16.12.16

Niebla

"Rien ne distingue les souvenirs des autres moments: ce n'est que plus tard qu'ils se font reconnaître, à leurs cicatrices"
La Jetée (Chris Marker, 1963)

En este blog recuerdo ya haber hecho una parada en "La jetée", fotonovela de Chris Marker, hecha con imágenes fijas (still photographies). En una época, 53 años después, en que hay infinidad de personas respondiendo a cuatro o cinco preguntas -no son más- como mejor saben pero siempre con la misma música, sorprende la vigencia del mensaje de esta película, que en realidad ni pregunta ni responde sino que muestra un bucle en el tiempo en un desarrollo postapocalíptico de media hora apenas. Algo que es un recuerdo sostenido a lo largo de la vida de un hombre resulta ser una especie de premonición. Pero aunque la frase final de la película (*) es escalofriante, la que se me grabó más en el recuerdo fue una de las primeras: "Nada distingue los [momentos que serán] recuerdos de otros momentos: es después cuando se les reconoce en sus cicatrices". 
Invariablemente hay cosas que suenan mejor en francés, y la que acabo de traducir dan ganas de rehacerla. Darían ganas de ampliarla y decir, sí, hay momentos que tienen alguna cualidad evanescente, reminiscente e inapreciable que apenas deja entrever que un día serán un recuerdo. No sabemos porqué hay recuerdos que persisten en la memoria y cobran una vida algo ajena incluso a la realidad. Si tuviera que traer aquí uno de los recuerdos que parece que hasta me sobrevivirían sería uno de una mañana fría de otoño por el Penedés, con mis tías, sus maridos, mi padre, mi madre, mi hermano, la abuela, dejando los dos coches en que íbamos aquel domingo gélido cerca de la carretera y de una casa en ruinas. Una casa de pagès, sin techos, sin ventanas, en el puro esqueleto. Y una niebla espesa y glacial. Las voces de mis tías sonaban con calor y vivacidad donde la niebla ponía un decorado fantasmagórico y las piedras un eco espectral y apagado. Presentí que este mundo iba a ser como un cementerio viviente para mí. Sólo quedamos dos tías, mi madre, mi hermano y yo. Mis tías, las que ya murieron y las que no, estaban llenas de vida, envueltas en una niebla que hacía descabellado pensar en tortillas de patatas con aquel valor, aquella entereza y aquella pasión que les venía de tan adentro que parecían teas y no tías. El mundo a veces es inhumano, frío, impasible, desabrido y aún lucían más y más. 


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(*)
"Une fois sur la grande jetée d'Orly, dans ce chaud dimanche d'avant-guerre où il allait pouvoir demeurer, il pensa avec un peu de vertige que l'enfant qu'il avait été devait se trouver là aussi, à regarder les avions. Mais il chercha d'abord le visage d'une femme, au bout de la jetée. Il courut vers elle. Et lorsqu'il reconnut l'homme qui l'avait suivi depuis le camp souterrain, il comprit qu'on ne s'évadait pas du Temps et que cet instant qu'il lui avait été donné de voir enfant, et qui n'avait pas cessé de l'obséder,
c'était celui de sa propre mort."


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