18.10.14

La solución final

“Pero la cuestión es que su lenguaje llegó a ser burocrático porque Eichmann era verdaderamente incapaz de expresar una sola frase que no fuera una frase hecha. (¿Fueron estos clichés lo que los psiquiatras consideraron tan «normal» y «ejemplar»? ¿Son estas las «ideas positivas» que un sacerdote desea para aquellos cuyas almas atiende? La mejor oportunidad para que Eichmann demostrara este lado positivo de su carácter, en Jerusalén, llegó cuando el joven oficial de policía encargado de su bienestar mental y psicológico le entregó Lolita para que se distrajera leyendo. Al cabo de dos días, Eichmann lo devolvió visiblemente indignado, diciendo: «Es un libro malsano por completo».) Sin duda, los jueces tenían razón cuando por último manifestaron al acusado que todo lo que había dicho eran «palabras hueras», pero se equivocaban al creer que la vacuidad estaba amañada, y que el acusado encubría otros pensamientos que, aun cuando horribles, no eran vacuos. Esta suposición parece refutada por la sorprendente contumacia con que Eichmann, a pesar de su memoria deficiente, repetía palabra por palabra las mismas frases hechas y los mismos clichés de su invención (cuando lograba construir una frase propia, la repetía hasta convertirla en un cliché) cada vez que refería algún incidente o acontecimiento importante para él. Tanto al escribir sus memorias en Argentina o en Jerusalén, como al hablar con el policía que le interrogó o con el tribunal, siempre dijo lo mismo, expresado con las mismas palabras. Cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar, particularmente, para pensar desde el punto de vista de otra persona. No era posible establecer comunicación con él, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado por la más segura de las protecciones contra las palabras y la presencia de otros, y por ende contra la realidad como tal”.
Hannah Arendt. Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal.

A pesar de que Hannah Arendt sigue siendo mencionada como una filósofa ella se presentaba a sí misma – y estoy pensando en la entrevista que le hizo Günter Gauss el año 1964- como teórica política. Cuesta darle a ese apelativo a la altura que lo llevó ella a la vista de una frase con la que se abrió hoy una asamblea de Podemos: “a cada una y a cada uno de la gente que nos está escuchando”. Pero si dijo que era teórica política soy partidaria de mantenérselo tal cual. El libro sobre el juicio contra el burócrata nazi Adolf Eichmann es un modelo de teoría política. Obviamente se deja ver que Hannah Arendt había estudiado Filosofía, de la misma manera que también había estudiado Griego. Su libro maneja, analiza y presenta de la forma más conveniente sus informaciones para dilucidar la verdad o la comprensión de la realidad. Como si no desdeñara ningún elemento pero al mismo tiempo supiera categorizarlos en vez de ofrecernos una amalgama infumable y preconcebida.
Con el párrafo que abre el post nos situamos muy bien, a mi parecer, sobre la personalidad de Adolf Eichmann, cuya mediocridad para ir más allá de su desempeño habitual, queda más que bien explicada por su limitada competencia lingüística. Era capaz de hablar en la medida en la que era capaz de repetir una serie de frases que tenía aprendidas. No es que tuviera una buena preparación para que su castillo de razones fuera inexpugnable, es que simplemente era incapaz de pensar. Como la inteligencia de Hannah Arendt ha sido señalada en otras ocasiones y por cada una y cada uno de la gente que han escrito sobre su obra y su vida, puedo ser excusada de mencionarla y puedo ir directamente a plantearnos si Hannah Arendt consideraba a Eichmann un discapacitado o si simplemente lo consideraba un hombre con limitaciones para el pensamiento especulativo.
En el Álbum hemos sacado contadas veces el tema del nazismo y hasta del stalinismo y en todo caso siempre ha sido para referirme a algún episodio concreto y no a su generalidad como cuando escribí sobre la vida de Zweig, la masacre de Katyń, Goebbels, Enrique Marcos/Enric Marco, el Holomodor, etc. Ni siquiera me he referido nunca a la ley de Godwin y es precisamente porque he evitado recurrir a algo que creo que también la pensadora judía evitó siempre, el cliché. Mucho cuidado con los clichés.
Como habrán adivinado, las críticas que obtuvo Hannah Arendt de todas partes, como en fuego cruzado, incluso desde el sionismo, no siempre fueron corregidas por una lectura honesta de su libro o por la atención sincera a sus propuestas.
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Estos días, por ejemplo, estuve padeciendo los clichés de un curso a distancia de mi trabajo, sobre la cacareada Inteligencia emocional que ha hecho triunfar a tanta y tanto gente. Era –ya se lo pueden figurar- inevitable que apareciera la socorrida pirámide de Maslow por la cual todos debemos tener nuestras necesidades fisiológicas cubiertas para poder aspirar a ver resueltos otros niveles de satisfacción.
Página 149 del curso a distancia "Inteligencia emocional"
En la base de la pirámide de Maslow tenemos las necesidades más básicas y en la cúspide se encuentra la autorrealización. Sin todo ese colchón de bienestar físico y de seguridad que hay en la base es difícil obtener un reconocimiento social, el amor de la pareja, la autoestima y, por último, la autorrealización, la cual consiste en desarrollar al máximo el potencial de cada uno (y, lo han adivinado, de cada una). Quiero sin embargo llevarles a ver la perversión que tenemos a la derecha de la figura, donde se nos preguntaba a los alumnos: “¿Crees que los habitantes de los países subdesarrollados se plantean como prioridad absoluta la necesidad de autorrealización?”. Y las posibles respuestas eran “Sí” o “No”, cosa que también hay que remarcar. La respuesta correcta era “No”, pero matiza el curso: “Probablemente no, aún quedan otras necesidades más básicas que cubrir”.
La indignación que me produjo esta página me llevó a pasar muy por encima por el resto de los contenidos, pasar rápidamente el test y aún más rápidamente darle "carpetazo". Una amiga que, entre muchos otros, tiene estudios de Psicóloga me comenta que "esas dinámicas y esos cursos se hacen para ganar dinero y/o hacer curriculum, sin dar mucha importancia al respeto que merecen personas reales en situaciones reales. Suelen ser un refrito de dinámicas estadounidenses que a su vez han engullido y mal digerido textos taoístas o budistas. Esa es la razón por la que estas pautas que nos plantean siempre sobreentienden entornos que (yo diría que) están dentro de la normalidad: Intentan vender una fórmula para una situación para la que no hay fórmula, pero que es suficientemente sensible y que afecta a suficiente número de personas como para que muchos estén necesitados de solución. Es como los alimentos que "curan" el cáncer o los productos que lo causan. Hay cierta verdad (en todo la hay), pero ni es toda la verdad ni es la única verdad. Somos muchos y hay que ganarse la vida. Y hay quien lo hace así.
Lo malo es que estos cursos norteamericanos invaden nuestras empresas e imponen modelos o fórmulas que a veces el personal adopta miméticamente –como Adolf Eichmann había adoptado una serie de frases y las repetía y las repetía- y, claro está, superficialmente. De hecho la Programación Neurolingüística se basa en una noción positivada de estas observaciones. Y la empresa descansa en las virtudes de que la costumbre haga carácter. El sistema de clichés de la llamada inteligencia emocional se blinda contra la inteligencia intelectual con un sinfín de esquemas como el de Maslow en los que se opone la mente que preconizan a la analítica, de viva competencia lingüística y (lo que es peor) irreductible.
Si en Burkina Faso o en Haití no les queda la más mínima posibilidad de autorrealización entonces a mí en bloque y de la forma más absoluta la pirámide de Maslow no me sirve.

Hannah Arendt

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