26.7.12

Arroyos, torrentes, ríos

arrios bajos" (Pedro Puche, 1937) es una película que se rodó en dos meses en Barcelona durante la guerra. Se puede ver íntegramente en Youtube. Está perfectamente registrada en Películas de la guerra civil con todo el reparto, la sinopsis e incluso la letra del tango que le da nombre. En IMBD confunden a José Telmo (personaje de El Valenciano) con Rafael Navarro (Ricardo). En otro blog, El desván del abuelito, se le quita valor poético y se le define como folletín hard-boiled, afirmación con la que no estoy totalmente de acuerdo, aunque el post está sobrado de buen criterio y cinefilia. En la obra de teatro, de Luis Elías, es donde sí debe de quedar más claro que Rosita, a quien El Valenciano redime del arroyo, es en realidad su hija sin él saberlo. No veo en la película de Pedro Puche Lorenzo (Yecla, 1887 - Barcelona, 1959) que se revele esta condición, aunque sí se deja entender un cierto paternalismo. Hay la misma ambigüedad en esa relación que la que hay en otra película que aquí comentamos, de dibujos, "L'illusionniste" (Sylvain Chomet, 2010), entre el personaje de Jacques Tati y Alice. Incluso Jacques Tati le compra a Alice un vestido, como El Valenciano se lo compra a Rosita. Esos gestos de generosidad y de ternura sirven para contrastar con los peligros y la sordidez que se extienden ante las jóvenes desharrapadas. No le quitaría mérito melodramático a la película, aunque tampoco sirve como modelo del realismo poético francés, sino en todo caso como uno de sus frutos. Hay encuadres que no le tienen nada que envidiar a los de Fritz Lang.
Aunque la película se colgó en Youtube como anarquista, no podemos decir que haya doctrina ácrata ni de paso. Si acaso el personaje de El Valenciano representaría la encarnación del hombre generoso, que hace lo que le dicta el corazón y que no se deja intimidar por nada ni nadie, elementos que podríamos asociar a los ideales del movimiento. Como estos hombres no abundan ahora tampoco abundarían entonces. La producción de "Barrios bajos" fue del Sindicato de Industria del Espectáculo que pertenecía a la CNT/FAI, que solo el año 1937 hizo 19 películas, cosa que es del todo admirable incluso aunque hubieran estado sobrados de recursos.  Esta productividad es más llamativa aún a la vista de como funcionan las cosas, así en general, en este país, donde tenemos que mantener a mares de inútiles. 
Se dirá que la película es vieja y que además ha envejecido a la vista de nuestra sociedad, donde sin embargo siguen existiendo los macarras, las clases sociales y las arrastradas (entendiendo por "arrastradas" las mujeres salvadas del putiferio arrabalero para ascender a vivir en el lujoso cubil de un chulo pringado de aceite de macasar que las suele usar para trabajos deleznables del negocio o simplemente como trapos). Ayer proyectaron la película en la tercera Filmoteca de Catalunya que he conocido. La primera sede estuvo en la Plaza del Pedró (donde se bifurcan la calle del Carme y la del Hospital, en pleno Raval). Después se subió hacia los barrios altos, cerca del Hospital Clínico y en primavera volvió al Raval, detrás de su Rambla, cerca de Casa Leopoldo. 
El Raval ha recuperado este nombre cuando ya todos conocíamos la zona como Barrio Chino. Siempre me causó gran extrañeza este nombre y hoy finalmente he encontrado su procedencia. En la revista Blanco y Negro, el 4 de junio de 1931 aparece el siguiente texto:


Lo veo un poco rebuscado, aunque si Brangulí aseguró que el término lo sacó Paco Madrid, doy la explicación por buena y por definitiva. Y también quiero decir que si bien es cierto que el barrio chino siempre fue un foco de carteristas, proxenetas y putas, también lo es que vivía gente normal y corriente. Servidora había ido de niña porque una tía mía, la pequeña, tenía allí en la calle Hospital a sus suegros. Ya veía yo que era otro mundo y me asustaban algo tanto como me atraían aquellas calles viejas, húmedas, donde no se dejaba nada a la imaginación (ni falta) y veía gente a la que no estaba nada acostumbrada porque mi barrio era un barrio nuevo de emigrantes trabajadores.
Me llevaría muy lejos explicarles que el marinero que aparece vestido de blanco en "Barrios bajos" no es mero atrezzo para crear ambiente, no. No hace tantos años el Chino estaba lleno de marineros y en realidad muchos de ellos no pasaban de allí cuando visitaban Barcelona. Es tal cual como el barrio rojo de Amberes o la zona roja de Hamburgo, pegaditas a sus puertos. Hace años que no vi ninguno. Les prometo que la famosa fascinación fetichista por los uniformes en mí solo encuentra lugar cuando se trata de los marineros, y no de oficiales, sino del uniforme blanco o azul de la tropa, con su gorra de plato sin visera.
Ayer precisamente se debatía en el Pleno del Ayuntamiento el tema de la prohibición de la prostitución (como si la prostitución se pudiera prohibir). Lo que se pretende es confinarla. Entre las intervenciones destacó de largo la de Jordi Portabella (ERC), que parece que desde que abandonó su concejalía la arquitecta Itziar Gonzàlez Virós (PSC), es el único que ha aportado ideas positivas y razonables al respecto y al respeto. El Raval o el Barrio Chino está acribillado de prostitución callejera, incluso de menores, y a plena luz del día. Me acuerdo cuando me compré mi segunda cámara digital, cuando fui a probarla a las Ramblas, y cuando al visionar las fotos en casa fue cuando me di cuenta de que no había cuatro metros seguidos sin que no hubiera alguna mujer ofreciendo servicios sexuales. Más adentro y más abajo del Raval, la presencia de estas chicas es mucho más densa y evidente, tal vez porque predominan las mujeres de color.
Incrustar edificios oficiales para esponjar y hacer más salubre estos barrios bajos no es una idea nueva. Se hizo tocando la Rambla de Santa Mónica, con un centro de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que acabó por desplazar aquellos hombres puteros que se apostaban allí siempre con un periódico doblado en la mano para agazapar la erección a destiempo. Más arriba, hacia la Rambla de los Estudiantes, antes de las Olimpiadas había unas peleas de transexuales como no se verán otras. Qué fieras. Eran como "per llogar-hi cadires" (para alquilar sillas). Pero eso fue después de la Barcelona y el Ocaña que inspiraron a Nazario su cómic Alibabá y los 40 maricones. Ojalá Nazario inmortalizara la gauche divine, pero ¿qué interés tendrá ni el uno ni lo otro?El consistorio de hoy también prohibiría a Ocaña.
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El verano de 1993, en pleno tirón postolímpico precisamente, se celebró el 59 congreso de la IFLA (International Association of Library Associations) en Barcelona, creo que en la sede de la UPF mencionada. La crónica adhoc correcta de la muerte menciona los tirones y atracos que padecieron algunos delegados, de los más de 3000 bibliotecarios de todo el mundo que nos visitaron. Lo que no se menciona ay es que hubo un reventón colosal y olía, con perdón, a mierda, de tal manera que aquello no lo podía enmascarar ni un tanque de detergente a propulsión ni 30 contenedores de Byredo requeteconcentrado. La Rambla, o las ramblas, como yo prefiero, son en su étimo torrentes, y por las nuestras discurren desde que se tumbaron las murallas, ríos de gentes que el tiempo barre, retira y arremolina a su voluntad. Como aquel agosto de 1993 había llovido por demás, las cloacas salieron a la luz y el Portal de la Paz estaba anegado de heces y el hedor fue de dimensiones veterotestamentarias, sobrenaturales. Excuso decirles que yo quedé encantada de que la realidad a veces se obstine en, eso, hacerse con sus reales, con lo que le pertenece.


Dos cortes seguidos de "Barrios bajos" (Pedro Puche, 1937). Las "ursulinas".


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