24.6.17

Más alto

ocas veces suele ocurrirme que a post pasado algo desdice una parte o un dato, como ayer que oí en la radio que lo de la llama del Canigó con la que simbólicamente se encienden todas las hogueras de San Juan en Cataluña (y creo que incluso las de las Islas Baleares) es una tradición ancestral. No, no lo es. Como dije en el post anterior, parece que es del año 1955 y que está inspirada en un poema de Jacint Verdaguer. Esas "tradiciones" falsas se van colando en la educación sentimental de la gente y se llegan a tomar por certezas, a través del mismo mecanismo con el que se van asentando otros relatos supuestamente históricos. En el mismo programa, de Radio Estel, también se decía que sólo se hacían hogueras en Cataluña. 
También el día siguiente de escribir "En un día" leí otro artículo sobre Juan Goytisolo, donde se cita a su hermano Luis para advertirnos de la mala memoria del primero:  "Tanto que Luis Goytisolo, hizo su lectura particular de las memorias de su hermano. Fruto de esa lectura fue una serie de tres artículos publicado en este periódico –‘Acotaciones’- y, años después, su propio volumen autobiográfico, Estatua con palomas. La discrepancia entre los recuerdos de ambos lleva al pequeño de los Goytisolo a concluir que "la tendencia a identificar autor y narrador jugó una mala pasada a Juan", decidido a "reconstruir el pasado desde las convicciones del presente". A decir verdad, con algo de eso -que no he podido contrastar porque no está enlazado ni citado- yo ya contaba. Al parecer la serie se publicó en el suplemento Libros de "El País", el 30 de junio, el 7 de julio y el 14 de julio de 1985. También podemos pensar que Luis Goytisolo adoptó un punto de vista sesgado por su propia situación. La discrepancia de los recuerdos de 1938 a sus 3 años (Luis G.) y 7 (Juan G.) es insondable, para mí lo que cuenta es la enfermedad del padre, la muerte de la madre y la pedofilia del abuelo materno, a la que por cierto siempre se refieren como "pederastia". Y creo que, legalmente, y esto sí que se puede comprobar bien, no es lo mismo pedofilia que pederastia. La primera es con tra niños y la segunda contra menores de edad.
Otra de las lecturas que he disfrutado estos días es la de un libro sobre Yoga que ha publicado recientemente Julián Peragón, que fue profesor mío entre el año 1991 y 1998 si mal no recuerdo. Más o menos. Es un libro que no habla de asanas (posturas), sino que abre un espacio a lo que es propiamente la experiencia del yoga y sus dificultades. También hay en él mucho de didáctica, todo lo cual lo asemeja a El corazón del yoga de T. K. V. Desikachar, que también es en definitiva una reflexión sobre los  Yoga sutra  de Patanjali. Como Julián Peragón lleva unos cuantos años haciendo formación de instructores de yoga, su experiencia es más que notable y le permite ofrecer una visión renovadora de una tradición que sí es milenaria pero que admite rejuvenecer cada día sus fundamentos.
Mi práctica del yoga va avanzando se diría que a trancas y barrancas a causa de la lumbalgia que me dejó un accidente doméstico hace 2 años. Pero no, eso ha sido una ayuda, ya explicaré algún día porqué. Lo que quería explicar hoy es que al lado de mentirijillas como la de la tradición "ancestral" de la llama del Canigó o desencuentros sobre la mala memoria en las familias, tenemos las del atrevimiento. Me encontré también esta semana uno de esos articulitos troceados que se entremezclan en las redes sociales en forma de publicidad: "5 ejercicios efectivos para realizar cuando te está doliendo la espalda" bajo el epígrafe "El Pilates puede ayudarte". 
Antes de ir hacia donde quiero llegar me detengo en hacer dos observaciones: una de orden formal y otra de orden legal. La observación formal es la de que estos artículos troceados en 5, 7 o 10 pasos sospecho que son maneras de hacer más digerible la lectura al lector contemporáneo pero también de medir el tráfico digital. La observación legal es la de que el Método Pilates está registrado como marca mientras que el yoga no lo está. Y no lo está porque hace bien poco la Unesco lo declaró Patrimonio inmaterial de la humanidad y sobre todo porque previamente los sucesores de los maestros de la tradición acordaron que el yoga no se registraba.
Después de haber aclarado ese par de ideas no menores, puedo ya indicar que el artículo de A. López (Adrián López Pérez) es otro más de la infinidad de artículos sobre lumbalgia y el método Pilates (TM) en que en el mejor de los casos la mitad de las posturas -sino todas- son de yoga. El primer ejercicio que A. López titula "Basculación de la pelvis" es el asana conocido como "Puente" o Setu Bandhasana. No queda claro qué es "half chest curl". El cuarto ejercicio titulado "Plancha" es en realidad el asana conocido como "Plancha de delfín" o Makara Adho Mukha Svanasana. El quinto ejercicio propuesto, llamado "el rezo" se llega a indicar como Balasana ("postura del niño"), aunque es una variante. Pero al menos ya se admite que es yoga.
Cuando sin embargo veo fotografías como las de los 5 ejercicios efectivos lo que yo veo es jóvenes muy musculados y hasta inflados que adoptan posturas rígidas y de tremendo esfuerzo o una tonicidad que no tienen que ver con el yoga. Me permito decir que el Pilates es un yoga mal hecho, un yoga donde se exhibe potencia y cuerpazo pero donde no se está respirando convenientemente ni se hace una postura bien secuenciada, integrada y equilibrada. El lema olímpico (Citius, altius, fortius, "más rápido, más alto, más fuerte") nos habla de un impulso de superación que se ha llevado a la deformación y por supuesto a las lesiones. 
Todos admiramos a Rafael Nadal pero casi nadie se acuerda de los calambres musculares que le sorprendieron un día por lo menos durante una rueda de prensa. La transformación de la musculatura de Rafael Nadal en los últimos 15 años es todo un ejemplo de lo que supone el entrenamiento deportivo competitivo llevado al extremo. Aunque sobre sus tics y rituales para un saque y demás la prensa nos remite a la concentración (?!), yo más bien hablaría de cómo desconcentra a sus rivales o los fastidia y de cómo no deja de ser un desarreglo nervioso o el efecto adverso de algo que toma para tener en forma su musculatura. Es mi opinión.
El yoga más que la rapidez o la velocidad busca la ligereza, y más que la fuerza busca la resistencia, la estabilidad y otros valores que son ajenos a la violencia. Aunque en los últimos tiempos, tal y como recuerda Julián Peragón en su libro La síntesis del yoga, abundan imágenes de yoguinis que parecen de "Viva la gente" y exhiben un cuerpazo muy flexible y bello con una sonrisa beatífica y unas pulseras muy bonitas, el yoga es interior. La postura se trabaja en la alineación que propone la tradición de la disciplina, o en alguna de las variantes más asequibles, pero es un trabajo interno, de propiocepción, concentración, recogimiento y de estar a gusto con la postura o en la postura. 
Tanto el libro de Desikachar, el hijo de Tirumalai Krishnamacharya, como el de Peragón, nos hablan sin referirse muy explícitamente, de un yoga terapéutico en el que además de hacerse una práctica orientada a "problemas" se admite que haya una práctica con personas con limitaciones más o menos graves, agudos o crónicos, de manera que la práctica se adapta a las personas y no al revés. Se puede decir más alto pero no más claro.


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20.6.17

Mi cara B

ún conservo el disco de Per Sant Joan, con una cara B "Marta", de Joan Manuel Serrat, que se publicó el año 1968. Ese disco lo pedí para mi cumpleaños y ya entonces sonaba nostálgico, no digamos ahora, cuando los preparativos de la hoguera de San Juan nada tienen que ver con los de mi infancia. Tengo entendido que ahora las hogueras se hacen en lugares rigurosamente asignados, que vela por ellas en todo momento si no la guardia urbana alguna brigada de barrio y que todo está controlado y orquestado por entidades vecinales. Por no decir nada de la llegada de la flama del Canigó, una de las "tradiciones" reincorporadas o incorporadas en los últimos años, pero que al parecer procede de la poesía verdagueriana y se inició el año 1955. Aunque yo el año 1968 ya estaba asociada a un grupo escolta (scout) y había un trasfondo catalanista latente del que no era ajena, prometo por la salud de mi canario que no oí hablar de la llama del Canigó hasta hace unos pocos años.
Me interesa más la tradición tradicional, aunque arrastre la retahíla de reinterpretaciones laicistas y mágicas como argumento del escaso fundamento de la celebración cristiana o cristianizada. Y me interesa lo que yo viví y que de alguna manera relata Joan Manuel Serrat: Pels carrers i les places | anàvem de casa en casa | per fer-ho cremar tot aquella nit | de Sant Joan. (*)
Es cierto que unos días antes de la verbena íbamos puerta por puerta pidiendo muebles viejos, maderas, trastos. Los escondíamos en alguno de los solares que teníamos por el barrio, bajo la maleza y donde abundaba desde mayo la cebadilla ratonera. Unas pandas a otras se robaban el tesoro, así que había que ocultarlo y vigilarlo celosamente. Siempre nos pillaban algo y siempre había que apurar en el último día para conseguir más madera. Nunca me compraron bengalas ni cebollitas (también llamadas "tomates") pero sí rasca-rasca (también llamados "triquitraques"), los cuales fueron prohibidos hacia mediados de los setenta porque decían que los niños se los comían. El caso es que también se morían niños en las hormigoneras y sigue habiéndolas.
La gente comía algo de coca de frutas confitadas o de chicharrones, no mucha, y tomaba un cava calentorro que sabía a fogón meado, pero era una fiesta divertida donde no faltaba el baile y la ocasión para formar parejas nuevas. El Señor en su perfecta sabiduría ha permitido que los petardos y todo el material pirotécnico alcance unos precios astronómicos y solo por eso es por lo que quedamos dispensados del estruendo de otras épocas, en los que en Barcelona empezaban a oírse incluso desde mediados de mayo y aún hasta algo después de San Pedro, ya a finales de junio.
Hoy es martes, que es el día de recogida programada de muebles y trastos viejos en una parte de mi distrito, por lo que de regreso a mi casa me he encontrado con alguna pieza interesante, como el escritorio de la foto. Madera de haya. En bastante buen estado, aunque se nota que en los últimos años ha recibido maltratos o el abandono y los cajones necesitarían un mantenimiento porque por la humedad o el calor no encajan bien del todo. El mueble no tiene golpe alguno, calza bien, pero estaba desechado y si no lo ha recogido alguien acabará en el camión del Ayuntamiento a eso de medianoche.
He observado que antes de pasar el camión municipal pasan rusos, gitanos y todo género de grupos organizados que pasan con furgonetas y que rápidamente se hacen con lo que les interesa. Hará un año y medio pasé un día cerca de las Dominicas. Habían tirado fuera de plazo una mesa metálica de despacho como las que tanto abundaron en los años setenta y un archivador también metálico gris claro de 3 cajones. Estaban nuevos. Pues un chatarrero subsahariano, de los que llevan un carro de supermercado y allí van echando todo el metal que encuentran, a golpe de maza dejó la mesa y el archivador en su mínima expresión hasta convertirlos en algo transportable, no sin trabajo pero a mi entender con una pericia destacable. Me pareció una lástima, porque la mesa estaba nueva y el archivador también. Pero hay tanto de todo...
La cara B de "Per Sant Joan" es la primera canción que Serrat dedicó a una mujer. Luego llegaron, aunque no precisamente en este orden, Lucía, Penélope, Edurne, Irene, Helena, Malena, etc. Y sobre todo aquella cuyo nombre sabía a yerba.


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(*) "Por las calles y las plazas íbamos de casa en casa para hacerlo quemar todo aquella noche de San Juan".

18.6.17

En un día

"Cuando leo libros de historia, la seguridad
impertérrita con que sus autores establecen lo ocurrido hace
milenios me produce una invencible sensación
de incredulidad. ¿Cómo es posible reconstituir un pasado remoto si
incluso el más reciente aparece sembrado de tantas
incertidumbres y dudas?
La opacidad  del destino de una buena parte de mi familia
es una perfecta ilustración para mí de la impotencia
en descubrir y exhumar al cabo de pocos años la realidad tangible de lo que
ha sido"
Juan Goytisolo, Coto vedado

uando en el año 1985 apareció la primera autobiografía de Juan Goytisolo se decía que no dejaba espacio ni para la hipocresía ni para el exhibicionismo, cualidades que a mitad de su lectura ya puede certificar. Sorprende, al lado de la ausencia de algo tan habitual en las autobiografías -algo que se confunde con lo característico de tanto como abunda- la ausencia también total de alguna alegría. La única caricia es la del abuelo pedófilo, Ricardo Gay. Aunque discurrían los años de la guerra y la postguerra para Coto vedado, aunque la madre fuera víctima de un bombardeo y el padre estuviera encamado por pleuresía, extraña no encontrar ni un resquicio para algo cómico. Y aunque estoy a mitad del libro ya sé que no lo encontraré. No hay concesión alguna a la piedad, ni se castiga ni se justifica ni por supuesto se perdona. El ángulo desde el que Juan Goytisolo aprecia su vida es de una gran seriedad, casi huraño. 
Tan acostumbrados estamos al abuelismo de la literatura y la política de los últimos 40 años que resulta excéntrico que un autor nos hable en la reconstitución de su historia vital de un abuelo negrero y de otro pedófilo, y de cómo su núcleo familiar se acomodó al franquismo. Además lo fácil o lo socorrido hubiera sido regodearse en los episodios de la cría de covayas en los días de más penuria, o en la pena por la pérdida brutal de su madre, Julia Gay, o en los abusos sexuales de Ricardo Gay.
Un poema de Rafael Calero cuenta la historia de Julia Gay, madre de los Goytisolo, que murió el día 17 de marzo de 1938 en uno de los múltiples bombardeos que la aviación italiana hizo sobre la ciudad de Barcelona en aquellos días: 
Este poema nace en marzo
de 1999.
Viajamos en tren hacia Granada.
La radio anuncia la muerte del Poeta.
La poesía es una autopista de peaje.
Algunos días más tarde
leo estos versos suyos
Donde tú no estarías
si una hermosa mañana con música de flores
los dioses no te hubiesen olvidado.

1938, diecisiete de marzo.
Julia vive en Viladrau
pero hoy se encuentra en Barcelona,
donde ha ido a comprar unos regalos
–un libro, un caballo de madera,
quizá unos caramelos–
para la festividad de San José.
Es mediodía de un día
que se despoja poco a poco del invierno,
que se llena de luz mediterránea.
Julia está junto al cine Coliseum,
en el Paseo de Gracia.
Las calles hierven de vida.
A lo lejos se oye el ruido siniestro
de los aviones fascistas,
cada vez más cerca.
De repente, el estruendo mortal
de las bombas asesinas.
Los regalos quedan en el suelo,
teñidos de rojo y tristeza,
y la tarde da paso a la noche
que es oscura y silenciosa y terrible.
Pienso en la mujer, en la madre.
Trato de comprender la angustia del marido,
el miedo del niño,
el odio del poeta.
Pero no lo consigo.
Imagino el último beso de sus labios,
el color de sus ojos
en las tardes de otoño.
Huelo su piel: agua fresca y jabón.
Leo en mi libro
tu figura erguida contra el cielo y la espuma
y anoto al margen
el dolor habita en el rincón más oscuro de la memoria.
Y cierro el libro
El poema de Calero toma unas palabras del que escribió José Agustín Goytisolo, "Cercada por la vida: "Donde tú no estarías si una hermosa mañana con música de flores los dioses no te hubiesen olvidado". 
El marido tomó al acabar la guerra una interna aragonesa y como se llamaba Julia le dijo que a partir de ese momento se llamaría Eulalia, medida que es fuera de toda duda comprensible, como comprensible es que el hermano de Juan Goytisolo le pusiera Julia a su hija y escribiera "Palabras para Julia", que es un final más feliz y no es "abuelista".
Los historiadores, especialmente los que no aman la precisión como Juan Goytisolo, se imponen incluso sin aceptarlo la posibilidad de silenciar lo que no les gusta o les incomoda (cosas que asimilamos a lo de llamar a la Julia minyona "Eulalia") o bien conducirnos a la confusión por liarnos con nombres parecidos o idénticos para asimilar disparidades y refinamientos del tiempo y presentismos. Creo que en Barcelona es más característica la hipocresía que el exhibicionismo.
*
La autobiografía de Marguerite Yourcenar, que dedica un 30% del total a sus ancestros, página arriba o página abajo, y retrocede al siglo XIII si no recuerdo mal, elude muchos temas y figuras, pero también tiene el sabor de la autenticidad que rezuma Coto vedado. Pienso que la excursión de la escritora por la Baja Edad Media hasta el momento de su nacimiento es un elemento muy llamativo porque ocupa muchas páginas. Tal vez su genealogía había sido objeto de estudio mucho tiempo, habida cuenta de que -otra vez "si no recuerdo mal"- la madre de la escritora murió en el alumbramiento o tras el alumbramiento. Pero pretender buscar respuestas en el pasado (la historia) es tan disparatado o difícil como pretender aclarar las cosas aquí y ahora. Requiere una honestidad intachable, la modestia de reconocer que nuestros recursos son insuficientes, el reconocimiento de que solo podemos participar añadiendo algo más de confusión con nuestra supuesta claridad. Las peores autobiografías de mi biblioteca son las que pretenden cristalizarse en una versión de los hechos, la que da una imagen conveniente del autor. Y eso es una mezcla de hipocresía y exhibicionismo.
Cuando hemos sido testigos de algún suceso que luego aparece en la prensa nos sorprende lo alterada que está no ya la verdad sino la realidad. He leído críticas de cine que me han hecho pensar en que era imposible que el autor y yo hubiéramos visto la misma película. Algo que en el teatro se podría justificar en las morcillas, pero muy difícilmente, en el cine es imposible: siempre veremos la misma proyección  a no ser en casos excepcionales.
*
Recuerdo estos días un átlas de geografía, gran formato, que mirábamos incansablemente mi hermano y yo. En aquellas grandes hojas se extendían mapas de todo el mundo, banderas y hasta algunas cifras. Las cartas náuticas me resultan apasionantes, aunque no entienda en ellas gran cosa aparte de la silueta del litoral. La costa a veces yo la veía al revés, como quien contempla un ajedrezado alternativamente desde el lado negro lleno de blanco y no desde el lado blanco, lleno de negro. Yo veía la tierra como lo que era el espacio secundario, siendo los mares y los océanos, los ríos también, el agua en general, lo que realmente definía la geo-grafía. 
Por aquel tiempo coleccionamos otro tipo de álbum, de cromos, que se llamaba "Vida y color", con imágenes de anatomía, fauna, flora y razas del mundo. Era un bonito conjunto de ilustraciones en las que se desplegaba solo una pequeña parte del reino natural y antropológico, pero suficiente para respaldar la maravilla y lo plural de lo singular.
*
Según las cifras oficiales de la Generalitat de Catalunya en los bombardeos de Barcelona entre el 16 y el 18 de marzo hubieron 875 muertos ¿Por qué se arriesgó Julia Gay a ir a ver a sus padres con lo que había? Podia haber esperado en Viladrau a que pasaran los peores días: 
"La mañana del diecisiete de marzo de 1938, mi madre emprendió el viaje como de costumbre. Salió de casa al romper el alba y, aunque conozco las trampas de la memoria y sus reconstrucciones ficticias, conservo el vivo recuerdo de haberme asomado a la ventana de mi cuarto mientras ella, la mujer en adelante desconocida, caminaba con su abrigo, sombrero, bolso, hacia la ausencia definitiva de nosotros y de ella misma: la abolición, el vacío, la nada. Resulta sin duda sospechoso que me hubiera despertado precisamente aquel día y prevenido de la partida de mi madre por sus pasos o el ruido de la puerta, me hubiese levantado de la cama para seguirla con la vista. Sin embargo, la imagen es real y me llenó por algún tiempo de un amargo remordimiento: no haberla llamado a gritos, exigido que renunciara al viaje. Probablemente fue fruto de un posterior mecanismo de culpa: una manera indirecta de reprocharme mi inercia, no haberle advertido del inminente peligro, no haber esbozado el gesto que, en mi imaginación, habría podido salvarla.
La evocación de la espera frustrada de su regreso, la creciente ansiedad de mi padres, nuestras idas y venidas, en busca de noticias, a casa de los tíos o la parada de autocar del pueblo es mucho más fiable. Dos días de tensión, angustia premonitoria, insoportable silencio, visitas a los tíos, sollozos de Lolita Soler, sucesivas versiones musitadas en la habitación de mi padre hasta aquella triste festividad de San José en la que, reunidos los cuatro hermanos en la escalera exterior que descargaba en el jardín, tía Rosario, interrumpida a veces, débilmente, por Lolita Soler, nos habló del bombardeo, sus víctimas, ella, sorprendida también, heridas seguramente graves, conduciéndonos poco a poco, como a ese toro recién estoqueado por el diestro al que la cuadrilla empuja hábilmente a arrodillarse para que aquél culmine su faena con un limpio y eficaz remate, al momento en que, con voz ahogada por las lágrimas, sin hacer caso de las protestas piadosas de la otra, soltó la inconcebible palabra, dejándonos aturdidos menos a causa de un dolor exteriorizado inmediatamente en llanto y pucheros qu por la incapacidad de asumir brutalmente la verdad, ajenos aún al significado escueto del hecho y, sobre todo, su carácter definitivo e irrevocable
Cómo ocurrió su muerte, en qué lugar exacto cayó, adónde fue trasladada, en qué momento y circunstancias la reconocieron sus padres es algo que no he sabido nunca ni sabré jamás. La desconocida que desaparecía de golpe de mi vida, lo hizo de forma discreta, lejos de nosotros, como para amortiguar con delicadeza el efecto que inevitablemente ocasionaría su marcha, pero adensando al mismo tiempo la oscuridad que en lo futuro la envolvería y haría de ella una extraña: objeto de cábalas y conjeturas, explicaciones incompletas, hipótesis dudosas, indemostrables. Había ido de compras al centro de la ciudad y allí le pilló la llegada de los aviones, cerca del cruce de la Gran Vía con el Paseo de Gracia. Una extraña también para quienes, pasada la alerta, recogieron del suelo a aquella mujer ya eternamente joven en la memoria de cuantos la conocieron, la señora que, con abrigo, sombrero, zapatos de tacón se aferrraba al bolso en el que guardaba los regalos destinados a sus hijos y que días después, éstos, con trajes teñidos de negro como imponía entonces la costumbre, recibirían en silencio de manos de tía Rosario: una novela rosa para Marta; obras de Doc Savage y la Sombra para José Agustín; un libro de cuentos ilustrados para mí; unos muñecos de madera para Luis, que permanecerían tirados en la buhardilla, sin que mi hermano los tocara."
Dipòsit digital de documents de la UAB. Familia Goytisolo-Gay

"La Vanguardia" (17-3-1938)
"La Vanguardia" (18-3-1938)


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11.6.17

We are walking in the air

We're walking in the air 
We're floating in the moonlit sky 
The people far below are sleeping as we fly 

onocí la canción We are walking in the air a través de la versión de George Winston en su álbum "Forest". Luego he sabido que era la banda sonora original de una película de dibujos animados que se proyectó en los ochenta. "The snowman" es la historia de la amistad de un muñeco de nieve y un niño. A su regreso de una aventura en la que incluso vuelan por el aire, el hombre o muñeco de nieve se derrite, cosa que no puede ser más triste y que nos recuerda como todo se disuelve o desintegra hasta que lo que parecía más real y entero apenas deja trazas de haber existido.
El jueves encontré en Llibre Solidari, en su puestecillo en la estación de Sagrera, un ejemplar de Es usted un mamífero, de Álvaro de Laiglesia. Tal vez hoy en día se le recuerda más como director de La Codorniz que como el autor de más de una treintena de libros. El titulado Dios le ampare, imbécil alcanzaba ya allá por el año 1974 12 ediciones. Yo recuerdo claramente que era un autor que en efecto siempre tenía un enorme éxito de ventas y era muy reeditado, en ediciones de bolsillo o en ediciones como la que compré por dos euros el jueves, en tapa dura y con una sobrecubierta de Enrique Herreros. Aún queda gente que se acuerda de los magníficos carteles cinematográficos que había hecho Herreros para los estrenos en la Gran Via. José Luis Borau, Nati Mistral, Luis García-Berlanga, José Luis Garci. Son inolvidables sus ilustraciones del Quijote, también. 
Álvaro de Laiglesia murió con solo 59 años de edad, el año 1981, hace casi 36 años. Su humorismo está emparentado con el de Jardiel Poncela o Miguel Mihura . Como no he leído a Fernando Vizcaíno Casas no puedo asegurar si en el autor valenciano no había algo de sus predecesores, más allá de lo ideológico. La fotografía de hoy es el punto de libro que incluía mi compra, que para mi sorpresa es un autógrafo del escritor con una dedicatoria a la anterior propietaria del libro. La expresión del novelista me recuerda toda una época, en la que aún se sonreía con los ojos sinceramente y había un cierto optimismo que iba emparejado también a una música jovial, llena de entusiasmo y energía. 
El libro está formado por un conjunto de relatos, el primero de los cuales se titula Muerte de otro viajante, pero no tiene mucho que ver con la obra de Arthur Miller, aunque también está implicado un seguro de vida. La mezquindad o codicia de la familia del viajante también representa toda una época, en la que se pensaba lo necesario que era el dinero para salir adelante. Pero está claro que lejos de caer en la crudeza realista pongamos que de Pérez Galdós, Laiglesia usa el humor blanco y establece unos diálogos donde nadie se arroga la verdad o la integridad ni nadie se escandaliza o se ofende. Da mucho que pensar que incluso los escritores con fama al cabo de pocos años pueden ser olvidados.
Me da un poco de pena haber encontrado el libro de Laiglesia tal vez por el traspaso de su propietaria Concha P. de Sánchez, y pensar que nadie ha sabido valorar el punto de lectura autógrafo. Pero no es peor que cuando se derrite un muñeco de nieve.

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Post espeso

"Nunca digas de este agua no he de beber"

ntre ayer y hoy he podido leer la entrevista a Fernando Savater en "El Español" y "Goytisolo en su amargo final". Leí a Goytisolo cuando era lectura obligatoria en la secundaria y a Fernando Savater más adelante, por interés o debería decir con curiosidad. La coincidencia en el tiempo de dos de las agonías de dos intelectuales, cuando en una de ellas asoma la viudedad y en la otra la impotencia y la eutanasia, y en ambas el ateísmo, me produce una cierta pena. El titular de la entrevista es muy desafortunado en el día que llegaba repatriado el cadáver de Ignacio Echevarría a Las Rozas:  "Desde que murió mi mujer, si un terrorista me mata me hará un favor". Naturalmente pienso que en esa afirmación el filósofo no se nos ofrece como víctima en sacrificio. Sería un sacrificio inútil. No sirve. Hay en su afirmación desdén. Y no quiero que su desdén me lleve a mí a otro desdén, o al mismo desdén. Si yo hubiera sido su mujer, por otra parte, creo que no me habría gustado que mi viudo me guardara memoria de esa manera. Esa actitud lejos de halagarme me avergonzaría.
Goytisolo por su parte habla de deterioro físico y cognitivo, de no gastar los escasos recursos que le quedaban para podérselos dejar a sus tres ahijados. Su deterioro se nos hizo patente en la entrega del Premio Cervantes, el año 2015, cuando acudió con un traje que no parecía a tono con el homenaje ni con la etiqueta, pero que inspiraba la misericordia que dictaba su probidad como escritor y ver su cuerpo abatido por los años o por lo que fuera. En realidad, desde mi completa ignorancia, pienso en que más que del deterioro físico y cognitivo al que me referí al principio del párrafo, habría que hablar de deterioro psíquico o espiritual. Acabo de encargar su primer libro autobiográfico, Coto vedado (1985), en el que me gusta pensar que no hay sombra ni de confesión ni de exhibicionismo o vanidad. Esa condición me convence. Esa victoria sobre el exhibicionismo y la vanidad se desluce por la derrota ante el sufrimiento, por la actitud un poco como de ploramiques (cat. "quejica", "quejumbroso").
Leo una contribución que escribió Goytisolo en "El País" cuando el 2001 le dieron el mismo premio Cervantes a Francisco Umbral, "Vamos a menos". Para lo que es el contenido, escrito maravillosamente, el título aún es bastante suave. Pero todo él destila una acritud que nos habla de las rencillas literarias en nuestro país. Dentro de lo que podríamos llamar ese "género" la perla -en mi opinión- es otro artículo en "El País" de Terenci Moix sobre Camilo José Cela, de 1998, "El Nobel, en la letrina". Diré que al menos se gana nuestra comprensión, cuando el Nobel se había pasado 300 telediarios y 90 pueblos con la homosexualidad.
Fernando Savater es agnóstico más que ateo y considera la religión, tal y como trascribo de la entrevista que le hizo el otro día Anna Grau (además de "la cocaína del pueblo") algo "predemocrático":
"Las religiones vienen todas de mundos predemocráticos. Entonces, muchos de sus preceptos sencillamente no tienen nada que ver con la democracia. En una casa planeada para estar iluminada con velas de pronto llega la electricidad. Las casas todavía iluminadas con velas son el mundo de la religión. Y la electricidad es el mundo de la democracia. Entonces, ¿queremos velas? Sí, siempre que no interfieran la posibilidad de utilizar la electricidad. Y si hay que elegir entre las dos cosas, elegimos la electricidad."
Seguramente muchas veces Juan Goytisolo tuvo razón, también la tiene infinidad de veces Fernando Savater, como la tuvieron Francisco Umbral y su padrino, y también Terenci Moix. Los únicos escritores con los que me he reído han sido además de Cervantes y Gerald Durrell, Camilo José Cela y Terenci Moix. Y eso deja mucho agradecimiento. De lo demás, de las ideas que en algún caso han defendido o blandido unos y otros, no me meto. Todo puede ser en algún caso comprensible. Todo menos robar o matar, aunque se dirá que incluso robar y matar pueden tener en algún caso excepcional una buena razón. Nunca diremos "de ese agua no he de beber".
*
Las alternativas a la religión que se están dando en democracia son peores que la religión.


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10.6.17

Post crudo

"¿Por qué no habla? ¿Por qué no se hace oír?, me preguntan
 con creciente insistencia en las cartas que recio de lectores
 desorientados por las continuas polémicas surgidas en
 torno a mí y a mi trabajo. He pensado en estas preguntas
 cuando hace un par de semanas me entregaron en Cascia
 el premio internacional Santa Rita “por haber sembrado
 en el mundo entero –así decía- a través de la fuerza
 seductora de la palabra la cultura del amor y del perdón”. 
Me pregunté cómo es posible, si en mi libro se
 perciben estos valores, es posible que se cree alrededor
 de mi persona, tal clima de odio y desprecio, como
 para que algunos de mis amigos me aconsejen que
 me marche de Italia ¿Qué es lo que no ha funcionado? ¿Dónde
 está la falta de comunicación por la que a un mensaje de prístina
 claridad se le ha dado la vuelta transformándolo, sin más, en lo contrario?
Susanna Tamaro, El aliento quieto

l mes pasado escribí sobre el tratamiento que recibe la información en medicinas complementarias en Estados Unidos y en España. Elegí los elementos básicos para contrastar como se trata el asunto desde las autoridades sanitarias de un país y de otro y lo hice para rescatar la idea de que la mejor manera de impedir el fraude era integrar las terapias alternativas en los sistemas de información en la manera en que se hace en los principales recursos que se ofrecen a los consumidores o a los usuarios de la sanidad, también a los agentes. El contraste con el trabajo del Observatorio OMC es tan marcado que nos arroja a la desazón y al fastidio. Alguien ha comparado la labor de este observatorio, que denuncia pseudoterapias e intrusismo, con el de una nueva inquisición, recordando aquella actitud a la que siempre parecemos estar dispuestos en estas latitudes.
Que la OMC albergue una página que lejos de cumplir una función informativa o formativa, se arrogue una función hostil, me parece desacertado. Tal vez la OMC en su papel de lucha contra el intrusismo se vea legitimada para desacreditar el bazar de las alternativas sanas a tantas enfermedades como se padecen, pero sería mejor en mi modesta opinión informar, con todo el rigor y la sencillez posible, de los abusos que puede haber (incluso en la medicina convencional). En este caso, como en otros, la mejor defensa no es un (buen) ataque sino una actitud constructiva. La página del Observatorio a la que me he referido al principio nos mezcla un poco todo y el reiki y la hipoterapia ocupan un mismo lugar indefinido y algo difuso en sus infografías, al lado de medicinas tradicionales milenarias como los son el Ayurveda (que aún se imparte en más de 500 universidades de la India) o la Medicina China, que además de la consabida acupuntura incorpora una farmacopea (más allá de la fitoterapia) que solo podemos señalar que es inmensa, prodigiosa y muy precisa. Hay terapias en las que las redes sociales y los escepticémicos se han encarnizado bastante, singularmente la homeopatía. Por todo ello y por mucho más, que no es el tema de este post, se puede decir que un documentalista más que encontrarse con información sobre las terapias complementarias, con lo que se encuentra es con una agria polémica, con una controversia que no avanza, que se encona en los consabidos argumentos pretendidamente científicos, con poca formación y mucha deformación.
Mi post obtuvo mucha difusión a través del muro en Facebook de una médica cirujana que muchos años ha practicado la homeopatía y que últimamente se ha iniciado en la llamada terapia neural. Sin embargo, para mi sorpresa, las reacciones a través de los conocidos emoticonos eran muchas veces de enojo, como si el post fuera contra las terapias alternativas. Y esto ocurre muchas veces, los lectores de Facebook leen someramente, responden a estímulos muy primitivos y su comprensión es tosca, no pasan de reaccionar a ideas muy rudimentarias y con colores primarios.
También, tal y como acabo de leer en el libro que cito de Tamaro, a veces la falta de comprensión o la hostilidad viene de la mala fe. Lamento profundamente haber tenido que llegar a esa conclusión que deja tan poca esperanza para nuestro progreso. Hay gente con mala fe, con una agresividad que les hace tergiversar y pillar las cosas por una arista que las hace brillar por el lado oscuro, que era precisamente el que no buscábamos. Son personas que han desarrollado el talento de retorcer cualquier planteamiento por simple que sea. Y con ello ocultan que en realidad no nos están ofreciendo algo a cambio. De hecho, si nos sentáramos a su lado podríamos ver claramente lo rutinario que les resulta esperar a que pase un argumento para zancadillearlo. Me recuerdan a un grupo de adolescentes que vi una vez en mi barrio, cerca de un centro de ciclos formativos creo que de grado medio. Había nevado y estaban apostados en una esquina que desciende por una bajada muy inclinada y con un ángulo bastante cerrado. Esperaban a ver resbalar a las personas que bajaban por allí desde la salida del metro. Me alertó su atención y adiviné que habían dejado de reír a la espera de su próxima "víctima", que era yo. Me arrimé a la pared y fui dando pasitos cortos mientras con la mano derecha extendida me iba enganchando a la cubierta rugosa. Y no sin dificultad fui avanzando. La señora que iba detrás cayó y desde el grupo de los muchachos salió una risotada general y gutural como un rugido con hipo que me arreboló.
He conocido muchas situaciones en las que se me provocaba. Es lo que en lenguaje taurino se llama "entrar al trapo", esto es, caer en una provocación y hacerlo irreflexivamente. A veces creo que con todo lo pusilánime y tancredista que nos parece Mariano Rajoy, en muchos casos evita las provocaciones que por ejemplo le extienden desde el gobierno de Cataluña (a falta de otros argumentos). Cuando mencionan los tanques, vieja figura de tan usada ya emética. Y, siguiendo con el lenguaje taurino, a veces se exige del escritor y del político una suerte de porta gayola que no tiene sentido, o una gaonera.

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5.6.17

Los "años perdidos"

"Toleration is the greatest gift of the mind; it requires the same effort 
of the brain that it takes to balance oneself on a bicycle" (*)
Helen Keller

Cada año por Pascua de Pentecostés pongo en mi muro de Facebook un enlace a un vídeo donde Lola Flores baila una sevillana rociera con la que participó en una película de Carlos Saura ("Sevillanas", 1992). La pongo cada año pero nunca he obtenido un solo "me gusta". Interpreto que no gusta. A los que podrían estar predispuestos por su fe en el Rocío les choca que por toda música se ofrezca un tamboril y una flauta, que es la música genuina. Tal vez el vídeo pasa desapercibido, tal vez Lola Flores no sea atractiva entre mis seguidores. Creo que en esa secuencia de apenas 3 minutos la Faraona despliega todo el saber de una tradición y su genio, siendo cualquiera de los dos ingredientes descomunal. El vestido de la Flores es una fuerza de la naturaleza comparado con el que es considerado el mejor vestido del cine, el vestido divino que llevó Keira Knightley en "Expiación" (Joe Wright, 2007).
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En general creo que mis "mensajes" no siempre llegan con la intención con la que los envío. Decía Pilar Miró que "Lo característico del hombre contemporáneo es su capacidad para pensar una cosa, decir otra, sentir otra y hacer otra distinta". Seguramente algo de eso hay en la respuesta que todos obtenemos a nuestras afirmaciones, porque las capas que las envuelven (pensar, decir, sentir y hacer) se rozan a veces con una fricción irritante. Sean nuestras capas o las que mezcla quien nos escucha o lee.
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El esfuerzo al que se refiere Hellen Keller nos habla de un equilibrio que representa con toda exactitud un afán en el que se llega a un cierto descanso. Cuando conseguimos ir en bicicleta sin pensar en mantener el equilibrio, es cuando podemos pedalear con tranquilidad, naturalidad y disfrute. Y eso sirve para la bicicleta, para la tolerancia y para casi todo. Vencer el temor y rebasar todo lo que exige un esfuerzo en el que no acabamos de confiar es la clave.
*
En la pedagogía se establecen ejercicios que ayudan a descubrir las propias habilidades. Es decir, por ejemplo un ejercicio como el "Vals de los palillos chinos" (Chopsticks waltz)  o el "Inés, Inés" para guitarra además de que tienen valor musical van abriendo el camino y el aprendiz va haciendo manos. Es inevitable que los niños y quienes aprenden a tocar un instrumento pasen por esos ejercicios. Nada nos disculpa a los vecinos de oírlos. Solo podrían substituirse por otros parecidos, alternativa que resultaría ociosa y tal vez odiosa.
*
Cuando se habla de la vida oculta o los "años perdidos" de Jesús de Nazaret para referirse a los 18 años de los que no hay rastro, se corre el peligro de creer, pensar, decir, sentir que había algo secreto. No sé si estuvo o no en la India, estoy tan dispuesta a pensar que sí como que no. Lo más probable es que estuviera estudiando en la sinagoga, que aprendiera los Salmos y que ayudara en la carpintería a su padre. Y lo más normal.
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Lo de los "años perdidos" también suena un poco a aquel melodramático "te entregué mi juventud".
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La buena educación siempre ha sido útil para los casos irreductibles. Cuando se duda y cuando la convivencia entre lo que se piensa, se puede decir, se siente y debemos hacer puede ser incomportable, para esos casos y para cuando nos encontramos con gente difícil, es para lo que está la clásica buena educación, una etiqueta básica.
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El año que viene, si Dios quiere, volveré a poner el vídeo de la sevillana rociera.

Hellen Keller


(*) La tolerancia es el mayor don de la mente; requiere el mismo esfuerzo por parte del cerebro que lo que implica mantenerse en equilibrio sobre una bicicleta

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1.6.17

Post 1527: Alibabá y Gulliver

ace un par de meses estuve por El Coll y pasé cerca de La Bruguera, hoy Centre Cívic, pero que había alojado el taller o las oficinas  de una de las editoriales más importantes de Barcelona. Como Salvat llegó a abrir en su época de expansión sucursales en Sudamérica. Un documental de Carles Prats emitido hace poco en TV3 nos recuerda las historietas, pero la factoría también editó colecciones de clásicos infantiles y juveniles, novelitas del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía, Corín Tellado y libros de bolsillo de la literatura universal.   
Cuando el año pasado para el pregón de las Fiestas de la Merced se invitó a Javier Pérez Andújar, que nos brindó unos minutos deliciosos sobre la literatura de kiosko y demás, inconcebibles sin la existencia de nuestra Editorial Bruguera y sus tebeos o colecciones como Heidi, que ilustra el post de hoy. Las sobrecubiertas se deben a Francisca Gallarda Garós, que falleció en septiembre de 1971 y que también hacía recortables para niñas. Era característico de esta colección y de la de Historias selección un lomo en que a modo de tejuelo había unos dibujos con los protagonistas de las historias contenidas. Todos estos libros para niños y adolescentes tenían el texto adaptado y cada cierto trecho dos ilustraciones a toda página, en blanco y negro. Se podía hacer una doble lectura, o alternarlas. Es decir, se podía seguir la historieta solo con la versión ilustrada o bien se podía hacer una lectura convencional o se podía hacer la doble lectura.
La industria de Francesc y Leopold Bruguera, hermanos, es un modelo o un ejemplo empresarial que probablemente muchos consideran periclitado. Se trabajaba muchas horas, los trabajadores tenían 5 pagas extras y podían conseguir sobresueldos si se llevaban trabajo a sus casas, y los propietarios entregaban a las familias de los trabajadores que se morían un millón de pesetas, según se cuenta en el documental (se entiende que en plena vida laboral). Pongamos que sería por los años 60-70 del siglo pasado.
En mi infancia me junté con muchos libros. Tanto a mi hermano como a mí nos gustaba mucho leer. El marido de mi madrina nos pasó una colección de su época que no bajaba de unos 20 volúmenes. Siempre nos regalaban libros en fechas señaladas y cuando yo tuve un accidente de tráfico a los 9 años recibí muchos libros de Enid Blyton, de la Editorial Bruguera (muchos de Sissí, que a mí no me gustaba), del Capitán Trinquete (Ediciones Toray), etc. Mi historia preferida era la de Gulliver y lo sigue siendo. El pregón de Pérez Andújar entronca con la canción "Qualsevol nit pot sortir el sol" de Jaume Sisa.
No he leído los western de Marcial Lafuente Estefanía, pero sí alguno de Zane Grey que me recomendó mi amiga la escritora Teresa Pous. Tampoco he leído Corín Tellado, que ya mencioné en este blog por lo prolífica que fue. Como dijo Proust en su "Elogio de la mala música":

"Detestad la mala música, no la despreciéis. Se toca y se canta mucho más, mucho más apasionadamente que la buena, mucho más que la buena se ha llenado poco a poco del ensueño y de las lágrimas de los hombres. Séaos por eso venerable. Su lugar, nulo en la historia del Arte, es inmenso en la historia sentimental de las sociedades. El respeto, no digo el amor, a la mala música es no sólo una forma de lo que pudiéramos llamarla caridad del buen gusto o su escepticismo, es también la conciencia de la importancia del papel social de la música. Cuántas melodías que no valen nada para un artista figuran entre los confidentes elegidos por la muchedumbre de jóvenes romancescos y de las enamoradas. Cuántas "sortijas de oro", cuántos "Ah, sigue dormida mucho tiempo", cuyas hojas son pasadas cada noche temblando por unas manos justamente célebres, mojadas por las lágrimas de los ojos más bellos del mundo, melancólico y voluptuoso tributo que envidiaría el maestro más puro —confidentes ingeniosas e inspiradas que ennoblecen el dolor y exaltan el ensueño y que, a cambio del ardiente secreto que se les confía, ofrecen la embriagadora ilusión de la belleza. El pueblo, la burguesía, el ejército, la nobleza, así como tienen los mismos factores, portadores del luto que los hiere o de la alegría que los colma, tienen también los mismos invisibles mensajeros de amor, los mismos confesores queridos. Son los músicos malos. Este irritante ritornello, que cualquier oído bien nacido y bien educado rechaza nada más oírlo, ha recibido el tesoro de millares de almas, ha guardado el secreto de millares de vidas, de las que fue inspiración viviente, consuelo siempre a punto, siempre entreabierto en el atril del piano, la gracia soñadora y el ideal. Esos arpegios, esa "entrada" han hecho resonar en el alma de más de un enamorado o de un soñador las armonías del paraíso o la voz misma de la mujer amada. Un cuaderno de malas romanzas, resobado porque se ha tocado mucho, debe emocionarnos como un cementerio o como un pueblo. Qué importa que lascaras no tengan estilo, que las tumbas desaparezcan bajo las inscripciones y los ornamentos de mal gusto. De ese polvo puede elevarse, ante una imaginación lo bastante afín y respetuosa para acallar un momento sus desdenes estéticos, la bandada de las almas llevando en el pico el sueño todavía verde que las hacía presentir el otro mundo y gozar o llorar en éste.
Marcel Proust, Los placeres y los días

Sobrecubiertas de la colección Heidi por Francisca Gallarda Garós

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31.5.17

Mariano Gracia



cuento de la posibilidad de elegir el orden de los apellidos de los niños a partir de mañana, cuando pierda vigencia gran parte de la Ley del Registro Civil (de 1957), me preguntaba si se podría aplicar un primer apellido distinto para hijos del mismo padre. Es decir, si se podría poner a un hijo el primer apellido del padre y a otro hijo el primer apellido de la madre. No me parece cuestión menor que el registro civil se privatice, aunque ignoro qué consecuencias tiene. A la vista de la Ley 20/2011 se lee: "El orden de los apellidos establecido para la primera inscripción de nacimiento determina el orden para la inscripción de los posteriores nacimientos con idéntica filiación". Por lo tanto queda claro que los hermanos tendrán los mismos apellidos, sea cual sea el orden elegido para el primero. 
Como una es muy bruta prefiere las cosas como son y aunque me hago cargo del acomplejamiento que puede acarrear llamarse García, las alternativas me parecen peor. Aunque se hablaba hoy en los medios de que la opcionalidad salvaría apellidos que no tuvieron hasta ahora derecho de transmisión, me parece que tampoco es para ser tan dramáticos. Como dicen los franceses, "Tout passe, tout casse, tout lasse et tout se reemplace". Ni siquiera la permanencia de la Mezquita-Catedral de Córdoba es algo que nos tuviera que preocupar más allá de lo razonable. No es que la queramos ver hecha polvo, pero hay cosas más importantes, como las marismas de Doñana.

Lo mismo que aprecio la conservación de los bienes culturales y del patrimonio artístico, también defiendo que no hace falta preservar a toda costa edificios que exigen un mantenimiento desatinado. La Mezquita-Catedral de Córdoba -según Trip-Advisor, que tampoco es que sea la autoridad más relevante en estos temas- es el edificio más visitado de Europa. Yo hubiera dicho que era más visitado el estadio del Barça o el Coliseo de Roma, pero es igual. En cualquier caso las multimillonarias restauraciones de algunas obras están justificadas en cuanto atraen un turismo enorme y divisas. Pero queda claro que si un aguacero se lleva por delante un puentecito romano hecho por ingenieros militares, lo siento más por el río que por la pérdida del monumento. Si un puente aguantó veinte siglos, el problema está claro que está en el río, en el clima, en la mano del hombre. Y es infinitamente más penosa la desaparición de un río que la desaparición de un puente.
Paseábamos esta mañana con mi amiga À. F. Fabra i Puig abajo y señalábamos que tal vez una de las 3 tiendas que permanecen desde hace más de 40 años por un tramo del paseo es la de Mariano Gracia. Hace esquina entre el Paseo de  los hermanos Fabra i Puig (o Puig i Fabra) con la calle del Dr. Emili Pi i Molist,  ante la Plaza Virrei Amat. 
Tal vez el letrero amarillo no es el original, pero se le parece mucho, siempre fue amarillo. No creo que pueda haber alguien que tenga dificultades para leer el letrero incluso desde lado opuesto de la plaza. Pienso que el revestimiento de mosaico vidriado amarillento sí es el original. Los toldos, el equipamiento de la tienda (mostradores, burros, estanterías) son funcionales y pragmáticos, destilan mercantilismo utilitario. Responden al espíritu comercial de otra época, donde no se pondría en el escaparate ninguna extravagancia que despistara sobre los productos que se ofrecían dentro del local. Ahora verdaderamente hay tiendas que han llevado tan lejos la originalidad que cuesta saber qué venden o para qué.
Mi madre, que regentó durante 40 años una tiendecita de ropa del hogar, me dijo hace no mucho que si tuviera que comprar algo lo compraría allí. Venden ropa que con no ser de lujo está bien confeccionada y las costuras están derechas, bien rematadas y los colores no pierden. Es posible encontrar en Mariano Gracia bragas de algodón de tallas grandes (hasta la 64), armillas, chubasqueros clásicos de nilón, mañanitas y otras prendas que aún se hacen aunque cuentan con un público menguante. Hay ropa de trabajo, como pantalones de mecánico o delantales de pescatera, pero también hay camisones y calzoncillos a la moda, toallas, batas, calcetines y mucho género de lo que en "El Corte Inglés" llaman textil cama. El negocio de Mariano Gracia funciona, siempre se ve gente comprando o mirando los escaparates, los cuales, como digo, representan bien lo que se puede encontrar tienda adentro. El sistema de escaparatismo me recuerda el que tenía una tía paterna mía en su negocio, que estaba en la Bajada de La Plana. Usaba agujas para poder extender bien las prendas y las colgaba abigarradamente de hilos que no se veían casi. Se muestran claramente los precios, con cifras redondas, y ya está. Nunca he visto ni un Maneki-neko o gato de la suerte ni un San Pancracio con una moneda de 25 céntimos de peseta y una ramita de perejil ni nada que se le parezca.
No puedo dejar de señalar que también lleva allí en esa esquina muchos años la gitana María, sentaba en un lado de un escaparate, con la mano extendida pidiendo limosna. María también es clásica. Lleva el cabello recogido en un moño y saluda a quien le saluda y cuando le das la limosna te bendice. Hoy cuando pasamos aún no había llegado.

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30.5.17

El tercer día

l "Deus ex machina" del teatro clásico era un elemento que surgía diríamos que milagrosamente en el momento más comprometido de la acción para resolverla. La expresión nos habla de que aparecía en escena un dios gracias a un artefacto de la tramoya, y llegaba en un momento en el que se habían agotado los mecanismos argumentales lógicos. Como recurso dramatúrgico no está bien valorado, se considera pobre y que resuelve lo expuesto casi con una astracanada sumarísima y condena la representación a una mera sucesión de efectos.
En teatro yo no recuerdo haber visto ninguna obra en la que se usara ese efecto. En cine sí que recuerdo infinidad de veces en las que se da el "Deus ex machina" pero vagamente, sin acertar a señalar en qué películas. Normalmente los espectadores reconocen de inmediato esta manera de happy end como un desenlace inverosímil que produce tanto alivio como un cierto rechazo. Ya no es que el villano se electrocute con un cable suelto, es que aparece la salvación y llega por el aire ex machina, con una grúa o así. Aceptar que el caballo del bueno corra más que el del malo o que la polícia llega miríficamente en el último momento, entra dentro de la lógica de la acción, pero el Deus ex machina introduce un elemento ajeno a la acción y que lo que hace es ahorrar guión o horas de rodaje. Admitiendo que conduce al descanso o el desahogo del público, también hay que admitir que es tenerlo por simple.
Chon Day  (Chauncey Addison Day). "Espero que despeje para el fin de semana"

Si Huffington Post y Jotdown no han tratado sobre el tópico de la isla desierta en los cómics o historietas o en la literatura y el cine, no voy a ser yo quien rompa una lanza en favor de este tema tan rico e interesante. Tal vez arranca en El filósofo autodidacta de Ḥayy ibn Yaqẓān, del siglo XI, y no vuelve a aparecer hasta Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719) y La isla del tesoro de Robert L. Stevenson, que tan desierta no era. También estoy pensando en la isla de las sirenas de la Odisea, y en la grisalla que cierra la tabla con "El jardín de las delicias", de El Bosco. 
La imagen que cierra "El jardín de las delicias", tan abigarrado, es a mi gusto mucho más sugerente que la obra principal. Que es de tema bíblico nos lo da a entender el salmo 33 (32) que la preside: "Pues al mandarlo Él fue todo hecho; Al ordenarlo Él vino al ser todo". Dicen que representa el tercer día de la creación (Génesis 1:9-13), cuando Dios creó los mares y los vegetales, previos a la creación del Sol y la Luna el cuarto día.  Pero no me interesa tanto plagar de erudición reseca este párrafo como señalar la geografía literaria y fantástica y el paisaje primigenio en el que aún no habían aparecido ni los pájaros, que fueron las primeras criaturas que el Señor puso en la Creación.

Díptico grisalla de El Bosco para "El jardín de las delicias" (Hieronymus Bosch, 1500)


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28.5.17

La palabra dada

espués de haber probado durante apenas un año un móvil del sistema iOS, me di cuenta de que lo que me convenía era un Android. Estoy contentísima con mi segundo Samsung y eso que es de gama media. Aparte de que uso a menudo la radio, sin tirar de datos, y de que se puede recargar la batería con muchos cables que tengo por casa, tiene la bondad de que se deja hacer y devuelve la impresión de que es la mujer la que manda sobre el móvil y no al revés. La cámara del Iphone no era mejor y si bien la pantalla tenía una buena definición, y eso sin empañarse de suciedad tanto como las de otras marcas, el aparato tenía un defecto de serie en el micrófono y tenía que usar el teléfono a gritos, no siempre con éxito.
En mi móvil he agrupado determinadas aplicaciones en tres carpetas que llamo "Ver", "Oír" y "Callar", como indican los tres monos budistas. En "Ver" tengo el acceso de Instagram, Whatsapp, Gmail, Messenger y la Mensajería de SMS. Todas esas aplicaciones las uso o intento usar con moderación. Intento no ser invasiva ni inoportuna o mandar mensajes innecesarios. Whatsapp es muy útil pero a veces se cuelan comunicaciones que exigen descargar muchos datos o que remedan un chat que fácilmente me irrita, porque a partir del cuarto o quinto mensaje la cosa ya no me me resulta grata, me siento o bombardeada o llevada a un terreno en el que no me siento a gusto. 
Dejé de usar el teléfono fijo el día que supe que había fallecido una tía que vivía en Galicia. Mi línea es de fibra óptica y la apago cuando no estoy conectada al wifi. Mucho tiempo antes de que mi tía nos dejara ya noté que muchas personas no podían usar el teléfono sin por ejemplo lavar los platos. El sonido del grifo y de la vajilla me llegaba con tonos metálicos y distorsionados que eran bastante desagradables para mis sufridos oídos. También era normal y corriente oír como al otro lado de la línea se estaba tecleando o entraban notificaciones de móvil. Y esto sin haber llamado yo. Es decir, recibía una llamada de teléfono fijo para pronto comprobar que el ruido de fondo revelaba una actividad secundaria y no una "atención plena". 
No estoy en ningún grupo de Whatsapp, porque lo normal es que generen mucha actividad y ya se desprende de lo dicho que no me gusta. A pesar de tratarse de un medio fundamentalmente "Ver", con texto e imágenes, a veces voz grabada tipo "Oír", he observado que es fácil que se produzcan malentendidos propios de una lectura ligera o con sobreentendidos y confusiones. No tengo ningún interés en ser una smombie, en estar todo el día con la cerviz doblada sobre la pantallita acabando de arruinar mi vista y mis canales carpianos. Veo que muchas personas adultas mantienen una ocupación paralela a su trabajo o a su estudio en el día a día, que el móvil lo consultan o atienden constantemente, para mí ese estado no es deseable. Y no es estético.
Cuando dispongo de un momento entre una cosa y otra y quiero establecer contacto con alguien veo que la manera menos invasiva es sin embargo un mensaje corto. Pienso que al otro lado de la plataforma lo atenderán cuando puedan y que yo puedo seguir a lo mío tranquilamente. Con el tiempo vas viendo cómo se maneja cada cual con el Whatsapp, si lo consultan a menudo e incluso dentro de horas de trabajo, cuando lo contestan en un momento que tienen para esas tareas, etcétera. Hay personas que escriben textos largos, otras que se reconocen porque envían a cada punto y cada mensaje va entrando con su sonido de notificación. Es decir, que es un sistema tremendamente flexible y no sería bueno restringirlo. Eso sacrificaría la versatilidad.
Otra de las rarezas seguramente por mi parte que no puedo dejar de mencionar, es el hecho de que hay personas con las que estoy conectada con Facebook y/o Twitter que sin embargo me envían mensajes de naturaleza política o cultural a través de mi cuenta de Whatsapp, cosa que me parece incomprensible, porque en algún momento decidí que era un medio para la comunicación personal y que para todo lo demás ya estaban las redes sociales, las cuales a su vez permiten controlar la difusión.
Por suerte siguen existiendo las ocasiones en que es posible tener una conversación ante una taza de café, un té, o una copa de vino. Y la comunicación que se establece en una conversación es mucho más rica, mucho más honda y con mejores consecuencias. Sé que se hacen muchas comunicaciones a través del Skype por ejemplo (parejas que viven a gran distancia, cursos de formación, incluso entrevistas de trabajo, tratamientos de psicoterapia, etc.), y no dudo de que resultan cómodas y convenientes, pero en esto -como en tantas cosas más- es mejor la calidad que la cantidad. Dice una amiga mía que las redes sociales acercan a los que están lejos pero alejan a los que estamos cerca y es verdad.
El "infantilismo" al que nos han devuelto los emoticonos un día -si es que no se ha hecho ya- se interpretarán como el sucedáneo de una expresividad efectiva y la firma de una afectividad fijada. En el uso de los emoticonos también soy parca, y eso que hay una paleta muy variada, porque me empalaga su exceso. Pertenecen en buena parte al bienintencionadismo de que hablábamos en el post anterior. Admito que todo cuanto digo relata un carácter grave, no lo niego. Y sin embargo eso no es nada comparado con el desagrado que me inspira el mareo de mensajes que se establece para por ejemplo concertar una cita, cosa que no evita que vaya precedida de un torpedeo de molestas precisiones porque se llega tarde o se quiere adelantar. La palabra, en definitiva, ha perdido su valor esencial.
En la carpeta "Oír" tengo Spotify, el reproductor de música, la radio y el teléfono. En la carpeta "Callar" tengo mis apps de yoga. Silenciadas.
Los tres búhos sabios (por los Tres Monos Sabios)

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26.5.17

Queviures Buil

Dibujo de M. Domínguez Senra (c) SafeCreative *1705262436367

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El colmado Buil cerró hace menos de un año, creo que por jubilación del propietario. Se encuentra en la Calle Sant Alexandre esquina con la Calle Duero, en el barrio de Horta. Mi dibujo introduce algunas variantes que se pueden justificar en mi impericia y en un cierto humorismo.

25.5.17

La semilla de algarrobo

n el Día Mundial de la Toalla, en homenaje a la La guía del autoestopista galáctico, mi particular homenaje va por el ocurrentismo más o menos serio. Las ocurrencias tienen mucho peligro ya que aunque tengan un innegable buenintencionadismo pueden acabar como dicen que acabó el aprendiz de brujo. Todos hemos visto a Mickey Mouse con la escoba desmandada por culpa de sus trucos de magia, lo que no sé si sabe todo el mundo es que la música de Duckas, su famoso scherzo, acompañaba un poema de J. W. Goethe. El poema traducido al español suena a fábula. Lo digo en sentido literal, no refiriéndome a lo estupendo que podría ser.
Hay ocurrentismos modestos pero insidiosos por su número y otros que son muy potentes, como dicen que fue el Exterminio de gorriones en China, dentro de la Campaña de las Cuatro Plagas en el proyecto llamado Gran Salto Adelante. La aniquilación de los gorriones para proteger las cosechas, en realidad las dejó a los insectos que suelen comer estos pajaritos y, por resumir, se produjo una hambruna de creo que unos 20 millones de chinos. Ocurrencias como la de Mao Zedong yo creo que las ha habido en todos los tiempos y en todos los países, pero por su impacto ésta ilustra bien el tema de los ocurrentistas salvíficos bienintencionadistas adánicos.
Un día se hablará del ocurrentismo de los adanes bienintencionadistas tecnológicos, especialmente a la vista de la vulnerabilidad de los sistemas informáticos. Pero el ocurrentismo lo impregna todo, y lo primero que se me viene a la cabeza son aquellos biocientíficos que se propusieron conseguir sandías sin pepitas y hasta lo consiguieron. No niego que las pepitas son un fastidio, pero también hay que pensar que tienen su función, de semillas. Incluso se dice que en realidad un alimento es integral no en la medida en que tiene salvado o cáscaras sino en la medida en que contiene semillas que harían posible su perpetuación. Es decir que un donut no es integral y una manzana que tiene sus pepitas sí lo es.
Me encantó días atrás leer en "El periódico de Cataluña" un reportaje que le hacían a  Bernat Daviu, que tras pasar por Christie's se ha hecho garrofista, un movimiento de gente artista y precaria cuyo símbolo es la algarroba, que ya tuvo su valor crucial en la obra de Joan Miró. Se ve que Joan Miró siempre llevaba una semilla de algarroba.
Hay personas a las que desagrada el olor del algarrobo, que es mucho más fuerte y telúrico que el de la higuera, algo achocolatado, dulzón, lleno de sombra. Dicen que cuando la Guerra Civil o después muchos sacos de harina llevaban vainas de algarroba. No sé yo si para hacer peso o por alguna otra razón. Se que se comieron muchas algarrobas -cosa que iría en detrimento de los caballos- pero que lo que las protege de nuestra voracidad es que dan estreñimiento. Dicen.

Mera fotografía amparada por una licencia SafeCreative +1107029585682

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23.5.17

Mediocridad marrón Pantone 448C




iguiendo con el post de las Víctimas perversas lo que falta por explicar, si es que tiene una explicación, no es fácil. Puede animarnos a intentarlo saber que el patrón del acoso es extraordinariamente repetitivo (*), los casos son tan similares que con ver dos se han visto todos. Yo diría que esa condición lejos de probar las circunstancias las relega a la confusión con comportamientos miméticos o convencionales.  De hecho, tal y como nos advierte Hirigoyen en su libro sobre El acoso moral,  “Y esto no les impide engañar ni parecer totalmente adaptados a la sociedad” (p. 26).
Es decir, me temo que la falta de singularidad del sufrimiento no lo alivia y además la reiteración de las conductas acosadoras hacen que se conviertan de alguna manera en refrendadas o en predominantes.
Ayudan a entender la perversión narcisista del acosador ciertos pasajes del libro de la psiquiatra que transcribo literalmente:
“El perverso intenta inyectar su propia maldad en su víctima. Corromper es su objetivo supremo. Y alcanza su máximo placer cuando consigue que su víctima se vuelva también destructora, o cuando logra que varios individuos se aniquilen entre sí Todos los perversos, sean sexuales o narcisistas, intentan atraer a los demás hacia su propio registro para luego conducirles a pervertir las reglas. Su fuerza de destrucción depende en gran medida de la propaganda que difunden para mostrar a los demás hasta qué punto su víctima es «malvada» y por qué resulta, por lo tanto, razonable llamarle la atención. A veces lo logran, y consiguen asimismo la colaboración de aliados a los que también manipulan mediante un discurso que se basa en la burla y en el desprecio de los valores morales” (p. 149)  
“Un perverso narcisista, por contra, solo se construye a sí mismo al saciar sus pulsiones destructoras” (p. 151) 
“El problema del perverso narcisista es que tiene que remediar de algún modo su vaciedad. Para no tener que afrontar esta vaciedad (lo cual supondría su curación), el Narciso se proyecta sobre su contrario. Se vuelve perverso en el primer sentido del término: se desvía de su vacío (mientras que el no perverso afronta ese vacío). De ahí su amor y su odio hacia la personalidad maternal, la figura más explícita de la vida interior. El Narciso necesita la carne y la sustancia del otro para llenarse.” (p. 151)   
“Agredir a los demás es su manera de evitar el dolor, la pena y la depresión” (p. 163)
“Por razones que dependen de su historia en los primeros estadios de la vida, los perversos no han podido realizarse. Observan con envidia cómo otros individuos disponen de lo necesario para realizarse. Pero no se cuestionan, e intentan destruir la felicidad que pueda pasar cerca de ellos.” (p. 160)
Es lo que lisa y llanamente sería la envidia. El acosador suele ser un perverso narcisista que cree carecer del potencial de la persona que envidia y su forma de no aceptar el dolor es ocasionárselo, destruirla. Ciertamente quienes tienen o quienes creemos tener algo que ofrecer, o que aunque no se ofrezca existe y es pleno y creativo, no podemos comprender que la carencia de creatividad se exprese por la destrucción, pero es así. Podríamos superponer o yuxtaponer a estas aproximaciones sobre el perfil del acosador algo que apareció ya hace unos años en La Contra de "La Vanguardia" y tiene que ver con la mediocridad. Obsérvese la gradación:
"La mediocridad es la incapacidad de apreciar, aspirar y admirar la excelencia. El primer grado es el simple, que ni le importa ni la entiende, y es feliz con la satisfacción de sus necesidades básicas. El segundo es el fatuo, que quiere ser excelente, aunque no entiende en qué puede eso consistir, por lo que sólo puede imitar, copiar o fingir. No es dañino, aunque, si tiene un puesto importante, puede agobiar a los demás con exigencias burocráticas que sólo pretenden dar la impresión de que está haciendo algo importante. El verdaderamente peligroso es el mediocre inoperante activo, ser maligno incapaz de crear nada valioso, pero que detesta e intenta destruir a todo aquél que muestre algún rasgo de excelencia" (Luis de Rivera en "La Vanguardia")
Luis Rivera es un experto del trastorno MIA (Mediocridad Inoperante Activa) que a su vez ha escrito un libro sobre El maltrato psicológico, y expone en mi opinión con gran claridad los tres tipos de mediocres: el conformista, el fatuo y el dañino. No es la aurea mediocritas horaciana. Es una mediocridad de color Pantone 448C (#4a412a), el considerado el color más feo del mundo.
También en mi opinión Rivera justifica muy bien el hecho de que las empresas enfermas tengan muchos jefecillos y jefes con MIA porque "la mediocridad cumple una función social, porque, al dificultar el cambio, mantiene la estabilidad. Un exceso de líderes excelentes nos llevaría al caos, porque no habría forma de seguir y conjuntar todas sus maravillosas iniciativas. Lo mismo con un exceso de mediocres, por las razones opuestas. En la sociedad actual, la lucha entre mediocridad y excelencia es una dinámica inevitable e inescapable".
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Dejemos de lado el tema de la envidia o dejémoslo en ese precioso vídeo de "Cinderella" (1950) donde al estilo de la factoría de Walt Disney se reproduce un mito que aparece en muchas civilizaciones y desde la antigüedad pero que nosotros conocemos a través de las reelaboraciones románticas que hizo Charles Perrault con Cendrillon y los hermanos Grimm con Aschenputtel. La escena nos evita ampliar lo que tan bien relata Hirigoyen (**).
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Quiero subrayar de mis citas al pie algo muy importante, crucial, ya que casi todo el mundo que vive ajeno al acoso desconoce porqué la víctima se inhibe tanto y no es capaz de reaccionar. Porque se llega a entender el bullying o acoso escolar, o por lo menos se entiende que las criaturas se queden paralizadas e indefensas ante la presión de los imbéciles del grupo. Pero no se entiende que un adulto se inhiba y hunda, sobre todo -tal y como nos recuerda Hirigoyen-  cuando el perverso narcisista acosador la elige porque se opone valientemente al autoritarismo y gallardamente no denuncia sus mezquindades, cosas como apropiarse de sus ideas o deslizar triquiñuelas que nos hablarían de un gran talento para la mentira donde no existe ninguna para la verdad.
El último pasaje que recojo de Hirigoyen va a una conclusión bien triste: no es posible la comunicación con el acosador. Cuando en las empresas en el mejor de los casos el médico laboral ofrece una mediación lo hace ignorando (en uno de los dos sentidos de la palabra ignorar) que la mediación es para los conflictos, no para los maltratadores psicoterroristas perversos. Y lo triste del caso es que si el acosador no puede comunicarse es porque está deshumanizándose o inhumanizándose.
Un acosador que tuve la ocasión de conocer y por lo tanto de no tratar precisamente se caracterizaba por su uso pervertido del lenguaje. Hablaba par coeur, esto es con frases que había memorizado y que repetía sincopadamente, como en borbotones entre implosivos y explosivos tal vez originados en el vacío que comentábamos. Al lado de su particular dicción y el fraseo limitado lo llamativo era el valor que concedía el infeliz personaje al lenguaje no verbal y a la escenificación. La falta total de naturalidad y una sonrisa que recordaba a Chucky el muñeco diabólico nos prevenían de una personalidad atormentada. Inspiraba tanto miedo como pena.

Cenicienta y las hermanastras ("Cinderella", 1950)
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(*) 
“Lo que llama la atención en todos estos relatos de sufrimiento es la repetición. Lo que cada cual creía singular lo comparten, de hecho, muchas personas” (Marie-France Hirigoyen. El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana. Barcelona: Círculo de Lectores, 1999), p. 25.

(**)

“El acoso nace de forma anodina y se propaga insidiosamente. Al principio, las personas acosadas no quieren sentirse ofendidas y no se toman en serio las indirectas y las vejaciones. Luego, los ataques se multiplican. Durante un largo período y con regularidad, la víctima es acorralada, se la coloca en una posición de inferioridad y se la somete a maniobras hostiles y degradantes.
Uno no se muere directamente de recibir todas estas agresiones, pero sí pierde una parte de sí mismo. Cada tarde, uno vuelve a casa desgastado, humillado y hundido. Resulta difícil recuperarse.
En un grupo, es normal que tengan lugar conflictos. Una advertencia hiriente en un momento de exasperación o de mal humor no es significativa; y lo es todavía menos si se presentan excusas a continuación. Lo que constituye el fenómeno destructor es la repetición de las vejaciones y las humillaciones en las que no se produce ningún esfuerzo de matización.
Cuando el acoso aparece, es como si arrancara una máquina que puede machacarlo todo. Se trata de un fenómeno terrorífico porque es inhumano.” (p. 71)
 “Una serie de comportamientos deliberados del agresor está destinada a desencadenar la ansiedad de la víctima, lo que provoca en ella una actitud defensiva, que, a su vez, genera nuevas agresiones. Tras un determinado tiempo de evolución del conflicto, se producen fenómenos de fobia recíproca: la visión de la persona odiada provoca una rabia fría en el agresor; la visión del perseguidor desencadena el miedo de la víctima. Se trata de reflejos condicionados, uno agresivo y el otro defensivo. El miedo conduce a la víctima a comportarse patológicamente, algo que el agresor utilizará más adelante como una coartada para justificar retroactivamente su agresión. La mayoría de las veces, la víctima reacciona de forma vehemente y confusa. Cualquier cosa que emprenda o que haga se vuelve contra ella gracias a la mediación de sus perseguidores […] En el mejor de los casos la solución que proponen consiste en un cambio de puesto de trabajo que no tiene en cuenta la opinión del interesado. Sea como fuere, si, en algún caso del proceso, alguien reacciona de un modo sano, el proceso se detiene” (p. 72-73)
“Las víctimas, al principio y contrariamente a lo que los agresores pretenden hacer creer, no son personas afectadas de alguna patología o particularmente débiles. Al contrario, el acoso empieza cuando una víctima reacciona contra el autoritarismo de un superior y no se deja avasallar. Su capacidad de resistir a la autoridad a pesar de las presiones es lo que le señala como blanco” (p. 73) “Sin embargo, las víctimas no son holgazanas, sino todo lo contrario. A menudo son personas escrupulosas que manifiestan un “presentismo patológico”. (p. 73)
 “Cuando la víctima no puede más, y se exaspera o se deprime, su misma reacción se convierte en un justificante del acoso: “¡No me sorprenda nada; esta persona está loca!” (p. 84) “Cuando la agresión proviene de algún superior, la víctima designada termina por quedar privada de toda información. No se le convoca a reuniones y queda aislada. Tiene noticias de su posición en la empresa a través de encargos por escrito. Más adelante, se la pone en cuarentena. Puede ocurrir que no se le dé trabajo aunque algunos compañeros estén desbordados” (p. 85)
“Una gran empresa nacionalizada llegó a instalar, sin informarle de nada, un magnífico despacho al margen, sin misión alguna, sin contacto alguno y con un teléfono desconectado” (p. 85)
“[Las novatadas] Consisten en encargar a la víctima tareas inútiles o degradantes. Por ejemplo, Sonia, que tenía un título universitario, tuvo que dedicarse a cerrar sobres en un local exiguo y sin ventilación”. (p. 85)
“Al principio, la tensión es un fenómeno fisiológico con el que el organismo se adapta a una agresión de cualquier tipo. En los animales, constituye una reacción de supervivencia. Ante una agresión, pueden elegir entre la huida o el combate. El asalariado no tiene la posibilidad de elegir. Su organismo, igual que el del animal, reacciona en tres fases sucesivas: alerta, resistencia y agotamiento. Sin embargo, el fenómeno fisiológico pierde su primer sentido de preparación física y se convierte en un fenómeno de adaptación social y psicológica” (p. 100)
“Cuando la víctima es capaz de expresar lo que siente, hay que hacerla callar.
Se produce entonces una fase de odio en estado puro extremadamente violenta. Abundan los golpes bajos y las ofensas, así como las palabras que rebajan, que humillan y que convierten en burla todo lo que pueda ser propio de la víctima. Esta armadura de sarcasmo protege al perverso de lo que más teme: la comunicación” (p. 142)

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