21.5.15

El mundo es el hogar de un huérfano

La "serendipia", la "gentrificación", la "infoxicación", el "oxímoron", son palabras que se ven mucho por ahí pero a la que se usan un par de veces pierden parte de su poder de fascinación. Son casi palabras de usar y tirar. Pero sin llegar a ser armas arrojadizas como las que aparecen en las invectivas de Salvador Sostres, por ponernos en lo peor, que ayer le echó a un periodista las palabras "chachas", "peluqueras" y otras lindezas, con las que no sabemos si pretende insultar a las chachas, a las peluqueras o a Manuel Jabois.
El lunes le comentaba al Crítico Constante mi certeza de que hoy en día no habrían podido ejercer ni administrar influencia literaria alguna intelectuales como Sartre y Simone de Beauvoir. Pero está claro que este tipo de afirmaciones las hago en privado y las respaldo mucho y con gran cuidado. En este caso argumenté que hoy en día hay infinidad de escritores con mayor rigor, vigor y, si se me admite un término "frivolón", gancho. Las conexiones políticas y otras justifican algunas carreras, especialmente las trepidantes y ya no digamos las que no soportan un mínimo análisis. Si bien puedo llegar a entender o justificar la difusión de Sartre y Beauvoir, no puedo llegar a siquiera concebir que un periódico tenga entre sus firmas la de alguien que insulta casi de forma sistemática en su quehacer. Sin entrar en si tiene razón o no, me cuesta seguirlo, lo que seguramente repugnará a la mayoría de lectores que como yo solo lo leemos indirectamente (por lo que en Documentación se llama "recomendación social") es que para insultar a Jabois insulte también a las mencionadas "chachas" y a las peluqueras. Como la palabra "chachas" es además algo anacrónica, aún resulta si cabe más despectiva y nos habla de esquemas que pensábamos que estaban superados (por otros esquemas). Lo que leen las mujeres dedicadas al servicio doméstico y a la peluquería tal vez no es ni "El Mundo" ni "El País", pero en cualquier caso la desgraciada columna ilustra aquello de que "lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro".
Ya vengo diciendo de un tiempo a esta parte, al hilo de lo que afirmo sobre Sartre y Beauvoir, que no deja de sorprenderme que en los medios haya personajes de tan poco valor e interés que vivan de cuanto escriben. Habría que suponer que con la de generaciones bien alimentadas, viajadas y sobradamente preparadas que tenemos el nivel tenía que ser mejor y más abundante. Me estoy acordando de que de joven le cogía "El Correo Catalán" a mi padre para ver si había publicado algún artículo de opinión José María Valverde, de quien solo pude recibir alguna clase en el Institut d'Humanitats, cuando creo que ya estaba jubilado como profesor de la Universidad de Barcelona. Pienso en Rafael Argullol, o en Emilio Lledó, ayer galardonado con el Premio Princesa de Asturias.
Si lleváramos la vista atrás y viéramos qué es lo que ha sobrevivido a todas las purgas políticas, a todos los fracasos sociales, a todos los imponderables, y a la "selección natural", tal vez encontraríamos un par de docenas de Aristóteles. Por lo bajo

James Stevenson



"Strengthened to live, strengthened to die for
medals and positioned victories?
They're fighting, fighting the blind
man who thinks he sees,—
who cannot see that the enslaver is
enslaved; the hater, harmed. O shining O
firm star, O tumultuous
ocean lashed till small things go
as they will, the mountainous
wave makes us who look, know

depth. Lost at sea before they fought! O
star of David, star of Bethlehem,
O black imperial lion
of the Lord-emblem
of a risen world—be joined at last, be
joined. There is hate's crown beneath which all is
death; there's love's without which none
is king; the blessed deeds bless
the halo. As contagion
of sickness makes sickness,

contagion of trust can make trust. They're
fighting in deserts and caves, one by
one, in battalions and squadrons;
they're fighting that I
may yet recover from the disease, My
Self; some have it lightly; some will die. 'Man's
wolf to man' and we devour
ourselves. The enemy could not
have made a greater breach in our
defenses. One pilot-

ing a blind man can escape him, but
Job disenheartened by false comfort knew
that nothing can be so defeating
as a blind man who
can see. O alive who are dead, who are
proud not to see, O small dust of the earth
that walks so arrogantly,
trust begets power and faith is
an affectionate thing. We
vow, we make this promise

to the fighting—it's a promise—'We'll
never hate black, white, red, yellow, Jew,
Gentile, Untouchable.' We are
not competent to
make our vows. With set jaw they are fighting,
fighting, fighting,—some we love whom we know,
some we love but know not—that
hearts may feel and not be numb.
It cures me; or I am what
I can't believe in? Some
in snow, some on crags, some in quicksands,
little by little, much by much, they
are fighting fighting that where
there was death there may
be life. 'When a man is prey to anger,
he is moved by outside things; when he holds
his ground in patience patience
patience, that is action or
beauty,' the soldier's defense
and hardest armor for

the fight. The world's an orphans' home. Shall
we never have peace without sorrow?
without pleas of the dying for
help that won't come? O
quiet form upon the dust, I cannot
look and yet I must. If these great patient
dyings-all these agonies
and wound bearings and bloodshed—
can teach us how to live, these
dyings were not wasted.

Hate-hardened heart, O heart of iron
iron is iron till it is rust.
There never was a war that was
not inward; I must
fight till I have conquered in myself what
causes war, but I would not believe it.
I inwardly did nothing.
O Iscariot-like crime!
Beauty is everlasting
and dust is for a time.

Marianne Moore ("In Distrust of Merits")

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