3.7.12

El amigo Bunbury

uando digo Bunbury no me refiero al famoso cantante de Héroes del Silencio, Enrique Bunbury, sino al personaje de quien tomó el nombre, de The importance of being Earnest, una comedia de enredo y ocurrencias de Oscar Wilde que sigue teniendo un gran éxito en las tablas. Por si tuviera pocos líos el título en español es La importancia de llamarse Ernesto, ya que de otra manera no se podía reproducir la paronomasia o, en inglés, pun o play on words que en inglés hay entre earnest y Ernest. Recuerdo que hace una infinidad de años, antes de la desafortunada muerte de Ernest Lluch, se decía en determinados círculos barceloneses "Hi ha dos Lluchs, l'Ernest i l'honest" (Hay dos Lluchs, el Ernesto y el honesto) y juraría que es porque en esos círculos conocían la obra de Wilde.
El enredo principal es que Worthing cuando está en la ciudad se llama Ernest y cuando está en el campo se llama Jack e incluso John. Al desconcierto que crea esta costumbre se añade la de que Algernon Moncrieff, su amigo, recurre a un amigo discapacitado de su invención cada vez que quiere evitar o eludir un compromiso. Este amigo-excusa se llama Bunbury, de ahí que al hecho de recurrir a Bunbury se lexicalice y produzca el participio bunburying. Extrañamente (o no) para acabar de sembrar más confusión el a veces un poco desafortunado también Urban Dictionary asienta: Bunbury: Someone who has a secret alias in order to escape. Originated in London in the victorian era and evolved into a reference for someone who enjoyed a secret life of homosexuality (Esto es: "Alguien que tiene un sobrenombre secreto evasivo. Originado en Londres en la era victoriana y en referente a quien disfruta de una vida homosexual secreta"). No digo que no, pero prefiero limitar el significado de Bunbury al que se le dio en la obra de nuestro escritor.
Como no hay dos sin tres, podríamos añadir a nuestros queridos Bartleby el escribiente y Bartlebooth el acuarelista a Bunbury, el amigo-excusa. Bartleby es el personaje de Melville que se pasa el cuento diciendo "preferiría no hacerlo" mientras que Bartlebooth (un personaje bastante central de La vie mode d'emploi, de G. Pérec) a pesar de su escaso talento para la pintura consagra sus días a aprender la técnica de la acuarela al objeto de hacer unos rompecabezas, actitudes que indican la escasa fe que depositan ambos personajes en el esfuerzo, la voluntad y el talento. Bunbury es el vértice que nos faltaba aquí, donde no buscamos los contrarios sino los complementarios o semejantes. Bunbury es el amigo-excusa. "No pude estudiar para el examen todo cuanto hubiera querido porque fui a visitar al hospital a Bunbury". "Creo que si Bunbury sigue mal no podré ir contigo al cine". 
Es muy común entre nuestros congéneres de la segunda edad excusarse de sus obligaciones para con sus padres a causa de sus propios hijos. Los hijos en algunos siguen siendo una excusa incluso con 20 años y más. Incluso yo conozco gente que dice que no haber podido estudiar porque tuvo muy pronto hijos, cuando hay veces que está clarísimo que hay mucha gente que tuvo pronto hijos porque no quería estudiar. Mi propia madre me ha dicho, cuando me ha visto ante un compromiso que no me llegaba a convencer o me producía una desgana invencible: "di que estoy fastidiada", cosa que no sé si me libera más del agobio o si aún es peor porque me doy cuenta de que mi anciana madre sacrifica su fragilidad en un gesto de autoinmolación que me conmueve porque en ninguna otra ocasión reconoce que flaquea tan abiertamente y con esa ductilidad a la vez. Me sorprende además porque ella no falla en sus compromisos, siempre supo lo que quiso y cuando dice que no es que no y cuando dice que sí es que sí.
Lo malo que le veo yo a las excusas, más allá de que sirven a los intereses o el provecho del momento, es que se pueden convertir en un entramado hasta el punto de que las que están en la base o armazón o son más añejas y hasta rancias nos las podríamos acabar creyendo como si fueran verdaderas, simplemente para poder construir sobre ellas otras también serviciales pero de orden menor o posterior. Y supongo que en ese estado uno ya no sabe lo que quiere, lo que puede, lo que debe. Otras veces las excusas son "mentiras piadosas" y no sé si son mejores o peores pero a mí nunca me gustaron. No siempre se puede decir la verdad pero nunca hay que mentir. Y otro día habría que pensar en Earnest.


 "Body Remix | Goldberg Variations" (Compagnie Marie Chouinard)

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