3.12.10

Small is beautiful

Al pot petit hi ha la bona confitura
Refrán catalán
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a IMCDB (Internet Movies Car Database) que he descubierto recientemente me ha permitido saber fácilmente que el modelo de coche azul celeste que aparece en “The party” (“El Guateque”, Blake Edwards, 1968) es un Morgan Sports  de 1933 three-wheeled. “El guateque” es una de esas películas que me reconconcilian con bla bla bla. Los coches de tres ruedas también. Ya he dicho cosa de 7 veces que no me gustan los coches e incluso que creo o pienso que gran parte de las calamidades de nuestra época vienen por el automovilismo y el consumo de gasolina, etc. Ya ha señalado Agustín García Calvo lo mucho que representa la concepción moderna de familia, incluso de la desestructurada y postmoderna, por progresista que parezca. Así que, como ya se ha hecho ese trabajo tan tedioso, me limitaré al que me gusta más. 
Si yo tuviera un coche y si yo tuviera carnet de conducir, cosa que es altamente improbable por no decir imposible, es casi seguro que tendría un coche de tres ruedas. Sí, ya sé que el mismísimo Mr. Bean, que maneja un Morris Mini MK IV de color naranja tiene varios encontronazos con un adorable Reliant Robin azul celeste pálido que ilustran a la perfección la inestabilidad de este vehículo en las curvas. El inglés Reliant Robin tiene una rueda delante y dos detrás, mientras que el coche de Peter Sellers en “El guateque” tiene una rueda atrás y dos delanteras. Esa condición, los colores y algún que otro detalle externo es todo lo que yo puedo reconocer, pero las cuestiones mecánicas y de aerodinamia se me escapan.

El primer coche en el que yo subí fue un Biscúter. El que se puede admirar en la wikipedia no es que esté tuneado, pero está bruñido y muy arreglado y el coche, para qué nos vamos a engañar, más bien parecía una latita de sardinas con sus remaches visibles y un asiento de escay rojo ribeteado de blanco. Lo que también recuerdo es que para aparcar el coche nos dijeron “venga niños, a levantarlo” y uno en cada esquina lo alzamos para desplazarlo hacia su izquierda. Y es que el “Zapatilla”, como así se llamó en España, era de aluminio. Pero el “Zapatilla” tenía 4 ruedas. El Velorex nunca lo he visto y sí que tiene 3 ruedas, es checoeslovaco y la carrocería era de vinilo, lo que hacía que el modelo más sencillo apenas llegara a los 200 quilitos. Estaba pensado para minusválidos, o como se dice en La Moncloa, para discapacitados físicos. No sé si es por el nombre del vehiculo o si es por su aspecto, que a mí me recuerda a un animal prehistórico.

Mazda R360 coupé
Hay un artículo precioso en la Wikipedia titulado List of microcars by country of origin donde se puede ver una galería de microcoches en formación alfabética, que es un orden muy adecuado para este tipo de autos. De los llamados  bubble cars tengo una especial debilidad por el Messerschmitt KR, y el BMW Isetta, que me figuró que está emparentado con el italiano Iso Isetta, mi preferido. Y es que todos esos coches más o menos asequibles o que aspiran, como el Tata nano indio, a ser un modelo de sostenibilidad y todo aquello, me parecen horribles. No me gusta ni me gustará nunca nada el Smart, ni -volviendo a las tres ruedas- el Triac Aptera ni el  Scoot coupé que parece de autos de choque, ni el Twike, que parece una bicicleta tándem cubierta. Sí me gustan el Peel P50 y el Corbin Sparrow. Incluso me gusta la furgoneta Ape 50 de Piaggio, la Daihatsu Midget y, mezclando épocas, la Mazda T2000. Este blog si fuera un coche sería un Ape 50 de Piaggio con algo de la mecánica de un Lamborghini acaso, pero ni eso.
Por lo demás sólo hay algo que me parezca más feo y odioso que un coche: una moto. Bueno, sí, peor aún es una moto acuática. Eso es deleznable y aberrante.


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