30.9.11

El segundo pecado

Cuando se hacen todas estas pruebas, las PAAU, sexto de primaria,
cuarto de ESO, etcétera, etcétera, resulta que, mira por donde, estos niños
y niñas, estos chicos y chicas, sacrificados bajo la durísima hacha de la
inmersión lingüística catalana, en catalán, perdón, sacan las mismas notas de castellano
que los niños y niñas de Salamanca, de Valladolid, de Burgos y de Soria.
Y no le hablo ya de Sevilla, de Málaga, de La Coruña, etcétera,
etcétera, porque allí hablar castellano, efectivamente, pero a veces,
a algunos no se les entiende. A veces no se les acaba de entender
del todo pero hablan castellano” (*) (el President de la Generalitat
en su intervención ayer en el Parlament de
Catalunya al ser interpelado por Albert Ribera, de
Ciutadans per Catalunya)

Estos días estoy leyendo una reliquia de la antipsiquiatría, un libro de Thomas S. Szasz titulado El segundo pecado: Reflexiones de un iconoclasta,cuyo prefacio está datado el 1 de junio de 1972. Es libro que hay que leer con sumo cuidado, no solo porque es jugoso, sino porque es vigoroso, y porque los que me conocen ya saben que tanto "iconoclasta" como "heterodoxo" como cualquiera de sus sinónimos en todas sus acepciones son palabras que me gusta dejar en cuarentena y hasta en año sabático. No olvidemos que hay mucho iconoclasta clientelar y mucho heterodoxo requeteintegrado. Además en nombre de la antipsiquiatría y de la desinstitucionalización de los enfermos psiquiátricos así diagnosticados, se han cometido tantos errores como los que podemos arrogar a la psiquiatría y la institucionalización. Y cuando Ernest Lluch, ministro de Sanidad de los primeros ochenta, erradicó prácticamente la mayor parte de las instituciones psiquiátricas, le trasladó el problema a las madres de los enfermos más severos que -como ustedes saben- cuando a veces dejan de tomarse su medicación la toman con ellas.
Y sin embargo me inspira el mayor interés leer El segundo pecado para que me acompañe en mi reflexión sobre la supresión de la libertad en las escuelas, en las cárceles y en los hospitales, tema que no diré que es un trending topic ni nada que se le parezca, pero que habría que revitalizar porque la ortodoxia heterodoxa está de un intervencionista que apabulla. Si el subtítulo es medio malo, lo que sí es muy bueno es el título, "el segundo pecado", que hace referencia a lo de Babel, no a la gula. Suponiendo que el primer pecado o pecado original fue el atrevimiento de querer conocer el árbol del bien y del mal, el segundo sería la pretensión babilónica de hacer una torre que llegara hasta el cielo aprovechando que por aquel entonces (el tercer milenio antes de Jesucristo), todos hablaban el mismo idioma y era fácil sumar fuerzas. Statz reinterpreta a mi entender el mito y considera que el segundo pecado atiende no a la soberbia humana sino a "hablar claro".
De manera que dado que no he leído en su integridad el libro de Statz, que considero primordial para el tema de la confusión del lenguaje, me remitiré a mis propias reflexiones, aún a sabiendas de que no tienen el menor interés. La primera que se me antoja es la de que algunos medios de comunicación han condenado la broma de Artur Mas. La segunda, que algunos se han referido a ella como la mofa del acento gallego y andaluz, cuando podría haberse hecho no solo sobre el acento sino también o a cambio sobre la gramática (morfología y sintaxis) y hasta sobre el léxico. La tercera, a la que me sumo y me sumaré siempre, es sobre la particularidad de que lo que se suele hablar es español, ya que el castellano es la variedad propia de Castilla-La Mancha y de CyL aparte de ser uno de los substratos históricos del español. Esto lo vengo diciendo en este blog y en *A la flor del berro desde tiempo inmemorial y no me cansaré de decirlo. Otra cosa es que el término usado en la Constitución sea el de "castellano", supongo que porque en la fecha de su redacción se consideró feo llamarle "español" -en pie de equivalencia a la denominación para lenguas similares, como "inglés", "francés", "chino" e "italiano"- a un idioma que no debía imponerse territorialmente. Y así ha abundado y dominado a cambio un absurdo como el de oír a un argentino o a un chileno que habla "castellano", una variante que ya quisiera yo poder usar bien.
Aunque mi primer post en el blog fue en desacuerdo con una frase de Jordi Pujol en general todos estaremos de acuerdo sobre su inteligencia, su cortesía, su buen juicio o seny y la adecuación de sus palabras en todo momento:
"El título “Juicio severo" es del expresidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, a una colaboración suya en La Vanguardia del primero de agosto. Empieza “las cosas han llegado a un punto de vergüenza” y acaba “Pero también he hecho mis deberes con respecto a España. Nadie podrá negármelo. Celebro poderlo afirmar con tanta seguridad. Y por ello tengo derecho a ser crítico con España. A reclamarle y exigirle que actúe con justicia elemental, también respecto a Catalunya”. La transcripción es exacta: es “celebro” y no “cerebro”, es “respecto” y no “respeto”, es “crítico” y no “críptico” o “cítrico”.
Pues ahora, a la vista de las impertinencias del actual presidente de la Generalitat de Catalunya y del delfín, Oriol Pujol Ferrusola, que cada vez que habla molesta, es cuando veo que lo han hecho aún más bueno (a Jordi Pujol) de lo que era. Es decir que unos años después de haber escrito "Juicio severo y verdades superpuestas" debo admitir que aquella actitud era cosa de trescientas setenta y cuatro veces mucho mejor que la que hoy cunde. Hasta en cierta manera lamento no haber transigido más y valorar la mesura de Pujol y hasta la sana causticidad de Alfonso Guerra en periodo electoral. A no ser, dirán otros, que el silencio ante lo pequeño nos impida frenar después la mayor. Si ven el vídeo de la intervención de Artur Mas podrán apreciar además como en el hemiciclo, cuando la cámara rodea a Albert Ribera, aparecen delante en sus escaños Ferran Falcó i Isern (Convergència Democràtica) y Xavier Dilmé i Vert (Unió Democràtica de Catalunya). Los dos están muy risueños pero con unas sonrisas que también molestan, porque hay en ellas un cierto mohín de arrogancia y menosprecio. Se esperaría de los "padres de la patria" un poco más de talla moral y de saber estar. Pero no.
Lo ideal sería que de verdad no nos entendiéramos, ya que entendernos -como los discípulos el Pentecostés- no es posible. Lo ideal sería que un niño de La Coruña no pudiera entender de verdad lo que dice Artur Mas cuando piensa estar haciendo gala de una locuacidad y una elocuente oratoria ciceroniana, y que eso pasara con todos nosotros. Entre vecinos, entre familiares. Entonces quedaría la pelea de garrote, como en el cuadro de Goya, la dominación pura y dura o bien el hacer por entenderse. Y no solo por ganar terreno, eh, que esa es otra.
Ah, y los chicos y chicas de Cataluña no sacan las mismas notas en las PAAU que los de Salamanca, "etcétera, etcétera".
Turris Babel de Athanasius  Kircher

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“Quan es fan totes aquestes proves, les PAAU, sisè de primària, quart d’ESO, etcètera, etcètera, resulta que, mira [sic] per on, aquests nens i nenes, aquests nois i noies, sacrificats sota la duríssima destral de la immersió lingüística catalana, en català, perdó, treuen les mateixes notes de castellà que els nens i nenes de Salamanca, de Valladolid, de Burgos i de Soria. I no li parlo ja de Sevilla, de Málaga, de A Corunya, etcètera, etcètera, perquè allí parlen el castellà, efectivament, però a vegades, en [sic] alguns no se’ls enten. A vegades no se’ls acaba d’entendre del tot però parlen castellà”


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