31.3.15

Post 1210: Los melocotones de Nuvolone

El domingo Juan José Millás escribió sobre una foto de John Swannell. Nos queda claro el desagrado de Millás ante la imagen de una actriz con un atún muerto de 27 kilos entre las piernas, lo que no dice es que se trata de una campaña publicitaria contra la extinción de la especie. La ictiológica. Claro está que una vez más a los "creativos" -que se han arrogado ese nombre más que como por antonomasia- se les ha ido la mano, y detrás la cabeza, en esa imagen. El posado de Helena Bonham Carter tiene el dudoso mérito de ser un desnudo y de haber vencido (eso fue lo más difícil según sus propias palabras) su fobia al pescado. El asunto, se tome por el ángulo que se tome, es un despropósito y apesta.
El hecho de que haya más animales en los coffee table books y en las tiendas de juguetes que en la naturaleza (si descontamos a las especies más prolíficas sin interés gastronónimo ni utilidad industrial declarados), nos queda un reino cada vez más disminuido y amenazado. La naturaleza muerta o still life como género pictórico no solo no decae sino que incluso tengo la sensación de que está bien vivo, si se me permite la paradoja. Lo cierto es que en los "bodegones" siempre se dirime ese contraste entre la frescura y la podredumbre, la lozanía y la marchitez, el brote y la excrecencia.
La pintura de Maurizio Bottoni (Milán, 1950) de hoy aparentemente no añade nada a las de sus predecesores barrocos. Las pinturas de Giovanna Garzoni (1600-1670) -me estoy acordando del abejorro que revolotea sobre unos membrillos o de la mosca posada en un melón- se mantienen en ese eje de lo efímero, de lo perecedero, pero parece que predomina el encanto del momento sobre la descomposición y la muerte. Bottoni trabaja incluso con otra paleta y -como suelen decir los críticos de cine de terror- "al límite de lo soportable".  El abejorro de Bottoni se diría que está en el mismo punto de la composición que ocupa el de los membrillos de Garzoni, que no es casualidad.
Más allá del valor hiperrealista, algo que tal vez se irá devaluando y disipando conforme más pintores hiperrealistas haya, me gusta la idea de hacer coincidir especies que -dentro de mi ignorancia- me cuesta entender juntas.
También de Italia son dos artistas, Imola da Giampaolo Bertozzi y Stefano Dal Monte Casoni, conocidos como Bertozzi & Casoni. Exponen trabajos de cerámica policromada que retan toda descripción, por lo que por toda explicación remito a su web. Allí se puede ver "Regeneration", un túmulo de colchones viejos con dos pajaritos y algo de basura bajo un Buda gorila que tiene en su regazo un ciervo. Deduzco por las dimensiones que se apuntan en la colección que no son figuritas de Lladró sino de gran formato o, mejor dicho, de tamaño natural. El lagarto sobre un plato atravesado por un punzón ("Astratto"),  el clamidosaurio de King o lagarto con chorreras sobre un barreño con platos sucios ("Intervallo") o la cabeza de un pez espada sobre una silla blanca sangrienta ("Tutto") no dejan de ser variaciones sobre un mismo tema, vida y muerte. Bertozzi & Casoni en vez de usar las calaveras e insectos que usaban los barrocos, nos muestran desperdicios, inmundicias y cadáveres, en esa aspiración peremne que tiene una parte del arte por renovar su lenguaje y el estilo. Hay alguna de estas cerámicas que no diré que me gustaría tenerla en mi salón-comedor, pero sí que tiene su gracia. Pero si me dan a elegir, que no, me pediría un Panfilo Nuvolone (1581-1651).

El pobre atún de la campaña de la Blue Marine Foundation, nombre pintoresco y scuppie donde los haya, no es una novedad. La "idea" ya apareció por lo menos el 2009 con una foto de Greta Scacchi con un bacalao. Estoy totalmente de acuerdo con Juan José Millás y aún diría más, pero no hoy.

Todo parecido entre "Los cañones de Navarone" y los melocotones de Nuvolone es mera coincidencia.


"Pane assalito dagli insetti" (Maurizio Bottoni)

"Melocotones" (Panfilo Nuvolone)

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30.3.15

Lunes santo

"Empecé a escribir poemas porque una tarde de domingo,
en marzo de 1922, un amigo me sugirió que lo hiciera: nunca
se me había ocurrido. Apenas me sabía algún poema -el
 Himnario inglés, los Salmos, Struwwelpeter
 y las rimas mnemotécnicas del Manual abreviado de latín
de Kennedy son los únicos libros de
 poemas que recuerdo haber leído-, y no tenía
mayor interés en la llamada "literatura de imaginación". La mayoría de
mis lecturas se vinculaban a un mundo privado de "objetos sagrados". Además de algunos cuentos como La princesa y los trasgos de George MacDonald y Las Indias negras de
Jules Verne, cuyos temas estaban vinculados
a ciertas obsesiones mías, mis libros favoritos llevaban
títulos como Vida subterránea, Maquinaria para minas metalíferas, El zinc y el plomo
de Northumberland y Alston Moor, que había leído con el propósito consciente
de obtener información sobre mis "objetos sagrados".
W. H. Auden, "Hacer, conocer y juzgar" (El arte de leer)



En febrero Debolsillo ha publicado una antología de ensayos de Auden que leo con el mayor interés, como todo lo que me sugiere la poesía norteamericana. No deja de sorprenderme de vez en cuando -tampoco son tantas veces- la fascinación por Pablo Neruda o hasta César Vallejo (?), no la de un gran olvidado, José Lezama Lima. Por más que he intentado acercarme a los libros de Vallejo, me echa para atrás el tufo como de naftalina y maneras de crucigramista. Pero eso es una impresión personal mía en la que no debo abundar ni quiero prodigarme. Allá cada cual con sus gustos. La tendencia al crucigramismo por parte de algunos poetas es algo que no es otra cosa que molesto y casi prefiero, si se me pone entra la espada y la pared, la grandilocuencia y hasta la melifluidad con sus notas falsas y donde hasta los silencios están cargados de afectación.
El texto que traigo hoy es de la Conferencia inaugural que Auden dio el 11 de junio de 1956 en Oxford, cuando se incorporó como profesor después de haber pasado muchos años en Estados Unidos. Aunque Auden era inglés yo me tomo la libertad de considerarlo dentro de mi órbita de lecturas norteamericanas, muy cerca de Marianne Moore. El párrafo ilustra muy bien la condición de muchos escritores cuya literatura  no tiene el eco de sus lecturas ni es una recreación terciarista de lo que se consideran las bellas cultas letras. De hecho recuerdo muy bien un día que conversé con un editor y me hizo ver que las lecturas pueden ser hasta contraproducentes para un escritor. Sobre todo si no tiene una vida, añadiría yo.
*
La otra cuestión que me ha gustado encontrar en las palabras de Auden es esa referencia a los Salmos. Ya es sabido que después de pasar una corta temporada de su juventud en España, durante la Guerra Civil, decidió hacerse católico, conservador, e irse a Estados Unidos. Creo que fue por ese orden. Se suele decir que el desencadenante fue la quema de conventos. Pudiera ser. Pero habría muchos más elementos, entre los que se me ocurren las contradicciones de los dos bandos, además de los desmanes y los desórdenes. Graham Greene y G. K. Chesterton también son católicos conversos. Así como antes dije que Auden "era" inglés digo que es católico, porque asumo que la confesión no es alterada por la muerte, dado que esperamos volver a nacer en Cristo, mientras que la nacionalidad no lo sé.
Aunque siempre me ha maravillado la belleza del Cantar de los Cantares y de Job, en cuanto empecé a conocer los Salmos, que en su mitad los judíos atribuyen al rey David, el cual reinó en el siglo X antes de Cristo, supe que había mucha poesía en la Biblia. Que incluso a través de la traducción nos llegue su belleza es algo que también es maravilloso.
La iglesia ortodoxa canta unos salmos bellísimos y de acuerdo con cánones musicales que no se apartan un ápice de la tradición, ni falta que hace. Lo mismo pasa con los iconos. Entre mis preferidos, entre los salmos, está ahora el salmo 102 cantado por monjes o por la serbia Divna Ljubojević, en cualquiera de las dos versiones.
Aunque el Islam tiene un problema tribal con el chiismo yihadista, muchos no quieren ver en sus facciones radicalizadas más que una exacerbación de la fe musulmana en general y un ejemplo de las aberraciones religiosas monoteístas en general también. Los cristianos de Etiopía y de Oriente Medio, algunos de los cuales tienen como lengua materna el árabe, seguramente podrían explicar otras cosas, si es que tal y como va el asunto sobrevive alguno, claro está.
A veces, a la vista del decorado y el achatamiento litúrgico de algunas iglesias de parroquia, no me extraña que echen para atrás al menos agnóstico y todos cuantos acuden por compromiso (una comunión, una boda, un funeral). El catolicismo ha producido tantísimas obras de arte tanto plásticas como poéticas como musicales de gran calidad, pero también hay manifestaciones horrendas y sórdidas de idolatría y mal gusto. La solución no es la iconoclastia.  Ni Ikea.
*
Que Josep Pla acertara tan de lleno con "las tardes de los domingos", para referirse al quehacer literario de los aficionados, no deja de sorprenderme aún hoy, cuando le leí a Auden que empezó a escribir un domingo por la tarde. Yo no.


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26.3.15

Los sueños baratos (1)

“There is a sacredness in tears. They are not a mark of weakness, but of power. They speak more eloquently than ten thousand tongues. They are the messengers of overwhelming grief, of deep contrition and of unspeakable love.” 
Washington Irving (*)
"Una de les anècdotes més entranyables de la seva vida artística [de Charlie Rivel] es va produir quan va entrar a la pista del circ i encara no havia començat l'actuació quan un nen va començar a plorar desesperadament (probablement era la primera vegada que veia un pallasso). Rivel no podia començar a actuar, ja que el públic estava més pendent del plor del nen que del pallasso. Es va apropar a poc a poc cap al nen per fer-li una carícia i intentar-lo calmar, però l'efecte va ser el contrari i el nen va començar a plorar encara amb més força. Rivel es va retirar cap al centre de la pista i va començar també a plorar, desconsoladament, en solidaritat amb la criatura. Amb això n'hi va haver prou. El nen va callar immediatament, amb uns ulls oberts com unes taronges per la sorpresa d'haver descobert que aquell ésser vermell i amenaçador se sabia expressar també amb el seu mateix llenguatge tan transparent i directe: el plor. I Rivel va continuar plorant. Quan, encara amb llàgrimes als ulls, es va tornar a apropar al nen, que ja estava totalment calmat i el mirava bocabadat, la criatura es va treure el xumet de la boca i el va donar a Rivel, en un acte de solidaritat. El plor del pallasso es va acabar i el públic va arrencar a aplaudir. El pallasso va acceptar l'oferiment del nen i, avui, aquell xumet històric es conserva entre les vitrines del Museu Charlie Rivel de Cubelles" (Viquipèdia) (**)

o deja de sorprenderme la campaña de La Primitiva "No tenemos sueños baratos", de Publicis Comunicación España. El uso de los diminutivos acude a los tópicos de la riqueza: un viajecito, una casita, un deportivito, un barquito,  un avioncito, una motito, una piscinita, una fuentecita, un campito de fútbol, un atiquito, un diamantito, un parquecito de atraccioncitas, una mansioncita, un globito aerostatiquito, una vueltecita al mundito. La voz del anuncio es de un hombre que alguien por la red ha definido como de "vacilón", pero un "vacilón" es mucho más simpático que un cínico, por favor. En cualquier caso casi todo el mundo sabe que por mucho viaje, mucha casa, mucho deportivo y mucho globito aerostatiquito que uno ponga en su vida ahí no reside la felicidad o la alegría.  Los de la agencia Publicis -que por cierto no incluyen ninguno de de los anuncios de su campaña para Loterías y Apuestas del Estado en su haber- han tenido un éxito incuestionable con "No tenemos sueños baratos" y la prueba es que se hable. Y sin embargo, a poco que pensemos, es un poco regurgitante el mensaje que se trasmite. 
Hace unos días recordé a mi amiga Rosaura, que murió en diciembre. La última vez que la vi me sorprendió porque en un momento dado usó una campanita para llamar a su cuidadora y le recordó algo que le recordaría cada semana, que fuera a hacer su apuesta de La Primitiva. Siempre al mismo número. De sorpresa en sorpresa va una. Y es que Rosaura apenas podía caminar un poquito, escribir con dificultad ayudada por una tabletita con sintetizadorcito de voz, respirar apenas, hablar y comer nada, respirar poquito. Pero ella hacía años que apostaba a la misma serie de números con la ilusión de que le tocara un buen premio. Tal vez nuestra necesidad de contar con mucho dinero para garantizar nuestro bienestar y un futuro sin privaciones ni sobresaltos es algo tan vital como lo es, por ponernos en lo más necesario, la sed.
Podría arropar el hilo de mi pensamiento con cantidades ingentes de argumentos, pero me quedo -por la rudeza y simplicidad del razonamiento con uno que oí una vez y que reúne y condensa cuanto pretendo denunciar: "Sin dinero no hay cultura". Y donde va la palabra "cultura" podíamos poner "salud", "felicidad" y el clásico: "rockandroll". Por favor, que alguien me diga cómo hicimos para llegar a ese constructo asqueroso.
*
De todo esto me acordaba ayer porque vi unas fotografías de una sala de TAC (Tomografía Axial Computarizada) adecuada para pacientes menores. La "boca" en que se introduce la camilla del niño lleva pintada un timón y todo hace pensar en un barco, desde el suelo y las paredes hasta el aparato propiamente dicho, el cual inspira casi siempre sentimientos muy adversos y gran temor. Estos aparatos suelen estar por razones de seguridad en sótanos, sin ventanas y todo ello, sin descartar el ruido que se deja sonar durante el análisis, produce en muchos pacientes algo parecido a la claustrofobia. Los técnicos están preparados para incidentes de angustia o ansiedad y su comportamiento ayuda a pasar el trance, para el que a ves ofrecen un simple antifaz que -por mucho que les extrañe- hace mucho. El TAC también puede convertirse en un submarino. En general, todos los espacios clínicos pueden ser adaptados para que el clima no resulte tan hostil, añadiendo elementos llenos de color, personajes de la ficción y todo aquello que tradicionalmente asociamos a los juguetes.
Hace casi dos años me referí en "El jardín de Babel" a "El Jardín de mi Hospi" del Hospital de la Paz (Madrid), que vino a ofrecer una alternativa a los parques de plástico que tanto les gusta a los niños. Seguramente les gustaría más un jardín de verdad, pero eso no es factible. En algunos hospitales se conserva algún pequeño espacio exterior de vegetación, pero dentro de los hospitales no se pueden permitir plantas, especialmente si tienen tierra, por cuestiones elementales de higiene y prevención de plagas. Alguien habrá estudiado los benéficos efectos del aire libre, el sol, un paseo entre árboles en los que están hospitalizados durante largas temporadas. Incluso no queda tan lejos aquella época en que los médicos aconsejaban a sus pacientes, especialmente a los que podían, acercarse al mar o a sanatorios de montaña donde los enfermos tomaban baños de sol, de agua, tranquilidad y buenos alimentos.
Seguramente tiene que ver con mi punto de vista que fui una niña que me divertía más jugando con piedras y clavos herrumbrosos que con juguetes. Me gustaba mucho correr, saltar o "picar" los cromos, jugar a las tiendas y en las raras ocasiones en que las niñas nos mezclábamos con los niños, al churro-mediamanga-mangotero. Solo estuve una vez en el Hospital de Sant Pau después de un accidente de tráfico y en cuanto recuperé el conocimiento y me dieron unas puntadas en la barbilla me devolvieron a mi casa. Siempre gocé de buena salud, por suerte (y porque me he cuidado). Por muchos elementos de distracción, festivos y lúdicos que se amontonen en los hospitales infantiles, me temo que el factor humano sigue siendo lo más importante. Y que en cualquier caso esos elementos no justifican más gasto. O mucho más gasto añadido.


El lunes me crucé en el Hospital Materno-Infantil de Vall d'Hebron no sé si con los Pallapupas o los Papallassos, pero en cualquier caso eran cuatro pallasos voluntarios y precisamente en el momento en que me había acabado de dar cuenta que no sabía en qué lugar había guardado o dejado mi billetero. En ese momento en que la ropa no me llegaba al cuerpo, aparecieron como un torbellino de colores los cuatro pallasos con sus narizotas, lo que llaman "la máscara más pequeña" pero que es capaz de transfigurar una cara seria en una cara de payaso augusto.  No hacen falta muchos disfraces ni decorados para reconectar con la alegría, teniendo en cuenta que la alegría está adentro de cada cual y solo hay que animarla ¿Hay algo más simple que una pelotita roja?
No pude conocer a Charlie Rivel en persona, pero sí llegue a verlo en TV y siempre me admiró su economía de elementos: el carromato, la nariz roja, la peluca pelirroja, el maquillaje con una enorme sonrisa, una silla vieja de enea, una guitarra, los zapatones y una camiseta larguísima. No hace falta mucho más, porque los sueños son baratos.

Nadie conquistó las lágrimas como Rivel.

Josep Andreu Lassarre "Charlie Rivel" (1896-1983)
______

(*) Hay algo sagrado en las lágrimas, no son señal de debilidad sino de poder. Hablan con mayor elocuencia que diez mil lenguas. Son las mensajeras de una pena abrumadora y de un amor para el que no tenemos palabras.

(**) "Una de las anécdotas más entrañables es la de cuando entró en la pista del circo y aún no había empezado su actuación cuando un niño empezó a llorar desesperadamente (probablemente era la primera vez que veía a un payaso). Charlie no podía empezar su actuación pues el público estaba más pendiente del escandoloso llanto del niño que del payaso. Charlie se acercó cautamente hacia el niño para hacerle una caricia e intentar calmarlo, pero el efecto fue el contrario y el niño empezó a llorar aún con más fuerza entre las risas medio divertidas medio enternecidas del público adulto. Rivel, profundamente conocedor de la psicología infantil, se retiró hacia el centro de la pista y empezó también a llorar, desconsoladamente, solidariamente. Con eso bastó. El niño se calló en el acto, con unos ojos abiertos como naranjas por la sorpresa de haber descubierto que aquel ser rojo y amenazador se sabía expresar también con su mismo lenguaje tan transparente y directo: el llanto. Y Rivel continuó llorando. Cuando, todavía lloroso, se volvió a acercar hacia el niño, ya totalmente calmado y mirándolo electrizado, la criatura se sacó el chupete de la boca y se lo dio a Charlie, en un acto de solidaridad primigenia. El llanto de Rivel se agotó y el público arrancó en aplausos. El payaso aceptó el ofrecimiento del niño y, hoy, aquel chupete histórico se conserva entre las vitrinas del Museo Charlie Rivel de Cubellas." (Wikipedia)


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25.3.15

Miércoles de pasión

C’est dans le volume sur son ambassade d’Espagne;
ce n’est pas un des meilleurs, ce n’est guère qu’un journal
 merveilleusement écrit, ce qui fait
 déjà une première différence avec les assommants
 journaux que nous nous croyons obligés
 de lire matin et soir. » — « Je
 ne suis pas de votre avis, il y a des jours
 où la lecture des journaux me semble fort
 agréable… », interrompit ma tante Flora,
 pour montrer qu’elle avait lu la phrase sur le Corot de Swann
 dans le Figaro. «Quand ils parlent de choses
 ou de gens qui nous intéressent
 enchérit ma tante Céline.
 « Je ne dis pas non, répondit Swann étonné. Ce
 que je reproche aux journaux, c’est de nous faire
 faire attention tous les jours à des choses
 insignifiantes tandis que nous lisons trois ou quatre
 fois dans notre vie les livres où il y a des choses essentielles.
Marcel Proust, Du côté de chez Swann (*)



La palabra olfato tiene como resonancias de geología o zoología, cuando representa para mí el sentido menos engañoso. El perfume fue una de las últimas novelas que he leído, porque en mi lejana juventud leía novelas con un fervor teresiano, y me confirmó en mi interés por ese sentido, a pesar de que me ha dado más malos momentos que otra cosa. Por ejemplo, uno de los peores momentos del año es después de las fiestas navideñas, cuando en el metro coinciden todos esos perfumes que a la gente le regalan y que huelen más o menos a lo mismo, de lo que no me quiero ni acordar porque me provoca hasta cefalea. Consumidos los perfumes navideños resurgen los olores corporales a sus anchas y no son mejores, pero al menos solo inspiran curiosidad, asco y/o repulsión, no picor de ojos o broncoespasmos. En mi modesta opinión, dice más el olor de una persona que sus palabras. Buenos, que sus palabras, dice más cualquier cosa. 
Me acuerdo de una película que no me gustó nada, "Mapa de los sonidos de Tokio" (Isabel Coixet, 2009) y pienso en mi mapa de olores. Porque todos sabemos poco más o menos en nuestros movimientos diarios qué olor nos vamos a encontrar en cada sitio. Para mí es inevitable asociar el office al olor de limones salvajes del Caribe empolvados y agrios que dejan algunas voluntarias beatonas de María Auxiliadora, la fiambrera recalentada con su ajo invadiendo el pequeño espacio con su tufo inconfundible y ese olor como de cebolla o cabina de camión de las taquillas con abrigos trasudados. Hay gente cuyo olor personal me impide superar una cierta resistencia y aunque puedan ser bellísimas personas, o parecerlo, mi olfato me dicta que me aleje. Me resulta particularmente desagradable el típico olor seborreico y más si va acompañado de la evidencia de que las manos también son grasientas. Reconozco que haya a quien le resulte insufrible el olor de un hospital -aunque a mí mi hospital al menos me huele a todo menos a desinfección (?)-, porque a mí me reclama un gran esfuerzo de presencia de ánimo aguantar el tirón de alguien que apesta a su ropa interior o que pretende enmascarar su halitosis con un colutorio de "menta fresca" que produce una combinación que ni las "maderas de Oriente" ni un Diabolo podrían neutralizar. 
Los nombres que reciben los cosméticos suelen ser evocadores. No son denotadores como los que usó magistralmente Patrick Süskind en su novela. A veces los nombres son todo lo que incorpora un producto, porque -como he pretendido adelantar al principio- hay perfumes por ejemplo que son indistinguibles entre ellos a no ser por el envase, el color, la marca. Solo les digo que esas fragancias me resultan más desagradables de lo que lo sería perfumarme con un insecticida.
Y sin embargo confieso que toda la sensibilidad que me sobra para el olfato me falta para por ejemplo comprender la cobertura mediática del accidente del vuelo 4U9524 del Airbus A320 BCN-DUS, por parte de la TV, la prensa y la radio. Desde que ayer llegué a casa a las nueve de la noche hasta esta mañana en que me levanté a las 7, todo el tiempo estoy oyendo hablar del desgraciado accidente y de sus 150 víctimas. Claro que es normal que al haber víctimas de nacionalidad española o jóvenes que habían hecho un intercambio en Llinars del Vallès, a una hora y cuarto en coche de Barcelona, la cobertura sea de relevancia. Y sin embargo admito que a mí me impresionó más la matanza de Yemen el viernes, aunque el Golfo Pérsico nos pilla lejos.
No se trata de decidir si es peor un accidente (o no) de aviación que un atentado en una mezquita, pero me sorprende el despliegue de medios y incluso me producen una cierta irritación las crónicas en tono lacrimoso y puntuación emotiva que esta mañana firmaron en Onda Cero Santiago González y Fernando Ónega, con la culminación de una declaración con su gallito de su Majestad Felipe VI.  A la madre que este fin de semana se le murió un hijo en accidente de tráfico, que alguna habrá, su muerto le duele más que ninguno. Pero denuncio que nos estamos acostumbrado a segregar a los difuntos según su nacionalidad o la proximidad. Como ya hice con el jaleo del Charlie Hebdo ("Escribiendo en caliente"). Perdónenme mi sinceridad cuando afirmo que a mí me duelen más las niñas violadas por los yihadistas, aunque sean sirias, que los dibujantes fallecidos en el ejercicio de su honrado trabajo. Sí, me duelen más. Tal vez porque nadie se acuerde de ellas.

Manuscrito de Por el camino de Swann

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(*) Es en el tomo que trata de cuando fue de embajador a España; no es uno de los mejores, no es casi más que un diario, pero por lo menos es un diario maravillosamente escrito, lo cual empieza ya a diferenciarle de esos cargantes diarios que nos creemos en la obligación de leer ahora por la mañana y por la noche.» «No soy yo de esa opinión: hay días en que la lectura de los diarios me parece muy agradable...», interrumpió mi tía Flora para hacer ver que había leído en El Fígaro la frase relativa al Corot de Swann. «Sí, cuando hablan de cosas o de personas que nos interesan», realzó mi tía Celina. «No digo que no -replicó Swann un poco sorprendido-. Lo que a mí me parece mal en los periódicos es que soliciten todos los días nuestra atención para cosas insignificantes, mientras que los libros que contienen cosas esenciales no los leemos más que tres o cuatro veces en toda nuestra vida (Traducción de Pedro Salinas)

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22.3.15

Tres preguntas, diez respuestas

"Aquí es cuando gira todo el cuerpo hacia mí con una amarga sonrisa: Porque ¿qué es una comedia en vivo? ¿Os habéis parado a pensarlo, alguna vez? Pues os lo diré yo, Natanya: se trata, en definitiva, de un divertimento bastante patético, reconozcámoslo. ¿Y sabéis por qué? ¡Porque nos huele el sudor! ¿Se nos notan las ganas de ser graciosos! ¡Por eso! En ese momento se olisquea la axila, tuerce el gesto, y el público se sonríe, confuso, y yo me enderezo en la silla y cruzo los brazos sobre el pecho, como respuesta a la declaración de guerra que me ha parecido apreciar en sus palabras.
-Se nos nota la tensión en la cara, prosigue él, con una voz cada vez más potente, la presión que tenemos por hacer gracia a toda costa, por no hablar ya de cómo nos rebajamos suplicando para que nos queráis (recuerdo que esta es otra de mis perlas de nuestra conservació telefónica), pero precisamente por eso, señoras y señores, tengo el honor de comunicarles, con el mayor de los respetos y profundamente emocionado, que cuento hoy entre el público con una altísima autoridad de la justicia, el juez del Tribunal Supremo, Avishai Lazar, que esta noche ha venido por sorpresa solo para apoyar públicamente este pobre y patético arte. ¡Todos en pie!
El payaso, el muy traidor, se pone firme con un golpe de talones y después me hace una profunda reverencia. Más y más personas se vuelven para mirarme, algunas hasta aplauden con una obediencia automática, y para colmo, a mí no se me ocurre otra cosa que murmurar como un gilipollas: Tribunal de Distrito, no Supremo, y retirado. Pero él, desde el escenario, se ríe alegremente y me obliga a fingir que le sigo la broma".
David Grossman, Gran cabaret.

Sinceramente, el apelativo "comedia en vivo" me parece poco introducido en nuestro entorno. Tal vez si decimos "monólogo" perdemos exactitud pero empleamos una palabra más conocida que la que ha propuesto la traductora de Gran Cabaret, Ana María Bejarano Escanilla, la cual por cierto desaparece de la versión en libro-e. La bienhadada Wikipedia amplifica el significado de "comedia en vivo" añadiendo la forma inglesa stand-up comedy, que nos recuerda que el artista trabaja en pie, y con un dato no menor, que se trata de una representación donde el humorista se dirige a algunas personas del público. Creo que con todos esos elementos ya sí que el apelativo "comedia en vivo" se hace más comprensible para todos. Incluso muchos de nosotros pensaremos en un personaje recurrente hace 20 años, que hemos visto en películas de televisión, del comediante que se esfuerza por hacer reír a su cada vez más pequeño y menos entregado auditorio. Situación sin duda para la que tenemos casi por antonomasia otro término de las tablas: "patético".
"Patético" vendría de la misma raíz que "pasión", solo que ha adquirido un significado cada vez más próximo a "deplorable", que mueve a compasión o pena y produce una situación incómoda entre sórdida, cutre y siniestra. Que Mariano Rajoy se refiriera al jefe de la oposición socialista, Pedro Sánchez, con ese apelativo fue muy llamativo porque generalmente el presidente del Gobierno no tenía por costumbre adoptar una actitud tan agresiva o áspera. Cuando Sánchez debutó en el Parlamento como Secretario General del PSOE pienso que se le dio un trato exquisito y que se apeló a la llamada "cortesía parlamentaria", otra frase a la que se acude a menudo pero de la que no tenemos demasiados ejemplos o modelos. Su intervención fue poco más o menos la misma hace un año y el otro día, pero donde hace un año se le dio un margen, como el que se les da a todos los principiantes, ahora recibió lo que les digo. Y creo que también Rajoy le llamó "incapaz" y "ridículo", aunque para afirmarlo tendría que echar mano de hemeroteca. En cualquier caso se dirigió a su rival personalmente, no a su forma de hacer o entender la política. Ya sabemos que vendría a ser lo mismo pero a los allí presentes no les hubiera supuesto ni la mitad de embarazo.
La novedad del ataque de Rajoy me hizo considerar que se tratara de una estrategia, de una actitud apoyada en un asesoramiento del gabinete de comunicación del presidente.
En época electoral los políticos adoptan un tono de voz como el Alan Duffy de King África en "Boooomba". Así vemos a Susana Díaz desgañitarse y también marcar con sus subidas de tono al público cuando tiene que aplaudir rabiosamente.
Parece que uno de los "líderes" de Onda Cero, Carlos Herrera va a compartir antena pronto con otro profesional ya que la fórmula unipersonal al parecer está desgastada y otras cadenas están incorporando el nuevo modelo, de dos conductores. En cualquier caso nos tiene que parecer que las fórmulas no se agotan ahí ni allá, que también es posible un programa sin un locutor en cuya persona estribe el éxito del tirón. Recordemos que Luis del Olmo, tras su época de apoteosis, fue languideciendo en audiencia y paralelamente fue adoptando una especie de vanidad histriónica pero cierta. Supongo que sus colegas, por "cortesía" le seguían dedicando reconocimientos, pero sus programas ya no interesaban ni mucho menos a un 10% de la audiencia que había llegado a tener en sus mejores momentos. Siempre me gustaron mucho los locutores discretos.
+
Los franceses dicen "Tout passe, tout casse, tout lasse et tout se reemplace". Absolutamente todo, habría que recalcar. Lo que hoy parece una novedad admirable pronto será un trasto inservible o que inspira en el mejor de los casos una ternura conmovedora por su vulnerabilidad.
*
En el mundo de la farándula las tiranías de la fama se conocen bien y solo se mantienen aquellos que reciben el favor incondicional del público, que es caprichoso, o que tienen una maestría a prueba de cualquier desmayo de la fortuna. De vez en cuando asoma alguna infografía sobre cómo se reparte el pastel de los medios de comunicación esto de los bancos, qué es Vocento o qué es PRISA, Planeta, Atresmedia, Godó, etcétera. Pero hay infografías muy complejas, como la que se inserta aquí, de 2012, que haría falta más que una mañana para analizarlas o al menos comprenderlas.
Materia aparte es la manera que tienen los grupos de comunicación de hacer sus fichajes, porque desde nuestra ignorancia a veces nos parece apreciar que se aúpan profesionales que no tienen grandes méritos y, al contrario, que profesionales que sí los tienen son ninguneados.
Hace unos años supe de una mujer que pretendía, pagando, que la boda de su hija saliera en el "¡Hola!". Esto, que seguramente a los que lleguen a leer este post les parecerá patético, es tan de verdad como que ahora es de día. La familia había ganado mucho dinero primero trabajando duro y luego rápidamente con un negocio que es monopólico. Como es natural pretendían alcanzar con él todo cuanto les parecía lo mejor. Ni con todo el oro del mundo la niña, que además no era especialmente agraciada ni tenía prenda alguna fuera de lo común, podía alcanzar la portada de la revista más vendida en España después de "Pronto". Hay bodas que solo saldrían en "Pronto", otras en "¡Hola!", otras en las dos y, por último, hay bodas que no saldrían en ningún caso. Pero esta anécdota nos hace pensar que es muy seguro que hay sobornos o untos -o como los quieran llamar- que sí que habrán funcionado. De hecho, eso explicaría la mitad o más del contenido de los tabloides. Y solo nos podemos asomar a ellos teniendo en cuenta ésto. Hay sobornos procedentes de negocios legítimos y otros de negocios ilegítimos, pero ese es otro tema, el del blanqueado.
De la misma manera que en mi juventud ante un examen me planteaba "¿Qué es lo que busca/quiere el profesor que contestemos?", cuando miro las páginas de un diario me hago no las preguntas clásicas del periodismo (las seis w) -who, what, where, when, why, how- me pregunto "Who from?", "Cui prodest?" (¿A quién beneficia?) y -como dijo Josep Pla- «Y esto, ¿quién lo paga?». 

"Be yourself" (Jane Laurie)

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18.3.15

Un saco de sal

A principios de octubre pasado empecé una serie de posts sobre Rosaura Rubio, amiga que falleció el diez de diciembre. "El quinto pino de Neverland" fue de cuando la localicé en Google, por una documentación que había de cuando entró a México por Cuba, con sus padres, que fueron artistas. Después la localicé de la manera convencional pero nada dije porque me parecía insensatez revelar detalles de su estado. Yo le había perdido el contacto en cuanto se jubiló, cuando aún vivían sus padres, Ena Suriñach y Ernesto Rubio, que murieron a una avanzada edad y que prácticamente hasta el final de sus vidas gozaron de buena salud y creo recordar que hasta jugaban al mus o a uno de esos juegos de naipes que requieren su claridad mental. Esa época coincidió con una época en la que yo tuve que resituarme en este mundo y empeñar un esfuerzo descomunal en hacerlo sin ruido ni dar queja. De manera que perdí el contacto con mucha gente y mucha gente lo perdió conmigo. 
El día siguiente de escribir "El quinto pino de Neverland" telefoneé a Rosaura y atendió mi llamada no ella sino una de sus cuidadoras. Pronto supe que padecía esclerosis lateral amiotrófica y que no podía hablar. No obstante la cuidadora me la puso al teléfono y yo sí le pude hablar y pude oír su voz, aunque solo fueron dos o tres exclamaciones. Su magnífica voz, porque no en vano era la hija de un tenor y una soprano y había tenido su educación musical (piano). Aquellos sonidos que me brindó venían de lo hondo y sin embargo era una expansión de afecto y alegría. Le dije que la iría a visitar a su casa, suponiendo que ella no podría andar, y me puse más o menos de acuerdo con su cuidadora. Pero la semana siguiente, al concretar con otra cuidadora la hora, noté que algo no iba bien. Y faltando a mi palabra falté a la cita. Contrariamente a lo que se pudiera creer no me sentí mal por fallar de esa manera a una enferma, porque estaba convencida de lo descabellado de haber pretendido recuperar el contacto. Incluso puedo decir que al menos de forma patente me olvidé del asunto. 
Sin embargo, un domingo por la tarde me llamó al teléfono la cuidadora con la que había hablado el primer día y me contó lo mucho que les había costado encontrar mi número y que Rosaura me quería ver. Rápidamente me di cuenta de que mi amiga había comprendido mi temor y que había corrido a poner remedio a mis dudas. todo ello sin haber mediado palabra entre nosotras. Se había dado cuenta de que yo quería verla pero que me había desmoralizado la segunda cuidadora, la cual seguramente hacía su trabajo muy bien pero que en el trato me resultó un poco arisca. No sé si nunca apreciamos en vida suya bastante la discreción, la inteligencia y la sensibilidad de mi amiga.
Nos vimos finalmente un día de noviembre entre semana y por la mañana. Me recibió en pie y me acompañó a una salita donde estuvimos juntas un buen rato con Nina, su perra (una grifona maltesa). Allí sentadas usó una tablet con sintetizador de voz donde tecleaba cuanto me iba diciendo. Lo más adverso que me dijo es que cada día estaba un poco peor. Tenía 83 años y hacía dos que había notado que le costaba hablar y respirar. Pronto la diagnosticaron de E.L.A., una enfermedad que yo pensaba que se manifestaba hacia los 40 años pero no al final de la vida. Si bien lo pensamos, tuvo la suerte de que fuera así y no antes, porque como dije murió al mes siguiente. 
Habíamos acordado volvernos a ver pero con una tercera amiga, convaleciente de dos operaciones de cataratas, por lo que la llamé el 6 de diciembre para vernos el 13 de diciembre. Nos presentamos en su casa en la hora determinada pero allí no había nadie. Era un sábado. El martes siguiente le pedí a una compañera del hospital si me podía mirar en nuestro sistema de información si estaba ingresada. Había ingresado en Urgencias el día 9, por insuficiencia respiratoria, y había muerto el día 10.
Durante los días que transcurrieron entre nuestra cita y el Día de la Constitución, cuando la telefonée, yo había estado subiendo a internet unas canciones de un disco que me regaló, de su madre. La verdad es que lo hacía madrugando mucho o trasnochando mucho, porque algo me decía que había prisa. De manera que el día que la telefoneé pude al menos decirle que las canciones que su madre había grabado estaban en el dominio público en pequeños videoclips que estuve editando con la escasa documentación que conseguí. Hice lo que me dictaba el corazón, que muchas veces es incomprensible.
Me había parecido durante nuestra entrevista que sus padres eran de la mayor importancia para ella, especialmente porque no había tenido hijos y vivió soltera. Tal vez consideraba que ella era el último punto de conexión entre los dos artistas y la rabiosa actualidad, que a su muerte todo el mundo que ella había conocido en gran parte sucumbiría. El día que la fui a ver en algún momento se impacientó ante la pantalla, donde se le atropellaban las letras, porque no podía levantar las manos. Se ayudaba haciendo vacilar el tronco del lado del conveniente del teclado. Pero además se ahogaba, cosa que me hizo pensar que ante un catarro lo iba a tener pero que muy mal. Como así fue.
Al salir le pedí que no me acompañara a la puerta, la noté débil, con lo que aproveché para preguntarle a la cuidadora si tenía muchas visitas. Ninguna. Familia, poca y lejana, en los dos sentidos de la palabra "lejana". Creo que no es corriente, incluso para los que sí tienen descendencia, que se llegue a los ochenta años conservando una vida social plena. Es gracias a sus ahorros por lo que pudo disponer de ayuda en sus dos años de enfermedad con atrofia muscular y los otros síntomas habituales no menos crueles. Pero es muy frecuente, sobre todo en las ciudades, apreciar la soledad de los ancianos y en general la de los enfermos.
*
Ya he comentado más de una vez aquí lo mucho que me repugna el "amiguismo", esa forma que tenemos las personas de apoyarnos  coyunturalmente. No quieran saber el desagrado que me inspira el "Asinus asinum fricat" (un asno rasca a otro) y las cadenas de favores entendidas como una forma de hacer perdurar los cotarros, incluso los inmundos. Llamarle "amistad" a todo ello me parece el colmo de la perversidad.  La otra aberración sería la hipocresía, que no es menos repugnante.
La amistad, tal y como la entendemos en nuestros años de inocencia y hasta de ingenuidad, existe, pero es un bien que con los años se revaloriza. Si con el tiempo solo quedan unos recuerdos comunes, una cierta afinidad, el cariño o el gusto en el trato, no se podrá cruzar una disensión, una desatención y tal vez un reproche (?) sin que se agríen los buenos momentos. Con lo que en muchos casos hay amistades que nos defraudan, especialmente cuantas más expectativas les hubiéramos concedido, porque ocasiones para seguir cada cual sus propios intereses hay muchas.
Hay un refrán catalán que nos dice que para conocer a un amigo te tienes que comer un saco de sal, que es mucha sal. Y a lo mejor con menos ya se llega a la misma conclusión, pero es bien cierta. Y para comer un saco de sal hay que tener ganas.

Camille Pissarro. Route de Versailles, Rocquencourt (1871). Van Gogh Museum.

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15.3.15

Recurrencias y ocurrencias

"Y después también un… poner
 también una pica en Flandes  para que… bueno…
 todo esto bueno yo os lo he dicho
 un poquito para que los investigadores aprendan
  a hacer estas cosas pero que yo creo que también
  desde nuestras universidades en España como
 se viene haciendo en el extranjero es hora de que llevamos
 ya varios años hablando sobre el tema de...
 datos, datos en abierto, publicar datos
 pero eh es hora de que hagamos algo en nuestras
 universidades, es hora que desde las bibliotecas
 se fomente el trabajo con… de cerca con investigadores
 con datos para facilizarles [sic] un poquito este
 tipo de retos que hemos hablado y bueno... es un poquito todo, cualquier pregunta. "
(Jornada FOSTER (*) Formar a los jóvenes investigadores en el acceso abierto al conocimiento. Universidad Complutense de Madrid 23-10-14 (45:05)


entro de las relaciones personales como en las relaciones laborales a veces tenemos la sensación del déjà-vu, de que una discusión ya se había recorrido o un tema que ya se había superado vuelve a reaparecer de forma inverosímil pasado un tiempo, de forma recurrente. De vez en cuando alguien se vuelve a arrogar el invento de la rueda con pueril alharaca, congresos, jornadas y eventos. Esto, según tengo reflexionado, se podría remediar siempre que cuando acometiéramos un tema no diéramos por sentado que es nuevo y que nadie más lo ha trabajado. A veces hay estudios que trabajan en paralelo, cada cual en una disciplina y construyendo toda una terminología que los hace incomprensibles entre sí o por lo menos impermeables. Esto ocurre, según yo he observado, a veces, entre la Medicina y la Enfermería. Pero no quiero poner ningún ejemplo porque eso sería tanto como señalar nombres y ser antipática. Otras veces hay estudios que simplemente obvian los experiencias o investigaciones previas porque se consideran superadas y se desestima su revisión. Pero la rueda ya está inventada.
La transcripción procede de una presentación de Luis Martínez-Uribe en la Jornada Foster de octubre pasado en la Universidad Complutense. Es un buen ejemplo de reinvención de la rueda pero también de que se le dé un papel casi exclusivo y delantero a las universidades en investigación, aunque sea por antonomasia. No solo se investiga en las universidades. Eso primero. Y, segundo, hace décadas que en muchas publicaciones, especialmente las norteamericanas, se habló de "bibliotecarios clínicos". De la misma manera que en el diagnóstico se consideraba determinante el uso de las tecnologías de la imagen y de laboratorio, también se observó que las fuentes bibliográficas eran muchas veces no ya de gran ayuda, sino concluyentes y se cuantificaron hasta demostrar que eran las más económicas. Se consideró que el bibliotecario tenía que trabajar más estrechamente con los clínicos para ayudarlos en el día a día y no solo " a toro pasado", cuando los casos ya habían sido resueltos, tabulados y discutidos para su publicación. Una de las bibliotecarias que en aquel entonces estaba por esos temas es ahora la autora norteamericana más citada en open data, Carol Tenopir
Donde Luis Martínez-Uribe pone una pica en Flandes yo entono un mea culpa. Tópico por tópico. En los años noventa colaboré con un grupo de investigación en la recogida de datos para una serie de unos cuatro mil pacientes con trastornos lipídicos. Aunque en más de una ocasión se me dio a entender de forma inequívoca que sin mí no se hubiera podido hacer el estudio principal, cuando se publicó el primero observé con amargura que entre los autores no estaba yo y además había alguno que no había hecho nada. Y cuando digo "nada" es nada. Esto mismo o parecido me ha ocurrido más veces y he llegado a varias conclusiones: que entre los autores siempre hay menciones por favores debidos, que no he sabido hacer valer mi trabajo y que la "ciencia" desde el punto de vista social anda muy atrasada. También podríamos hablar del famoso "techo de cristal" que sufrimos si no todas las mujeres las que somos tontas y no sabemos hacer que nuestro saber y nuestras labores sean reconocidas. Por eso hablo de mi culpa. 
Pero también hablo de que hay picas cargadas de arrogancia. Por lo menos en mi entorno siempre he observado que los bibliotecarios han colaborado con sus usuarios más allá de lo que se les pedía incluso. Sería injusto olvidar que muchísimas veces hemos obtenido un reconocimiento entre los agradecimientos de las publicaciones o las tesis, o que incluso se nos ha incorporado para dar alguna leccioncilla en algún programa de doctorado en el que se incluía la documentación. 
Una de las plumas neurocientíficas más ilustres que tenemos en Barcelona, que tiene unos 800 artículos en su haber, me oyó una vez emplear la palabra "profesional" para referirme a una colega. Y me dijo, "cuando dices profesional me recuerdas a las señoras que van a visitarse con mi mujer en Drassanes". Se refería a las prostitutas que atienden en el Centro de Atención Primaria de Drassanes, Centre de Prevenció i Control d'Infeccions de Transmissió Sexual, que se presentaban como "profesionales". Otro catedrático también me dijo una vez que "las bibliotecarias nunca irían en Mercedes". Y por el estilo tenemos infinidad de anécdotas más o menos malapáticas y malalácticas.
Este tipo de comentarios cuando una es joven le repatean pero con el tiempo se aquilatan y si bien nada los desprenderá de todo el veneno y la saña que llevan inoculados, incluyendo a las bibliotecarias, las putas y los Mercedes, hay que reconocer que al lado de la cruel realidad son hasta delicados, blandos, jocundos.
Entre recurrencias y ocurrencias va apareciendo alguna pica flamenca que pretende abrirnos los ojos a la "modernidad" y a un manojillo de gadgets, casi siempre traídos desde el extranjero, porque naturalmente "lo sant quan més lluny més miraculós".


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(*) Facilitate Open Science Training for European Research (FOSTER)  

12.3.15

La rosa enflorece

Abril es el mes más cruel: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales.

Thomas S. Eliot, "La tierra baldía"





Seguramente una de las películas que más me han gustado es "El tercer hombre" (Carol Reed, 1949), aunque solo la he visto una vez y en la TV. Pero el tercer hombre en el que pensaba hoy no es el que enigmáticamente aparece en el principio de la película (o de la novela, de Graham Greene), sino el de John Geiger, tomado de "La tierra baldía":
¿Quién es ese tercero que camina siempre a tu lado?
cuando cuento, sólo somos dos, tú y yo, juntos
pero cuando miro delante de mí sobre el blanco camino
siempre hay otro que marcha a tu lado
deslizándose envuelto en una capa parda, encapuchado
no sé si es un hombre o una mujer
— ¿pero quién es ése que va a tu lado?
Los versos de Eliot están inspirados en la experiencia de Sackleton y sus hombres hacia el final de la aventura del Endurance, cuando les parecía notar la presencia de un hombre que les acompañaba en su desesperado intento de intentar alcanzar un puerto ballenero en una barquita, a través de un glaciar inmenso. Eliot convirtió el "cuarto" hombre (porque fue con Sackleton y dos hombres más) en "tercer hombre", y es así como se conoce la sensación vívida que han experimentado algunas personas al límite de sus fuerzas en situaciones extremas, de que alguien les acompaña y está ahí. Tal vez el caso más conocido que analiza John Geiger es el del superviviente del atentado de las Torres Gemelas. Naturalmente al efecto se le han querido dar explicaciones desde angélicas hasta neurológicas, pero -como ha advertido un neurocientífico solvente- cualquier interpretación acabará por topar con el misterio y por vadear terrenos donde el formalismo cientificista solo demuestra un despliegue de medios ditirámbicos pero inútiles, cuando no ridículos. 
La Medicina ha explorado obviamente las cuestiones neurológicas, no las místicas. Julian Jaynes, psicólogo, triunfó con sus teorías sobre el bicameralismo en torno a los amigos invisibles de los niños, las voces que oyen los enfermos esquizofrénicos y los supervivientes de situaciones extremas que percibieron el tercer hombre. Según Jaynes en estos casos las funciones del hemisferio derecho cerebral consiguen prevalecer sobre las del izquierdo y devolvernos a un estado ancestral, cuando los humanos percibíamos de forma claramente diferente y disociada lo que procedía de un hemisferio o de otro. En la actualidad solo andaríamos unificados pero de forma imperfecta, especialmente algunas personas, ya que en un caso al límite la famosa lateralidad vuelve a manifestarse y desatarse.
Con esas ideas y las que se ilustran en el libro de Louann Brizendine sobre El cerebro femenino y las hormonas es fácil justificar los superpoderes de las madres. Hace unas semanas tuve una corta conversación con un pediatra de nuestro hospital y yo le comentaba la pena que me inspiraban los niños de corta edad enfermos, algunos de ellos incluso de nacimiento y con patologías atroces. Pero el pediatra, no sé si para consolarme, me aseguró que los niños no sufren. Sufren lo justo, lo que toca durante el proceso de sus ingresos y de la convalecencia o la muerte. En cuanto desaparece el dolor o el malestar, vuelven a ser niños, si es que en algún momento dejaron de serlo. Pero, me dijo, los que sí que se afligen muchísimo son los padres. Los padres y en especial las madres sufren lo indecible.
Y el caso es que las madres (por lo menos las clásicas, porque es cierto que alguna corre por ahí que se sale de todos los patrones), las madres mitológicas, sufren desde que sus hijos nacen hasta el final de los tiempos y más. Sufren por lo que hay, por lo que no hay, por lo que puede pasar y lo que no, por lo que no tiene remedio y por lo que lo tiene. Y ese sufrimiento parece que no tiene otra razón de ser que la de mantener la especie, pero algunas se toman lo de ser pilar biológico de una manera obcecada, incondicional y cerril. 
Anteayer prometí incorporar aquí el epitafio que más me gusta del cementerio de San Andrés. Y como me gusta cumplir mis promesas lo antes posible, aquí lo he traído hoy, con el nombre de la niña pixelado para que no pueda ser identificada: "Aquí descansa la muy apreciada jovencita Elena [...] fallecida el 4 de abril de 1954 a la edad de 9 años. Tus papas, hermanita y familiares nunca te olvidarán. E.P.D."
Ni el epitafio a la niña Erotión célebre de Marcial me parece tan rematadamente bonito como este otro de Elena, en el que el texto parece esforzarse por alcanzar la orilla de sencillez, neutralidad, eternidad y pureza que tiene que ser la infancia. Sobre la lápida hay la misma oración en alefato que se puede advertir en todas las sepulturas que por ese lado hay, pero no estoy segura que sea el Kaddish, una oración judía bellísima. El otro día era la única tumba que tenía una flor, una rosa que surgía de la tierra. Sobre la inscripción dejé suavemente una piedra de las que por allí habían, como mi propia oración y la oración por todo lo que no puede ser.
*
Incorporo también una versión de una de las más bellas canciones sefardíes, "Los bilbilicos" (Los ruiseñores), cantada por Anna Jagielska-Riveiro, sin desdoro de la de la arpista Therese Schroeder.

Tumba de Elena V.M. en el cementerio de San Andrés (Barcelona)

La mejor versión de "Los bilbilicos" (canción sefardí) 
por Anna Jagielska-Riveiro y Michał Pindakiewicz 

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10.3.15

Las madres preferidas



"No ha habido ni habrá una madre como ella en todo el mundo" leí el otro día en un nicho funerario que me llamó ya de lejos la atención. Refulgían a la luz del mediodía sus letras doradas y un inusual marco también dorado cubriendo el vidrio de la lápida. La jardinera y las dos macetas le acaban de dar un toque romano o de hotel de cuatro estrellas clásico. El resto de los nichos tiene los marcos de acero inoxidable o, los más antiguos, de bronce.
No recuerdo exactamente el cuento pero hace unos años Anxo Quintana, que se autocomparaba (ha que hablamos de los romanos) con Espartaco, con la misma soltura con la que nuestro President Mas se compara a Gandhi o a Nelson Mandela o a Martin Luther King, que tenía en su programa la galleguización de los cementerios gallegos, de las inscripciones y los epitafios se entiende. En Cataluña, donde tanto se ha hecho para que la rotulación de las tiendas fuera en catalán, persiguiendo con multas a los infractores y avivando la sicofania y la fractura social al incentivar a los delatores, nada se ha dicho de los difuntos. Descansan en paz. Y los cementerios parece que están sino en un régimen de libertad de expresión, por lo menos con una cierta holganza incluso estética. 
Colgué en Alquimia del humo hace tiempo un post titulado "Al fin solos" porque la fotografía era de una lápida donde se leía en catalán "Destinado exclusivamente al matrimonio Josep Mª [...] Rosita". Esta inscripción me resultó algo antipática, aún admitiendo que sus razones tendrían para pretender gozar de la paz eterna cincuenta años o los que les permita el contrato y hacerlo solos. Me acabó de convencer en mi desagrado una inscripción parecida pero a mi entender mejor resuelta en otro panteón de otro cementerio que reza en gallego "Siempre juntos" (Sempre xuntos) y es evidente (y conmovedor) por la lápida que la diferencia entre el traspaso de un cónyuge y el otro era de unos 20 años. 
Si les digo que hay blogs enteros sobre el tema no les sorprenderá y no hace mucho el "ABC" publicó con motivo de Todos los Santos una memorable selección de esquelas de su propia colección, ya que cuenta con una sección de necrológicas y de aniversarios con bonitos ejemplos. Como es natural tomar fotos en los cementerios está prohibido y mucho más publicarlas. Ya en otras ocasiones he corrido a advertir que si alguien considera que una de las fotos que voy incorporando en mis blogs puede resultarle ofensiva o molesta o indiscreta, sin ninguna objeción la retiraré. Ambas fotografías están pixeladas de manera que es imposible identificar nombre alguno. La primera fotografía ya la he comentado, aunque me falta añadir que -como es el caso de otros nichos- la decoración está invadiendo el terreno ajeno. La segunda fotografía es un detalle de la lápida. La tercera fotografía es de un panteón evangelista gitano, donde hay enterrados y descansando en paz varios difuntos. En ella se puede ver una guitarra de mármol y también una pistola de unos 50 cm, que es el motivo que les quería traer hoy aquí.
Seguramente la inscripción más bonita que hay en el cementerio donde está una parte de mi familia es en la parte judía, la inscripción a una niña de nueve años. Como tantas otras sepulturas que se encuentran allí es de finales de los años 50. He de suponer que los restos que hay se depositaron en una época de transición y que después de los años 50 los judíos de Barcelona pasaron a ser enterrados en otro lugar. Me gusta la inscripción porque parece estar pensada para que la entendiera bien la niña. Tal vez algún día la traeré al Álbum. 
No creo que haya nadie que quiera más a su madre de lo que yo quiero a la mía, pero yo le digo que es mi madre preferida, no la mejor o que como ella no hubo ni habrán otras.





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9.3.15

Mis lagartijas

"Better to write for yourself and have no public, than
 to write for the public and have no self"
Cyril Connolly

El sábado me acerqué a "La Maquinista", un mall con más de 200 tiendas, cines, restaurantes, cafeterías. Aunque se abrió el año 2000 solo había estado una vez el año 2005 tomando un té con una amiga. Anteayer fui porque quería ver si en Leroy Merlin tenían unos canteros antideslizantes de rosca interna que busco. Leroy-Merlin es una tienda-ancla, esto es que junto con otras -como la de Media Markt, Zara, Apple Store y Carrefour- atraen la mayor parte de la clientela. Todos los establecimientos son cadenas y para mí no tiene el menor interés ir allí y de hecho, cuando ya llevaba solo 20 minutos empecé a encontrarme mal, cosa que me ocurre en todos los no-lugares. Aunque mi última referencia a los no-lugares la traje vía Zygmunt Bauman hace bien poco, es un tema que ha ido recorriendo este blog desde el 2009 por lo menos, en La letra pequeña, con una obligada cita a Marc Augé, quien primero designó esos lugares como los aeropuertos, los centros comerciales y otros donde la alienación es apabullante.
"La Maquinista" proviene de que el solar es donde había estado La Maquinista Terrestre y Marítima (1855) que funcionó como empresa metalúrgica, más o menos desde que dejó los talleres de la Barceloneta (1965) hasta que se marchó a Santa Perpètua de la Mogoda y a Mollet del Vallès (1993). Ya por el nombre es fácil adivinar que era de la segunda parte del siglo XIX, de la misma manera que es posible adivinar por el nombre de una persona su edad, sobre todo si obedece a las modas, a series de éxito o a la coincidencia con el nacimiento de alguna princesa de tirón mediático, como fueron Soraya o Estefanía.
"La Maquinista" queda separada de Sant Andreu y de su principal vía comercial (Carrer Gran) por las vías muertas y vivas que van a dar a la estación de cercanías de Sant Andreu Comtal. Las vías muertas, los descampados con materiales ferroviarios vallados sí me resultan muy atractivos. Fascinantes. Tuve la suerte en mi infancia de que además de las calles y el parque de Los Pinos teníamos unos cuantos descampados: la llamada "bóbila", cuyo nombre ya indica que hubo uno de aquellos hornos de arcilla que hubo en la primitiva industria de la zona, los terrenos de las cocheras de los autobuses y solares en que luego se fueron edificando o pisos, o la Parroquia o un colegio público.
No es que vaya a defender que entre mis buenos recuerdos esté haber visto como los niños metían a los gatos callejeros en un saco y los quemaran en una hoguera en vivo, porque eso ni siquiera ahora es un buen recuerdo. La caza de lagartijas o el secuestro de niñas cursis para torturarlas con preparados hechos con ratas tampoco es que sea algo de lo que hacer gala ni enorgullecerse. Uno de los tajos más profundos que he visto fue un día en las cocheras porque un chaval al saltar se rasgó la pierna con un clavo oxidado. Pero no se la tuvieron que cortar. Fueron unos puntos, doce o trece, y a seguir corriendo. Esos espacios de una cierta libertad y algo de fauna, alguna flora y muchas piedras, vidrios y maderas abandonadas eran como el Mississipi fue para Huckleberry Finn, un terreno digno de ser explorado, un sitio donde guardar secretos o esconder la madera de San Juan, un lugar donde jugar tranquilamente a pelota, a las gomas, a canicas, a las cocinitas o a médicos.
El bullicioso Carrer Gran, lleno de transeúntes, de tiendas particulares, cafeterías de pequeños propietarios, pero también muchas cadenas, choca con el extenso yermo de las vías muertas y la proximidad de los más de 250.000 metros cuadrados del no-lugar de La Maquinista. La transición es brutal y apenas la remedia si no es que la resalta un parque de bonitos pinos de unos 30 años que hay tocando la calle Sant Adrià, que se eleva sobre las vías desangeladamente.
Es posible que una vez que se recobraron las obras de Fomento tras el obligado parón en La Sagrera, cuando era Pepiño Blanco ministro y la crisis se impuso, se urbanice con mejor tiento ese enorme territorio aunque sea en veinte años a la vista.  Si recobramos un ayuntamiento socialista se cuidará mejor de que las soluciones de continuidad sean más humanas.  Y lo digo desde el convencimiento que me proporciona la experiencia que hemos tenido con muchos años de municipalidad en manos de PSC y cerca de cuatro años con Xavier Trias (CDC). Por lo menos en urbanismo, y eso sin entrar en detalles, hemos salido perdiendo.
Lo que buscaba no lo encontré en Leroy Merlin, aunque debo decir que tiene una superficie que haría las delicias de cualquier amante del bricolaje, como yo lo soy. Como muy bien han visto Augé y Bauman, esos no-lugares son apabullantes. Si algo bueno tienen para mí es el constatar que no tienen nada de lo que verdaderamente necesito. Dicho sea admitiendo que nada ni nadie me devolverá mis lagartijas de la bòbila ni de las balsas o el barranco.

Los Angeles Alligator Farm [?]


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