27.4.17

La vergüenza

ace un tiempo decoré el blog con un cuadro de Velázquez que está en la National Gallery (Londres), "Cristo en casa de Marta y María" (1618-1620). La misma escena bíblica pero pintada con anterioridad por Pieter Aertsen (1553) se diría que no tiene mucho que ver, a no ser que consideremos el efecto del cuadro dentro del cuadro que muestra a Jesús de Nazaret hablando con sus amigos al fondo del lienzo. En todo caso guardaría mayor parecido con la pintura de Joachim Beuckelaer, que creo que era sobrino de Pieter Aertsen. El cuadro de Aertsen es más sensual y con ello supongo que pretendía marcar más el contraste de la escena que corresponde a la vida piadosa (María) y la escena que corresponde a la vida activa (Marta). Hay además de las coles, las manzanos y los quesos, lirios, claveles y rosas, dos señores descalzos, nabos, zanahorias, un lechón. La escena produce una sensación de "acción", incluso de un cierto frenesí.
La Marta de Beuckelaer está notablemente más tranquila que la Marta de Velázquez y se la ve más segura en su papel. Como ya dije hace casi exactamente 6 años en la escena el pintor sevillano contribuye a que el rostro de Marta sea el que tiene la mayor expresividad y en él se dirimen sentimientos encontrados, como acabamos de decir: el enojo, la frustración y la vergüenza o la rabia. La escena de Cristo queda como algo mortecino al fondo, y las figuras de Marta y la dueña son más relevantes, más vivas. Pero la anciana de Velázquez parece reconvenir a Marta por haber protestado, y ésta -como pretendo explicar- se ruboriza un tanto por el enfado y otro tanto por la vergüenza:
"Yo siempre trabajando y preparando meriendas y la otra, hala, que no da un palo al agua. Pues vaya.
Marta, Marta, una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena".
Aunque muchas veces se confunden la vergüenza y la timidez, no son lo mismo ni mucho menos. Pero no concuerdo más que un poco con Jesús Gabriel Gutiérrez, quien en su libro sobre Quirón afirma:
"Vergüenza y timidez son dos cosas distintas aunque concomitantes. La vergüenza es un amasijo de emociones, y la timidez es la consiguiente reacción fisiológica. No se sabe cual de las dos fue primeramente implantada en el comportamiento humano. Probablemente la vergüenza sea una evolución culturalizada de la timidez, la cual quizá sea una emoción en bruto. Por otro lado, la vergüenza es una emoción muy instaurada en la especie humana, mientras que la timidez es una reacción muy individualizada. La vergüenza tiene su raíz en una sensación de abandono, y la timidez es su correspondiente reacción visceral amplificadora de aquella." (*)

Pienso que Gutiérrez va algo desencaminado. Recomiendo vivamente el libro Morirse de vergüenza del neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, en donde se nos explica la relación del sufrimiento con la vergüenza. La timidez guarda mucha relación con el temor y creo que ya etimológicamente -aunque no me guste echar mano de la etimología- la timidez proviene de timor ("miedo, temor, espanto"), mientras que la verecundia encuentra a mi entender su definición más acertada en la que encuentro en el Wikcionario: "Sentimiento de turbación causado por sentir culpa, humillación o deshonra".  El tímido se ve expuesto y no se atreve a mostrarse, el vergonzoso o el avergonzado se ve más condicionado por consideraciones morales y ha sufrido, como dice la definición, una mortificación, alguna indignidad, o tiene un sentimiento de culpa en la que al mismo tiempo es la víctima. Y lo que coronaría esta explicación que ya es demasiado larga para mi gusto sería la noción de que existe la vergüenza ajena cuando no existe la timidez ajena. La vergüenza ajena, que al parecer es un término español, sería la que sentimos empáticamente cuando el que la debería sentir no la siente, noción curiosa donde las haya y que no sé si tiene equivalente en muchos idiomas. La timidez ajena no existe. La notamos y hacemos por aliviarla, pero no nos perturba, no nos incomoda.
Porque la vergüenza nos ruboriza es por lo que muchos estudiosos defienden que ponerse rojo es una garantía de probidad, algo que la naturaleza establece para que los humanos demos signo de honradez y así, a través de un lenguaje no verbal, consigamos como los pavos reales al extender sus alas, un efecto seductor (?).
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El cuadro de Beuckelaer nos habla de una clase social burguesa mientras que el cuadro de Velázquez nos habla de una clase más modesta y con unos alimentos más cotidianos. Está claro que las Martas flamencas no están caracterizadas en Betania, mientras que la de Velázquez podría pasar por la mismísima Marta de Betania, aunque también le daría un aire a Aldonza Lorenzo. Lo que va de las manos de la Marta de Beuckelaer a las manos de la Marta de Velázquez es mucho. Me pregunto si el Príncipe de Beukelaer -el de las galletas- tiene algo que ver con Joachim Beuckelaer. Y ya comparando hasta el paroxismo, la María de Velázquez parece goyesca.

Joachim Beuckelaer, Cristo en casa de Marta y María (1568). Museo del Prado

Diego de Velázquez, Cristo en casa de Marta y María (1618-1620). National Gallery (Londres)

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(*) Cito de fuente indirecta, a través de la copia que me ha proporcionado para el caso mi amiga V.C.P.

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