31.8.14

Cocowash y jugo de lirio

Ya estoy lista pa´cerrar la gafa
Ya estoy lista para el cocowash
Quiero que me pongas un viper
Un celular y casa en Coyoacán
Y es que yo solamente quiero ser tu perra
"Quiero ser tu perra" (Las ultrasónicas)

¡Tengo sed; mas de un vino que en la tierra
No se sabe beber! ¡No he padecido
Bastante aún, para romper el muro
Que me aparta ¡oh dolor! de mi viñedo!
¡Tomad vosotros, catadores ruines
De vinillos humanos, esos vasos
Donde el jugo de lirio a grandes sorbos
Sin compasión y sin temor se bebe!
¡Tomad! ¡Yo soy honrado, y tengo miedo!
José Martí, "Amor de ciudad grande"

iempre me ha resultado conmovedor y en su grado máximo ver como un perro que está siendo maltratado por su amo no se revuelve ni siquiera para protegerse de los azotes. A veces claramente vemos que el perro está siendo enseñado o castigado, pero con la misma claridad vemos en otras ocasiones que un perro está siendo víctima de la crueldad de su dueño. Esto mismo, aunque si quieren de otra manera, ocurre con los niños. E incluso con los adultos, si nos ponemos a pensar. Es la cara fea de la lealtad. 
Recuerdo o creo recordar que hace mucho tiempo el ilustre Juan Poz, el autor del Diario de un artista desencajado, me dejó un comentario en otro post mío en el que aparecía la lealtad y la llamó fidelidad. Lo que recuerdo o creo recordar es que para Poz la lealtad no tenía mucho mérito. La fidelidad y la lealtad son cuestiones diferentes, como lo son la ingenuidad y la inocencia, por ese orden que dejó ahí por toda explicación. Ciertamente, la fidelidad es más para pusilánimes, donde la lealtad a veces está cargada de valor y como si dijéramos es más proactiva. En cualquier caso es penoso que a veces claramente deberíamos darnos cuenta de que alguien no nos quiere de verdad y en vez de eso, como perros, no usamos la cabeza y no pensamos que lo mejor es no concederle nuestro afecto ni nada que se le parezca. Cuanto más desigual sea una relación me temo que más enrarecida estará la capacidad de desengancharse. Por un lado está la dominación, que a veces solo se advierte desde muy lejos, sobre todo la machista, que apenas advertimos porque está ahí latente y patente de toda la vida. Por otro lado está el apego insano. Y ya ven que no son temas para un domingo ni para un lunes.
Más para un domingo es el tema complementario, el que presidiría el leitmotiv de las personas que a lo largo de su vida no obtienen el reconocimiento debido sea por su torpeza social, sea por su timidez, sea porque más vale caer en gracia que ser gracioso. Hay casos lacerantes, como el de Vincent Van Gogh, por decir un pintor consabido, y una infinidad de escritores, a lo que por una sola vez habría que añadir "y escritoras". En el campo científico también hay algún caso, como el de Ignác Fülöp Semmelweiss. En la época en que empezó a trabajar este médico húngaro, la década de 1840, había mucha mortalidad infantil por fiebre puerperal. Semmelweiss observó que a las salas con más infección concurrían estudiantes (que habían estado haciendo disecciones) y llegó a la conclusión de que las tasas de mortalidad habieran sido más bajas simplemente si los médicos y los estudiantes se hubieran lavado las manos. La teoría de Semmelweiss no fue reconocida hasta que Pasteur logró desarrollar la suya de los gérmenes o teoria germinal de las enfermedades infecciosas. Cualquier ignorante aldeana en vida de mi tatarabuela sabía, por cierto, que cada vez que se movía el caldo había que hervirlo (pasteurización).
Se diría que cuando Semmelweiss escribió su carta abierta a los tocólogos, una especie de invectiva bastante destemplada, ya había perdido la razón o, mejor dicho, el juicio. La razón se le dio póstumamente y en la Historia de la Medicina se describe como uno de los casos más tristes, que no si servirá de ejemplo de la obcecación dogmática.
Mientras esto escribo me pregunto cuantos casos no habrán inversos, esto es, de personas encumbradas que se fueron de este mundo creyendo estar en la razón. Y también me pregunto si en el colmo de la mala suerte los que no cayeron en gracia además amaron como solo aman los perros y como quien bebe jugo de lirios. 


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