4.12.16

La patada de un conejo vr. 2

“Pero enamorarse no significa amar. Uno puede enamorarse sin dejar de odiar. ¡Tenlo presente!”.
Fedor Dostoievski, Los hermanos Karamazov

En las estampaciones hawaianas hay mucha costilla de Adán y mucho hibisco, hojas de palmeras y hojas de piña. El hibisco es a las camisas hawaianas lo que la rosa Windsor es al sillón de cretona estilo inglés, algo que parece inevitable. Me sirve la imagen propuesta para lograr una segunda versión de "La patada de un conejo", por si la primera no es convincente o no es amena ni agraciada. Lo primero que se me ocurre es presentar un enigma, el de la pareja de orientales vestidos de novios con dos o tres orientales más haciéndoles fotografías. Los he visto en Barcelona, en Madrid, en París y en Londres. No los mismos, naturalmente. Son variaciones del mismo tema. Son dos jóvenes muy fotogénicos, que saben posar y lo hacen "naturalmente" en lugares públicos como puede ser la entrada de la Catedral de Barcelona o los jardines que hay cerca del Big Ben. Lo que llama la atención no es el equipo del fotógrafo y sus asistentes, atrotinado pero profesional, sino que los trajes se ven usados. El velo de la novia y la cola se notan hasta ajados, como si hubiera pasado por muchas bodas. La sonrisa de la novia fotogénica es toda la que permite el decoro oriental y no deja de revelar una sumisión perfecta. El misterio es saber para quién trabajan.
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Recuerdo que hace unos años había tantas visitas a los enfermos, en los hospitales, que el bienestar de los que convalecían se veía muy amenazado. A veces las risas y el jaleo ayuda a los enfermos a reaccionar del letargo y la labilidad a que le han llevado el dolor y la incertidumbre, pero otras veces agudiza el malestar. Lo ideal sería que las personas que visitan a los enfermos se acomodaran a su estado y no está de más decir que es mejor más visitas y más cortas que una visita que se prolonga y cansa. 
También recuerdo una película protagonizada por Jack Nicholson y Morgan Freeman, "Ahora o nunca" (Rob Reiner, 2007), en que se producía una gran camaradería entre los dos pacientes que están ingresados en un hospital y en la misma habitación. 
Es bien curiosa la corriente de afecto que se puede producir en un viaje largo en tren o en estas situaciones, siempre de espera, en que coincidimos accidentalmente con otras personas. Hasta una vez vi a un niño de unos 11 años llorar con lágrimas como garbanzos al llegar al destino y tener que separarse de una familia con la que habíamos compartido el mismo compartimento en un viaje ferroviario de 25 horas. Qué cosas. En especial cuando esos sentimientos nos resultan inverosímiles en otras situaciones en las que la camaradería sería deseable pero no encuentra espacio, generalmente por la envidia y miedos recelosos. En el primer escenario hay un desplazamiento y el tiempo está limitado a su trayecto, que es de horas o de días. En el segundo no sabemos casi nunca cuánto tiempo pasaremos en la misma situación.
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La cita de Dostoievski es magistral, por su economía de palabras y el realismo. Encontraríamos miríadas de ejemplos para las citas más memorables del escritor ruso. Pero su aplicabilidad no es tan determinante como creemos, porque hay frases de Wilde cuya aplicabilidad no se concreta sino que son verdaderas en su generalización.
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Siempre hay que volver a la frase de Teresa de Jesús, "Lo que os haga amar, eso haced".



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