13.10.11

No sé si me explico

"La multitud es un argumento irrefutable
que prueba lo peor. Examinemos qué acción es la mejor,
y no es la que más se usa: qué es lo que nos lleva a la posesión
de una felicidad eterna, y no lo que ha sido aprobado por el vulgo,
pésimo intérprete de la verdad;
y llamo vulgo no solo a quienes visten la clámide vulgar y sencilla,
sino tambien a los que ciñen corona"
Séneca, Sobre la felicidad



ntre los desatinos o las locuras de Nerón no fue la menor la de ordenar a su preceptor, Séneca, que se suicidara. Séneca le obedeció sin eludir la autolisis y hemos de creer que no solo por evitarse el asesinato, que siempre será una muerte más deshonrosa, sino porque ahí estribó finalmente la filosofía de su vida, el estoicismo. El estoicismo es inseparable del epicureísmo y, como centra la felicidad en la virtud y hace a cada cual responsable de su felicidad, también es inseparable del cristianismo primitivo, por lo que suele ser rechazado en bloque. Cuando digo epicureísmo no me refiero al refrito de Baroja y cuando me refiero al cristianismo primitivo no me refiero al sadomasocristianismo y a las pseudo-madres-teresa-de-calcuta que le han salido, un asco. El otro gran estoico fue Epícteto, pero lo que nos quedó de él (el Enquiridión, "manual") no se le puede atribuír al menos directamente. 
El estilo de Séneca es admirable, el del latín áureo clásico, tan diáfano y como cincelado, aplomado y sin embargo ligero. En nuestra época solo he leído algo parecido en Joseph Ratzinger, pero no tengo luces ni vigor mental para seguirlo bien.
La cita sobre la felicidad se acompasa con el Enquiridión porque Epícteto decía que había que valorar lo que depende de nosotros sin mirar a los lados. Y siempre llegaríamos al mismo punto, que no es el del desdén sino el del desapego, aunque el estoicismo es mucho más. Todo esto para decir que debo admitir que me importa bien poco recibir la aprobación o la desaprobación de "los lectores" aunque me guste, como es natural, como a todo el mundo, notar la simpatía y la complicidad de mis congéneres. Y no hablo con jactancia o programáticamente, como la zorra aquella que cuando vio que no podía alcanzar las uvas de la fábula dijo "¡No las quiero comer! ¡No están maduras!". Es que de verdad no me importa. Mi trabajo acaba donde empieza el de "los lectores", sobre todo el de los que se piensan que son ellos los que tienen la famosa última palabra. La perra gorda para ellos.
Una de las críticas destructivas que recibo es la de que mis posts son largos o complejos o largos y complejos. Pero, no sé, esto lo suelen decir o pensar personas que leen muy poco y escriben menos. Sé que hay blogs de formato paremiológico que tienen gran éxito y seguimiento y que son comentadísimos, así que les suelo remitir -con toda la amabilidad de que soy capaz- a estos colegas de la blogosfera. De la misma manera que el quiosquero remite al librero o el farmacéutico al tendero, cuando les piden algo que no tienen. Me ha venido a la memoria un post que leí hará unos 3 años. El texto decía literalmente: "Esta mañana mi marido me ha dado por culo". 46 comentarios 5 horas después. Pues les prometo por la salud de mi canario que me parece muy bien. Lamento no haberme podido quedar con la url para poderla compartir. Y el buscador seguramente nos devolverá cientos de resultados, así que lo dejo, que me espera mi peluquero. Excusen por ahora toda referencia al nivel cultural de este país.
Si algo pudiera lamentar sería la desconsideración que a veces se hace a uno de los fuertes de esta bitácora en mi opinión: que lo que escribo es contenido en su mayor parte original y elaborado (bien o mal) por ésta que les escribe ahora. No digo que lo que yo digo no se haya dicho antes, pero yo no copio y pego ni hago de eco de lo que ya se dice en la web de dos url más arriba.
Las críticas bienintencionadas me aconsejan que adopte el estilo fresco, desenfadado y popular de algunos escritores que son muy apreciados por el gran público y que tienen o tendrán su columna en la prensa nacional. Albert Espinosa o Almudena Grandes, por dar nombres. Y no obstante sigo en mis trece, atiendo esos consejos con el mejor ánimo y sigo, como aseveraban los estoicos, a lo mío, que no es poco.
Otra cuestión que debo recordar y recordarme cada tanto es que este álbum es un blog propiamente dicho. Esto es, es un dietario personal. El hecho de que alguna vez se cuele o refleje una idea perdida o encontrada, no significa que no sea un sentimiento y por lo tanto hay que considerarla como tal. No sé si me explico.
Para acabar también debo decir que escribir es lo que pienso que hago mejor (después de lo de hablar improvisadamente), así que sean benevolentes, por favor.

"L'illusionniste" (Sylvain Chomet, 2010)

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