29.9.13

Domínguez por la noche

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Dánae

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Post 1050: El último desconcierto

yer vi "El último concierto" (Yaron Zilberman, 2012). "Tras 25 años cosechando éxitos y gozar de fama mundial, y en plena preparación de un concierto para celebrar su cuarto de siglo profesional, el futuro de un cuarteto de cuerda de Nueva York recibe un duro golpe que puede poner en entredicho su supervivencia. El violonchelista de la formación está padeciendo los primeros síntomas del Parkinson, una enfermedad que en poco tiempo pondrá fin a su carrera como intérprete. La incertidumbre sobre su futuro se apoderará del cuarteto, dando rienda suelta a emociones reprimidas, egoísmos y reproches que pondrán en entredicho años de amistad y colaboración profesional" (FILMAFFINITY). Los cuatro actores principales son propiamente el cuarteto: Philip Seymour Hoffman es Robert, el segundo violín. Christopher Walken es el violonchelista. La viola y esposa de Robert, Juliette, es interpretada por Catherine Keener. El perfeccionista primer violín, Daniel, es Mark Ivanir. 
La enfermedad de Peter crea la inestabilidad y, si se me permite la broma fácil, el desconcierto. De manera que la película nos muestra las reacciones de cada cual y una situación de crisis como grupo, tanto en lo musical como en sus relaciones. Robert por ejemplo pretende que el papel de primer violín y segundo violín se puedan alternar y el planteamiento nos permite conocer sus complejos y a los que no conocemos la distribución de los instrumentos en los cuartetos de cuerda o en las orquestas, nos permite saber un poco más de cómo se apoyan. Tal vez la película sobre el cuarteto La Fuga se inspiró en lo musical en el Cuarteto Guarneri, que también se despidió en el Grace Rainey Hall del Metropolitan Museum de Nueva York.
Con las notables excepciones de algunos divos y famosos, que abundan entre cantantes, solistas y hasta directores de orquesta, la mayor parte de las veces no conocemos individualmente los miembros de una orquesta sinfónica e incluso los de un grupo que ejecuta música de cámara, mucho más reducido. 
La obra que ensayan y finalmente tocan es el Cuarteto para cuerda número 14, opus 131, de Beethoven. Entre sus dificultades la menor no es que se toca de una vez, a pesar de contar con 7 movimientos, cuestiones ambas que se salen de los cánones de lo que es la música para un cuarteto de cuerda. Hay una guía de audición en internet que explica maravillosamente bien el diálogo entre los instrumentos. El principio, por ejemplo, también tiene la rareza de que empieza por una fuga en la que se van incorporando a cada cuatro compases los cuatro instrumentos, desde el primer violín, después el segundo violín, hasta el violonchelo. El segundo movimiento se distingue porque empieza con un recitativo barroco y en fin se va desenvolviendo el diálogo entre los instrumentos.
Es poco conocido que Franz Schubert fue uno de los hombres que portó sobre un hombro el féretro de Beethoven en su funeral. En "El último concierto" se nos recuerda que Schubert además quiso que durante su propia agonía, un año después, le tocaran este cuarteto. En el Zentralfriedhof vienés hay un cenotafio (monumento funerario, en inglés memorial) a Mozart, a su izquierda se encuentra la tumba de Beethoven y a su derecha la de Schubert (Fotografía). Pasa lo mismo con los escritores y con los pintores o los cineastas, hay un continuum, aunque cada cual conserve su propia personalidad. Y quien ignore lo que han hecho sus predecesores o sus coetáneos está condenado a no permitir que avance el arte. No hay originalidad sin tradición.Ya lo dijo Eugenio D'Ors, "todo lo que no es tradición es plagio".
Más allá de la morbidez de los datos fúnebres, centrémonos en el hecho de que también los compositores son un grupo, aunque habrá unos de mayor calidad y originalidad que otros. Por lo demás, el dato que apuntábamos sobre la muerte de Schubert se lo da el primer violín a la hija del segundo violín para que situara la emoción que tiene que recorrer los siete movimientos. Que se toquen de una vez y no fragmentadamente provoca a mi entender que la música pierda ese racionalismo que a veces la desangela y la muestra como algo excesivamente reglado, imitativo. Al final de la actuación incluso los intérpretes se dejarán llevar por lo más importante, la pieza, aunque no les explico cómo para no chafarles la película como una spoiler.
La unidad de los siete movimientos, el que se deba interpretar de una vez, me recuerda aquella película, "El arca rusa" (Alexandr Sokurov, 2002) que fue rodada de una vez, en el Ermitage, en San Petersburgo. Si tenemos en cuenta que al final hay un baile imperial, con la participación de un gran número de personas, tal vez nos resultará más "fácil" darnos cuenta de lo "difícil" que es poner de acuerdo tanta gente. Si mal no recuerdo parece que "El arca rusa" apenas padeció el proceso de montaje final, donde se recorta y ordenan secuencias y generalmente se descarta material. Probablemente no seré imprudente si les señalo que tal vez Beethoven veía su concierto número 14 como un solo impulso. Y esto me lo permite decir no solo los escasos datos que les he juntado para el caso, sino mi propia experiencia de la pieza y, con las debidas distancias, de este blog. Parece que todo lo que no se siente como un único impulso, aunque se pueda desmontar en fragmentos, no se aguanta, es inconsistente.
 
Más allá de las peripecias personales y amorosas del cuarteto,  al final -aunque no sé si de forma verosímil o no- los instrumentistas sacrifican sus debilidades y excesos personales por el bien del cuarteto. Y esta cuestión, tan vibrante, podría trasladarse a cualquier ámbito de nuestra vida. En el cuarteto no sabemos que haya un "jefe" visible, aunque se podría decir que el violonchelista por su edad o por sus valores, podría serlo de forma fáctica. Pero, ¿cuántas veces no vemos que hay jefes por un tubo y hay tan poco liderazgo o solo están empeñados en su propio medre y en tener a la gente cabreada y a la greña?

Fotografía de Dave Pape (Wikimedia Commons)

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28.9.13

La ley de la oferta y la demanda


Tres moças cantavan d' amor,
mui fremosinhas pastores,
mui coytadas dus amores.
E diss' end' unha, mha senhor:
 ―«Dized' amigas comigo
o cantar do meu amigo».

Lourenço xograr, Tres moças cantavan d'amor


scucho la cantiga 160 de Alfonso X el Sabio, con ese fondo de bajo continuo de zanfona que me permite desprenderme de los estragos del zumbido y la resonancia que me acompaña cada noche desde hace meses, el aire acondicionado de los vecinos. Si los aparatos vibraran al menos en un tono benéfico, y ya no digo un La mayor sino algo más apaciguador... También escucho "Tres moças cantavan d'amor" del juglar Lourenço, cantada por Paulina Ceremuzynska, apellido polaco donde los haya. Una pieza del siglo XIII también que sirve como botón de muestra de la cima de un idioma. Después vinieron los séculos oscuros por lo menos para el gallego. El profesor Basilio Losada explicaba en sus clases de Literatura gallega del Rexurdimento los factores que empujaron el gallego, que había sido incluso la lengua de cultura de Castilla, hacia su uso en las clases más bajas, donde resistió hasta que TVG lo ha convertido en algo que me produce bascas. El exilio a Portugal y Andalucía de la nobleza gallega descapitalizó el Reino. Que nuestro Lourenço fuera xograr o jograr (galaico o portugués),  lo que es a mí poco me importa.
Losada, que no leía sus clases, sino que las daba, a pesar de que les hablo de hace mucho tiempo, consiguió por su forma de exponer los temas, que prácticamente luego no hubiera que estudiarlos. Recuerdo vivamente su relato y que una de las razones que hundieron el gallego fue el traslado de los tribunales más importantes a Valladolid, de manera que nadie quería iniciar un proceso en gallego puesto que si se tenía que llevar a una instancia superior (Valladolid), el proceso tenía que ser traducido al castellano, encareciendo las costas ya les diré cómo. Así que ya de primera instancia se movía todo el papelorio en castellano.
La oralidad, que se ha desvirtuado notablemente en los últimos años no ya en los púlpitos, sino -como dejé entrever- en las aulas, podría haber encontrado su amparo en las televisiones y en los juzgados, pero no estoy tan segura de que lo que allí se dirime se pueda presentar como buena dicción, un lenguaje llevado hasta su máxima expresión y un modelo de argumentación retórica. Y cuando digo retórica lo digo en el buen sentido, no en el que le ha quedado, de vacuidad o prosopopeya. 
En los mismos juzgados, en Santiago de Compostela, se han visto o están viendo los casos del robo del Códice Calixtino, las tramas de corrupción política, el accidente ferroviario de la curva de Angrois y el caso de la niña supuestamente asesinada por sus padres, Asunta Fong-Yang Basterra Porto. Yo uso la expresión "Vaites, vaites", que creo que se puede traducir como "vaya, vaya", en el mismo sentido que la usa mi tía Dolores, que es cuando algo reta todo comentario. Y eso que los diccionarios relacionan la expresión con la duda y la desconfianza, pero para mí es una interjección para indicar que aquello a lo que nos referimos es una barbaridad, una atrocidad ignominiosa. 
Las palabras no alcanzan a representar la chapuza de José Manuel Fernández Castiñeiras, el electricista, también conocido como "Manoliño do Rego", que tenía el manuscrito medieval en un garage, si no recuerdo mal en un balde. El tráfico de influencias de otro gallego, que pasó de ser el que servía el café a sus correligionarios en el partido a ser Ministro de Fomento del Gobierno de España, quedó en nada. En su último cargo precisamente pudo inaugurar la línea tan defectuosa que se convirtió en el culebrón de este verano. Pero parece que de todos los casos el que más nos horroriza es el de la niña china, sea cual sea el móvil que hubo, económico casi seguramente. De todos los parricidios, tal vez el de descendientes parece el más horrible, pero no se trata de que aquí sepamos demostrar si es peor matar a una madre o a una hija. En cualquier caso en los juzgados como en los hospitales e incipientemente en las escuelas, se toma un pulso de la realidad que los sempiternos novelistas de la Guerra Civil eluden. 
Aparte de la irresponsabilidad e incompetencia literarias que refleja esa franja de monotemáticos rencorosos, por quienes parece que nunca pasó la Transición, ¿a quién vamos a dejar el relato de nuestra actualidad? ¿A los historiadores de dentro de 100 años, si los hubiera? ¿A quienes intenten desbrozar las hemerotecas de toda la ganga clientelista? ¿A la lista de tuits ocurrentes de ese corral de garzas hipogonádicas y desgañitadas en que a veces se convierte el patio de Twitter? ¿Qué quedará de nosotros? Y no me contesten con las 50 mejores canciones del siglo o las frases más citadas de Facebook, se lo ruego. No debemos dar nuestras vidas por perdidas.

En posts anteriores hemos visto la ley del péndulo (La mejor cosa del mundo), la ley de Murphy (Juzgados por la ley de Murphy (1)), la del mínimo esfuerzo (Otra ley), la de atracción (La realidad y el deseo), el juicio canguro, las leyes de Clarke, la de Paretto y supongo que hasta la ley del más fuerte, la de la selva y la ley hecha trampa. Faltaba la ley de la oferta y la demanda.

"Visitors at village on the Lake Sevan" (Armenia, 1972) de Henri Cartier-Bresson

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27.9.13

La soledad sonora (1)

El aspirar el aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.
Del Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz


uchas veces me preguntan que porqué me gustan las plantas. Es una pregunta para mí bien curiosa porque nadie me ha preguntado nunca porqué me gusta la literatura, el arte o el bricolage. Lo normal es que no conteste nada pero no por insolencia sino porque cualquier respuesta me parecería una bobada. Perdonen que les diga que la pregunta me suele despertar la atención porque siento que hay personas a las que no les ha llegado todavía la belleza y la grandeza de nuestro planeta. O tal vez les ha llegado una pequeña parte y en especial la que está intervenida por los hombres, o incluso la que está intervenida exclusivamente por una parte de los hombres, los de su entorno inmediato. No es que piensen globalmente y actuen localmente, como se decía en la consigna medioambientalista. Es que no les interesa lo que no sienten como propio.
El año 1973 se publicó por primera vez La vida secreta de las plantas de Peter Tompkins y Christopher Bird. El libro pueden consultarlo en internet (Scribd). En su momento obtuvo respuestas controvertidas. Por el momento lo que llevo leído, que son los preliminares, el libro se plantea como una refutación del pensamiento de Aristóteles por el cual las plantas tienen alma pero no sienten.  No sé de cual de los libros que se conservan del filósofo griego se ha extraído esa afirmación, pero lo que sí sé es que a partir de ahí el nuestro empieza a explicar las experiencias con el galvanómetro, que es aquel artilugio que sigue empleando la policía científica para investigar la veracidad de las respuestas de sus interrogados. A mí toda esta artillería de electrodos y demás me provoca un cierto desencanto porque a veces el imperativo de encontrar pruebas nos aparta de lo fundamental. De hecho me atrevo a decir que aunque no hablo con las plantas sé que ellas hablan. Evidentemente, como ustedes ya saben, no emplean un lenguaje articulado como el nuestro, ese lenguaje que algunas personas manejan con gran habilidad y pueden usar para establecer pensamientos muy complejos y sentimientos que parecerían inaprensibles, inefables.
Cuando este verano estuve en Madrid, pude visitar la llamada Estufa Graells o Estufa fría o Estufa de las palmas, que por los tres nombres se conoce. Es un hibernadero y umbráculo que se construyó ya en el siglo XIX y allí hay una humedad constante. La estructura de hierro protege las palmas del frío y del calor, que ustedes ya saben que en la capital son bastante severos en sus picos. Precisamente yo fui un día de la plena canícula y a la hora de mayor calor, con lo que no había un alma. O, atendiendo a Aristóteles, sí que había almas, muchas. Allí estaban las plantas perfectamente ambientadas bajo unos aspersores que mantenían una nube de vapor constante y tibia. Creo que muchas personas no podrían soportar bien ese ambiente, por cerrado, por ser lo más parecido a nuestra etapa intrauterina. Y sin embargo yo noté que había que vencer la sensación de "estofado" primera y disfrutar de aquel silencio y aquella soledad. Pronto distinguí una música mínima, ténue, sin apenas melodía y no me fue posible percibir que estuviera hecha por sintetizador, como aquellas piezas en las que es fácil oír que se repite una frase hasta la náusea con ligeras variaciones de tono y poco más.
Solamente cuando después de hacer unas fotografías me detuve para disfrutar del momento noté algo que ya había notado en alguna ocasión con alguna planta, en algún árbol. Pero aquella tarde fue como una sinfonía de todas las plantas que allí habían. Como pasa con las personas hay diferentes voces y hay plantas dominantes y otras que apenas se hacen notar. Pero en cualquier caso para mí está claro que las plantas emiten un género de vibración que no será perceptible para nuestros castigados oídos pero que nos puede llegar en forma de ondas ¿electromagnéticas? a quienes estamos dispuestos a considerar que son especies vivas.
No pienso detenerme en si los experimentos con plantas demuestran o no que una planta se queja o protesta cuando la dañan, y que por lo tanto "sienten" en la medida que muestran una inquietud constatable cuando le infligen algún daño. Simplemente digo que a su manera hablan, y que el lenguaje es bellísimo, aunque no se pueda transcribir ni sea posible adquirirlo y codificarlo con nuestras propias palabras. Tal vez tendría que acudir a Joan Salvat-Papasseit y recordarles aquello de i la cançó canta a cada bri de cosa ("y la canción canta en cada brizna de cosa").
En nuestra ciudad apenas hay castaños, y es rara la ocasión de ver los amentos de las flores masculinas, como se pueden fer en la fotografía de hoy. A veces no es raro ver quien apaga una colilla en el tronco de uno de esos árboles que nos dan sombra en verano y que aportan un poco de color en los barrios. O quien echa un botellín de agua a medias consumido, en el alcorque, como si un alcorque fuera una papelera o un vertedero y como si el agua desaprovechada no la hubiera podido consumir el árbol en cuestión. A los niños se les enseña que la tierra es "caca" de una forma tan eficaz, que no es extraño que después la consideren el lugar ideal para dejar sus residuos. Los árboles también se utilizan para desenpolvar los felpudos o sacudir los escobones y seguramente servirían para muchas otras funciones pero no les quiero dar ideas. El caso es que me estoy acordando de que cuando de niña íbamos en el Seat 600 a Galicia, al llegar a Lugo había aquellos hermosos castaños, opulentos, donde cualquier se podía retirar a desaguar tranquilamente. Al atravesar la meseta teníamos que usar de parapetos las puertas delanteras para "fer barraqueta", como se dice en Cataluña. Y eso que el cielo de la meseta castellana es también un paisaje descomunalmente bello. Los castaños que recuerdo podían hacer "barraqueta" a ciento y la madre. Si me inspiran tanto desprecio y desagrado los que apagan una colilla en un árbol, no les digo lo que me inspiran quienes queman el monte. No lo digo.
Se suele decir que las flores de los castaños huelen a semen y podría ser. Aún conservamos en Galicia la cama de mis abuelos, que era sencilla pero de castaño, madera que disuade las carcomas. Ahora es tiempo de "crocas", esas capsulas picudas en donde se conservan las nueces de las castañas. En Galicia se comieron castañas de forma generalizada -parece que los árboles los introdujeron los romanos- hasta que aparecieron las patatas traídas de América, no menos suculentas. Hasta hace poco el mundo se dividía en arroz, patata y trigo como alimentos básicos, y algo de eso queda. Yo podría comer toneladas de puré de castaña y no cansarme nunca. Las castañas que tomamos en otoño para postre en casa no se hacen asadas, se cuecen con su piel interior y hinojo. Al parecer la frase "Toma castaña" proviene del hecho de que por sus propiedades curativas bien podía hacerse una letanía para la cual a cada dolencia podría responderse "Toma castaña". La frase ha tomado otra deriva, no exenta de agresividad, pero exactamente el significado sería algo así como conclusivo, nada más.

"La música callada". 
Fotografía de Josep Pujol Ricart registrada en SafeCreative *1309275830053

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25.9.13

El fin del verano

El fruto de la flor es una infrutescencia conocida como cinorrodón o escaramujo,
un "fruto" compuesto por múltiples frutos secos pequeños (poliaquenio) separados
 y encerrados en un receptáculo carnoso (hipantio) y de color vistoso cuando está maduro.
"Rosa" (Wikipedia)

La feuille d'automne emportée par le vent
En ronde monotone tombe en tourbillonnant.

Mús.: Francine COCKENPOT.
Letra: Jacqueline Debatte


uando fui en primavera a la Rosaleda Cervantes les expliqué que apenas habían aún rosas, y que los letreros parecían esperarlas en fila, como los que esperan a los invitados de un banquete de gala, de una boda o de un bautizo. A los pocos días había miles de rosas, sin despreciar a los manzanos y  a otros géneros que pertenecen a la familia numerosa de las rosáceas. Volví el sábado y apenas había alguna rosa. Entre las trepadoras de la pérgola que rodea la parte más alta, solo destacaban tres capullos ya algo mustios. Y sin embargo había una infinidad de escaramujos como el de la foto de hoy, que Pep Pujol ha tenido la atención y la generosidad de compartir con ustedes y conmigo misma. También debo decir que distinguimos cerca de los manzanos, de los que colgaban unas hermosas frutas aún verdes, unos membrillos a la sazón, de aquel color amarillo otoñal que nos recuerda a Caravaggio o a lo que recordamos de Caravaggio. Y, lo que no me parece una cuestión menor, las rosas olían como nunca antes me habían olido. Incluso quedando tan pocas flores como quedaban parece mentira que pudieran exhalar un aroma tan penetrante y tan extasiante.
Los ilustradores y algunos pintores cuando nos ofrecen una imagen de un vegetal intentan mostrar sus flores y sus frutos, no siempre coincidentes en el tiempo. A veces ignoramos las flores y otras ignoramos los frutos, sobre todo cuando éstos no son útiles. Lo que nos lleva a pensar si habrá en la naturaleza algo que no sea útil. Y por "útil"  no nos referimos al "quítate de ahí que me pongo yo", sino simplemente a que pueden hacer un servicio a otras plantas, al aire que respiramos, a la tierra donde yacen o a los animales, por sus propiedades medicinales o nutritivas.
Uno de los atractivos para mí del Ayurveda o Ciencia de la Vida india, es que se aproximan a los alimentos atendiendo a sus diferentes partes. De manera que, por ejemplo, en una manzana la piel corrrige los efectos de la pulpa. Si comemos la manzana sin piel puede producirnos una cierta enteritis, mientras que la piel sola es astringente. Espero no decirlo al revés, pero lo recuerdo así. Al lado o en oposición a esto de la "complementariedad" o integralidad de los alimentos estaría el llamado "efecto rebote" o efecto paradójico por el cual a veces cuando tomamos café nos da sueño, o un medicamento nos produce precisamente el efecto contrario al deseado. Por eso me extraña que conmigo no funcione la homeopatía. Tal vez necesito algo en lo que nadie da.
Últimamente he incorporado la nuez moscada en polvo al vasito de leche caliente que me tomo por la noche para vencer los estragos del climaterio y las molestias de los aparatos de aire acondicionado vecinos. No quiero ni pensar en los efectos indeseables que tiene una sobredosis de nuez moscada, Myristica es su nombre taxonómico, creo que apelando a su admirable naturaleza y seguramente a su olor, algo que es superior al sándalo y a la vainilla juntos, que ya es decir. No consigo dar con las palabras. Ahí, en ese territorio donde solas las lianas y las semillas obran el milagro de la vida y el viento transporta el crujir de barcos que ya no existen, se esconde el murmullo del otoño o del final del final del verano.

"La fi de l'estiu" | Fotografia de Josep Pujol Ricart registrada en SafeCreative +1309255822337

24.9.13

La letra muerta

"A imagen del Prozac,
ayudan a sus adeptos a no saltar por la ventana y a mecerse en la
dulce ilusión de que siguen una vía espiritual
auténtica. ¿Pero hay alguien que no la siga hoy en día?
MI banquero es gurdjieffano y baila de un despacho a otro,
la empleada de correos budista despacha
los giros refugiándose en la tierra pura,
mi librero revitaliza su catolicismo romano moribundo en las
profundidades de la ortodoxia. Los hedonistas
son tántricos; los "correctos", zen vestidos de negro; 
los intelectuales, shivaístas; los marginales le dan al chamanismo
y a las setas lucidógenas, los rigurosos son sufíes,
los tímidos redescubren a Heráclito y a Empédocles de Agrigento.
En cuanto a los demás, cebados con estupideces televisivas,
piensan que si su vecino no tiene televisión,
come productos ecológicos o practica yoga pertenece 
forzosamente a una secta. Solo
James Bond puede sacarnos de las garras de estos demonios.
Daniel Odier, Adiós gurú



no de mis hermanos putativos, Pep Pujol, en correspondencia a mis soliloquios ha tenido a bien acompañarme con una fotografía y lo ha hecho con toda su generosidad y casi 7 MB que he adelgazado por miedo a la gente de moral distraida o inescrupulosa con el trabajo ajeno. La foto de las amapolas se encuadra en un campo de trigo de la Segarra, pero no con el trigo verde, que es lo más habitual, sino con el trigo tal y como está en la comarca de Pep en junio. Cosa que me llevaría a decir que Pep es una de las pocas personas que conozco que nunca se queja del frío o del calor y que además los vive plenamente. Será porque nació en una tierra aparentemente árida y de unos contrastes climáticos que no tenemos aquí en Barcelona. Conozco mal la Cataluña interior, apenas Les Borges Blanques, Ivorra, no mucho más, pero es un paisaje que no se ve interferido por los elementos exóticos que se añadieron en la costa o en las zonas turísticas o de nuevos ricos en el último siglo. Según los días incluso no admito -si esto fuera un juego, que no lo es- el higo chumbo como mediterráneo. Cereales, olivos, almendros y secano sin más, abrótamo macho (cat. espernallac) en los linderos, amapolas


El año del conejo de 1999 conocí en Orangeville (Toronto) una mallorquina hija y nieta de pageses. Acabado el taller de taichi en que participamos ella seguía su viaje a Chicago, donde vivía una de sus dos abuelas. Le llevaba una caja llena de botellas de aceite de producción propia, de unos olivos que tienen más de 2000 años, de la época de Jesucristo. Me quiso regalar una botella pero no la acepté de ninguna manera y le dije que eran "per a la iaia", que si algún día iba yo a Mallorca entonces con mucho gusto me comería con ella unos pedacitos de pan mojados en aceite de sus terrenos. De momento no he ido a Mallorca pero la guardo en mi recuerdo con gratitud. 
*
Pep también me ha acercado la frase de Prem Rawat, tal vez para recordarme lo que ha dicho este maestro y otros, que lo mejor está Marta adentro. Lo más alegre, lo más bonito, lo más pleno está dentro de cada cual, no hace falta buscar fuera, nos dicen muchos sabios. Y la verdad es que cuando se llega a esta certeza es cuando más se puede disfrutar no ya de uno mismo, si es que alguna vez se estuvo en conflicto con los propios anhelos o realidad, sino incluso con los demás. Curiosamente, el maharaji Prem Rawat, no trasmite doctrinas, ideas o teorías.  Prescinde de todo aparato especulativo o filosófico. No plantea cuestiones gramaticales, éticas o lógicas, algo de lo que hay mucho en mi blog, aunque solo sea para desarmar quijotescamente los monstruos-molinos que se me presentan. 
Del libro de Odier rescato la frase con la que abro el post y su ironía. Solo les diré que el botox y el Photoshop ha llegado al yoga en Barcelona, y que hay gente que aplicadamente se ha puesto a estudiar sánscrito, como si pudieran adquirir con esa lengua -poco menos que muerta, es decir que no se habla- las nociones más sutiles de la tradición milenaria escrita. No tenemos remedio. Si hay algo peor que la letra pequeña eso es la letra muerta.

Pero por no dejar el post sin añadir una alternativa halagüeña añado una frase del maestro indio.

"Pensa en la vida així: és la teva oportunitat de passar un temps
amb el millor amic que has tingut.
És la teva oportunitat de trobar-te amb la claredat suprema, 
la bondat suprema, la alegria suprema.
Això és la vida. No promet ser per sempre.
Però hi ha la possibilitat de que puguis passar un temps amb el que és més bonic.
I això resideix al teu cor."
Prem Rawat

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Al que anduvo en la mar

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22.9.13

Fuera de contexto (2)

“Un escritor no debe hablar sino escribir; el lector lee lo que ha escrito y punto;
lo que ni has puesto en el libro no vale la pena decirlo de palabra.”
Alberto Vázquez-Figueroa



ubscribiría totalmente esta frase en el caso de que yo misma fuera una escritora. Obviamente los escritores sí deben hablar, pero no de lo que escriben. La frase del novelista canario fue tomada de "El País", pero la tengo fuera de contexto y solo puedo suponer que estaba en una entrevista, aunque no tan larga como la que le hicieron el otro día a Jorge Bergoglio, que desalienta toda intención de una lectura atenta. Pero la frase de Vázquez-Figueroa antes me recuerda a otra de Vicente Aleixandre, si no recuerdo mal, a quien le preguntaron una vez que qué quería haber dicho con unos versos que había escrito años antes, a lo que repuso poco más o menos que había querido decir exactamente lo que había dicho porque si hubiera querido decir otra cosa la hubiera dicho. Esta respuesta, incluso sin la menor sombra de insolencia, yo sé que puede caer, y que la mayoría silenciosa o no de los escritores intentará soslayar como mejor pueda un percance del género porque en mi opinión es molesto.
El hecho de que algunas personas gracias a internet hayamos tenido la oportunidad de difundir nuestros textos sin necesidad de acudir a todo el aparato editorial, se ha visto además favorecido por la posibilidad de que cualquier persona del planeta puede en tiempo real dejar un comentario, una observación, una crítica adversa o hasta una impertinencia o majadería a pie de texto. La blogosfera es una red social como lo es Facebook o Twitter, solo que el emisor tiene más privilegios: puede elegir el color del fondo, puede eliminar comentarios, puede escribir sin límite de palabras cuanto quiera y la gente puede visitar o no su bitácora. La plataforma Blogger o Blogspot, si esto les consuela, es más respetuosa con los comentaristas de lo que lo es por ejemplo Wordpress, que concede al editor un dominio total, permitiéndole incluso editar (!) los comentarios de quienes tienen a bien decir alguna reflexión o vituperio sobre los posts. 
Los community managers, que son como una especie de animadores-moderadores de una cuenta determinada en una red social de una marca o institución, saben que Facebook y Twitter o tantas otras redes sociales como hay son en parte un eco de la web que promocionan. Es decir, una empresa tiene una web y a través de Facebook y Twitter difunde sus actualizaciones, sobre todo cuando la web no admite interacciones. Y a través de Facebook, etc., es donde también difunden otras informaciones del mismo medio o participan en las fuentes de esas otras informaciones. Pero idealmente se persigue que la atención no se disperse ni repetir lo mismo en varios sitios.
En los últimos años me he encontrado con que he recibido una parte de los escasos comentarios que recibe este blog en Facebook o en Twitter, como si se inadvirtiera que hay un lugar para los comentarios en el propio blog. He considerado sin más que tal vez muchas personas no querían exponerse a un medio con un espacio abierto al mundo, como lo es un blog, y que preferían restringir el eco de sus observaciones a los muros de nuestras cuentas personales. Es una cuestión que no tengo resuelta, aunque surgieron en determinado momento unos widgets que permitían ver en el blog los comentarios que recibía un enlace en Facebook. Pero, como es fácil suponer, esos widgets se incrustraban en los blogs sin el permiso de los comentaristas, que a lo mejor no querían salir de la seguridad del muro blanquiazul.
Al lado de este efecto, para mi entender un poco distorsionador, de lo que en realidad persigo, también me he encontrado con personas que me escribían directamente a mi cuenta de correos sobre un post o incluso indirectamente me daban a entender en un wasap (!) o en nuestros encuentros reales en el mundo no virtual que algo sabían de lo que había escrito, pero eso siempre dejando mi espacio bitacórico para los comentarios más desangelado que ya les diré yo qué. Me cuesta explicarles lo decepcionante que me resulta cuanto les cuento porque mi centro de operaciones es el blog y secundariamente Facebook, donde intento participar siempre que puedo y debo, pero donde no deseo ensanchar ni establecer mi trayectoria literaria.  No sé si queda claro. 
Por una parte no deseo dispersarme, por otra parte estoy totalmente de acuerdo con lo que dijeron Vázquez-Figueroa y Aleixandre: escribir es una cosa y hablar es otra. El hecho de que de forma programática o como factor de estilo yo elija escribir como hablo (en clara oposición además de los que hablan como escriben), no significa que fuera de lo que es en propiedad el soporte donde yo me expreso desee crear un eco o una prolongación. Y eso porque el quehacer de escribir se dirime donde le corresponde y de otra manera no entiendo lo que ya dijeron el novelista y el poeta.
Me he acordado del blog de Antonio Muñoz Molina, Escrito en un instante, y de allí vengo para explicarles que ha eliminado el campo de comentarios. La última vez que estuve los había y en gran número, de la manera más sorprendente porque nadie podía esperar no ya que le contestaran sino incluso que le leyeran su observación. Este escritor y otros tienen cuentas en las redes sociales que no atienden, o que son atendidas por community managers. Y es que además de todo cuanto llevo dicho, está otra cuestión no menor, que hay que valorar el tiempo que se puede dedicar a lo que verdaderamente no es nuestra labor. Hay escritores -estoy pensando en uno norteamericano de bestsellers- que por el contrario han decidido dejar de escribir de la manera convencional y empeñan todo su tiempo en Twitter, donde escriben tuits de 140 caracteres que son como deposiciones cuya regularidad recuerda la de un churro pastelero que deja masas de galleta en una cadena industrial. 
Puede parecerle a quien no tiene la necesidad de escribir que el escritor centrado en su labor literaria tal vez teme la improvisación o es elitista, pero doy fe de que paradójicamente, las relaciones sociales que establecemos son una fuente de estímulo y de inspiración para la escritura. Pero, ¿verdad que si alguien nos pregunta por teléfono si nos ha gustado una película le contestaremos por ese mismo medio? ¿O es que le corresponderemos con un silencio penoso y le contestaremos por wasap? No descartando que en lo sucesivo, recordando una conversación, le remitamos a alguien un enlace interesante y lo hagamos de la manera que nos resulte más cómoda o directa, sí que parece anómalo que nos comuniquemos cada vez más para menos.

 "En internet, nadie sabe si eres un perro" (Peter Steiner)

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20.9.13

Gestos

"Lui mi dice di sì, che
sta bene, ma soprattutto che la Giornata Mondiale
 della Gioventù è stata per lui un «mistero».
Mi dice che non è mai stato abituato
a parlare a tanta gente: «Io riesco a guardare le singole persone,
una alla volta, a entrare in contatto in maniera personale con chi
ho davanti. Non sono abituato alle masse».
Gli dico che è vero, e che si vede, e che questo colpisce tutti
Si vede che, quando lui è in mezzo alla gente,
i suoi occhi in realtà si posano sui singoli.
Poi le telecamere proiettano le immagini e tutti possono vederle,
ma così lui può sentirsi libero di restare in contatto diretto,
 almeno oculare, con chi ha davanti a sé.
Mi sembra contento di questo, cioè di poter
essere quel che è, di non dover alterare il suo modo ordinario di
comunicare con gli altri, anche quando ha davanti a sé milioni di
persone, come è accaduto sulla spiaggia di Copacabana."
Intervista a Papa Francesco, La civiltà cattolica

 
diferencia de otras ocasiones hoy voy a dejar de ofrecer la traducción del texto que cito. Pienso que nadie va a sentir que por ello tengo el italiano en menoscabo (cosa que ocurriría si lo hiciera con una lengua más minoritaria) o que le supongo a la gente unos conocimientos que no tienen, o que no los tengo yo. Algo de italiano he estudiado. Que el director de "La civiltà cattolica" haga referencia a quienes son los interlocutores para quienes el Papa Francisco siente que habla cuando lo hace en público es un tema que me interesa de una forma especial. No acostumbrado Jorge Bergoglio a auditorios y "miratorios" tan gigantescos como el que se congregó en Copacabana, su mirada acudía a las personas más próximas. En realidad, sin descartar un temperamento también "próximo" por el que va siendo conocido en el viejo continente el Papa, recordemos que a los conferenciantes se les aconseja para vencer el temor escénico dirigirse a una parte del auditorio. A dos o tres personas salpicadas en un radio muy amplio, para que no se distinga la fijación en un punto. Y yo me acuerdo una vez que tuve que defender una ponencia ante un forum de 600 personas que no podía evitar apoyar de vez en cuando mi mirada en las dos filas en las que se había concentrado el "pabellón" español. Porque desde el estrado reconocía caras que me eran familiares. Pero que me parta un rayo si ahora, después de haber pasado más de 20 años, fuera yo capaz de decir para quien hablaba. De la misma manera que ocurre en este pobre blog. Aunque también admito aquello que una vez le oí decir a la escritora Luisa Cuerda, que cuando escribo según qué sé a quien le gustará especialmente.
Hay personas que dirigen sus miradas y sus intenciones a quienes están por encima de ellos, otros a quienes están por debajo, otros a sus adláteres. Hay personas inclusivas, hay personas exclusivas. Una profesora que tuve en COU me dijo una vez: "Los alumnos que se sientan al fondo del aula quieren llamar la atención de sus compañeros; los que se sientan delante, la de los profesores". Cuando me lo dijo no supe qué pensar, pero ahora creo que puedo darle totalmente la razón. De hecho, mi profesora, Francesca Prats, había hecho estudios de la Imagen en los años 60 en Toulouse, y con el tiempo se convirtió en un experta en cine, gracias a sus no menores conocimientos en artes plásticas y -¿por qué no decirlo?- en "labores del hogar".
Las distancias en la vida social están regladas y arregladas, hay una serie de convenciones, especialmente para las distancias cortas, que alcanzan hasta un perímetro de 50 cm alrededor de la "otra" persona. Dentro de ese perímetro ya entraríamos en la intimidad, sobre todo cuando usamos las manos para ser más cercanos, sea gesticulando sea tocando. Para los casos difíciles es para lo que está la llamada buena educación o una bofetada a tiempo.
De gestos quería hablar, porque el nuevo Papa, que ha sido comparado con sus predecesores ad nauseam, en mi modesta opinión ha tenido muchos gestos. Wojtila era hombre de pocas palabras aunque muy carismático. Ratzinger usaba sus palabras de una forma que aún no ha sido suficientemente estimada pero yo creo que con el tiempo se valorará su dominio sobre la sombra y la luz de las palabras. Bergoglio es un hombre de muchas palabras y de gestos en el sentido que no veo en nuestro DRAE en su 22ª edición, en el sentido de que emprendemos una acción con la que mostramos un impulso del ánimo. Y también se piensa que en el sentido de que pretende provocarnos los propios impulsos del ánimo a través de demostraciones impostadas. Estamos acostumbrados a quienes pretenden afectar riqueza, pero no a los que afectan pobreza y se hacen foto y todo para que conste. Cuando hace días hablaba de reconvertir los conventos deshabitados no en hoteles de lujo sino en residencias para personas necesitadas, hace falta estar muy lejos de este mundo (como 30 Copacabanas llenas) para no saber que un planteamiento así es tan gestual como desasistido por la razón. Muchos de los conventos que van perdiendo religiosos tienen que recurrir a esas reconversiones porque de otra manera se vendrían abajo los edificios, cuya restauración es tan onerosa que nadie puede atender a ese gasto. Y así vemos que magníficos edificios del siglo XII en España, con columnatas cistercienses magníficas o unos altares mayores de desmayo, se han cedido a los gobiernos autonómicos, para que asienten allí sus sedes o dependencias, porque las órdenes no podían sufragar el mantenimiento de edificios que estaban arruinándose desde el punto de vista material. Se les da un justiprecio miserable para que se acomoden en un convento más pequeño y punto. Las ideas que de vez en cuando el Papa Francisco tiene a bien trasmitirnos no me permiten pensar que sea totalmente cándido sino que son simplemente consignas como las que se gritan o grafitean en las concentraciones de protesta, para caldear el ambiente y para echar un tiento al asunto. No difiere mucho de un líder de la secundaria.
Tal vez las palabras que con una periodicidad programática nos van haciendo llegar desde el Vaticano, sobre la contracepción, sobre la homosexualidad, sobre las riquezas de la Iglesia, tendrán algún efecto sobre una buena parte del público que de hecho ya está bien predispuesta. Quizás tenga un efecto favorable sobre el segmento flotante, y empleo adrede un matiz de lenguaje de la publicidad. Sin embargo tengo la sensación que es un poco como los comentarios que ha hecho recientemente Esperanza Aguirre sobre el independentismo en Cataluña: no añade ningún partidario y tal vez descontentará a quienes estaban de su lado. Me cuesta decir que en estas situaciones de conflicto, como el que ya está claro que existe en esta parte del mundo, algunos gestos de última hora de adhesión parecen algo oportunistas y son, eso, gestos.
Otra cosa es que podríamos conceder (sin asomo de condescendencia alguno) el beneficio de la duda a estas personas y creer en que no hay segundas ni terceras intenciones. Pero en mi experiencia me he encontrado a gente que incluso cuando hablan bien de alguien es porque quieren poner en entredicho a terceros o cuartos. Y, como se suele decir, "A río revuelto ganancia de pescadores" , "Menos lobos, Caperucita" y "Judío para la mercadería, fraile para la hipocresía", o "El celo de mi casa me devora".  La segunda acepción del último DRAE para jesuítico es por cierto "hipócrita, disimulado".

Post scriptum: ¿Y si Bergoglio es uno de esos revientaempresas? Como el CEO de Nokia, que después de hundir la factoría y llevarla al fondo de la ruina, la ha dejado a puntito para que la coja Microsoft con él incluido.Cosas.

Azul III (Joan Miró)

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18.9.13

El sofá de la capibara



"The civilisation of ancient Greece was nurtured within city walls. In fact, all the modern civilisations have their cradles of brick and mortar.
These walls leave their mark deep in the minds of men. They set up a principle of "divide and rule" in our mental outlook, which begets in us a habit of securing all our conquests by fortifying them and separating them from one another. We divide nation and nation, knowledge and knowledge, man and nature. It breeds in us a strong suspicion of whatever is beyond the barriers we have built, and everything has to fight hard for its entrance into our recognition."
Rabindranath Tagore, Sadhana: The realization of the life (*)

ien es sabido que todo tiende a reproducirse. Si leen el texto que sigue a la cita íntegramente, verán que se establece una cierta dicotomía entre la forma en que se conducían los griegos y la forma en que se conducían los arios, oriente y occidente. Y como digo en nota, los arios no son aquellos alemanes que pseudocientíficamente durante el Reich hitleriano adoptaron el concepto de “raza aria”, son los protoindoiranios indios. Lo cual, si nos quisiéramos desviar viene siendo como las teorías de Murguía, que ahora solo es el marido de Rosalía de Castro, pero que en vida introdujo el celtismo, también pseudocientíficamente, aunque con tanta fortuna que aún hoy es fácil oír o leer mucho sobre los antergos celtas, cuando la cosa no es tan fácil ni seguramente tan romántica. Pero dejemos a los muertos en paz, como debe ser, y volvamos a los griegos, que no es que estén pasando por una buena temporada que digamos.
Siento el mayor de los respetos por Rabindranath Tagore, incluso un algo de devoción, si me permiten una expresión tan fuera de contexto. Pero a nuestras edades ya no comulgamos con ruedas de molino y no es que hayamos adoptado el escepticismo aquel con su poco de pizca de algo de militancia, es que estamos desengañados. Los griegos aprendieron mucho de los indios y tal vez por eso si dieron cuenta que un panteón con 330 millones de dioses o 3000 dioses no era viable, mientras que el Olimpo a lo mejor no era tan impresionante, que sí lo era, pero estaba hecho precisamente más a la medida del hombre. Y digo "del hombre" y no "del hombre y de la mujer", como diría la inefable Susana Díaz, porque en este caso me temo que sí, que "el hombre" está usado exclusivamente. Tagore quiere señalar el error o lo pernicioso de la forma de ver el mundo en nuestros padres griegos, con su logos y sus murallas y sus hombres que eran la medida de todas las cosas y para hacerlo lo hace con una dicotomía, estableciendo el contraste entre el punto de vista griego y el de la nuestra madre India. Por lo tanto, en mi pobre entender, su pensamiento algo contaminado estaba por las murallas y por la forma de pensar que crea entes y clasificaciones y silogismos.
Es difícil sostener, al menos para mí, dicotomía alguna. Está claro que un arroz está salado o no lo está, que es de día o es de noche, pero hay muchas dicotomías que se retroalimentan, que se envuelven. Logos no excluye a Sophia, que sería lo más parecido a la oposición que plantea Tagore. En el pensamiento analítico hay un poco de la sabiduría y en la sabiduría hay un un poco de lógica. A mí me gusta tanto la lógica -o habría que decir las falacias lógicas- que podría haber perdido mi tiempo con el estudio de Aristóteles, como hay quien lo pierde jugando en Facebook o viendo la TV.
Cada mañana cuando me levanto veo ante mi ventana dos vecinos con sus banderas en los balcones. Aunque sean las 6 de la mañana miran sus televisores. Yo puedo entender que un enfermo, alguien que esté físicamente o psíquicamente tocado, no pueda hacer otra cosa que ver la TV, pero también entiendo que una persona sana que pase muchas horas ante el receptor acabará enferma, sin energía, abotargada y echa una piltrafa. Lo digo como lo pienso. Para mí es una visión tristísima porque las personas de las que estoy hablando son jóvenes. Los sábados, se hacen las 9 de la mañana y siguen ante sus televisores. No es por criticar, pero a mí me produce desazón. Ese... ¿sedentarismo? no puede ser bueno. Y de hecho se dice que gran parte de las enfermedades que padecemos son debidas el sedentarismo.
*
Casi nunca me acuerdo de mi espalda a excepción de algún lunes, y eso cuando me he pasado la tarde del domingo tirada en el sofá hasta dejar mis lumbares o mis cervicales para el arrastre. El sofá es el invento más insano que hay, dejando aparte el tema -que ya comentamos en otra ocasión- de que en los sofás y tresillos podemos obtener muestras de ADN y de todo tipo de microbios, además de cacahuetes, plumas estilográficas, eyeliners (lápiz de ojos) y hasta tornillos, monedas de cincuenta céntimos de euros, etc. Pasar una tarde en el sofá en negligé, un kaftán de El Corte Inglés o directamente en pijama, puede ser no reparador pero sí un desahogo. Y sin embargo estar media vida en el sofá no es nada recomendable. Pasear aunque sea sin objeto también descansa y nos releva de la presión diaria. El sofá nos aísla. La medida del hombre o de la mujer en el sofá es justo todo lo contrario de la unión con el universo de la que nos hablaba Tagore en su Sadhana. 
Les confieso que siempre he sentido un poquito de aversión por las capibaras (Hydrochoerus hydrochaeris) y el olor de las alcaparras. El resto de los animales y vegetales no me inspira mayor cuidado que el natural. Ustedes dirán que en Barcelona, más allá de los ejemplares del bosque inundado de CosmoCaixa, es muy improbable que me tropiece con uno de estos roedores gigantes. Aún lo es menos que me cruce con una capibara gigante. Y sin embargo la imagen de hoy me ha reconciliado un poquito con estos animalitos. Y que haya sido por ver uno on the couch aún tiene más gracia ¿Me estaré uniendo con el universo?
 



Escena familiar con Gary, una capibara gigante (Daily Mail)


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"The civilisation of ancient Greece was nurtured within city walls. In fact, all the modern civilisations have their cradles of brick and mortar.
These walls leave their mark deep in the minds of men. They set up a principle of "divide and rule" in our mental outlook, which begets in us a habit of securing all our conquests by fortifying them and separating them from one another. We divide nation and nation, knowledge and knowledge, man and nature. It breeds in us a strong suspicion of whatever is beyond the barriers we have built, and everything has to fight hard for its entrance into our recognition.
When the first Aryan invaders appeared in India it was a vast land of forests, and the new-comers rapidly took advantage of them. These forests afforded them shelter from the fierce heat of the sun and the ravages of tropical storms, pastures for cattle, fuel for sacrificial fire, and materials for building cottages. And the different Aryan clans with their patriarchal heads settled in the different forest tracts which had some special advantage of natural protection, and food and water in plenty.
Thus in India it was in the forests that our civilisation had its birth, and it took a distinct character from this origin and environment. It was surrounded by the vast life of nature, was fed and clothed by her, and had the closest and most constant intercourse with her varying aspects.
Such a life, it may be thought, tends to have the effect of dulling human intelligence and dwarfing the incentives to progress by lowering the standards of existence. But in ancient India we find that the circumstances of forest life did not overcome man's mind, and did not enfeeble the current of his energies, but only gave to it a particular direction. Having been in constant contact with the living growth of nature, his mind was free from the desire to extend his dominion by erecting boundary walls around his acquisitions. His aim was not to acquire but to realise, to enlarge his consciousness by growing with and growing into his surroundings. He felt that truth is all-comprehensive, that there is no such thing as absolute isolation in existence, and the only way of attaining truth is through the interpenetration of our being into all objects. To realise this great harmony between man's spirit and the spirit of the world was the endeavour of the forest-dwelling sages of ancient India.
In later days there came a time when these primeval forests gave way to cultivated fields, and wealthy cities sprang up on all sides. Mighty kingdoms were established, which had communications with all the great powers of the world. But even in the heyday of its material prosperity the heart of India ever looked back with adoration upon the early ideal of strenuous self-realisation, and the dignity of the simple life of the forest hermitage, and drew its best inspiration from the wisdom stored there.
The west seems to take a pride in thinking that it is subduing nature; as if we are living in a hostile world where we have to wrest everything we want from an unwilling and alien arrangement of things. This sentiment is the product of the city-wall habit and training of mind. For in the city life man naturally directs the concentrated light of his mental vision upon his own life and works, and this creates an artificial dissociation between himself and the Universal Nature within whose bosom he lies.
But in India the point of view was different; it included the world with the man as one great truth. India put all her emphasis on the harmony that exists between the individual and the universal. She felt we could have no communication whatever with our surroundings if they were absolutely foreign to us. Man's complaint against nature is that he has to acquire most of his necessaries by his own efforts. Yes, but his efforts are not in vain; he is reaping success every day, and that shows there is a rational connection between him and nature, for we never can make anything our own except that which is truly related to us."
Rabindranath Tagore, Sadhana: The realization of the life [+]





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Traducción casi literal de Marta Domínguez Senra
"La civilización de la antigua Grecia se desarrolló intramuros. De hecho, todas las modernas civilizaciones tuvieron su cuna de ladrillo y mortero.
Las murallas dejaron marcas profundas en las mentes humanas. Configuraron el principio del “divide y vencerás” en nuestra mentalidad, lo cual engendró en nosotros un hábito de asegurar todas nuestras conquistas fortificándolas y aislándolas. Dividimos nación de nación, unos conocimientos de otros conocimientos, los hombres de la naturaleza. Todo ello nos ha hecho sospechar de cualquier cosa que se encontrase más allá de las barreras que habíamos construido, y cualquier cosa tenía que luchar duramente para conseguir entrar en nuestro ámbito y recibir nuestro reconocimiento.
Cuando los primeros invasores arios (*) aparecieron en la India era un vasto territorio de bosques, de lo que los nuevos habitantes se beneficiaron. Los bosques les cobijaron de la crudeza del calor del sol y de los estragos de las tormentas tropicales, así como también les ofrecían pasto para el ganado, combustible para los fuegos de los sacrificios y materiales para construir las casas. Y los diferentes clanes arios con sus patriarcas se asentaron en los bosques favorecidos por su protección natural y por tener abundancia de alimentos y agua.
En India la civilización nació en los bosques, lo que les concedió un especial carácter a partir de su origen y entorno. Estaba rodeada de naturaleza, era la naturaleza la que proporcionaba alimentos y ropa y se vivía en constante unión con la naturaleza en sus más diversos aspectos.
Una vida así, se dirá, tiende a producir el efecto de abotargar la inteligencia humana y de desincentivar el progreso menguando las exigencias existenciales. Pero en la antigua India las circunstancias de la vida en los bosques no vencieron el pensamiento humano y no debilitaron sus energías, solo las dirigió hacia una dirección en particular. Habiendo estado siempre en contacto constante con la naturaleza viviente, la mente estaba libre de desear extender su dominio erigiendo murallas alrededor de las conquistas. El objetivo no era conquistar para alcanzar, ni aumentar la conciencia aumentando un territorio. Sentían que la verdad es comprenhensiva, que nada hay que pueda vivir en absoluto aislamiento en la existencia, y que la única forma de llegar a la verdad era a través de la correspondencia de los seres vivientes y todo el entorno. Comprender la gran armonía entre el espíritu humano y el espíritu del mundo fue el supremo esfuerzo de los sabios que vivieron en los bosques de la antigua India.
Posteriormente llegaron tiempos en que los bosques primigenios dieron paso a los campos cultivados, y surgieron ciudades populosas por todo el territorio. Se establecieron reinos poderosos que tenían trato con los grandes poderes del mundo. Pero incluso en pleno auge de prosperidad material el corazón de India no dejó atrás su adoración por el primer ideal de afanarse por llegar a la autorrealización, ni la dignidad de la vida sencilla en los lugares retirados, y sacó su major inspiración de la sabiduría allí atesorada.
Los occidentales parece que se enorgullecen de pensar que subyugan la naturaleza; como si vivieran en un mundo hostil donde hay que aprovecharse de cuanto deseamos, a causa de la manera extraña e insubordinada que tiene el mundo de comportarse. Este sentimiento es el producto del hábito de las ciudades amuralladas y de las costumbres de la mente. Y es que en la vida urbana el hombre tiende a concentrarse en su propia vida y sus trabajos, y ello crea una disociación artificial entre uno mismo y el Universo en cuyo corazon reside.
Sin embargo en India el punto de vista es diferente; el mundo y el hombre se incluyen como una suprema verdad. India pone todo su énfasis en la armonía entre el individuo y el universo. No habría comunicación alguna con nuestro entorno y si fuera extraño a nosotros. El desasosiego del hombre ante la naturaleza es solo el de conseguir lo necesario a través de su propio esfuerzo. Pero ese esfuerzo no es en vano, cada día devuelve su éxito, lo cual muestra que hay una conexión racional entre el hombre y la naturaleza, ya que no podríamos hacer nunca nuestro lo que no está ya en nosotros.
(*) Nota de la traducción: Los arios no son aquellos alemanes que pseudocientíficamente durante el Reich hitleriano adoptaron el concepto de “raza aria”, son los protoindoiranios indios.