluña y España, sino entre unos determinados catalanes con otros catalanes, y entre españoles y españoles, españoles y catalanes, catalanes y españoles. Reducir la discordia a dos territorios lejos de poner paz introduce un factor de distorsión, traslada un análisis burdo y poco acertado y además no aporta nada. De la misma manera que hace unos meses vimos una aplicación de la astrología (Iluminados) al independentismo y el Procés, hoy vemos una aplicación de la sabiduría ancestral hawaiana. Todo ello y lo que se irá viendo nos muestra el calado y la extensión de un fenómeno impredicible.
Oportunamente ante ese post que doy por imposible destacan dos comentarios, uno en que se apunta que los romanos deberían pedir perdón a los hispanos, etcétera, y otro de una independentista que declara no percibir conflicto alguno. Y tiene su parte de razón, porque reconocer una situación como conflictiva también es muchas veces contribuir al conflicto y mostrar una inteligencia burda, planteamiento que habría que matizar pero no ahora.
De manera que en mi modesto homenaje al Almirante, diré que si bien tiene su gracia una prosopopeya como "voy a consultarlo con la almohada", cuando asimilamos a los topónimos cualidades que son propias de las personas normalmente no se emplea para contagiar el bien. O hay algo de lo que vimos con la Dra. María Carmen Martínez Tomás, o hay orgullo ("Francia venció a Inglaterra").
*
El horizonte en el mar a veces, si no es por el sol o un velero que parece acercársele, es un tanto desvalido. Por eso siempre recurro a la imagen del horizonte que nos ofrece la Sierra de Collserola, que rodea Barcelona desde el Besós hasta Llobregat, como una guirnalda. El Tibidabo al atardecer se recorta como aquellas siluetas del teatro checo, o como una sombra chinesca. La noria, el templo del Sagrado Corazón de Jesús y el Hotel La Florida parecen erizar el filo de la montaña al caer la tarde. Detrás está la comarca vallesana, y hacia el oeste Montserrat. No lo vemos pero sabemos que están allí detrás, como un rescoldo de luces de las cocinas donde se preparan cenas, podcasts o lavadoras. 

Tibidabo (foto de móvil)

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17.9.17

Cuatrocientas noventa veces

"Le expliqué que no se inventaba dolores, pero que estos dolores no
tenían que ver con una causa objetiva, sino que
eran producto de la memoria generada en su cerebro.
Las causas habían desaparecido,
pero ella seguía cargando el dolor a sus espaldas,
como una pesada mochila".
Jordi Montero, Permiso para quejarse





on la lectura del libro de divulgación de Jordi Montero puede llegarse a la conclusión que los analgésicos y los antiinflamatorios no son el remedio al dolor crónico sin causa objetiva, que es poner parches a un problema más hondo o diferente. Voy por la posición 1154 del libro, pero creo que ya veo -por la mención que se hace a la acupuntura- que no se hará ninguna por ejemplo a la meditación y a la relajación. A pesar de que las dos técnicas se han introducido en clínicas oncológicas norteamericanas y europeas, ya sabemos lo reticentes que son en su gran mayoría los profesionales de la medicina convencional a los saberes que no consideran científicos. Y sin embargo cada vez hay más pruebas de que la meditación y la relajación funcionan borrando memorias. Es así como se suele decir.
El lastre de rencores es una pesada carga tan mucilaginosa como dicen que es el fatberg encontrado en Whitechapel en Londres, grande como dos autobuses de dos pisos. Incluso las personas que demuestran un día sí y el otro también tener la memoria de un pez, son capaces de tener presentes con gran intensidad los agravios que han padecido o creen haber padecido. La venganza contra el daño tiene muchos grados y incluso puede ser tergiversada con reacciones más nobles. La misma palabra "venganza" sugiere razonamientos mal elaborados. La palabra "perdón", que es la que ha venido a relevarla, no sé bien bien a qué corresponde. Es decir, ¿el perdón es lo que se pide o lo que se da? ¿el perdón es solo algo interior y tácito? Para la primera pregunta es muy sugerente lo que ocurre por ejemplo en el inglés con la palabra prestar que según el agente se traduce como lend o como borrow.
Cuando alguien alguna vez me ha pedido perdón me da hasta algo de coraje, y no solamente cuando se plantea con aquella facilidad que nos arrogan los evangelistas a los cristianos. "Hala, te pido perdón y me quedo tan tranquilo y si no me perdonas la culpa es tuya". Sobre todo pienso que nadie es quien para otorgar perdón, a no ser que admitamos que el ego es alguien.  Jesús de Nazaret (Mateo 18, 22) dijo que había que perdonar setenta veces siete. Al parecer el número tiene una explicación de raíz kabalística, basada en el número 490:
"Este número como sabemos es múltiplo de 49 que significa” Elevación espiritual” según la religión judía. Ésta, cuando se refiere a la cuenta de OMER que es la antigua cantidad de medida equivalente a 1.300 grs. Y está referida a 49+1 o sea, a la cantidad de gramos suficiente para agrupar en fardos la cebada a ocupar durante los 50 días en la salida de los judíos de Egipto en ruta al monte Sinaí que en el fondo es un viaje espiritual en busca de la mayor revelación de la verdad. El mismo número se encuentra en el Pentecostés que habla de ascender 49 peldaños hasta la revelación del Sinaí. En resumen el número 49 es sinónimo de pureza espiritual y descender a un grado inferior a 49 es impureza espiritual. Por último acotaremos que de acuerdo a lo leído 7 x 70= 4 +9+0 = 13 que es el valor numérico de las letras de la palabra hebrea AHAVÄ = a Amor, que es el Nº 13. Éste, se refiere al amor no emocional, sino que abarca todo lo creado. Quizás con esto el Mesías estaba hablando del amor incondicional hacia los demás, al igual que al perdón que debe ser elevado e incondicional."
Es decir que la gavilla de las ofrendas es de 49 granos más uno, que dan 50 como los días del éxodo de Egipto. No nos riamos de la numerología porque hay argumentos peores, manidos y sin embargo cargados de prestigio. Perdonar 490 veces también es una manera de dar a entender una generosidad amplia, prácticamente ilimitada. Pero si dejamos aparte los ochenta y seis mil millones de neuronas recreándose en el rencor y el miedo, aún queda el ego maltrecho, la identidad precaria y una consciencia trufada de temores y tinieblas. El rencor es proporcional al ego.
Tal vez si no entendemos la idea genuina del perdón podemos, que es más fácil, cultivar el agradecimiento.

Cerámicas de Joan Gardy Artigas en el patio de la Fundació Miró

Dona II. Joan Gardy Artigas

Dona III. Joan Gardy Artigas

Fotografía de Francesc Cornadó, en su blog, de la Dona I del ceramista Joan Gardy Artigas.

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15.9.17

Torre de les aigües del Besòs

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La utilidad del duelo



e referí días atrás a las ofrendas que se habían depositado en el Pla de la Boqueria. No sé por qué razón ahora predomina otra denominación, Pla de l'Os ("explanada del hueso") y hasta Pla de l'Ós ("explanada del oso"). Pla de la Boqueria es la forma que aparece en el nomenclátor del Ayuntamiento y además refleja que está situado entre el Mercado de la Boquería y el Teatro del Liceo. El mosaico de Joan Miró y Joan Gardy Artigas ha cobrado relevancia, aunque ya la tenía, después del atentado, que tuvo allí el final de su cruenta carrera. Miró lo concibió como una especie de recreación del círculo que contiene una cruz que también puede ser una rosa de los vientos en un punto de bienvenida a la ciudad. El Pla está situado en las Ramblas y a él desemboca la calle Call (de lo que había sido la judería) y la calle Hospital, donde a pocos pasos se encuentra la Parroquia de San Agustín nuevo a la que hice referencia en el post anterior.
Para mi extrañeza estos días está siendo noticia la catalogación de los objetos, velas y mensajes que fueron depositados en 149 puntos de las Ramblas tras el atentado del 17 de agosto pasado. Se retiraron el 28 de agosto y lo que yo no podía adivinar es que fueran objeto de catalogación y digitalización. Me entero a través de una documentalista que sigo en Linkedin, Yolanda Sánchez Hernández, que es como el Archivo del Duelo del 11M, que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas analizó para ver como funcionan los grassroots, movimientos asociativos improvisados a través de las imágenes religiosas, los mensajes ("Todos íbamos en ese tren", letras de canciones de rock), etcétera. Me dice Yolanda que ese trabajo ayudará a conmemorar a las víctimas incluso de una forma más imperecedera, tal y como ocurrió en Madrid.
No dudo del interés antropológico del cúmulo de los objetos que van a ser catalogados. Tal vez retirando las velas, todas ellas idénticas, el trabajo será menor y también menos inútil. Mi escepticismo se mezcla con la experiencia que he tenido ante mis propias pérdidas dolorosas, porque nunca he sentido la necesidad de erigir un altar donde se concretara el vacío de una ausencia irreparable. Tengo en casa algunas fotos de mis difuntos, cada vez más como es natural (¿?), pero sus imágenes en vida representan mi lealtad a su recuerdo. Los recuerdo constantemente y el altar reside en lo que calladamente me los devuelve a la memoria. Pero, no sé, tal vez ante situaciones tan horrorosas como la que vivimos hace apenas un mes es normal que la reacción también tenga algo de descomunal.
Mientras unos investigadores analizan las piezas del memorial del Pla de la Boqueria, otros investigadores han analizado la vida de las Ramblas y alrededores después de los hechos terroristas. Han observado que el paseo se regeneró a una velocidad mucho mayor de lo que se constató en otras capitales europeas. Pronto se volvió a restablecer la normalidad, no solo cerca de las Ramblas sino en las Ramblas mismas. Yo conozco personas que aún no se han acercado, pero creo que no es lo normal. Especialmente cuando lo difícil es evitarlas, ya que son una vía muy atractiva y que acrisola y comunica muchas calles. 
En resumen, si no entendemos la inutilidad del dolor, menos podemos entender la inutilidad del duelo. Hace unos días empecé a leer Permiso para quejarse, del neurólogo Jordi Montero, a quien tuve la suerte de conocer cuando trabajé en el Hospital de Bellvitge. Me encanta que haya escrito este libro porque tiene muchos conocimientos y experiencia y además es un tema que había que tratar, especialmente el dolor crónico. El dolor agudo lo conocemos todos, nada más nacer. El dolor crónico y algunos dolores no tan crónicos se hacen particularmente intolerables cuando se convierten en una compañía constante. Supongo que en el futuro se desarrollaran nuevos fármacos y nuevas teorías que ayuden a resistir o aceptar lo que parece tan inevitable como inaceptable. 
A lo mejor los analistas del memorial de las Ramblas encontraran resultados de los que se podrán extraer particularidades con respecto a los atentados del 11 de marzo de 2004. Me pregunto si esas particularidades no podrían apreciarse simplemente hablando con la gente o viendo qué compran y qué comen. Seguramente una de las primeras conclusiones a las que se llegará es que las ofrendas procedían de personas procedentes de muchas nacionalidades, como las víctimas. Si además los mensajes se comparan con la acritud que llegó a surcar algunas cuentas de Twitter, parecerá almíbar. 

Memorial improvisado del Pla de la Boqueria (24 de agosto de 2017)

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13.9.17

Con Google Earth

a hacía tiempo que no tomaba una fotografía con zoom. En agosto fui a los jardines del Palacete Albéniz, en Montjuïc, y pude tomar la vista que publico hoy. En el primer plano reconozco el campanario de la Iglesia de Santa Madrona, en la parte inferior derecha. Claramente se distinguen en el centro de la imagen el campanario gótico de la Basílica de Nuestra Señora del Pino y a su izquierda detrás el pináculo e la catedral de Barcelona. A la izquierda de la catedral se distinguen las ocho torres del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y en la misma línea en la que se fundamenta este edificio de Sagnier pero en el extremo opuesto de la fotografía se distingue con la imagen ampliada el Castillo de los tres dragones y la Cuádriga de la Aurora de Rossend Nobas en el parque de la Ciudadela. Y hasta en ese mismo ángulo  la cúpula de tejado bicolor de la Generalitat de Catalunya. Detrás se encuentran las tres chimeneas de la extinta Central Térmica de San Adrián del Besós (200 m). 
Me ha costado mucho identificar el edificio de la cúpula hexagonal. Al final me he ayudado de Google Earth y con mucha paciencia he logrado identificar el edificio como lo que conocemos como Iglesia de San Agustín nuevo (Església de Sant Agustí nou), de estilo neoclásico y con una cúpula en el crucero. Esta iglesia es lo que queda de lo que había sido un convento agustino también nuevo, y la última vez que fui había una misa mitad en tagalo mitad en inglés, con su karaoke y tres o cuatro centenares de filipinos. Es sede canónica de la Hermandad del Gran Poder y de la Esperanza Macarena, también creo recordar haber visto en una de sus capillas la imagen del Niño Jesús de Praga, que hace años tuvo mucha devoción. Ahora se oye mucho hablar de Nuestra Señora de Medjugorje, por sus apariciones, pero hace años ni se había oído su nombre. Creo que nunca antes había visto la Iglesia de San Agustín así, solo su fachada inacabada, que da a la calle Hospital. Todas las fotografías que he podido ver en internet de esta parroquia son de su interior o de la entrada. No ayuda a verla el hecho de que está casi totalmente rodeada de edificios adosados y entre calles estrechas.
La imagen tan abigarrada hace difícil reconocer otros edificios, aunque algunos resultan familiares. La vista que se ofrece desde el acceso del ascensor de la catedral, de todos los edificios aledaños, produce un cierto desconcierto porque no es la vista habitual y obliga a resituarse. Por eso hace tiempo que uso Google Earth y Google Maps 3D para ver bien algunos edificios de los que no es posible tener una idea general. Esta fotografía de hoy está incorporada a Google Earth.

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Captura de Google Earth

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Iglesia de San Agustín nuevo a vista de pájaro

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Vista desde el Palacete Albéniz. Clicar para aumentar.

10.9.17

Ajo y perejil

"Madre dejó el farol en el suelo.
Alargó la mano por detrás de una de las cajas que habían servido de silla y
sacó una caja de cartas, vieja, sucia y estropeada
por las esquinas. Se sentó y la abrió. Dentro había cartas, recortes,
fotografías, unos pendientes, un anillo de sello, de oro, y una cadena de reloj
de cabello trenzado con eslabones de oro. Rozó las
cartas con los dedos, delicadamente, y alisó un recorte
de periódico que contenía la información sobre
el juicio de Tom. Durante
largo rato sostuvo la caja, mirando más allá de ella, desordenando las
cartas con los dedos y volviéndolas
a amontonar
con esmero. Se mordía el labio inferior mientras pensaba y recordaba. 
Al final tomó una decisión. Sacó el anillo,
la cadena, del reloj, los pendientes, escarbó bajo el montón
y encontró un gemelo de oro. Sacó una carta de su sobre 
y guardó en él las baratijas. Luego dobló el sobre
y se lo metió en el bolsillo del vestido. Entonces, con mucho
 cuidado cerró la tapa
con los dedos. Abrió un poco los labios. Después se levantó,
agarró el farol y volvió a la cocina.
Levantó la tapa del fogón y dejó la caja
 con delicadeza entre las brasas.
el calor tiñó el papel de color marrón en un instante.
Una llama creció y cubrió la caja. Dejó caer
la tapa y al momento el fuego suspiró
y envolvió la caja con su aliento"

John Steinbeck, Las uvas de la ira

arsley, sage, rosemary and thime ,"Perejil, salvia, romero y tomillo", dice la canción que popularizó Simon & Garfunkel en 1966. El estribillo al parecer se incorporó en el siglo XIX desde una balada infantil, cuando la canción es mucho más antigua. La frase repetida tiene el poder de crear la sensación de progresión y de crecimiento o ascensión, efecto que es bien curioso porque también recuerda a los cantos de labranza, con un ritmo que se podía seguir en plena labor y la animaba. La canción resulta menos melancólica y cortesana que "Mangas Verdes" (Greensleeves), aunque guarda un parecido, sobre todo para los que no sabemos música. Nuestro anónimo Romance del prisionero no tiene tamaña compañía, o tal vez sí, pero la ignoro.
Una tonada que se ha relegado al cancionero infantil, "Inés, Inesita" y tiene una pureza lírica que conmueve, si acaso consigue solo subir a contracorriente hasta los adultos porque se encuentra en el primer año de aprendizaje de la guitarra o la flauta. Contrasta la sencillez de esas melodías con la de las que nos vienen atormentado desde hace unos años, queramos o no. Ritmos machacones que se enganchan o engranan en nuestras pobres cabezas. Pensar en que algún día Scarborough Fair fue bailable es como recordar que el "Cant dels ocells" es un villancico. No deja de causarme extrañeza cuando nos la ponen en los sepelios. Durante una buena temporada se puso de moda un himno escocés que se introdujo con el Escoltisme en los años 60, "L'hora dels adéus" (Auld Lang Syne), ahora creo que suena más el solo de violonchelo de Pau Casals cargado de un patetismo que originalmente no debía (de) tener.
Al final, por lírica que sea la cadena de exageraciones (hipérboles) que en la canción inglesa nos hablan del amor perdido y de la traición, lo que más resonancia parece tener es el estribillo de las hierbas curativas.
*
Aunque el cuadro de "La mulata" (o el mulato) tiene dos versiones, la que se encuentra en Dublín y la de Chicago, parece que la de Dublín es la primera. Fue restaurada en los años trenta del siglo pasado y reveló un pentimento, una escena de Emaús que nos recordaba al cuadro de "Cristo en casa de Marta y María". También Marta aparece en la cocina, como la mulata, pero está enfadada y avergonzada porque ella está haciendo las tareas más bajas mientras María y Lázaro hablan con Jesús de Nazaret. La versión de Chicago es la que me gusta más. El humilde esportillo colgado en la pared, algo sucio, el craquelado de la jarra con las marcas del torno, el brillo apagado del almirez y el perol estañado a martillo son elementos que tienen vida. Y belleza. Propiamente ya no solo no es un bodegón a lo divino sino que incluso como bodegón sólo muestra como elemento de la naturaleza una cabeza de ajo. No hay frutos, como pasa en el bodegón con cacharros de Zurbarán. No hay opulencia, como si Velázquez buscara los mismos motivos que dijo Plinio que buscó Peiraikos. No hay una lección de vanitas o de memento mori, con alimentos en descomposición o insectos o calaveras. Más bien sería la mirada sobre quien baja los ojos.

"La mulata" (Diego de Velázquez, s.a.). The Art Institute of Chicago

"La mulata" (Diego de Velázquez, ¿1618-1622? National Gallery de Dublín

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1.9.17

Post 1560: Héroes y villanos gordos

an Seymour  coincidió al menos en tres películas con Humphrey Bogart: en "Casablanca" (Michael Curtiz, 1942) en el papel de Abdul, en "To have or have not" (Howard Hawks, 1944) en el papel de Capitán Renard y "Cayo Largo" (John Huston, 1948) en el papel de Ángel García. Se suele decir que "To have or have not" es otra "Casablanca" y es verdad que guardan muchos parecidos. Si dejamos de lado que la actriz principal no es Ingrid Bergman sino Lauren Bacall, que ya es decir mucho, la trama situada en el régimen de Vichy la Segunda Guerra Mundial en ambas películas marca el parecido. También otras coincidencias estructurales.
Pienso que "Casablanca" es una película que, como "Benhur" y "Lo que el viento se llevó", la ha visto todo el mundo o casi. No creo que "To have or have not" ("Tener o no tener") sea tan famosa. A mí me gusta más, pero no desde criterios que valga la pena defender. Seguramente mi preferencia es debido a que "Casablanca" ya no la puedo ver sin desprenderme de su fama y otros condicionantes. Que la película de Hawks la guionizara Faulkner desde una novela de Hemingway es algo que no me importa gran cosa.
En el artículo de Wikipedia para Casablanca hoy consta que Dan Seymour pesaba 120 kilos y que recibió "siempre papeles de persona gorda". Puede ser que en "Casablanca" pesara 120 kilos pero el año 1944 yo lo veo como de 150 kilos. En "Cayo Largo" parece que pesa unos 100 quilos. En el lenguaje políticamente correcto y médico se hablaría de sobrepeso, en el de la moda -sobre todo refiriéndose a mujeres- hay infinidad de formas para referirse a las modelos entradas en carnes. La frase de Wikipedia tiene su qué ya que difícilmente se nos ocurre que haya papeles de gordos, a no ser que lo exija el guión. Y el hecho de tener obesidad no hace falta decir que predisponía a Seymour a hacer de tal. Pero también hizo casi siempre de villano y hemos de creer que no lo era.
No acabo de captar el acento de Seymour en "Tener o no tener" porque si pretende ser francés antillano no me acaba de hacer el peso (huy, perdón por la broma). Y menos es un acento alemán. Para más inri tanto su postura algo insolente como sus rasgos faciales me recuerdan mucho a Gabriel Rufián, portavoz de ERC (Esquerra Republicana de Catalunya). Su intervención parlamentaria el 2016 en Madrid destilaba odio y arrrogancia. La forma de sesear autohipnótica y la forma de calcular las pausas también me recuerda a la serpiente Kaa de "El libro de la selva" con su sinusitis.
En el cine clásico, discúlpenme si renuncio a los eufemismos, al lado del gordo malo solía darse la del gordo malo tonto que a veces es manipulado por su madre que le advierte de que solo ella le quiere y siempre le protegerá. Pero también hay un papel muy simpático que es el del gordo de la película de aventuras, siempre enjugándose el sudor. Al final es el gordito que parecía asustadizo y no el galán bocachancla el que suplanta gallardamente a la primera actriz en la marmita de los caníbales. Creo que el mejor papel de gordito valiente fue el de Charles Laughton en "Esta tierra es mia" (Jean Renoir, 1943), cuando en su papel de profesor dice ante el tribunal que lo ha de juzgar: 
“La lucha es muy dura, no sólo hay que luchar contra el hambre y contra la tiranía, hemos de luchar primero contra nosotros mismos. La ocupación, cualquier ocupación en cualquier país, es posible solo porque estamos corrompidos. Soy el primero en acusarme, por flaqueza y por comodidad no protesté porque se mutilara la verdad en nuestros libros de texto. Mi madre me conseguía alimentos y leche y aceptaba sin ver que se los estaba quitando a niños y a gente más pobre que nosotros (…) Todos somos culpables por hacer posible la ocupación, caemos en las garras de los invasores del país. Los únicos dueños aquí son los soldados alemanes. Y por eso sé que deben condenarme a muerte, no por asesinar a George Lambert, cosa que no hice, sino porque he dicho la verdad ante todos ustedes y la verdad no puede existir durante una ocupación. Es muy peligrosa. La ocupación solo se alimenta de grandes mentiras”.
Nota bene todas las películas a las que me refiero, excepto la de Kaa, se hicieron en los años del Régimen de Vichy. Después, en el año 1955, Charles Laughton dirigió "La noche del cazador", que es una obra maestra. Es decir, que tanto "Casablanca" como "Tener o no tener" se filmaron en plena ocupación de Francia y su territorio por los nazis. Eso también tiene mérito.
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Dan Seymour adoraba hacer de villano y se le nota. Ofrezco dos vídeos para que se aprecie su interpretación y también la de Lauren Bacall "Slim" cuando es interrogada y el matón del capitán Rénard la golpea con el pasaporte.


Clips de "To have or have not" (Howard Hawks, 1944)

"To have or have not" (Howard Hawks, 1944)

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