8.12.17

Rencor y prejuicio

"Solamente los ancianos y los enfermos corren cuando quieren andar.
Sanos y vigorosos son aquellos movimientos del alma que siguen nuestro
impulso, no los arrastrados por el suyo.
Nada, sin embargo, será tan útil
como considerar previamente la deformidad de la 
ira, y después de sus peligros. Ninguna pasión
tiene aspecto tan desordenado; afea
los semblantes más bellos, y descompone los
rostros más tranquilos".
Séneca. Sobre la ira






n los últimos tiempos leí muchos artículos de opinión sobre el independentismo catalán. En muchos de ellos se señala cómo se había despertado una cierta irracionalidad o reacciones viscerales. Yo tuve constancia de que existían las reacciones viscerales poco antes de las Olimpiadas de Barcelona, sería el año 1990. Estábamos comiendo un grupo de estudiantes del MIR y yo en mi trabajo. Una de las médicas expresó su desagrado por la especulación urbanística que se había producido en torno a los Juegos y de repente otro de los médicos con la yugular inflada, rojo de ira, le respondió con bastante violencia verbal. Todos nos quedamos inmóviles y sin saber qué hacer aparte de asistir como estatuas de piedra a lo inevitable. Siempre hay quien quiere en estos casos introducir un matiz, o una bisagra, cuando eso no es precisamente lo mejor.
Después de unos pocos encontronazos de este tipo, por suerte ninguno provocado por mis propias palabras a excepción de uno sobre tauromaquia, he llegado a la conclusión de que lo mejor es hacer lo mismo que hacemos cuando un niño no atiende a razones: frases cortas, tranquilizar con afecto o por lo menos ofreciéndole una firmeza de calma. Pero se dirá que los niños de 3 años cuando tienen lo que llamamos una rabieta no nos zahieren, cosa que sí ocurre cuando a los adultos nos tocan un tema que nos saca de sí. Todos lo hemos visto. Conozco bien a mis amigos y sé con quienes se puede hablar de según temas y con quienes no. No hay sorpresas. 
La disensión es, ya lo sabemos, algo que puede darse incluso con el amigo con quien compartamos más ideas. Siempre llegará un punto en el que no hay acuerdo posible. Por aquí he tenido ocasión dos o tres o hasta cuatro veces de decir que mi oposición al independentismo catalán es no tanto ideológica como por una reflexión práctica de considerarlo una aspiración alimentada por los políticos corruptos y un proyecto sin posibilidad en un mundo globalizado. Tengo más comprensión para el independentismo que para el catalanismo. De hecho el españolismo que se ha desperezado con tanta bandera en vano me produce también no poco rechazo. 
Me preocupa mucho más que cualquier otro tema la huida de empresas o de sus sedes, la malversación y la prevaricación. Y considero que quienes fueron a votar el día 1 de octubre pasado son también responsables, como los dirigentes políticos que nos han llevado a ese atolladero desatinado sin apenas haber gobernado. Las ideas no nos deben llevar al empobrecimiento de todos. Sin ninguna violencia moral he descartado de entre mis amigos a aquellos que fueron a votar, incluso sin saber qué votaron (ya que puede ser que votaran "no"). Considero inaceptable el simple hecho de haber participado en un remedo de referéndum lleno de irregularidades. Todas las ideas y ansias que más o menos y peor o mejor flotaban en el ambiente no me importan tanto como el acto de votar en una consulta ficticia, ilegal y fraudulenta. No entro en la estética, aunque es un asunto importante pero que dejo de lado ahora.
Digo "descartado" y con ello simplemente quiero decir que he minimizado la relación, que la he dejado de lado alejándome un tanto. Tengo amigos que veían el vídeo aquel que causaba vergüenza ajena (Help Catalonia) con satisfacción, que veían en él reflejarse todas sus convicciones y disidencias. A todos nos han enviado alguna vez algún whatsapp con un bloque de texto anónimo y sin fecha que rezumaba sobre todo estupidez y en el mejor de los casos buenas intenciones o una mera inquina contra el Partido Popular transformada en un alegato cargado de supuestos ideales. 
Si de algo han servido las redes sociales es de espejo en el que se han proyectado con total nitidez opiniones de las que no teníamos la menor idea. De la misma manera que se ven en Facebook mensajes lanzados al más allá, como si en la plataforma fuera posible comunicarse con los muertos, se han visto también opiniones de quienes incluso podríamos haber creído que no pensaban nada. Y las redes sociales además nos han permitido ver como se relacionaban ante nuestros ojos —sin ser advertidos por nuestra presencia muda— otras personas. Nuestros ojos tiernos han visto como la palabra "gracias" sí existía en el vocabulario de un amigo a quien nunca se la habíamos oído proferir. O que les gustaba una fotografía horrenda, con el mar a 24º del horizonte o un contraluz espantoso.
Me pregunto si la famosa polarización o la famosa fractura social se produce en otros países ("on diuen que la gent és neta i noble, culta, rica, lliure, desvetllada i feliç"), o si se da de otras maneras. En estas cuestiones tiendo a ser pesimista y descreída.
A todos los amigos de los que me he apartado les he ido mostrando por toda prueba de mi afecto inalterable mi interés por los problemas que sé que les preocupan en su vida personal, pero poco más. Aunque no negaré que esta limitación es tristísima, tampoco dejaré de creer que con esto me ocurre con otras cosas. Todo no puede ser. No se puede ir a la playa y a la montaña a la vez, a no ser que se trate de una playa de aquellas que tiene un pinar o un prado rodeándola. No pienso tanto en mis limitaciones como en lo que sí puedo hacer. Las puertas que se cierran a veces son una bendición.
La discordia, ya no digamos la enemistad degenerada en la venganza, es un fracaso. No creo que una persona que aspire a un cierto perfeccionamiento vital pueda permanecer en las desavenencias. La discrepancia es hasta natural, el odio no.
Cuando Séneca retrata la ira me hace pensar en que temo más a quienes aparentemente guardan la compostura pero que son incapaces de sobreponerse a los sentimientos adversos, el rencor o las discrepancias. Pienso que esa es la razón por la que E. Cioran dijo: "Nuestro rencor proviene del hecho de haber quedado por debajo de nuestras posibilidades sin haber podido alcanzarnos a nosotros mismos. Y eso nunca se lo perdonaremos a los demás".

Autorretrato

(c) SafeCReative *1712085045713

6.12.17

Aporías y tonterías

La fina seda se rompe; 
la muerte que allí venía: 
—Vamos, el enamorado, 
que la hora ya está cumplida.
Romance del enamorado y la muerte





acía tiempo que no pillaba una frase al vuelo y la que me encontré ayer es toda una perla, no tanto por su originalidad (ya sabemos que no hay nada nuevo bajo el sol) como por su autenticidad. Una joven le dijo a su abuelo: "Si tú hubieras decidido quedarte en Francia yo no habría nacido". Esta frase me hizo recordar otras dos frases. La primera frase es un koan zen que precede la autobiografía de Marguerite Yourcenar: "¿Qué cara teníais antes de que vuestro padre y vuestra madre se hubieran conocido?" ("Quel était votre visage avant que votre père et votre mère se fussent rencontrés?". La otra la leí en el estado de una cuenta de Whatsapp: "Las decisiones que tomas no alteran en absoluto tu destino, definen el modo en que deseas recorrerlo".
La tercera frase introduce el "destino", con lo que lo da por supuesto o al menos establece su existencia, cosa que ya da poco espacio a la aporía y ya no digamos al koan. Es determinista pero deja la posibilidad de que cada cual de alguna manera tome las riendas de su propia trayectoria. La foto de hoy del caballo que se llamó Snowman (1948-1974) nos lo muestra con los hijos del dueño en su grupa. Es una espléndida imagen de lo que nos gustaría que fuera la vida, aunque no me estoy refiriendo a que el animal tenga que soportar siempre tamaña carga ni a que los niños no crezcan. Es una instantánea de un momento en el que se concertaron la salud, la alegría, la libertad y el amor. Y es que a veces hay salud sin alegría, o libertad sin amor, etcétera.
Tal vez lo mejor de la frase al vuelo de ayer por la tarde fue que al menos durante los 5 segundos que yo hice por no abandonar el recorrido de la escena el abuelo no contestó. Tal vez pensaba qué contestar, tal vez recordaba qué le llevó a dejar Francia. Quizás pensó también en lo que habría sido de su vida de haber permanecido allí. No tuve la sensación de que la pregunta fuera egoísta, no tuve la sensación de que la muchacha hiciera esa consideración desde la perspectiva de su propia existencia, aunque también algo de eso había.
Ya lo dijo Daniel Defoe, que solo tenemos la certidumbre de la muerte y los impuestos. Nos podemos amargar la vida con ese cuadro o, por el contrario, podemos disfrutarla en la medida de nuestras posibilidades. La mayor parte del tiempo somos conscientes de la imposibilidad de poder hacer cuanto quisiéramos hacer. Es decir, como ocurre con los niños, las limitaciones son las que nos permiten centrar nuestros actos, dicho sea resumidamente. Y la incertidumbre no es tan mala. Al fin y al cabo consuela saber que no hay solo una manera de llegar desde un punto de origen a otro punto de destino.
Harry de Leyer compró el caballo Snowman por 80 dólares en 1956. Hasta entonces había sido un animal de tiro para una familia amish de Pennsylvania (Pensilvania) y ya tenía 8 años, pero pronto se convirtió en un campeón de saltos. A pesar de su nombre, Snowman era gris. Contra lo que suelo tener por costumbre, no he respetado la imagen original, sino que la he volteado porque me gusta mucho más que el caballo mire hacia la derecha.
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No he conseguido cerciorarme de si el "Romance del enamorado y la muerte" pertenece al Romancero viejo o al nuevo, pero me inclino a pensar que pertenece al nuevo. El vocativo "el enamorado", hoy solo en uso en el francés (me acuerdo de la frase "Au revoir les enfants"), me encanta.

Snowman y los hermanos De Leyer (ca 1956)

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