30.12.09

La tergiversicina: Carta abierta a Alejandro

 Clark Gable y Carol Lombard en el papel de bibliotecaria, en “No man of her own” (Mitchell Leisen, 1950)

“En toda Europa existe la impresión de que hay demasiados libros, al revés que en el Renacimiento. ¡El libro ha dejado de ser una ilusión y es sentido como una carga!” (J. Ortega y Gasset, “La misión del bibliotecario”, Conferencia leída por el autor en el paraninfo de la Universidad de Madrid, como discurso inaugural en el 2° Congreso Internacional de  la International Federation of Library Associations, el día 20 de mayo de 1935).
Releía días atrás “La misión del bibliotecario”, un texto que ya había leído cuando era una estudiante de Biblioteconomía-Documentación. Antes solía decir que era fácil distinguir los alumnos de mi Facultad que habían tenido clase con Nora Vela y con Assumpció Estivill de los que no. Últimamente lo que pienso y no suelo decir es que hay bibliotecarios malos y buenos. Así, como en las películas del Oeste. Por malos me refiero a los seguidores de Jorge de Burgos, el bibliotecario de El nombre de la rosa empeñado en ocultar el segundo libro de la Poética de Aristóteles. Por malos entiendo a los bibliotecarios que no hacen su trabajo, el de ser los preservadores e intermediarios entre la gran masa de información y las gentes que podrían estar interesadas en algo de lo que hay en ella. Otra cosa es si son malos porque no saben más o porque tienen algún interés en no hacer su trabajo o porque no tienen interés en hacerlo. Ahí yo no me meto.
La imagen tópica de los bibliotecarios está desintegrada en infinidad de películas y suele ir asociada a una imagen como la que da el fantasma de Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984) haciendo el sifón (sshhhh!!)  y la no menos estereotipada bibliotecaria frígida y sesentona  Alice Drummond. Lo que no suele abundar es la idea del bibliotecario o bibliotecaria como Jorge de Burgos, en quien se vio un trasunto de Jorge Luis Borges, dada la pendencia existente o imaginaria entre Umberto Eco y el escritor argentino. Tampoco suele asociarse a los bibliotecarios con uno de esos personajes perversos que salen en los dibujos animados , sabios o científicos locos que se creen el amo del mundo (así, en singular)  y con el derecho de destruirlo. No olvidemos que uno de los inventos más famosos de Saturnino Bacterio fue la tergiversicina, un producto con el cual el Profesor pretendía aumentar la potencia de las cosas, pero el invento falla y explota, esparciéndose un gas que hace que todo funcione al revés.
Será por eso, por una intoxicación masiva de tergiversicina, por lo que ya es difícil distinguir qué es lo que está del derecho de lo que está del revés, pero yo sé y tengo para mí que alguien que ejerza como bibliotecario nunca debería faltarle el  respeto a un autor, ni a un editor, ni a un traductor, ni a un distribuidor, ni a un encuadernador… “¡Ni a nadie!”, se dirá. “Ni a nadie”, digo, pero sobre todo a un autor. ¿Por qué sobre todo a un autor? Pues porque se le supone un papel ecuánime, neutral, objetivo, porque debe arrogarse unas técnicas de trabajo y unos criterios basados en la buena práctica y la ética profesional  especialmente con respecto a la materia que lo ocupa. Que en su vida privada deje a un escritor a caer de un burro es comprensible y hasta sano. Hasta cierto punto, claro. El deporte español de poner verde a alguien esencialmente no está mal y de hecho admitamos que un poco de crítica, de pataleo y burla es hasta higiénico. Lo malo es cuando no se practica más deporte que el de criticar y esto cargando las tintas con la bilis más negra, más negra que el basalto, que en el mundo hubiera. Servidora le tiene verdadera inquina a los autores subvencionados, pero no tanto porque se lo merezcan o no se lo merezcan  (allá ellos) como porque los tenemos que sufragar los contribuyentes. Y sin embargo es algo que sólo lo sabe gente de mi confianza, amigos de toda la vida que soportan estoicamente mis dos minutos de indignación cuando se desliza tal tema. Esa manía fóbica mía ni asoma en *A la flor del berro ni asoma con más motivos en +Tibidata, mi otro blog, el de trabajo.  Por lo general creo que en *ALFB suelo hablar de mis desengaños y de lo que me gusta y en +Tibidata de lo que puedo, que no es mucho pero que intento que sea útil.
Así es que al ver una ¿”crítica”? adversa, o habría que decir perversa, a tu Devocionario pop en la red, se me cayeron los palos del sombrajo. Y no sólo por lo que llevo dicho, ya que la ¿”crítica”? la firma un bibliotecario ( !) , sino porque te aprecio y te admiro y porque me dolió. Otra cosa es que de vez en cuando te reprenda con un rapapolvo, como el otro día cuando dijiste de Zapatero que era UN PENSADOR (#?!).  Luego me doy cuenta de que tal vez el presidente despierta en algunas personas una fascinación que no solo no comparto sino que además no puedo ni concebir ni desde mi cabeza ni desde lo hondo de mi corazón.  Recapitulo y me doy cuenta de que no hace tanto Bernat Soria en su nombramiento como ministro de Sanidad dijo algo así como «al presidente Zapatero yo le daría el Nobel de la Honestidad y la Solidaridad» , por lo cual muchos columnistas lo nominaron para el nobel al peloteo. Y hace menos aún, Leire Pajín, en un desayuno informativo de Europa Press, dijo como en pleno trance nostradámico: “Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE”.  Por lo tanto algo os suscitará Zapatero a algunas personas para que os arrobe a tal punto. A pesar de nuestro desencuentro en casi todos los temas –sean las cualidades de Pío Baroja como escritor, las de Amenábar como cineasta, las de Dios como Dios, está claro que nos entendemos en lo fundamental.
Hoy he recibido el ejemplar del Devocionario pop que he comprado y estoy contentísima de ver tu trabajo materializado y de poderlo disfrutar. En la contraportada leo: ”De los Carmina Burana a Elvis Costello, 46 canciones memorables sirven de punto de partida a Devocionario pop, un peculiar libro de oraciones en el que Dylan predica en alejandrinos o endecasílabos de gaita gallega y las visiones lisérgicas de los Beatles, Pink Floyd o los Doors inspiran décimas, sonetos o romances. Con esta historia elíptica del pop, el autor integra en nuestra tradición no tanto el texto (solo cinco poemas son versiones, muy heterodoxas, de canciones) sino la estética y mitología del mejor pop”.  Por una vez en este blog me limito a hacer de bibliotecaria y no añado nada más a favor de lo que se defiende por sí solo ni en contra de lo que se  desploma  por sí solo, a pesar del séquito de algunos energúmenos que le hacen coro en los comentarios. Hay gente para todo, Al.

If six were nine
Me levanté a las seis para escuchar a Jimi Hendrix
(era un documental de Canal Plus, intempestivo)
y escuché a sus amigos, familiares y vecinos
contarme historias tristes de mafiosos que chulean
y público tocino que ha cogido gusto al truco
del hombre tremebundo que asesina su guitarra.
Hablaron de las drogas y eran todas espantosas:
el ácido lisérgico diríase sulfúrico;
contaban que volvía algo medroso al pobre Jimi,
dócil a los consejos de su mánager corrupto
e injusto con su amigo y gran bajista, al que botó
el día que empezaba a hacer preguntas sobre el tema
de adónde va el dinero y quién decide lo que hacer.
De música hubo poco. Daba igual: algunos negros,
en tanto aprovechaban para hacer patria del genio,
no podían dejar de lamentar que su conciencia
política estuviera poco menos que en mantillas.
Todo el mundo escupía sobre los años sesenta
como si se temieran (y, tal vez, no sin razón)
que del espejo roto fuera a alzárseles un doble
punible en estos días de moral inoxidable
por posesión de drogas, de izquierdismo o de verdad.
Era bastante obvio que compraron los testigos,
pero de todas formas daba pena la traición.
Tome nota mental: nunca madrugues. A esas horas
el mundo es tan horrible que tan solo se soporta
si has pasado la noche disolviéndote muy lejos
de la televisión, ojo sin párpado de Dios (*).


(*) A.A. González Terriza, Devocionario Pop (1220-1996): 41 reflejos y 5 metamorfos. Madrid: Trea, 2008.

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29.12.09

Inocentes, culpables y santos

Himawari Nohara
“Hace 3.000 años los chinos decidían sobre la honestidad del testigo haciéndole tragar rápidamente cierta cantidad de granos de arroz inmediatamente de terminada la declaración. Si no podía tragarlo quedaba probado que el testigo había mentido, y consecuentemente anulaban sus declaraciones. Los israelitas sometían al sospechoso al Juicio de Dios. El testigo debía tocar una barra de hierro al rojo vivo con la punta de la lengua. Si se quemaba era prueba de que estaba mintiendo, si por el contrario la lengua aparecía sin daño probaba su sinceridad. Estas técnicas estaban sustentadas sobre el papel del estrés como facilitador de la detección del engaño, que siglos más tarde con los avances de la medicina guardarán relación con el efecto del estrés sobre el sistema inmunitario (Falsas acusaciones)
Hace un tiempo hablamos de los cuñados y las cuñadas (Momentos estelares de la humanidad y Las bondades), también de las madres de España (esos seres mitológicos) se ha tratado  aunque siempre de soslayo. A mi padre le dediqué un post entero (Pater). De lo que sí que podría hablar y mucho es de los hermanos menores.  Hubo un tiempo que hasta usaba un llavero con Himawari, la hermana menor de Shin Chan (Shinnosuke Nohara).  Hoy simplemente diré que el hermano mayor (que no Gran Hermano), aunque tendría que ser nuestro primero contacto con un “igual” resulta ser nuestro primer contacto con la pérdida de la inocencia y de la ingenuidad. Ya sé, ya sé que no hace falta tener un hermano mayor para volverse una hidra venenosa y comportarse como un ruin. Tampoco creo que haya que enfocar el asunto de la hermandad bajo el punto de vista de una mala experiencia como la de que  un hermano mayor le revele a un hermano menor en falso que él/ella es un niño adoptado. Eso son tonterías. Además hoy en día la bromita de que te diga tu hermano “tú, eres adoptada” queda totalmente descontextualizada por la abrumadora realidad de las adopciones generalizadas y todo tipo de modalidades de parentesco. Ya volveremos al tema de los hermanos menores en algún día del futuro imperfecto.
Hoy leo un post magnífico de Luisa Cuerda titulado “Feliz inocencia, culpable ingenuidad”, que desafortunadamente está limitado por la extensión de su columna en “El Mundo”. Es buenísimo. Y les invito a que lo lean en su blog, pero también lo transcribo aquí:  “Hace ya unos años que los gobernantes del pequeño reino de Bután miden la felicidad de sus ciudadanos como en otros países se mide el PIB. Desde que recientemente se publicó un reportaje sobre esto, ha crecido el número de españoles que quieren ir a Bután en vacaciones, de lo que podría deducirse no sólo que la felicidad nos importa, sino que somos tan ingenuos como para creer que nos está esperando en un lugar a donde nos puede llevar una agencia de viajes. Ingenuos, que no inocentes. Porque tal día como hoy puede ser un buen momento para distinguir ambos conceptos, que suelen confundirse con grave daño para la inocencia, de la que la ingenuidad es una mala imitación. Ingenuo es, por ejemplo, quien busca la felicidad como una meta; inocente, quien la experimenta como consecuencia de aceptar la vida como viene. A ser ingenuos nos lleva el egocentrismo y el miedo, dando por hecho que tan ingenuo es quien cree que si es bueno le irá bien como quien aplica la ley del más fuerte. A ser inocente por segunda vez, que es la que importa, se aprende desaprendiendo ingenuas ideas preconcebidas y liberándonos de lo que nos han dicho que somos, es decir, culpables (inocente significa, también, “libre de culpa”).
Por eso es muy significativo que en nuestra sociedad se identifique a los inocentes con niños o con retrasados mentales, o sea, con personas de inteligencia sin desarrollar. Se diría que oponemos una cosa a la otra, que estamos resignados a que los desmanes de nuestra inteligencia malcriada nos hagan desdichados, cuando si la inteligencia tiene un cometido es el de ayudarnos a encontrar el camino de lo que nos dicta el corazón. Con un mínimo esfuerzo, todos podemos recordar con qué poco nos sentíamos felices antes de convertir nuestra inocencia en ingenuidad aprendida y, por eso, manchada de una culpa que nos impide ver claro. Sería suficiente conectar con ese recuerdo para darse cuenta de que ese poco nos sigue bastando.”
Le comenté hace un rato a L.C. que lo mismo que hay una confusión entre ingenuidad e inocencia también la hay, sistemáticamente, entre escepticismo y desengaño. Servidora casi nunca desconfía de los desengañados, pero ve a los escépticos  y ya no digamos a los escepticistas como unos chafaguitarras y unos perezosos que siempre están dispuestos no a trabajar pero sí a desmerecer cuanto hagan los demás. Yo pensaba, al leer el título del post de Luisa, que trataría sobre las falsas acusaciones  de las que últimamente se habla en especial a causa del llamado “maltrato de género” y que tienen como única justificación perseguir beneficios económicos o trascender algún trastorno psicopatológico de “ciertos sujetos fabuladores necesitados de estima o perversos”). Y sin embargo o por todo ello, trata sobre la inocencia.
Lisa Simpson
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23.12.09

Post 362: Secundarios


ace unos días estuve disfrutando de “El testamento del Dr. Mabuse” (Fritz Lang, 1933) y reparé en el papel de los actores secundarios, su valía interpretativa. Los personajes secundarios siempre me han llamado poderosamente la atención, incluso los de la vida real, que también los hay y sin los cuales es difícil explicar muchas situaciones y hasta sostenerlas. Hablo ahora en general, cosa que no me gusta como se sabe. Para entrar en el pormenor y en lo concreto simplemente me referiré a aquellos casos en los que se requiere nuestra participación como público o como “secundarios”. Por ejemplo en las bodas, tal y como se celebran en su mayoría. Damos por sentado que la “estética” de la boda es poco más o menos como la organización de un altar mayor, piramidal y simétrica, con una fachada y un territorio no visible como el que hay entre las bambalinas.

Estos días me he regalado el documental de Roberto Rosellini sobre la India (“India Matri Bhumi”, 1959), el teatro completo de Shakespeare y un par de calcetines con pingüinos emperadores. Los calcetines los estrenaré el día de Navidad (“Per Nadal qui res no estrena, res no val”, se dice en Cataluña), el vídeo me lo hice traer del Japón y ya lo he mirado un par de veces. El Teatro completo lo empecé a leer ayer, con la comedia sobre Los dos hidalgos de Verona, que se cree que fue una de las primeras obras de su autor. Se cita el 1598 aunque no fue publicada hasta el año 1623, en el famoso First Folio. Sin duda los dos personajes literarios más famosos de la comedia no son los dos hidalgos (Proteo y Valentín) sino Launce, el criado de Proteo, y su perro Crab. El perro “aparece” en dos escenas cómicas, y digo aparece entre comillas porque -como es natural- el dramaturgo se vale del recurso del teatro dentro del teatro para  que Launce o Lanza explique las andanzas de Crab en vez de representarlas:

“ESCENA CUARTA.
El mismo sitio.
Entra Lanza con su perro.
LANZA – Cuando un criado se porta con su amo como un perro, todo va mal. A este perro le crié desde cachorro, le salvé de ahogarse cuando echaron al agua a tres o cuatro de sus hermanos y hermanas. Le he instruido con tierna solicitud. Mandome mi amo ofrecerlo como regalo a doña Silvia; pero apenas entré yo en el comedor, se fue derechito a la mesa y hurtó un muslo de capón; ¡oh! es vergonzoso cuando un perro no sabe portarse bien en sociedad. Me gustaría, como si dijéramos, que un perro se propusiera ser de veras un perro, un perro en todas las cosas. Si no hubiese tenido más astucia que él, atribuyéndome la falta que él cometió, creo, por mi alma, que lo hubiera pagado con la horca. Tan cierto como estoy vivo, que le hubieran castigado. Vais a juzgarlo. Figuraos que bajo la mesa del duque, se mezcla en la compañía de tres o cuatro perros bien nacidos. No había estado allí, fijaos bien, ni el tiempo de orinarse, cuando todos olieron su presencia. “¡Fuera ese perro!”, dice uno. “¿Qué perro es ése?”, dice otro. “Echadle a latigazos”, dice un tercero. “¡Que le ahorquen!”, dice el duque. Yo, que lo había olido antes, reconocí que había sido mi Crab; y me fui al encuentro del que blandía el látigo y le dije: “Amigo, ¿os proponéis azotar a ese perro?”. “Pardiez, claro que sí”, me contestó. “Eso será una injusticia -repliqué-, pues la falta cometila yo.” Con lo que, sin explicación alguna, me echó de allí a latigazos. ¿Cuántos harían eso por su perro? ¡Palabra de honor! Me he visto en el cepo por haber mi perro robado pasteles, me he visto en la picota por haber él muerto ocas…, pues de otro modo le hubieran castigado. Ya no te acuerdas de eso. Vaya, pues yo sí recuerdo la treta que me has jugado al despedirnos de doña Silvia: ¿no te había recomendado fijarte en mí y hacer cuanto yo hiciera? ¿Cuándo me has visto a mí levantar la pierna y hacer aguas en la falda de una dama? ¿Cuándo me has visto cometer semejante porquería?”

La vivacidad de Lanza nos recuerda la de tantos personajes secundarios del Bardo, como por ejemplo la nodriza de Julieta (*). También la nodriza introduce un torrente de interjecciones y de picardías. aunque la escena cobra mayor contraste por tratarse Romeo y Julieta de una tragedia y no de una comedia. La presencia de animales en el teatro inglés o en el europeo en general no era rara y ya proviene del “teatro” primitivo y hasta de los Misterios. Encima, dicho sea de paso, Crab desde luego nada tiene que ver con Troilo, el perro de Antonio Gala. Troilo era el perro de Petrucho en La fierecilla domada. A todos nos gustarán los ingeniosísimos juegos de palabras y conceptismos de los personajes protagonistas de las obras de Shakespeare, pero sin duda estas “arias” bufas tienen su qué. Hace nada, a cuento de Romeo, Julieta y Dulcinea ya homenajeé un pasaje de lenguaje popular castellano del Quijote que es una maravilla.

También tengo un recuerdo vivo para al Profesor José Mª Valverde, a pesar de que no llegué a poderlo disfrutar en la Universidad de Barcelona, aunque lo pude seguir desde mi adolescencia en sus colaboraciones en “El Correo Catalán” y en sus conferencias, como la serie que dio en el Institut d’Humanitats del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). A través de Valverde se palpaba que la literatura no es aquella cosa agria, anaftalinada, apocada, roma y regurgitada que se deja ver a través de alguno de sus colegas (no solo de la enseñanza sino de la poesía y la crítica).


“Launce, teaching his dog Crab to behave as a dog in all things – Shakespeare – The Two Gentlemen from Verona”, por Henry William Bunbury (1750-1811)
___________________________________

(*) “NODRIZA – Pares o nones, de entre tantos días
del año, cuando entremos en agosto
catorce ha de cumplir anocheciendo.
Susana y ella -¡Dios acoja a todas
las almas y las lleve a su morada!
la misma edad tenían, y no yerro.
Pero Susana está en el cielo, ¡y era
tan buena para mí! Como os decía,
cumple catorce años cuando agosto llegue.
¡Vaya si los tendrá! Bien lo recuerdo.
Hace once años ya del terremoto;
fue destetada entonces, y no olvido
aquel día entre todos los del año.
Estando al pie del palomar, me puse
acíbar en el pecho, al sol sentada;
en Mantua estabais vos con vuestro esposo.
¡Tengo buena memoria! Y, como dije,
cuando probó el pezón que estaba untado
y lo halló tan amargo, ¡la tontuela!,
hacía falta verla así enojada;
¡cómo se incomodó contra mi pecho!
El palomar temblaba, y, os lo juro,
para correr no me hizo falta aviso.
¡Once años cumplidos desde entonces!
Y se tenía en pie; doy mi palabra.
Y podía correr, aun dando tumbos.
La víspera, sin más, se hirió en la frente.
Y mi marido (que del cielo goce),
tan jubiloso, levantó a la niña.
“¡Vaya -dijo-, ¿de bruces te caíste?
Con más juicio, caerás de espaldas.
¿No es verdad, Julia?” Por la Virgen juro
que no lloró ya más la picaruela
y dijo: “Sí”. Pero hay que ver si ahora
las bromas son de veras como antaño.
Si llegase a los mil lo recordara.”

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21.12.09

The Philosophy of Composition




Edgar Allan Poe National Historical Site, Filadelfia
*
`Prophet!’ said I, `thing of evil! – prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us – by that God we both adore -
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels named Lenore -
Clasp a rare and radiant maiden, whom the angels named Lenore?’
Quoth the raven, `Nevermore.’
E. A. Poe, “The Raven” (*)
*
“Hola”
No quisiera convertir esto en el “Hola” al menos por el hecho de haber incluido la imagen de una pieza de la casa de Emily Dickinson o el escritorio de Dostoievski, como cuando el semanario muestra las mansiones de los famosos. Y sin embargo reparo en que la casa de Marguerite Yourcenar en Maine (“Petite plaisance”) parece mucho más confortable lado del Poe Cottage del Bronx, en Nueva York. La de la imagen de hoy es la casa de Poe en Filadelfia, casa en la que se pudo afincar gracias a su colaboración con el “Graham’s Magazine” en una de las capitales literarias norteamericanas, cuando aún vivía Virginia Clemm, su esposa y prima. Curiosamente, aparece en internet una imagen idéntica pero rotada 180º que nos recuerda los errores que daba el positivado en papel de las películas  propiamente fotográficas. Cuando esos errores se hacían sobre un retrato, el resultado nos devolvía una imagen trastornada que nos decía que algo no iba bien. Y eso a pesar de que esa imagen es la que nos reflejan los espejos, pero como si el azogue límpido le añadiera una dimensión enigmática.

Los errores de positivado son errores característicos de una época, lo mismo que uno puede saber con poco margen de error en que época nació alguien sólo por el nombre que le han dado. Pero eran o son errores de escasa incidencia y asociados a una técnica, mientras que con las viejas nuevas tecnologías lo que podemos detectar son errores magnificados por su tremenda difusión.

Dos diamantes
Hay dos artículos de la Wikipedia en español que me resultan particularmente admirables: el que se ha escrito sobre Goya y el de Poe, que incluso tiene más longitud que el inglés. Por lo menos actualmente. Leer el artículo sobre Poe ha sido para mí un descanso respecto a la lectura que estoy haciendo de su artículo titulado “The Philosophy of Composition”, en el que ya he entrado varias veces. Muchas.
*
Hay algunos elementos biográficos de Poe que me han merecido especial atención, más allá de las truculencias que jalonaron su vida, empezando por la temprana muerte de su madre, y ya no digamos por la suya propia, cuyas circunstancias fueron piadosamente ocultadas. Uno de los elementos es su buena letra. De Michel Zéraffa  la Wikipedia nos facilita una cita textual que hace referencia a la escritura de Poe: “Dotado de una gran inteligencia, Edgar Allan Poe era un hombre muy cortés pero de una fiereza sin igual, lo que le enemistó con numerosas personas. Sus amigos se sorprendían por su aspecto cuidado al extremo y la claridad de su elocución. Sus manuscritos se caracterizan por la consistencia, la regularidad y la elegancia de su escritura, además de por la ausencia de tachones. A menudo, escribía en hojas de cuaderno que posteriormente pegaba unas con otras hasta crear rollos. Sus manuscritos revelan una inteligencia que «no dormía nunca», una independencia extrema respecto a sus convicciones y que controla o busca siempre controlar una extraordinaria sensibilidad; después de todo, un “cerebral”.

Otro elemento biográfico que me parece muy elocuente es uno que  habla a través del desprecio de Aldous Huxley, quien dijo de Poe que era tan vulgar que hasta llevaba dos anillos de brillantes. Y Poe no era rico, su pobreza incluso recuerda a la de los años en Madrid de Gustavo Adolfo Bécquer, entregado a la belleza y ajeno a la miseria en que vivía. Se dice que cuando murió Virginia Clemm (en enero de 1847), encabezó el cortejo fúnebre envuelto con la capa de cadete que la había tapado durante las semanas de su consunción, en el cottage del Bronx. Estos elementos no tienen la condición de los “gestos” deliberados y efectistas, testimoniales, con los que también cuenta la historia literaria. Poe era así tal cual.

Inspiración o talento
Una idea que no hay que perder de vista ante la lectura de “The Philosophy of the Composition” es su condena de los trascendentalistas (los de la inspiración vaya) y de los que persiguen la intención moral en la obra de arte. De hecho, habría que concretar más y decir que para Poe -para mí también, dicho sea de paso- las obras con un sentido demasiado obvio dejan de ser arte. Seguramente Poe se moriría de asco ante la proliferación de novelitas que tenemos con sólo una idea machaconamente amplificada o repetida, sin una sola idea ni que sea ancillaria de la “principal”, y donde la duda solo es un signo de debilidad mental o mera pose.

El texto ha sido interpretado por Fernando Savater como un hoax o mistificación o bulo. En mi modesta opinión, hay algo de eso en el artículo, puesto que en él se explica el proceso de la composición de “El cuervo” de una manera que resulta difícil de acreditar y algo insolente. Con mucha probabilidad, la composición de “El cuervo” fue tal y como Poe la explica, sólo que exagera. Y esto lo hace contra el trascendentalismo de los inspiracionistas, a quienes retrata afanándose y retorciéndose con un esfuerzo que jamás admitirán. De tal manera que no hay más que pensar que Poe nos está diciendo que la inspiración no llegará donde no hay talento. El hecho de que Poe escribiera “The raven” backwards, esto es, a partir del desenlace, nos introduce el paradigma de un método. Como lo expresa de la misma manera que un problema matemático o de criptografía, tiene toda la pinta de ser una burla o mistificación, pero en realidad todo adquiere sentido si sabemos que Poe fue uno de los primeros escritores que pretendió “vivir” de la literatura. El hecho de que E. A. Poe se explicara como lo hizo y no de otra manera es para mí su grandeza.
*
“The Philosophy of Composition” se publicó el abril de 1846 en el mencionado Graham’s Magazine, el mismo año en que se publicó el relato “El barril de amontillado”. “El cuervo” salió a la luz el año 1845. Así que este frío de hoy no es nada comparado con el que Poe debió sentir.
*
(*) “¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica! | ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! | ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, | ese Dios que adoramos tú y yo, | dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén | tendrá en sus brazos a una santa doncella | llamada por los ángeles Leonora, | tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen | llamada por los ángeles Leonora!” | Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

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18.12.09

Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino




Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino
*
“El temps no compta, ni l’espai, qualsevol nit pot sortir el sol
Jaume Sisa

“Los libros de viajes son una impostura, porque el escritor, que sólo ve sin prejuicios las cosas de que no habla, esto es, las cosas de una elaboración literaria más difícil, habla de las cosas que no ve, es decir, que no ve como tales cosas, sino como crónicas periodísticas o como capítulos de novela. De mí sé decir, por ejemplo, que, obligado a veces a hacer un artículo, y disponiendo de una catedral gótica, que había visitado momentos antes, y de la levita del gerente del hotel como materiales a elaborar, me he decidido por la levita del gerente y he despreciado la catedral gótica. Para cualquier tendero veraneante, aquella catedral, en cuya construcción habían trabajado sin descanso quince generaciones sucesivas de obreros y artífices, hubiera representado infinitamente más que una levita. Para el escritor, en cambio, la levita tiene mayor interés, y no porque fuese una levita maravillosa, sino porque era una levita grotesca.
Julio Camba, Aventuras de una peseta.

Julio Camba es un escritor de la galería o altar de escritores de mi devoción. No cesa de maravillarme lo que dan de sí los 150 cm básicos en los que cifraba sus artículos y que son una ironía (o, si se quiere, retranca, al tratarse de un pontevedrés) como la que estableció Poe en su Filosofía de la composición con los 100 versos como la unidad ideal u óptima para la belleza y su efecto. En próximas fechas volveremos a este documento de la Poética de Poe si tenemos salud, porque no es cualquier cosa. Pero esos 150 centímetros de opinión y motivos grotescos de Camba son de una densidad diamantina, prodigiosa. “Efectivamente” (como está ahora de moda intercalar cada dos por tres, seis), lo que dice Camba es verdad: los escritores acaban viendo el mundo de acuerdo con su oficio y las exigencias que cada cual se impone. Los escritores, los historiadores, todo el mundo, diría yo. Para los bloggers empedernidos eso es una verdad como un templo, o como una catedral ya que nos ocupan hoy las catedrales.
*
En *ALFB le hemos dedicado 3 posts a la Sagrada Familia, especialmente el de su “originalidad”. Creo que soy una de las pocas barcinonenses o faventinas que piensa que la Sagrada Familia, tanto la que proyectó Gaudí  como la que se está fraguando en las hormigoneras, es un engendro que no pasa de ser un folly como el de Ferdinand Cheval. Lo que ocurre que los follies suelen estar en lugares retirados, y el nuestro lo tenemos dentro de Barcelona. Así que por una vez estoy de acuerdo con José Gutiérrez Solana (*). Otra cosa es que esté de acuerdo con la negritud y la sensibilidad  a veces desabrida  y desertizante de Solana, que no lo estoy: “Al cruzar los pueblos de Manresa y Sabadell, llenos de fábricas de tejidos y paños, los viajeros, que vamos con mucho sueño y echados en los bancos, nos despertamos al sonar bruscamente en nuestros oídos el sonido duro y cortado del idioma catalán, y nos vemos en seguida despabilados y con las piernas en el suelo pues el catalán es muy egoísta y nos ha dado una palmada en el hombro para que le dejemos sitio. En el coche no se habla más que el catalán y suenan las voces graves, pues es este un idioma en el que se ahueca mucho la voz. Cuando se ponen a hablar, raramente, en castellano, tienen menos voz. Los ademanes tienen mucho de teatro y todos parecen actores”. De todo ello lo que es hoy sólo diré que para decir eso, era mejor no decir nada. El catalán no es un idioma ni duro ni cortado ni grave ni hueco. Puede llegar a serlo, como cualquier otra lengua, pero per se no lo es.

Así es que -volviendo a lo nuestro- con haber hablado del Templo Expiatorio tres veces, casi no hemos hablado de la catedral de Barcelona, cuando sí que mencionamos la de León y hasta la de Milán. La razón fundamental es que la seo ha estado y está rehabilitándose e incluso muchos meses el paso no era fácil. La portada estuvo tapada hasta hace bien poco. Finalmente ayer usé el ascensor que lleva al terrado y que por lo que he podido  ver nadie conoce. Por lo menos de mis conocidos. El ascensor sube hasta un tercer piso, pero cuando se llega a los arbotantes se ve el Hotel Colón, que tiene cinco, por debajo. La vista es insólita y vale la pena subir para verla. Sobre todo porque no hay que subir andando trabajosamente, como pasa por ejemplo con la bellísima Catedral de Nôtre Dame de París, cuyo ascenso nos hace pensar en Quasimodo y en que se quedó como se quedó no de nacimiento sino por subir aquellas empinadas escaleras constantemente.
*
La vista, digo, es insólita, ya que nos da un panorama de 360º de casi toda Barcelona (no la que queda tras las colinas) y esto con una perspectiva absolutamente nueva de los edificios que siempre vemos por el mismo lado. Me costó por ejemplo reconocer la torre del Mirador del Rei Martí (1555), en la Plaça del Rei.  A mi entender las vistas panorámicas de Barcelona desde el cielo (cuando algún comandante se recrea antes de aterrizar), desde el Palacio de la Reina Victoria Eugenia (hoy Museu d’Art Modern de Catalunya) en Montjuïch, o desde el Tibidabo, son muy bonitas. Y sin embargo esta otra, la que se ve desde el terrado de la Catedral y que diríamos que más que a vista de pájaro sería a vista de paloma o hasta de gato, es muy recomendable, en especial para quien se conozca el barrio gótico al dedillo.
*
La sensación del paralaje allí arriba nos recordó que estábamos sobre el Monte Táber, donde los romanos erigieron la Barcino de su colonia. Se han recreado posibles imágenes y hasta maquetas de aquella Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna (Pia) Barcino, con sus vías, su muralla y el  enorme foro con un  templo períptero  y hexástilo dedicado al emperador Augusto. Y es que el llamado Mons Taber estaba a 16,9 m sobre el nivel del mar.

Ayer hubo un día muy frío en Barcelona. El sol no calentaba y había poquita luz, cosa también insólita en mi ciudad, que es la de ustedes.
Ahir va fer un dia fred a Barcelona. El sol no escalfava i hi havia poqueta llum, cosa també insòlita a la meva ciutat, que és la de vostés.
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(*) “LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA.
En el 1882 se empezaron las obras. A la entrada de la verja se ve esta fecha y, en la piedra, la tiara del papa y unas grandes llaves de San Pedro.
La iglesia de la Sagrada Familia es un edificio modernista que no tiene ni pies ni cabeza. Esta iglesia dicen que estará adornada de herrajes con formas obscenas y da la impresión de un modernista de melenas que se ha vuelto loco y dan ganas de preguntar cuál es la iglesia, pues su mérito mayor es ese de que no se sepa donde está la entrada. Hay unas torres llenas de agujeros inútiles sólo decorativos. Las columnas que sostienen el templo están aplastando a dos grandes tortugas que tienen los ojos fuera. También hay caracoles enormes sacando los cuernos al sol. En el pórtico hay gran cantidad de cabezas de burros y un racimo de figuras tocando la trompeta y aves de corral: gallinas, pollos, y faisanes; también hay una mezcla de rosarios y libros de misa”. José Gutiérrez-Solana, La España negra.
18 de diciembre de 2009


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15.12.09

Los "eventos consuetudinarios": hormas, formas, formatos



De “Pintar con la palabra” (*)


Mairena en su clase de Retórica y Poética
Mairena.- Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba:
“Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.
El alumno escribe lo que se le dicta.
-Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
El alumno, después de meditar, escribe:
“Lo que pasa en la calle”.
Antonio Machado, Juan de Mairena
·
Diría que este fragmento de Machado  es de los más citados de Juan de Mairena, aunque tal vez no le va a la zaga aquel por el cual “la verdad es la verdad dígala Agamemnon o su porquero”. Esto viene a cuento, si es que hay que decirlo todo, porque estoy leyendo estos días una monografía sobre preservación digital (**)  cuya palabra más corta (además de la conjunción copulativa “y” famosa) es “organización”. Si miramos sin leer cualquier página del texto, como si esperásemos a ver los famosos delfines, sólo veremos barreras archisilábicas llenas de prosopopeya biblioteconómica. Ostras, se me está pegando… Ya ocurre, que cuando nos ponemos a criticar a alguien o a algo es como si nos impregnáramos (¿ves?) precisamente (¡hala!) de lo que critiqueamos (¡ostras, maldita sea!).
·
La verdad de la buena es que “se me está acumulando la faena”. Además de la Nueva gramática de la lengua española, a la que quiero echar una ojeada a través del tejido adiposo de sus cinco quilos de morfología y sintaxis, me espera todo el teatro de Shakespeare, que me parece que junta 28 obras, obra casi completa que deseo leer a lo largo del año 2010. Normalmente en verano me releo DQ y algo de Cela  y Quevedo para volver a recuperar un registro aceptable de español, sobre todo para no perder vocabulario y para  restablecer  el régimen de mis preposiciones que se me han ido derrumbando al contacto con el inglés que nos llega acá. También por disfrute. El disfrute que no falte. Cuando estaba en todo esto he recuperado un libro porteño que conseguí el año 1980 en la Feria del Libro de Barcelona, la cual tiene lugar cada año en septiembre más o menos coincidiendo con las fiestas patronales de la Merced. Buscaba los emblemas y laberintos de San Venancio (*530 – +609 o 610) cuya celebración casualmente fue ayer lunes. El libro argentino se titula Antes de la vanguardia: Historia y morfología de la experimentación visual: de Teócrito a la poesía concreta. El autor es Armando Zárate. Y trata de lo que promete el título. Hay que decirlo, porque a veces no es así. De todos los technopaegnia mi preferido es el “Huevo” de Simias de Rodas (siglo IV a. C.). La fotografía que he tomado de este protocaligrama (¡vaya!) está para el caso en mi PicasaP. No es muy buena, pero las que he sido capaz de encontrar por internet más que huevos parecen rombos.
·
María Luisa de Borbón o de Parma (1751-1819), o de Borbón y de Parma, o de Borbón-Parma (que de las tres maneras lo he visto escrito),  llegó a reinar y a ella hace referencia el palindromo cúbico  fúnebre de la imagen que hoy ofrecemos. Se llevaba por cierto pero que muy mal con la Duquesa de Alba de quien hablábamos el otro día  a raíz del cuadro del perro, de Goya, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo.
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Yo no sé si me podré leer el teatro completo de Shakespeare este año venidero, ni si seré capaz de sacar algún provecho de la Nueva Gramática -creo que sí- o del libro archisilabista sobre preservación digital, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que haré todo lo posible por leer un texto sobre San Venancio, de civil Venancio Honorio Clemenciano “Fortunato”. Se títula “El prólogo de Venancio Fortunato a la Vida de Santa Radegunda frente a los de Baudinivia y Hildeberto de Lavardin”. El título me recuerda a aquella novela de García Márquez, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, que contra todo pronóstico ha dado pie a toda una corriente editorial de títulos larguísimos (los de Stieg Larsson verbi gratia). Servidora casi siempre que le preparaba algún documento de carácter confidencial para uno de los jefes que tuvo o que la tuvieron, utilizaba ese recurso para la carátula. En vez de dejar sobre su mesa un informe que pusiera “Proyecto” de bla, bla, bla o “Presupuesto” de esto y lo otro, o algo así que empezase “Plan de…” o “Evaluación sobre”, pues no, yo ponía en la carátula títulos que despistaban, como por ejemplo: “Organización y muerte de los pegamoides umbrálicos pre- y post- suburbiales en sus trece” y -contra todo lo que se pueda pensar- nadie se atrevía a tocarlo. Ni la señora de la limpieza. Daba hasta miedo. Pero si hubiera puesto “confidencial” hubiera tenido que cargar de veneno urticante (poco más o menos como hacía el bibliotecario de El nombre de la rosa) cada una de las páginas.
·
(*) ” Una variante de los laberintos de letras es el poema cúbico. Se trata de una composición que repite un breve mensaje —un verso o un pareado— como si estuviese escrito en espiral sobre un cilindro que rodase. Constituyen palíndromos, porque leídos por la izquierda o la derecha resulta el mismo verso. Por ejemplo, el dedicado a la muerte de María Luisa de Borbón (Figura 12) reitera el lema “A NO ROCIAR AROMAS, ES AMOR, ARA Y CORONA” en multitud de direcciones, como sugiere la redondilla inicial: “Con la A roxa que empieces, / por recinto, centro y lado, / hallarás el retrógrado/ mil menos quarenta vezes” (Felipe Muriel, “Pintar con la palabra (I)”. Séneca digital. Abril de 2009, n. 2 [Consulta: 14 de diciembre de 2009])
·
(**) La preservación digital, para entendernos, se preocupa y ocupa en temas como el hecho de tener por ejemplo una tesis del año 1992 en Wordstar en un disquette de 5¼ pulgadas y no poder consultarla.

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11.12.09

Post 356: Canis lupus familiaris


"Perro itzcuintli conmigo" (Frida Kahlo, 1938)

"Qué buen vassallo, si oviese buen señor"
Poema del Cid

Hay que ver lo bien o lo mucho, lo definitivamente que me ha parecido comprender hoy a Frida Kahlo o a sus pinturas. En especial aquella en la que se refleja con la cabeza de otro pintor, Diego Rivera, su marido, dentro de la suya o sobre su frente, como una bindi hindú. Y sin embargo, para ilustrar el post, por motivos que ya se irán viendo, he elegido el autorretrato con uno de sus perros aztecas. Goya también pintó en el año 1795 un retrato de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (duquesa de Alba)  con un perrito faldero que nos recuerda el de "Mejor imposible" (1997) y que podríamos hermanar al perro itzcuintli de Kahlo guardando las debidas distancias. El cuadro de Goya se encuentra en el Palacio de Liria, de Madrid,  y pertenece por tanto a la actual duquesa de Alba, María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva, más conocida como Cayetana.
Ahora en serio, llevo todo el día un perro en la cabeza. Un perro joven pero que no era pequeño. Lo llevaba con correa un tipo también joven que además empujaba el carrito aerodinámico ultraligero de un bebé primogénito. Esas cosas se notan: lo nuevo del carro, otros detalles que no son al caso. El tipo golpeó varias veces con su puño la cabeza del perro, cuyo dolor pudimos sentir un jubilado que por allí paseaba y yo. No dolor físico, dolor psíquico. Todo el mundo, T O D O    E L   M U N D O  sabe que el dolor psíquico es peor que el dolor físico. Que ambos son acaso difíciles muy difíciles de compartir, pero que el dolor psíquico a veces sólo se pueda ser mitigado por el dolor físico, nos advierte del material o la naturaleza del material ante el cual nos  vemos. Un perro no puede soportar que su amo le maltrate o, a sus ojos, que no aprecie lo que está intentando hacer por él y que incluso le castigue. Es así. Los perros son así o se han hecho así a nuestro lado, que se ha convertido en su lugar en el mundo. Siempre he dicho, nunca aquí, que con los perros me pasaba exactamente igual que con los niños: que no me gustaban más que cuando los conocía. A lo que únicamente debo añadir que los niños mientras no hablan me parecen hasta interesantes. Después no. La idealización del instinto maternal, el desprestigio de la  nuliparidad y otras patrañas que se han agudizado en los últimos años no han hecho más que confirmarme en mi parecer. Lo llevo discretamente, pero está ahí. Los niños subnormales sí que me gustan. Pues bien, a lo que íbamos, debo decir que hoy he preferido los perros a los niños.  Y es que esta mañana, cuando he visto al tipo del perro  -que por cierto no tenía pinta de skin head, ni iba engominado (como nos recordaba el Aviador Capotado  que van los del Partido Popular )- sino que más bien tenía pinta de haber ido a las manifestaciones  pacifistas contra la guerra de Irak, me he dado cuenta de que lo que le pudiera pasar al bebé ni me ha pasado por la cabeza. Y es que el bebé, a pesar de que los padres se creen que los hijos son "suyos", a lo peor recibirá malostratos o un ejemplo pésimo de su padre, sí. Vamos a llamarle "padre" y no vamos a llamarle como se merece. A lo peor se resentirá de las frustraciones y los complejos  o veleidades de su progenitor, pero llegado un momento es libre (aunque, insistamos, hay padres que creen que los hijos son "suyos"). Un perro no. Los perros son intrínsecamente leales, los perros se deben a su amo, y sin un amo son desgraciados. Pegar a un perro y pegarle en la cabeza es cruel, es cobarde, es vil. Estoy segura de que si entre la escena y yo no hubieran mediado 4 carriles de automóviles, le hubiera dicho 4 cosas. O sólo una: "Cobarde". 

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9.12.09

Teresa Pous y Salvador Espriu


Salvador Espriu
Teresa Pous  con Theresa Mitsopoulou

O Tejo é mais belo que o rio que corre pela minha aldeia,
Mas o Tejo não é mais belo que o rio que corre pela minha aldeia
Porque o tejo não é o rio que corre pela minha aldeia
Fernando Pessoa

No sé si estamos en el mejor de los mundos posibles como decía Leibniz, o en el peor como dijo Voltaire. Tampoco sé si la época que me ha tocado vivir es la mejor posible o la peor posible. Diría lo que dijo Fernando Pessoa:  "El río Tajo es más bello que el río que correo por mi aldea, | pero el río Tajo no es más bello que el río que correo por mi aldea | porque el río Tajo no corre por mi aldea".  Por cierto, la versión cantada de Tom Jobim me desfigura un tanto lo que me sugiere Pessoa. Es diferente, muy diferente a lo que me ha ocurrido con uno de mis discos preferidos, Time out. Los royalties de interpretación de su canción más famosa, "Take five", que no me canso de oír nunca, al parecer fueron legados por su compositor, Paul Desmond,  a la Cruz Roja Americana. Es decir, al saber que esa maravillosa pieza de jazz beneficia además una causa social me parece miel sobre hojuelas. Así que como hay cosas que con el tiempo por raro que parezca son susceptibles de ser empeoradas (Pessoa) también las hay que son mejorables ("Take five") por imposible que parezca.
Servidora está muy contenta de vivir en esta época tan degradada simplemente porque si bien es cierto que la violencia, el hambre y las calamidades han existido, existen e incluso existirán siempre, Shakespeare no. Claro que me hubiera gustado vivir la Hispania romana, sobre todo la Bética, pero es algo que no descarto. No podemos descartar nada. Me viene estos días a la memoria una entrevista que tuvimos con Salvador Espriu Teresa Pous y quien ésto escribe y a la que ya hice una breve referencia en *A la flor del berro. Fue en 1984, creo, y el poeta murió en 1985. Recuerdo que nos dijo muchas cosas, y sobre todo que para mentir había que tener memoria. Nos lo dijo a cuento de nuestra insistencia con su biblioteca personal. Sus libros los tenían, dijo literalmente, “persones de la meva confiança”, y si es que los necesitaba sabía donde estaban. La razón de no conservar a su lado más que algún diccionario −que se guardó de concretar− era que durante la guerra de 1936 su familia había perdido pertenencias. Como si así renunciando a ellos nada le pudiera ser quitado.
El despacho del Paseo de Gracia donde nos recibió era desnudo y pulcro como celda  de cartujo. En un momento dado una mota de polvo brillante y errática en suspensión animó la pieza atravesando un haz de luz, pero Espriu la interceptó entre los dedos índice y pulgar, y siguió ordenadamente explicándonos sus afinidades literarias haciendo una estricta cronología de poetas occidentales. Si no hubiera enfermado nos habría recibido más veces, según nos prometió, y habría continuado no sé si con otros géneros. No puedo aventurarlo.
Todo en él era exactitud, agudeza, claridad, discreción, penetración y pulcritud: el corte y el color de su traje, la forma de sentarse y la forma de pasar por cada nombre sin desviarse con rodeos o digresiones, anécdotas innecesarias, etc. Teniendo en cuenta que nos recibió inesperadamente, de improviso, la seguridad con la que pasaba de un autor a otro no podría más que haberla dado un perfecto y reposado conocimiento de aquello de lo que estaba hablando. La sobriedad la daba el respeto, su solidez. Y todo con las solas palabras. Al leer sus obras y conocer su estilo de lenguaje es fácil hacerse cargo de todo cuanto pretendo recordar. Pienso a veces que aunque su familia no hubiera sufrido el expolio en la Guerra Civil, la relación con los libros que tuvo no habría sido muy diferente. Esta hipótesis me llevaría horas probarla y evidentemente no conseguiría llevarla a terrenos irrefutables. Tampoco busco tener la razón, más bien lo dejo ahí, en la mera impresión.
Otra cosa sería indagar qué hacía que unos libros fueran a parar a una persona de su confianza y otros fueran a parar a otra persona de su confianza. No me atreví a preguntárselo, para no abusar de su hospitalidad. Teresa y yo habíamos hecho un inventario comentado sobre la biblioteca particular de Joan Maragall. Teresa se animó a enviárselo a Espriu proponiéndole hacer algo semejante con la suya. Antes de una semana nos contestó. Me envió a mi domicilio una tarjeta felicitándonos por el estudio pero rechazando amablemente nuestra proposición por no tener biblioteca. Esto ya nos lo había advertido F.C., el jefe de Teresa, pero creímos que algún libro tendría, con lo cual la selección aún hacía mucho menos engorroso e interesante el proyecto. Como Espriu nos invitaba a recoger por su bufete de abogado la copia del estudio sobre Maragall, tuvimos la ocasión de hablar con él. Fue Teresa quien tuvo la iniciativa de pedírselo al conserje.
El conserge nos pasó a una sala que se parecía mucho a la que hay en una foto del disco de Mª del Mar Bonet con la carátula de Miró. Al poco apareció Espriu, muy serio, molesto, adusto. Cuando T. se dio cuenta de su aspereza se le inundaron los ojos de lágrimas. Teresa es así, con los  sentimientos a flor de piel.  Y sin embargo es fortísima interiormente. No tuve otro remedio que -como se dice en el  lenguaje taurino- echar yo un capote y apresurarme a decir algo y a decir que nos habíamos atrevido a molestarlo porque lo admirábamos (y lo admiramos). La reacción de los tres fue rápida y la escena se recompuso como en un caleidoscopio. Tomamos notas de cuanto dijo sobre sus gustos en poesía. Las perdí así como perdí la tarjeta. "Fons scelera", como diría un personaje Plauto. A veces creo que aún puede aparecerme entre las páginas de algún libro querido. No sé qué me pudo ocurrir. A indicación suya le telefoneamos al cabo de unos días para concertar otra entrevista, pero ya había enfermado, como llevo dicho.
Así que nos dijo que para mentir había que tener memoria. Con el tiempo esa afirmación adquirió pleno significado. Me di cuenta de que esa frase era la punta visible de otra frase mayor obviando a quien cree que mentir es solo cuestión de imaginación. Si nos deslizamos al terreno moral, quien es sorprendido en una mentira tiene que afrontar por lo menos dos “vergüenzas”: la de haber sido descubierto y la de haber mentido. También podrían acumularse las de tomar a los demás por tontos, la de tener un conocimiento del mundo insuficiente para elaborar una historia verosímil y la de tener una pésima relación con la verdad.
La imaginación suele ser una facultad que se atribuye a los escritores. Muchas veces no se les atribuye gran cosa más. La amenidad se celebra. Hay demasiadas tonterías en torno a la literatura y más ahora, gracias a la implantación de lo que llamamos literatura de consumo. Son generalmente novelas. Una lectora profesional de Planeta, que lee a gran velocidad, reveló el otro día en televisión las consignas de su editor: trasfondo histórico o exótico, familias desestructuradas y sexo. Todo sonaba terriblemente convencional y huero, y como neutralizado, como ocurre con la música en manos de un pianista mediocre cuando hace que todo parezca indistinto se trate de un fado, un bolero o el concierto para piano número 1 de Chopin.

Años después Teresa Pous Mas es una escritora consagrada, con varios libros editados, pero estoy segura de que recuerda la entrevista que en buena parte se debió a su interés pero en gran medida también a la admiración de las dos hacia el poeta. En los noventa tuve ocasión de conocer a Cela, pero decliné la oportunidad. Veraneaba en Finisterre/Fisterra aún. Cuando todavía estaba casado con su primera esposa, Rosario. Estaba yo tomando café en casa de una prima y lo ví pasar desde la ventana de la cocina. Pasado un rato le dije a María Jesús: "No sabrás a quien me pareció ver..." Y ella misma me contestó: "A Camilo José Cela". Una amiga de Mallas se ofreció a presentarme, pero como digo decliné la ocasión. Dije: "No sabría qué decirle". Sé que era un buen conversador y tengo razones para pensar que mi trato no es difícil. Era una excusa, porque la pura verdad es que no me gusta importunar a nadie. La otra razón, que no es menor, es la de que cada vez que he conocido a alguien famoso luego se ha muerto.

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7.12.09

La buena educación




"El supremo arte de la guerra es vencer el enemigo sin luchar".
Sun Tzu

A Ángeles Sanfiz

Hace una barbaridad de tiempo, en el post titulado "Killer Samurai Sudoku" hicimos una glosa a un exemplum de El Conde Lucanor:
"Este buen hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa. Un día de mercado dijo el padre que irían los dos allí para comprar algunas cosas que necesitaban, y acordaron llevar una bestia para traer la carga. Y camino del mercado, yendo los dos a pie y la bestia sin carga alguna, se encontraron con unos hombres que ya volvían. Cuando, después de los saludos habituales, se separaron unos de otros, los que volvían empezaron a decir entre ellos que no les parecían muy juiciosos ni el padre ni el hijo, pues los dos caminaban a pie mientras la bestia iba sin peso alguno. El buen hombre, al oírlo, preguntó a su hijo qué le parecía lo que habían dicho aquellos hombres, contestándole el hijo que era verdad, porque, al ir el animal sin carga, no era muy sensato que ellos dos fueran a pie. Entonces el padre mandó a su hijo que subiese en la cabalgadura” (Biblioteca virtual Miguel de Cervantes)

Ignoro, en los dos sentidos de la palabra "ignorar", si este magnífico libro del siglo XIV sigue en los planes educativos de este país. Sé que en la secundaria sigue El árbol de la ciencia, cosa que -en mi modesta opinión- no me deja de sorprender, pero Don Juan Manuel igual ha sido sacrificado como lectura obligatoria hasta en las facultades de Filología Hispánica. Las jergas pedagógica y universitaria, que acuñan  a diestro y siniestro frases terribles como "lectura obligatoria", y otras peores que no deseo traer aquí, un día tendrá que ser meditada y evidenciada como se merece. Por el momento, hoy lo que nos interesa es recuperar el exemplum número 2 -que es como el Chanel 5 de los exempla- porque viene a cuento de lo complejo que es "tomar partido" en este mundo nuestro cada día cambiante y no siempre fácil.

Me doy cuenta de que cuando se tercia ver los más y los menos, los dimes y diretes y los puntos de vista de situaciones complejas, especialmente de las nuevas, que las personas humanas solemos precisamente descender al ejemplo. Es decir, días atrás, cuando servidora en un texto que podría ser cualquier cosa menos argumentativo ("Dentro y fuera"), puesto que era un mero divertimento, se refería a la "insiminación artificial" de un plumazo, defendiendo que era cuestión de dinero, podía haber movido un abanico de ejemplos a favor y en contra. De hecho todo puede ser defendido descendiendo al ejemplo, hasta la pena de muerte. Y no digamos si juramos por Snoopy o ponemos como ejemplo nuestra propia experiencia, incluso si es equivocada.
El exemplum de Don Juan Manuel en El Conde Lucanor nos habla del criterio. De seguir el criterio y la discreción (en el sentido de "sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar" más que en el de "antojo o voluntad de alguien, sin tasa ni limitación"). También sirve el ejemplo como muestra de lo que puede dar de sí una situación por sencilla que sea. Por ejemplo, cuando ésta que aquí escribe va a una cafetería suele pedirse un cortado en su sexta acepción ("taza o vaso de café con algo de leche"). Mejor dicho, digo: "Me pondrá un cortado, por favor". Lo de sexta acepción lo digo acá. Sencillo, ¿verdad? La cosa se complica para los camareros y las camareras con las personas que piden "un cortado descafeinado de máquina con leche desnatada y sacarina", también llamado desde lo políticamente incorrecto "un maricón". O hay quien se pide "un cortado largo de café con poca leche y que sea natural, en vaso". Habrá que señalar además que por lo menos en Barcelona natural quiere decir "del tiempo", esto es "a temperatura ambiente". Si pido en mi pueblo un cortado me pondrían lo que aquí es un café con leche. Y sin embargo el "café con leche" de allí es algo enorme servido en un tazón  para lo que mis vías biliares no son suficientemente solventes. Pero no nos perdamos en las palabras. Simplemente acordémonos de que a veces le damos diferentes nombres a lo mismo y otras le llamamos lo mismo a cosas muy diferentes. Por ejemplo (y dále con los ejemplos): decirle a un laicista radical (que los hay) que un catecúmeno no es lo mismo que un miembro del Opus Dei o que los de la fraternidad del cordero inmolado y la santa llaga es como pretender meterle en la cabeza a un skin head que no es lo mismo un emo que un punky y un heavy que un mood. Para ellos todo es lo mismo. "La misma basura".

Ayer en la misa dominical había un tipo que a lo mejor se pensaba que estaba en una ceremonia presbiteriana o evangelista, porque iba comentando lo que en ella se decía y leía. Cosas como: "Él murió para que yo viviera". Para los que ignoran -en los dos sentidos de la palabra ignorar- lo que es una misa católica convencional, diremos que básicamente es un acto en el cual cada vez se produce la transubstanciación de Cristo y en el que de acuerdo con el calendario litúrgico se hacen una serie de lecturas sagradas y se confirman unas determinadas creencias que ahora no son al caso. El señor estaba a unos cuatro metros de mi banco e iba acompañado de una mujer que lo iba haciendo callar sin conseguirlo. Por el aspecto del señor servidora diría que tenía problemas o, si se quiere, dificultades con alguna o varias de las numerosas drogas  que están a nuestro alcance. Por lo menos con el tabaco y el alcohol. La verdad es que era bastante molesto seguir la misa y tener que oírlo continuamente. El cura, antes de la consagración, se puso nervioso, paró y dijo: "La misa no es obligatoria para nadie". Hizo una pausa de contención y a continuación dijo  un tanto severamente: "Es un acto sagrado". Nuestro amigo estaba ajeno a estas palabras, que resbalaban por su atención lo mismo que resbalaba la frase "Palabra de Dios" con que se subraya al final de la lectura de los Evangelios su divinidad. 

En resumen: el tipo nos jorobó la misa a algunas personas, pero también hay que decir que  no sé si el cura se dio cuenta de que el feligrés no estaba bien, que era un enfermo. Yo es que desde que, allá por los principios de los años 90, vi las imágenes de la avanzada degeneración visceral del cerebro de un alcohólico severo, no tengo ninguna duda de que es imposible que puedan razonar bien. Por lo tanto la situación había que manejarla inspirándose antes bien en la caridad cristiana o en cualquier virtud civil por el estilo. He puesto este ejemplo pero lo mismo podía poner el de una película proyectada en una sala de cine o el de una conferencia en una sala pública. Acudiendo a principios tan prestigiados como la solidaridad y  el bien común, y no tanto a lo "sagrado" de un evento, se dirá que es bueno para todos que en lugares así las personas reduzcan sus necesidades de comunicación al mínimo posible. Ayer, cuando ya se me estaban empezando a achicharrar las meninges (y sólo andábamos por la profesión de fe), se me ocurrió que ante estos casos de incontinencia verbal sólo hay como antídoto la presencia de otro incontinente verbal. Pero, claro, esto no suele ocurrir. Estadísticamente es improbable. Es más fácil que un rico entre en el reino de los cielos, encontrar una aguja en un pajar o que el famoso camello entre por el ojo de una aguja, que que se encuentren en una sala de cine dos pelmas que te joroben la película estereofónicamente, cada uno por su lado. Todo lo más, lo que puede ocurrir es que alguien se ponga a comer ruidosamente palomitas de maíz tostado y que dos filas más allá alguien ronque o ría sobrepasando los umbrales que estamos dispuestos a tolerar.

Diríase que esto de esperar que dos enemigos se aniquilen entre ellos se corresponde a la estrategia militar china número 3 ("Matar con un cuchillo prestado"), cuando hay 36 estrategias que se definen en 6 grandes grupos de situaciones:

1) Dominio de la superioridad;
2) Confrontación;
3) Ataque;
4) Confusión;
5) Ganar terreno, y
6) Situaciones desesperadas

Las 36 estrategias chinas son del dominio público, tanto como El arte de la guerra de Sun Tzu, así que cualquiera las tiene a su disposición. Junto con los exempla de Don Juan Manuel y las fábulas de Jorge Bucay, tenemos para nuestro uso y disfrute un arsenal al que echar mano. Una de mis estrategias chinas favoritas es la 11 ("Sacrificar el ciruelo por el melocotonero", esto es "hacer sacrificios parciales en aras de la victoria total, hacer concesiones para conseguir el objetivo principal") pero sé que no es bueno obstinarse en una estrategia porque perdemos versatilidad, nos anquilosamos y además, tácticamente hablando, nos hacemos vulnerables. En los casos desesperados, dice la famosa estrategia 36, hay que retirarse. Yo digo: Para los casos desesperados y difíciles es para los que está más que nunca la buena educación.

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