19.12.13

Sacar brillo

"Las calles de Orán nos informan finalmente acerca de los dos placeres fundamentales de la juventud local: hacerse limpiar los zapatos y pasear esos mismos zapatos por el bulevar. Para tener una idea exacta de la primera de esas delicias, hay que confiarles los zapatos, a las diez de la mañana de un domingo, a los limpiabotas del bulevar Galliani. Encaramado en alguno de los altos sillones, uno puede disfrutar entonces de la particular satisfacción que produce incluso al profano el espectáculo de esos hombres enamorados de su oficio, como claramente lo están los limpiabotas oraneses. Todo se trabajo con detalle. Varios cepillos, tres clases de bayetas, el betún mezclado con gasolina: podría pensarse que la operación ha concluido cuando se ve el destello perfecto que nace bajo el cepillo blando. Pero la misma mano entregada vuelve a poner betún en la superficie reluciente, la frota, la empaña, lleva la crema hasta el corazón de las pieles y consigue entonces que brote, bajo el mismo cepillo, un doble y verdaderamente definitivo destello que sale de las profundidades del cuero".

Albert Camus, "El minotauro o el alto de Orán", El verano (Madrid: Alianza Editorial, 1996), págs. 16-17.

10.12.13

El inconsciente

"Todo lo que vivimos desde el pensamiento, desde la opinión, desde la creencia y no desde la verdad, estará acumulado en espera de ser comprendido. Y a eso se llama inconsciente. El inconsciente se alimenta de aquello que no se ha visto bien. Lo primero que he de hacer, por tanto, es encontrar una vía para comprenderlo. No bastará con dedicarme a hacer trabajos con el inconsciente, porque de esa forma lo único que haría es acumular más y más cosas comprendidas. Toda técnica que aplique para cambiar cosas dentro del psiquismo desde el nivel pensado va llenando más el cuarto trasero del inconsciente, porque inmovilizamos las cosas sin comprenderlas y siempre queda un residuo.
Solo hay una manera de mantener nuestra mente en libertad, sin dependencias del inconsciente. Encontrémosla. Nos han hablado en psicología de esas dependencias del inconsciente. Y nos asusta que haya algo que nos está moviendo sin saberlo. De hecho no hay ningún enemigo oculto en el sótano de nuestra consciencia. Y aparece en cada movimiento que hago en la vida. Todo lo que hago está expresando lo que no comprendí, y cada vez que me muevo en ese mismo lugar estoy arrastrando toda esa incomprensión en forma de deseos, de miedos, de exigencias para mí y exigencias a los demás."

Consuelo Martín, La revolución del silencio, 3ª ed., Madrid: Gaia, 2008, págs. 56-57.


5.12.13

Infrarracionalidad

"Decimos que las multinacionales económicas, por un lado, están arrastrando a la gente a través del consumo; pero, por otro, por la afectividad sin resolver, las esperanzas que ponemos en algo que notamos que nos falta están produciendo también unas multinacionales emocionales. Y ésa es la forma que la religión está tomando en nuestra época. Muchas personas que han dejado las religiones bien organizadas, con autoridades, sacramentos, mandamientos y demás, están cayendo en esas enormes empresas emocionales. El error de base es que se confunde lo trascendente, lo que supera la razón, con lo infrarracional. Ambos son irracionales, pero lo uno arriba, por superación, y lo otro abajo, por no haber llegado evolutivamente. No hay diferencia al cambiar de grupo, de secta, de nacionalidad, ni siquiera el ir de Occidente a Oriente cambia en nada lo esencial. Se sigue buscando lo exterior, con imágenes sensoriales, con la energía vital que organiza toda su búsqueda y esa sed que nos llega de otro lugar desconocido para nosotros".

Consuelo Martín, La revolución del silencio, 3ª ed., Madrid: Gaia, 2008, pág. 32.

4.12.13

La verdadera alegría

"Aunque la alegría pueda nacer en conjunción con otras condiciones, no está sujeta a esas condiciones; se manifiesta sin ninguna causa material. A veces te despiertas "andando por el aire", con alegría y no sabes por qué. Y cuando te sientas a meditar, la alegría burbujea a tu alrededor, sin ayuda de otros estímulos. La alegría de la meditación es sobrecogedora. Aquellos que no han llegado al silencio de la profunda meditación no saben lo que es la verdadera alegría. No sentimos muy felices cuando se satisface un deseo, pero cuando somos jóvenes sentimos alguna vez una felicidad repentina que parece llegar de la nada. La alegría se expresa bajo ciertas condiciones, pero no nace de esas condiciones. Así, cuando alguien recibe mil dólares y exclama: "¡Qué feliz soy!" la condición de haber recibido mil dólares ha servido únicamente de resorte para disparar la fuente de alegría de la reserva de felicidad que se halla en nuestro interior.
En la experiencia humana, algunos eventos acostumbran a requerirse para aportar alegría, pero la alegría es peremne y nativo estado del alma. el amor es también nativo del alma, pero el amor es secundario ante la alegría ¿Puedes imaginar el amor sin alegría? No. La alegría sirve al amor. Cuando hablamos de la desgracia del amor inalcanzado estamos hablando de un anhelo insatisfecho. La verdadera experiencia del amor está siempre acompañada por la alegría".

Paramahansa Yogananda, El romance divino,  [S.l:] SRS, [s.a.], págs. 8-9


3.12.13

El silencio

"Llamamos silencio al preámbulo de la lucidez. Silenciar es acallar lo conocido, lo que ya ha caído en la confusión de los opuestos pensados. Por eso el silencio de las representaciones, de la interpretación relativa, es imprescincible para descubrir la plenitud de la lucidez. Y la lucidez no toma en cuenta el pasado. Es una conmoción, una revolución para la memoria repetitiva.
La astucia se mueve entre lo viejo ya sabido, la eficacia técnica también. Pero ahí, como en todo conocimiento empírico o sensorial, solo encontramos, en un último análisis, cierto intercambio de datos que se relacionan según reglas, sean leyes lógicas, físicas o sociales. Así las ciencias describen una interpretación de la realidad, entre las muchas posibles. Mientras que el silencio es una lúcida apertura a lo real desconocido.
El silencio es una música inteligente, callada sí, como se dijo, pero no muda. Porque en el silencio surge la inteligencia creadora, esa fuerza trascendente e inmanente que transforma la existencia humana."

Consuelo Martín, La revolución del silencio, 3ª ed., Madrid: Gaya, 2008, págs. 16-17.

1.12.13

Los recortes

"En un curioso libro, autoeditado por el curtido cirujano jubilado Josep Maria Capdevila –por buen título ¿Me curaré, doctor…?–, hay un capítulo desolador, pese a su voluntad de no hacer demasiado daño. El 2.º, dedicado a las retallades (recortes) de los años pasados, 2011 y 2012. Ahí aparecen dos reflexiones del escritor de necrológicas desfachatadas y conseller de Salut, Boi Ruiz: “Los médicos rechazan los recortes porque les tocan el bolsillo”. Y sobre todo esta, impagable, que le delata: “La salud es un bien privado que depende de uno mismo y no del Estado”; prueba incontestable de que o no paga impuestos o es un cínico. A lo que cabría añadir que estaría muy bien que eso se lo aplicara él y sus altos cargos, que han blindado los contratos después de subírselos".

Gregorio Morán, ¿Sanidad o 1714?, "La Vanguardia" (30 de noviembre de 2013).

Oficios del pasado

"En otras épocas, dedicarse a escribir había sido un oficio relativamente noble, pero ahora era considerado una especie de retraso histórico imperdonable y los ciudadanos más piadosos y nostálgicos sentían lástima por esos pobres individuos que solo sabían escribir".
[...] Otro articulista con la misma vocación de mordedor decía que si nos poníamos a proteger todos los oficios del pasado, ahora perfectamente inútiles, tendríamos que proteger a los hojalateros, a los muleros, a los arrieros, a los maquinistas de locomotoras a vapor, y a los que aún saben esperanto, si es que alguna vez lo aprendieron, a los masones, a los comunistas, a los toreros. [...] No hará falta decir que los periodistas a los que me refiero no se consideraban escritores, pues veían su escritura como algo absolutamente funcional y venturosamente al margen del "ramo artístico". Y tenían bastante razón".

Jesús Ferrero, El descrédito del escritor, "El País" (23 de noviembre de 2013), págs. 29-30