27.12.16

Los rosáceos dedos

"Respondió la abubilla: " ¡Oh tú que estás en el embeleso
 por el efecto de una forma exterior! ¡Tú cuyo corazón
 no vio jamás la aurora del valor real de las cosas!
 Sabe que no has cesado de ser nictálope
 y que has permanecido, como la hormiga, oprimido
 por una vana apariencia. Apégate al sentido de las cosas y no
 te inquietes por la forma; lo esencial es el sentido, la forma no es
 más que un embarazó. Sin el color, el oro no sería 
más que un metal ordinario; sin embargo, tú estás
 seducido por su color como un niño".
Farid Uddin Attar, El coloquio de los pájaros

e van acabando los días de este año, que no nos atrevemos a decir que fue malo porque no sabemos si será mejor que los venideros. Es en estos días cuando he recobrado un poco de mi tiempo libre después de algunas semanas atendiendo una enferma en la familia. un poco a costa de mi propia salud y sin obtener alguna gratificación en consecuencia. Me he acordado de las palabras de mi primer profesor de yoga sobre la práctica del Kharma Yoga, por el cual se experimenta el trabajo sin resultados, sin gratificaciones y sin reconocimiento. De su equipo, Luisa Cuerda en colaboración con Manuel Rouras, procede Te necesita, un cuento moral en torno al yama Asteya ("No robar"). Asteya trata de lleno sobre la envidia y va "al origen del descontento con el papel que nos ha tocado a cada uno, y comprender por qué, si lo sabemos mirar con claridad, todos somos igual de importantes (es decir, imprescindibles) en el conjunto de la vida". Cuerda, como el Kempis, (*) recuerda que tan erróneo es engolarse y envanecerse con la buena suerte como arredrarse y atormentarse con la mala suerte. Y como en  Job 1:21: "Yahvé me lo ha dado y Yahvé me lo ha quitado".  Aunque la visión que propone Luisa Cuerda no nos habla de una voluntad divina, sí hay un orden (un puzzle) por el que cada pieza tiene su utilidad y su sentido.

Los días aún tardan en hacerse, por la mañana, pero ofrecen un celaje lleno de irisaciones y ayer predominó un rosa amoratado o también algo amarillo que quitaba el hipo. "Breathtaking" leo constantemente en Instagram, ante imágenes que nos brinda la naturaleza. Mi cuenta de Instagram últimamente solo podía actualizarse con fotos de mi entorno más inmediato, atada como estaba a la situación con que abro el post. Trozos de cielo, trozos de calles, alguna fotografía de mi canario Pepe y alguna captura del Parc Central de Nou Barris cuando me acercaba al Mercadona, al Lidl o a la frutería del paseo Valldaura. Pero, tal y como propone la guía de Salomón, la abubilla, no hay que desanimarse ante la falta de luz y hay que saber ver a través de las tinieblas.

Leo el libro de los Salmos, intermitentemente, siguiendo la guía de la hermana Griselda Cos, que propuso un taller en las Puel·les de Sarrià al acabar el verano. Hay momentos en que me siento fuera de cobertura o como si el lenguaje fuera no el medio de llegar a los versos, sino un inconveniente y hasta -siguiendo con el símil telefónico- una interferencia. El problema, lo digo yo que a veces he entendido el lenguaje de los pájaros, no es que no pueda acceder a la lengua original (en este caso el hebreo). El problema es que estoy separada del libro, por lo menos de momento. Me acercaré otra vez, con rosáceos dedos, con todo el cuidado y la atención, para ver si me abre sus versos.


___________
(*)
"No te estimes por mejor que otros, porque no seas quizá tenido por peor delante de Dios, que sabe lo que hay en el hombre. No te ensoberbezcas de tus buenas obras, porque de otra manera son los juicios de Dios que los de los hombres, y a Él muchas veces desagrada lo que a ellos contenta. Si tuvieres algo bueno, piensa que son mejores los otros, porque así conservas la humildad. No te daña si te pusieres debajo de todos; mas es muy dañoso si te antepones a sólo uno. Continua paz tiene el humilde; mas en el corazón del soberbio hay emulación y saña frecuente" (Cap. 7, Imitatio Christi).


(c) SafeCreative *1612270191167 (para la fotografía) *1612270191440 (texto)

26.12.16

Etiqueta, que algo queda

Según la taxonomía tradicional los reptiles son
 considerados una clase, pero según la sistemática cladística, son
 un grupo parafilético, por tanto sin valor taxonómico;
 en su lugar se ha preferido el uso del clado Sauropsida
 por ser monofilético (Wikipedia, consulta: 26 de diciembre de 2016)

"El Mundo" refiere una quinta orientación sexual, la demisexualidad, que resulta ser la de las personas que no se sienten atraídas por ningún género en especial y cuando se ha dado una relación íntima. Cuesta creer que podamos clasificar a las personas como cuando ordenamos una baraja y separamos en cuatro palos las cartas: copas, oros, espadas y bastos, además de los dos comodines. O como cuando distinguimos en los reptiles a los ofidios. A pesar de los desvelos de la Antropología y sus precedentes por abrirnos las mentes a otros mundos, nos empeñamos en clasificar de acuerdo con nuestra limitada y muy acomodada visión del mundo.
Las clasificaciones son útiles cuando se trata de poner orden en una colección o cuando hay que mercantilizar productos o procesos. Sin clasificar me pregunto si podemos decidir. O lo que me pregunto más bien dicho es si vale la pena decidir sobre lo que ya está clasificado. Decidir y clasificar son dos tareas que presiden por ejemplo la práctica médica, especialmente cuando se imponen modelos diagnósticos y terapéuticos para evitar que cada caso sea único y que por lo tanto suscite un jardín de dudas. El trabajo de muchos oficios tiene en gran manera una "paleta" de colores o de funciones que consiguen estandarizar los resultados y hacerlos apilables y aptos para la logística. Se me ocurre que a las empresas de catering les resulta mejor como postre un lácteo funcional ya envasado y con fecha de caducidad que no los frutos (frescos o secos), que se deben de almacenar en condiciones más exigentes, que no llevan en principio fecha de caducidad y que acostumbran a ser más caros. A los consumidores les atrae la facilidad de comer un postre de cuchara, que no hay que masticar, ni pelar, ni cortar, y que está presentado de forma que es difícil que nos manchemos. Esa condición parece que se hace deseable para todo cuanto nos rodea, no digamos el lenguaje.
*
Hace bien poco leí una columna de Elvira Lindo en "El País" ("Hombres, devolvednos la cortesía") gracias a la que conozco las palabras de Grace Paley:
"Las mujeres han comprado libros escritos por hombres desde siempre, y se dieron cuenta de que no eran acerca de ellas. Pero continuaron haciéndolo con gran interés porque era como leer acerca de un país extranjero. Los hombres nunca han devuelto la cortesía".
Ese encuadre refleja la idea de las etiquetas y las clasificaciones incluso sobradamente y por eso me permito elegirlo. Vaya por delante que no conozco a la feminista y escritora Grace Paley, y que apenas he leído algunos textos de Elvira Lindo. La cortesía se invoca como una gentileza que no ha obtenido la reciprocidad, cosa que en el ámbito literario nos hablaría también de una "cadena de favores" perversa (el amiguismo). Pero lo peor de la frase, que en realidad solo pretende -lo admito- no ser hostil, es que las mujeres no hemos leído los libros escritos por hombres por cortesía. Tal vez alguna mujer habrá leído alguna vez por cortesía el libro escrito por un hombre, pero esto no fue así. Y esto lo sabe cualquiera.
En mi opinión, y no me faltan argumentos que la apoyen, las mujeres hemos leído libros escritos por los hombres porque eran los predominantes, porque incluso la mera idea de que una mujer de clase media escribiese era algo socialmente inadmisible ¿O no nos acordamos de como Jane Austen hacía ver que cosía cuando llegaban visitas? Y dentro del grupo de los escritores-macho, frescos o secos, ofidios o no, han ido predominando los que tenían una formación universitaria y por lo tanto un bagaje académico respecto a los escritores aventureros o con una vida rica (clasificación forzada donde las haya). Si nos ponemos a clasificar, la maquinaria editorial ha conseguido asimilar a sus temas y estilos una serie de productos novelísticos en la línea del consumo dirigido. Y podríamos decir que si hay 5 orientaciones sexuales, hay 3 orientaciones literarias.
Hace años, pocos para mi gusto, descubrí a través de la lectura sucesiva de tres autoras, que sus voces me abrían el entendimiento a una forma de sentir personal, ajena a las lecturas que había devorado durante años. Y digo "voces" por dos razones: porque la literatura tiene que ser para mi gusto lo más oral posible (incluso aunque haya sido escrita para ser leída) y porque de repente me di cuenta de que lo había experimentado hasta entonces era un coro incompleto, con voces más o menos graves pero masculinas. Pero aparte de las voces masculinas también hay las voces blancas y las voces femeninas, y limitarse a oír cantar solo con barítonos o bajos o tenores es muy limitado y por supuesto acaba siendo aburrido. Mi "descubrimiento" de la literatura escrita por mujeres fue tan importante como mi alfabetización, como haber aprendido a leer.
Es usual contraponer a cuanto digo el argumento de que la literatura no es ni femenina ni masculina, y algo de razón hay. Lo único que yo voy a detenerme a contraponer a ese argumento será que los ejemplos más pésimos de literatura "femenina" son la consecuencia de una literatura "masculina".

Dibujo de Sylvia Plath

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25.12.16

Mi tesoro

El robot pescador se hace eco de los diarios turcos que sospechan la intervención de la CIA en el asesinato del embajador ruso Andréi Karlov. A alguien le resultará rebuscado. A mí me recordó la última película que protagonizó Philip Seymour Hoffman. La trama de "A most wanted man" (Anton Corbijn, 2014) hay que decir que viene de una novela de John Le Carré, y servirá ese dato por toda explicación para describir lo enredado de la trama no tanto por el estilo como porque muestra una red de engaños, alianzas oportunistas y apariencias.
Ayer tarde había en las diferentes cadenas de televisión muchas películas entre las que elegir. A pesar de que había otras más atractivas tal vez, me detuve a mirar "Marcelino, pan y vino" (Ladislao Vajda, 1954). Eso que había una versión restaurada de "La dolce vita", la segunda parte de "Star wars", etcétera. Es curioso que cuando vi "La grande bellezza" me resultó una especie de remake de "La dolce vita". Y ayer los primeros minutos de "La dolce vita" (1960) me parecieron más cerca de "La grande bellezza" (2013), como si hubiera adquirido las cualidades de una película que no existía cuando se proyectó, algo del todo inverosímil. O tal vez no, tal vez remakes, secuelas, versiones y copias pueden alterar el "original" porque nos obligan a verlo con otros ojos.
"Marcelino, pan y vino" también fue reversionada. Como la película de Corbijn, depende de un relato literario. Lo escribió  José María Sánchez Silva. Una de las escenas que ayer me llamó la atención no está en el libro, es cosa del guión cinematográfico. Es cuando Marcelino está en el campo y corre a una cerca después de asegurarse de que nadie lo ve. Va con su amigo invisible Manuel. Se agacha y saca los mampuestos del muro a piedra seca. Extrae primero una lata, después un cuerno, una pata de pollo y por último un naipe y se los muestra a su amigo:
"Aquí tengo el tesoro, Manuel. Esto me lo dio Fray Malo. Era de una medicina. Y esta es la pata de una gallina. Me la dio fray Papilla. Y este cuerno es bien bueno. Y esto me lo regaló el guardia civil. Es lo que más vale".
Esta mañana temprano me he encontrado cerca de la basura un 3 de corazones, naipe que se corresponde con el 3 de copas de la baraja española, por lo menos en la cartomancia. Coincidencias como estas las he tenido a docenas, y creo que todo el mundo ¿Qué explicación tienen? El mundo al que he referido al principio del post es complejo, nuestra vida no es tan compleja, por lo menos la mayor parte del tiempo. No podemos enredar más o intentar clarificarlos con teorías, por convenientes que sean. Ofrecer una visión del mundo que además por novedosa que pretenda ser nunca lo es o por lo menos no decididamente, es desconcertante, baladí.
El panorama de los libros que ofrecen pautas de autoayuda me recuerda a aquellos refranes que nos brindan un ripio tanto para madrugar como para levantarnos tarde, y todos cargados de razón. Por no añadir algo de lo que ya nos previno Don Juan Manuel, "nunca farás cosa de que todos digan bien".

No comprendemos definitivamente nada. Voy encontrando signos, noticias, hipótesis y todo está guardado como los tesoros de Marcelino o Huckleberry Finn y en ese orden de los hallazgos, los recuerdos, los restos de los naufragios. Tal vez algún día cada pieza adquirirá sentido, no lo sé.

"Marcelino, pan y vino" (Ladislao Vajda, 1954)

3 de corazones

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16.12.16

Niebla

"Rien ne distingue les souvenirs des autres moments: ce n'est que plus tard qu'ils se font reconnaître, à leurs cicatrices"
La Jetée (Chris Marker, 1963)

En este blog recuerdo ya haber hecho una parada en "La jetée", fotonovela de Chris Marker, hecha con imágenes fijas (still photographies). En una época, 53 años después, en que hay infinidad de personas respondiendo a cuatro o cinco preguntas -no son más- como mejor saben pero siempre con la misma música, sorprende la vigencia del mensaje de esta película, que en realidad ni pregunta ni responde sino que muestra un bucle en el tiempo en un desarrollo postapocalíptico de media hora apenas. Algo que es un recuerdo sostenido a lo largo de la vida de un hombre resulta ser una especie de premonición. Pero aunque la frase final de la película (*) es escalofriante, la que se me grabó más en el recuerdo fue una de las primeras: "Nada distingue los [momentos que serán] recuerdos de otros momentos: es después cuando se les reconoce en sus cicatrices". 
Invariablemente hay cosas que suenan mejor en francés, y la que acabo de traducir dan ganas de rehacerla. Darían ganas de ampliarla y decir, sí, hay momentos que tienen alguna cualidad evanescente, reminiscente e inapreciable que apenas deja entrever que un día serán un recuerdo. No sabemos porqué hay recuerdos que persisten en la memoria y cobran una vida algo ajena incluso a la realidad. Si tuviera que traer aquí uno de los recuerdos que parece que hasta me sobrevivirían sería uno de una mañana fría de otoño por el Penedés, con mis tías, sus maridos, mi padre, mi madre, mi hermano, la abuela, dejando los dos coches en que íbamos aquel domingo gélido cerca de la carretera y de una casa en ruinas. Una casa de pagès, sin techos, sin ventanas, en el puro esqueleto. Y una niebla espesa y glacial. Las voces de mis tías sonaban con calor y vivacidad donde la niebla ponía un decorado fantasmagórico y las piedras un eco espectral y apagado. Presentí que este mundo iba a ser como un cementerio viviente para mí. Sólo quedamos dos tías, mi madre, mi hermano y yo. Mis tías, las que ya murieron y las que no, estaban llenas de vida, envueltas en una niebla que hacía descabellado pensar en tortillas de patatas con aquel valor, aquella entereza y aquella pasión que les venía de tan adentro que parecían teas y no tías. El mundo a veces es inhumano, frío, impasible, desabrido y aún lucían más y más. 


 __________
(*)
"Une fois sur la grande jetée d'Orly, dans ce chaud dimanche d'avant-guerre où il allait pouvoir demeurer, il pensa avec un peu de vertige que l'enfant qu'il avait été devait se trouver là aussi, à regarder les avions. Mais il chercha d'abord le visage d'une femme, au bout de la jetée. Il courut vers elle. Et lorsqu'il reconnut l'homme qui l'avait suivi depuis le camp souterrain, il comprit qu'on ne s'évadait pas du Temps et que cet instant qu'il lui avait été donné de voir enfant, et qui n'avait pas cessé de l'obséder,
c'était celui de sa propre mort."


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12.12.16

Consuelo tonto

Mucho tiempo se atribuyó a Lewis Hine la famosa fotografía "Lunch atop a Skyscraper" (1932), pero la foto -que también se atribuyó a Charles Ebbets- se considera anónima. De las fotos de Hine que conozco la que más me gusta es la que incrusto hoy, de la serie de los niños recolectores de algodón. Según Susan Sontag las fotografías de Hine fueron determinantes para que se legislara contra el trabajo infantil. Tal vez desde nuestro presentismo el trabajo de los niños nos parece una aberración y en la época de la que estoy hablando y no digamos antes, podría ser bastante normal.

Aunque pueda parecer que el trabajo de recoger los capullos de algodón sea hasta placentero, porque son suaves, la planta causa arañazos a quien lo recolecta manualmente. Aunque no sirva como declaración fehaciente, recuerdo que en una película de esclavos sureños de Estados Unidos, uno recordaba cómo los rasguños uno tras otro iban encarnizándose en su tierna piel hasta hacer muy penoso seguir recogiendo algodón en su temporada. Es decir, que aparte de la penalidad por la inclemencia del tiempo, estaba el hecho de seguir una larga jornada y además, como digo, restañar las heridas. Naturalmente porque era un trabajo pesado, duro, lo hacían los esclavos. Con el tiempo la piel se endurecía. El trabajo de los esclavos enriquecía tanto a los sureños esclavistas como a los que en el norte vivían del transporte del algodón.

Los cantos de trabajo son bien hermosos por el ritmo que imprimía la propia cadencia de la labor, por un estado que permitía no pensar, dejarse estar, y sin embargo calmarse. De hecho, no se me ocurre cómo si no hubieran podido soportar el calor, los arañazos y la extensión de la jornada. También lo haría todo más llevadero el hecho de que muchos se veían en la misma situación en el mismo entorno. Cuando sabemos que un mal lo padecen muchas personas o muchos animales parece que se diluye un algo pero no por consuelo tonto sino porque al menos nos parece que no se encarniza en nosotros, que no es algo "personal". Pero paradójicamente, o no, la niña de la imagen de 1916 tiene un nombre, Vera Hill, y eso de alguna manera la dignifica porque aunque había infinidad de niñas iguales, cada cual era única.
"Vera Hill, 5 years old, cotton picker, Comanche County, Oklahoma" (Lewis Hine, 1916)


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7.12.16

Faits divers

"The photograph is a thin slice of space as well as time"
[...]
"Through photographs, the world becomes a series of unrelated, freestanding particles; and history, past and present, a set of anecdotes and faits divers."
Susan Sontag, On photography



n el siglo pasado era común algún galicismo que salpicaba la comunicación erudita y hasta mundana con esa chispa que tiene el francés Supongo que ahora el francés, que ya no es ni la lengua diplomática, ha sido suplantado por las expresiones en inglés, y cuanto más novedosas mejor. De ahí el éxito del Urban dictionary y el eco que ha obtenido la palabra post-truth y otras.
Decían días atrás en la radio, ese medio que va resistiendo sin apenas haber visto cambiados sus fórmulas, que Twitter va perdiendo fuerza y que la va ganando Instagram. Y que hasta los 140 carácteres se hacen pesados ante la expresividad de las imágenes y lo fácil que es consumirlas. Mi permanencia en este álbum se cifra no en la esperanza de que alguien lo lea por supuesto sino en el placer de ir coleccionando hechos diversos.
La imagen de hoy es la de un niño jugando a las canicas. Esa postura y otras que adoptaban los niños para hacer sus carambolas a ras de tierra, eran como letras de un lenguaje encriptado, antiguo, raro. 
Siempre he sido más que mala en lo de la puntería y un día que vi a mi madre lanzar algo a una papelera con un saque que desplazó el proyectil a dos metros del destino supe porqué. En lo que soy buena es en lo de la videncia, pero es inútil, no sirve para nada. Esta primavera pasada bromeaba cada día con el camarero que a diario me atiende en el comedor laboral del hospital. Un día yo hacía como que le hablaba en ruso, otro día en chino, etcétera. Pues resulta que desde el verano más o menos ese comedor ha empezado a ofrecer un servicio por el que los cuidadores de algunos niños tienen derecho a usar nuestro cathering. Pasan por la cadena de platos y en vez de cargarlos en una bandeja, les dan unas fiambreras de usar y tirar. He visto madres subsaharianas, chinas, magrebíes, alguna rumana y lo que todas ellas tenían en común es que hablan poco español. Así que desde mi mesa oigo al camarero decir: "Esto o esto, uno". O cosas como: "Es pescado". Muchas mujeres no pueden comer cerdo y preguntan señalando con el dedo. No lo sé seguro, pero parece que son mujeres que cuidan a niños muy pequeños o prematuros, que viven lejos del Hospital, y que es aconsejable que puedan acompañar a sus pequeños el máximo tiempo posible sin que tengan que desangrarse económicamente. Me parece, no lo sé seguro, que la comida la financia una entidad de ayuda social.
Mi videncia aparece siempre como un disparate para reír, como una exageración podría decir. Como cuando en mi trabajo anterior bromeamos con el periodista sobre la posibilidad de que se creara una "comisión de fiestas" en la empresa; una comisión de fiestas como las de los pueblos. Pues a los pocos meses se hizo sino una comisión de fiestas algo que no podía ser más parecido. Obviamente le pusieron un nombre de acuerdo con el lenguaje administrativo que nos embarga (es un decir) y que no tiene nada que envidiarle a los de las sectas.
No consigo recordar cuando fue la última vez que vi a un niño jugar a las canicas, tal vez en el colegio público del barrio, en el patio del recreo. 


Russell Lee, "Marbles is a favorite game on South Side of Chicago" (Chicago, 1941)


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4.12.16

La patada de un conejo vr. 2

“Pero enamorarse no significa amar. Uno puede enamorarse sin dejar de odiar. ¡Tenlo presente!”.
Fedor Dostoievski, Los hermanos Karamazov

En las estampaciones hawaianas hay mucha costilla de Adán y mucho hibisco, hojas de palmeras y hojas de piña. El hibisco es a las camisas hawaianas lo que la rosa Windsor es al sillón de cretona estilo inglés, algo que parece inevitable. Me sirve la imagen propuesta para lograr una segunda versión de "La patada de un conejo", por si la primera no es convincente o no es amena ni agraciada. Lo primero que se me ocurre es presentar un enigma, el de la pareja de orientales vestidos de novios con dos o tres orientales más haciéndoles fotografías. Los he visto en Barcelona, en Madrid, en París y en Londres. No los mismos, naturalmente. Son variaciones del mismo tema. Son dos jóvenes muy fotogénicos, que saben posar y lo hacen "naturalmente" en lugares públicos como puede ser la entrada de la Catedral de Barcelona o los jardines que hay cerca del Big Ben. Lo que llama la atención no es el equipo del fotógrafo y sus asistentes, atrotinado pero profesional, sino que los trajes se ven usados. El velo de la novia y la cola se notan hasta ajados, como si hubiera pasado por muchas bodas. La sonrisa de la novia fotogénica es toda la que permite el decoro oriental y no deja de revelar una sumisión perfecta. El misterio es saber para quién trabajan.
*
Recuerdo que hace unos años había tantas visitas a los enfermos, en los hospitales, que el bienestar de los que convalecían se veía muy amenazado. A veces las risas y el jaleo ayuda a los enfermos a reaccionar del letargo y la labilidad a que le han llevado el dolor y la incertidumbre, pero otras veces agudiza el malestar. Lo ideal sería que las personas que visitan a los enfermos se acomodaran a su estado y no está de más decir que es mejor más visitas y más cortas que una visita que se prolonga y cansa. 
También recuerdo una película protagonizada por Jack Nicholson y Morgan Freeman, "Ahora o nunca" (Rob Reiner, 2007), en que se producía una gran camaradería entre los dos pacientes que están ingresados en un hospital y en la misma habitación. 
Es bien curiosa la corriente de afecto que se puede producir en un viaje largo en tren o en estas situaciones, siempre de espera, en que coincidimos accidentalmente con otras personas. Hasta una vez vi a un niño de unos 11 años llorar con lágrimas como garbanzos al llegar al destino y tener que separarse de una familia con la que habíamos compartido el mismo compartimento en un viaje ferroviario de 25 horas. Qué cosas. En especial cuando esos sentimientos nos resultan inverosímiles en otras situaciones en las que la camaradería sería deseable pero no encuentra espacio, generalmente por la envidia y miedos recelosos. En el primer escenario hay un desplazamiento y el tiempo está limitado a su trayecto, que es de horas o de días. En el segundo no sabemos casi nunca cuánto tiempo pasaremos en la misma situación.
*
La cita de Dostoievski es magistral, por su economía de palabras y el realismo. Encontraríamos miríadas de ejemplos para las citas más memorables del escritor ruso. Pero su aplicabilidad no es tan determinante como creemos, porque hay frases de Wilde cuya aplicabilidad no se concreta sino que son verdaderas en su generalización.
*
Siempre hay que volver a la frase de Teresa de Jesús, "Lo que os haga amar, eso haced".



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3.12.16

La patada de un conejo

"PRESTIDIGITADOR. Cuando dice usted amor yo me asombro. 
DIRECTOR. Se asombra, ¿de qué?
PRESTIDIGITADOR. Veo un paisaje de arena reflejado en un espejo turbio.
DIRECTOR. ¿Y qué más?
PRESTIDIGITADOR. Que no acaba nunca de amanecer.
DIRECTOR. Es posible.
PRESTIDIGITADOR. (Displicente y golpeando la cabeza de caballo con las yemas de los dedos). Amor. DIRECTOR. (Sentándose en la mesa.) Cuando dice usted amor yo me asombro. PRESTIDIGITADOR. Se asombra, ¿de qué?
DIRECTOR. Veo que cada grano de arena se convierte en una hormiga vivísima. PRESTIDIGITADOR. ¿Y qué más?
DIRECTOR. Que anochece cada cinco minutos."
Federico García Lorca, El Público

ace siglos que tengo el mismo escritorio en mi ordenador personal. Es de Apple y se llama Hawaiian Print. Es un color que me gusta, y es un estampado de plantas, que nunca cansan. De todas maneras, aunque sea azul nada justifica que haya resistido tanto tiempo sin que lo substituyera por una de las numerosas imágenes que cada día puedo admirar. 
Hace poco vi una foto de una pareja en Facebook. La típica foto a la orilla del mar, de perfil, mirándose de frente, el mar y una puesta de sol de fondo. Esa foto o su patrón los había visto miles de veces y sin embargo nunca me había preguntado quién había hecho la foto. Porque por una parte la imagen nos muestra una playa solitaria y la fantasmagoría de una pareja que disfruta de su compañía en soledad, pero no se nos oculta que el disparo de la cámara ha podido ser dado por una tercera persona. Admito que puede ser un disparo programado, pero esa posibilidad aún refuerza más mi argumento de que es una imagen "buscada", "preparada" o por lo menos nada espontánea y con la intención de ser exhibida. Es decir, por si no me expliqué bien, lo que intento decir es que una imagen que en primer plano nos da a entender un momento idílico de intimidad amorosa, lo que a mí me evoca es todo un plató.
Estuve enamorada un par de veces y en las dos ocasiones me resultaba muy desapacible ver que yo era incapaz de repartir mi amor más allá de lo que en aquellos días era mi principal objeto de atención. Me entristecía ver que la atracción por el amado me incapacitaba en cierta manera para dedicarle no ya mi tiempo sino también mi atención a todas las personas que estaban a mi alrededor. Entonces esa certeza me desengañaba, me hacía ver que tal vez era una condición mía, que mis posibilidades eran bien limitadas o el amor egoísmo. Luego, con el tiempo, he visto que hay parejas que viven muy encerradas en su relación, así que pienso que no he sido la única persona cuyos límites eran mezquinos. No es para alegrarse, simplemente es una observación. 
Los investigadores de las costumbres humanas han estudiado los usos y costumbres amorosos a lo largo de la historia, las modas, yo solo puedo tenerlas presentes para no dejarme llevar por el espejismo de programas televisivos como "Corazón, corazón", que hasta nos dan a entender que hay montajes amorosos, esto es uniones de conveniencia al objeto de obtener un rendimiento económico o comercial. A la vista de ese programa, que creo que se hace los fines de semana, y de ese formato con parejas que se unen y parejas que se separan, me pregunto si es una fórmula que asegura una audiencia o un consumo o algo. No tengo la menor idea. El glamour económico y sus sucedáneos son posiblemente una manera de deleitar al público, que estaría muy amargado con otras noticias. 
A veces la contrapartida al amor de pareja (a veces amor por antonomasia) es una especie de pestiño sentimentaloide con purpurinas y una exaltación cremosa o con eco de Louise Hay y la tropa salvífica de la autoayuda. El sentimentalismo, ya lo dijo Dostoievski, a veces fructifica en los malos. Se puede ser malo y sentimental. Y si no queremos decir "malo" podemos decir cualquier otra palabra que represente un grado de perversión sea mucho menor. Y en esto pensaba días atrás cuando meditaba sobre el hecho de que la gente no va a visitar a los enfermos. Hace unos años los domingos había muchas visitas en los hospitales, tantas que verdaderamente era un problema para todos: para el hospital, para los enfermos, para los visitantes. Pero este mes pasado, con motivo de una intervención quirúrgica de mi madre, pude experimentar la certeza de que las visitas han disminuido. El domingo no había prácticamente nadie. Esta afirmación hay que matizarla mucho, tanto que me da pereza. La dejo así. 
Ayer oí a Manuel Delgado, el antropólogo, decir en la radio que los sentimientos son tóxicos; yo diría que lo que ocurre es que el sentimentalismo es tóxico, especialmente el que adopta aires de drama ruso o de serial. Todos los sentimientos que no ayuden hay que dejarlos de lado, esa es mi teoría y también mi práctica. Lo mismo para los juicios. Mucho opinar y poco ayudar es insufrible. Las opiniones que no ayuden mejor guardárselas.
Naturalmente el hedonismo de nuestra sociedad hace que el trato con las personas que están en el final de su vida o muy enfermas sea penoso. Y cuando alguien me habla con pesar del estado de un pariente o un amigo, como de algo que conduce a una profunda aflicción, les recuerdo que nos puede pasar a todos. Y de un día para otro. Como dice precisamente mi madre, "se puede uno morir de la patada de un conejo".  

Hawaiian Print

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