26.4.15

El curso de la Historia

amos esta tarde una amiga y yo a ver una representación de "Carmen" (1875) de Bizet en el Liceu. El nombre de Calixto Bieito, su director de escena, eclipsa en gran parte todas las críticas que se puedan leer sobre esta ópera, sobre los cantantes, el coro de niños y la orquesta. Y eso es porque el director de escena ha buscado escenificar una "Carmen" muy poco folklórica donde el brigadier creo que se presenta como un oficial de la Legión de Millán-Astray y el torero posiblemente es un macarra y todo resulta barriobajero y más tremendo que en Merimée, puesto que en realidad lo que se trata es la violencia por celos. Hace años vi un "Fidelio" con chupa de cuero y eso, que podría entorpecer el disfrute de alguna parte del público, a mí me resulta fútil. Si acaso admito que es bueno que el teatro se renueve, nada más. Por las fotos que he hojeado veo que aparecía la silueta del toro de Osborne y una bandera española en su mástil y luego usada como toalla, cosa que me permite pensar en que hay una especie de ceremonia de la iconoclastia (por lo tanto nada nuevo) y que abandonar el folklorismo por la iconoclastia tampoco es que tenga mucha altura ni hondura.
Por todas partes se lee que Bizet no conoció el éxito de "Carmen", obra de mucho colorido y pasión que pronto sabré si se puede hacer en blanco y negro o gris antracita o caqui, prescindiendo de claveles, capotes, lunarcitos rojos y mantillas con flecos. En un artículo de Ópera actual vemos que Calixto Bieito, al menos en su "Carmen" de 2010, se inspiró en Ceuta: "La Carmen de Bieito no nació en Sevilla, sino bastante más al sur. El director recuerda que para buscar inspiración decidió viajar con todo su equipo artístico: "Nos fuimos a Málaga y a recorrer el sur de Andalucía. Pero no funcionaba, así que decidimos cruzar el estrecho y viajar por Marruecos; al final empecé a vislumbrar una idea que después me abrió muchas puertas: en la frontera de Ceuta, en la parte marroquí, había una enorme explanada en la cual los coches de los contrabandistas -mercedes de los setenta- se paraban esperando para realizar sus negocios. Me chocó ver la energía de la frontera: cruel, desesperada y tremendamente brutal. Como algunas relaciones amorosas. El sur de Carmen, entonces, no estaba tan lejos". Bieito prefiere referirse a esta ópera como "una historia de amor y muerte, una historia anónima de violencia de género entre un soldado y una mujer".
A cuenta del post del otro jueves tuve medio disgusto (que no sé si es peor que disgusto y medio), pero siempre hay que asumir que nos encontraremos con sinsabores incluso si nos mantuviéramos en silencio, porque a veces haber nacido ya molesta. La carta de los intelectuales catalanes a Gabriel Ferraté -cuando el año 1976 era director de Universidades- a la que me referí el día de Sant Jordi pasado no se ha hecho pública hasta donde yo sé, y solo tengo noticia a través de los artículos que cité, en la prensa y en dos publicaciones de Documentación. No se ha hecho pública pero es pública o lo acabó siendo cuando pasó su vigencia administrativa, si es que alguna vez la tuvo.
La cuestión es que tal y como están las sensibilidades cualquier cuestionamiento de la actitud o de los hechos por parte de las fuerzas vivas de la intelectualidad barcelonesa catalanista, ni que fueran en la Transición, se percibe como algo hostil contra Cataluña por antonomasia o por metonimia.  Cuesta encontrar gente que sea capaz de mantener la ecuanimidad ante casos como el que comenté y no digamos otros más actuales, y es que por lo que llevo meditado, hay un componente irracional que es inmanejable. El componente irracional no depende de la formación, aunque puede mejorar o empeorar dependiendo de si las personas están informadas, tienen criterio y están abiertas a la autocrítica o encastilladas en un patriotismo mal entendido. La irracionalidad lo anega todo.
No hay novedad en lo que llevo dicho, la noticia es que me he decidido a seguir aquí y hacer lo que sé más o menos hacer, prescindiendo de que sea aceptado o no, leído o no. Persisto en el mismo ánimo que el año 2007 me impulsó a iniciar este blog, aunque entonces se llamaba "A la flor del berro": reflejar como en un dietario lo que buenamente se me ocurría.
Creo que nunca me he dado importancia, aunque considero que he escrito muchas entradas bien documentadas y algunas incluso bien escritas. Pero debo decir ni que solo sea una vez que me ha dolido mucho cuando algunas personas han asimilado este blog a otros dispositivos de internet que no tienen contenido original, que son una forma de comunicarse tan legítima como lo es esta, pero que ponen muy por debajo incluso de la prensa. Como si la prensa fuera respetable. El desprecio por mi trabajo me hace pensar en aquella frase de Billy Wilder que encontré una vez en el ascensor del Museu del Cinema de Girona: "DURANTE AÑOS TRABAJAR EN EL CINE ERA ALGO VERGONZOSO. HASTA QUE SE INVENTÓ LA TELE".
Casi las mismas personas que no distinguen entre ingenuidad e inocencia, o entre lealtad y fidelidad, son incapaces de distinguir entre vergüenza y timidez.

Me resisto a que solo se pueda cambiar el curso de la Historia amañándola.
 
Gerhard Glück

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