4.2.17

La mudanza


e acuerdo que Maria Mercè Marçal en una de las presentaciones que hizo de La passió segons Renée Vivien, explicó la anécdota de que en un viaje a Grecia había visto un camión con la palabra metáfora en escritura griega en su carrocería. Como la poeta sabía griego pronto dedujo que era de transporte de mudanzas, porque la metáfora es eso, el traslado del contenido de una palabra a otra.
Aunque vivimos las mudas, los traslados y los cambios como algo que desestabiliza nuestra ya precaria tranquilidad, curiosamente buscamos "aventuras" controladas como el turismo y las escapadas para sosegar ese afán natural que tienen todas las criaturas de crecer, cambiar y transformarse. La mayor parte de las veces el turismo, ya lo he dicho aquí otras veces, no nos afecta. Pasamos por las ciudades pero ellas no pasan por nosotros. Hay además como un anhelo coleccionista de sumar recorridos en el álbum de nuestras vidas ahítas de consumir pero no tanto de vivir experiencias. Hay actividades que delatan el vacío en que se vive.
Hace un año uno de mis cactus no solo detuvo su lento crecimiento sino que hizo una lenta involución. Se fue implosionando lentamente, retrayendo y como secando. Sus espinas crecieron y le apareció una especie como de cicatriz en el globo, desde la parte superior hasta la que se hunde en la tierra. Era y es como una marca de la constricción, y además me prevenía de que el cactus no se estaba "muriendo" sino que estaba sufriendo una metamorfosis. A finales de otoño le apareció en lo alto una areola lanosa, que suele preconizar una flor o meristemo florífero, el cual finalmente apareció este lunes. Cada día que ha transcurrido la flor está más definida y es más sobresaliente. El largo proceso me hizo pensar en la ecdisis o cambio de muda de los insectos, proceso en el que cambian el exoesqueleto los invertebrados. Cuando leí el  de L. Hugh Newman sobre El mundo de los insectos, me resultó bellísima su descripción de la muda:
"Los saltamontes mudan unas cinco veces; las cucarachas, siete; las larvas de las mariposas y polillas, de cinco a nueve, y las ninfas de las perlas, de treinta a cuarenta.
Cuando se aproxima una muda, se forma una fina capa de líquido entre el tegumento antiguo y el nuevo que es secretado debajo del primero. En realidad, este líquido es un tipo de líquido digestivo que contienen fermentos que disuelven gradualmente la quitina y las proteínas de la endocutícula, pero dejan intacta la exocutícula, que es más dura, así como la epicutícula. Las sustancias disueltas se vuelven a utilizar en la formación de la nueva piel.
Cuando el nuevo  tegumento se halla dispuesto, el insecto debe lograr que se produzca una hendidura en el antiguo, valiéndose de sus propios esfuerzos. No es tan difícil como parece, pero en las etapas iniciales de su desarrollo existe un punto débil en alguna parte del tegumento, generalmente a lo largo de la línea central del tórax."
Un poco, el proceso de la ecdisis en el cambio de muda de cucarachas, saltamontes, polillas, recuerda a la floración de mi mammillaria en el sentido de que el proceso interno se manifiesta externamente y lo viejo es el mortero de lo nuevo. Algo de lo que aprender, por cierto.
Estos días estoy conociendo el trabajo de Mónica Cavallé, filósofa, que ha hecho numerosas conferencias y que ha escrito unos cuantos libros. Ayer estuve viendo en Youtube "En torno a la felicidad", que hablaba de la plenitud. Me acercé a ese vídeo creyendo que era de una divulgadora de la filosofía advaita vedanta, porque tiene algún libro sobre la no-dualidad, pero pronto vi que hay mucho del estoicismo por el que siempre una misma se ha dejado guiar o inspirar, mejor dicho.  La filósofa tiene un discurso de gran vigor y rigor  y merece la pena ver este vídeo en su integridad, sin desvirtuarlo con un resumen o mis propias palabras. Es bonito el efecto que produce al penetrarnos de la idea de que la transformación es posible y además es lo que nos define. A través del conocimiento y de la virtud. Su libro La sabiduría recobrada permite situar la grandeza de la propuesta de todos estos filósofos. 
Los vídeos recomendados por Youtube, que por una vez no me han devuelto una pelea de un cocodrilo con un león o el uso doméstico del limón con el bicarbonato para eliminar manchas, me han dado a conocer al jesuita Javier Melloni, que reside en Manresa, y en concreto su libro El Cristo Interior. Si se me permite una broma chusca, no se refiere al desorden, al "cristo" en el sentido de berenjenal o alboroto. Si refiere en cierta manera a un modo de ecdisis. Es un libro además muy poético por lo que me arrepiento de haber comprado en formato digital, pero eso es algo que tiene fácil remedio.
Si tuviera que elegir aquí algo de lo que nos propone Cavallé repararía en tres cosas. Primero en la propuesta de la aceptación (en su expresión máxima de potencia), la gratitud maravillada y una confianza profunda. Segundo en cómo analiza ideas atribuidas al judeocristianismo (esperanza, humildad, resignación), que se han apropiado de una forma un tanto supersticiosa y empobrecida para defender la tristeza más infecunda, un dolor terrorífico y sin razón.  Y tercero, la afirmación de que las personas que son destructivas es porque no pueden crear. Está claro. Los seres que no son creativos, que no pueden transformarse, que son mediocres o están como castrados, lo único que pueden hacer es fastidiar, imitar y limitar a los que sí pueden.


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