31.5.17

Mariano Gracia



cuento de la posibilidad de elegir el orden de los apellidos de los niños a partir de mañana, cuando pierda vigencia gran parte de la Ley del Registro Civil (de 1957), me preguntaba si se podría aplicar un primer apellido distinto para hijos del mismo padre. Es decir, si se podría poner a un hijo el primer apellido del padre y a otro hijo el primer apellido de la madre. No me parece cuestión menor que el registro civil se privatice, aunque ignoro qué consecuencias tiene. A la vista de la Ley 20/2011 se lee: "El orden de los apellidos establecido para la primera inscripción de nacimiento determina el orden para la inscripción de los posteriores nacimientos con idéntica filiación". Por lo tanto queda claro que los hermanos tendrán los mismos apellidos, sea cual sea el orden elegido para el primero. 
Como una es muy bruta prefiere las cosas como son y aunque me hago cargo del acomplejamiento que puede acarrear llamarse García, las alternativas me parecen peor. Aunque se hablaba hoy en los medios de que la opcionalidad salvaría apellidos que no tuvieron hasta ahora derecho de transmisión, me parece que tampoco es para ser tan dramáticos. Como dicen los franceses, "Tout passe, tout casse, tout lasse et tout se reemplace". Ni siquiera la permanencia de la Mezquita-Catedral de Córdoba es algo que nos tuviera que preocupar más allá de lo razonable. No es que la queramos ver hecha polvo, pero hay cosas más importantes, como las marismas de Doñana.

Lo mismo que aprecio la conservación de los bienes culturales y del patrimonio artístico, también defiendo que no hace falta preservar a toda costa edificios que exigen un mantenimiento desatinado. La Mezquita-Catedral de Córdoba -según Trip-Advisor, que tampoco es que sea la autoridad más relevante en estos temas- es el edificio más visitado de Europa. Yo hubiera dicho que era más visitado el estadio del Barça o el Coliseo de Roma, pero es igual. En cualquier caso las multimillonarias restauraciones de algunas obras están justificadas en cuanto atraen un turismo enorme y divisas. Pero queda claro que si un aguacero se lleva por delante un puentecito romano hecho por ingenieros militares, lo siento más por el río que por la pérdida del monumento. Si un puente aguantó veinte siglos, el problema está claro que está en el río, en el clima, en la mano del hombre. Y es infinitamente más penosa la desaparición de un río que la desaparición de un puente.
Paseábamos esta mañana con mi amiga À. F. Fabra i Puig abajo y señalábamos que tal vez una de las 3 tiendas que permanecen desde hace más de 40 años por un tramo del paseo es la de Mariano Gracia. Hace esquina entre el Paseo de  los hermanos Fabra i Puig (o Puig i Fabra) con la calle del Dr. Emili Pi i Molist,  ante la Plaza Virrei Amat. 
Tal vez el letrero amarillo no es el original, pero se le parece mucho, siempre fue amarillo. No creo que pueda haber alguien que tenga dificultades para leer el letrero incluso desde lado opuesto de la plaza. Pienso que el revestimiento de mosaico vidriado amarillento sí es el original. Los toldos, el equipamiento de la tienda (mostradores, burros, estanterías) son funcionales y pragmáticos, destilan mercantilismo utilitario. Responden al espíritu comercial de otra época, donde no se pondría en el escaparate ninguna extravagancia que despistara sobre los productos que se ofrecían dentro del local. Ahora verdaderamente hay tiendas que han llevado tan lejos la originalidad que cuesta saber qué venden o para qué.
Mi madre, que regentó durante 40 años una tiendecita de ropa del hogar, me dijo hace no mucho que si tuviera que comprar algo lo compraría allí. Venden ropa que con no ser de lujo está bien confeccionada y las costuras están derechas, bien rematadas y los colores no pierden. Es posible encontrar en Mariano Gracia bragas de algodón de tallas grandes (hasta la 64), armillas, chubasqueros clásicos de nilón, mañanitas y otras prendas que aún se hacen aunque cuentan con un público menguante. Hay ropa de trabajo, como pantalones de mecánico o delantales de pescatera, pero también hay camisones y calzoncillos a la moda, toallas, batas, calcetines y mucho género de lo que en "El Corte Inglés" llaman textil cama. El negocio de Mariano Gracia funciona, siempre se ve gente comprando o mirando los escaparates, los cuales, como digo, representan bien lo que se puede encontrar tienda adentro. El sistema de escaparatismo me recuerda el que tenía una tía paterna mía en su negocio, que estaba en la Bajada de La Plana. Usaba agujas para poder extender bien las prendas y las colgaba abigarradamente de hilos que no se veían casi. Se muestran claramente los precios, con cifras redondas, y ya está. Nunca he visto ni un Maneki-neko o gato de la suerte ni un San Pancracio con una moneda de 25 céntimos de peseta y una ramita de perejil ni nada que se le parezca.
No puedo dejar de señalar que también lleva allí en esa esquina muchos años la gitana María, sentaba en un lado de un escaparate, con la mano extendida pidiendo limosna. María también es clásica. Lleva el cabello recogido en un moño y saluda a quien le saluda y cuando le das la limosna te bendice. Hoy cuando pasamos aún no había llegado.

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