20.2.13

En el año Verdi

A Ascensió Zubiri

Mittler zwischen Hirn und Hand muss das Herz sein (*)
(Fritz Lang, "Metropolis")
 


a primera vez que oí hablar de la música con el La a 432 Hz pensé que se trataba de una de esas extravagancias del esoterismo y la moda magufa, hasta que supe que nuestro ministro de la Propaganda nazi  preferido, Joseph Goebbles fomentó un decreto para que toda la música se afinara con el La a  440 Hz, en vez de a 432 Hz o incluso a otras frecuencias, según los paises. El La a 440 Hz es lo que oímos cada vez que descolgamos un teléfono y en realidad en toda la música occidental que se compone y graba y toca desde que la ISO aprobó ese dislate despótico el año 1953. También me convenció el hecho de que Verdi, de quien este año celebramos su bicentenario, se opusiera. Me imagino su sufrimiento, no menor al que puede sufrir cualquier persona que tenga sensibilidad musical ante un macroconcierto de música pop o rock machacante, incluso en forma de balada acervezonada o con estilo indie-sifrino. En resumen: lo que Goebbles pretendía en su particular concepción del mundo, interviniendo esa nota musical, era oponerse al "desorden", es decir a la naturaleza y a lo que conocemos como la proporción áurea y la música callada de las esferas. Compruebo mi afinador electrónico y efectivamente está programado para 440 Hz y no hay posibilidad, hasta donde yo sé, de modificar la frecuencia.
Me ha hecho recordar ahora el cuento aquella pieza minimalista de la Penguin Cafe Orchestra, que repite el motivo de un tono telefónico de línea ocupada. Hay un videoclip en Youtube que monta la grabación, de por sí insufrible, con las imágenes de "Metrópolis" (Fritz Lang, 1927). Se diría que es la primera película de ciencia ficción. El guión de la película lo escribieron juntos Fritz Lang y su esposa, Thea von Harbou, a quien se suele atribuir la frase "El corazón debe mediar entre el cerebro y las manos".  Goebbles con su decreto de los 440 Hz impuso su razón y además el tono elegido, algo en apariencia tan nimio, corrigió de raíz toda veleidad, como lo haría -poniéndonos en lo peor- suprimir el color amarillo o el olor del jazmín o del vetiver, echarle más cloro aún al agua. No hace falta tener conocimientos de solfeo para que surta su perverso efecto el uso de una frecuencia por otra, la constante audición de "música" con malas vibraciones y confiar nuestros oídos al MP3 y demás, que con el fin de conseguir una portabilidad abrumadora de datos han eliminado gran parte de los sonidos que no se consideran audibles.
Al parecer se considera que dentro de todo el repertorio de la musicoterapia la mejor música para sanar y para restablecerse es la de Mozart, cosa de la que yo en propia carne no tengo ninguna duda. Tal vez, si se me permite la broma, Verdi es muy bueno contra la colelitiasis y la insuficiencia cardíaca.


Videoclip con Metropolis (Fritz Lang, 1928) y "Telephone and Rubber Band" (Penguin Cafe Orchestra)

"Di Provenza il mar il suol"  (Tito Gobbi)

(*) El corazón ha de mediar entre el cerebro y las manos.

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