26.2.15

Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas

En resumen: mucha, muchísima gente de última hora;
pocas y malas armas; ningún concierto, falta de quien
 supiese mandar aunque fuese un hato de pavos; mucho
 mover de lenguas y de piernas; un continuo ir
 y venir, con la añadidura inseparable de gritos,
 amenazas y recelos mutuos, y la contera de los gallardetes,
 escarapelas, banderolas, signos, letreros y
 emblemas, que tanto emboban al pueblo de Madrid.
Benito Pérez Galdós, Napoleón en Chamartín, cap. XII

iro con espanto el vídeo que circula hoy en las redes con la destrucción a mazazos de los restos arqueológicos babilónicos de Mosul por milicias del ISIS. También hay noticias de la destrucción de libros y manuscritos, de lo que no hay imágenes por ahora, y que me produce además de espanto extrañeza porque debo confesar que me produce el mayor desconcierto saber que aún quedaban libros después de las guerras del Golfo y de Saddam Hussein junto a su primo Alí llamado "el Químico" por su afición al gas sarín y otros.
Mosul en época de Assurbanipal (668 a. C. – c. 627 a. C.) se conocía como Nínive. Y es de Nínive el famoso bajorrelieve de la leona herida, una de las maravillas que hemos podido conocer de aquella época antigua. Cada día me lamento del tiempo que he perdido pretendiendo aprender inglés cuando lo hubiera empleado mejor aprendiendo Historia. Entre mis numerosos defectos no está la envidia, pero si yo codiciase algo sería tener más conocimientos de Historia. Y aunque puedo entender la afición viajera de muchas personas de mi entorno, me apena pensar lo poco que en realidad nos aprovecha el turismo -a no ser como evasión gastronómica y fotográfica- puesto que apenas llegamos a poder apreciar la corteza de lo que nuestra atención nos ofrece.
Cuando miramos cautivos, a la luz artificial, los ladrillos vidriados azules de la puerta de Ishtar en el museo de Pérgamo de Berlín, la sensación es rara. Porque el sobrecogimiento de su belleza lo rectifica la sensación de ser algo muerto, marchito, deshabitado y en cierta manera ultrajado (aunque solo lo sea por el tiempo).
Siguiendo mi plan y voy leyendo los Episodios Nacionales, aunque no sea trending topic. Y llegada al capítulo XII de Napoleón en Chamartín leo:
"Voy a deciros algo de esta conscripción y de estos señores honrados. Hízose aquella llamando a las armas a todos los ciudadanos desde 16 a 40 años, y declarando derogadas todas las excepciones que establecían las Reales Ordenanzas de 27 de Octubre de 1800 para el reemplazo del ejército. Se declararon útiles los viudos con hijos, los hijosdalgo de Madrid, los nobles que no tuvieran más excepción que su nobleza, los tonsurados sin beneficio que estuviesen asignados a servicio eclesiástico, para cuya determinación se cubrió con un velo el concilio de Trento; los que disfrutaban capellanía sin estar ordenados in sacris (muchos de estos eran los llamados abates); los novicios de órdenes religiosas; los doctores y licenciados, que no fueran catedráticos con propiedad; los retirados del servicio y los quintos que hubieran servido su tiempo; los hijos únicos de labradores; en una palabra, no se exceptuaba a rey ni a Roque.
Los honrados eran una milicia sedentaria creada con objeto de guarnecer las ciudades, para precaver los desórdenes, reprimir los facinerosos, bandidos, desertores y díscolos, que perturbando la pública tranquilidad intenten saciar su ambición o su codicia.
De modo que en Madrid tuvimos en 23 de Noviembre sorteo para el reemplazo del ejército, y algunos días después alistamiento de milicianos honrados. Aquella y esta operación se verificaban de diez a tres en los claustros de la Trinidad Calzada, de los Mostenses, de San Francisco, y en los de otros conventos situados en el punto más céntrico de cada cuartel, ante un alcalde de Casa y Corte o un señor regidor de Madrid, un oficial militar, un alcalde de barrio y un escribano. Bastaron, pues, pocos días para que las filas de la guarnición de Madrid se llenaran con muchos miles de hombres. A la poca tropa de línea y al regular número de voluntarios ya disciplinados, uniose la muchedumbre de quintos y la caterva de urbanos, gente toda muy entusiasta; pero casi en general carecían de fusiles y estaban tan ignorantes de lo que habían de hacer como la madre que les echó al mundo.
Sucedió también que los voluntarios antiguos, aquellos que desde Agosto habían paseado presuntuosamente sus fachas uniformadas por Madrid, miraron con mal ojo a los honrados,los cuales, llamándose así, parecían querer resumir en su instituto toda la honradez española, y hablaban pestes de los antiguos. Los honrados que no tenían armas, decían que estas debían quitarse a los antiguos que las tenían: juraban estos entregarlas antes a Napoleón que a los honrados, y en tanto los quintos recién sorteados, aquellos infelices viudos, nobles, sacristanes, novicios, beneficiados sin beneficio y demás gente antes exceptuada, miraban al cielo, esperando que se les pusiese en la mano alguna cosa con que matar. En resumen: mucha, muchísima gente de última hora; pocas y malas armas; ningún concierto, falta de quien supiese mandar aunque fuese un hato de pavos; mucho mover de lenguas y de piernas; un continuo ir y venir, con la añadidura inseparable de gritos, amenazas y recelos mutuos, y la contera de los gallardetes, escarapelas, banderolas, signos, letreros y emblemas, que tanto emboban al pueblo de Madrid.
El aspecto de uno de aquellos claustros en que se verificaba el alistamiento, era digno de ser eternizado por los más diestros pinceles. Dichoso yo si con la pluma pudiera dar efímera existencia a uno de ellos ¿A cuál? Todos eran igualmente pintorescos, y si alguno contenía mayor número de curiosidades, era el claustro de la Trinidad Calzada, en la calle de Atocha."
Aunque no suelo meter aquí citas tan largas, creo que este párrafo de los EENN merece ese detenimiento porque en él vibra no ya una época sino algo a lo que en nuestro país estamos tan acostumbrados y que Galdós supo plasmar tan entreveradamente y a la perfección: el embobamiento por las escarapelas y los signos casi siempre de ostentación o rango, la retahíla de los que se incorporaron a los "útiles" al derogarse las Reales Ordenanzas de 1800, la presunción de los "honrados", el absurdo o la lógica de su incorporación para proteger la ciudad de sus defensores, los recelos de los voluntarios antiguos, la desorganización, la falta de medios y de previsión, etc.
Lo que no podía suponer Galdós es que un profesor de Políticas usara el Levantamiento del 2 de mayo como símbolo contra la Troika y que lo hiciera en la Puerta del Sol, uno de los accesos de la de la que fue la muralla madrileña cristiana. De hecho reta todo pronóstico y está en la línea de las periódicas asimilaciones que hace Artur Mas a otros líderes políticos como Gandhi, Martin Luther King o Mandela. Es una manipulación histórica. Así que maldita la gracia que tiene que para una vez que salta a la actualidad un hecho histórico valioso lo haga para refrendar gustos o afectos de más que dudoso parentesco.
A la vista de las atrocidades de los radicales del ISIS y demás grupos que se arrogan una ideología islámica, las tropas napoleónicas son irrisorias. Además debo decir, acarreando las consecuencias que tengan mis palabras, que aunque hay entre nosotros muchos hombres y mujeres útiles e incluso "honrados" no sé yo si hay valor. De verdad que lo dudo.

Tomo el título del de Julia en Meliora latent y a su post remito para no dejar el mío en un puro y desazonado encasquillamiento en la discordia total.


La leona herida (Palacio de Assurbanipal, Nínive)

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22.2.15

Turner en 1832


"The rivalry between Constable and Turner came to a head
 a few years later at the Academy Varnishing Day in 1832.
Constable was busy in the gallery putting the finishing
 touches to The Opening of Waterloo Bridge,
 a picture that had taken him years to paint.
When Turner came in and saw that his own
 calm seascape Helvoetsluys looked pale in comparison
 with the lively hues of Constable’s work, he painted
 an eye-catching red buoy right in the middle of his canvas.
 A crestfallen Constable complained that Turner
 had been in and ‘fired a gun’." (Who’s who in ‘Mr. Turner’?)



Aunque "Mr. Turner" ha merecido cuatro nominaciones para los Oscar de esta noche me temo que están muy reñidos y me extrañará que le concedan más que un premio. Vi la película con el mayor interés y en mi opinión es una muy buena película pero debo decir que sus 150 minutos de duración llegan a ser extenuantes y que lo que se hubiera podido decir en hora y media no era necesario alargarlo tanto.

No he visto muchas películas sobre pintores. Recuerdo "El loco del pelo rojo" (Vincente Minnelli, 1956) "Sobrevivir a Picasso" (James Ivory, 1996), "La joven de la perla" (Peter Webber, 2003) , "Frida" (Julie Taymor, 2002), y "Los fantasmas de Goya" (Milos Froman, 2006). Creo que vi "El tormento y el éxtasis", sobre Miguel Ángel, en la TV, pero casi es como si no la hubiera visto porque no la recuerdo apenas. En cualquier caso todas las películas que he visto coinciden en una atención más o menos repartida entre la obra y el pintor, cuando a lo mejor a muchos lo que más nos interesa es la obra. Y la técnica.

En "Mr. Turner" vemos al pintor comprando pigmentos y lo vemos trabajando en su estudio y en los paisajes que pintó, también tomando apuntes. Lo vemos en la Royal Academy of Arts con "los académicos" en por lo menos tres ocasiones y eso nos da una buena medida de su relación con el arte establecido y de cómo se exponían los cuadros en el año 1832 (Royal Academy's Summer Exhibition). Vemos a su rival, John Constable, dando las últimas pinceladas a un paisaje que le llevó años, y el desdén que le produce a Turner, tan meteórico y emotivo, por su forma de trabajar. Turner ve "El puente de Waterloo desde las escaleras de Whitehall" y le da entonces a su "Helvoetsluys" un brochazo en rojo y lo rectifica con la mano para que quede la boya como una nota de color en la marina. También lo vemos ante las primeras obras de los prerrafaelistas y hablando con Ruskin, que siempre lo defendió, puesto que sus pinturas no siempre fueron bien aceptadas. Pero es evidente que Ruskin le inspiraba una gran irritación por su forma de hablar tan sublime, afectada y pomposa.

No faltan los detalles del autor en su tropiezo con la industrialización. Lo vemos tomándose un retrato al daguerrotipo en el gabinete de un fotógrafo de Filadelfia y el temor a que ese nuevo ingenio confine la pintura. Y vemos dos máquinas de vapor: una es una locomotora (el Ixion Steam Engine) llenando de una nube de humo infernal y espeso el paisaje. La otra es la que luego representaría en su marina  titulada "The Fighting Temeraire tugged to her Last Berth to be broken up" (1838), esto es El «Temerario» remolcado a su último atraque para el desguace en dique seco. Como el "Temeraire" había participado en la batalla de Trafalgar (1805) es todo un símbolo del fin de una época gloriosa de la armada inglesa.

Turner ciertamente vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX y pudo por tanto presenciar la decadencia de la armada británica, el advenimiento de la era industrial, los profundos cambios en el arte. El amarillo, que era el color preferido de Turner, en el principio de su carrera se elaboraba con el oropimente, un trisulfuro de arsénico altamente tóxico. Pero después se empezó a usar el amarillo de cadmio, un poco menos tóxico al parecer.

Aunque la película nos muestra a Turner en su relación con su padre, con su doncella y con Mrs. Booth, su rudeza, no me interesan tanto estos detalles que a pesar de todo van haciéndose predominantes. Especialmente en forma de gruñidos, porque Timothy Spall conforme envejece su personaje cada vez gruñe más. Como también empeora la psoriasis de la doncella que lo cuidó 40 años. Tal vez el tema de la fascinación por la luz y el movimiento quedan empalidecidos por los otros temas: la enfermedad mental de la madre de Turner, el papel de la abnegada criada, el "artista desmoronado " o menesteroso Benjamin Haydon, la delicadeza de la pianista Miss Coggins, el vigor de la científica escocesa Mary Somerville, etcétera. 

En mi pronóstico y por lo poquito que llevo leído, se diría que el certamen de este año va a agasajar mucho más "Gran Hotel Budapest", que aquí comentamos en otro post en su momento. En cualquier caso lo sabremos en pocas horas.

Debo decir que la transfiguración de Timothy Spall como Turner, la expresión de su boca, tiene más que un parecido razonable con la señora que limpia en mi trabajo. Y eso me desconcertaba un tanto, por lo menos lo justo como para que deba comentarlo aquí. Por allí también tenemos un compañero que es idéntico al Salieri de "Mozart" (F. Murray Abraham). Y hace años estuve trabajando con un celador cuyo parecido con Salvador Espriu era abrumador.


Fotogramas de "Mr. Turner" (Mike Leigh, 2014)

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21.2.15

La voz exterior


ay poquísimas. Encuentro en el Pinterest de ASV algunas fotos de mujeres que llevan peso en la cabeza, muchas de ellas africanas.  Y también tengo en mente las imágenes de los sufridos porteadores nepaleses cargando pesos que igualan al suyo y a una altitud trabajosa. Que en las grandes hazañas de la humanidad se obvie el esfuerzo de los porteadores y pasen a la Historia los héroes que se encumbraron sin apenas cargar con una pipa o un cortaúñas, es algo que no vale la pena señalar pero que nunca me cansaré de repetir. 
La imagen de hoy o muy parecida yo la he visto en mi niñez cientos de veces. Naturalmente un peso así no se carga en la cabeza un buen día de golpe. Esto, como tantas cosas, empezaba a la más tierna edad con un cestito pequeño o una lechera o con un balde de agua y paulatinamente se iba incrementando la fuerza. La figura de las mujeres se veía embellecida con la postura, que obligaba a caminar con la cadera bien puesta y la cabeza erguida y, lo más bonito, asentarla sobre la espalda con pequeños ajustes que contrarrestaban la rigidez. La rigidez que impone la técnica de caminar con un libro en la cabeza para aprender a ir derecha hubiera destrozado sus espaldas. También era bonito de ver como, sin que se moviera ni un pelo la patela, su contenido ni el rodete de ropa donde se aposentaba, las mujeres eran capaces de desplazar diez quilos de ropa lavada o de pescado o de verduras o de patatas, a veces hasta veinte quilos, y al mismo tiempo darle un cachete a un hijo y hacerlo a tiempo.
La mujer de nuestra fotografía lleva las almadreñas sobre la ropa que carga y va descalza porque va más cómoda, cuestión que tiene mucho que ver con que camina por una corredoira que no está alisada ni por el uso ni por la mano del hombre.
Pienso en que estas mujeres, a las que nunca les dolían las cervicales ni las lumbares ni se quejaban de la espalda, cuando me doy cuenta de que prácticamente todas las mujeres que yo conozco tenemos alguna molestia o dolor en la espalda. Y las que no la tienen la tendrán. También pienso en una nota de prensa de los psiquiatras esta semana, en la que pronostican que el año 2030 la depresión será la primera causa de discapacidad. Las mujeres trabajadoras de hace cien años o menos tampoco tenían depresión y la que tenía depresión es que no tenía remedio y estaba peor que mal, con una enfermedad mental severa. No había tiempo para la depresión. Y si una mujer tenía necesidad de hablar o chafardear hacía como que iba a por agua a la fuente o iba al lavadero público o al molino.
No es posible ni deseable volver a los usos del pasado, pero que haya que compensar el sedentarismo con zumba y pilates o sacar el perro a pasear tampoco me inspira regocijo. Un día volveremos al pilates para recordar las lesiones producidas por la moda ochentera del aerobic. Parece ser que Jane Fonda, que debe de haberse cambiando ya las rodillas por otras biónicas, le da ahora a la marihuana con el mismo ahínco que ponía en la coreografía muscular.
Me muevo entre varios diarios y varias emisoras de radio sin problema, como en un magma. Incluso hoy oí a Manuel Jabois y ayer escuché a Pilar Rahola, en Onda Cero. No dejo de tener en cuenta que cada cual se gana la vida como puede y sabe. No es que me haya convertido en una persona líquida, es que me he llegado a distanciar de mi propia forma de ver las cosas y a veces veo que todas las opiniones tienen por igual algo de aprovechable y algo de reprochable y hasta he llegado a considerar su escasa incidencia sobre la realidad y no digamos sobre la verdad. 
Firmo mi demolición cuando también me distancio de las modas del coaching, el marketing y, la última ola, la teoría de los juegos. Por lo menos la teoría de los juegos tiene fundamento. Los del coaching nos llenan las redes sociales de consejos y ánimos pero nunca les hemos visto hacer algo que no sea animarnos a hacer algo. Tal vez es mejor que no hagan nada, si tengo que decirlo todo.
Yanis [sic] Varoufakis, también conocido como Varoufucker, ministro griego de finanzas, al parecer es un experto en teoría de los juegos. Lo que nos gustaba de los juegos es que son eso, juegos, que se hacen por el placer de poner en marcha unas reglas cuyo fin simplemente es ejercitar nuestra inteligencia o nuestros reflejos, competir, vencer. Una época acribillada por la confusión entre lo público y lo privado se ve superpuesta por otra época en que abundan los fakes y estrategias propias de la ficción. Al final, no les extrañe que la literatura y el teatro se conviertan en la reserva de la realidad. La ficción como refugio de la debilidad o de la cobardía repugnan. La imaginación tampoco debería ser un sucedáneo de la memoria. Para dejar volar la imaginación hay que tener valor porque se rebasan los límites de la razón.

Fueron los antiguos griegos quienes dejaron dicho que las cosas son según la opinión que tenemos de ella y en eso pensaba yo ante todo cuanto traigo hoy aquí. Y en mi madre, que ya no le encuentra gusto en subirle el bajo a unos pantalones pero puede pasar toda una tarde arreglándole una camisa a un oso de peluche. La buena mujer ya ha llegado a aquella etapa de la vida en que las opiniones cuentan lo necesario.



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18.2.15

Los dos horizontes

Las cinco manchas blancas que se advierten en el cielo de la foto (ángulo superior derecho) no son platillos volantes. Y la fotografía no está tomada con un drone sino desde la novena planta de El Corte Inglés de Plaza de Cataluña, con móvil. Esas cinco manchas blancas son el reflejo de las luces que hay en la cafetería en el vidrio que rodea la vista.
La mejor vista de Barcelona no es ésta, aunque alcanza desde Monjuïc hasta prácticamente más allá de la Sagrada Familia. Tampoco es la vista desde el Tibidabo, aunque si hace un día claro -que en mi ciudad quiere decir ventoso- desde la Torre Collserola se pueden llegar a ver hasta las Baleares. Tal vez la mejor vista sería la que hay desde el MNAC o Palacio de la Reina Victoria Eugenia, que queda encarada con el Tibidabo y permite ver gran parte de Barcelona como en su extensión. Si me pusiera lírica diría "derramada", pero estoy épica más bien. Soy mucho de palomares podridos y terrados, por lo que tengo también una cierta debilidad por la vista desde la Catedral, que queda a la altura del penúltimo piso del cercano Hotel Colón si usamos el ascensor que hay cerca del altar por el lado del Evangelio, después de haber abonado la tarifa vigente. Para el profano o el gentil, el lado del Evangelio o lado desde donde se lee el Evangelio, es el que queda entrando a la izquierda (porque el de la Epístola es el que queda entrando por la puerta principal a la derecha). Lo singular o atractivo de las vistas de la Catedral es que se superponen imágenes que acostumbramos a ver como en otra dimensión. Y pensar que estamos en el puro Monte Táber, en el mismísimo centro de la urbe.
La Barcelona que se puede ver a vista de pájarodesde el cielo antes de aterrizar en El Prat, también tiene su encanto porque solo entonces el mar adquiere algo de relevancia y parece que tenemos la panorámica más equilibrada y que nos da una mejor noción del trazado urbanístico y también de las proporciones. Así es más fácil tener presente que Barcelona queda encajonada entre el puerto, los ríos Llobregat y Besós y la sierra de Collserola. La llegada en tren desde Galicia siempre me ha devuelto -tal vez a causa de una especie de jet lag, aunque sea el mínimamente causado por una hora de diferencia solar-, siempre me ha devuelto, digo, una sensación de aquello de la Barcelona industriosa. Pero también de ser una enorme instalación de algo poco sólido. Pero eso ocurre volviendo de Galicia, donde las construcciones en general son más macizas. En general. Muchas veces al regresar de Galicia la impresión era de que aquí todo se podía caer como en un castillo de naipes. Esa impresión dura poco, como la de que las tijeras de casa me parecieran de repente mucho más grandes desde que había usado las de mis abuelos, aunque solo fuera por un mes.
Desde hace unos pocos años trabajo en la planta 11 del Hospital Vall d'Hebron y tengo ante mi mesa el skyline del Tibidabo y a mis espaldas una buena vista de Barcelona que alcanza hasta Badalona pero que se ve entorpecida (con perdón) por El Carmelo y el Guinardó. Como compensación se ve la Zona Franca y hasta la Ciudad de la Justicia, tocando la Plaza Cerdà. Se ve su pedacito de puerto mercante que habitualmente solo se puede alcanzar desde Miramar y apenas. Contar con esos dos horizontes es una suerte, sobre todo si tenemos en cuenta que hay muchísima gente que trabaja sin tener siquiera una ventana. La sierra se eriza de noche y se oscurece en la hora ultravioleta bajo el último fulgor del sol, como una sombra china. A veces por el otro lado el mar y el cielo muestran colores nuevos, cada día renovando una paleta que parece infinita o cuando menos prodigiosa. Y la mirada se recrea en ese espectáculo coral y en ver como se van prendiendo las luces como áscuas. Sin embargo también me recreo en la distancia corta y en la media. Me sitúo. Escucho ahí y a lo lejos. 
*
Echo de menos de mi anterior horario laboral (que era en su mayor parte matinal) que al atardecer si estaba en casa oía a los pájaros cantar bien dulcemente, como suelen hacerlo al caer el día. 
*
Muchas tardes, cuando finalmente puedo regresar a casa después de muchas horas de trabajo pienso en los que se quedan en el Hospital, ingresados porque están enfermos o pendientes de diagnóstico. Y en lo importante que es la libertad. 
*
El hecho de que naciera entre el Cangrejo y el León un 22 de julio, o de que viva en una calle cuyo lado par pertenece a un distrito mientras que el impar pertenece a otro, no es menos definitorio de mi condición. Pero lo que es decisivo es saber que pertenezco a la retaguardia de una generación que no sé si dejará algún rastro -ni que sea bueno- sobre la faz de la tierra. Aunque se hable más de las vanguardias que de las retaguardias, la retaguardia no requiere menos valor ni menos originalidad. 

Foto de móvil (Marta Domínguez). Passeig de Gràcia y en el horizonte el Tibidabo.

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11.2.15

Valor viral

a moda o tendencia de rechazar, con más o menos gestos, un galardón, es respetable. Ayer a la entrega del Premi Ciutat de Barcelona los directores de "Ciutat morta" dejaron al alcalde con la B y el chasco que nos podemos figurar, sobre todo con ayuda de todo el aparato mediático. De hecho, se nos ocurre, como tantas otras veces, que el gesto no tendría sentido sin cámaras, sin lo tuitificable que resulta.
Hace unos cuantos años, veinte, tuve que asistir a una reunión en la que  de forma tácita se me exigía -voy a decirlo eufemísticamente- presentarme como una empleada colaboradora y dócil. La verdad es que no tenía  ninguna opción para resistirme, de manera que como todo aquello me revolvía, hice lo único que se me ocurrió que podía hacer, que fue vestirme con una camiseta de Guns N Roses, de color magenta descolorido aguachado y una imagen de pistolas, rosas, calaveras y demás. La cosa tenía sentido porque los convocados a la reunión conocían quien más quien menos mi forma de vestir. Los que menos, podrían advertir que la camiseta era muy llamativa; los que más, recordar que a mí no me gusta el hard rock en ningún caso. Mi jefe, que no tenía culpa alguna de nada, estuvo padeciendo a lo largo de toda la reunión el temor a que hubiera algo más después de la camiseta. Como digo, no me quedaba otra posibilidad de manifestar mi desagrado por la situación. Era mi única opción de protesta. Las otras opciones eran descabelladas, inútiles. En los últimos años he visto camisetas-protesta como la mía o hasta peores en el Congreso de los Diputados, en el Parlament, y sobre todo en la tele. Pero, a diferencia de mi camiseta, estas otras están orientadas a la foto y a la "viralidad" cibernautas.
Estaba escribiendo en Safari pero me he movido al Chrome porque al escribir la palabra "viralidad" Safari ha hecho una corrección automática a "virilidad". Craso error puesto que precisamente gestos como los de Xavier Artigas y Xapo Ortega no son heroicos. En mi opinión. Por otra parte, en un tercer punto pero no menor, podríamos decir que "no se agotaron todas las vías". Es decir, como en otros casos, se está actuando como si no existiera la legalidad y obviando el esfuerzo de la Transición.
A pesar de que no me importaría gran cosa que lanzaran en un cohete a la Luna al alcalde Trias (es una forma de hablar), tampoco me gustaría saber que el consistorio depende o está a merced de histriones y aficionados a los happenings, los fakes y otras ocurrencias.  Si tenían razón para mí la han perdido. O casi. Estoy deseando que se pase la moda esta de butifarradas testimonialistas, cadenas humanas de récord guinness y otras convocatorias que son el activismo apatochado. La mala conciencia de quien no tiene valor para ir al hueso o bien dar ejemplo, se pierde y disipa en la fiesta en sentido amplio, que cualquier antropólogo de tres al cuarto interpretaría sin equivocarse un ápice como una forma folklórica y bullanguera de la amenaza. Su sucedáneo. 
Jolín.


Vídeo de BTV


Valor valeroso


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8.2.15

El refugio de los canallas

uando en mi niñez se me acababan los libros -aunque entre mi hermano y yo teníamos una biblioteca abundante y nunca lo agradeceré bastante- los volvía leer. Creo que el libro que he leído más veces es Los viajes de Gulliver, a través de traducciones y adaptaciones infantiles, juveniles y en su versión original. Pero a veces cuando se nos acababan los libros nos leíamos cualquier cosa que tuviera letra: la publicidad, las etiquetas, las carátulas de los discos, "El Correo Catalán" que tantos años se compró mi padre a diario. 
Cada día me acuerdo de mi padre. Poco antes de casarse, cuando mi madre aún trabajaba para los Roca, que tenían la empresa de los turrones Tardá, el Sr. Roca hizo investigar a mi padre. Mi madre estaba sola en Barcelona, aunque tenía unas tías (hermanas de su padre) solteras, que vivieron en la Gran Via tocando Plaza España. Ahora tengo entendido que la gente contrata los servicios de los detectives para ver qué hacen sus hijos con las drogas y los amigos, o para reunir pruebas contra su pareja ante un posible divorcio. El Sr. Roca le puso un detective a mi padre porque tenía 10 años más que mi madre y quería comprobar que era un buen hombre. Al parecer le siguió 3 días y cuando yo lo supe (a su muerte) me reí lo indecible porque me imaginé lo mucho que se hubo de aburrir el detective a partir del segundo día. Y es que mi padre siempre hacía exactamente lo mismo. Cada día. Excepto los domingos, que se afeitaba cantando (el resto de los días no porque se levantaba a las 6) y además lustraba los zapatos. Cantaba "Juanita Banana" (1966). Aunque la canción la sacaron "The Peels", creo mi padre la conocería por Los 3 sudamericanos o Luis Aguilé. Cantaba el coro, que era una versión humorística del "Caro nome" de Rigoletto. Tan humorística que dudo poder escuchar esta aria de la ópera en su propuesta original, amorosa, jamás de la vida.
Esa costumbre de lustrar los zapatos los domingos yo la he adoptado como por ritual, aunque no siempre. Es decir, siempre que lustro los zapatos lo haga en domingo. En la época a la que me remonté se usaba betún y muchos hombres llevaban restos en los bajos del pantalón porque la crema impregnaba mucho además de que tenía un olor muy fuerte. Mi padre, d.e.p., dejaba el lavadero perdido, llegaba el betún al techo. Después salieron unos sucedáneos que recordaban en todo al betún menos en el olor, y además no manchaban tanto pero se aplicaban mejor. Hace poco descubrí la crema Saphir, francesa, que tiene una base de trementina, cera de abeja y cera de carnaúba, conocida como la "reina de las ceras".



Crema de zapatos Saphir

La diferencia entre el resultado de limpiar y lustrar los zapatos con un sucedáneo de betún o con la pasta de la reina de las ceras es descomunal. Tiene también mucho que ver la piel del calzado, pero vale la pena si se quiere uno vestir concienzudamente. La atención depositada en la propia higiene y acicalado, y en el lenguaje, es en muchas personas su única veleidad artística, aunque tal vez no lo sepan. 
Cepillos hay muchos, también. El último que compré es de la marca Leopardo, que tiene su sede en San Cibrao das Viñas (Orense). "Cibrao" es Ciprián o Cipriano en gallego. Y en el mismo polígono industrial donde se encuentra Leopardo también está la fábrica de Adolfo Domínguez. La crema Saphir se fabrica en Magnac-Lavalette. Magnac-Lavalette-Villars, según la enciclopedia, "es una población y comuna francesa, en la región de Poitou-Charentes, departamento de Charente, en el distrito de Angoulême y cantón de Villebois-Lavalette".  Y el concello de San Cibrao pertenece a la comarca de Ourense en la provincia de Orense, pero porque cuadró así, la administración española está calcada del sistema francés, que es en su origen al menos tremendamente centralista y que digo yo que algo le deberá a la estructura del imperio romano y de la Iglesia. También nos viene de Francia el chauvinismo, que al veces adoptan los nacionalistas, pero no siempre, y que merece una atención aparte. Y remito a mi antipatía por el chauvinismo cuando digo que en cuanto vi el cepillo gallego me enamoró porque tal vez lo asocié con una robustez que aún se nota en los objetos fabricados en la tierra de mis padres. Si ustedes comparan el tipico cepillo para lustrar zapatos con este otro, verán que las cerdas son más copiosas y el pelo más largo. Los cepillos Leopardo no son más caros que los cepillitos de medio pelo -nunca mejor dicho- que he visto en muchos supermercados.

Ayer, por cierto, hubo en "La Vanguardia" una colaboración interesantísima y muy equilibrada de Rafael Jorba, de principio a fin. Se nos recordaba la superposición o suma de nacionalidades en Europa, incluso no ya como afirmación sino como solución. Obviamente el artículo me gustó porque coincide con mi propia manera de ver las cosas, donde no concibo una Europa desunida. Me gustó una cita de la película "Senderos de gloria" (Stanley Kubrick), película que se estrenó el año 1957, cuando Artur Mas acababa de nacer:
"Fa cent anys, quan Europa es dessagnava en una guerra fratricida, la retòrica patriòtica era una moneda corrent. Sé que és un recurs fàcil, però com que vivim a l’era de la imatge, on tot es vol simple, emotiu i espectacular, l’utilitzaré: a Camins de glòria, un coronel (Kirk Douglas) és comminat per un general francès a prendre una posició alemanya, al preu d’haver de sacrificar la majoria dels seus homes: “Tota França depèn de vostè”. “No sóc un toro, general; no em posi davant la bandera de França perquè envesteixi”. “Pot ser que estigui equivocada la idea de patriotisme, però on hi ha un patriota hi ha un home honrat”. “No tothom opina així. El doctor Johnson (Samuel) deia una cosa molt diferent sobre el patriotisme… Va dir que era l’últim refugi dels canalles”."

Crema de cera de carnaúba y de abejas y cepillo Leopardo

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6.2.15

Quiebros y quebrantos

-"Es poco lo que puedo ofrecerle, amigo mío, pero es todo
lo que tengo. Créame si le digo que estas páginas,
a falta de mayores méritos, han sido escritas con mucha
aplicación. Sé bien que mi nombre, en las historias
de estas tierras segovianas, ocupará no más que un
minúsculo rinconcillo, pudiera ser que
incluso en letra pequeña y a pie de página. Pero no
me quejo porque tampoco me merezco más. Mi labor
ha sido honrada, pero no brillante. Dios no
quiso adornarme con las altas y
hermosas cualidades
de los elegidos".
Camilo José Cela, "El viejo escritor", Los viejos amigos.


Dos semanas atrás vi la entrevista que le hicieron en una de las cadenas televisivas públicas a Gregorio Morán, pero no recuerdo en cual. Podría ser BTV, aunque bien pensado me resulta inverosímil. Se la hicieron porque acaba de publicar su libro titulado El cura y los mandarines. Aunque el libro es interesante, lo que trae el nombre de Gregorio Morán aquí es que cuando le preguntaron por los mejores libros de ficción del siglo pasado se refirió a La colmena, a Tiempo de silencio y a otro libro de Rafael Chirbes que no le entendí bien probablemente porque no lo he leído. De Chirbes solo conozco Crematorio, pero no lo acabé.  Los dos primeros libros que destacó son anteriores al período que el autor estudia en El cura... (1962-1996), que sería el de la llamada Transición. No tengo tan reciente en la memoria la novela de Luis Martín-Santos, que era de lectura obligatoria en mi secundaria, como La colmena, que he leído por lo menos dos veces si no tres. 
Ni Cela -tan polémico- ni Martín-Santos están de moda, aunque es posible que lo vuelvan a estar cuando prescriban los derechos de autor y los relancen o porque se les rescate del olvido o (en el caso de Cela) de las malas lenguas.
Para muchas personas será mal tolerado o incomprensible que me gusten Terenci Moix, Maria Mercè Marçal y Cela a la vez, y no estar loca. Me acuerdo de la discordia que tuvieron Moix y Cela a cuenta de una de las baladronadas del gallego sobre Lorca y la homosexualidad. Será porque soy vieja, pero cada vez me tomo menos interés en algunas pullas (sean ancestrales o no, aunque todas tienden a enranciarse). Siempre estaríamos a la greña porque es difícil que todos pensemos igual y no alterarse por una falta de respeto o consideración. Yo me he reído con algunos pasajes escritos por Moix tanto como me he reído con Gerald Durrell y hasta con Graham Greene.
Ya he comentado aquí el apelativo que le dedicó Cela a Rafael Albertí (“He visto a tu amigo, el lírico menesteroso, y parece la encargada de una casa de putas de Ceuta”), según Umbral. Umbral tampoco era un diplomático que digamos. Todo ello hace reír a la vista de los escarnios que se cruzan algunas cuentas de Twitter o los comentaristas de la prensa digital.
Al final una siempre tiene más simpatía no tanto por los que son capaces de ofender con ingenio ni por los que son capaces de ofenderse con indignación como por todos los que son capaces de perdonar y condescender con los defectos de los demás.

Esta noche, yo que sueño tan poco, o que no recuerdo apenas mis sueños, soñé muy intensamente con Maria Mercè Marçal, a quien tuve la suerte de conocer pero muy poco. En verdad es la segunda vez que sueño con ella y ha sido un sueño tan vívido como el primero y que me ha dejado todo el día con un eco. En el sueño se despide hasta una próxima ocasión por determinar pero incluso en el sueño yo ya me doy cuenta de que eso pertenece a otra dimensión. Tal vez porque hace poco, el 13 de diciembre, una buena amiga me faltó a nuestra cita porque se había muerto.
A veces me he acordado de que en una de sus presentaciones de La passió segons Renée Vivien un pequeño grupo que creo que lo era de profesoras de la secundaria se enzarzaron en una discusión que al menos para mí no tenía nada que ver con el libro. Pienso que para la Marçal tampoco, por su semblante lo adiviné. Nada dijo, pero me pareció que estaba ya acostumbrada y en cierta manera apesadumbrada por esos enfrentamientos por temas más bien gremiales lingüísticos. Aunque tuvo la fortuna de obtener el reconocimiento en vida, incluso antes de la enfermedad que nos la llevó, no sé decir si en parte lo obtuvo por abanderar el feminismo, la libertad de Cataluña (o su independencia, que es otra cosa) y la clase social de la cual procedía. Como todo ello (pero también más) lo llevaba en su poesía con una calidad inusual, que cualquiera puede captar, es difícil que yo ahora introduzca la duda de que fuera comprendida en todo su valor.
Es poco menos que quimérico y antipático adivinar cual hubiera sido ahora su posición ante lo que ha ido ocurriendo en los últimos años en Cataluña, en España, en Europa, en todo el mundo. Pero creo poder asegurar que hubiera participado en la prensa, como lo hacen desde su opinión muchos articulistas que no tienen el oficio.

Estaba pensando estos días en Auden, cuyo poema Spain (1937) no me llega a convencer, a pesar de que toda la obra que le conozco me parece fascinante. Lo poco que sé de su visita a España durante nuestra Guerra Civil es que regresó a su país antes de lo esperado y que se hizo católico y de derechas. No me dirán si no es interesante. Y lo que pudo explicar George Orwell de ese quiebro también. No ya en Homenaje a Cataluña, sino tal vez en Inside the whale. 


Tute (Juan Matías Loiseau)

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4.2.15

Con un sorbito de champán

No sé si se puede creer que llevo años buscando esta imagen en internet. La tenía en pequeño en uno de esos imanes que ponemos en los frigoríficos. Al usar el buscador de imágenes de Google encontré otras ilustraciones del mismo autor y así al menos pude identificar al dibujante, del cual fui acumulando muchos dibujos que hay en internet. Encontraba muchos con un cerdo o hasta con muchos cerdos, pero este que traigo hoy no. Finalmente ayer de la forma más casual di finalmente con la imagen y con gran alegría. No solo porque la puedo colgar aquí sino también porque tal vez me la haga imprimir en una taza o algo así, tanto es lo que me gusta. 
Gerard Glück usa colores llamativos, especialmente los verdes, los azules y los amarillos, que aquí predominan pero en mi opinión para enmarcar la escena más importante, la del bote. La atmósfera del lago lo mismo podría ser de aurora boreal que de atardecer que de amanecer, aunque con un ligero tinte apocalíptico que tal vez incorporo yo en mi subjetividad. Ese verde del bote es muy habitual en Glück y sé que no suele gustar a la gente, pero tal vez convenceré a alguien de sus bondades si añado que otro de los elementos comunes en las ilustraciones de Glück, además de los cerdos y el cava, son los tréboles. Pueden aparecer como motivos de un sofá o al natural, pero siempre tienen ese color. El mismo verde o parecido es el de la habitación del lobo en el hospital, cuando lo va a visitar Caperucita (quien en realidad iba a visitar a su abuela o Grossmutter). Sin embargo, ese verde siempre se ve compensado con algún rojo otoñal o con una paleta que parece simple pero que guarda su dificultad porque recrea todo un mundo muy sugerente y muy personal pero en el que muchos nos vemos algo reconocidos.
El afecto entre un humano y un animal no se representa solo en los cerdos, animales que me merecen todo punto de admiración, solo corregida -lo siento- por mi debilidad por el chorizo y otros productos. Una de las ilustraciones más elocuentes es la de la escena doméstica del perro abrazado a las piernas de su ama. En los detalles de la vida hogareña y de corto alcance, con personajes de clase media sin pretensiones me recuerda o otro gran ilustrador que nunca será considerado entre los grandes pintores pero que tiene un gran encanto, Carl Spitzweg. El humorismo Biedermeier de Spitzweg (burgués, desilusionado pero tierno aún, postromántico) ya lo hemos empleado aquí, un tanto decorativamente (lo admito), cuando sus óleos merecerían estar en mejor lugar. Pero ya se sabe que lo que se decide que es arte y lo que no es algo que puede y debe ser cuestionado siempre.
El gesto del cerdo o cerda apoyando su pezuña delicadamente sobre el trancanil a estribor, su sonrisa, el dominio con que el caballero (a todas luces anticuado) sostiene con una mano una copa pero con otra un remo, es el retrato de todo un ars amandi relleno de encanto y un cierto porvenir. Claro está que con ese remo no irán muy lejos, pero ¿a quién le importa?


Gerard Glück

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3.2.15

La soledad sonora (y 2)

s incomprensible que no conozcamos más los trabajos de Tute (Juan Matías Loiseau), Liniers y Caloi, tres "historietistas" argentinos. En el Álbum ya hace mucho tiempo incluí un dibujo de Liniers, que pienso que de los tres es el más conocido aquí en España. Con la salvedad del lenguaje, del que tenemos una noción por las películas y los emigrantes, todo lo demás entra bastante de lleno en nuestra comprensión y preocupaciones y obsesiones. Tute es en sus dibujos más esquemático que Liniers, casi barroco, y los personajes tienen los trazos mínimos que también había llevado Gila a "Hermano lobo". Pero ahí se acaba la comparación, en la composición es más elaborado y lo es acertadísimamente.
No sé cómo andan las tarifas de la electricidad en Argentina ni me lo quiero figurar. Sé cómo están las nuestras, que junto con las del agua, el gas y la telefonía, consumen una buena parte (o una mala parte) de mi sueldecito. Como en Barcelona el frío apenas entra en las casas, el invierno no suele ser crudo. Por lo demás, ya hace muchos años que me propuse que en mi vida no hubiera ni un coche ni un solo aparato de aire acondicionado, de manera que vivo mucho más tranquila y no hago ruido ni contamino, más allá de que no tengo que pensar en otras facturas. Aún se mantiene también incomprensiblemente, por lo menos en la publicidad, la idea de que los espacios abiertos y los "paisajes majestuosos" son compatibles con las visitas de los coches.
La admiración que levanta la proeza de Marc Coma e tutti quanti en el París-Dakar -que este año fue Rosario-Valparaíso, si no me equivoco- no solo me desconcierta sino que me inspira algo parecido a la indignación y la tirria. El domingo, donde la Gemio, entrevistaron a Antonio Miguel Carmona, candidato por el PSOE a la alcaldía de Madrid. Después de emplear toda su pirotecnia verbal contra la polución en Madrid y tenerme casi convencida de sus buenas intenciones resulta que explicó que él se mueve en transporte público y también en moto. Y que se le manchaba mucho la ropa con el humo. ¿El humo de los coches? ¿El de las motos? Es decir que muchas veces encontraremos en quienes defienden el medio ambiente unas ideas muy contradictorias en las que el estilo de vida choca con las ideas que se lucen.
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Explican hoy en el ABC que una anciana que murió en Madrid a los 86 años hace uno, Virginia Pérez Buendía,  ha dejado su dinero a la educación de los niños más desfavorecidos de su pueblo, Valverde del Júcar. Estuve en ese pueblo de Cuenca hace unos siete años, con la familia de mi pareja. Compré aceite de cooperativa. Doña Virginia estuvo un mes muerta en su piso hasta que echaron la puerta abajo a ver qué pasaba. Tampoco es que la hubieran notado a faltar porque no se hacía notar. Y eso no es la primera vez que ocurre, especialmente entre la gente que no tiene descendientes ni perro que le ladre. Los demás consideran con una mezcla de horror supersticioso y una pena de aquellas que nos sacudimos en instantes estos casos de soledad, cada vez más abundantes. Todos conocemos casos de personas que acaban su vida en soledad o en manos de cuidadores que perciben un sueldo por hacer su trabajo. Y no siempre son personas sin hijos o sin nietos, o que por su carácter huraño o su pobreza han repelido a sus amistades. A veces son supervivientes.
En los últimos dos o tres años he visto como muchas personas de mi familia y de mi entorno ha enfermado gravemente. Incluso diría que ha habido una racha, algo que exonero de toda carga maléfica y que entiendo como el fruto del paso del tiempo. Hay cosas que se podían prever, como la de la amiga que lleva tantos años tomando ansiolíticos y tan pendiente o dependiente del asco de bótox. Otras me han cogido desprevenida. Al final sin embargo todo ha funcionado como si estuviera engullida en un enorme caleidoscopio que me devuelve la realidad reconfigurada, con las mismas piezas pero en otro orden. Una vez más no distingo un proceso lineal en la vida, sino un complejo sistema perversamente fractal en todo caso, si es necesario acudir a alguna forma u horma. En cualquier caso, como se dice en las películas norteamericanas de catástrofes, sé que "vamos a morir todos". 
Por lo general la enfermedad y la muerte, la caída en desgracia en general, nos habla de la inconsistencia de nuestras preocupaciones y a veces de nuestras vidas, que esa es otra. Claro está que nos lo podemos tomar a la tremenda o no. En las regiones sacudidas por los tornados parece ridículo molestarse en tener los vidrios de las ventanas como los chorros del oro, o que las molduras de las puertas sean sedosas y sólidas, preocupaciones que no afectan a los que no tienen nada que perder ni a los que tienen medios para sufrir varios tornados, terremotos e inundaciones como si nada.
Creo que conozco todas las formas de la soledad (excepto la de la isla desierta, que tantos historietistas ha inspirado) pero la soledad que más pesa es la de estar mal acompañado. La soledad que tantas veces he abrazado nunca me falló. Y creo que si mi solidaridad me ha proporcionado muy buenos momentos no fueron peores los que me proporcionó la soledad y lo puedo decir porque si siempre he estado con alguien es conmigo, así que hablo con conocimiento de causa. Para nosotros los solitarios la suprema estupidez no es la solidaridad incomprendida o descompensada sino la prisa, porque ¿qué sentido tiene correr si no podemos escapar de nosotros mismos?

"Tute" (Juan Matías Loiseau)

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