24.1.17

Post 1490: El presunto frío

stos días atrás nos predijeron una ola de frío siberiano, que algo se dejó notar pero no en consecuencia al caudal de pronósticos que nos hicieron por todos los medios. Incluso me atrevería a decir que no hizo frío en Barcelona, apenas algo más que los días pasados y que los que le han seguido a enorme velocidad. Cambié la ropa de mi cama y puse un edredón pero anoche me sobraba. Y sin embargo hay mucha gente que se ha constipado y mucha gente que decía tener frío. Así que más bien reparo no en el temporal en sí, que fue mayor en la mar y levantó olas de 8 metros en la Barceloneta, sino en lo rápido que ha sido.
Todo es para mí de una tremenda rapidez y a veces me sugiere una inconsistencia tremenda que sería liviana de no ser eso, tremenda. Me dispongo a leer Nudo de víboras (1932) desde la primera persona de alguien que sabe que se va a morir y quiere dejar una carta a sus allegados hablándoles de su sentimiento tras una vida desdichada y de avaricia. Parece una empresa ardua, tanto recordar como recapitular y llevarlo a las palabras. François Mauriac es siempre nombrado como "escritor católico", apelativo que también se da a Graham Greene pero como algo incidental y secundario. El librito tiene una longitud diremos que de unas 300 páginas, por lo que me despierta una gran curiosidad saber si se trata de una justificación, una venganza o un ejercicio literario para mostrarnos a los propios lectores en nuestras debilidades y miserias. Por el tiento de las primeras líneas adivino que no hay un desbordamiento, si acaso reproches y un autoconocimiento amargo, reflexivo, severo tal vez, pero ligero.
Decididamente me aburren e irritan las redes sociales, con un caudal vertiginoso de noticias y de imágenes, cada vez más imágenes, en donde todo desfila con una rapidez que hace desear el sosiego y la lentitud, el silencio. Claramente me di cuenta de lo que se pueden llegar a atropellar las ideas o sus sucedáneos en nuestras mentes apresuradas ante la foto que hoy incrusto. Son dos anuncios contiguos, uno que nos invita a imaginar que somos más y otro que nos advierte de que cada día somos menos. Más o menos, lo que importa es el contraste de esos dos anuncios publicitarios, uno para recordarnos la solidaridad con los ancianos, que se sienten solos, y otro para recordarnos que no estamos tan limitados como creemos. Naturalmente el de la solidaridad nos quiere tocar una fibra, la sentimental, mientras que el del club deportivo lo que nos quiere tocar es el afán de superación. En mi opinión el club ha buscado una imagen, de la nadadora de competición Ona Carbonell, que tendrá un enorme atractivo y fotogenia, pero que no es modelo a seguir. 
La mayor parte de nosotros admitirá que son dos imágenes incoherentes, que es posible ser solidario y perseguir una forma física ideal. También admitiremos que muchas personas podrán lograr la pinza que Ona Carbonell exhibe con el entrenamiento preciso, la cuestión es si esa forma física es siempre la óptima, la buena o la que nos ayudará en algo que no sea ser "más". Me pregunto qué efecto subliminal tienen tantos mensajes como recibimos diariamente, a veces no contradictorios pero sí de alguna manera incompatibles. Que la publicidad roza la irracionalidad es algo de lo que tengo total seguridad hace tiempo. 
La cacareada postverdad tiene mucho de acumulación de imágenes, algunas de ellas reales, otras retocadas y otras fingidas. Que la programación neurolingüística y demás nos bombardeen con el wishful thinking y con aquello de que el cerebro no distingue lo cierto de lo incierto, me causa cada vez mayor perplejidad, puesto que el siguiente paso es que qué más dará si algo es cierto o no con tal de que "funcione".

Publicidad en el metro: "Mai vaig pensar que el pitjor de fer-se gran fos la soledat"  (vídeo de "Amics de la Gent Gran") "#etsmesdelqueimagines" (*)

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(*) "Nunca pensé que lo peor de envejecer sería la soledad"; "#eresmasdeloqueimaginas

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