29.8.12

Los días de los tiempos

–"Bueno, el río Aller lo compartíamos con los mineros de Bustiello que también lavaban el carbón, así que teníamos que esperar a que ellos acabaran su faena y el río volviera a tener el agua limpia para lavar nosotras, pero sí que estaba bien tener el río cerca.
–Recuerdo que un día me contaste que para que la ropa quedara tan blanca, puesto que no había lejía, vosotras teníais un truco especial.
–Era con cenizas de roble. En aquella época cocíamos el pan en hornos de piedra y se quemaba madera de roble. Las cenizas se recogían y se guardaban en un saco de arpillera. La ropa que estaba lavada y enjabonada la doblábamos y la metíamos en un barreño, todo muy bien doblado. Luego se colocaba el saco de ceniza encima de la ropa lavada y vertíamos agua muy caliente sobre el saco, que dejaba pasar a través de él el agua colada por los agujeros. Ese líquido que salía hacía el efecto de la lejía de hoy. Después el agua se guardaba para otros usos de limpieza".

s muy difícil, al menos en una primera acometida, encontrar fotos antiguas de lavanderas, lo es menos de lavaderos, que hay muchas aunque no antiguas. He visto incluso uno, el típico de piedra, pero actualizado con una pintura para piscinas en su interior, cosa que me apena, aunque bien sé que como lo del Ecce Homo de las narices está hecho con la mejor intención. Como una ya tiene unos años vivió en sus carnes imágenes como la que incorporo hoy, que es ideal para ilustrar ni que sea mis recuerdos. Aprovecho para señalar también que cuando en el buscador de imágenes de Google intentamos conseguir mujeres acarreando agua sobre sus cabezas, ahora ya casi solo salen mujeres y niñas africanas, pero yo también me acuerdo muy bien de haber visto en mi infancia en Galicia a las mujeres llevar grandes cestas de castaño cargadas de leña, sardinas, manzanas, verdura o valume (broza para la corte). No hará falta decir que la cesta donde se transportaba la comida no era la cesta donde se transportaba la broza. Algunas vi que podían llevar bien ligeras su cesta con sus doce quilos de leña, un cubo o una senlla en la mano cargado de agua y con la otra mano aún podían darle un cachete al niño. En mi familia te reñían en casa cuando llegabas. Hacían un movimiento ladeando las cervicales sinuosamente para corregir el desequilibrio y hasta se agachaban sin nunca descargar. Mi madre tenía tanto dominio que hasta a veces llevaba el peso sin centrarlo, para mayor soltura. No tenían peor la espalda de lo que la tenemos ahora, incluso se diría que la tenían más derecha y por supuesto más fuerte.
Mi abuela Pepita no iba mucho ni poco al lavadero municipal, prefería ir a una fuente que le quedaba como a 3 km del pueblo, porque allí no había cotilleo o maledicencia o tonterías y además el agua estaba mucho más limpia porque era de manantial. Cuando mi madre se vino a Barcelona después de pasar unos años en La Coruña, le envío a su hermana pequeña (que tenía unos 8 años) un cubito. A mi tía, que es una fanática de la limpieza, le faltó tiempo para quitarse las bragas, ponerlas en el cubo, agarrar un pedacito de jabón Lagarto que era una sobra e irse pies para que os quiero tal cual triscando a la Mixirica, uno de los lavaderos del pueblo. Lo de Mixirica una nunca sabrá si viene de un intensificado "poco" o de un "meado" de ningún precio, aunque una cosa no excluye la otra porque a veces la fuente no daba agua, aunque generalmente sí. Pero esos nombres antiguos y sin pretensiones turísticas, los verdaderos para entendernos, se pierden en la noche de los tiempos.
En los días de los tiempos se lavaba. Ya dijimos en el álbum que lo de lavar de noche estaba mal visto porque, aquí lo podemos decir claro y no como en la canción de Noa y Carlos Núñez, indicaba que había habido un aborto o un adulterio o un coito sacrílego (con un cura). La versión de Eva Carreras y Cristina Pato es más clara. En general lo de limpiar de noche está mal visto y no olvidemos como la escoba se asocia a la brujería. Por Cataluña decimos fer dissabte (lit. "hacer el sábado") a la limpieza general que muchas hacían el sábado para no parecer judías, puesto que el sabbath es día de observación y no podían hacer más que rezar y cuatro cosas más. A la gente por cierto le gusta mucho recordar que los Reyes Católicos expulsaron el año 1492 a los judíos sefarditas, pero suelen olvidar que antes habían sido expulsados no ya de Inglaterra y Francia sino también de la Corona de Aragón y, en consecuencia, de Cataluña.
Mi barrio (Horta) lo fue de las lavanderas, que les hacían la colada a las burguesas del Ensanche, las cuales seguramente les pagaban una miseria y no es mucho aventurar. Pero verdaderamente por aquel entonces no se lavaban tanto las sábanas como ahora, que es una labor que no es ni labor porque ni se frota, ni se lava, ni se clarea, ni se baldea, ni se retuerce ni se plancha. Y apenas se tiende, por un decir. Además la ropa de antes era de un algodón gordísimo que tardaba Dios y ayuda en secarse y que había que saber lavar y domeñar. Ahora, como digo, cualquiera lava.
En honor a la verdad y al trabajo tan duro de las mujeres que lavaban la ropa, fuera en el río, en la fuente o en el lavadero, pero siempre con agua fría, habría que decir que además del chismorreo, también se cantaba. Es decir, que si bien es verdad -como consta en muchas obras literarias- que en cuanto alguna chismosa se quería enterar de algo cogía el cántaro y se iba a por agua, también lo es que había momentos de un gran lirismo y alegría, cuando cantaba una o varias. Pura alegría. Alguna pelea a grito pelado también hubo, pero eso lo dejamos correr. Agua que no has de beber, déjala correr.
Si tienen ustedes la bondad, no dejen de mirar una imagen sin más, mera fotografía, que muestra algunos de los utensilios: la tabla de madera, el rodete para apoyar el balde de zinc en la cabeza y el cubo donde debería ir el cepillo (bruso), la pastilla de jabón y un azotador para mazar la suciedad.



Foto de la Mixirica, localizada en internet pero sin que se indique la fuente (enlace perdido)
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4 comentarios:

  1. Yo iba al lavadero cuando no tenia otra cosa que hacer, en verano, de vacaciones, generalmente a la hora de la siesta, con el peor bochorno, atraído más por los desahogos propiciados por el ejercicio y el calor que por el agua.

    ¡Nen!, ¡fora d’aquí merdós! y a otra cosa mariposa

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  2. En la Mixirica los niños macho solo iban cuando no había lavanderas.
    Me acuerdo ahora y quiero dejar en acta que la última lavandera que vi fue la Muxiana (es decir su mote le venía de proceder de Muxía). Lavaba en un lavadero asomado a la playa de Ribeira, cerca del muelle. Luego me acuerdo de otra lavando todas las sábanas del cura, del Patronato donde había cosa de unas 30 camas. Le pagó 200 pesetas. Era el año 1979. Espero que Don Luciano se pudra en el infierno toda la eternidad. Amén.

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  3. Tengo unas muy recientes meras fotografías de los lavaderos municipales todavía en servicio de un pueblo en el que mis suegros tienen una casa de campo. Es curioso y sorprendente ver a las mujeres hoy día haciendo la colada allí.

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  4. A mi me llena de curiosidad pero no me sorprende porque se lava muy a gusto, el agua es municipal y se pasa un buen ratito. Sobre todo en verano. Si publicas esas fotos avisa, eh.

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