2.2.18

Post 1615: "No hay nada más bello que lo que nunca he tenido"





a Librería, que se ha presentado en el festival de Seminci en su edición 62, nos cuenta la lucha de Florence Green (Emily Mortimer) para abrir una pequeña librería en un pequeño y conservador pueblo inglés en los años 50. En la localidad, una cúpula de poder encabezada por Violet Gamart (Patricia Clarkson) y Milo North (James Lance) tratará de impedir y boicotear continuamente la apertura de la tienda en beneficio de una élite arcaica y conservadora. Aparte de eso, la ignorancia de los habitantes del pueblo no ayudará a la difusión de la lectura ni a la voluntad emprendedora de Green por inculcar un poco de cultura a un pueblo en decadencia. Los únicos aliados que encontrará Green en su odisea son una efusiva y descarada niña que la ayudará en los repartos y el apoyo moral del extraño y solitario Mr. Brundish (Bill Nighy), que luchará codo con codo por revocar la sentencia que Gamart junto a su sobrino han impulsado para cerrar la librería de la Señora Green"  (El cine en la sombra)
Más que de "cúpula de poder" habría que hablar de una Sra. Gamart muerta de envidia. Milo North encarna al gusano (con perdón por los animales) cuyo trabajo consiste en sabotear. Milo North es amoral, por no decir directamente cínico. El resto de personajes que contribuyen a que el sueño de Florence Green fracase son las típicas "fuerzas vivas" de los pueblos, que por tratarse de los años 50 aún arrastran un halo más gris y más frío de lo que pudiera ser. Que la primera aparición de la librera sea con un vestido rojo o "deep maroon", ya sitúa cromáticamente algo que Isabel Coixet domina de manera infalible en todas sus películas, la emoción del color. La Sra. Gamart usa para sus labios y sus uñas el carmesí o el escarlata y luego los tonos pastel adamascados para sus vestidos de cintura marcada y vuelo pin-up. El vestido de Florence Green es de un rojo tostado, que no quemado, que transmite más pasión que candor, pero también menos arrebato que tenacidad. Y naturalmente tiene que ver con el corazón, un corazón verdadero.
¿Cuántas veces no nos hemos encontrado historias semejantes, de alguien que pretende introducir en un lugar un poco de belleza y sensatez y se encuentra con el regodeo en la ignorancia, con la envidia y las suspicacias. Estoy pensando en Els sots feréstecs (1901) de Raimon Casellas, que el año pasado Alan Yates tradujo al inglés como Dark Vales. El pueblo inglés (aunque en realidad los exteriores están rodados en Irlanda) se llama Hardboroug, por si quedaba alguna duda. La pérfida Sra. Gamart mueve todos los resortes a su alcance para impedir que la librería prospere e incluso recurre a un sobrino legislador. Su perfil psicológico es el de quien ni vive ni deja vivir. Podría haber hecho alguna cosa por el pueblo, ese centro de arte del que siempre habla, pero dedica su talento a impedir que Florence Green lleve a cabo su proyecto. Es un claro ejemplo de los que ni viven ni dejan vivir, de los que se sienten vacíos por dentro y hasta por fuera y padecen con una envidia terrorífica cualquier señal de vida y de calor cercanas.
La niña Christine (Honor Kneafsey) y la novia de Milo, papel que interpreta la bella Charlotte Vega, son otros dos focos de calor y color. El personaje de Edmund Brundish tan contenido hasta que se desborda, está también bien retratado. Isabel Coixet reconoce haberse sentido a su vez retratada en la protagonista, que procede de la novela de Penelope Fitzgerald. La versión cinematográfica le ha valido un premio de la Feria del Libro de Fráncfort, ahí es nada. Habrá que añadir que el amor de Isabel Coixet por los libros se retrata no solo en la versión de la novela de Fitzgerald, o el tema de la obra, sino en como la cámara acaricia y tamiza los estantes y expositores de la librería y en los homenajes a Lolita de Nabokov y a las novelas de Ray Bradbury, especialmente a El vino del estío.
Como Isabel Coixet y Joan Manuel Serrat han recibido durante el Procés comentarios ríspidos y supongo que su parte de boicot, pienso que de alguna manera habrá que compensarlos con cariño puro. El mío lo tienen, y mi admiración. De la canción Lucía tomo el título del post de hoy.

Fotograma de The bookseller (Isabel Coixet)

(c) SafeCreative 1712035004180

1.2.18

Hacer maletas, magdalenas o una raya en el pantalón

oy la foto es de una publicación de Bruguera de finales de 1976. Costaba 20 pesetas. Es de una colección que apareció para quienes querían aprender ortografía, cocina, cuidados de salud y todos aquellos conocimientos prácticos de la vida diaria. Aunque no se dice estaba destinado en gran parte para un público femenino.  La señora de la cubierta lleva una peluca y eso no es extraño ya que en esos años estaba de moda usar peluca. Yo creo que se usaba para saltarse una tarde de peluquería, y como estaba muy de moda (de forma tan intensa como breve) a nadie le parecía mal.
Los temas que desarrolló la colección "Pronto y fácil" ahora perviven en cierta manera en los semanarios impresos de entretenimiento, en las web de divulgación y curiosidades, y en Youtube ("Cómo cambiar las cuerdas de una guitarra", "Cómo hacer una acuarela de un paisaje nevado", "Cómo poner en hora un reloj de cuco"). También hay que recordar los tratados para dummies y las secciones de preguntas frequentes o FAQs. Pero el formato de "Pronto y fácil" era bien diferente, porque a pesar de la modestia de la colección, tenía un nivel medio-serio, y no podríamos encontrar rituales de belleza con gaseosa ni trucos para hacer maletas, magdalenas o la raya del pantalón.
La ortografía de Bruguera era totalmente práctica, con las normas elementales y de cara a lo que era la vida corriente en una oficina o para escribir una receta o una postal de Navidad sin cometer una falta grave. Hoy hay muchos que manejan la Gramática de la RAE como el código de circulación al que apelaba mi padre para pasar en verde aunque cruzaran coches. Hay quien recurre a un desvío del español peruano consignado por Vargas Llosa para defender la elasticidad de una norma que siempre rigió el uso del verbo deber, según se denotara probabilidad (deber de) u obligación (deber sin de).
Por no parecer rígidos ni imperialistas, los académicos y asimilados están adoptando acepciones marginales, neologismos que ya se sabe que durarán poco y regionalismos que contentarán a muchos pero que servirán a pocos. Hace un par de años una señora argentina que como yo visitaba la Torre de Londres me corrigió no sé que modismo —simplemente porque no se emplea en Buenos Aires— y la dejé por imposible. No recuerdo el modismo pero puedo asegurar que es de lo más normal no solo en Barcelona sino también en toda España.
Una de las bromas de La vida de Brian (Terry Jones, 1979) se corresponde con una situación diferente, porque se intenta imponer el latín en una provincia alejada de Roma (Judea) pero el centurión riñe a Brian como si fuera un mal alumno (*). Naturalmente los centuriones no tenían porque estar en posesión de la teoría gramatical que sí aprendimos cuantos estudiamos Latín. Simplemente sabían latín. La gracia está en lo mal que escribe Brian latín y que copia la frase correcta (Romani ite domum) 100 veces, cosa que lo convierte en un graffittero de aquellos que repiten su firma aunque sea un garabato y dejan las paredes perdidas.
Hay días, cuando alguien esgrime una excepción a la norma en Perú, el plural desdoblado ("portavoces y portavozas") o grafías extravagantes (-@s, -xs), en que me acuerdo de esas gramáticas prácticas y de lo manejables que eran.


(*)
—Centurión: ¿Qué es esto? ¿Romanes eunt domus? ¿Gente llamada romanos ir la casa?"
—Brian: (explicando su grafiti) Dice: "Romanos, marchaos a casa".
—Centurión: (amenazándolo con su espada) De eso nada. ¿Cómo se dice "romano" en latín? ¡Vamos, vamos!
—Brian: (muerto de miedo) "Romanus".
—Centurión: Y se declina como...
—Brian: -anus".
—Centurión: El vocativo plural de "-anus'" es...
—Brian: ¿Ani?
—Centurión: "Romani" (corrige el error) "Eunt"... ¿Qué es "eunt"?
—Brian: "Ir".
—Centurión: Conjuga el verbo "ir".
—Brian: "Eo, is, it, imus, itis, eunt..."
—Centurión: Luego "eunt" es...
—Brian: Tercera persona del plural del presente de indicativo: "ellos van".
—Centurión: Pero "Romanos marchaos" es una orden, así que hay que usar... (retuerce la oreja de —Brian)
—Brian: (con voz aguda por el dolor) El imperativo...
—Centurión: Que es...
—Brian: Eh, eh... ¡"It"!
—Centurión: ¿Cuántos romanos?
—Brian: ¡Plural, plural! ¡"Ite", "ite"!
—Centurión: Ite. (Corrige de nuevo) ¿"Domus" en nominativo? Marcharse indica movimiento ¿no, muchacho?
—Brian: ¡Dativo, señor! (el centurión saca la espada y la acerca al cuello de Brian) ¡No, no, no es dativo! ¡Acusativo! ¡"Domum"!
—Centurión: Sólo que "domum" lleva el...
—Brian: ¡El locativo!
—Centurión: Que es...
—Brian: "¡Domum!"
—Centurión:¡"Domum"! "Domum" (lo escribe) ¿Has comprendido?
—Brian: ¡Sí, señor!
—Centurión: Escríbelo cien veces.
—Brian: ¡Sí, señor! ¡Gracias, señor! Hail, César.
—Centurión: ¡Hail, César! Si no está escrito al amanecer, te corto los cojones.

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