29.11.13

El inconsciente

"Pasarán los pensamientos según las creencias que hayamos ido alimentando: lo que hayamos oído, lo que haya pasado a nuestra zona consciente, lo que surja de la zona inconsciente que teníamos en reserva, a partir de situaciones no comprendidas. Todo lo que vivimos desde el pensamiento, desde la opinión, desde la creencia y no desde la verdad, estará acumulado en espera de ser comprendido. Y a eso se llama inconsciente. El inconsciente se alimenta de aquello que no se ha visto bien. Lo primero que he de hacer por tanto es encontrar una vía para comprenderlo. No bastará con dedicarme a hacer trabajos con el inconsciente, porque de esa forma lo único que haría es acumular más y más cosas no comprendidas. Toda técnica que aplique para cambiar cosas dentro de psiquismo desde el nivel pensado, va llenando más el cuerto trastero del inconsciente, porque inmovilizamos las cosas sin comprenderlas y siempre queda un residuo.
Solamente hay una manera de mantener nuestra mente en libertad, sin dependencias del inconsciente. Encontrémosla. Nos han hablado en psicología de esas dependencias del inconsciente. Y nos asusta que haya algo que nos está moviendo sin saberlo. De hecho, no hay ningún enemigo oculto en el sótano de nuestra consciencia. Nadie está oculto en absoluto. Está siempre apareciendo aquello que se guardó por no haber sido comprendido. Y aparece en cada movimiento que hago en la vida. Todo lo que hago está expresando lo que no comprendí, y cada vez que me muevo en ese mismo lugar estoy arrastrando toda esa incomprensión en forma de deseos, de miedos, de exigencias para mí y exigencias a los demás".


Consuelo Martín, La revolución del silencio, 3ª ed., Madrid: Gaya, 2008, págs. 56-57.



8.11.13

Post 1066: Fin

Hoy es el día de los Santos Mártires Coronados. Me suena haber pasado por donde se supone que están sus restos, en Roma, cerca de San Giovanni in Laterano (San Juan de Letrán). I Santi Quatri Coronati eran en realidad 8, pero eso no importa ahora tanto como el hecho de que para los romanos "coronados"  implica, como la palma, el martirio. Todos los santos que llevan corona y/o palma en su representación es que sufrieron tormento, pero no como el que quien más quien menos se sufre a diario sino un tormento de martirización con su agonía lenta y atroz. Los que concelebramos hoy fueron comidos por los perros, pero los hubo comido por los leones. Hace un tiempo se hicieron unas versiones discotequeras de canto gregoriano, pero no oí ninguna tan satánica como la que encontré del salmo 22, aquel introito que dice: "Libera me de ore leonis, et a cornibus unicornium humilitatem meam" (*). Mejor es la versión de los monjes de Silos  "De ore leonis libera me domini". Al parecer era la cancioncilla que cantaban los mártires cristianos en el circo, poco antes de que soltaran a los leones para que se los comieran. "Líbrame señor de la boca del león".
Esa frase también serviría para rogar que se nos librara de la calumnia y de las malas palabras, y es una de mis plegarias preferidas, puesto que yo no temo la boca de león alguno, pero sí temo algunas veces lo que sale de la boca de algunas personas, sobre todo cuanto se tuerce. Al principio de mi paso por este lugar hace más de 6 años yo hubiera buscado denodadamente una buena y santa versión del canto gregoriano. Y hasta hace un año también, incluso hasta hace una semana. Pero ya no tengo ganas. Y esa señal, junto con otras señales no menos indelebles, me determinan a poner punto y aparte en el blog.
Ha pasado por aquí gente que tuvo a bien dejar sus comentarios y guardo muchos y hasta buenos recuerdos de los que dejaron Manolotel, Cerillo, Ana de Buenos Aires, Aviador Capotado, Julia, Poz, Hernán, Crítico Constante, Luisa Cuerda, Francisco M. Ortega Palomares, Alejandro González Terriza, Segundo Piloto, Odisea, Pilar, Sergio y otros tantos. Atendiendo al post de ayer, El triple embudo, pienso que el primer filtro (el de la verdad) ha funcionado casi siempre, por lo menos en la medida de mis posibilidades, con las deficiencias propias de mis faltas de precisión y de conocimientos. El embudo de la bondad y el de la utilidad creo que también han funcionado. Por lo menos mis posts han servido para dar testimonio de una época, aunque no pretendiendo generalizar mi forma de ver las cosas.
En general estoy satisfecha con el servicio o el producto que he hecho y aunque no he obtenido éxito más allá de esta satisfacción íntima y del deber cumplido, pienso que sirve aún como ejemplo (no como modelo) de lo que se puede llegar a escribir. La imagen de hoy es una imagen de esta tarde de la vista que tengo del Tibidabo. Tengo detrás de mi mesa de trabajo otra vista, la de una gran parte de Barcelona y Badalona, pero salvo algunas ocasiones en que hay arco iris o tormenta o un suave atardecer sobre el Mediterráneo libre de la boina de contaminación verdosa, siempre prefiero las puestas de sol tibidábicas. La línea del horizonte parece un recortable, una sombra china, una de aquellas siluetas del gusto centroeuropeo. Y con una buena cámara se puede captar con mucho detalle el lomo erizado de Collserola. La línea del horizonte hace pensar en la lejanía, en la intemperie, en el sol, que es lo que rige sobre nuestra geometría. Me gustan esos pinos que reciben las últimas caricias de la luz. Y aunque la foto es más bien pobre, sirve como prueba de lo que quiso ser el *Álbum del tiempo, un lugar donde el momento -como quiso Schubert- es supremo. Muchas gracias a todos.



(*) Se suele traducir como "Sálvame de la boca del león, salva a este pobre de los toros salvajes".

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6.11.13

El triple embudo

A Sergio D.

Pienso que si les digo "Michael Crawford", el nombre no les dirá nada, pero si les digo que era el protagonista de la serie que emitieron en TV3 hace unos cuantos años, "N'hi ha que neixen estrellats" ("Some Mothers Do 'Ave 'Em", BBC, 1973-1978). "Los hay que nacen con estrella y los que nacen estrellados" es una frase que viene muchas veces al magín cuando pienso en la suerte de algunas personas. La suerte es algo que distingo muy bien. Aunque las sectas psicológicas y la psicología clínica nos repiten a diario que las costumbres inveteradas forjan el destino, no es menos cierto que la suerte existe. Ayer se me cayó en el pie el tetrabrik de batido de soja y hoy se me volvió a caer. Esto les parecerá a ustedes que todo lo más que conduce a extraer es que estoy atontolinada, y no digo que no. Pero es bien cierto que hay muchas cosas que me ocurren dos veces. A veces alguien me regala un conejo de peluche y al día siguiente o a la semana me regalan otro. Dos agendas. Dos pulseras exactamente iguales. Si a alguien se le cae un abanico en el metro, cuando haga transbordo a alguien más se le caerá su abanico. He llegado a ver accidentes bastante cruentos idénticos, a mi paso, con la diferencia de 3 días. Esa duplicidad en mí es tan constitutiva de mi ADN (palabra de moda hasta que se vaya al carajo, como se fueron otras), es tan constitutiva, digo, como lo es el color de mis ojos o la forma de mis uñas.
No descarto decirles que al principio de mi juventud, cuando advertí esas dualidades o duplicidades pensé en que tenían un significado. Incluso alguna de esas víctimas o héroes de las sectas psicológicas me previno de que eso podía ser una forma que tenía la vida de extenderme sus lecciones. Pero la vida pienso que nos da las mismas lecciones a todos, solo que unos no las atienden y otros sí. Hay quien ni se entera. Hay quien se cree muy bueno, hay quien se cree muy malo.
La imagen de hoy viene a cuento de mis tres primeros días de vida. El segundo día ya estaba bautizada y con las dos orejas perforadas y dos dormilones de oro en sendos orificios. Mi madre tuve a bien nacerme en la Clínica de la Virgen de Lourdes, que estaba regentada por las Siervas de la Pasión. A mí este nombre siempre me ha causado un poco de guasa, habida cuenta de que además de estar en el barrio de Gracia antes había sido un hotel, el Hotel Odeón. Según la Graciapèdia, de donde extraigo estos datos, la clínica se tuvo que cerrar el año 2003. Y creo haber leído que se convirtió en un geriátrico, pero no sé si esta noticia es una confusión con la residencia que está en la calle Vilafranca, también en Gracia, a unos 10 minutos. En el número 212 de Torrent de l'Olla ahora lo que hay es la Residencia Erasmus, donde lo menos que se asegura es que Gracia es a Barcelona lo que el Soho a Nueva York (!). No pinta mal: "La Residència Erasmus Gràcia ofrece una amplia gama de servicios: desayuno, Internet gratuito, parking de bicicletas y de coche, máquinas de vending, lavandora, secadora y plancha, solarium y consigna de equipajes."
Como los becados -que no pecados- de Orgasmus, digo Erasmus, son dignos descendientes de los goliardos iríamos así de broma en broma si no fuera porque creo que sobre esta clínica cae la sospecha de que en ella pudieron haber desaparecido bebés. Cuando dependía de la parroquia de Sant Joan de Gràcia. A mi madre si la dejan le gusta explicar que el año de mi advenimiento habían ingresado 17 novicias gallegas para profesar entre las Siervas de la Pasión, por lo que con gran alborozo al enterarse del parto de otra gallega acudieron a hacernos los parabienes (una adoración en toda la regla) y a llevar a la parida chocolate y demás. Yo, por mi parte, gusto de transformar el cuento y verlo como mi presentación a las 17 vestales llegadas de una tierra en la que no abrí los ojos, básicamente porque nací en Barcelona y porque ya venía con un ojo abierto desde ni se sabe. Ese ojo a veces se me abre cuando duermo y causa una impresión imperecedera, no la menor que la que causara un cíclope o nuestro Tonenili de ayer.
El celo de las Siervas por la buena crianza les viene ya desde su fundación:
"Nuestros objetivos son fundamentalmente tres:
  • Procurar, de forma audaz y creativa, la defensa de la vida natural del niño y su incorporación a la Iglesia a través del Bautismo.
  • Atender de forma integral a las futuras madres y a las que ya lo son, sometidas a situaciones personales o sociales especialmente difíciles.
  • Cuidar a los enfermos, tal y como hizo Teresa Gallifa arriesgando su propia vida"
Como a mí se me trató bien no quisiera ser injusta ni ingrata, ni siquiera al haber mencionado las investigaciones que han iniciado algunos niños que tuvieron otra suerte. Pero déjenme apuntar que a lo mejor desde la mejor intención se toman decisiones equivocadas y que lo de las "situaciones personales o sociales especialmente difíciles" puede ser un embudo que nos recuerda al que atribuyen a Sócrates. Se dice que Sócrates decía que antes de afirmar nada había que saber si era verdad, si era bueno y si era útil. Si de algo no se está seguro, o puede resultar perjudicial o no sirve para nada (¿ni siquiera para desahogarse?), según Sócrates, era mejor no mantenerlo en silencio y para sí.
No sé si se dan cuenta, como me doy cuenta yo, de que es muy pero que muy difícil tener la total certeza de que algo es verdadero, bueno y útil o siquiera una de las tres cosas. Además, a veces el silencio apesta.
En materia de menores pienso que aún se añade el factor de que estamos decidiendo sobre una vida que no nos pertenece. Ayer salía en los medios un post sobre la madre de un niño crudivegano: "Médicos y miembros de los servicios sociales aseguran que esta práctica  [comer vegetales crudos] está limitando el crecimiento de Tom y puede causar daños irreparables en su organismo, por lo que tratan de quitar a Kenter la custodia de su hijo." Mucha gente se preguntará si también hay que quitarle la custodia de sus hijos a padres que les dan de comer chuches, comida-basura, o les apuntan al Barça nada más nacer, o les hacen hacer la Primera Comunión o les apuntan a violonchelo, judo, o lo que sea. Yo conozco un señor que llevó a sus pequeños -cuando sumaban entre los dos 16 años- a una sesión de ópera de Wagner en nuestro Liceo. Una de aquellas óperas de Wagner que puede durar 5 horas o más (si contamos los descansos). No era "Tannhauser", que creo que es además la más corta. Ustedes me dirán que entre esto y ofrecer a los niños propios a pederastas hay un abismo. Sí que lo hay, claro que lo hay, pero en los dos casos hay abuso.

Residencia Erasmus (Torrent de l'Olla, 212, Barcelona)

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5.11.13

Ju(z)gar con las palabras

ealmente, cuando una mira la galería de dioses navahos, cuesta alcanzar a decir algo que esté a su altura. Como nuestro imaginario está atiborrado de la mitología griega, latina, egipcia y hasta hindú, como nuestros sentidos están adormecidos por la abrumadora abundancia de ladies gagas, penélopes cruces y reinonas petardas de más o menos pelo, descubrir las imágenes de una divinidad en estado puro, como una fuerza de la naturaleza encarnada, es en dos palabras im presionante. Pero es obvio que a estas alturas de la película no me voy a hacer navaha ni nada que se le parezca. Otra cosa es que de todo el saber ancestral el chamanismo y la espiritualidad de los nativos norteamericanos son para mí los que mejor conservan la esencia del poder de la naturaleza. Lo que pueda quedar en Europa ha pasado a formar parte del patrimonio folklórico y el costumbrismo, por lo tanto está desprovisto de lo fundamental, que es la fuerza, un vigor que proviene mismamente de los elementos.
Aunque no es primera página en la prensa ni lo será, hace años que las cifras de suicidios de los escasos indígenas que van quedando en el Amazonas, especialmente los de jóvenes, son desnudamente toda una afirmación sobre el desnortamiento de la humanidad y su afán de explotación. Los indios se suicidan cuando son desterrados y cuando ven que sin sus tierras sus vidas no tienen sentido. Eso se lo cuentan a quien se compró el último I-Phone, o tiene un BMW, o a quien cada vez que fusiona dos empresas se lleva un 10-20% de la operación o pasa sus vacaciones en un resort virginal del Pacífico, y lo ven absurdo, por no decir "pesimista" y negativo, dos palabras que son inconcebibles en la selva, tanto como lo es un jamón en Decathlon o un taquillón rústico en Ikea. El pesimismo y la negatividad son enfermedades nuestras, son nuestras neurosis. Que en tiempos de Walt Whitman -un poeta tan vitalista, o el que más- hubieran 70 o 90 millones de bisontes campando por las verdes praderas, y una barbaridad de uapitís o alces negros, nos da una idea de la labor de la civilización en aquellas tierras, donde para cuando T. S. Eliot publicó La tierra baldía no quedarían más de 258. Y no digo millones, digo 258 bisontes. Aunque hubiera dinero, que no lo hay, para que los chicos indios amazónicos tuvieran cada cual su BMW, su parejita, su Forlady, sus vacaciones pagadas, sus chándales, sus bisteques, me temo que no tienen depositada en esas fruslerías su felicidad y mucho menos su dignidad.
Cuando ayer alguien me reprendía por mi rareza de no querer wasap, le dije, "huy, pues si supieras que tampoco me gustan los tomates transgénicos, ni los coches, ni tantas cosas..." Y el cebollino. Qué pesados con el cebollino, hombre. Que se lo metan ya saben donde.
La imagen de hoy, un hombre vestido como una abeto, pero no camuflado, que se arroga la divinidad del agua, de la que tanto dependemos, un elemento tan cambiante, que lo mismo puede ser frío que caliente que tibio, sólido o líquido, claro u oscuro, temible y amable, empodrecedor o purificador. Es una imagen tan poderosa y al mismo tiempo tan simple que -como digo- me ahorra palabras. O al menos a mí me lo parece.
*
De cuando en vez vuelvo a los arquetipos del Tarot. Hace poco estuve mirando con detenimiento el arcano de La Justicia, que es en sí una alegoría de una virtud cardinal, no como El Loco o La Estrella, otros dos arcanos que me gustan mucho. En la balanza se contrapesan no ya nuestro debe y nuestro haber sino la realidad que trasluce aquello de que "el que esté libre de culpa que eche la primera piedra" (Juan 8:7). Hay varias maneras de que nos demos por enterados de que hacemos algo mal: porque nos lo advierte alguien (sea desde el afecto o desde la hostilidad), porque lo vemos en otros y si recapacitamos nos damos cuenta de que obramos igual, y 3) porque actúen de esa forma con nosotros. No creo que la vida se empeñe en repartir lecciones a diestra y siniestra ni que haya una inteligencia cósmica justiciera con su libro de contabilidad puesto al día por hordas de contables resentidos y puñeteros. Más bien creo que todos somos bastante iguales. Hay unos que son mejores que otros, y luego están los malos malísimos y los buenos buenísimos, pero nadie se libra de equivocarse. Y no creo que la venganza le devuelva la razón, ni la paz ni la alegría a nadie.
En la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, formado por universitarios que apenas han trabajado en el mundo real de la Justicia, se revisó la Doctrina Parot de una forma que muchos se han apresurado a condenar. por el terrible disgusto que les causa a las víctimas y/o a sus familiares, ya de por sí desconsolados. Otros hablan también de que el perdón (por parte de las víctimas y/o sus familiares y allegados) tiene que ser la opción política ante el futuro. Que sin ese futuro no hay política o que sin esa política no hay futuro. Perdonen que juegue con los palabras. Claro está que a las víctimas se les abren las carnes cada vez que ven sueltos a los asesinos y los violadores, que es pedirles algo muy por encima o por fuera o por dentro de sus posibilidades. Yo no quisiera verme en la piel de esas personas que tanto han sufrido, ni en la de los que han revisado la doctrina Parot tampoco. Veremos que nos dirá el tiempo, cuyas sentencias son menos locuaces pero muy elocuentes.

Tó Neinilii o "Tonenili", dios navajo del agua (Library of Congress). Foto: Edward S. Curtis (1905)

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En un día más

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1.11.13

Bachiana brasileña #5

Escribo
hablando
Blas de Otero, "Poética"


n día, de esto hace mucho, trajimos otro poema de Blas de Otero, "Palabra viva y de repente" y en por lo menos una ocasión dejé dicho que lo peor de todo no es los que no escriben como hablarían, sino los que hablan como se supone que se escribe.  No sé si me explico. El tema tiene teclas vecinas al de los textos que tienen aquel qué que busca el encuadre de cita. Hay novelas de las que no solo se pueden extraer una infinidad de citas sino que incluso se ha hecho. Esto ha ocurrido con Oscar Wilde, con Marcel Proust y con muchísimos autores. Otros consiguen una atmósfera tan poderosa como inaprensible y no se dejan citar. De la misma manera que aquella música que no se puede silbar, hay textos que eluden todo intento de que se les destroce o despiece a pesar de su calidad. O tal vez por su calidad.
También hay autores que no quieren hablar sobre lo que escriben, o muy poco. Si yo fuera una escritora sería de este parecer. De ese parecer y de ese ser. Pero de vez en cuando, y siempre sin salir de las cuatro paredes de mi blog, tengo que justificarme o dar a entender que sé lo que me hago. Gustará o no gustará pero sé lo que me hago. Por regla general la escritura es el medio por el que reúno una cadena de ideas, sentires y circunstancias, con la excusa de una imagen que a veces me lleva un buen rato elegir. Debo reconocer que, con la salvedad de algún post bien documentado, me suele llevar más tiempo encontrar la fotografía que escribir propiamente. Y ustedes deberían creer a pie juntillas que el post forma un todo y que está escrito de una vez. Sí, a veces hay que repasar, porque se cuelan errores gramaticales, horrores de mecanografiado y código espurio, pero el post es una "unidad de destino" o de tiempo. Si a esto se añade que no es obligatorio leer lo que escribo, que lo puede leer quien quiera, ya tengo medio post dicho.
Por lo demás desde sus orígenes enciclopédicos hasta que lo convertí en una especie de scrapbook, siempre he perseguido que fuera un espacio personal. Sé que aunque en un origen los blogs -tal y como lo decía por lo menos entonces la Wikipedia- eran webs personales, con el tiempo se han convertido en espacios cooperativos, institucionales, e incluso algún blog hay (por no decir muchos) en que los contenidos no son personales, sino que son un mero volcado o incrustrado de contenidos de otros lugares. Me parece lógico que se halla aprovechado una tecnología tan versátil y tan libre para lo que les estoy diciendo, pero lo que es aquí mantenemos la idea de que tiene que ser un espacio personal, aunque no sea privado o privativo. Ya tengo adquiridos demasiados compromisos a veces, como todo el mundo, en otros terrenos de la vida diaria.

Se han emitido o se van a emitir en el Reino Unido unos billetes de 10 libras conmemorativos del bicentenario de Pride and prejudice, de Jane Austen. Así que estos billetes substituirían los de Charles Darwin. Jane Austen murió el año 1817 y no se sabe bien de qué, pero en cualquier caso al principio de una carrera literaria brillante. Y sin embargo se explica que en su casa, que hoy se puede visitar en Chawton, Hampshire, parece ser que tenían los goznes de la puerta por donde entraban los extraños sin engrasar, al objeto de prevenirla -mientras ella escribía- de las visitas y hacer como que estaba haciendo alguna labor de costura, más propia de su género y su clase social en aquel tiempo. La condición de la mujer en el siglo XIX es algo que no hay que olvidar, pero no porque no se hayan superado determinados orgullos y muchos prejuicios, sino porque éstos han encontrado e irán encontrando sitios donde anidar sus inmundas larvadas ideas, a menudo sutiles, inadvertidas por la costumbre. El famoso techo de cristal existe. En mi opinión aún hay más que resabios de machismo en la sociedad llamada occidental, pero no es el tema de hoy.
Otro escritor del que me acuerdo muchas veces es Stefan Zweig. Tal vez su autobiografía, junto con la de Isadora Duncan, son las que más me ha conseguido interesar de mi colección, que no es pequeña. En El mundo de ayer es posible que no podamos reconstruir de una forma exhaustiva e histórica la locura de Europa en el segundo cuarto del siglo pasado. En el libro sin embargo podemos ir apreciando el desmoronamiento de la esperanza de Stefan Zweig por un lado y por otro la prudencia en sus palabras ante los hechos que iban discurriendo ante sus ojos y para sus oídos. No recuerdo bien ni siquiera en lo fundamental quien protegió su vida y su carrera, ya que era austríaco y judío, pero sí recuerdo que pasó unos años muy difíciles hasta que irremediablemente tuvo que irse a Petrópolis, en Brasil, con su tercera esposa si mal no recuerdo. Allí, a pesar de ser tratados con una hospitalidad verdaderamente gratificante, además de merecida, Stefan Zweig y su esposa decidieron suicidarse un día del año 1942, poniendo fin a su sufrimiento. Un año y medio antes por semejantes razones se había quitado la vida Walter Benjamin. Zweig dejó escrita una carta que se conserva en la Biblioteca Nacional de Jerusalén, junto con otros documentos (*).
Zweig había sido un coleccionista de manuscritos, autógrafoas y hológrafos de personajes del mundo del arte y la cultura, y estoy casi segura de que perdió gran parte de su colección y no de una vez sino en un penoso proceso en el que no se puede descartar la fuerza, su propia penuria económica y cualquier otra calamidad de las que tanto abundaron en sus Momentos estelares de la humanidad. El hecho de que alguien que conocía los avatares a los que se veían sujetos los documentos privados dejara su legado a la Biblioteca Nacional de Jerusalén, cuando no era ni mucho menos sionista, a mí me da qué pensar, pero siempre desde la ignorancia, claro. Tal vez pensaba que el futuro sería aún mucho peor de lo que ha sido, con un delirio nacionalista mundializado. Esta cuestión, con todo lo grave que es, no me llega tanto como la certeza de lo mucho que calló. Su silencio, tal vez para proteger a otros judíos que no contaban con sus recursos, es para mí tan impresionante y conmovedor como lo puede ser cualquiera de sus bellísimos textos.
Siempre que escucho la bachiana número 5 de Heitor Villalobos me detengo, no puedo hacer otra cosa más que escuchar, y me dejo envolver por su belleza y por el consuelo de que Zweig también pudo escucharla, ya que el compositor brasileño la escribió el año 1938. Al final del post de hoy, víspera de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, les propongo el recuerdo de Jane Austen y Stefan Zweig en la primera versión grabada (1947), por la soprano Bidú Sayão.

Carta de Jane Austen fechada el 24 de septiembre de 1815 




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(*)

“Declaração”

Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció a mí y a mi trabajo una estancia tan buena y hospitalaria. Cada día aprendí a amar más este país, y en ninguna parte me hubiera dado más gusto volver a construir mi vida desde el principio, después de que el mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma.

Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor, concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal.

Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.
Stefan Zweig

Petropolis 22. II. 1942

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